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Full text of "La Ciudad de Dios"

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La Ciudad de Dios 



Afio XXXII.-Núm. 945. 



LA 



Ciudad de Dios 

REVISTA QUINCENAL 
RELIGIOSA, CIENTÍFICA Y LITERARIA 



DEDICADA 



AL GRAN PADRE SAN AGUSTÍN 

PUBLICADA POR LOS PP. MRDMI DI EL ESCORIAL 



Con aprobación eclesiástica. 




VOLUMEN XCI 



REDACCIÓN Y ADMINISTRACIÓN 

REAL MONASTERIO DE SAN LORENZO DE EL ESCORIAL (MADRID) 

1912 



AP 

GO 

Cs 
v.9/ 



Imprenta Helénica.— Pasaje de la Alhambra, 3. Madrid. 



f 



LA SRMA. SEÑORA 

Doña María Teresa 

DE BORBÓN Y AUSTRIA 

INFANTA DE ESPAÑA 

Ha fallecido en su Palacio de Madrid 

el 23 de Septiembre de 1912 
R. I. R. 

"La Ciudad de Dios" # ¿ a Gamu- 

n¿<ia.d <ze <*yi<2uá¿¿na&, ¿a.men¿<zn</a ¿a </ac<x- 
toáci péiaiací de tía m<zcaatcida. ¿U>i¿ii<x&íá¿rn<i 
t /n/<M¿<z, de adaciari al lu¿<i aac¿<i/iat <i a.¿ 
<U\Car de ¿a <^JÍea¿ ¡jrizrnicia., u asile- áu de- 
pii/cxo, de¿ \dleac <^4L<incid¿ex¿a </e <0¿ (Odca.- 
■liat, Tueaan a, <J/¿o,d aai ec eleina de&ccuida. 
*/e /o ¿/íuaudla. Ai/ a de nuedhad aiasided 
t Ac tjed. 

La Dirección. 






ESTUDIOS SOCIALES 




¿CÍRCULOS Ó SINDICATOS? 

(continuación) 

[amos á estudiar ahora las instituciones hacia las cuales se 
inclinan hoy muchos de los grandes sociólogos cristia- 
nos, es decir, los Sindicatos. 

No entienden ni definen todos de la misma manera estas institu- 
ciones; así el Sr. López Núñez (1) define el Sindicato diciendo que 
es una <Asociación de personas de una misma profesión ó de profe- 
siones similares para el estudio y la defensa de sus intereses profe- 
sionales y económicos>. En cambio el P. Vermeerchs (2) restringe el 
fin del Sindicato definiéndolo «Unión entre personas que ejercen la 
misma profesión formada para la defensa y desarrollo de los intere- 
ses comunes». Suelen dividirse en patronales, obreros y mixtos, se- 
gún que sean patronos, obreros ó unos y otros unidos, los asociados; 
en agrícolas, industriales y comerciales, según fa profesión de sus 
miembros; cristianos, neutros y políticos, según que admitan como 
base la religión y moral cristianas; se prescinda de la religión unien- 
do á sus miembros sólo lazos económicos y sociales, ó se exija en 
aquéllos pertenecer á una confesión política determinada. 

Sólo nos vamos á ocupar aqui detalladamente de los Sindicatos 
obreros. Los agrícolas están produciendo un bien inmenso, y con- 
viene estimular su fundación y sostenimiento; los elementos que los 
integran son muy distintos de los industriales, y por eso no pueden 
englobarse, ni lo que se opine y diga de unos es aplicable á los 



(1) Ensayo de Vocabulario Social, pág. 174. 

(2) Manual Social, pág. 484. 



O ESTUDIOS SOCIALES 

otros. La conveniencia y utilidad de los Sindicatos agrícolas orga- 
nizados cristianamente y bien dirigidos, no creo pueda ponerse en 
duda, pues en ellos hay una saludable y casi imperceptible transi- 
ción de los elementos patronales á los proletarios, y hay individuos 
que á la vez son propietarios y obreros, y de sus beneficios partici- 
pan todos. Los Sindicatos mixtos, teóricamente, son el ideal; pero en 
la practicarlas cosas no suceden siempre en conformidad con la teo- 
ría abstracta, á causa de prescindirse en ésta de una multitud de fac- 
tores que alteran el producto. 

Indudablemente, los intereses legítimos del capital y del trabajo 
son comunes; entre el patrono y el obrero existe verdadera solidari- 
dad, puesto que á medida que aumentan los ingresos en una indus- 
tria, aumenta el desenvolvimiento de la misma y de otras similares 
ó derivadas, con lo cual crece la demanda de brazos, y, con- 
siguientemente el aumento de los salarios. Y sobre todo, si las in- 
dustrias llevan una vida precaria y miserable, los jornales no podrán 
ser muy elevados, pues si lo fuesen vendría la ruina final, y con ella 
la paralización de la vida económica en aquella región ó país, y, por 
consiguiente, el exceso de brazos con la natural depreciación del 
trabajo. Claro está que hay casos en que los intereses de patronos y 
obreros son encontrados; pero por regla general no lo son, si por 
una y otra parte se mantienen dentro del campo de la justicia, es 
decir, siempre que se trate de intereses legítimos. Pero, ¿cuándo son 
legítimos? ¿Cómo se reconoce lo que en justicia á cada cual co- 
rresponde? ¿Cómo se puede evitar el que la pasión ciegue á unos y 
á otros? ¿Quién podrá poner una norma general y exacta en materia 
tan variable y circunstancial que señale el camino que todos de- 
ben seguir? Esto, por lo que al factor entendimiento hace; las difi- 
cultades no son menores en lo referente á la voluntad. ¿Se puede 
responder de un amor tan noble y abnegado á la justicia que, cues- 
te lo que cueste, se cumplan sus dictados en las multitudes de que se 
han de componer los Sindicatos? ¿No vemos á diario la propensión 
á defraudar en el peso y medida por parte de los vendedores y á no 
pagar parcial ó totalmente por parte de los compradores? ¿Qué sig- 
nifican todas las sisas? ¿Cuántos obreros no defraudan á sus patro- 
nos trabajando menos tiempo unas veces y de mala manera otras? 
No es preciso hablar aquí, para corroborar los desfallecimientos de 



ESTUDIOS SOCIALES 7 

la voluntad humana, de los delitos que con nombres distintos, hur- 
tos, rapiñas, estafas... y la misma substancialidad, es decir, la de 
apoderarse de lo ajeno contra la voluntad de su dueño, demuestran 
evidentemente que hay quien conoce el camino del deber y de la 
justicia, y, sin embargo, no tienen voluntad de seguirlo. 

Por manera que en los Sindicatos mixtos, dada la condición hu- 
mana, las discordias han de ser frecuentes á causa de apreciar de 
distinta manera los problemas y proponer las soluciones cada cual 
en conformidad con los intereses particulares, inmediatos y egoístas 
de clase, prescindiendo de los generales y legítimos de la colectivi- 
dad. Claro está que esta dificultad podría resolverse por medio de 
tribunales ad hoc, cuyo fallo había de ser acatado por todos, pero 
esto no evitaría que apareciesen dos tendencias, dos corrientes dis- 
tintas, formada una por el elemento obrero y la otra por el patronal, 
que andando el tiempo se transformarían en dos bandos opuestos 
entre los cuales la inteligencia sería difícil, los lazos de unión débi- 
lísimos y las mutuas desconfianzas frecuentes; y en estas condiciones 
no hay sociedad que pueda desenvolverse y gozar de vida exube- 
rante. La Historia ha venido á demostrar lo inconsistentes de esta 
clase de instituciones. Los casos que se citan en contra pueden con- 
siderarse como excepciones, y bien estudiados, quizá no entren en 
la categoría de verdaderos Sindicatos mixtos. Por manera que esta 
clase de instituciones no son prácticas, cuando se trata de hombres 
con todas las pasiones, defectos, egoísmos... de que adolece la Hu- 
manidad en su estado presente. 

Y vamos á pasar á tratar con algún detenimiento de los Sindica- 
tos obreros para ver si es conveniente substituyan á los Círculos. 

Esta clase de Sindicatos, dice el P. Vermeechs, es considerada 
por los socialistas como institución transitoria, como un arma de 
combate, la cual debe aprender á manejar el obrero para con ella po- 
der defenderse mientras llega el día de la constitución sociai con 
arreglo á los planes colectivistas y sobre la base de un estado omni- 
potente. Los demócratas-cristianos los consideran ventajosos de 
suyo y siempre para el obrero, y conservan su razón de ser en él or- 
den económico nuevo á que aspiran llegar. Otros partidarios de la 
unión profesional la aprecian como salvaguardia de los intereses y 
derechos actuales de los trabajadores, una garantía de libertad y un 
instrumento de prudente progreso social. 



8 ESTUDIOS SOCIALES 

Absteniéndose el ilustre jesuíta de dar su opinión de una mane- 
ra franca y terminante, sin duda por ver las dificultades que en ello 
hay, dice: «Nosotros nos limitaremos á reseñar las utilidades pre- 
sentes.» 

« 1 . Instrucción, asistencia. —Los miembros encuentran en el seno 
de su Asociación el medio de desarrollar su instrucción profesional, 
de aprender su oficio en las mejores condiciones y obtienen consejo, 
ayuda, protección en sus necesidades, en sus dudas, en sus des- 
gracias.» 

«2. Remuneración del trabajo. — El Sindicato es una potencia en el 
mercado y en la bolsa. Merced á él los asociados consiguen hacer 
contratos ventajosos bien se trate de la compra de provisiones ó de 
materias primeras, bien de la venta de sus productos, de locacio- 
nes, etc.» 

« 3. Pacificación. — Es, además ,un Centro de paz social: a) ilustran- 
do á los trabajadores acerca de su verdadera situación, previene los 
arrebatos irreflexivos; b) por sus prudentes reclamaciones evita, con 
los abusos, los gérmenes funestos de discordia y de odio; c) ofrece á 
los obreros honestos y rectos el medio de salir de un aislamiento an- 
tinatural sin arrojarse en brazos revolucionarios; d) les proporciona 
con la unión una fuerza de resistencia contra las pretensiones exage- 
radas de los grupos sediciosos al mismo tiempo que una influencia 
capaz de neutralizar las fatales seducciones de los agitadores.» 

c4. Moralización. — La asociación moraliza por las distracciones 
honestas que ella les proporciona á los asociados, los ejemplos de 
probidad y trabajo que pone ante sus ojos y todas las obras que ella 
puede secundar.» (1) 

Efectivamente, de los Sindicatos pueden venir todas las utilidades 
señaladas por el P. Vermeerchs. ¿Vendrán de hecho? El tiempo nos 
lo ha de decir. De los católicos todavía es prematuro sacar conse- 
cuencias en pro ni en contra, pues son muy pocos los años que lle- 
van de existencia, están con los fervores del noviciado, bajo la influen- 
cia de los organizadores y marchan todavía como los niños peque- 
ños: con andadores. 

Respecto de los sindicatos rojos, que son los que ya tienen histo- 



(1) Les CEvres sociales, pág. 486. 



ESTUDIOS SOCIALES V 

ria, las utilidades reportadas de ellos son muy discutibles. Desde lue- 
go se puede afirmar que las comprendidas en los números 3 y 4, ó 
sea la pacificación y moralización, no sólo no se han conseguido por 
medio de ellas, sino que al contrario, han sido origen de luchas en- 
conadas, donde la moralidad ha sido sustituida en ocasiones por el 
egoísmo de clase y se ha llegado á actos de verdadero salvajismo con 
el sabotage. Y respecto á la 1, ó sea á la instrucción y asistencia, ¿se 
podría probar que en dichos Sindicatos el obrero se perfecciona pro- 
fesionalmente? y las necesidades, dudas y desgracias, ¿encuentran 
aüí protección verdadera ó exacerbación dolorosa? ¿Son más felices 
los miembros áz los Sindicatos rojos ó más desgraciados que los que 
viven fuera de esas Asociaciones? Pésese el pro y el contra de ellas, y 
se verá que la apariencia supera con mucho á la realidad. En la 2, ó 
sea la remuneración del trabajo, es donde efectivamente el Sindicato 
tiene verdadera influencia, no siempre justa ni siempre provechosa, y 
en prueba de ello ahí están las estadísticas de las huelgas. 

Los Sindicatos amarillos, no obstante las favorables condiciones 
en que nacieron y comenzaron á desarrollarse, no han correspondi- 
do á las esperanzas que en ellos muchos pusieron, ni han satisfecho 
á la izquierda ni á la derecha, y están en plena decadencia. 

Pero como nuestra argumentación no se debilita por los éxitos 
de los Sindicatos obreros, vamos á dar por supuesto que con ellos se 
obtienen todas las utilidades ó ventajas antedichas. 

Y en este supuesto, preguntamos: ¿Estas ventajas son compatibles 
con los Círculos, Patronatos ó Centros católicos convenientemente 
organizados y dirigidos? ¿Pueden conseguirse por medio de ellos? 
¿No se conseguirán más perfectamente? ¿Al lado de las ventajas que 
puedan existir en los Sindicatos, no hay inconvenientes que neutra- 
licen aquéllas? De la contestación que á estas preguntas se dé, de- 
pende la resolución del palpitante problema acerca de si la acción 
católica debe orientarse hacia los Círculos, hacia los Sindicatos, hacia 
ambas instituciones separadas ó hacia los dos fundidas. Iremos por 
partes. 
. No creemos haya quien vea incompatibilidad entre los Círculos 
y Sindicatos, ni aun suponiendo á aquéllos miserablemente organi- 
zados y dirigidos por espíritus pusilánimes y cortos; pues lo más que 
podría suceder era que fuesen á buscar en otras Asociaciones lo que 



10 ESTUDIOS SOCIALES 

no encontraban en el Círculo, que es lo que, según refiere el Sr. Az- 
nar, ha sucedido en varias partes. «En otras poblaciones, el obrero 
acudía al Círculo á recoger la migaja del socorro, de la instrucción, 
del recreo, pero para luchar estaba en la Sociedad de resistencia y á 
ella entregaba la cooperación de su cuota. > 

«Quizá sea esto lo general en España, pero es en Madrid donde 
lodos hemos recibido la gran lección experimental.» 

Por otra parte, no creo existan estatutos de Círculo alguno don- 
de haya una sola cláusula incompatible con las ventajas antes reseña- 
das; podrá haberlos en que se dé más importancia á lo accesorio que 
á lo principal, que tengan una orientación equivocada, y que por lo 
tanto, los frutos sociales obtenidos sean exiguos ó nulos, pero hay 
otros, como el conde de Mun reconoce, donde la vida social se 
desenvuelve exuberante y espléndida; y todos podrán disfrutar de 
essa mismas corrientes de vida organizados convenientemente; pues, 
como demostrado queda, los elementos neutrales (los que no son pa- 
tronos ni obreros) existentes en los Círculos apoyarían y ayudarían 
eficazmente al obrero en la instrucción, enseñanza, moralización, pa- 
cificación y justa remuneración del trabajo; y los mismos elementos 
patronales que existiese en el Círculo cooperarían al logro de estas 
ventajas por el obrero, sin excluir la misma remuneración justa del 
trabajo. La injusta no debe reclamarse ni en los Círculos ni en los 
Sindicatos. 

No existe, pues, incompatibilidad esencial entre los Círculos 
obreros y las justas reinvindicaciones del trabajador. 

Es consecuencia de la respuesta á la primera pregunta la de la 
segunda. Si no hay incompatiblidad entre los Círculos y las reivin- 
dicaciones obreras, luego es posible por medio de ellas alcanzarlas. 
Para ello no habría más que orientarlos en ese sentido, organizarlos 
para ese fin, trazar con claridad el camino que á esas reivindicacio- 
nes conduce é impulsar luego por él con energía y constancia á to- 
dos hasta llegar á la meta deseada, prescindiendo además de todo 
bagaje inútil, capaz de entorpecer la marcha. 

Con lo dicho anteriormente se halla asimismo ímplicitamente 
contestada, y en sentido afirmativo, la tercera pregunta. En efecto, si 
nos proponemos que en un Círculo existan, á la vez que los obreros, 
ingenieros, abogados, médicos, sacerdotes..., el fin cultural, el moral, 



ESTUDIOS SOCIALES 11 

■el religioso, el de pacificación, indudablemente con tan valiosos ele- 
mentos se conseguirá más fácil y perfectamente. Lo mismo puede 
decirse del de ajusta remuneración del trabajo; pues á la acción de 
los trabajadores unidos se añadirían el del elemento no obrero que 
con sus indicaciones y consejos irían aquéllos con mejor dirección y 
más rápidamente al fin deseado; esto sin contar las gestiones y pre- 
sión que sobre los patronos y el Estado podían hacer con su autori- 
dad, ciencia y prestigios dichos individuos ajenos á los intereses par- 
ticulares de obreros y patronos. Respecto del perfeccionamiento pro- 
fesional, lo peor que podría ocurrir que interviniesen en ello sólo los 
obreros y, por consiguiente, estarían en las mismas condiciones que 
los Sindicatos; pero como en toda profesión, por rudimentaria que 
sea, hay una parte teórica y otra práctica que cuando la profesión 
tiene cierta importancia y es susceptible de grandes perfecciona- 
mientos, la parte teórica no es despreciable, sigúese que aun en el ñn 
profesional puede el elemento no obrero del Circulo ayudar no poco 
á los trabajadores. En suma, todos los fines del Sindicato pueden 
conseguirse más perfectamente en el Círculo ó Patronato conve- 
nientemente organizado. 

P. Teodoro Rodríguez. 

O. S. A. 

(Continuará.) 



DE RE POENALI 

0) 



EL PROBLEMA DEL CASTIGO CORPORAL 




n un artículo anterior expuse mi humilde sentir acerca del 
escarmiento como fin subjetivo de la pena, juzgando que 
no se puede prescindir de él en absoluto para intentar so- 
lamente la adaptación del reo á las normas morales y sociales por 
medio de la corrección, ya que ésta resulta irrealizable en unos ca- 
sos é incumplida en otros, y se impone á toda costa afirmar el im- 
perio del derecho, refrenar las malas pasiones del penado y apartarle 
de la vida criminal por cuantos medios lícitos sean necesarios y es- 
tén al alcance del poder público. Deben, pues, combinarse los me- 
dios educativos de la corrección con los medios aflictivos del escar- 
miento en la medida y la forma exigidas por la índole y demás con- 
diciones del delincuente, y por la necesidad de someterle á la ley. 

Hállase esta cuestión íntimamente enlazada con la de las penas 
corporales de que vamos á tratar ahora, puesto que éstas son las 
más eficaces para escarmentar al que no quiere corregirse, sin 
que dejen de tener también un carácter correccional, sobre todo, 
aplicadas á delincuentes jóvenes y unidas á otras más adecuadas 
para la corrección. 

¿Debe rechazarse en absoluto el castigo corporal, ya como pena, 
ya como medida disciplinaria? ¿Será conveniente su empleo, á lo 
menos, en algunos casos y con las garantías necesarias para evitar 
abusos? He aquí un problema que, hace algunos años, se daba por 
definitivamente resuelto, y aun se considera así por los que no quie- 
ren ver la realidad de la vida, y hoy ha vuelto á plantearse por los 
cultivadores de la ciencia penitenciaria, no movidos por «un miedo 



(1) Publicado en la Revista de los Tribunales y de Legislación Universal. 



DE RE POENALI 13 

histérico á los criminales», como dicen algunos, sino convencidos 
por una necesidad que se impone. 

«Para cierta clase de malhechores— dice uno de los más nota- 
bles penalistas italianos (1)— no cabe duda que debe traerse á exa- 
men el problema, ya favorablemente resuelto por Romagnosi y dis- 
cutido actualmente en muchos Estados extranjeros, acerca de la 
oportunidad de poner en vigor las penas aflictivas corporales, como 
la fustigación adoptada por nuestro Código penal de Eritrea. Los 
que comulgan en la doctrina de la revolución francesa, suelen pro- 
rrumpir en una explosión de desdén declamatorio ante el nombre 
solo de estas penas; pero quien se encuentre desligado de prejuicios 
filosóficos y políticos, comprende que, si tales penas constituyen cier- 
tamente un ultraje á la dignidad de la persona individual, lo consti- 
tuyen en cuanto esta personalidad es la que suponen los filósofos y 
políticos, no la que ven los penalistas en las aulas judiciarias y en 
las prisiones.» 

No son menos explícitas ni menos autorizadas las opiniones que 
pasamos á exponer. El superintendente general del célebre refor- 
matorio de Elmira se expresaba así en su informe de 1894: «Sin te- 
mor á ser contradicho, afirmo que no existe prisión ni reformatorio 
ni escuela industrial, donde no se emplee absolutamente, bajo una 
ú otra forma, la coacción física... Ciertos individuos de gran delica- 
deza moral, juzgando á los delincuentes por lo que á ellos mismos 
les pasa, olvidan los verdaderos motivos de obrar de aquéllos, y con- 
ceden una importancia excesiva al poder de la mera persuasión so- 
bre el dominio y la reforma del preso.» 

El conocido publicista francés Philips, aludiendo á un instru- 
mento de castigo inglés, de que hablaremos luego, escribía no hace 
mucho tiempo: «Nosotros, tarde ó temprano, acabaremos, como los 
ingleses, por adoptar este sabio procedimiento de corrección. Bien 
sabido es que nuestras prisiones son hoteles demasiado confortables 



(1) V. Manzini: La política crimínale e il problema della lotta contro la delin- 
quenza e la malavita. - Prolusione tenuta nell' Universitá di Torino (Rivisía 
Pénale, 1911, tomo 73, pág. 5). 

A estas ideas de Manzini y otras análogas sobre la pena de muerte, contes- 
tó en la misma Revista (tomo 73, pág. 525) Mario de Mauro, más con afirma- 
ciones dogmáticas y con lamentos que con una refutación seria y científica. 



14 DE RE POENALI 

para asustar á los malhechores. El día en que nosotros comprenda- 
mos que la pena del látigo, tan práctica, tan corta y tan higiénica, es 
al mismo tiempo la única que puede desembarazarnos de los apa- 
ches y de los salteadores, ese día podremos pasearnos sin revólver, y 
nuestras grandes ciudades, París ó Marsella, cesarán de ser por su 
inseguridad la irrisión de los extranjeros. 

Y por último, un hombre tan competente en estas cuestiones 
como D. Fernando Cadalso, asegura que, si la supresión de los cas- 
tigos corporales sería una medida aventurada y trastornadora «en 
países donde los sistemas penitenciarios se. aplican con pureza, y el 
régimen tiene la prudente severidad que necesita, y los reclusos se 
hallan habituados á la obediencia, y tienen ocupación útil y constan- 
te, y respetan debidamente á las autoridades y á los funcionarios>, 
en nuestras prisiones, «donde el régimen se halla en los momentos 
presentes trastornado, y la rebeldía de los prisioneros es constante> ; 
la supresión de los castigos corporales «es profundamente peli- 
grosa >. 

Un hecho más significativo que las opiniones aisladas que hemos 
citado y otras muchas que podrían agregarse, es haberse planteado 
el problema, así en algunos Congresos penitenciarios internaciona- 
les, por ejemplo, los de Roma y Estocolmo, como en análogas 
Asambleas de carácter local ó nacional, por ejemplo, la Asamblea 
de juristas alemanes celebrada en Dantzig (Septiembre de 1910), y 
el segundo Congreso Nacional de la Sociedad de patronato para 
menores y presos, convocado para Septiembre de 1911 en Turín, en 
cuyo cuestionario se lee el tema siguiente: «Pene corporalicome trat- 
tamento correttivo e punitivo> (1). En estas Asambleas ha tenido de- 
fensores convencidos el castigo corporal, ya como pena, ya especial- 
mente como corrección disciplinaria, fundándose todos en su nece- 
sidad para el régimen de reformatorios y prisiones, y en la imposibi- 
lidad de someter de otro modo á ciertos delincuentes á^la disciplina. 

Entre los pueblos civilizados que conservan las penas de que tra- 
tamos, el inglés es el que principalmente se distingue, tanto por el 



(1) Este Congreso no pudo celebrarse á su tiempo, y está nuevamente con- 
vocado para los días 10, 11 y 12 del próximo Octubre. El encargado del tema 
del castigo corporal, es el sabio profesor de Bolonia Alejandro Stoppato. 



DE RE POEN'ALl 15 

rigor con que las aplica, como por la reglamentación detallada y 
sistemática á que las somete (1). Para los menores de dieciocho años 
se establece la pena de azotes (flogging), y para los mayores de esta 
edad la de latigazos (whiping). «Hasta el año 1817 — dice D. Francis- 
co Cabrerizo en su hermosa obra Las prisiones de Londres y las nues- 
tras, de la cual tomo estos datos y algunos de los que preceden, — se 
azotaba públicamente en Inglaterra á las mujeres culpables de em- 
briaguez ó de mala conducta. Los castigos que por tales delitos se 
aplicaban á los hombres eran mucho más severos; pero donde las 
penas corporales llegaron á la más espantosa crueldad fué en el ejér- 
cito, y sobre todo en la Marina. El gato de nueve colas hizo allí su 
aparición en 1688, y... hacia el año 1860, el Parlamento, en virtud 
del acta para extirpar los garroters (extranguladores semejantes á los 
modernos apaches), autorizó á los jueces para agregar la pena del 
látigo á la de prisión en el caso de agresión contra las personas; y en 
virtud de tal autorización, fueron condenados al castigo del gato in- 
finidad de salteadores nocturnos que infestaban'por entonces las ca- 
lles, y sobre todo los suburbios de Londres. El remedio fué tan efi- 
caz, que al poco tiempo desaparecieron aquellos malhechores que 
eran el terror del vecindario. Acreditada con esto su eficacia, se con- 
serva todavía este castigo, porque las autoridades inglesas están ab- 
solutamente convencidas de que tan horrible pena es la única que 
hace desaparecer á cierta clase de criminales.» (2). 

Legal ó ilegalmente, y en una ú otra forma, las penas corporales 
se aplican en casi todos los pueblos, sea por los empleados de las 



(1) La ley vigente sobre esta materia es de 1898, y en ella se determinan 
los casos en que se pueden imponer penas corporales, el procedimiento que 
ha de seguirse, las precauciones que deben adoptarse, el número de latigazos 
ó azotes (36 como máximo) y los instrumentos de castigo. Estos son: el gato 
de nueve colas, llamado así por constar de nueve cuerdas, y el birch rod, atadi- 
to de varas de mimbre. El primero sólo se aplica á los mayores de dieciocho 
años, y el segundo á éstos, por delitos menos graves, y á los menores de di- 
cha edad. 

(2) Obra citada, parte primera, cap. VIL Para que se vea hasta qué punto 
la opinión inglesa se declara á favor del castigo corporal, el mismo autor re- 
fiere que, hallándose él en Hong-Kong, intentó el gobernador suprimir el gato 
y el birch rod, y tuvo que desistir de ello ante las unánimes protestas de la 
opinión y de la Prensa. 



16 DE RE POENALI 

prisiones, sea por la Policía. Los Estados Unidos siguen el ejemplo 
de sus hermanos los ingleses, y hasta en el famoso Reformatorio de 
Elmira, modelo de los de su clase, está en uso la pena de azotes con 
una correa mojada en agua. Entre nosotros, los celadores pueden 
hacer uso de la vara moderadamente, sistema que será menos cruel 
que el inglés, pero también menos eficaz, más degradante y más ex- 
puesto á abusos y arbitrariedades. 

En Alemania se inició hace algunos años una activa campaña á 
favor de los castigos corporales en las prisiones; pero donde el mo- 
vimiento ha alcanzado más grandes proporciones, por. causas de to- 
dos conocidas, es en Francia. En 1908 se formó la Liga de protección 
social, en cuyos manifiestos de 1908 y 1909 se indica su objeto, que 
es la criminalidad creciente y osada, y se reclama la unión de todos 
los hombres honrados para organizar la lucha contra el vicio, la hol- 
gazanería y el crimen. La acción de la Liga se dirige especialmente 
á los apaches, para quienes se pide por la generalidad el uso del lá- 
tigo, medio mucho más seguro para extirpar aquella plaga que to- 
das las penas de privación de libertad. Otro hecho más elocuente to- 
davía es la petición formulada por los Jurados del Sena y dirigida al 
Ministro de Justicia en Octubre de 1910: «Los que suscriben, miem- 
bros del Jurado del Sena..., espantados ante la "escasa edad de los 
acusados reconocidos culpables en los casos sometidos á sus delibe- 
raciones, tienen el honor de manifestaros su deseo de que se esta- 
blezcan por las leyes castigos corporales para penar los atentados 
cometidos contra las personas y la propiedad. > 

En el mismo año anunciaba el diputado Raynaud su propósito 
de presentar un proyecto de ley para restablecer el uso del látigo en 
las prisiones, como se practicaba en Francia antes de la Revolución; 
y apenas fué lanzada esta idea á la publicidad, los periodistas se 
apresuraron á consultar á las personas más competentes en la mate- 
ria. La mayoría de los sabios consultados se declaró favorable á la 
pena corporal, sobre todo respecto de los apaches (1). 



(1) Hay que advertir que el apache cogido por la Policía no suele escapar 
sin castigo, castigo extralegal, bárbaro en la forma y sin resultado alguno prác- 
tico. Cuentan que antes dejser presentado al Tribunal, suelen llevarle á la Co- 
misaría, y allí le hacen sufrir lo que llaman los franceses el «passageá tabac», 



DE RE P0ENAL1 17 

Creo que bastan los datos expuestos para demostrar que se va 
formando ó está formada ya una corriente de opinión á favor de los 
castigos corporales, y esta corriente demuestra á su vez que no he- 
mos llegado todavía á un grado de cultura que nos permita el lujo 
de suprimir ciertas penas, que se ha idealizado mucho sobre la efi- 
cacia de los medios puramente educativos, y que los antiguos legis- 
ladores, al adoptar penas que el humanitarismo actual rechaza, no 
eran tan bárbaros ni andaban tan desacertados como se ha supuesto, 
cuando hoy mismo se trata de volver, aunque sea con muchas ate- 
nuaciones, al sistema que ellos emplearon. Sin embargo, esta corrien- 
te de la opinión se manifiesta aún con alguna timidez, y está conte- 
nida por otra corriente contraria más poderosa, no porque valgan 
más las razones en que se funda, sino por el número de los que la 
forman y sostienen, y por los sentimientos humanitarios que éstos 
invocan, sentimientos que atraen á las almas sensibles, y convencen 
más que todos los razonamientos á cuantos piensan con el corazón 
y no con la inteligencia. 

Nos hemos formado un alto concepto de la cultura y la suavidad 
de costumbres de nuestra época, estamos viendo constantemente ca- 
lificar los castigos corporales de bárbaros y crueles, de contrarios á 
la dignidad humana y á los sentimientos de la sociedad actual, ¡y es 
tan duro chocar con estos sentimientos y renunciar á ilusiones arrai- 
gadas en el alma! La mayor parte de los penalistas dan por enterra- 
das dichas penas para siempre, y el solo hecho de plantear el pro- 
blema les escandaliza: la abolición de las penas corporales es un 
dogma de la ciencia, y hay que someterse. ¿Por qué? Yo he buscado 
con verdadero interés una razón que me convenza de la ilegitimidad 
de la pena corporal, una razón que me demuestre su oposición con 
un fin esencial de la pena, una razón sólida que no pueda aplicar- 
se del mismo modo á todas las penas, y esa razón no la he encon- 
trado. 

Hablase de la repugnancia que naturalmente produce en la ge- 
neralidad de los hombres, debido á la delicadeza de sentimientos 



que consiste en introducir al paciente en una sala donde se encuentran forma- 
dos varios polizontes, y todos se lanzan sobre él, magullándole á puntapiés y 
bofetadas. 

2 



18 DE RE POENALI 

que predomina en la sociedad actual. Ciertamente, la pena de que 
tratamos es repugnante; pero deducir de aquí que sea injusta ó in- 
necesaria no lo permite la lógica: nada tiene que ver lo uno con lo 
otro. Si hubiéramos de rechazar todo lo que repugna á nuestros sen- 
timientos por esta sola razón, ya podíamos empezar por abolir to- 
das las penas y concluir por condenar otros muchos actos lícitos y 
aun obligatorios. Repugnante es para algunos padres de corazón sen- 
sible y tierno castigar á sus hijos; y sin embargo, cuando no hay 
otro remedio, cuando lo juzgan necesario para el bien de los mis- 
mos hijos, los castigan por mucho que les repugne y les duela, y na- 
die dice que obren mal. Repugnante y doloroso es que á un solda- 
do herido le corten una pierna ó un brazo; y no obstante, se hace 
sin que nadie proteste, cuando la amputación se juzga necesaria para 
salvar la vida al paciente. Repugnante es, [en fin, arrancar á un hom- 
bre, aunque ese hombre sea delincuente, de los brazos de su fami- 
lia, que queda tal vez en el desamparo, encerrarle en una prisión, so- 
meterle á un régimen establecido y ejercer sobre él constantemente 
y por muchos años una coacción física que casi anula su libertad ex- 
terna. Todo esto es repugnante; y sin embargo se admiten estas pe- 
nas por los mismos que rechazan la otra. Lo cual nos demuestra que 
el argumento fundado en la repugnancia del castigo corporal no 
tiene valor alguno, y al mismo tiempo, que somos muy propensos 
á juzgar de las cosas según la impresión que nos producen, usur- 
pando así el sentimiento los fueros de la razón, criterio inseguro 
que conduce á muchos extravíos, además de ser muy poco científico. 
Dícese también — y esta es una de las razones en que más suelen 
insistir los impugnadores de las penas corporales— que éstas son un 
atentado contra la dignidad humana, y degradan más todavía al que 
las ejecuta que al que las sufre. También aquí juzgamos de la digni- 
dad humana en abstracto, viendo la de cualquier criminal á través de 
la nuestra, olvidando que el crimen y el vicio dejan muy malparada 
aquella dignidad, y creyendo que el látigo produce en el más dege- 
nerado delincuente la misma impresión moral que produciría en nos- 
otros. Pero nada de esto es verdad, ó lo es solamente si el castigo 
se aplica sin discreción y sin tener en cuenta las condiciones perso- 
nales y los precedentes de los penados. Los que los han tratado de 
cerca saben muy bien que entre ellos hay muchos totaltnante degra- 



DE RE POENALI 19 

dados y envilecidos, muchos que carecen de todo sentimiento de 
dignidad, y son refractarios á todo medio de persuasión y á toda 
pena que no sea el castigo corporal, que, por otra parte, no tiene 
para ellos otra significación que la del dolor físico que les produce. 
Y si, á pesar de todo, nos empeñamos en sostener que esta pena es 
un atentado contra la dignidad personal, ¿no debemos decir lo mis- 
mo de las penas de prisión, que reducen al penado á una especie de 
esclavitud, privándole de su libertad y sometiéndole á la voluntad 
ajena? ¿Por qué no somos lógicos y pedimos que se supriman tam- 
bién por contrarias á la natural dignidad del hombre? 

Yo creo que los ingleses, á pesar de todo su espíritu utilitario, 
no tienen más bajo concepto de esta dignidad que los pueblos lati- 
nos; y, sin embargo, conservan el uso del látigo y el palo, no sólo 
en las prisiones y en los establecimientos correccionales, sino hasta 
en los colegios más aristocráticos. En todas las legislaciones del 
mundo se permite al padre el uso moderado de los mismos instru- 
mentos de castigo respecto de sus hijos cuando hace falta, sin que 
á nadie se le haya ocurrido que este modo de proceder, dentro de 
sus justos límites, sea contrario á la dignidad humana. ¿Y sólo ha 
de serlo cuando el castigo se aplica á los criminales más peligrosos 
y envilecidos, ó lo que es lo mismo, á los que han perdido todo de- 
recho al honor y todo sentimiento de dignidad? Según esto, si un 
joven de dieciséis ó dieciocho años, hijo de familia honrada, se 
encuentra bajo la patria potestad ó bajo la guarda ó dirección de 
otro, y por una falta cualquiera se hace acreedor á un castigo, puede 
experimentar los efectos del palo sin que se resienta su dignidad 
personal; pero si se trata de un golfo de plazuela, de un píllete des- 
vergonzado y pervertido que insulta y apedrea ó comete otros deli- 
tos más graves, á ése no se le puede tocar al pelo de la ropa, ¡por- 
que se atenta á su dignidad! ¿Cabe mayor trastorno en las ideas? 

¡Que las penas corporales degradan, tanto al que las ejecuta 
como al que las sufre! Ciertamente; si esas penas son crueles ó des- 
ordenadas; si el que las aplica las toma como medio de satisfacer su 
cólera con el sufrimiento de la víctima; si se emplean indistinta- 
mente con toda clase de delincuentes y por cualquier género de 
faltas, lo mismo el castigo que se refiere á los criminales, que el im- 
puesto al hijo por el padre, degradan á quien los ejecuta en tales 



20 DE RE POENALI 

condiciones, y suelen ser contraproducentes para quien los sufre. 
Pero cuando la pena corporal se halla previamente establecida y re- 
glamentada por la ley; cuando guarda la debida proporción con la 
falta cometida, y de ella se hace uso únicamente cuando es necesa- 
ria y en la medida de lo necesario; cuando se aplica á quienes han 
caído ya en la más profunda degradación, á quienes no temen nin- 
guna otra pena; cuando se impone, no para desfogar la ira del eje- 
cutor, sino en cumplimiento de un penoso deber, no por el gusto de 
hacer sufrir ni con la intención de infamar, sino como medio único 
para doblegar la voluntad indómita del penado, refrenarle y some- 
terle á la ley y á la disciplina, entonces no degrada á nadie más que 
en el sentido en que degradan todas las penas, ya por razón de su 
propia naturaleza, ya por la mala conducta que presuponen. Si esta 
pena es la más eficaz, la única eficaz para contrarrestar la osadía de 
ciertos criminales y salvar la vida de personas honradas, ¿no es ri- 
dículo detenerse ante el espantajo de una dignidad que no existe? 
jAh!, yo creo que merecen más respeto la vida y la tranquilidad de 
los ciudadanos pacíficos, que la dignidad y las espaldas de un apa- 
che y de todos los malhechores que se han declarado enemigos per- 
petuos de la sociedad. 

Aseguran también algunos impugnadores del castigo corporal 
que éste, lejos de enmendar, exaspera y es hasta contraproducente 
para mantener el orden y la disciplina en las prisiones. Si así fuera, 
aun en la hipótesis de estar perfectamente reglamentado el castigo, 
yo no necesitaría otra prueba para unir mi voz á la de los impug- 
nadores. Pero tales afirmaciones no me convencen; primero, porque 
contra ellas veo otras muchas no menos autorizadas; y segundo, por- 
que creo conocer un poco el corazón humano y los móviles de la 
voluntad, y estoy plenamente persuadido de que cuando un hombre 
sabe que á un acto suyo ha de seguirse un mal que teme, ese mal 
le refrena y constituye un motivo para no obrar, un obstáculo para 
la realización del acto, tanto más poderoso cuanto más temible sea 
el mal que amenaza. Y sé, por otra parte, que el mismo efecto inhi- 
bitorio produce en el delincuente, porque le repugna el dolor, por- 
que teme este mal, porque está sometido á las mismas leyes psicoló- 
gicas que los demás. ¿Cómo puede desconocerse esto, si el castigo 
sirve de medio^hasta para domesticar y educar á los animales? Com- 



DE RE POENALI 21 

prendo que esta pena exaspere cuando es inmerecida, continua, ex- 
temporánea ó arbitraria; pero cuando en ella concurren las debidas 
condiciones, la exasperación será momentánea, y al fin el reo se 
convencerá de su impotencia en frente de la ley, y de que le con- 
viene doblegarse, someterse y ajustar su conducta al deber. 

Otras razones de menor cuantía suelen alegarse contra la pena 
corporal, como el peligro de degenerar en abusos reprobables y la 
inconsecuencia de no admitir también las penas de mutilación y 
otras infamantes, una vez admitida aquélla. Lo primero no merece 
una contestación seria. Si por posibles abusos hubiéramos de repro- 
bar una pena, ya podemos abolir todas las penas y todas las insti- 
tuciones humanas. Los abusos se evitan, no suprimiendo la pena, 
sino adoptando las precauciones posibles y necesariaspara que no 
ocurran. Lo segundo es confundir las penas infamantes y de mutila- 
ción con el castigo corporal, y entre éste y aquéllas media un abis- 
mo. Las penas infamantes tienen por objeto ó materia un bien mo- 
ral, la honra y estimación pública del reo, y por fin, deshonrarle 
ante la sociedad, mientras que el castigo de que aquí se trata tiende 
á escarmentar ó corregir, y tiene por objeto un bien físico: si des- 
honra, ya lo hemos dicho, es en el sentido en que deshonran las de- 
más penas. Las de mutilación carecen de finalidad racional que las 
justifique, dejan tras de sí un distintivo ignominioso y perpetuo, y 
hacen casi imposible la regeneración del reo y hasta la convivencia 
social. ¿Hay por ventura algo de esto en las penas corporales de la 
vara ó el látigo? ¡Cuántos hombres que han estado en los reforma- 
torios ingleses ó norteamericanos, si hoy gozan de gran estimación 
social, lo deben precisamente á este género de castigos, oportuna y 
sabiamente aplicados! 

No es la delicadeza de sentimientos la causa única del horror que 
inspira el castigo corporal á la mayor parte de los penalistas moder- 
nos; existe otra de orden más científico, y es el desdén con que mi- 
ran casi todas las teorías actuales el principio expiatorio de las penas, 
que no es otro substancialmente que el mismo principio de justicia 
La pena podrá ser defensa, tutela, corrección y otras cosas; pero an-' 
tes que esto, como la misma palabra pena significa, es expiación y 
sufrimiento. El carácter expiatorio de la pena está fuertemente arrai- 
gado en la conciencia humana, y donde no ve algún sufrimiento 



22 DE RE POENALI 

después de la culpa no ve pena, ni satisfacción, ni justicia. Cae fuera 
de nuestro propósito demostrar el fin expiatorio de la pena; pero 
como no carece de importancia en su relación con el castigo corpo- 
ral, haremos algunas observaciones, prescindiendo de todo razona- 
miento metafísico. 

Cuando un hombre, después de cometer un crimen, da tales 
pruebas de dolor y pesadumbre que nadie puede poner en duda la 
sinceridad de su arrepentimiento, naturalmente nos mueve á compa- 
sión y venamos con gusto que se le disminuyese la pena, porque 
aquel dolor es ya una expiación parcial de la culpa. Pero si, á pesar 
del convencimiento que tenemos de que ese hombre no necesita 
pena alguna para corregirse, antes bien la pena podría ser un obs- 
táculo para ello, á pesar de saber que no ofrece peligro alguno para 
lo futuro, quedase totalmente impune, esta impunidad nos produci- 
ría una impresión de desagrado. ¿Por qué? Porque veríamos todos 
en aquella impunidad algo que no está en orden, algo que pugna 
con la idea de justicia, una deuda que queda sin satisfacer, una cul- 
pa sin suficiente expiación. Cuando un delincuente acepta la pena 
convencido de que la merece, es porque ve en ella un medio de ex- 
piación. Cuando otro se encuentra atormentado por los remordi- 
mientos, y desea y pide la pena merecida (caso raro, pero que se da 
alguna vez), de seguro que no la pide para su corrección ni para es- 
carmiento de otros, sino para expiar la propia culpa, pagar la deuda 
contraída, arrojar de su conciencia un peso que le abruma y quedar 
de este modo satisfecho. Lo cual demuestra que concibe la pena, 
ante todo y sobre todo, como expiación; y como ésta es sufrimiento 
físico y moral, y uno y otro se producen con las penas corporales, 
quizás mejor que con ninguna otra, á lo menos el dolor físico, esas 
penas cumplen sin duda alguna el fin expiatorio. 

El castigo corporal es en ciertos casos (no discuto aquí si se dan 
muchos ó pocos) una verdadera necesidad, y aplicado en la medida 
de esa necesidad y en las debidas condiciones, no sólo es un bien 
moral y jurídico, sino también para la sociedad, y en último término 
para el reo mismo y su familia. Para la sociedad, porque con esta 
arma luchará más eficazmente contra ciertas clases de delincuencia» 
que de otro modo no se extinguirán nunca, y podrá doblegar volun- 
tades indómitas refractarias á toda otra pena, y aun en el orden eco- 



DE RE POENALI ¿6 

íiómico evitará gastos inútiles cuando proceda emplear dicho castigo 
como pena única. Es un bien para el reo, sobre todo en el último 
supuesto, porque le libra de la desmoralización de la cárcel, que 
suele envilecer y degradar bastante más que el látigo, lleva á su alma 
un temor saludable que le apartará del crimen mejor que ninguna 
otra pena, y tal vez fuera la salvación de muchos desgraciados, par- 
ticularmente entre delincuentes jóvenes, que por sentimentalismos 
mal entendidos se pierden, como la severidad de un padre es fre- 
cuentemente la salvación de hijos díscolos que sin aquella severidad 
habrían labrado su perpetua desdicha. ¡Cuánto más moralizador y efi- 
caz sería para esos pobres quincenarios cazados diariamente por la 
Policía, que, en lugar de condenarlos por unos días á la abyección 
de la cárcel, se les impusiera un correctivo corporal, según su mala 
índole y sus faltas, el mismo castigo que les impondrían sus padres 
si los tuvieran ó cumplieran con su deber, ya que no se adopten 
otras medidas más adecuadas para la regeneración de aquellos infe- 
lices, que sería lo procedente! 

Por último, no debe perderse de vista que el principal fin prácti- 
co que se persigue con la pena es sacar al delincuente del abismo 
del crimen y conducirle con medios apropiados por el camino de la 
honradez. Nadie puede negar, porque se trata de hechos palpables 
y constantemente repetidos, que para muchos reos habituados al de- 
lito y candidatos perpetuos de la cárcel, la prisión es inútil porque no 
la temen, y todos saben, en cambio, que no hay un solo delincuente 
que no tema el dolor físico de las penas corporales. Pues bien; cuan- 
do éstas son las únicas eficaces para lograr el indicado fin, ¿por qué 
no se han de emplear en bien de la sociedad, en bien del reo mismo 
y por el prestigio de la autoridad y del derecho? 

Si, según mi humilde parecer, no nos hallamos aún en el caso 
de poder suprimir en absoluto el castigo corporal, como medio re- 
presivo, tal vez con más razón sea necesario como medida correctiva 
y disciplinaria. Cuando así es considerado en un pueblo como el in- 
glés, á pesar de la buena reglamentación de sus establecimientos pe- 
nales y del personal penitenciario, á pesar de tratarse de una raza 
por lo general disciplinada y dócil, ¿cómo se piensa en suprimir 
aquel castigo en pueblos de raza latina que por su naturaleza es más 
indómita, más levantisca, más indisciplinada, sobre todo con un ré- 



24 DE RE POENALI 

gimen penitenciario como el de la mayor parte de nuestras prisiones,, 
donde los motines y los plantes son tan frecuentes, donde se han 
presenciado escándalos como los de la Cárcel Modelo de Madrid 
en desprestigio de la autoridad y con escarnio de la ley? ¡Ah, qué 
fácilmente se hubiera evitado todo eso, si allí se usara, no digo el 
gato de nueve colas de los ingleses, sino otro castigo análogo, aun- 
que no fuera tan duro! Pocas veces habría que imponerle, porque la 
amenaza sola bastaría para conservar el orden. 

Admitidas en principio las penas corporales, surgen otras cues- 
tiones de suma importancia, como las relativas á los casos en que 
procede imponerlas, á qué clase de delincuentes serían provechosas, 
su reglamentación por la ley, medida y forma de su ejecución, etc. 
Una sabia observación de la vida real es la única que puede dar- 
nos la debida solución de estos problemas: á la ciencia teórica, 
que parte de'principios generales, sólo toca formular bases ó normas 
también generales, como las siguientes: 

1.* Las penas de que tratamos deben imponerse siempre que 
sean necesarias, sólo cuando sean necesarias y en la medida de su 
necesidad. Esta necesidad dependerá muy especialmente de la índole 
del sujeto pasivo y del resultado obtenido con otros medios menos 
dolorosos ensayados antes, y variará mucho según el régimen peni- 
tenciario cuando el castigo se imponga por faltas contra la disci- 
plina. 

2. a Estas penas, ya como represión propiamente dicha (esto es, 
cuando se imponen por un delito en sustitución de cualquiera otra), 
ya como correctivo disciplinario, deben estar preestablecidas y re- 
glamentadas por una ley que determinará los casos en que proceden, 
el máximum de castigo que puede imponerse y la forma en que ha 
de ejecutarse, adoptando cuantas precauciones y garantías sean po- 
sibles para evitar abusos, y haciendo ver á todos que el castigo no 
es obra de la voluntad ó la ira de su ejecutor, sino cumplimiento de 
un deber legal ineludible. Porque, más que la pena misma, lo que 
realmente exaspera es hacerla depender del humor ó el capricho de 
un empleado, y lo que envilece y degrada es someter á los penados 
á la amenaza constante de la vara del celador que puede descargar- 
la á su arbitrio sobre las espaldas de cualquier preso y por cualquier 
falta. Aplicado el castigo en esta forma, tienen razón sus impugna- 



DE RE POENALI 25 

dores: reduce á los presos á la condición de esclavos y casi los 
rebaja hasta el nivel de las bestias, exaspera y degrada sin fruto 
alguno. 

3. a Respecto á la clase de delincuentes á quienes puede ó debe 
ser aplicado el castigo corporal, también se impone la distinción an- 
tes indicada: como pena y como corrección disciplinaria. Bajo este 
último aspecto, creo que la norma más segura es la falta cometida y 
no su autor, ya que el castigo en este caso obedece á la necesidad 
de conservar el orden en las prisiones, y las condiciones personales 
del que le perturba sólo deben tenerse en cuenta para la medida y 
forma de la pena. En cambio, bajo el segundo aspecto, la edad, la 
índole, el grado de perversión y demás condiciones del reo son las 
que deben servir principalmente de norma para la pena, y sobre 
todo la edad. Yo creo que los castigos corporales en muy contados 
casos podrán suplir con ventaja una pena de privación de libertad 
en un regular sistema penitenciario, tratándose de adultos, y creo 
del mismo modo que pueden ser muy eficaces aplicados á ciertas 
c lases de delincuentes jóvenes cuando no proceda ó no sea posible 
el empleo de un medio más adecuado para su educación. En los re- 
formatorios de jóvenes todo castigo debe ser esencialmente correc- 
cional como el que se da en familia. 

Tal es mi opinión sobre el problema del castigo corporal. Le 
juzgo conveniente y aún necesario en muchos casos y con las con- 
diciones señaladas, sin dejar de comprender que tiene también sus 
inconvenientes. De todas maneras, la cuestión no debe resolverse de 
plano y a priori, sino hacerla objeto de sabio y detenido estudio. 

P. J. Montes. 
o. s. A. 

Profesor en el Col egio de Estudios Superiores de El Escorial. 



MUSIQUERÍAS PEQUEÑAS 

CARTAS ABIERTAS DE VARIOS A VARIOS 
(SOBRE MÚSICA RELIGIOSA) 



EL POR QUÉ DEL PESIMISMO ARTÍSTICO.— CURSILERÍAS ESTÉTICAS. — VA- 
RIACIONES SOBRE LO SOÑOLIENTO.— LO BUENO Y LO MALO EN EL 
GÉNERO RELIGIOSO.— LO SENCILLO EN EL ARTE Y UN APÉNDICE 
QUE VALE POR DOS. 

R. P. Luis Villalba. 

Mi querido Padre: ¡Vaya por Dios, y en qué intrincados laberin- 
tos me encuentro, gracias á su merced, que se empeña en pintarme 
la vida con los risueños colores de un amanecer de Abril! Porque 
sobre obligarme á un estudio muy detenido de su carta, póneme en 
el grave aprieto de hacerle una confesión que, á fuer de imparcial, 
yo he de hacerle, á trueque de desesperar con la próxima respuesta 
de usted, que no pecará ni de corta ni de huera. iEl optimismo 
franco, la alegría ingenua, la regocijante carcajada, desenvuelta y 
todo, para mayor picardía. Pero Padre, por Dios, si en su carta hay 
unos colores grises, unas nubéculas tenues, unos atardeceres nostál- 
gicos y unas caricias gatunas que respiran pesimismos negros y tem- 
pestuosos después de esos azules tintes de matutina primavera; si 
usted llora y gimotea con más rabia que un bohemio hambriento, si 
su carta destila melancolía tierna y dulzarrona, tan amerengada y 
caramelosa, que temo con fundamento sus consecuencias entre las 
niñas melifluas que la saboreen en los atardeceres de Agosto... Pero, 
en fin, el aprieto es para mí, porque... de tantas cosas habla en su 
epístola, que mal se aviene mi corto ingenio con la respuesta. Pues 
ella ha de ser tan enjundiosa, alambicada y excepcional cual corres- 



MUSIQUERÍAS PEQUEÑAS 2" 

ponde al atavío de la suya... Y bueno ando yo para tales menes- 
teres. 

Bien haya quien de pesimismos hable y de languideces y melan- 
colías preñado su espíritu tenga. Porque entre un positivismo negro, 
al que los tiempos de hoy llevan, y una obscura tintura grisácea, con 
poéticos y delicados sentires que siempre encubren las ternuras de 
almas artistas, quedóme con lo :último, sin pesar ni dolor. Y 
créame que el arte, en sus misterios inescrutables, raras veces, ha- 
blándonos en serio, nos conduce por los caminos de rosas y clavelli- 
nas. Siempre nos despereza con sacudimientos locos, emociones 
grandes y lirismos fuertes. Yo no sé adonde nos llega, muy dentro 
del alma sin duda, á los rincones más abruptos de lo espiritual, á 
las reconditeces hondas, á las fibras ocultas de los corazones. Y allí, 
créame, padre, allí en esas soledades que nos guardan secretos, en 
esos huecos donde debe de estar el soplo divino, allí no hay más 
que hondos sentires, sublimes emociones, ansiedades tan gratas y á 
la vez tan deliciosas y grandes, que no caben en ella ni los ruines 
sentimientos de una miseria humana, ni las caricaturas de la risa, ni 
los encantos del placer de una vida que por esperar un mañana her- 
moso, una desconocida quietud que anhela, un completo bienestar 
de que carece, llora y gime implorando lo grande y lo hermoso; no 
es que el mundo se pone triste, es, quizá, que el sentimiento se ha 
despertado enteramente con conciencia plena, de la pequenez de 
una existencia miserable. 

La belleza, ha llegado á sentirse en toda plenitud; pero la belleza 
humana, mezquina en sí, no llenó los espíritus cultos con todas las 
fragancias de sus aromas; cuando aun las almas aspiraban á gozar 
con toda satisfacción el sentimiento de lo bello, cuando los hombres 
no podían saborear el placer estético ni aún con los ojos y los oídos 
y los demás sentidos corporales, vivían sin otra preocupación que 
amargara su espíritu, satisfecho, ante la contemplación de un cuadro, 
de un paisaje, de un cielo tachonado de estrellas. 

Pero... los hombres llegaron á pintar muy bien, tan bien, qué 
otros hombres no saben hoy pintar como aquéllos, y musicaron me- 
jor, y modelaron Venus de Milo incomparablemente hermosas. Y 
los otros hombres que siguieron las huellas de los excelsos, repletos 
de emoción con la pintura de Tiziano, de Velázquez y de Rubens, 



28 MUSIQUERÍAS PEQUEÑAS 

del Greco, de Veronés; y con las obras de los Cervantes, los Milton, 
los Petrarca, los Sahakespeare, los Beethoven... los Wagner, no pue- 
den, aunque quieran, satisfacer los alambicamientos de su espíritu, y 
no pueden, porque se hizo ya cuanto pudo hacerse en arte, y los 
demás artistas de todo lo humano buscan... lo que aquí no en- 
cuentran... y al contemplarse ó al contemplarnos decaídos, dé- 
biles, lloramos una desventura que nos crearon porque debieron 
crearnos, porque llegó á la música el fin del mundo y la hora del 
juicio final... ¿Qué tal, eh? Ya ve usted que vamos filosofando. Bue- 
no; yo quiero decirle con estas filosofías mundanas, que los artistas, 
hombres de mundo si los hay, exprimieron el placer estético con las 
elucubraciones de músicos y danzantes, cuajaron su alma con las 
exquisiteces italianas, las seriedades alemanas y las sencilleces espa- 
ñolas de música pequeña... Un día vivieron esos privilegiados inge- 
nios en la tierra, brillaron, y se ocultaron para siempre, dejando 
huellas imborrables de su paso por el mundo de lágrimas; aquí tu- 
vimos á otros señores tan dignos de gloria y tan inmortales como 
aquellos otros que antes citaba; todos los maestros formaban escuela, 
escuela definitiva, poniendo las obras punto final á nuevas teorías. 
Los que hoy escriben, hueros de ingenio, faltos de originalidad 
y escasos de facultades, divídense en dos grandes grupos: el de los 
artistas que, acomodándose á un patrón de escuela, componen á lo 
Wagner, á lo Rossini ó á lo Palestrina... El de estotros que compo- 
nen como Dios les da á entender descomponiendo á Palestrina, á 
Wagner, á Guerrero, á Morales, á Mozart, á quien á vuestra reve- 
rencia se le ocurra, y, en definitiva, sin gusto propio, ni inspiración, 
ni personalidad. Entre unos y otros artistas caben subdivisiones: al- 
gunos—pocos—, educados en sentimiento artístico, saben perfecta- 
mente que sus obras, medianas ó malas, se acomodan al marco, al 
patrón de escuela. A éstos les llaman los críticos buenos composito- 
res. Pero gran parte de los que ignoran lo que es belleza, emoción 
estética, sentimiento, inspiración, escuela y otras bagatelas análogas, 
esos miserables buscan y rebuscan nuevas formas, nuevos genios, 
nuevos moldes que no encuentran, y los pobres desdichados caen en 
el mayor de los pecados que hombre alguno pensó: el de la cursile- 
ría. Conocen, de oiría, música de fuera y música de dentro, compo- 
siciones buenas, malas y medianas; géneros serios y cómicos; pero 



-¡QUERÍAS PEQUEÑAS 29 

no distinguen los colores del arco, ni pueden distinguirlos, porque 
en ellos no hay una cualidad esencial al artista: el buen gusto. Y 
forman con sus obras un ramillete de flores artificiales, sin aroma ni 
color. Y júzganse sabios, porque aquello que suena á todo, á ellos no 
les suena á nada oído... porque... ya se lo dije á usted, lo escucharon 
todo y no distinguieron nada. Pléyade innumerable de músicos, an- 
dan por ahí pregonando su fama, y numerosos son los que atienden 
sus lamentos... Unos y otros perdimos el sentido de lo bueno, de lo 
hermoso, de lo puramente artistico. Y es posible que en el grupo de 
los que saben hacer, no escaseen los que ignoran lo que hacen. Por- 
que de esos artistas cuéntanse á millones, los que escucharon buena 
música, y conocieron esta música, y conocieron también su impor- 
tancia para igualar á los genios, y extreman su fantasía, que llega 
muy lejos, adonde ni su mano ni su cerebro alcanzan. De aquí ha 
resultado que en música religiosa, como en música profana, abun- 
den las mediocridades y sean grandes los grupos de artistas media- 
nos y contados los que pueden contarse buenos, y de seguro ningu- 
no los originales y sabios. 

Si conocemos, pues, la decadencia estupenda á que el arte musi- 
cal llegó, no hemos de intentar sacar de quicio las cosas. A mí, que 
juzgo todas las cuestiones con profundo respeto, no ha dejado de 
disgustarme el mota proprio, porque revela, con la sana razón que le 
acompaña, un propósito firme de señalar moldes nuevos á las com- 
posiciones religiosas... Dice usted que los cantos populares son 
prueba irrecusable de la forma en que un día cantó el pueblo. > 
no he de negarlo, ni puedo negarlo, porque la tonalidad del canto 
popular español, sin cromatismos ni compás ni otros tonos que los 
naturales, revela su origen. Y es mu? bello el sentir de una melodía 
campestre y muy grande la expresión de sentimientos que de ella 
brota. Pero ¿cuántos compositores religiosos acomodaron á la cien- 
cia de la cantinela popular sus composiciones? Ni uno solo. Vanse 
con deslices tenues á Perosi, y como Perosi siente en italiano con la 
grandeza de Palestrina y la hermosura de los clásicos, por ese cami- 
no marchan todos, de tal manera, que— con la expresión ingenua 
del cura de mi lugar he de decírselo é usted - escuchando una misa, 
escúchanse todas las misas, y todas las novenas, y todos los respon- 
sos. Y es verdad. Yo no sabría distinguirle, con este melodiar de 
hoy, dónde está lo cursi y hasta dónde llega lo serio. 



30 MITIQUERÍAS PEQUEÑAS 

Porque lo grave de la melodía religiosa, resbala sobre unas ca- 
dencias tan conocidas, unas vaguedades tan usadas y unos acordes 
tan utilizados ya, que, á través de la corriente melódica, adivínase 
el pensamiento musical que carece de idea y de expresión, siempre. 

Lo cursi intenta, es cierto, acariciar la idea de lo grande con la 
violencia de lo que no se siente; siempre busca la impresión con el 
adorno; quiere herir el sentimiento con la fórmula de lo original y 
la base de otra idea que se presiente y que el artista no sintió al 
componer. 

Nunca hay en la obra del músico que así se expresa ni lozanía, 
ni facundia, ni inspiración. Falta el buen gusto, la claridad, la sen- 
cillez, la nobleza. Y allí donde estas cualidades nacen, el adorno es 
tan artificioso, que la pobreza asoma su cara flaca y escuálida. Pero 
yo deseo que usted me diga cuáles músicos de hoy, en el género 
religioso, sintieron y escribieron con sello propio personal é incon- 
fundible. Cuáles huyeron de la imitación, cuántos inventaron nue- 
vas fórmulas... Porque no está reñida la sencillez con la bondad in- 
trínseca de la obra; antes á ella se debe; ni tampoco por muy expre- 
siva cabe rechazar una melodía hermosa y bien pensada. Y esto se 
hace, no sé si si por exquisitez de gusto ó por carencia de conoci- 
mientos. Entre lo cursi y lo inexpresivo, yo, créame de buena fe, 
elijo lo primero. Dos composiciones iguales en factura, pero distin- 
tas en nervio artístico, pueden diferenciarse mucho. En el género 
religioso se llegó á lo vulgar por un extremado espíritu de transi- 
gencia. Hoy lo vulgar, en ocasiones, tiene más sentimiento, más 
fuerza expresiva que lo serio, lo grave, casi siempre inexpresivo y 
anodino. Obras de buenos maestros, inmejorable fondo y bondad 
intrínseca, son rechazadas, porque llegan á todos; porque la melodía 
suave, rítmica, sencilla y noble en su presentación, no tiene atrevi- 
mientos de genio ni otra aspiración mayor que dejarse sentir con 
encantador desarrollo. Esto, así ofrecido, suena á vulgar, y por vul- 
gar se rechaza, y encuentra puesto preferente otra composición en 
que el maestro procuró seguir una senda conocida, un marco al que 
se ajustan los compositores de música religiosa, porque ya á este 
género de música se le señalaron moldes especiales, nacidos en los 
mustios collados de un campo solitario, en que no brotaron las ro- 
sas y las margaritas, donde los pájaros no cantan, ni las sinfonías na- 



MUSIQUERÍAS PEQUEÑAS 31 

turales suenan. Y si algún día musícolos y musicógrafos pudieron 
romper sus lanzas en combate desigual para indicar, con su triunfo 
ó su derrota, la existencia real y positiva de un género especial de 
arte que se llamara religioso, hoy enmudecieron tan nobles paladi- 
nes, confesando cabizbajos y melancólicos el lugar en que comienza 
y acaba aquel tan discutido género. Y es este, querido Padre, el pun- 
to vulnerable de la cuestión. Porque la música, en si misma, como 
género de zarzuela, de ópera ó de iglesia, siempre será música, 
Buena ó mala, mediana ó mejor, pero siempre arte, si el que la sin- 
tió sabe conocerla, expresarla y manifestarla á los demás. La música 
de zarzuela (repito que en la hipótesis de que quien haga música 
tenga idea cabal de lo que hace) será música de zarzuela, no porque 
á la zarzuela convenga tal género con diferencia de otro, sino por- 
que el músico supo componer una polka á debido tiempo, un ro- 
mance á determinada escena, un coro bufo ó serio á tal otra. La de 
ópera será música de ópera, porque el ánimo del artista exige otra 
disposición distinta en que habrá sabido colocarse, y de la música 
religiosa cabe afirmar otro tanto. No es la música la que hace la zar- 
zuela, y sí la zarzuela la que determinará la música. 

Por esta razón, cuando de música religiosa se trata, el artista sa- 
brá crearse situación, sintiendo las inefables dulzuras de lo grande 
por excelencia, de lo desconocido, de lo ignoto. 

Cada artista tocará ese sentimiento hermoso de distinta maneras 
acomodándose, desde luego, al momento, que es lo esencial siem- 
pre. Pero no podrá ni deberá amoldarse al patrón que le señalen de 
antemano, diciéndole escriba cadenciasen plágales, sin modulacio- 
nes rápidas, sin alteraciones sensibles, en un diatonismo lúgubre é 
inexpresivo, en giros lentos, con indeterminación en el desarrollo 
total de la obra. No. Eso es coartar la independencia, cortar alas á la 
fantasía, sujetar y constreñir la libertad al gusto, á la inspiración, al 
noble empeño del maestro, que, sintiendo de otra manera, de otra 
manera diría, más bella y más sugestionadora. Aprisionar la belleza 
en fondo y forma á un capricho de escuela, á un prurito de idea tra- 
dicional ó moderna, es hacer el arte patrimonio de cuatro intelectua- 
les que así lo quisieron y erigiéronse en arbitros del buen gusto y 
del buen decir. Y esto que digo no quiero llevarlo más allá de las 
esferas naturales señaladas al conocimiento. ¿Me entiende usted? Es 



32 MUSIQUERÍAS PEQUEÑAS 

hablarle de lo puramente indispensable para saber distinguir de al- 
guna manera lo que obedece á leyes fijas de aquello otro en que 
cabe la mudanza y la alteración. Porque el decreto pontificio se limi- 
tó, en mi humilde entender, á cortar abusos y poner límites á peli- 
grosas extral imitaciones. Hoy ya no se entiende así, y usted me pa- 
rece que lo va viendo. Pero esta carta es larga, y como me duele 
molestarle, ahí le dejo tela cortada para rato. 

Recoja mi abrazo sincero y satisfaga pronto mi curiosidad. 

Suyo de verdad, 

Manuel Fernández Núñez. 
La Valdeza, Julio 1912. 



LOS NOMBRES DE CRISTO 

Del Beato Alonso de Orozco y de Fr. Luís de León 




l primer nombre que el Beato da al Salvador es el de Pimpo- 
llo. Alega textos de Isaías, Jeremías y Zacarías, en los cuales 
se le llama con este nombre, bosqueja la teoría de que el 
nombre es una imagen de lo que se nombra, la cual en algo ha de tener 
similitud de lo que es nombrado; expone la propiedad con que los pro- 
fetas pusieron á Jesucristo este nombre; anuncia la teoría de los esco- 
tistas de que todo lo existente, lo crió Dios porque Cristo había de na- 
cer de la Virgen María, porque el hombre tiene el medio entre lo espiri- 
tual, que son los ángeles y todo la corporal, y ansí le llamaron los filóso- 
fos menor mundo. Acerca de esta sentencia de Aristóteles y en qué 
sentido es menor mundo y en qué otro mayor, juntamente con la 
comparación de la casa y el morador de ella habla más largamente en 
la Historia de la Reina Sabá (1). Luego explica el nacimiento del 
fruto por su propia virtud y en tierra no cultivada, lo cual nos enseña 
que Cristo se encarnó en el vientre de la Virgen únicamente por obra 
del Espíritu Santo, aduciendo para ello textos del Antiguo y Nuevo 
Testamento. 

El segundo nombre de Cristo, que es Faces de Dios, lo muestra 
con textos de los Salmos y de Isaías. Hace hincapié en que por tres 
veces dice David en el Salmo 79, dirigiéndose á Dios: Enséñanos tus 
Faces; y en la seña que el Señor dio á Moisés para que el pueblo 
creyera en su mensaje, que fué decirle: Yo seré, seré, seré. Trae textos 
de la Sagrada Escritura, confirmados por Teodoreto, San Juan Crí- 
sóstomo y San Cirilo. Hace una detenida y atinada aplicación del 
mi Amado es blanco y colorado (1), del Cantar de los Cantares, á la 



(1) Historia de la Reyna Sabá, & por el R. P. Fr. Alonso de Horozco, de la 
Orden de San Agustín, Salamanca. Andrea de Portonariis, 1565. Fols. 30 y 42. 

3 



34 LOS NOMBRES DE CRISTO 

hermosura de Cristo, que es en cuanto hombre, después del mundo" 
original, el Verbo, el mayor mundo y el más vecino al original. Es 
manso y humilde: como lo dicen San Mateo é Isaías; y el acariciar 
á los pecadores es claro argumento de su mucha bondad. Cristo vive 
en nosotros, y nosotros en él. Por medio de Cristo quiere Dios ser 
conocido, y esta es otra manera de ser Faz de Dios: Así lo dice el 
mismo Cristo en su Evangelio hablando con San Felipe: Felipe, 
quien á mi ve, ve á mi Padre. Y otra vez: Padre, manifesté tu nombre 
á los hombres. 

El mismo Cristo se puso el nombre de Camino, cuando dijo: Yo 
soy camino, verdad y vida. Trae otros lugares de David é Isaías en 
los que se les da este mismo nombre. Llama el Beato camino á la 
condición de cada uno, que ahora, dice, llamamos humor (1); á la 
profesión de vida que cada uno elige; á las obras que cada persona 
ejecuta; Moisés llama caminos á los juicios de Dios, y David á la ley 
del Señor. Por estos caminos lleva Cristo á las almas, como la ma- 
dre al niño pequeño, haciéndoles subir continuamente hasta el per- 
fecto día, que dice Salomón. Este Camino es llaneza, y grada del 
templo celestial, y sendero recto, y calzada enjuta. Como el templo 
antiguo tenía portal, palacio y sagrario, así Cristo es calzada para los 
principiantes, y camino para los aprovechantes y perfectos; y nadie 
anda por él, que no esté limpio; y es el camino que andamos, y el 
que anda con nosotros, y el que nos mueve á andar. ¿Quién, veamos, 
se perderá con tal guia? Este intercalar el veamos al principio de las 
preguntas, es muy propio del Beato y antes ya hemos visto un ejem- 



(1) Llamo la atención de los lectores, porque de seguro que habrán leída 
en libros y revistas que la palabra humor, en el sentido que aquí el Beato la 
toma, y después la estampó Fr. Luis de León, es de origen inglés, y en el si- 
glo y VIII se introdujo en el francés, y de esta lengua pasó al castellano. Antes 
que los humoristas ingleses vivió el autor de El Lazarillo de Tormes, y aunque 
en esta obra no se menciona la palabra de la cnal se viene hablando, gana en 
humor é ironía á todas las obras de Dickens, Addisson, Thacheray y también 
de los franceses. En cuanto á la introducción de la palabra, no niego que nos 
viniera del Extranjero, pero no de Francia, y menos en el siglo XVIII. Aten- 
diendo lo que el Beato dice acerca de la novedad del vocablo, opino que se 
metería en el castdllano con el continuo trato y hablar de los castellanos é 
ingleses, después de la boda de Felipe II y María Tudor. Esto aparte de que 
la palabra es latina, y pudo darse la coincidencia de que los castellanos la 
cogieran del latin, como antes lo podían haber hecho los ingleses. 



LOS NOMBRES DE CRISTO 35 

pío; hácelo, sin duda, para dar mucha más fuerza á la interrogación"- 
En este camino no hay peligro de bestias fieras. Los redimidos pof 
nuestro hermano mayor, Cristo, que pagó sobreabundantemente lo 
que adeudábamos á su Padre, andamos por él. Los judíos, al pre- 
sente tan abatidos, volverán á andar por él, según San Pablo. Cristo 
nos ensalza; nos da gozos; nos enseña de palabra y obra; nos alum- 
bra el entendimiento; nos inflama la voluntad, y nos lleva sobre sus 
hombres. 

Llama Daniel á Cristo Monte, cuando habla de la piedrecita que se 
derrumbó del monte y rodando vino á dar en los pies de la estatua, 
la cual, con el golpe, cayó al suelo. Y David é Isaías le dan este mis- 
mo nombre. Días postreros lo interpreta de la venida de Cristo que 
compondrá un solo día hasta que su Evangelio se predique en todo 
el mundo. Este monte, que es firme, se dice casa del Señor, eminen- 
cia y alteza, en comparación de la cual la de este mundo es como 
escaño; y su cruz se pone sobre la cabeza de los reyes. El hebreo 
llama á los montes preñados. Lo que en éstos se produce lo coteja el 
Beato con lo que produce Cristo en su Iglesia. La piedra era peque- 
ña, y, sin embargo, derribó la estatua, porque era fuerte, y los pies de 
ésta, que es el mundo, de barro; y escogió para esto unos pobres pes- 
cadores que andaban rastrando por el suelo. David le llama Monte 
giueso; y, en el original pone Basan, que es un monte muy fértil. Los 
filósofos de la antigüedad son miniaturas al lado de este monte, y de 
los altos cedros que en él se producen, como son los sabios y Santos 
de la Iglesia. Cristo se llama grano, y con doce granos, que son los 
Apóstoles, sembró el mundo de su doctrina. Este monte es de que- 
sos y cuajado; y encierra en sí muchos montes. Contra este monte se 
levantó Lucifer, armando á los hombres ajenos de toda razón, para 
derribarlo, y ellos quedaron vencidos, y lanzados en lo profundo de 
los infiernos. 

Padre del siglo porvenir llamó á Cristo Isaías. Por el pecado de 
Adán nacemos todos hijos de ira, y en el bautismo renacemos á . la 
gracia. Pudo Dios haber criado otros hombres, después del pecado 
de nuestros primeros padres; pero no quiso, sino que determinó que 
Cristo se hiciese hombre y satisficiese á la justicia divina por nos- 
otros, para que nos despojásemos del hombre viejo y nos vistiésemos 
del nuevo, como dice San Pablo. Dios recapituló y sumó en Cristo, 



36 LOS NOMBRES DE CRISTO 

todas las cosas, á la manera que el contador muchos partidos sama 
en breve. Y ya tenemos otra vez el modo de hablar del Beato Orozco, 
como arriba se apuntó. Llévanos escritos en su pecho como el Pon- 
tífice. Estábamos en Adán como en semilla, y al ser engendrados nos 
pasa como al árbol, que, por estar la pepita malhadada, sale todo él 
emponzoñado, raíz, ramas, hojas, flores y frutos; así á nosotros, lue- 
go que somos concebidos, se nos pega aquella ponzoña del pecado 
original; mas en siendo bautizados somos reengendrados en Cristo, 
que por esto es nuestro Padre. El hundir al niño en el agua significa 
la muerte de Cristo, y el sacarle, su gloriosa resurrección. La gracia 
es como grano de trigo, que ha de ir creciendo continuamente. Le 
admira al Beato la fábrica de este mundo visible; pero le parece 
mucho más hermosa la Iglesia, que lo es invisible. Los Apóstoles son 
cielos y nubes que llueven la doctrina de Cristo en provecho de las 
almas; y los truenos son las amenazas de la justicia divina. 

Isaías, David y San Lucas llaman Brazo á Cristo, nuestro Reden- 
tor. Interpreta el texto de Isaías y el Salmo 44 en este sentido. La 
fortaleza de este Brazo no es como la de los capitanes y reyes, sino 
que tiende á derribar el poderío de Satanás y abrir las puertas del 
cielo. Los judíos esperan al Mesías, y están ciegos; porque Dios les 
prometió á su Hijo, y con esto ser señores de sí mismos y del cielo, 
pero no de este mundo. Isaías declara la mansedumbre, doctrina y 
armas de este Brazo. Los bienes de acá y las victorias sobre Faraón 
eran figuras de los bienes y victorias que Dios les prometía; y la ce- 
guedad partió de haber adorado el becerro de oro; y como descono- 
cieron á Elohim en el Sinaí así negaron á Cristo en la Cruz. Con un 
solo hombre venció Dios al demonio y al mundo; y valiéndose el 
demonio de los judíos mató á Cristo, y con esto él quedó vencido y 
el mundo salvado. Y es cosa de admirar que un pobre pescador se 
presentase en Roma predicando la cruz de Cristo, con lo cual el de- 
monio quedó derribado, las costumbres bárbaras destruidas y las 
virtudes plantadas en las almas de los fieles por este Brazo de Dios. 

Trasladando literalmente el Salmo II y aduciendo un texto de 
Zacarías, llama á Cristo Rey de Dios. El tener las cualidades que el 
oficio de rey impone, las condiciones de los subditos y la manera 
de gobernar, hacen de Cristo el mejor de los Reyes que en el mun- 
do ha habido, y no acertarán en su gobierno los que no le imitaren. 



LOS NOMBRES DE CRISTO 37 

Extiéndese el Beato en cada una de estas cualidades de Cristo Rey, 
el cual hace que sus gobernados en todo se asemejen á él; y con ca- 
denas de amor los lleve tras sí, grabándoles en sus corazones su ley 
suave; y su reino no se acabará como los de este mundo. A los 
malos regirá con vara de hierro; é imperará sobre todo, cuando á sus 
enemigos huelle con sus pies. El concierto y hermosura de los cie- 
los nos habla de esto. La paz es ordenada concordia, y por esto vi- 
sible podemos rastrear algo de la paz de aquel reino invisible; y 
como en un hierro albando no se ve sino fuego, así los Santos des- 
pedirán resplandor de Dios de todas sus partes. 

Y con esto entra á hablar de Cristo, Príncipe de paz, según aque- 
llo de Isaías: Toda esta hermosa paz dará este Rey y Principe de paz, 
Cristo, ásus amigos (1). Y como la paz se compone de sosiego y 
orden, el que anduviere bien con Dios, consigo mismo y con su 
prójimo, la tendrá muy cumplida; por eso los malos no la tienen, y 
Dios les castiga, y á los buenos consuela y da contento. Como los 
malos deseos causan pleitos y enemistades, asi de la paz con Dios 
nace el tenerla con nosotros mismos, y de ambas resulta la que te- 
nemos con nuestros prójimos; la cual paz es música suave y de gran 
regalo para los ángeles; y se consigue domando nuestras pasiones; 
pero no bastan ciencia y abstinencia si no viene Cristo á sentarla en 
nuestra ánima. Como en un tranquilo rio se retrata el cielo con sus 
bellezas, así la gracia transfigura al alma y la hace como un retrato 
de Dios. El alma levanta al cuerpo, y la gracia, que es alma de nuestra 
alma, da alientos á los dos; prende primero en la voluntad y de aquí 
pasa á enseñorearse de todo el hombre, el cual tiene paz, y ya no 
hay en él aquella lucha de la carne contra el espíritu, de que habla el 
Apóstol; y salido el sol de justicia, Cristo Jesús, ahuyenta las fieras 
pasiones de nuestros sentidos, y nada puede ya turbarnos, según 
aquello de Sófocles: Si Dios está en mí, no estoy sujeto á cosa mortal. 
Teniendo el alma paz, comunícasela al cuerpo. Esta paz ofrécesela 
Dios á todos, como la luz del sol; pero los malos no la aceptan, y se 
van tras los deleites y las riquezas, topándose con la guerra en donde 
pensaban hallar la paz, como le pasó al príncipe de Siquem. 



(1) En el capítulo XXII de la Historia de la Reina Saba habla el Beato de lo 
mismo y cita el mismo texto. Manila. Amigos del Pais. Anda, núm. 1, pági- 
na 180. 



38 LOS NOMBRES DE CRISTO 

El nombre de Esposo excede á los de Padre y Rey porque dice 
unidad y dulzura. Cristo, para hacerse uno con la Iglesia, dio su vida 
por ella. El que se llega á Dios es un espíritu con él. Cristo alimenta 
á su Iglesia, como nosotros á nuestra carne. Únese Cristo al alma; 
la inflama en su amor, y le da su espíritu para que el nudo del des- 
posorio sea más fuerte. Como Elíseo se aplicó al niño muerto, así 
Cristo se mide con nuestra pequenez. Cristo juntó consigo nuestra hu- 
manidad, y todos los que participamos del pan y del cáliz somos un 
cuerpo con él, á la manera que al hierro encendido, por semejanza 
lo llamamos fuego, y por eso á los que lo reciban en mal estado es 
causa de muerte, según San Pablo. La manzana que Adán comió in- 
ficionó el alma y desbarató el cuerpo; por eso era necesario este pan 
que reformase igualmente el cuerpo y el alma. Un guante perfuma- 
do, aunque se quite, deja buen olor en la mano que lo tenía puesto; 
mejor olor daremos nosotros, que somos buen olor de Cristo. Una 
nube alumbrada de lleno por el sol resplandece como otro sol, y es 
semejanza de la unidad de espíritu y de cuerpo que aquí se obra. El 
vapor de agua, subiendo en alto, nos hace entender algo de lo que 
debe de ser un alma abrasada del fuego del amor. De la suavidad 
que en el sacramento del altar está encerrada, habla David en los 
salmos 35, 45, 72 y 88, y lo mismo dice Isaías. La presencia del pa- 
dre alegra al hijo; sin comparación recibe más contento el que come 
á Cristo. Los deleites de los sentidos son menos que sombra, com- 
parados con lo que el alma siente en este abrazo con Cristo. El man- 
jar de la tierra, cuanto más se come menos hambre se tiene de él; 
con este divino manjar pasa lo contrario; el mucho comer de él no 
harta, sino que da más hambre á las almas que lo gustan. Compára- 
se en la Sagrada Escritura el deleite que el alma recibe en este sa- 
cramento, al maná que tenia gustos diversos, conforme á la voluntad 
del que lo recibía; á la bodega donde hay abundancia de muchos 
vinos; al mismo vino, por haberlo de distintas clases; á los pechos, 
donde el niño se deleita mamando leche; y San Juan compara esta 
suavidad á una piedrecita pequeña y blanca, en la cual está escrito 
un nombre y solamente sabe leerlo el que lo recibe, y el ser blanca 
la piedra denota que Dios ha dejado su ira contra esta ánima, como 
antiguamente, cuando los jueces echaban una piedra blanca, signifi- 
caba que daban la vida al que juzgaban. También se llama á esta 



LOS NOMBRES DE CRISTO 39 

.dulzura desmayo y embriaguez, porque saca al alma de sí misma, y 
el cuerpo queda como desmayado. Se ha Dios con el alma como el 
fuego con un madero verde; y no sabe sino decir, amor, luz eterna, 
bien soberano; deshágame yo en ti y transfórmeme todo en Vos. Tres 
edades tiene la Iglesia: una, en la ley natural; otra en la escrita, y la 
tercera en la ley de gracia, que es la que más se allega al casamiento. 
Dios se ha con la Iglesia como un gran señor que ha de casarse con 
una niña. El Cantar de los Cantares es como un dibujo vivo del amor 
del Esposo, Cristo Jesús, y de su Esposa, la Iglesia, y valo declarando 
el Beato: el Capítulo primero, y parte del segundo, toca los regalos que 
la hizo en la ley natural; desde aquí hasta el quinto, los favores que 
la prodigó en la ley escrita; y desde este capitulo, hasta el fin, se ex- 
presan las dulzuras y suavidades que en la ley de gracia saborea la 
Esposa. Al fin del [mundo se celebrarán las bodas de Cristo y su 
iglesia, délas cuales habla David cumplidamente, y el Espíritu Santo 
en el Apocalipsis habla de los dos novios elegantemente. 

Con esto se acaba el tratado que el Beato Orozco anunció en el 
encabezamiento; y en el folio 15 del original lo escribió con estas 
palabras: Fin de los nobres de nro. Salvador Jesuxpo. Pero como era 
sencillamente el bosquejo de una obra que el Beato meditaba, ocu- 
rriósele después añadir otros nombres y los añadió, contentándose 
con sólo ir apuntando los textos y razones en que pensaba apoyarse 
en el discurso de la obra. Sigo con el extracto; y sea el primer nom- 
bre de estos últimos el de Hijo, que comienza en el folio 15 vuelto 
del M. S. del Beato. 

Lleva consigo el nombre de hijo el ser engendrado de la subs- 
tancia del padre, representarle en todo y tener una misma voluntad 
con él. Nace el Hijo eternalmente del padre; temporalmente de la 
Virgen; en alguna manera resucitando cada día en la hostia consa- 
grada, y, finalmente, nace y crece en nosotros. Un pintor, para auto - 
retratarse, se mira en espejo, se ve á sí mismo, y exteriormente se 
pinta; así el Padre, mirándose á sí mismo, engendra al Hijo, y que- 
riéndose retratar por de fuera, cría este mundo, el cual tiene vida en 
su autor, y su ser, comparado con el de Dios, es como no ser. El sol 
no se puede ver en sí mismo, á Dios le vemos en sus obras; el sol 
continuamente extiende sus rayos por el mundo; Dios á todos alum- 
bra; el sol jamás deja de producir luz; Dios siempre engendra á su 



40 LOS NOMBRES DE CRISTO 

Hijo en eternidad. Recréase Dios con sus criaturas como el ama con 5 
el niño que cría. Nativitas Christi. Aduce el texto de Isaías: Paivulus 
natas est nobis. Y trae la comparación del rayo del sol que deja sana 
la vidriera. Ni el águila deja rastro en el aire, ni la culebra en la 
piedra, ni la nave en la mar, ni el Niño cuando nació de 'su madre. 
Enuncia las razones de estos epígrafes: Cómo está la Divinidad en 
la carne. Muerte de Cristo. De su resurrección. Cómo nace Cristo en 
nosotros. Del Sacramento. De las dos porciones del alma, que son 
dos hermanas mal avenidas, Jacob y Esaú; nace Cristo en la parte 
alta del alma y traba el pie á Esaú para detenerle; lucha Jacob con el 
ángel; pídele la bendición, y Dios se la concede dándole un golpe en 
el muslo, que le deja cojo para todo lo de este mundo. El labrador 
se alegra al ver los frutos de su trabajo, y el soldado en ganar la 
batalla. 

A cada paso usa la Esposa en el Cantar de los Cantares del nom- 
bre de Amado. Los Reyes le adoraron, y en esta adoración le dieron 
su corazón y le amaron. A Cristo le amaron por su olor los Angeles 
y los hombres. Aristóteles dice que los amigos han de ser pocos; 
Cristo acude á muchos lo mismo que á pocos, y todas las cria- 
turas, con un movimiento secreto aman á Cristo. Cristo hizo este mun- 
do; en él reside y lo rige y gobierna, y está en medio de él para ser 
de todos amigo. Vino á hacer serafines en su amor este amigo fidelí- 
simo, y de lodo nos quiere transformar en oro purísimo, y comién- 
dole nos hace tener más hambre de él. El amor rompe con todo, y 
para conseguirlo, es necesario que cumplamos los mandamientos 
de su ley; que cerremos los ojos á todo lo terreno y que nos trans- 
portemos en Dios. Los trabajos que al amante le vienen son como 
la centella que cae en la mar; y el alma que arde en este amor da de 
mano á todo otro amor, como aborrece el manjar el que tiene ca- 
lentura, y aún la vida está pronto á darla por su Amado. Dice Nues- 
tro Padre San Agustín: ¡Oh, mi Dios, que me mandas que te ame y 
sino lo hiciere me amenazas con gran pena, como si fuese pequeña no 
te amar! Por amor de este Amado, los desiertos se poblaron, las ni- 
ñas flacas dieron su vida, etc. (1). De estos etcéteras están llenos é 



(1) Véase lo que dice el Beato en el capítulo XI de su Arte de amar á Dios, 
folio 44. «Fuente (sic) es el amor de Dios como la muerte, pues á las niñas 
tiernas, sancta Cathalina, sancta Inés y otras muchas, dio tato ánimo para pa- 
decer por Christo, cárceles, agotes, tormentos innumerables y muerte.» 



LOS NOMBRES DE CRISTO 41 

inundados el nombre anterior y éste, señal manifiesta de que el bea- 
to no hacía más que apuntar los textos de la Biblia y Santos Padres; 
los argumentos de los Filósofos y de la razón natural. El amor de 
Cristo se parece al sol; en los deseos, en las palabras y en las obras 
de sus amadores, brillan con gran resplandor. 

El nombre de Jesús es propio de él y los demás parecen comu- 
nes, pues declara quién es y los otros algo de quién es. Nuestro entendi- 
miento heredó ignorancia; nuestra voluntad mala inclinación; nuestra 
memoria olvido, y nuestro apetito quedó enfermo; por eso necesitába- 
mos esta Salud. El nombre de Jesús está sobre todo nombre, y 
encierra en sí todo otro nombre. El ayunar y dar limosna es bueno; 
pero si Cristo no está por gracia en el alma, no tendrá esta salud. 
Cristo sazona al alma como la levadura á la masa. Jesús es salud de 
todo el hombre. Los manjares, unos mejoran la vida y otros la sanan. 
Cristo es salud, medicina y médico: su humildad, su pobreza, sus 
deseos, sus palabras, sus obras, son salud para nuestra alma. En 
cada ribera del rio que salía de la villa de Dios y del Cordero crecía 
un árbol que llevaba frutos cada mes, y sus hojas daban salud. Este 
árbol es Cristo. Y siguen los etcéteras como en los anteriores nom- 
bres. Copher significa aplacación y Cristo satisface por nuestros 
pecados á su Padre. A todas las cosas, de por sí les amenaza ruina, 
y sino las conservara Cristo, al momento perderían el ser que de él 
han recibido. En El tuvo principio todo, y el fin y perfición de ello es 
El. Cristo, como Dios, es Criador, y como hombre, Redentor y Sa- 
lud. En el Paraíso puso Dios dos árboles: uno de la ciencia y otro 
de la vida; de éste comían nuestros padres, y al otro les estaba prohi- 
bido tocar; así de Cristo, en cuanto Dios, nos está prohibido escu- 
driñar sus profundos secretos, y en cuanto hombre se nos manda 
que comamos su carne y se nos amenaza si no la comiéremos. Y esta 
salud que da el Sacramento, no sólo se derrama en el alma, sino que 
se reparte por todo el cuerpo y sale á los sentidos, como á David en 
los Salmos 102 y 97. Con este divino manjar, las plumas viejas, que 
son los deseos de cosas terrenas, se caen y nacen otras nuevas, que 
son las virtudes. 

Aquí se concluyen estos tres nombres que el Beato Orozco aña- 
dió á los nueve, de que primeramente se propuso escribir. 

A partir de aquí, comienzan unos epígrafes que ya no tocan en 



42 LOS NOMBRES DE CRISTO 

dríada al tratado de los Nombres de Cristo. Aunque algunos de estos 
epígrafes podrían encajar muy bien en algunos de los Nombres, 
como, por ejemplo, el que habla De la gran virtud de la Caridad, que 
no disonaría en el nombre de Amado, mas me inclino á creer que 
son apuntes que el Beato iba haciendo acerca de algunas virtudes, 
anotando de paso los textos de la Escritura que con ellas se relacio- 
naban, y que el día de mañana, cuando quisiera escribir largo y ten- 
dido de ellas, tuviera ya el principio y fundamento. Lo tratado debajo 
del encabezamiento transcrito y del siguiente: Remedios para alcanzar 
la caridad, parece el bosquejo de una obra que el Beato meditaba; y 
ya se dijo que algunas cosas podrían trasladarse al nombre de Ama- 
do; otras al Memorial de Amor santo; y por fin hay otras que son 
exactamente las mismas, hasta en la redacción, que las estampadas en 
el Arte de amará Dios y al prójimo. Al hablar en el Capítulo X de 
este Alte de Cómo el mandamiento del amor de Dios es el mayor (1), y 
dar las razones que á él le parecen mejores, trae dos, que son las 
primeras, tan semejantes en el enunciado y en la exposición, que bas- 
taría esto solo para asignar la obra, sin más averiguaciones, al Beato. 
Las razones del Arte de amar á Dios y las grandezas De la gran vir- 
tud de la Caridad, son éstas: Que la caridad es reina sobre todas las 
virtudes: excede á la fe y ala esperanza y á todas las virtudes; y que es 
la vida de todas las virtudes, y sin ella la fe, esperanza, etc., son muer- 
tas. A continuación de estos hay otros muchos títulos que ni siquie- 
ra traslado, y que podrían pertenecer á alguna de las obras del Beato, 
como el De la vida activa y contemplativa al capítulo del mismo en- 
cabezamiento de la Segunda parte del Memorial de amo/ santo (2). 

Un poco largo ha salido el extracto, pero así habrán podido los 
lectores ir cotejando á su sabor la obra del Beato con la de Fr. Luis, 
y ver que la disposición, los testimonios de la Escritura, Santos Pa- 
dres, autores profanos, razones, argumentos, semejanzas, compara- 
ciones, imágenes, afectos y exclamaciones, todo esto se encuentra 
por completo en la obra de Fray Luis. También habrán notado que 
los nombres comprendidos en los dos primeros apartes ^f del Beato, 



(1) Arte de amará Dios y al prójimo, por el R. P. Fr. Alonso de Horozco, 
Agustino. Alcalá. Hernán Ramírez, 15S5. Fols. 40 v. y 41 r. 

(2) Obras del Beato Alonso de Orozco, Agustino. Memorial de amor san-' 
to, II. Salamanca. Imp. de Calatrava. Págs. 431-33. 



LOS NOMBRES DE CRISTO 



43 



san los correspondientes á los libros primero y segundo de Fray 
Luis, y los tres restantes los del libro tercero, sin más diferencia que 
haber introducido en el primero Fray Luis el nombre de Pastor, en- 
tre el de Camino y Monte, y haber dejado escrito para el tercero el 
de Cordero, aunque no en molde, y eso que pudo tener ocasión de 
hacerlo en alguna de las tres primeras ediciones que de la obra se 
hicieron en vida de su autor. 

P. Gutiérrez y Cabezón, 

o. s. A. 
(Continuará.) 



ESPAÑA Y LA COMUNIÓN FRECUENTE Y DIARIA 

EN LOS SIGLOS XVI Y XVII 



(continuación) 

VI 

MAS LIBROS SOBRE LA COMUNIÓN FRECUENTE 
Y DIARIA (1). 

Hndrotio (P. Fulvio). Jesuíta italiano. 

{Opere spirihiali... divisiin tre partí... II.—Della f requema della 
Communione. Venecia 1587.) Hay las siguientes ediciones castellanas: 

Consideraciones devotas de la freqüente Comunión... Bruselas, 
1608.— Bruselas, 1612.— Madrid, 161 5. -Zaragoza, 1664.— La Pue- 
bla (Méjico), 1732 (2). 

Arias (P. Francisco). Jesuíta. 

De frequenti usu et utilitate SS. Confessionis et Communionis lí- 
ber... nunc primum in latinum conversus. Coloniae, 1603. Ib. s. a. 1. 
n. i. Ibid., 1667.— Ediciones francesas: Douay, 1602.— Ibid., 1611. — 
Ruán, 1617.— Italiana: Forli, 1792. 



(1) He puesto en este párrafo los libros que tratan de la comunión frecuen- 
te y contradicen la diaria, y aquellos cuyo sentir ignoro. 

(2) El P. Delgadillo pone entre los defensores de la comunión diaria al 
P. Androcio, y lo mismo hace Velázquez Pinto. Paréceme algo raro, porque 
para los confesores de la Compañía de Jesús regía la regla 26, y en ella, según 
se dijo al hablar de San, Ignacio de Loyola, se establece «que losj sacerdotes 
jesuítas aficionen á los fieles á la frecuencia de la comunión, exhortándoles á 
la vez para que no comulguen más frecuentemente que cada ocho días, espe- 
cialmente si son casados>. 

Velázquez Pinto contó á bastantes que no defienden la comunión cotidiana 



ESPAÑA Y LA COMUNIÓN FRECUENTE 45 

Camargo y Salgado (Fr. Hernando de). Agustino. 

Tribunal de la conciencia con la disposición vltima para la Comu- 
nión, y el respeto que se deue tener al santissimo Sacramento. Vtilissimo 
para todos los Estados, y Oficios ae la República, deduzido de vna 
instrucción del venerable Padre fray Tomas de Iesus {que escriuio sus 
Trabajos) de la Orden de san Agustín. Por el P. Fray Hernando de 
Camargo, Predicador de la misma Orden. A don fray Martin de León 
y Cárdenas, hijo también del gran Padre Agustino, Obispo electo de 
Treuento en el Reyno de Ñapóles, del Consejo de su Magestad. 
Año 1628. Con Privilegio. En Madrid, Por los herederos de la viuda 
de Pedro de Madrigal, que sea en gloria. 

Suma del privilegio: 26 Febrero de 1627. Fe de erratas. Tasa. Aprobación de Fr. Pedro de Figneroa. 
Id. de Fr. Diego del Escorial. Dedicatoria. Al lector. Estampita. Texto. Tabla. 

cEs una traducción del original impreso en portugués por Fr. Tomás de Jesús, aumentada con alga 
que el traductor puso de su cuenta, sobre todo en la parte de erudición. > 

Catalina García {].)— Biblioteca de escritores de la provincia de Guadalajara... 
Madrid, 1899 (pág. 34 c. 1). 

Chirino de Salazar (P. Fernando). Jesuíta. 

Practica de la freqvencia de la sagrada Comvnion. Qve cada vno 
deue vsar conforme á su estado, y al aprouechamiento de su alma. A la 
Excma. Sra. Doña Ynes de Quñiga, Condesa de Oliuares. Por el 
P. Fernando Chirino de Salazar, de la Compañía de Iesus: Lector 
de la Sagrada S. a Madrid, Año 1622, por Luys Sánchez. A costa de 
Gerónimo de Courlos. Con privilegio. Año de MDCXII, En 8.°— 
319 páginas.— Se hicieron dos traducciones francesas. París, 1624 
y 1646 (1). 



tal como ahora se entiende y aquí se trata, pero el P. Delgadillo cita autores 
que la aprueban en el sentido verdadero. 

P. Cristóbal Delgadillo, O. fA.—Tractatus de veneribili Eucharistiae Myste- 
rio... pág. 96. 

P. Velázquez Pinto.— Tesoro de los Christianos, pág. 240. 
(1) «Paréceme que viene aquí muy á propósito— dice Ayala en su Apología 
en defensa de la Comunión cuotidiana— lo que le sucedió al santo varón y llus- 
trísimo Sr. D. Fernando de Talavera, arzobispo de Granada, que murmurán- 
dole algunos de que estando implicado con tantos negocios como corrían por 
su mano, decía misa cada día. Respondió: Para acudir a tantos negocios como 



46 ESPAÑA Y LA COMUNIÓN FRECUENTE 

Daoiz (Fr. lomas). Dominico. 

De la disposición que se debe tener para el uso y freqüencia del 
Santissimo Sacramento. Madrid, 1613 (1). 

Gavastón (Fr. Juan). Dominico. 
Tratado de la freqüencia de la Comunión. 

Echard. Scriptores Ordinis Praedic. II, p. 234, c. 2. 

López (Fr. Gabriel). Minimo. 
Sagrado Combiie del Santissimo Sacramento. Madrid, 1618. 

Nic. Ant. bibl. hisp. nov. I, p. 507, c. 1. 

Méndez de S. Juan (Rmo. P. Fr. José). Minimo. 

Siatera vtrivsque opinionis et negaiivae, et afflrmativae circa qvo* 
tidianam Commvnionem concedendam laicis. Quae illarum docirinam, 
ac probabilitatem aequaliter librat, ac fideliter ponderal. Contexta, et 
ordinata a Reverendissimo P. Fr. Iosepho Méndez de S. loan., 
Ordinis Minimorum S. Francisci de Paula, ex his quae dictus Auctor 
scripsit in suo tomo de Sacramentis in Materia de Eucharistia circa 
art. 10. quaesí. 80. D. Thomae in 3. part. suae Summae Theologicae. 
Dicatvr Eminentissimo Domino D. Paschasio de Aragón S. Romanae 
Ecclesae (sic) Cardinali, Archiepiscopo Toletano, etc. (Un grabadito 
en madera con un cáliz y la sagrada hostia.) Mantvae Carpentanae. 



se me ofrecen, bien hé menester celebrar cuotidianamente; lo cual vemos practi- 
cado por el Excelentísimo Señor Conde-Duque de Olivares, que de consejo de 
sus confesores comulga cada día, sin que las obligaciones del Estado y cuida- 
dos del gobierno de tanta monarquía, le estorben el exercicio de obra tan reli- 
giosa y digna de su piedad; en que se ve que la comunión de cada día ayuda á 
estas ocupaciones, y ellas no la impiden. Y que el Padre Hernando Chirino de 
Salazar, que era el que principalmente gobernaba sus comuniones de dicho Señor 
Conde Duque, mudó de opinión, como Fr. Manuel Rodríguez.» Ayala, 1. c, fol. 19 v. 
(1) Defiende la doctrina rigorista. -Vid. - Obras del Beato Avila, tomo, 3.°, 
pág. 526. 



ESPAÑA Y LA COMUNIÓN FRECUENTE 47 

Excudebat Iulianus de Paredes, Anno MDCLXX1. De Superiorum 
licentia et Authoritate. 

'- Dedicatoria. Licencia del Corrector general délos mínimos. 

Aprobación del Rmo. P. Fr. Antonio de Herrera, mínimo. Id. del Rmo. P. Dr. Gaspar Ortiz de 
Moneada, jesuíta. Licencia del Ordinario: 10 de Nov. de 1671. Texto.— 72 pásrs. y 5 hojas de prelimi- 
nares. En 4.o (1). 

Perlín (P. Juan). Jesuíta. 

Sacrvm Convivivm, hoc est, de freqventia et vsv S. Evcharistiae. 
Avthore R. P. Ioanne Perlino, Matritensi, é Societaie Iesu Doctore 
Theologo, et Theologiae publico Professore in Academia Coloniensi, 
atq. á S. Fidei censuris Sanctae inquisitionis Hispanicae. Cvm índice 
triplici: Avtorum, Locorum S. Scripturae, et Rerum copioso. Habet hoc 
opvs et pro schola et pro svggesta permulta, non pauciora pro iis qui 
excipiendis confessionibus ames praebent, quique aduersus Nouatores 
certant. Coloniae Agrippinae, apud Ioannem Kinchivm, ad intersigno 
Monocerontis. Anno M.D.CXXXII, en 4:°. — 5 hojas, 304 págs. y 7 
hojas (2). 

Sicardo (Fr. Juan Bautista). Agustino. 

Breve Resvmen de la disposición, reverencia y pvreza con qve deven 
llegar los Fieles á recibir el Santissimo Sacramento del Altar. Impvg- 
nando los aufhores, que en estos tiempos defienden, aconsejan y predi- 
can ser vtil, conveniente y prouechosa la Comunión cotidiana, general- 
mente á todas las personas legas, de cualquier estado, oficio y ocupa- 



(1) Además de lo contenido en el titulo general, lleva: 
Additio ad disputationem praecedentem (págs. 35-36), y 

Appendix aliquorum casuum breviter resolutorum, quos fecere a/fines dictae 
disputationi assertores communionis quotidianae (págs. 57-72). 
Este autor es rigorista. 

(2) «Creo- dice el P. Perlín— no serlo mejor, que cualquiera comulgue 
diariamente, sino tiene mayor y más noble disposición, que carecer de culpa 
mortal.»— Y haciéndose cargo de las palabras del Tridentino, que aducían los 
defensores de la comunión cotidiana, para aconsejarla y permitirla absoluta? 
mente á todos: Deseara el Santo Concilio que todos los que asisten á la misa 
comulguen sacramentalmente; dice: 

«Es deseo y no absoluto, optaret; no dice desea, optat; porque conoció las 
dificultades y aun la imposibilidad moral que hay, de que todos se preparen 
para la comunión cotidiana.» 



48 ESPAÑA Y LA COMUNIÓN FRECUENTE 

don que sean, aunque les falte elferuor de la Charidady la deuocion 
actual, como carezcan de culpa mortal. Escríbele el R. P. S. M. Fr. 
Jvan Bavtista Sicardo, Lector de Theologia de el Real Colegio de 
San Agustín de la Vniuersidad de Alcalá. Ofrécele a la protección del 
muy ilustre Señor Don Ioseph Beño de Rey, abad mayor de la Santa 
Iglesia Magistral de San Iusto, y Pastor de Alcalá, Cancelario de su 
Vniuersidad, y electo obispo que fue de Zefalu, en el rey no de Sicilia. 
Sácala á Ivz el Dr. D. Joseph de Salinas, dignidad de Tesorero de di- 
cha Santa Iglesia Magistral, y examinador synodal del arzobispado 
de Toledo &. Con licencia. En Alcalá: en la imprenta de Nicolás de 
Xamáres, mercader de libros, Año de 1673. 

Dedicatoria. Parecer del colegio de Carmelitas descalzos de Alcalá. Conformidad del convento de 
la antigua Observancia. Parecer del colegio de Agustinos de la Universidad. Juicio de Fr. Carlos 
Bayona Id. del colegio de la Compañía de Jesús. Id. del de San Bernardo. Id. del de la Trinidad 
de calzados. Id. del de descalzos redentores. Id. del de Agustinos. Papel del autor al Dr. Salinas. 
Aprobación de D. José Ruiz de Miranda. Censura de D. Diego de Barcena. Licencia del Ordinario: 3 de 
Junio de 1673. Aprobación del Dr. Ortiz de Moneada. Privilegio. Erratas. Tasa. Prólogo del doctor 
Salinas. 62 hojas de pricipios y 173 foliadas de texto y tabla, en 4. o v 'l). 



Existimo non melius, quemque diebus singulis Eucharistiam suscipere, 
si nullam majorem nobilioremve dispositionem animi sibi adesse deprehendit, 
quam lethali scelere minime maculari. Optaret, non optat, prudentissime ad- 
modum Concilium ait, quasi dicat, nostrum quidem votum et desiderium 
esset, ut Missis adstantes omnes, diebus ómnibus coelesti Pane reficerentur, si 
ad rem tantam in eisaptam cerneremus dispositionem. Cum autem carere ista 
illorum videamus quamplurimos, seu omnes ferme, id expetere non audemus; 
esset enim optare quod fieri non deceret». 

De frequent. et usu SS. Euchar., dis. 2, cap. 3, número 2. 

Fr. Eusebio Vargas. — Tratado de Comunión cotidiana, pág. 51 . 
(1) Aviso breve para recibir la comunión á menudo, traducido del toscano por 
el maestro Bemardino, se titula un libro que se halla en los índices de la Inqui- 
sición española. Carbonero y Sol. índice de libros prohibidos..., pág. 94. 

Squarzafigo y Centurión (Jorge). 

Pan celestial de cada dia, Madrid, 1669. 8.° 

N. Ant. bibl. hisp. nov. I, pág 540.— ¿Trata de la comunión diaria? 

Cita Nicolás Antonio, como trabajo de un dominico español, Fr. Pedro Már- 
tir de Morales, dos obras que tratan de la comunión; pero Echard afirma ser 
esto una equivocación, porque fué dominico italiano el que escribió estas 
obras, cuyos títulos coinciden exactamente con los dados por el insigne bi- 
bliógrafo español. 

Nicolás Antonio: 
1 .* Compendio de la frequencia del divinlssimo Sacramento del Altar. 



ESPAÑA Y LA COMUNIÓN FRECUENTE 49 

La Práctica 

Comulgábase cotidianamente en alguna parte muy á principios 
del siglo XVII (1), debido á los trabajos de los pocos, pero decidi- 
dos partidarios de la comunión diaria, para llevar á la práctica las 
doctrinas que quedan referidas; pero la verdadera renovación de 
esta costumbre santa creció y fué en aumento desde mediados de 
este siglo, fomentada por los numerosos discípulos del V. Falconi, 
Velázquez Pinto y otros, que heredaron los alientos de sus maestros 
y restauraron en bastantes ciudades de España, especialmente en 
Madrid (2), la frecuencia en el comulgar de los primeros tiempos de 



2. a Tratado del modo que ha de tener el cristiano en aparejarse para recibir el 
Santissimo Sacramento. 

(Bibl. hisp. nov. II, p. 215, c. I.) 
P. Echard: 

1. a Compendio della ¡requema del Santissimo Sacramento. Monteregali in 
subalpinis. 1570. 
2. a Del modo di prepararsi alia Communione. 
(Scriptores Ordinis Praedicatorum, pág. 234, c. 2, tomo II.) 

(1) El Memorial Compostelano , citado arriba, empieza así: «Fray Pedro de 
Marcilla, indigno monje y confesor de San Martín de Santiago, por mí, y en 
nombre de los demás monjes penitenciarios deste convento, digo, que á nues- 
tra noticia ha llegado, que algunas personas con secreto, y sin quererse de- 
clarar, pretenden que V. S. lima, estorbe lo que algunos devotos seglares 
desta ciudad usan y procuran con diligencia, que es recibir el Santissimo Sa- 
cramento del Altar cada dia, ó á lo menos, los más días de la semana* . Este 
Memorial es, lo más tarde, de 1611. 

(2) «Argumento de mucho peso es para mí — escribía el P. Delgadillo 
en 1660—, la práctica y uso muy generales en estos tiempos, de los confesores 
y directores espirituales, como lo testifican los muchos hombres y mujeres 
que comulgan diariamente en Madrid; y no sólo en Madrid, sino en otras ciu- 
dades de España, según refieren varones fidedignos.— Et quod maioris est 
momenti, sic hac nostra fert communissimus patrum spiritualium et confes- 
sorum usus; ut testatur in hac matritensi curia innumerabilis fere hominum, 
mulierumque quotidie communicantium multitudo. Quod et in alus Hispaniae 
locis fieri referunt et dictitant fidedigni». Tractatus de venerabili Eucharistiae 
mysterio... pág. 95. 

En Sevilla, refiere el cronista franciscano Fr. Andrés de Guadalupe, «que 
eran muchos los que cada día comulgaban de todos estados por orden del 
confesor y maestro espiritual; y que algo se experimentaba de la primitiva 
Iglesia, cuando comulgaban los fieles todos los días». Historia de la santa Pro- 
vincia de los Angeles... Madrid, 1662. 

4 



50 ESPAÑA Y LA COMUNIÓN FRECUENTE 

la Iglesia (1), siendo probable por otra parte que no desapareciera 
del todo la comunión diaria que había arraigado desde el siglo an 

terior en muchos lugares (2), 

P. Eusebio-Julián Zarco. 
(Continuará.) o. s. a. 



(1) «Esta frequencia de comulgar [de la primitiva Iglesia], principalmente 
las mujeres, se ha vuelto á introducir en muchas partes de España...» Instruc- 
ción de Eclesiásticos..., por Fr. Martín de la Vera, monje del glorioso P. S. Ge- 
rónimo. Madrid, 1630. Página 90, c. 1. 

(2) Poco se escribió sobre la comunión de los niños. Aun algunos autores 
que defienden la diaria, requieren bastante edad para poder hacer la prime- 
ra comunión. La sentencia generalmente seguida se halla en estas palabras 
del agustino Fr. Luis de Avila: «También se ha de advertir, como lo notan 
los doctores en diversos lugares, en el 4. Sto. Tomás y allí Cayetano y Soto, 
y Navarro en la Suma, que aunque este precepto [del concilio Lateranense] 
parece que pone juntos el confesar y comulgar, que no luego que obliga el 
precepto de la confesión, obliga el de la comunión; porque el de la confesión 
obliga luego que un hombre es capaz de pecar mortalmente, y no luego obliga 
la comunión de la Pascua, porque hay grande diferencia entre el sacramento 
de la confesión y el de la Eucaristía, que el de la confesión es más necesario, 
y ansí lo es anticiparlo en teniendo uso de razón, porque hay disposición y 
capacidad de pecar mortalmente. Pero el Santísimo Sacramento del altar, es 
de mayor grandeza y dignidad, y no de tanta necesidad, y así se puede y debe 
esperar más edad, para que con más devoción y conocimiento se reciba tan 
soberano Señor. Y así parece que lo muestra la misma ley remitiendo al dis- 
creto juicio del confesor el diferir, el recibir la Eucaristía. Lo que no parece le 
permite á la confesión. Y así lo usa la Iglesia, que no á todos los que admite 
para la confesión, admite para la comunión. Cuando sea este tiempo, aunque 
á Soto le parece que de doce años es la edad congrua, no se puede dar regla 
general, que alguno de diez años tendrá discreción para comulgar, y á otro 
de catorce le faltará. Lo que se puede decir es, que cuando al discreto con- 
fesor le pareciere, mirando que antes de los diez años no parecería bien co- 
mulgar un niño, y tardar más de hasta los catorce, también parecería mucha 
tardanza, porque, hablando moralmente, ni antes de diez años tiene un niño 
discreción perfecta, ni deja de tenerla á los catorce, si no es tonto. Así lo afir- 
man los doctores arriba alegados, y el Catecismo de Pió V ad Parochos también 
es de este parecer.» 

Discursos morales del Santísimo Sacramento del Altar, por el P. M. Fr. Luis 
Dúvila, Prior del convento de Sant Augustin de Toledo... Toledo, 1603, pági- 
nas 49-50. 

Castropalao, Leandro del Santísimo Sacramento, Juan Sánchez, el P. Del- 
gadillo y algún otro, dicen que los niños á los siete años están obligados por 
precepto de la Iglesia á comulgar. 



REVISTA CANÓNICA 



Sentencia de la Sagrada Rota sobre la nulidad de un matrimonio 
por violencia y miedo 

(Causa de Veszprem.) 

El 2 de Junio de 1911, dicho Sagrado Tribunal, en Consejo pleno, dio 
sentencia definitiva en la causa entablada, sobre la nulidad de su matrimo- 
nio, por Natalia, de los Condes de Andrasy, representada por su legítimo 
procurador, contra Alfredo, de los Condes de Széchinyi, contumaz, toman- 
do parte de oficio en la causa el defensor del vínculo; siendo la sentencia 
favorable á la actriz; ó sea que su matrimonio había sido nulo, pero decre- 
tando que pagase los gastos del proceso. 

Extracto de la causa. El 5 de Julio de 1884 contrajeron matrimonio 
en Budapest Natalia, hija de los Condes de Andrasy, y Alfredo, de los Con- 
des de Széchinyi; pero con infeliz éxito: así que Natalia entabló demanda 
de la nulidad de su matrimonio con Alfredo ante el Ordinario de Vesz- 
prem el 6 de Octubre de 1906, alegando por causa el miedo grave impues- 
to por su padre con objeto de que pasase á su familia un gran fideicomiso 
cuyo presunto heredero era el Conde Alfredo; pero que ella, amando al 
Conde Hernancourt, nunca pudo ser inducida ni con amenazas, ni con 
promesas á querer unirse en matrimonio con Alfredo, y sólo lo hizo im- 
pulsada por el miedo. La Curia de Veszprem dio sentencia el 4 de Octu- 
bre de 1907, declarando válido el matrimonio «por no estar bien probado 
el miedo; y además, porque de las actas no aparece claro que ese matrimo- 
nio, aunque hubiera sido inválido en un principio, permaneció inválido 
durante casi quince años, sobre todo, en el tiempo en que muerto el padre 
de Natalia y habiendo cesado la presión que ejercía sobre ella, continuó vi- 
viendo con su marido». 

De esta sentencia apeló Natalia á la Curia Metropolitana de Strigonia, 
la cual la derogó diciendo «que por el miedo y la violencia causada injus- 
tamente á la actriz, el matrimonio ya fué nulo in radice, y por consi- 
guiente, permaneció nulo todo el tiempo que vivió con su marido>. De 



52 REVISTA CANÓNICA 

esta segunda sentencia apeló de oficio el defensor del vínculo á la Curia 
primacial de Strigonia, la cual la confirmó, y por las mismas razones. Aun 
no se aquietó el defensor del vínculo con estas dos sentencias conformes, 
y apeló á la Santa Sede por conducto de la Sagrada Congregación del Con- 
cilio, la cual, por Rescripto de 17 de Junio de 1909, delegó á la Curia de Sa- 
bana para que examinase de nuevo la causa. Esta, con exquisito cuidado y 
diligencia, trató esta cuestión dificilísima, como dice el Emmo. Primado, 
citando nuevos testigos, los cuales se excusaron diciendo que no sabían 
nada del asunto. Sólo compareció la baronesa Dora Pereira, que tampoco 
aportó ningún dato al Tribunal, así que éste, el 13 de Diciembre de 1909, 
aprobó y confirmó la sentencia de la tercera instancia por la que había 
sido derogada la primera, y declarado nulo in radice el matrimonio 
del tema. 

Pero esta sentencia no podía resolver definitivamente la cuestión, por- 
que el Santo Padre, por Letras del Cardenal Secretario de Estado de 9 de 
Junio de 1909, había manifestado su voluntad de que la sentencia de la 
Curia sabariense no fuese absolutamente definitiva, sino que se entablase 
otro juicio «por las noticias recibidas de algunas circunstancias referentes 
á la causa»: así que confió el asunto á la Sagrada Rota con la cláusula ut 
videant omnes. Y propuesta la duda bajo esta fórmula: «Si consta de la nu- 
lidad del matrimonio in casu». Los Revmos. Auditores en Consejo pleno 
contestaron: «Afirmativamente». (Acta Ap. Sedis, vol. 4.°, pág. 118.) 

ANOTACIONES 

El gran interés y la novedad que ofrece la presente sentencia rotal en 
pleno es que en ella se sienta, ó al menos se confirma una jurisprudencia 
nueva, según la cual un matrimonio públicamente nulo in radice, no se 
convalida con el transcurso del tiempo, ni con la cohabitación de los con- s 
yuges, ni con la generación de la prole, fundada esta jurisprudencia en el 
principio de derecho: «lo que en un principio fué nulo, el tiempo no lo 
hace válido»; principio que condena el valor de los hechos consumados, 
proclamado y sostenido por los revolucionarios y usurpadores de todos los 
tiempos. Y que el matrimonio del caso fué nulo in radice por falta de con- 
sentimiento libre en la mujer, lo prueban los hechos que constan en autos, 
según los cuales padeció un miedo grave, y aún gravísimo é injusto de 
parte de su padre para arrancarla el consentimiento, sin que lo consiguie- 
ra, porque pronunció el sí sacramental contra toda su voluntad. Consta en 
autos que los cónyuges del tema vivieron juntos veinte años y desde la 
muerte del padre de ella, doce: en estos últimos años nació el menor de los 



REVISTA CANÓNICA 53 

cuatro hijos que tuvieron, hasta que en el 1904 se cortó del todo el trato y la 
vida conyugal por haber abandonado el marido á la mujer, y haber pedido 
y obtenido ésta el divorcio civil, no por la causa de miedo, sino por deser- 
ción del marido, asegurando que había diferido tanto la acción judicial en 
el foro eclesiástico por ignorar las causas de nulidad de su matrimonio, así 
que de buena fe alegó en el Tribunal civil otra causa más fácil y expedita 
para sus fines, hasta que el mismo abogado que defendió su divorcio en el 
Tribunal civil, le expuso las causas por las cuales podía pedir y obtener 
también el divorcio quoad vinculum en el Tribunal eclesiástico, entre las 
cuales enumeró el miedo y la violencia. Y se ha de creer que la actriz dijo 
la verdad, porque rara vez las mujeres conocen las causas canónicas de la 
nulidad de los matrimonios. 

Hay que notar que en esta causa hubo circunstancias especiales que la 
hacían muy difícil por no presentarse los testigos ordinarios y más fide- 
dignos cuando se trata de probar el miedo reverencial, que son los her- 
manos, los parientes, los amigos y domésticos: y todos éstos se negaron á 
presentarse al Tribunal, y los pocos que lo hicieron dijeron que no sabían 
nada, por respeto y consideración al esposo que se lo había prohibido ri- 
gurosamente, porque sus declaraciones hubieran revelado hechos poco 
honrosos para él y para la familia, que también hay que notar era una de 
las principales de Hungría; así que hasta él mismo, ni de palabra ni por 
escrito, quiso hacer declaración alguna; antes bien, no se oponía á que se 
declarase nulo el matrimonio: y, por fin, se declaró contumaz, no defen- 
diéndose en la causa ni por sí, ni por procurador ni abogado defensor. 

Pero aunque no hubo testigos de la familia, pudo la Curia sabariense 
oir el testimonio y declaraciones juradas de otros testigos extraños que 
trataban con ella y conocían bien al padre de la actriz; los cuales dijeron 
«que tenía un carácter duro y despótico; que su voluntad era para todos 
una ley á la cual nadie podía oponerse, y que lo que él quería y mandaba 
por fas ó por nefas lo conseguía: en fin, que era un verdadero tirano para 
la familia y para los que dependían de él». Y, como según los mismos tes- 
tigos, y era público, el matrimonio de su hija con el conde Alfredo era 
muy ventajoso para la familia, al proponérsele un padre de tal carácter y 
movido por tal interés, claro es que, ó había de obedecerle contra su vo- 
luntad, ó había de experimentar los efectos de su ira y de su indignación. 
Además, consta en autos que de hecho manifestó su carácter duro y exi- 
gente con su hija, amenazándola, y aun maltratándola de palabra y por 
obra, llegando hasta á encerrarla en una habitación, diciéndola: «De aquí 
no saldrás hasta que declares que te casarás con Alfredo, porque debes 
consentir en ello per el mayorazgo que tiene, y porque yo asi lo quiero y 



54 REVISTA CANÓNICA 

lo mando. > Otras veces la amenazaba con encerrarla en un convento y 
desheredarla; y, por fin, viendo la resistencia de su hija, que era tenaz, lle- 
gó hasta golpearla. Todo esto consta en autos por declaración jurada de 
testigos fidedignos. De modo, que en el caso presente no sólo hubo miedo 
reverencial, sino miedo grave que se llama cadens in virum conslantem; y, 
á pesar de eso, la actriz no cedió ni á las amenazas ni á los castigos de su 
cruel padre; y, como ella aseguró, dio exteriormente el sí sacramental con- 
tra su voluntad y con repugnancia interna: primero, porque amaba vehe- 
mentemente á otro joven; y, segundo, porque aborrecía á Alfredo, con 
quien protestaba que nunca se casaría; y hasta el último momento se re- 
sistió cuanto pudo, diciendo que detestaba aquella boda. 

Estando, pues, probado el hecho que el matrimonio del tema fué con- 
traído por miedo grave, extrínseco é injustamente infundido para arrancar 
el consentimiento de la actriz en 'el matrimonio, no cabe duda que fué con- 
traído sin la libertad y consentimiento interno que, según todos los dere- 
chos, natural y positivo, divino y humano, es necesario para la validez del 
matrimonio, que exige entera libertad, consentimiento pleno y seguridad 
completa, «para que no se diga que uno por miedo ama lo que aborrece, 
y de aquí se sigan los grandes males que de tales matrimonios suelen 
provenir», como se dice en el cap. XIV de Spons., y han confirmado mu- 
chas decisiones de la Rota, y como se ha visto que sucedió en el caso del 
tema por la raíz viciada del no libre consentimiento. Y no sólo fué grave 
el miedo que de parte de su padre sufrió la actriz, sino injusto, porque fué 
obligada á casarse con quien aborrecía, y en esto consiste la injusticia del 
miedo: porque ni por derecho divino ni por el eclesiástico los hijos están 
obligados á pedir el consentimiento á los padres para casarse, ni á seguir 
su voluntad. «El matrimonio, dice laDecis. 493, no debe depender del ar- 
bitrio de nadie... y debe ser inmune de toda coacción.» Y si el padre, al 
infundir el miedo, intenta el bien del mismo hijo ó de la familia, puede 
ser excelente su intención delante de Dios y de los hombres, pero el mie- 
do grave en cuanto que disminuye la libertad de los hijos para contraer 
matrimonio, ofende su derecho y se hace injusto, y de aquí la causa in 
tadice de la nulidad del matrimonio. 

Y no se diga que el matrimonio del tema se convalidó por la larga y 
continuada cohabitación de veinte años de los esposos, ni por la cópula 
habida, ni por la procreación de cuatro hijos; porque el miedo de la espo- 
sa, que tiene tantos testigos que refieren hechos de pública voz y fama, 
sin duda alguna fué público in sensu iuris, y era público cuando se con- 
trajo el matrimonio, el cual, por lo mismo, adoleció de tal vicio in facie 
Ecclesiae; así que ante la misma Iglesia se ha de sanar, renovando la so- 



REVISTA CANÓNICA 55 

lemne forma del Tridentino. Esto está hoy puesto fuera de toda duda por 
la declaración de la Sagrada Penitenciaría dada con la autoridad de San 
Pío V, que refiere Benedicto XIV en la lnstr. 87, núm. 62, diciendo: «Si el 
matrimonio ha sido celebrado públicamente ante el párroco y los testigos 
y el impedimento se conoció también públicamente, este matrimonio no 
se puede legalmente confirmar si no se presta de nuevo el consentimiento 
ante el párroco y dos testigos;» y en el núm, 63 añade: «Esto lo decretó la 
Sagrada Penitenciaría con autoridad de San Pío V... Además, habiendo 
puesto en duda la verdad de esta declaración los Auditores de la Sagrada 
Rota, el Cardenal Carafa, Prefecto de la Sagrada Congregación del Conci- 
lio, llamó á dos de ellos, á saber: á Serafín y á Comitolo, á los cuales mos- 
tró los decretos dados sobre el particular por la Sagrada Congregación 
del Concilio, conformes en un todo con las declaraciones de la Penitencia- 
ría autorizada por San Pío V; por lo que los Auditores de la Sagrada Rota 
siguieron después constantemente esa práctica.» Nota, además, el Carde- 
nal Qasparri, de matrim., vol. II, núm. 1.419: «Igualmente la Sagrada 
Congregación del Concilio in Pa ñor mita na, Nullit. matrim., de 30 de 
Septiembre de 1719, contestó: «Esta Sagrada Congregación ha respondido 
muchas veces que hoy, después del Concilio Tridentino, el matrimonio 
contraído por miedo, purgado éste por la cohabitación con cópula carnal 
y otros actos, no se revalida si no se contrae otra vez aplicando de nuevo 
la forma tridentina.» Y se confirma por la jurisprudencia sentada por la 
misma Sagrada Congregación, que, probado el miedo, declara nulo el 
matrimonio aún después de larga cohabitación, y haber tenido muchos 
hijos, sin atender al consentimiento privado expresa ó tácitamente dado. 
Sin razón se dice que parece increíble que la actriz hiciese una vida 
tan desgraciada con su marido por espacio de veinte años sin que procu- 
rase librarse de él si no después que él la dejó: porque, en primer lugar, 
una vez probada la nulidad in radice del matrimonio, como se ha probado, 
no hay necesidad, ni hace falta probar más, ni dar más explicaciones de 
porqué no lo intentó antes; pero además hay razones convincentes para ex- 
plicarlo: en primer lugar, los nueve años primeros estaba bajo la presión 
y vejación injusta de su padre, causa eficaz y continua del miedo: cuando 
murió su padre, pasado el año de luto, no entabló lo demanda de divorcio 
civil por la enfermedad de su madre, y, además, porque el último hijo, 
pequeñito aún, estaba muy débil y necesitaba de los auxilios y cuidados 
de la madre, y, por último, por la oposición de su hermano y por arreglar 
los asuntos de familia; pero cuando la abandonó su marido y obtuvo el 
divorcio civil, el mismo abogado la enumeró las causas por las cuales po- 
día pedir también en el foro eclesiástico el divorcio quoad vinculum por- 



56 REVISTA CANÓNICA 

que hacían nulo el matrimonio, y al llegar á la causa vis et metus, exclamó 
ella: «Por esta causa fué nulo mi matrimonio»; prueba clara de que estaba 
convencida de que le había contraído por miedo, y si antes no había ale- 
gado esa causa fué porque no lo sabía, lo cual no es extraño en una 
mujer. 

Finalmente, en cuanto al hecho de que tanto el esposo como los pa- 
rientes se negasen á declarar á favor del miedo, y, por consiguiente, que 
el matrimonio se celebró con entera libertad de ambas partes, prescindien- 
do de la intención con que lo hicieron, y las razones que tuvieron, indi- 
cadas en autos, se ha de recordar y aplicar la regla del derecho: «que se 
ha de creer más á dos testigos que deponen del miedo, que á mil que le 
niegan y afirman la libre y espontánea voluntad, porque éstos deponen 
de un acto mental é invisible que sólo Dios conoce, y los que deponen del 
miedo, atestiguan de las amenazas, torturas y otros actos semejantes que 
se perciben por los sentidos corporales. Y aun se puede aplicar esta regla 
aunque sea un solo testigo el que deponga del miedo porque merece más 
crédito que mil que lo niegan y deponen de la libre y espontánea volun- 
tad». Así lo sostienen Mascard y Sánchez, y lo confirma la jurisprudencia 
sentada por la Sagrada Rota en las Dec. 212 y 391. 

Y aunque no prestasen declaración los parientes, primero, porque la 
Curia de Veszprem no los citó creyendo erróneamente que sus declaracio- 
nes de nada servían por ser interesadas, y después porque no quisieron 
comparecer, y los pocos que lo hicieron se negaron á declarar diciendo 
que no sabían nada, sin embargo, no por eso pierde fuerza y fe el proceso 
siempre que haya testigos extraños citados de oficio, jurados y fidedignos, 
como declaró la Rota en varias decisiones, y en el caso presente los hubo. 

Así que con mucha razón y exquisita prudencia y sabiduría, los Reve- 
rendísimos Auditores, en Consejo pleno, sentenciaron que el matrimonio 
del caso era nulo. 



Declaración de la Sagrada Congregación del Concilio sobre el derecho 
de sufragio de los canónigos de las catedrales. 

(Causa de Lacedonia.) 

Ei señor obispo de Lacedonia hizo á dicha Sagrada Congregación la 
siguiente consulta per sumaria precum: 

«En los Estatutos que el Capítulo de la Catedral de Lacedonia hizo 
por mandato de su prelado el año 1911, en el cap. 16, núm. 7, dio la si- 
guiente determinación: «Aunque los canónigos pueden por derecho co- 
mún y decretos de la Sagrada Congregación del Concilio, dar su voto por 



REVISTA CANÓNICA 57 

los consanguíneos y afínes en algún asunto que á ellos pertenezca, sin em- 
bargo, atendidas las especiales circunstancias de este lugar, los canónigos 
no pueden dar su voto en la elección de los consaguíneos y afínes hasta 
el segundo grado inclusive de línea igual, cuando pueda afectar ó perju- 
dicar á los intereses de la Comunidad, esto es, del Capítulo. En otros casos, 
como en materia de jurisdicción, pueden dar su voto en favor de los con- 
sanguíneos y afínes hasta el segundo grado igual. 

Ahora bien, teniendo dicho Capítulo derecho á elegir un ecónomo 
que ayude al canónigo Arcipreste en la cura actual de almas, que está á su 
cargo, y además compitiéndole el derecho de elegir algunos clérigos, á los 
cuales se confieran ciertos patrimonios eclesiásticos, dejados para esto por 
los fundadores, el obispo propone para su resolución las tres siguientes 
dudas: 

«1. a Si pueden los canónigos dar su votD en favor de los consanguí- 
neos y afines hasta el segundo grado en la elección del ecónomo, ut 
supra. 

2.* Si pueden darle en favor de los consanguíneos y afines hasta el se- 
gundo grado en la elección de un clérigo para un patrimonio eclesiástico 
ut supra. 

3. a Si los canónigos disfrutan del derecho de sufragio en favor de los 
consanguíneos y afínes hasta el segundo grado, y si también pueden dár- 
sele á sí mismos en la elección del Vicario Capitulara 

Los eminentísimos Padres, antes de responder, pidieron acerca de estas 
tres dudas el voto del Consultor de la Sagrada Congregación del Conci- 
lio, y en vista de él, en la sesión plena celebrada en el Palacio Apostólico 
del Vaticano, el 16 de Marzo' de 1912, respondieron: «A la primera y se- 
gunda, afirmativamente. A la tercera, afirmativamente á la primera parte, 
negativamente á la segunda.» (Acta Ap. sedis, vol. 4.°, pág. 404.) 

ANOTACIONES 

Las dos dudas primeras, y aun la primera parte de la tercera, no ofre- 
cen dificultad alguna, porque, como el mismo Capítulo reconoce, son de 
derecho común y jurisprudencia sentada por la Sagrada Congregación del 
Concilio: así que el Consultor en un eruditísimo voto no hizo más que 
confirmar esa doctrina con varios textos de las Decretales, algunas resolu- 
ciones de la Sagrada Congregación del Concilio, con las opiniones de los 
autores, y, por último, con las razones que la misma naturaleza de la cosa 
y el sentido común sugieren. Entre otras razones que alega, especialmente 
para la elección del Vicario Capitular, y puede hacerse extensiva á las de- 



58 REVISTA CANÓNICA 

más, es que en el derecho común no se halla ninguna disposición expresa 
en contrario; y todos convienen en que cuando se trata de privar á alguno 
de un derecho propio, lo cual es siempre odioso, debe aducirse expresa- 
mente esa disposición, puesto que las privaciones lo mismo que las prohi- 
biciones y todo lo odioso, siempre se ha de restringir, y faltando una dis- 
posición explícita de la ley, nunca puede ser suficiente la interpretación de 
algún doctor privado, ó un argumento deducido á simili ó á fortiori. 

Y no sólo no se opone el derecho común, sino que, como dicen mu- 
chos autores, entre otros Palotini: «En las cosas que son de derecho públi- 
co, como es la elección del Vicario Capitular, se presume que cada uno más 
se mueve por el bien público que por otra causa de particular afección, y, 
por consiguiente, el voto se da como canónigo, no como una persona de 
la familia.» (Ad bene. § XI, núm. 16.) Además es doctrina común que 
los canónigos de suyo tienen derecho (que es el fruto de la canonjía) á dar 
su voto en todos los actos capitulares que se hacen colegialmente, como es 
la elección del Vicario Capitular; ni pueden ser privados de este derecho 
mas que por expresa disposición de la ley, la cual falta en la presente ma- 
teria. De modo que según la doctrina común hábilmente recogida y opor- 
tunamente citada por el Consultor, los Eminentísimos Padres de la Sagrada 
Congregación del Concilio en las dos primeras respuestas y en la primera 
parte de la tercera, revocaron la determinación del Capítulo de Lacedonia, 
disponiendo que se atuviesen al derecho común y á la práctica de los de- 
más Capítulos. 

Más difícil de resolver érala segunda parte de la tercera duda, á saber 
«Si en la elección del Vicario Capitular pueden los canónigos darse el voto 
á sí mismos.» 

Esta cuestión, dice el sabio Consultor, no se limita á los casos de duda 
que han ocurrido á los canónigos de Lacedonia, sino que pertenece al de- 
recho común y universal: es una cuestión muy controvertida entre los 
autores, no sólo porque de suyo es muy compleja, sino también porque 
nunca hasta ahora, ni en el derecho, ni en la jurisprudencia, se han esta- 
blecido fijamente y con formalidad los principios especificativos de tal elec- 
ción, por los cuales pudieran resolverse las dudas que aun de ella ocurrie- 
ran; como se verá que ha sucedido por lo que se ha de decir. 

Con esta advertencia, pasa el Consultor á exponer brevemente las razo- 
nes en que se funda su voto para que los Eminentísimos Padres, si lo creen 
oportuno, definan el derecho por medio de un Decreto. 

Las razones que alega las toma de los diferentes derechos. En primer 
lugar, del derecho natural. Presentada la cuestión en los términos genera- 
les: «Si en la elección para cualquier cargo público uno que sin pasión co- 



REVISTA CANÓNICA 59 

noce que es digno y muy competente para aquel cargo (por ejemplo, por 
el ejercicio continuado y laudable de aquel oñcio ó cargo, ó por el parecer 
imparcial de hombres doctos y probos) puede darse á sí mismo el voto,» 
la solución no es tan fácil por las muchas dificultades que hay, tanto por 
la parte afirmativa como por la negativa. Porque si es cierto que el que de- 
sea un cargo público (para el que se cree capaz) desea un bien; ¿por qué ha 
de ser malo é ilegítimo el emplear un medio de suyo no deshonesto, por 
ejemplo, votarse á sí mismo para conseguir un deseo bueno y legítimo? Y 
digo un medio de suyo no deshonesto, porque si tiene conciencia de que 
no es motivado por ambición egoísta ni por soberbia, sino sólo por el de- 
seo del bien, ¿por qué su voto no ha de gozar de la misma honestidad que 
el de los demás? ¿Acaso por ser suyo deja de ser bueno, ó es viciado como 
por una fatal necesidad moral? Hay que confesar que atendida la innata 
inclinación del hombre al mal, y la práctica de los buenos y humildes, el 
ejercicio del voto en favor de sí mismo, en estos casos adolece de presun- 
ción de peligro, y, por lo mismo, como dicen muchos, tiene algún sabor á 
ambición y soberbia, pero no habiendo esto, como hemos supuesto, ¿qué 
queda de mal sabor? 

El Cardenal De Luca, en el Discurso 26 De Canonicis, número 6, hace 
una distinción para tratar de conciliar las dos opiniones acerca de este 
asunto, y á la vez las dos formas de elección, la del Capítulo quia propter, 
y la del cum in iure, diciendo: «Que en el primer escrutinio secreto todos 
ignoran si los demás votarán por él ó cuantos serán, y por lo mismo, en 
la primera elección, dándose el voto á sí mismo, es convencido de ambi- 
ción ó de soberbia, y obra mal; no sucede lo mismo en la segunda, porque 
viendo que en la primera ha sido elegido por la mitad menos un voto, que 
era el suyo, puede agregar su voto al de éstos en la segunda elección con 
confianza y sin presunción de ambición ó de soberbia.» Pero deja la cues- 
tión sin resolver, y aun confirma la opinión afirmativa antes expuesta, por- 
que si la razón porque en la segunda elección puede uno darse á sí mismo 
el voto, es porque ha visto que en la primera la mitad de los electores le 
han dado el voto; esto es, un testimonio, una prueba de que es digno y 
competente para el cargo, también lo puede saber antes de la primera elec- 
ción, porque esos mismos que le van á votar se lo dicen; y le ponen por 
candidato, porque saben, y así se lo manifiestan, que es digno y competen- 
te. Más aún, si por el testimonio ó voto de los que se le han dado (qne 
pueden ser pocos), puede creerse digno y competente, también, y acaso 
más, puede creerse digno por el testimonio de personas doctas y probas, 
y quizá más en número. Por consiguiente, no existiendo derecho positivo, 
como no existe, de suyo y por derecho natural no aparece que, al menos 



60 REVISTA CANÓNICA 

puestas las cauciones necesarias, sea ilegítimo el darse el voto á sí mismo 
en la elección de cargos públicos, como es el de Vicario Capitular. 

2.° Del derecho positivo común.— Este nada establece sobre el particu- 
lar, ni en el Concilio de Trento, ni en el cuerpo del derecho. El Concilio 
de Trento, en la sesión 24 de reform, capítulo 16, en que habla del cargo 
de Vicario Capitular, ni una palabra dice de la forma de su elección, ni 
aun habla de ésta, sino sólo de su deputación ó constitución; de lo cual 
muchos autores, como De Luca, sostienen que la elección del Vicario 
Capitular no es verdadera elección, sino mera deputación parecida á un 
mandato. 

En el cuerpo del derecho, tanto el capítulo quia propter, 42 de electio- 
ne, como el capítulo Cumana, se refieren, según el mismo De Luca, á la 
elección del Pastor propiamente dicho que se ha de poner al frente de una 
iglesia viada, y no á la mera deputación de algún oficial ó Vicario, y por 
lo mismo no están los Capitulares obligados en este caso á la forma de 
dichos Capítulos, sino que pueden usar de la forma del Capítulo Cum in 
iure, 33. 

3.° Del derecho particular de los Estatutos capitulares.— Es verdad 
que muchos Capítulos han tratado de suplir la falta del derecho común, 
pero no todos, sino que muchos dejaron á su voluntad el determinar la 
forma de la elección según los casos particulares. Y los que lo determina- 
ron, al menos en cuanto á lo principal, lo hicieron con muchísima varie- 
dad: en unos se hacía la elección de viva voz, en otros por votos secretos; 
en unos por escrutinio no solemne, sino casi tal; en unos por bolas, en 
otros por papeletas, ya bastaba un medio voto de exceso (4 de 7), ya se 
exigía voto y medio (5 de 7). «Y como si no bastase tanta variedad, dice 
Scarfantonio, aunque dichas elecciones está mandado en los Estatutos que 
se hagan por votos secretos, sin embargo, son válidas, si de común con- 
sentimiento de los canónigos se hacen de viva voz; y aún se sostienen las 
elecciones aunque los Estatutos digan que de ningún modo deben hacerse 
más que por votos secretos; y la razón es porque no es contra el derecho 
común, porque no le hay.» Y si esto es así, ¿á qué tantos Estatutos capitu- 
lares acerca de esta elección? No es extraño que, como dice Sancti-Leitner, 
muchos autores, aún hoy, concluyan que en la elección de Vicario Capitu- 
lar basta que se observen las condiciones que según costumbre se requie- 
ren y bastan en la expedición de los negocios del Capítulo; á saber, que se 
haga la elección capitularmente en una reunión legítima de todos los voca- 
les que deben y pueden asistir, y se den á uno la mayor parte de los vo- 
tos, y nada más. 

4.° De la jurisprudencia de la Sagrada Congregación del Concilio.— 
Hasta ahora, que se sepa, nunca ha querido esta Sagrada Congregación 



REVISTA CANÓNICA 61 

resolver esta gran cuestión de derecho, sino sólo proveer en casos particu- 
lares, como consta por la respuesta dada á la pregunta: «Si en la elección 
de Vicario Capitular un Canónigo puede válida y lícitamente darse á sí 
mismo el voto, cuando de otro modo no podía obtener mayoría. > La Sa- 
grada Congregación respondió el 20 de Marzo de 1880: «Se ha de proveer 
en los casos particulares.» 

El sabio consultor cita en prueba de ello, por orden cronológico, diez 
resoluciones de dicha Sagrada Congregación, en casos particulares, empe- 
zando por la que dio in Matheranen el 1649, y terminando por la que dio 
in Tornavien el 1886; todas ellas muy distintas unas de otras, hasta el punto 
de afirmar en unas lo que había negado en otras, debido á la variedad de 
los casos. Sin embargo, de todas esas resoluciones de la Sagrada Congre- 
gación del Concilio, se saca la impresión de que aunque hasta aquí no ha 
establecido plena y definitivamente todo el derecho acerca de la presente 
cuestión, sin embargo, su mente ha sido reducir de día en día, y aun negar 
á los canónigos el derecho de darse á sí mismos el voto en cualquier es- 
crutinio hecho por sufragios propiamente dichos, públicos ó secretos; y 
también el de poner en igualdad de votos el consentimiento ó anexión 
que equivale al voto propiamente dicho para el efecto de la elección, fuera 
del caso de compromiso propiamente dicho de que habla el capítulo cum 
in iure, 33, del elect. 

5.° De la doctrina de los autores. — De ésta tampoco puede casi dedu- 
cirse nada, porque fuera de dos puntos en que convienen todos, ó casi to 
dos, á saber: l.°, que en el escrutinio solemne secreto, ninguno, ni antes, ni 
después de la publicación del escrutinio, puede darse á sí mismo el voto, 
ni aun por modo de anexión ó consentimiento; y 2.°, que en el compromi- 
so puede agregar su propio voto para completar la elección; fuera de estos 
dos puntos fundamentales, en todos los demás casos y cuestiones acciden- 
tales hay entre los autores, aun de gran nota, mucha y muy rara discre- 
pancia de opiniones; lo cual no debe extrañar, porque no habiendo dere- 
cho expreso acerca de esta materia, cada uno ha interpretado los citados 
capítulos del cuerpo del derecho y las respuestas de la Sagrada Congrega- 
ción del Concilio del mejor modo que le ha parecido, según las circuns- 
tancias y el ambiente que les rodeaba, y, por consiguiente, deducían con- 
clusiones algunas veces contradictorias; como puede verse en las disputas 
preliminares á la solución de los diversos casos que se presentaban á la 
Sagrada Congregación del Concilio. 

Conclusión.— De todo lo dicho, especialmente acerca de la tercera 
duda, el sabio consultor expone y sujeta su parecer al juicio de los Emi- 
nentísimos Padres de la Sagrada Congregación del Concilio, diciendo: 



62 REVISTA CANÓNICA 

«Que próxima la codificación del Derecho eclesiástico para perfeccionarla 
y completarla, para evitar la peste de la ambición tan odiada en la Iglesia, 
y aun el peligro presunto de ella; para procurar la suficiente unidad en los 
Estatutos capitulares, y, por consiguiente, para precaver tantas discordias 
y cuestiones en las diócesis sede vacante, y tantas quejas y recursos más ó 
menos molestos á la Sagrada Congregación del Concilio, y, por último, 
para sentar definitivamente la jurisprudencia de la misma en esta materia, 
se digne dar un Decreto en el que se defina»: 1.° Que ni lícita ni válida- 
mente puedan nunca los canónigos en cualquier forma de elección ó de- 
putación del Vicario Capitular (excepto el compromiso según el capítulo 
Cum in iure, 33), darse ó agregarse á sí mismos su propio voto. 2.° Que 
esta elección ó diputación debe hacerse según una de las tres formas se- 
ñaladas en el capítulo Quia propter, 42. 3.° Que para el efecto de la elec- 
ción ó deputación se requiere y basta la mayoría de medio voto. 

La Sagrada Congregación, como se ha visto, no creyó oportuno dar el 
Decreto que propone el Consultor, sin duda por la proximidad de la codi- 
ficación del derecho, y resolvió la cuestión propuesta en forma de declara- 
ción, que puede servir de precedente para otros casos, porque la ha dado 
en términos generales, no ad casum., como otras veces, porque las dudas 
también habían sido propuestas en términos generales. 

P. Cipriano Arribas. 
o. s. A. 



BIBLIOGRAFÍA 



Biblioteca de «El Granito de Arena* . Cada maestrito... Observaciones pedagó- 
gicas de uno que no ha visto en su vida un libro de pedagogía, por M. Siu- 
rot. Prólogo del arcipreste de Huelva.— Un vol., en 8.°, de xv-223 págs. 
Precio: 2 pesetas.— Sevilla, 1912. 

Solamente como humorada andaluza ó como rasgo de modestia, pode- 
mos aceptar el título de la presente obra. 

«Cada maestrito tiene su libritot, así dice el refrán; pero es el caso, que 
aquí se trata de un maestrazo y de un libro inmenso; sí, inmenso, no por 
su tamaño, sino por lo que dice, por lo que enseña, por lo que deleita, y, 
sobre todo, por lo que sugiere y hace pensar. Su autor, más que un discí- 
pulo, es un hijo intelectual y apostólico del gran Manjón y del admirable 
arcipreste de Huelva, y esto dice mucho en favor del Sr. Siurot. Pero hay 
más, y es que, á pesar de esta doble y excelsa paternidad espiritual, la obra 
del Maestrito de Huelva es intensamente original y personalísima. 

Su vocación al magisterio, su amor á la niñez por precedimientos pe- 
dagógicos, sus resultados prácticos, todo esto que nos cuerna el Sr. Siurot 
en su libro, y hasta la manera de contarlo, es sumamente instructivo, ori- 
ginal y sorprendente. 

El precioso estudio del Sr. Siurot, no sólo debe ser leído y meJitado 
por los maestros y profesores de la niñez, sino también por los padres y 
madres de familia, por los párrocos, catequistas, etc.— P. G. Gil. 



Paulina de Malinckrodt y su obra, páginas hagiográfico-históricas, por Gui 
llermo Jünemann.— En 8.° menor, de 116 págs. y siete grabados. — Friburgo 
de Brisgovia (Alemania), B. Herder, 1912. 

Fundadora, Paulina Malinckrodt, de la Hermanas de la Caridad cris- 
tiana é Hijas de la Inmaculada Concepción, descendiente de ilustre fami- 
lia y hermana del insigne Hermann Malinckrodt, fundador del Centro 
alemán, es una de las figuras de más relieve en la historia moderna del 
catolicismo de Alemania. Su Congregación, dedicada á la enseñanza de la 



64 BIBLIOGRAFÍA 

niñez y al alivio de huérfanos y niños ciegos, mereció ser suprimida por 
las famosas leyes de Mayo y adquirió gran difusión en los Estados Unidos 
y en Chile. El Sr. Jünemann nos refiere esta interesante historia con entu- 
siasmo rayano en el panegírico. Nosotros desearíamos más sobriedad 
literaria en las descripciones y más riqueza de datos y noticias. — P. L. 
Conde. 



El catecismo mayor de S. S. el Papa Pío X, explicado al pueblo según la 
norma del catecismo de Trento, por D. Gilberto Dianda, presbítero.— Ver- 
sión castellana, por el P. Enrique Portillo, S. J.— Tomo XI de los cinco últi- 
mos artículos del Credo, Espíritu Santo y la Iglesia, de la Oración.— Ma- 
drid, Administración de «Razón y Fe», plaza de Santo Domingo, 14, 1912.— 
En 8.°, de 470 págs. Precio: 3 pesetas. 

A más de exponer el autor de esta obra la doctrina cristiana con acier- 
to, confirmando sus enseñanzas con ejemplos y copia de selectas pruebas, 
ha querido enriquecerla con algunas disquisiciones histórico-apologéticas 
sumamente instructivas y provechosas, que pueden prestar valiosos servi- 
cios al catequista. La exposición de las notas de la Iglesia y su compara- 
ción con la reforma protestante; la estancia de San Pedro en Roma, como 
punto de partida de la sucesión del pontificado; la Inquisición y la historia 
de Qalileo, son cuestiones muy combatidas que precisa estudiar con algu- 
na atención aún en lecciones catequísticas. Aplaudimos la idea, y lo que 
más significa, su ejecución. Por lo demás, consignado nuestro dictamen 
favorable acerca de esta obra en anteriores números de esta revista, sólo 
nos resta afirmar que el presente volumen se ajusta en todo al programa 
que se ha trazado su autor y que merece ser leído por los apóstoles de la 
niñez.— P. L. Conde. 



Dortor Josephus Ortega Alfonso. — Index Analyticus quaestionum Theodi- 
ceae et Phüosophiae moralis in gratiam, 3i anui philosophorum. Universi- 
tas Pont. Burgensis, 1911.- Burgis, tipographia «Centro Católico». -En 8.°, 
de 174 páginas. 

El Sr. D. José Ortega ha escrito un índice-programa muy propio para 
facilitar á sus alumnos el estudio de la Teodicea y de la Etica. Adviértese 
en su redacción gran competencia en estas materias y una orientación sana 
en el método y elección de los asuntos, ya que incluye en sus explicacio- 
nes los asuntos de carácter moderno que deben conocer los jóvenes aspi- 
rantes al sacerdocio. 

Quizá sus opiniones, la del salario familiar, por ejemplo, no sean por 
todos admitidas; pero no cabe dudar de que las pruebas están indicadas 



BIBLIOGRAFÍA 65 

con claridad y que darán no poco que hacer á cuantos pretendan resol- 
verlas de modo satisfactorio. Para compilar este folletito ha debido consul- 
tar su autor multitud de obras que cita al frente de cada uno de los asun- 
tos, facilitando por tal modo el estudio de las cuestiones. 

Nosotros deseamos que el Sr. D. José Ortega responda á este progra- 
ma escribiendo un libro que de seguro prestará excelente servicio á pro- 
fesores y estudiantes.— P. L. Conde. 



El pulpito americano. Sermones del Santísimo Sacramento y de algunos mis- 
terios de Jesucristo, por el R. P. Nicolás Cáceres, S. J. — Segunda edición, 
revisada y aumentada. Tomo I. 

Conferencias y panegíricos. Tomo IV.Friburgo de Brísgovia (Alemania), 1910, 
B. Herder, librero y editor pontificio —En 4.°, de 660-190 págs.— Precio: 8,50 
y 7,50, respectivamente. 

El P. Cáceres ocupa puesto de honor entre los oradores sagrados de 
la América latina. Sus libros son conocidos y justamente estimados por el 
clero americano, y han merecido unánime aceptación, hasta el punto de 
hacer una nueva edición del tomo primero del que habló La Ciudad de 
Dios en sus columnas. 

Del volumen Conferencias y panegíricos, diremos no más que lo pre- 
ciso para que nuestros lectores tengan aproximada idea de su mérito y 
contenido. En tres series de conferencias estudia su autor la práctica de 
la religión cristiana, su concepto é influencia social, el dogma, la moral, 
el culto, etc., y luego entra de lleno en el problema de la educación, 
que expone primorosamente. Y, por último, dedica la tercera serie a! es- 
tudio de la soberanía social de Jesucristo; y á modo de apéndice, trata 
de las tribulaciones en tres conferencias de carácter familiar, con más 
un triduo de sermones para el tiempo de jubileo. Trece panegíricos sirven 
de digno remate á este volumen. 

El Sr. D. Rafael Carrasquilla ha juzgado con acierto el mérito científico 
de los sermones del P. Cáceres, y lo que es más, nos ha trazado al vivo 
un cuadro hermoso de su oratoria en acción. Nosotros hacemos propias 
las observaciones y laudatorios juicios de tan aventajado crítico. — P. L. 
Conde. 

U fenómeno della guerra e l'idea della pace, por Giorgio del Vecchio, prof . 
nella R. Universitá di Messina: seconda edizione rivedusa é accrescin- 
te.— 1911.— 99págH. 

Con gran competencia, sabia labor crítica y copiosa documentación 
bibliográfica trata, el incansable profesor de la Universidad de Messina, del 
problema de la guerra, sus causas y sus resultados, así perjudiciales, que 

5 



66 bibliografía 

suelen ser los más inmediatos, como beneficiosos, ordinariamente produ- 
cidos á la larga y en conjunto. En una segunda parte expone los concep- 
tos teóricos de la paz (teorías ascética, imperialista, empírico-política y ju- 
rídica), deteniéndose especialmente en esto último, y haciendo breves, pero 
atinadas observaciones críticas de las demás. Este folleto ha sido traducido 
recientemente á nuestro idioma.—/. 



Constitución y Reales órdenes, artículos publicados en el diario «Correo de 
Mallorca», por el Dr. D. José Miralles y Sberg, canónigo de la S. 1. C. B. de 
Mallorca.- 1910.— 181 págs. 

El celosísimo sacerdote y sabio autor del presente folleto, al cual ha 
seguido dando creciente interés el anticlericarismo cerril de nuestros go- 
bernantes, expone con sencillez, copia de datos y argumentación incontes- 
table, los ataques á la unidad católica en España desde el Concordato 
de 1851, la historia parlamentaria del art. 11 de la Constitución, su injus- 
tificación y su oposición al Concordato, el verdadero sentido del citado 
artículo, la Real orden de 23 de Octubre de 1876 y la de 10 de Junio 
de 1910, que viene á convertir la mera tolerancia constitucional en liber- 
tad de cultos. De esta última hace el Sr. Miralles una verdadera disección, 
señalando las enormidades que contiene, y reproduce, como apéndice, la 
Real orden relativa á un célebre expediente de Mahón, y las dos que que- 
dan anteriormente citadas.—/. 



A. de la Barre: La Morale d'aprés Saint Thomas et les Theologieus Scholas- 
tiques Memento theorique et Guiode bibliographique. París: G. Beauches- 
ne, rué Rennes, 171, 1911.— Precio: 3 francos. En 8.°, de xix 4- 148 págs. 

Cinco estudios contiene este librito. Trátase en ellos de la existencia, 
naturaleza y elementos esenciales de la moralidad; del bien y del fin como 
objetos del acto humano; de la ley eterna y natural, de la conciencia y del 
derecho. Para dirigir al diligente investigador en el estudio de esas cues- 
tiones fundamentales de moral, ha compuesto M. de la Barre esta Guía ó 
Manual práctico, en el que indica los asuntos, sus dificultades y solucio- 
nes y las fuentes bibliográficas más útiles y recomendables, que se pueden 
consultar con seguridad y provecho. Como se ve, no se trata de una ex- 
posición didáctica, sino más bien de un excitatorio de entusiasmos por es- 
tos estudios, y de una orientación en los mismos, tomando como punto de 
partida las enseñanzas del Angélico Doctor.— P. L. Conde. 



BIBLIOGRAFÍA 67 

OTROS LIBROS 

Bullarium Maronitarum complectens bullas brevia, epístolas, constitu- 
tiones aliaque documenta a Romanis Pontifícibus ad Patriarchas. Antio- 
chenos Syro-Marlnotarum missa. Ex labulariD secreto S. Sedis Bibliotheca 
Vaticana, bullariis variis excerpta et juxta temporis seriem disposita cura 
et studio Tobiae Anissi S. T. D... Romae, 1911, Max. Bretschneider Libra- 
rius Editor. (Vía del Tritone, 69). En 4.°, de 576 páginas. 

Diez años ha dedicado el reverendísimo Anaissi á reunir los materiales 
que componen esta interesante colección de documentos, y viene á ser 
una historia auténtica de las relaciones que mediaron entre la Santa Sede 
y las Iglesias maronitas. Abraza la colección los actos oficiales cambiados 
entre esas Iglesias, desde el año 1213, pontificado de Inocencio III, hasta 
el 1909. De la utilidad é importancia de esta obra, juzgará el historiador y 
el teólogo. Nosotros creemos que servirá de norma segura á cuantos de- 
seen conocer la historia y vicisitudes de las Iglesias orientales, economi- 
zando mucho tiempo y trabajo.— P. L. Conde. 

La ciencia del gobierno doméstico, por el abate Sylvaen, autor de las 
Paitlletes d'or. Traducción de la 22 edición francesa. Con licencia del Or- 
dinario. Un volumen, en 8." menor, de 1S9 páginas. Barcelona, Herederos 
de Juan Gili, editores, Cortes, 581. Año 191 1. 

Continuamente se oyen lamentaciones y censuras sobre la actual ins- 
trucción de las jóvenes, tachándola á ésta de poco práctica y acomodada á 
la futura misión de la mujer en el seno del hogar. Pues bien, á corregir en 
parte esta defectuosa educación viene el precioso librito que anunciamos 
y que deseamos sea adoptado como texto en todos nuestros colegios y es- 
cuelas de niñas. Y con esto creemos haber hecho el mejor y más digno 
elogio de la presente obra. — G. Gil. 

Ensayo critico sobre la coeducación de los sexos.— Conferencias da- 
das en la Sociedad médico-farmacéutica de los Santos Cosme y Damián, 
por el doctor D. José Blave y Revet. Imprenta y librería de Primitivo San- 
morti. Barcelona. — Un vol. en 8.°, de 249 págs. 

La falta de una base sólida en la cuestión que han dado en llamar fe- 
minismo, es, sin duda, lo que ha contribuido á los errores legales y peda-' 
gógicos en el estudio de tan importante asunto. El doctor D. José Blave 
con perfecto conocimiento de las normas que deben encauzar este proble 
ma, examina las condiciones psíquicas y físicas en que se desarrolla la in- 
fancia de ambos sexos, para deducir la consecuencia de que los caracteres 
anímicos y fisiológicos difieren en absoluto, siendo, por tanto, imposible 



68 BIBLIOGRAFÍA 

lograr una perfecta armonía de educación de voluntad, de unidad en fines, 
de complemento en desarrollo. Estudia este asunto en el aspecto docente, 
en el orden intelectual y en el fisiológico, y son sus conferencias de trans- 
cendencia innegable y singular valor. — Fernández Núñez. 

Antolín López Peláez.— Vida postuma de un sanio. — El culto á San 
Froilán. — Madrid, Imprenta de los hijos de Gómez Fuentenebro, 1911. — 
Un vol., en 8.°, de 216 páginas: en rústica, ptas. 3. 

El venerable y sabio Prelado de Jaca acomete en esta obra la empresa 
de investigar las manifestaciones de devoción que al ilustre Obispo de la 
antigua Legio se le guardan en el transcurso de los siglos. Su trabajo es 
una prueba más de la constancia perseverante del notable escritor y bravo 
paladín de !a causa católica. La novedad de la obra está en la parte docu- 
mental por el señor Obispo registrada, corregida en determinados casos, 
y enriquecida con datos valiosos, en su mayoría inéditos. — Fernández 
Núñez. 

Arle de Retórica y Poética, por D. Joaquín Espor, Presbítero. — Cuarta 
edición notablemente reformada por el Licenciado D. Ramón Qiner, Pres- 
bítero, profesor del Seminario de Urgel.— Barcelona. Herederos de Juan 
Gili. 1912.— Un vol., en 8.°, de 496 págs. En tela, ptas. 5. 

El trabajo de D. Joaquín Espor, continuado por el culto profesor señor 
Qiner, es acreedor á todo elogio. Texto completo de Retórica y Poética, 
con ejemplos escogidos de las Sagradas Escrituras y clásicos españoles de 
los siglos XVI y XVII. Su corrector ha prestado un valioso servicio á los 
Institutos, Escuelas y Seminarios con la nueva edición de esta obra, cuyo 
éxito será idéntico al de los anteriores. — Fernández Núñez. 

LIBROS RECIBIDOS 

El Magistral de Sevilla.— ¿Cuál es el mal mayor y el mal menor? — Un 
volumen, en 8.°, de 326 págs.— Bilbao: Imp. y encuad, de la «Editorial Viz- 
caína».— Una peseta. 

Mgr. de Keppler, Eveque de Rottemburg. — La Prédication contempo- 
raine.—Pensées et Conseils homiletiques— Un vol, en 12°, de 140 págs. — 
París: P. Lethielleux, 10, rué Cassette.— 2 francos. 

Dolores Monserdá de Maciá. — Montserrat— Barcelona: Tipog. Cató- 
lica, Pino, 5, 1912.— Un vol. de 230 págs., 21 X 23.— 2,50 ptas. rústica, 
y 3,50 en tela. 

Ángel Ruiz Pablo. — El Ultimo Hidalgo.— Barcelona: Librería Católi- 
ca, Pino, 5, 1912.— Un tomito, 17 X 11.-0,50 ptas. en rústica y 1 peseta 
en tela. 



BIBLIOGRAFÍA 69 

Ludwig Baiur.—Cfiarakterbildimg.—lJn vol. en 8.° (xn -h 124 págs.). 
Freiburg im Brisgovia. — B. Herder, editor, 1912.-1,50 marcos en rústi- 
ca, y 2 marcos en pasta. 

Otto Braunsberger (S. J.).— Pius Vunddic deutschen Katholiken. — 
Freiburg im Brisgovia, 1912.— Un vol. en 8.° (vm ■+- 122 págs.).— 2,4G 
marcos en rústica. 

Dr. Hub. Lindemann. — Florilegium hebraicum.—Freiburgjm Brisgo- 
via, 1912.— B. Herder.— Un vol. en 8.° 4 (xn -+- 216 págs.).— 2,70 marcos 
ó 3,40 francos en rústica, 2,20 marcos ó 4 francos encuadernado en tela. 

Ensebio Hernández y Félix Restrepo (S. J.).— Llave del Griego.— Frei- 
burg im Brisgovia. — B. Herder, 1912. — Un vol. en 8.° (xxiv -f- 563 págs.). 
Encuadernado en tela, 10 francos. 

Antolín López Peláez, Obispo de Jaca.— ¿os siete pecados capitales.— 
Freiburgo de Brisgovia.— B. Herder, 1912.— Un vol. en 8.° (ív — 220 pá- 
ginas). — 2,25 francos, en rústica; 3 en tela. 

Dr. S. S. L. — Verdadera explicación de la concupiscencia, sus causas, 
efectos y remedios.— Luis Gilí. — Barcelona, 1912. — Folleto de 11,5x19 
centímetros, de 48 págs. — En rústica, 0,30 ptas. — Por correo, certificado, 
0,60 ptas. 

T. A. M. G.— Verdadera práctica de la devoción al Sagrado Corazón 
de Jesús para uso de sus devotos.- Luis Gili.— Barcelona, 1912.— Un vo- 
lumen, de 11,5 x 19 cm., de xvi 328 págs.— En rústica, ptas. 2; elegante- 
mente encuadernado en tela inglesa, ptas. 3.— Por correo, certificado, pe- 
setas 0,35 más. 

Joan. Cardin. Bona, (O. Cist.).— Opuscula ascética selecta— B. Her- 
der.— Freiburg im Brisgovia. — Un vol. en 1 2 " (xiv -h 336 págs.).— En 
rústica, marcos 3,30; francos 4,15; encuadernado en tela, con lomo de 
piel, marcos 4,30; francos 5,40. 

L. Rouzic— Lajour.iée sanctifizé.—P. Lethielleux, editeur, 10, rué Cas- 
sette, París.— Un vol. en 12°.— Francos, 3,50. 

P. Pr. Malige, des Sacres Coeurs.— La Vie Spirituelle ou l'itineraire de 
lame á Dieu.— París, P. Lethielleux, editeur, 10, rué Cassette. — Rome: 
Fr. Pustet, libraire, piazza S. Luigi de Francesi, 33-33. a — Tres vols. en 8.° 
Francos, 10. 

— A. Cabrera.— El concepto de tipo en Zoología y los tipos mamíferos 
del Museo de Ciencias Naturales.— Trab. del M. de C. N., núm. 3.— Ma- 
drid. Imp. de Fortanet, 1912.— Un foil., en 4.°, de 32 págs. 

—A. Martínez y Fernández Castillo. — Anatomía é histología del Oc- 
nerodes Brunerii.—Trab. del M. de C. N., núm. 4.— Madrid. Imp. de For- 
tanet, 1912.— Un foll., en 4.°, de 40 págs., con 22 grabados. 



70 BIBLIOGRAFÍA 

—Marcelino Nava Delgado. — Preces ante el Crucifijo.— Ejercicios pia- 
dosos dedicados á Jesús Crucificado.— Un librito con 550 págs. encuader- 
nado. — Valladolid. Imp. y Casa edit. Cuesta. 

— Galería moral de obras escénicas, por el P. Manuel Sancho, Merce- 
dario.— La manía literaria (comedia en dos actos). Precio: 0,75 ptas. — Los 
reclutas (zarzuela en un acto); letra, 0,75 ptas.; música, 6 ptas.— Eleccio- 
nes (zarzuela en dos actos); letra, 0,75 ptas.; música, 6 ptas.— Las muñecas 
(zarzuela en un acto); letra, 0,75 ptas.; música, 2 ptas.— ¿a envidiosa (zar- 
zuela en un acto); letra, 0,75 ptas.; música, 4 ptas. — Las mentirosillas (co- 
media en dos actos); á 0,75 ptas. — Eugenio Subirana, edit. Barcelona, 1912. 

— Manuel Jiménez Catalán.— Apuntes para una Bibliografía Ilerdense 
de los siglos XV al XVIJI.— Barcelona, 1912.— Tip. «L'Aveng», Rambla 
de Cataluña, 24. — Un vol., en 8.°, con 303 págs. y xxvi láminas. 

—Javier Fages de Climent. — Política de Balmes. — Prólogo del excelen- 
tísimo Sr. D. Alejandro Pidal. -Un vol., en 8.°, con xvn y 175 págs. — Pre- 
cio: 2 ptas. — Luis Gilí. Barcelona, 1912. 

— José Magaña y Seminario, Pbro. — Exposición de las Rúbricas del 
nuevo Salterio y cuadros indicadores para facilitar el uso del mismo.— 
Un vol., en 8.°, con 135 págs., 1,50 ptas. en rústica, y 2,25 en tela. Por co- 
rreo, 10 céntimos más.— E. Subirana, edit. y lib.— Barcelona, 1912. 

— Sir John Lubboch.— Municipalización y Nacionalización de los ser- 
vicios públicos. — Traducción de la tercera edic. inglesa por José Pérez 
Hervás. — Un vol., en 4.°, de 200 págs. —Precio: 3,75 ptas. en rústica, y 5 
encuadernado en tela inglesa. — E. Subirana, edit. — Barcelona, 1912. 

—Daniel Jiménez de Cisneros.— Geología y prehistoria de los alrede- 
dores de Fuente Álamo (Albacete.) — «Trabajos del Museo de Ciencias Na- 
turales.» Núm. 2.— Un foll., en 4.°, de 26 págs.— Madrid, 1912.— Imp. de 
Fortanet, Libertad, 29. 

— Vida de la Beata Margarita María Alacoque, de la Orden de la 
Visitación, por una Religiosa de la misma Orden. — Friburgo de Brisgo- 
via. B. Herder, librero pontificio. 1912.— Volumen, en 12.°, de xiv-f-260 
págs. En rústica, francos 2,75; en tela, 3,50. 

— Georges Goyau.— Aspectos del Catolicismo social. — Madrid. Sa- 
turnino Calleja. Valencia, 28.— Un vol. en 4.°. En rústica, pesetas, 3; en 
tela, 4. 

—Semana social de España. Quinto curso. Barcelona, del 27 de No- 
viembre al 4 de Diciembre de 1912. — Barcelona. Acción social popular. 
Duque de la Victoria, 12. 1912.— Precio: ptas., 8. 

—Luis Fernández de Retana, redentorista.— Compendio Histórico-cri- 
tico de la Literatura castellana.— Casa editorial de Saturnino Calleja. 



BIBLIOGRAFÍA 71 

Valencia, 28. 1912. Madrid.— Un vol. de 142 págs. en 4.° Ptas. 1,50, pasta 
al cromo; 2,56 en tela. 

—Zacarías García Villada, S. F.— Metodología y crítica histórica.— 
Volumen de 250 págs. — Tipografía Católica. Pino, 5. Barcelona, 1912.— 
2,50 ptas. rústica, y 3 en tela. 

—Gumersindo Santos Diego.— Tierras de pan llevar. -Salamanca. 
Imprenta de Calatrava. 1912. — Un vol. de vm -h 142 págs.— Ptas., 2 en 
rústica. 

— P. Ambroise de Lomber. — Traite de la Paix interieure.— París. Li- 
braire St. Francois; 4, rué Cassete. 1912.— Un vol., en 12.°, de xx 4- 340 
páginas. 

—A Gemelli, O. F. M. — La Lotta contro Lourdes. — Firenze. Librería 
editrice ñorentina. 1912. — Vol. en 4.° de vm + 364 págs.— Precio: 4 liras. 

—A. Gemelli, O. F. M. — Ció che rispondono gli awersari di Lour- 
des. — Firenze. Librería editrice fiorentina. 1912. — Un vol., en 4.°, de 232 
págs. Precio: 3 liras. 

—A. Gemelli, O. F. M.—Non moechaberis.—F\orenüa.e. Librería edi- 
trice florentina. 1912.— Un vol., en 4.° dexx-f-270 págs.— Precio: liras 4. 

—A. Brass.— A. Gemelli.— La Falsificazioni di Ernesto Haekel. — Fi- 
renze. Librería editrice florentina. 1912. Un vol., en 4.°, de 190 págs. — 
Precio: liras, 2,50. 

— A. Gemelli, O. F. h\.—Recentí scoperte é recenti teorie nello studio 
delí origine dell' nomo.— Firenze. Librería editrice fiorentina. 1912.— Un 
vol., en 8.°, de 110 págs.— Precio: liras, 0,75. 

— G. A. Elrington.— Le Leggi dell' Ereditá. — Firenze. Librería editri- 
ce fiorentina. 1912.— Un foll., en 8.°, de 50 págs. — Precio: liras 0,75. 

— Bohdan Rutkievricz.— // Psicomonismo o Monismo Psicobiologico. 
Firenze. Librería editrice fiorentina. 1912.— Un vol. de 98 págs.— Precio: 
Jiras 0,75. 



CRÓNICA GENERAL 



Madrid-Escorial, 3 de Octubre de 1912. 



EXTRANJERO 

La resolución adoptada por Francia de concentrar todas sus fuerzas- 
navales en el Mediterráneo, ha producido enorme sensación en toda Euro- 
pa. Italia ha recibido el golpe con relativa calma; pero todos los comenta- 
rios giran en torno del asunto, y lamentan que Francia vaya aumentando 
las distancias y cavando el abismo que ha de dar al traste con la fraterni- 
dad y unión de la raza latina, en algún tiempo soñada é inspirada por Fran- 
cia. La decisión adoptada por el Gobierno francés se considera en Italia 
inoportuna y mucho más sentida en estas circunstancias preliminares de 
una paz que Turquía está deseando y que, por v tanto, había de ser de pro- 
vecho á la nación italiana. No es, por tanto, de extrañar que el pueblo ita- 
liano considere la concentración naval francesa como una amenaza de 
intervención ó, cuando menos, una presión, para que Italia no saque de esa 
paz más que el fruto que no se oponga á las conveniencias de Francia y de 
la Gran Bretaña. 

El problema, dice un periódico, tiene dos aspectos: el puramente naval 
y el político. Considerando sólo el problema naval, se ve desde luego que 
la situación no ha cambiado nada. En caso de una guerra, Francia, en tres 
días, hubiese llevado sus tres escuadras al Mediterráneo para oponerlas á 
las de Italia y Austria, y todo hubiese sido cuestión de tres días de retraso 
en las operaciones. El asunto de la concentración es, pues, un problema 
esencialmente político. Ese hecho demuestra que Inglaterra y Francia han 
llegado, al fin, á un completo acuerdo naval, por el cual la última se com- 
promete á la defensa de los intereses de ambas en el Mediterráneo, mien- 
tras las costas francesas del Canal y del Atlántico quedan bajo el amparo 
de las fuerzas marítimas inglesas. 

Este suceso, unido á la convención naval reciente franco-rusa, da á en» 



CRÓNICA GENERAL 73 

tender que entre las tres potencias de la «Triple Entente» se van precisan- 
do más cada día acuerdos que se relacionan con sus planes políticos y mi- 
litares. La llegada á Londres del ministro del Exterior ruso, Sazonoff, y su 
próxima marcha á París, anuncia que estos asuntos siguen tratándose entre 
las tres naciones, y que el acuerdo puede ser bien pronto total y definitivo. 

¿Qué es lo que ha podido intensificar hasta ese punto la unión de las 
tres potencias? La guerra italo-turca no basta para explicarlo, aunque sí es 
una de las causas suficientes porque ha removido los graves asuntos de 
Oriente y ha agudizado sus latentes conflictos. Esto y el incesante creci- 
miento de la escuadra alemana constituyen los poderosos motivos que tie- 
nen lastres naciones para ir convirtiendo su «entente» en una verdadera 
alianza. 

Más que nunca se impone á Italia el definir su política en el Mediterrá- 
neo, para no encontrarse aislada cuando llegue el momento de verdadera 
necesidad. Por no haberse hecho caso al célebre Cialdini, entonces emba- 
jador en París, que aconsejaba á los poderes italianos en 1S79 la alianza 
con Alemania, se encontró aislada Italia, y pudo ir cómodamente Francia 
á Túnez algunos años después. Así quedó Italia desposeída de la tierra 
africana más próxima, y en la formidable Bizerta tiene hoy Roma enfrente 
una nueva Cartago. 

Desde luego es un contrasentido lo que proponen algunos periódicos 
franceses. Italia puede hacer una política militar de acuerdo con Alemania 
y Austria y otra naval en unión de la «Triple Entente». Eso sería no hacer 
política de ninguna clase, ó en todo caso una política suicida, sospechosa, 
que le restaría el apoyo de ambos grupos de potencias. 

Pero Italia se encuentra hoy en momentos críticos para lanzarse re- 
sueltamente por un camino, pues para obtener una paz provechosa que 
colme sus aspiraciones y recompense sus sacrificios no puede ponerse re- 
sueltamente en contra de unas ó de otras. 

La cuestión mediterránea no es, además, en la actualidad un problema 
aislado, sino que forma parte integrante del problema europeo. 

El antagonismo entre Inglaterra y Alemania, cada día más creciente, ha 
formado bloque con el odio de Francia á su enemiga tradicional, y france- 
ses é ingleses no sólo han ligado sus políticas mediterráneas, sino toda su 
política internacional. 

Italia hará bien en no decidir antes de la paz; pero es seguro que, con 
ocasión de esa misma paz, las circunstancias han de fijar su proceder 
futuro. 

—Al ocuparnos en otras ocasiones de la política inglesa, habíamos in- 
dicado la situación de los partidos, cuestiones que los agitaban, entre las 



74 CRÓNICA GENERAL 

•cuales figura él home rule defendido por el partido liberal como un com- 
promiso con los irlandeses y rechazado por los conservadores, porque al 
fin y al cabo, este partido es el de los grandes capitalistas expoliadores de 
Irlanda. A la oposición oficial del partido conservador hay que añadir la 
de los propietarios irlandeses, todos protestantes y opresores de aquel 
pueblo infeliz que lleva algunos siglos de sufrimiento continuo sin que 
por lado alguno vea la manera de sacudir la opresión. Los ingleses, expe- 
ditivos siempre en sus procedimientos, han formado Ligas, se han armado 
de carabinas y se disponen á luchar á tiro limpio contra el home rule. De 
manera que el régimen constitucional inglés, régimen de mayorías y pro- 
totipo de lo racional y equitativo, es tolerado mientras favorece á los in- 
gleses, de lo contrario, se le recibe á tiros. Y para que no se crea exagera- 
do, véase el pacto firmado por los habitantes de Ulster: 

«Estando convencidos en nuestra alma y conciencia, que el home rule 
será desastroso para el bienestar material del Ulster, así como para el resto 
de Irlanda, subversivo para nuestra libertad civil y religiosa, destructor 
para nuestro civismo y peligroso para la unidad del Imperio, los abajo 
firmantes, hombres de Ulster, leales subditos de Su Graciosa Majestad, el 
rey Jorge V, contando humildemente con la voluntad de Dios, en quien 
nuestros padres depositaban toda su confianza en los días de peligro y de 
prueba, nos comprometemos por este pacto solemne y mientras duren las 
calamidades que nos amenazan, á apoyarnos mutuamente, para defender, 
en interés de nosotros mismos y de nuestros hijos, la amada parte de igual- 
dad cívica en el Reino Unido y á servirnos de todos los medios que pue- 
dan ser necesarios para vencer la actual conspiración encaminada á esta- 
blecer un Parlamento de home rule en Irlanda. 

En caso de que dicho Parlamento nos sea impuesto, nos compromete- 
mos solemne y mutuamente, á no reconocer su autoridad.» 

Las mujeres de Ulster han firmado un pacto análogo, comprometién- 
dose á luchar por todos los medios posibles, contra el establecimiento del 
home rule. 

Por lo demás, no necesitan los habitantes de Ulster molestarse mucho, 
porque según todas las probabilidades, los conservadores volverán muy 
pronto, y entonces nada tienen que temer de los irlandeses. Serán poder 
en Marzo de 1913, ó quizá también antes, 7^ cree que implantarán el 
régimen proteccionista, que con el nombre de Tariff Rejorm es lo más 
substancial del programa de conservador. Pero no solamente habrán de 
sentir los irlandeses la subida de los conservadores al poder, también los 
alemanes habrán de acompañarlos en el sentimiento; pues dicho arancel 
perjudicará mucho á la industria alemana. Un miembro de la Dieta Pru- 



CRÓNICA GENERAL 75 

siana, Hermann Von Balh, ha estudiado la influencia que ejercería en di- 
cha industria la aplicación de esta doctrina conservadora y, según parece, 
las consecuencias no pueden ser más desastrosas; pero las quejas alema- 
nas no han de influir demasiado en los designios imperialistas del partido 
conservador británico. Una Comisión está elaborando reposadamente el 
arancel y es muy probable que antes de mucho tiempo se halle implan- 
tada. 

—Es curiosa, mejor dicho, es consoladora la determinación adoptada 
por la Federación de mineros en el Congreso Tradiunionista de Neu*port. 
En dicha Asamblea se votó en favor de la instrucción religiosa en la es- 
cuela, dando así una franca repulsa á todas las teorías seudo-científícas 
que habían pretendido sustituir la religión. En 1906 y 1907 estaba todavía 
muy de moda el excluir la religión de la escuela. En el Bravante funciona- 
ban unas Ligas que editaban folletos inspirados en la idea completamente 
irreligiosa y que después se extendían por los Casinos socialistas de Co- 
penhague, Bucharest, Manchester, etc., anunciando siempre á plazo fijo la 
muerte de los dioses; pero desde entonces acá las cosas han cambiado 
mucho, y uno de aquellos publicistas ingenuos que recuerda mucho el 
desencanto que precedió á la conversión de Adolfo Reté, lo dice muy cla- 
ramente: 

«Necesitamos algo que nos consuele de haber nacido y de tener que 
morir. Hoy por hoy, la ciencia no nos consuela, y es muy posible que no 
nos consuele nunca. Pero no sigamos la digresión. Hay un hecho vivo, 
que deseamos recoger. Toda una Federación de mineros, que antes fué 
laica, vota la enseñanza religiosa. Y la votación ha sido compacta, pues los 
votantes representan á 550.000 trabajadores. Los ojos, invariablemente, se 
vuelven á Dios.» 

— Los ingleses, que siempre han tenido perfecta noción de lo que les 
conviene, continuamente están pensando en su Marina. No ya el Gobierno, 
hasta los particulares se preocupan de ese problema. 

Un antiguo oficial de la Marina, Lord Ellenbourg, ha entregado á la 
revista militar y naval The United Service Magazine, cien libras para que 
se premie el mejor trabajo sobre este tema: «Cómo influirían en el resul- 
tado naval: 1.°, la neutralidad de Irlanda; 2.°, la hostilidad de Irlanda.» 

El día 12 de este mes, el superdreadnougt Iron Duke va á ser lanza- 
do y bautizado por la duquesa de Wéllington. En seguida se construirá un 
superdreadnought de mayores dimensiones. Estará armado ds diez caño- 
nes poderosos, defendido por corazas espesísimas, y también protegido 
contra los proyectiles de los aeroplanos. El primer Upo dreadnought era 
de 17.000 toneladas; el Iron Duke, de 26.000; el extrasuperdreadnought, 
de 33.000. 



76 CRÓNICA GENERAL 

— El conflicto ferroviario, que tantos perjuicios amenaza causar á la na- 
ción, no nos permite informarnos de la aguda situación de Europa en 
las circunstancias actuales, de la guerra europea que se está incubando 
para un plazo cortísimo; guerra espantosa á la cual no permanecerá indi- 
ferente quizá ninguna nación europea, y en la cual nuestra pobre España, 
sin provecho alguno, sin interés pasional de ningún género, se ve arras- 
trada cuando aun no se ha convalecido de la espantosa catástrofe de 1898r 
La costumbre de oir hablar continuamente del odio que se profesan Ingla- 
terra, Francia y Alemania ha hecho pensar á muchos que todo eso no era 
más que una cantinela pesimista, muy á propósito para mantener las ilu- 
siones líricas de algunos desocupados; pero que tarde ó nunca llegaría á 
ser un hecho. La razón que todos alegan, sin entrar en detalles, es que In- 
glaterra y Alemania se tienen miedo, que el peligro socialista lo estorba, 
que la complicación del comercio y la industria moderna son un óbice 
poderosísimo para la guerra, y que la amenaza, siempre en alto, se ha re- 
suelto al fin y á la postre por un abrazo diplomático; pero, es el caso que 
en los momentos actuales, hay datos que resultan verdaderamente agra- 
vantes. 

Cuando el año anterior Alemania reclamó de Francia su parte en el 
botín de Marruecos, y se tuvo en algún tiempo por segura la guerra entre 
Francia y Alemania, se vio muy claramente la delicada situación de las co- 
sas, pues ninguna de las naciones quedó satisfecha de su posición. 

Francia quedó humillada; porque, sin regateos, hubo de entregar cuan- 
to se le pedía, y Alemania no quedó tampoco bien parada ante la sombra 
fatídica de Inglaterra, que la obligó á envainar su espada y retirarse á sus 
cuarteles. A raíz de aquel tratado, públicamente afirmó el kaiser que era 
necesario aumentar la Marina; es decir, que entonces clarísimamente hu- 
bieron de manifestar los alemanes su miedo á la Marina inglesa, y, por 
consiguiente, su temor á un fracaso. Desde aquella fecha los aconteci- 
mientos se han precipitado; Poincaré ha realizado su viaje á Rusia, sin 
querer pasar por Alemania: á consecuencia de eso se ha concertado la 
alianza marítima de Rusia y Francia. Sazonoff, con gran sorpresa del Im- 
perio alemán, se ha presentado en Londres, y en las grandes maniobras de 
otoño en Francia se han reunido generales prestigiosos de Inglaterra, y el 
generalísimo de Rusia. En periódicos y revistas no se habla de otra cosa 
que de la futura guerra como de algo inevitable, de puntos estratégicos y 
de planes de campaña; pero lo que más ha impresionado es la traslación 
de toda la escuadra al Mediterráneo. 

Eso indica, según algunos, la inminencia del choque; pues todo el mun- 
do sabe que con esa medida se perjudica al comercio del Oeste y Norte de 



CRÓNICA GENERAL 77 

Francia, y como para el traslado de dicha escuadra al Sur no se necesitan 
más de tres días, hace creer que Inglaterra y Francia se han entendido en 
todos los puntos, y así lo dicen claramente los almirantes franceses: Ingla- 
terra defenderá el Atlántico y los mares del Norte y Francia combatirá con 
Italia y Austria en el Mediterráneo. Por de pronto, Italia ha recibido muy 
mal la determinación de Francia, viendo en ella una amenaza. Y á todo esto 
Servia, Grecia, Bulgaria y Montenegro movilizan sus ejércitos en contra de 
Turquía; es decir, que se está complicando la maraña internacional de tal 
modo, que el choque habrá de ser formidable y no tardando mucho, por- 
que Inglaterra no puede esperar á que Alemania tenga una escuadra po- 
derosa. Hoy puede luchar Inglaterra con ventaja, dentro de algunos años, 
muy pocos, ya no le será posible. Y á todo esto, nosotros, que estábamos 
esperando ver nuestra pequeña escuadra, como una esperanza débil de un 
resurgimiento futuro, nos vamos á encontrar con que esos acorazados fla- 
mantes y nuevos han de ir, apenas nacidos, á la muerte, pues tanto signifi- 
caba el empeñarnos en una lucha formidable y en la cual no nos ha de to- 
car más que obedecer. Y todo, ¿para qué? Pues para defender á Francia, 
que no nos puede ver, y á Inglaterra que tanto daño nos ha causado. 

— Ha sido muy comentada la muerte del general Noghi, quien se ha 
suicidado como un tributo á la memoria del difunto emperador del Japón. 
En un principio se creyó que era el testimonio de un cariño salvaje; pero 
después se ha sabido que es una bárbara costumbre del Imperio. Después 
de los funerales se reunió el Consejo de ancianos y trataron de cumplimen- 
tar la costumbre de darse muerte uno de los antiguos servidores del Mika- 
do, en prueba de adhesión al trono; se ofrecieron todos, y entonces hubo 
que echar á suerte la fatídica resolución, tocándole á Noghi el suicidarse. 
Al día siguiente":fué el Consejo á entregarle la espada tradicional, y con ella 
se abrió el vientre muy tranquilo, y con él se suicidó también su esposa. 
A esa costumbre se le llama el ara-kiri, y conforme á ella se han suicidado 
tantas personas en poco tiempo, que se ha visto precisada la Policía á in- 
tervenir. Esa es la civilización japonesa, brillante por fuera, provista de 
cañones y acorazados, é inmensamente bárbara por dentro. Ha tomado de 
Europa el progreso material, la industria y el comercio; pero no la levadu- 
ra del cristianismo, de la cual, á pesar de la incredulidad, está impregnado 
el catolicismo. 



78 CRÓNICA GENERAL 

II 

ESPAÑA 

La cuestión ferroviaria ha relegado la política completamente á segun- 
do término. Vagamente se llega á saber que Moret ha venido ya del Ex- 
tranjero; que Montero Ríos continúa en su invernadero de Lourizán y 
Cambó sigue terne que terne con sus mancomunidades; lo que preocupa 
á toda la nación es el conflicto ferroviario, y ciertamente merece toda la 
atención, explica toda inquietud acerca del asunto; pues dicha huelga, si 
llega á plantearse, paraliza toda la vida de la nación. Resulta muy difícil el 
determinar hasta qué punto tienen razón los obreros; pues aun concedien- 
do que las Compañías han realizado enormes gastos, y que los productos 
no son suficientes á resarcir aquellos gastos, ni mucho menos á producir 
la ganancia á que tiene derecho el patrono, el cual, al fin y á la postre, no 
es más que un obrero de orden más elevado, todavía quedan puntos obs- 
curos, no suficientemente declarados. Sea por espíritu de lucro, sea porque 
el negocio no produce lo suficiente, es lo cierto que los empleados de fe- 
rrocarril están sobrecargados de trabajo, y debido á la organización de las 
comunicaciones, se hallan convertidos en verdaderas máquinas de explo- 
tación, siempre en movimiento y sin medios de recibir alguna enseñanza 
de orden elevado. Se explica, pues, que resulten materia apta para cual- 
quier acto de rebeldía. Son hombres como lo demás, tienen las mismas 
aspiraciones, tienen, en una palabra, un alma que salvar y que no se satis- 
face con un salario, y en la complicada marcha del movimiento ferroviario 
las Compañías no atienden á ello. 

En el caso presente, los intereses del Estado se hallan sobre los intere- 
ses de las Compañías y de los obreros; pero, al resolver el conflicto, se debe 
prever lo futuro, y para ello sería muy conveniente que las Compañías 
imitasen en lo posible el método que emplea la Trasatlántica con sus obre- 
ros. El conflicto se ha venido incubando hace tiempo á ciencia y paciencia 
de las Compañías y del Gobierno. El socialista Barrios viene desde hace 
dos ó tres años organizándolos en Sociedad de resistencia, sin que se le 
hayan puesto cortapisas (hemos de añadir que esta campaña se ha realizado 
por culpa exclusiva de los Gobiernos). Se ha formado un Comité central, 
y últimamente, á principios de verano, se celebró un Congreso en el cual 
unificaron todas sus fuerzas y formularon peticiones, cuya justicia no he- 
mos de discutir ahora. Después, si difundió la noticia de que los catalanes 
pensaban ir á la huelga, se manifestó discrepancia entre el Comité central 
que no deseaba la huelga, y los catalanes, cuya dirección tenía Ribalta, y 
éstos sin más se retiraron del trabajo, el Gobierno sustituyó los empleados 
con la fuerza armada, y en un principio se creyó poder circunscribir la 



CRÓNICA GENERAL 79 

huelga en la región catalana; pero la prosperidad más ó menos aparente de 
la huelga ha contribuido á excitar los ánimos, y en Madrid y en provincias 
se ha votado en favor de la huelga, desautorizando así al Comité central 
que, á pesar de todo, no ha dimitido. El Gobierno quiso en un principio 
seguir la táctica empleada con otras huelgas; pero convencido de que eso 
no podía ser, se ha determinado, por fin, á adoptar medidas de energía. Y 
así estamos en la hora presente, esperando que llegue la hora fatal de la 
huelga y esperando también el ver cómo se las compone el Gobierno para 
salir del atolladero. La opinión, si en un principio fué favorable á los huel- 
guistas, hoy h i reaccionado mucho y se puede decir que está en contra. 
Los sueldos de los empleados de ferrocarril son mayores que los de oíros 
empleados similares y más seguros, algunas Compañías apenas reparten 
ganancias, y las que disfrutan de algún desahogo han establecido coopera- 
tivas, economatos, escuelas, pensiones, etc., y la gente se pregunta con 
extrañeza ¿qué quieren los ferroviarios? Si á todo esto se añade que en esta 
huelga pierden no solamente patronos y obreros, sino también la indus- 
tria, el comercio, otras muchísimas personas en fin, que no tienen la culpa 
del conflicto, se comprenderá fácilmente que la huelga no puede pros- 
perar. 



— En medio de todas estas calamidades que suscitan las rencillas de los 
hombres, otra desgracia irreparable ha tenido la familia real, que ha pro- 
ducido hondísimo sentimiento en toda la nación: la muerte inesperada de 
la infanta María Teresa. Había dado á luz con toda felicidad, y cuando todo 
el mundo esperaba que se iba á reponer muy pronto de su cuidado, una 
embolia pulmonar segó repentinamente su vida el 23 de Septiembre, poco 
después de medio día. Era todavía joven, y su continente dulce y modesto 
en grado sumo atraía de una manera irresistible á cuantos llegaron á con- 
templarla, aunque sólo fuera en retrato. No fué nunca amiga de la exhibi- 
ción, ni jamás hizo alarde, aunque podía hacerlo, de cualidades resonan- 
tes, ni su vida ofreció'cosa alguna de particular, y, sin embargo, pocas ve- 
ces se habrá muerto una persona que haya producido un sentimiento tan 
espontáneo y profundo como el experimentado á la muerte de la infanta 
María Teresa. Y es que su virtud, recogida y suave, su caridad inmensa, su 
modestia singularísima, habían transcendido por todos los rincones de la 
nación, como un resplandor de belleza sobrenatural. 

Si la familia real española es un modelo de hogares recogidos y pro- 
fundamente cristianos, según reconoce todo el mundo, el hogar de la 
infanta era el hogar de una santa. Los barrios pobres de Madrid conocían 
muy bien la mano abierta y misericordiosa de la infanta, y de su piedad 
intensamente cristiana, nosotros que la hemos visto acudir todos los meses 
á postrarse de rodillas ante el sepulcro de su padre, podemos dar testimo- 



80 CRÓNICA GENERAL 

nio. En días lluviosos y fríos, en todo tiempo, cuando volvía de un viaje ó 
cuando emprendía una excursión, no olvidaba nunca la visita á los sepul- 
cros de su padre y de su hermana, y todo esto sin aparato, sin pretensiones 
de aparecer, con la fe sencilla y recogida de una pobre aldeana, ella que 
estaba en la cumbre de la sociedad española. Nuestros lectores saben ya 
por los periódicos los detalles de las honras fúnebres que en Madrid y en 
El Escorial hubieron de ser una manifestación imponentísima de duelo. El 
día 24, por la tarde, salió el cortejo fúnebre de la corte, y llegó á El Esco- 
rial á las cinco y media; en el patio de reyes, el prior del Monasterio y la 
Comunidad recibieron el cadáver de la infanta, cuya entrega, una vez he- 
cho el reconocimiento por los monteros de Espinosa, hizo el Ministro 
de Gracia y Justicia, y entre las filas de los religiosos, que entonaban los 
versículos átVMiserere, fué llevado el féretro á la Basílica y colocado sobre 
el trono mortuorio. Una noche estuvo expuesto allí el cadáver, habiendo 
sido velado por los alabarderos, monteros de Espinosa y los religiosos 
agustinos, y que se sustituían cada hora para rezar el salterio. Al día si- 
guiente se celebraron los funerales con asistencia de todo el Gobierno. 
Presidieron las honras fúnebres el infante D. Carlos y el Príncipe D. Luis 
de Baviera en trono colocado en la nave central, al lado del Evangelio; de- 
trás del trono se colocaron numerosas Comisiones que vinieron de Madrid; 
al lado de la Epístola se hallaba el banco del Gobierno y las autoridades 
de Madrid. Terminada la misase llevó el cadáver al panteón, y el duelo se 
despidió en la puerta de la Basílica. 

Por disposición de la infanta no se colocaron coronas, se vistió su cuer- 
po, sin embalsamar, con el sencillo hábito del Carmen, y como recuer- 
do único del mundo, llevaba su anillo de boda, cumpliendo la cláusula del 
testamento, que dice así: 

«Acepté el anillo nupcial como testimonio del juramento que hice en 
mi matrimonio de ser eternamente fiel á mi marido. Si al morir yo me lo 
permite, quiero llevar á mi sepultura ese anillo con el juramento que re- 
presenta.» 

Muchísimos detalles se pudieran añadir que demostrarían más y más 
la acendrada virtud de la infanta María Teresa, quien supo tener recogi- 
miento y oración mental entre las pompas y trabajos del mundo; pero es 
bien seguro que ahora, como en vida, no quiere la alabanza. Roguemos, 
pues, que Dios le conceda el eterno descanso, el premio que mereció por 
sus virtudes. (R. I. P.) 

P. B. Garnelo. 
o. s. A. 




ESTUDIOS SOCIALES 

¿CÍRCULOS Ó SINDICATOS? 
(continuación) 

vamos á tocar un punto fundamental de los Sindicatos, 
causa y origen de que algunos sean enemigos decididos 
de ellos, otros los miren con algún recelo y todos deba- 
mos proceder con circunspección en la materia. En él se halla la con- 
testación á la cuarta y última pregunta. 

¿Existen verdaderas y serias dificultades en los Sindicatos capa- 
ces de desvirtuar, contrarrestar y quizá anular las indiscutibles ven- 
tajas que les acompañan? Creemos que si, y por eso nos parece 
oportuno dar la voz de alerta; y sin mostrarnos enemigos de ellos, 
desearíamos se refrenasen algún tanto los actuales entusiasmos de 
algunos, que no por ser generosos y levantados dejan de ofuscar á 
veces algún tanto la razón para que sólo vea en el cuadro la luz y 
no se haga cargo de las sombras y manchas que la acompañan. 

Nada tenemos que añadir á lo dicho sobre los fines culturales y 
de asistencia; pero no sucede lo propio cuando de otros se trata. No 
creemos puedan aplaudirse sin reserva esas grandes uniones profe- 
sionales, sean socialistas ó no, que aparecen en el mundo económi- 
co como formidable ejército en disposición de dar la batalla á los 
patronos con cualquier motivo, estimado por ellos como justo, aun- 
que en realidad á veces no lo sea, lo cual obliga á los patronos á 
asociarse también y armarse para la lucha con que se les amenaza; 
Resultando de aqui que los dos elementos necesarios para la pro- 
ducción, el capital y el trabajo, que por necesidad han de aunarse 
para realizar sus fines, viven sólo unidos en el cuerpo, pero con las 
almas distanciadas, con los corazones odiándose; y en estos estados 

La Ciudad de Dios.— Afto XXXII.— Núm. 946. 6 



82 ESTUDIOS SOCIALES 

de ánimo no suele imperar la razón fría y serena, sino sugestionada 
por la pasión del amor á los unos y el odio á los otros, por lo cual 
el motivo más insignificante y de justicia más discutible enardece 
los espíritus, hace saltar la chispa entre polos opuestos y la conflagra- 
ción se verifica; y por si un obrero estuvo poco correcto con el pa- 
trono, ó viceversa, por si un obrero debe ser despedido ó no lo debe 
ser, se llega á veces, bien sea por lock-out ó por huelga, al paro de 
miles de hombres con la correspondiente cohorte de hambre, des- 
nudez y miseria en otros tantos hogares; pérdidas enormes para los 
patronos en especial, y para la Humanidad en general; perturbación 
del orden económico y social; inquietudes y alarmas por todas par- 
tes que paralizan parcialmente la vida social. ¿Puede considerarse 
este estado de cosas como recomendable para la vida normal de los 
pueblos? La paz armada es funesta para las naciones y humillante 
para la civilización humana; pero puede tolerarse cuando de Estados 
distintos se trata, cuya vida es independiente y las relaciones que los 
ligan no son íntimas sino exteriores y escasas; pero en una misma 
nación, en un mismo pueblo, en una misma familia, vivir en una 
paz armada, es decir, vivir juntos, pero ostentando unos y otros las 
armas con que han de acometerse, es verdaderamente horrible, es 
espantoso, es contrario á la Naturaleza; ese estado, como transitorio 
y anormal, puede concebirse, pero como definitivo y ordinario, de 
ninguna manera. 

¿Y qué diremos de la federación de los Sindicatos, constituyendo 
ejércitos formidables de cientos de miles de hombres, fuerza colosal 
que, mal dirigida, puede en un momento dado producir un verdade- 
ro cataclismo en la sociedad, cuyas primeras víctimas serían los mis- 
mos que lo ocasionaron? ¿Es conveniente para la sociedad vivir 
bajo la presión moral de esa amenaza continua de muchedumbres 
organizadas en forma tal, que por acuerdo del Consejo formado por 
unos cuantos individuos de honorabilidad, aveces dudosa (1), y en 



(\) Véase cómo se expresa el secretario general de la C. G. T., de Francia, 
M. Niel, en su carta de dimisión á los miembros del Comité Confederal: 

« 

hoy es evidentísimo que en el seno mismo de la Confederación, hombres anhe- 
losos de dominar no conciben la unión más que aplastando á los que llaman 
sus adversarios ó sus enemigos... 



ESTUDIOS SOCIALES 83 

muchas ocasiones manejados por uno solo, el más audaz por regla 
general, puede dar al traste con la paz y la vida económica de una 
nación ó de una ciudad, sufriendo las consecuencias lo mismo los 
culpables, si los hay, que los inocentes? ¿No es esto una tiranía? ¿No 
es esto un procedimiento propio de civilizaciones rudimentarias, sal- 
vajes? ¿Es que no está la distinción entre los pueblos salvajes y los 
civilizados, en que en aquéllos el más fuerte se impone al más débil, 
y en éstos son amparados los derechos de todos por una autoridad 
pública? ;Es prudente tener almacenados en el alto de una montaña 
cientos de millones de metros cúbicos de agua en condiciones que 
un solo individuo pueda, cuando se le antoje, abrir las compuertas 
y arrasar toda la comarca lanzando sobre ella aquella masa enorme 
de líquido? ¿Sería conveniente el que en los sótanos de las casas 
de una población se fueran almacenando grandes cantidades de 
explosivos, comunicando unos sótanos *con otros para que el día 
que el dueño de todos esos sótanos tuviese algún disgusto con los 
particulares ó con las autoridades, pudiese volar la población? He 
aquí el estado actual de la sociedad con esas grandes Federaciones. 
Recuérdese al ciudadano Pataud, de cuya voluntad pendía el que 
París estuviese á obscuras ó con luz, es decir, que dicha población 
tuviese vida económica y social ó careciese de ella, que los crimina- 
les no pudiesen impunemente realizar sus fechorías ó pudiesen reali- 
zarlas amparados por la obscuridad...; recuérdese asimismo la re- 
ciente huelga minera inglesa, en que los obreros perdieron cientos 
de millones de pesetas, los patronos miles de millones, el Estado 
también muchos millones y algo que no se valúa en millones y vale 
más que ellos. Y si esa huelga continúa medio año, la crisis más es- 
pantosa se hubiese producido, no sólo en Inglaterra, sino en la 
mayor parte de las naciones civilizadas, y el hambre y miseria en 
las clases proletarias, la bancarrota de las Empresas, la ruina de los 
capitalistas, las consiguientes perturbaciones sociales, hijas de la 
miseria que necesariamente siguie á la paralización de la vida eco- 



He chocado con un partido de cínicos (sic), de una intolerancia brutal, de 
una maldad premeditada... 

Hoy, en fin. llegando al colmo de ¡a intolerancia, pretendéis atentar á mi 
libertad de opinión porque en una circunstancia crítica he querido decir la 
verdad al proletariado, toda la verdad.» 



84 ESTUDIOS SOCIALES 

nómica de los pueblos, es decir, mayores desventuras y desastres- 
que si á la vez estallasen todos los volcanes de la tierra, ó se des- 
bordasen los principales ríos del mundo. Podríamos seguir citando 
casos de mayor ó menor importancia, pues los hay innumerables; no 
lo hacemos, porque basta pasar la vista sobre una estadística de 
huelgas y de lock-outs, y cualquiera se dará cuenta de la extensión y 
gravedad del mal, de cómo va creciendo y de los peligros espanto- 
sos que entraña para la sociedad. ¿Puede considerarse como natural 
esta amenaza constante? ¿Puede defenderse como oportuna esta os- 
tentación de fuerzas para ejercer presión sobre los particulares y so- 
bre los Estados? ¿Esta imposición por la fuerza bruta no es lo cono- 
cido en la Historia por las palabras depotismo, tiranía, salvajismo? 
¿No es esta organización federativa crear un poder enfrente del po- 
der del Estado para que una clase social ¡pueda imponer sus deseos 
legítimos ó ilegítimos á todas las demás, á despecho del mismo 
Estado? ¿Esto es defendible en sí, y especialmente si se tiene en 
cuenta la facilidad con que el espíritu de clase se antepone á los in- 
tereses generales, arrojando á las muchedumbres á abismos de bar- 
barie? 

Se dirá que es preciso respetar el derecho innato de asociación. 
Ciertamente debe ser respetado, pero también lo debe ser el de in- 
dependencia de todas las demás clases, tan legítimo como el anterior, 
y que con frecuencia quedaría anulado por la fuerza bruta de las Fe- 
deraciones. No hay en el hombre derechos absolutos; todos deben 
sufrir las limitaciones que el ejercicio de los derechos de los demás 
imponen. La autoridad social, cuya razón de ser está en el bien de 
la colectividad en general y de los individuos en particular, para 
que tanto los débiles como los fuertes en ella encuentren el amparo 
de sus derechos, tiene también los suyos y de orden más elevado 
que los de los particulares; y, por consiguiente, toda institución en- 
tre cuyos fines esté el desconocerle ó mermarle esos derechos, es 
contraria al Derecho Natural. Este impone la armonía en todo, que 
el hombre se rija por la razón y no por la fuerza bruta, y que haya 
en toda sociedad una autoridad encargada de velar por el respeto á 
los derechos de todos y de determinar en quién se encuentran cuan- 
do sobre el particular surjan dudas. 

Se podrá creer que las razones anteriores no son aplicables á 



ESTUDIOS SOCIALES 85 

1os Sindicatos cristianos y á sus Federaciones. Veamos lo que hay 
-en la materia. 

Cierto que todos los cristianos deben admitir la necesidad del 
orden social mantenido por la correspondiente autoridad y la obli- 
gación de respetarla y obedecerla en el ejercicio de su ministerio, 
pero no olvidemos jamás que una cosa es la teoría y otra la práctica, 
que una cosa es reconocer la obligación y otra cumplirla, y especial- 
mente cuando de colectividades se trata, donde siempre abundan más 
los débiles morales, casi enfermos, que los de espíritu robusto con 
fuerzas espirituales bastantes para nunca separarse del cumplimiento 
del deber conocido. Y hay todavía otra circunstancia muy digna de 
tomarse en cuenta, y es que los Sindicatos necesariamente se han 
de hallar formados por personas en su mayoría de poca cultura, y 
por consiguiente incapaces de discernir por sí mismas dónde se 
halla la razón en las cuestiones jurídico-sociales que suelen ven- 
tilarse cuando estallan los conflictos entre patronos y obreros: por 
lo cual es probabilísimo que el interés propio y el de la clase sean 
la norma de sus acciones. Claro está que si á esto se añade la su- 
gestión de alguno de los compañeros, que nunca faltan, que busca 
la popularidad para conquistar los primeros puestos en las anuales 
elecciones, la desorientación es casi segura. Estos ambiciosos popu- 
lares conocen muy bien la psicología de las muchedumbres, y por 
eso al dirigirse á ellas lo hacen halagándolas, defendiendo siempre 
lo más agradable para ellas, aunque esté reñido con la justicia, el 
bien general y la paz social. 

Por eso sostenemos que aun supuesto el carácter cristiano en el 
Sindicato no lo conceptuamos como una institución social superior 
hacia donde debe dirigirse la acción católica. Si acaso, podría defen- 
derse como un mal menor en las actuales circunstancias, sostenible 
sólo mientras éstas duren. Y conste que losSindicatos cristianos se en- 
cuentran hoy en circunstancias extraordinariamente favorables para 
su desarrollo, para su organización y buena marcha, para que la paz 
y el orden reine dentro de ellos é irradie al exterior procediendo con 
prudencia y cordura en sus relaciones con el capital. La causa de 
estas circunstancias favorables está en el carácter actual de los Sindi- 
catos socialistas y en general en las Asociaciones obreras de resis- 
iencia. Hoy se ejerce en la mayoría de esos Centros una verdadera 



80 ESTUDIOS SOCIALES 

tiranía de conciencia y un despotismo brutal en materias religiosas, 
se hallan informados por la moral laica con todas sus consecuencias 
en los distintos órdenes de la vida, se fomenta en ellos el odio de cla- 
ses y la oposición á la autoridad; por regla general se desdeña, cuan- 
do no se llega hasta el insulto, el patriotismo... En suma, el ambiente 
actual de los Centros obreros socialistas y neutros es un ambiente 
que repugna á algunos trabajadores dignos, conscientes, educados 
cristianamente, amantes del orden, de la moral y de. la verdad católi- 
cas, que desean reclamar sus derechos, pero sin atropellar los ajenos, 
que ni quieren ser odiados ni odiar á nadie, que se rebelan contra 
toda tiranía ejérzase en nombre de la autocracia ó de la democra- 
cia... y, por consiguiente, todos éstos, aunque no sean muchos, pues 
sabido es que lo bueno no suele abundar, al formarse Sindicatos con 
ambiente más sano, más en conformidad con sus ideas, sus senti- 
mientos y sus aspiraciones, irán á formar parte de ellos. Añádase á 
lo dicho qne todas las instituciones sociales católicas como Patro- 
natos, Círculos, Escuelas Nocturnas y de Artes y Oficios... hasta aho- 
ra han tenido estatutos relativamente estrechos, así es que los de ca- 
rácter muy independiente, levantisco y díscolo solían irse ó ser des- 
pedidos quedando sólo los de carácter más apacible, dócil y humil- 
de. Estos irán seguramente en su mayoría á formar en las filas de los 
Sindicatos católicos. No serán muchos, ni batalladores, ni quizás de 
grandes iniciativas; pero harán que en los Sindicatos católicos que 
hoy se formen haya obreros dignos, dóciles á la voz de los Pastores 
de la Iglesia y á los requerimientos de la conciencia, respetuosos para 
con toda autoridad, enemigos de disturbios sociales... Pero nótese 
bien, no debe olvidarse al sacar las consecuencias de los actuales en- 
sayos lo que hay en ellos hoy de circunstancial. El día que las Socie- 
dades obreras neutras cambien de táctica y dejen á un lado sus odios 
sectarios semisocialistas y semianarquistas, ¿qué sucederá? ¿qué nos 
dice la Historia de las instituciones obreras de Inglaterra, donde por 
regla general se ha guardado la neutralidad? ¿Qué significación é 
importancia tienen allí los Sindicatos católicos y cristianos ante la 
fuerza colosal de las Trade-Unions? Es muy difícil que vayan á los 
Sindicatos católicos los obreros cuando en ellos no haya ventaja al- 
guna sobre los neutros, y, por otra parte, en aquéllos se exijan con- 
diciones y se pongan trabas que no se encuentran en éstos. El hom- 



ESTUDIOS SOCIALES 87 

bre de ordinario ama tanto la libertad que la antepone en la mayoría 
de los casos á ventajas y comodidades indiscutibles y de no pequeña 
importancia, por eso, cuando hay dos instituciones similares, por re- 
gla general se escoge aquella donde se ponen menos condiciones y 
trabas á la libertad. Claro está que en esto como en todo hay excep- 
ciones. 

Se defiende la conveniencia y necesidad de las Asociaciones obre- 
ras para evitar las injusticias y atropellos que puedan cometerse en 
los individuos asilados. Es decir, se supone que en las relaciones 
económicas y sociales el débil es avasallado por el fuerte; ahora bien, 
los obreros no son de naturaleza distinta de la de los patronos, y, 
por consiguiente, al sentirse por la asociación más fuertes que ellos, 
según el principio sentado de que el débil sucumbirá bajo el poder 
del fuerte, el obrero atropellará al patrono; y si injusto y repro- 
bable era el atropello del obrero por el patrono, injusto y reproba- 
ble será el atropello del patrono por el obrero. La justicia no distin- 
gue de clases. Se dirá, asocíense también los patronos y la dificultad 
está resuelta. No lo creemos así, pues es imposible nivelar las fuer- 
zas en forma tal, que patronos y obreros queden en condiciones 
iguales para la lucha; y, por consiguiente, en vez de resolver el pro- 
blema no se ha hecho más que agravarlo, pues lo que antes sucedía 
en pequeño entre particulares y sin transcendencia para la vida eco- 
nómica de los pueblos, ahora sucede entre Asociaciones inmensas y 
poderosas, cuyos actos tienen consecuencias tan importantes, que 
pueden hundir en la miseria á las más ricas y prósperas naciones. 

El origen de los atropellos del fuerte sobre el débil está en el 
egoísmo, en el interés particular, en la avaricia... en las malas pasio- 
nes en general. Ahora bien, éstas, al asociarse los individuos, ¿dismi- 
nuyen ó aumentan? Desde luego, al interés de los particulares, que no 
desaparece, se añade el de la clase que á veces llega á extremos in- 
concebibles y con el cual se trata de justificar en ocasiones lo que á 
todas luces resulta injusto. Es también regla general que tanto física 
como moralmente es muy fácil el contagio de las enfermedades y de 
los vicios en las reuniones; y en cambio es imposible la transmisión 
de la salud y muy difícil la de las virtudes á no tratarse de individuos 
y reuniones de condiciones especiales. Esta verdad se halla gráfica- 
mente expresada en el conocido refrán castellano «Todo se pega me- 



88 ESTUDIOS SOCIALES 

nos la hermosura», y alguien ha dicho, con un gran sentido de la 
realidad, «Juntaste al pueblo y lo corrompiste». Efectivamente, en la 
mayor parte de las reuniones populares donde no hay alguna perso- 
na prestigiosa, cuya autoridad indiscutible pesa sobre la muchedum* 
bre, se imponen siempre los belicosos, los exaltados, los audaces y 
despreocupados, los menos rectos de conciencia, que como no repa- 
ran en los medios lo encuentran todo sencillo y hacedero; y como las 
muchedumbres de poca culturase parecen á los niños que piensan 
con el sentimiento y se entusiasman con quien les halaga, aunque las 
lleven al precipicio y rechazan á los que con sinceridad honrada les 
impulsan á gustar no sólo lo dulce, sino también lo amargo del de- 
ber, sigúese que las grandes Asociaciones obreras, abandonadas á sí 
mismas, no son elementos de paz y justicia, sino todo lo contrario. 
Por lo tanto, podrá invocarse su necesidad en nombre de otras con- 
veniencias, pero jamás en nombre de la paz social. 

No dudamos que los católicos, partidarios á todo trance de la 
sustitución de los Círculos obreros por Sindicatos con objeto de 
formar organizaciones poderosas, aptas para trabajar con éxito por 
las reivindicaciones obreras, se refieren á algunas de éstas y no á to- 
das; pues si las hubiere injustas, los católicos no podrían apoyarlas. 
Ahora bien, aquí se presenta un problema harto espinoso y compli- 
cado para resuelto por individuos en que la fuerza material está muy 
por encima de la intelectual, el interés propio tanto personal como 
colectivo ó de clase ejerce tiránica presión, y el continuo hablar con 
compañeros acerca de derechos propios y deberes ajenos y nunca 
viceversa, ó sea de deberes del obrero y derechos del patrono con- 
funde, sugestiona y extravía. El problema es el siguiente: ¿son justas 
todas las reivindicaciones obreras? Y en caso negativo, ¿cuáles son 
las justas y cuáles las injustas? Y supuesto que llegasen al discerni- 
miento de unas y otras, cosa verdaderamente difícil, esas masas ar- 
madas para la lucha y con probabilidades grandes del triunfo, ¿sa- 
brían contenerse dentro de los límites de la justicia? Piénsese bien 
esto, y quizá se vea que el cielo de los Sindicatos no es tan puro y 
diáfano como algunos pueden creer, que hay en él nubes que lo 
empañan y aun amenazan tormentas pavorosas. 

Y respecto de la justicia de las reivindicaciones obreras, ahí van 
algunas preguntas. ¿Es justo que el obrero trabaje sólo ocho horas y 



ESTUDIOS SOCIALES 89 

de mala manera, es decir, sin ahinco ni intensidad, mientras el em- 
presario, si no quiere arruinarse, tiene que trabajar dieciséis con ac- 
tividad febril y extenuadora; olvidando estas circunstancias al tra- 
tarse de la remuneración del trabajo? ¿Es justo que al capital, que 
no es más que trabajo acumulado, que procede de la virtud del aho- 
rro, y que es elemento integrante de la producción, se le excluya ó 
menosprecie? ¿Es justo que todos los riesgos, todas las pérdidas, to- 
das las preocupaciones y todos los peligros sean para el empresario 
y en cambio sobre los beneficios se reconozcan los mismos derechos 
á los obreros que á los patronos? ¿Es justo que un obrero pueda dejar 
de ir á trabajar el día que le parezca oportuno y el empresario no pue- 
da despedirle, si así le conviene? ¿Es justo que el obrero pueda aban- 
donar al patrono, si no le gusta ó prefiere trabajar con otro, ó no le 
agradan las formas que usa con él, ó sencillamente, porque así se le 
antoja, y el patrono tenga que aguantar obreros en su concepto in- 
hábiles, díscolos y hasta peligrosos para la buena armonía de todos? 
¿Es siempre justa la demanda de alza de los salarios? ¿Es justo olvi- 
dar el número inmenso de Empresas que se hunden y el peligro que 
todas corren de que un descubrimiento en materias primeras, pro- 
cedimientos de fabricación ó un cambio en los gustos y en los mer- 
cados dé con ellas en tierra y fijarse sólo en las piezas que preparan, 
los obreros, debidas en su parte principal al talento y esfuerzos titá- 
nicos del que los dirige, para luego decir que el patrono se queda 
con el sudor del obrero? ¿Es justo que esas poderosas Asociaciones 
excluyan del trabajo á los obreros no asociados imponiéndose á éstos 
y á los patronos?... Otras muchas y parecidas preguntas pudieran 
hacerse, cuya contestación no es tan fácil como se cree y la justi- 
cia y el bien general que patentizan las dificultades gravísimas de ar- 
monizar con los intereses particulares y de clase del proletariado. 



(Continuará.) 



P. Teodoro Rodríguez. 
o. s. A. 



PUBLICACIONES RECIENTES 

SOBRE LA TEORÍA DE LA EVOLUCIÓN EN ALEMANIA 




"n Profesor de la Universidad de Estocolmo, Wilhelm Leche, 
ha publicado una obra titulada: «El hombre, su origen y 
evolución.» A los partidarios de la concepción monística 
del Universo á lo Haeckel, que son muchos en Alemania, les ha de- 
bido parecer el nuevo libro de perlas para la propaganda de su 
doctrina, pues se han apresurado á obsequiarnos con una traducción 
del mismo en esta lengua. La Casa editorial de Gustavo Fischer, en 
Jena, se ha encargado de la edición. La traducción alemana es de- 
bida á la actividad del Profesor Píate, sucesor de Haeckel en la 
Universidad de Jena, trabajo con el que no dudamos habrá adquiri- 
do nuevo esplendor su celebridad monística á los ojos del maestro. 
No hay para qué decir que, según sus predicciones, la obra está lla- 
mada á tener un éxito colosal. Para convencerse de que todos esos 
elogios no son rnás que artimañas del reclamo, vamos á examinarlo 
de cerca. 

Ante todo hay que hacer constar que no es la ciencia pura, des- 
interesada y sin sistemas preconcebidos la que ha guiado la pluma 
del autor y presidido á la formación de ese conjunto. Para él es 
Ciencia, en el sentido estricto de esta palabra, sólo aquello que pue- 
de proporcionarnos un fundamento sobre el que construir un siste- 
ma ó una teoría de antemano determinada. La Zoología comenzó á 
ser una Ciencia sólo desde el momento en que se asimiló el princi- 
pio de la Evolución, por consiguiente desde los tiempos de Darwin, 
ó mejor aún, unos años antes, en los de Herbert Spencer. La teoría 
monof Hética, según la cual todos los seres vivientes proceden de un 
solo tronco, pugna, según nuestro autor, con el Dogma católico de 
la Creación. Aquí tenemos el fundamento y pudiéramos decir el pe- 



SOBRE LA TEORÍA DE LA EVOLUCIÓN EN ALEMANIA 91 

cado original, que inficiona todo el libro. Ese fundamento es falso, 
en primer lugar, porque de día en día es más discutida y abandona- 
da la hipótesis monofilética; y en segundo término, la admisión de 
una Evolución excluye solamente la creación particular de las dis- 
tintas especies, pero en manera alguna una creación en el mundo 
orgánico, ó del mundo en general con energías intrínsecas para el 
desarrollo de los organismos. Con esta sencilla advertencia, que 
muy bien se le hubiera, podido ocurrir al autor por lo clara y evi- 
dente, cae por tierra todo su fantástico edificio. 

Algunos párrafos merecen critica especial. Así, por ejemplo, 
leemos en la pág. 3: «El pretender en el sistema de ciencias natura- 
les formar un grupo aparte con el hombre, separándole de los de- 
más mamíferos por la sola razón del mayor desarrollo de su inteli- 
gencia, daría derecho á las hormigas, por ejemplo, á exigir un pues- 
to privilegiado respecto á los demás insectos. > A esto contestamos 
sencillamente: el que osa establecer una comparación entre la supe- 
rioridad de la inteligencia humana sobre la de los demás animales 
mamíferos por una parte y la preeminencia del entendimiento de las 
hormigas sobre el del resto de los insectos por otra, nos autoriza á 
pensar del que tal enormidad escribe una de estas dos cosas: ó que 
está persuadido de hablar á ignorantes, que no han de reparar en la 
mayor ó menor exactitud científica de lo que se les sirve, ó que el 
autor mismo se encuentra muy lejos de poseer los conocimientos 
que hay derecho á exigir de uno que pretende pasar por profesio- 
nal y perito en la materia. 

Copiamos de la pág. 51: «Las aves no son en realidad otra cosa 
que reptiles que han adquirido la facultad de volar.» Cuándo y 
cómo han adquirido tan maravillosa facultad, no lo encontramos en 
el libro. Sin embargo, no queremos regatear al autor la posibilidad 
de que así sea, pues es una hipótesis muy común y extendida. En 
cambio, no podemos dejar pasar lo que sigue: «La facultad para el 
vuelo ha sido causa de que la estructura ó conformación del cuerpo 
entero de las aves haya adquirido un grado más elevado de perfec- 
ción funcional.» (Ibid.) Evidentemente se refiere aquí el autor á las 
plumas de las aves consideradas como producto del desarrollo pro- 
gresivo de las escamas de los reptiles: con esto se pretende también 
explicar la elevación de temperatura en la sangre de los pájaros. 



92 SOBRE LA TEORÍA DE LA EVOLUCIÓN' EN ALEMANIA 

¿Significa el pasaje transcrito otra cosa que: «La facultad de volar 
ha dotado á las aves de plumaje y de alas?» No parece sino que en 
Estocolmo se discurre al revés que en los demás países. 

Estos dos parrafitos están tomados del Capítulo segundo, el que 
lleva por título: «El hombre y los animales vertebrados. — Grados en 
el desarrollo de los vertebrados. > De esta segunda parte del título 
ha dicho algo el autor, aunque no haya ahondado mucho en el 
asunto; pero desgraciadamente se le ha quedado en el tintero el pá- 
rrafo ó párrafos correspondientes á la primera. ¿O es que se figura 
acaso haber agotado la materia con la especie de anécdota que lle- 
va el Capítulo por contera: «Ya Linneo colocó al Hombre en la Cla- 
se de los mamíferos. Goethe caracterizó con una expresión feliz y 
profunda las relaciones que existen entre el hombre y los mamífe- 
ros, al llamarlos nuestros hermanos mudos?» ¡Admirable! pero con 
esto no creemos que se agote el tema «El Hombre y los verte- 
brados>. 

«¿Evolución ó Creación?» — se pregunta él maliciosamente más 
adelante, en la pág. 57—. Esa preguntita viene á ser como otra de 
las columnas ó fundamentos completamente falsos en que se apoya 
todo el edificio científico del libro; porque todos sabemos que hay 
escritores católicos que defienden cierta evolución, presupuesta la 
Creación; en una palabra: que esos dos términos no se excluyen ne- 
cesariamente. Otra cosa sería si la pregunta estuviese concebida en 
estos otros términos: ¿Evolución, presuponiendo un principio creador 
en el reino orgánico ó por lo menos en el inorgánico; ó Existenciay 
Evolución de una materia eternamente existente, derivada de la ne- 
bulosa difusa, de una materia, que existe porque sí, sin razón sufi- 
ciente, sin principio alguno creador?» Pero la preocupación monís- 
tica no permite al autor llegar á plantear con tal claridad el estado 
preciso de la cuestión. Lo que él quiere es hacer desaparecer de una 
vez para siempre la idea de la Creación, sustituyéndola por la de la 
Evolución. 

El capítulo sobre «El testimonio de los seres orgánicos extingui- 
dos» no aporta dato alguno de novedad é importancia para la reso- 
lución del problema fundamental acerca del origen del hombre: no 
es más que un preámbulo para su tema de que existe una evolución 
dentro del mundo orgánico. Como para él la teoría monofilética es 



SOBRE LA TEORÍA DE LA EVOLUCIÓN EN ALEMANIA 93 

una cosa que se cae de su peso, ó una verdad de Pero Grullo, resul- 
ta claramente, que una vez probado que existe una evolución, queda 
ya fuera de cuestión que la evolución en cada uno de los casos debe 
existir también. Más inexacta aun es su afirmación de que «todos 
los descubrimientos paleontológicos hablan en favor del principio 
de la descendencia y ni uno solo en contra». Cualquier principian- 
te en la materia sabe que esto no se puede aplicar con exactitud á la 
teoría monoñlética de Wilhelm Leche. Su afirmación de que el con- 
junto «de los hechos paleontológicos es en absoluto irreconciliable 
con cualquier forma de Creación > nos demuestra bien á las claras la 
idea tan simple y pueril que se ha formado él de un Creador. 

En el capitulo 4. «El hombre á la luz de la Anatomía compara- 
da», se trata de probar que «la unidad que resplandece en el resto 
del mundo orgánico debe también comprender al hombre». Esto 
no lo duda nadie, mientras no se hable más que de los principios 
fundamentales del edificio anatómico. Pero la comunidad de des- 
cendencia no puede probarse con seguridad aun echando mano de 
las más elásticas conclusiones de la Anatomía comparada: ante tales 
conatos queda siempre incrédula nuestra inteligencia á pesar de to- 
das las hipótesis anatómico-comparativas. 

Pero, ¿para qué continuar? Los capítulos restantes no aportan 
nada nuevo: argumentos antiguos vestidos con diferente ropaje. 
Únicamente á los primerizos en la materia pudiera acaso alucinar 
el autor con ellas: quizá la abundancia de materiales llegara á sor- 
prenderles. Pero uno que considere las cosas con alguna crítica sabe 
muy bien que se gasta mucha pólvora en salvas inútiles mientras 
reine esa uniformidad fundada en un convencimiento científico con 
respecto al valor de los materiales aportados. Pero esta uniformidad 
falta en la obra de un solo autor, aunque se llame Wilhelm Leche y 
sea profesor de la Universidad de Estocolmo, de un autor que en la 
página 346 estampa la afirmación de que el hombre primitivo no 
fué más que una forma de transición entre el hombre de hoy y otro 
ser más inferior; y en la página 352 declara, sin embargo, como es 
la verdad, que todos los hombres fósiles pertenecen á «la especie 
Hombre»'. 

El problema no es tan sencillo como podría figurárselo un lec- 
tor de esta obra: esto nos lo demuestra otra publi £ ción de la mis- 



94 SOBRE LA TEORÍA DE LA EVOLUCIÓN EN ALEMANIA 

ma Casa editorial, que comprende doce discursos pronunciados 
durante el invierno de 1910-1911 en Munich, en una Sociedad de 
Ciencias Naturales. El libro lleva por título La doctrina de la evolu- 
ción, y los autores son bastante conocidos. En este libro podemos 
ver cómo fluctúan todavía las ideas y términos en esta ciencia, si se 
exceptúa el hecho innegable de que existe alguna evolución. Aquí 
vemos desvanecerse todas esas teorías universales que pretenden re- 
solver todos los enigmas con principios simples. «Seleccionismo y 
Lamarkismo son, por decirlo así, reflectores que echamos para es- 
cudriñar en el terreno de lo desconocido, que nos alumbren el ca- 
mino que debemos recorrer, pero que no son ese camino mismo, y 
mucho menos, la verdad buscada. Así nos habla Doflein en la pági- 
na 150. Para llegar á construir el edificio científico del porvenir, 
necesitan antes estar bien trabajados y colocados los fundamentos, 
y esto exige un exacto trabajo de detalle. Del discurso de Doqués 
sobre el problema paleontológico aparece claro que son todavía 
muy pocos los hechos que pueden aprovecharse para la construc- 
ción de una teoría: según él, no estamos todavía en estado de poder 
discernir «si el problema de la Descendencia ha de ser interpretado 
en sentido mecánico, vitalístico ó psicofísico> (pág. 197). 

Giesenhagen nos muestra en cuan estrechos límites es todavía 
susceptible de una sólida prueba la evolución en el terreno de la 
Botánica. Este libro posee un mérito extraordinario para el que de- 
see enterarse del estado de nuestros conocimientos en la cuestión 
de la Descendencia y los diversos ramos de este problema: aquí en- 
contrará él excelentes guías en cada uno de los dominios. Sin embar- 
go, debemos exceptuar el discurso 12 del profesor Klaatsch, titula- 
do «Puesto que ocupa el hombre en el conjunto de la Naturaleza». 
El contenido del discurso rebosa de hipótesis fantásticas, de entre 
las cuales toma el autor unas y desecha otras, á capricho. No sería 
extraño que, andando el tiempo, nos plantase Klaatsch en la galena 
de nuestros antepasados una rana gigantesca de los tiempos paleo- 
zoicos, ú otro monstruo por el estilo. Que se lea, si no, lo que él 
escribe á propósito del Quciroterion. Y, puesto que al principio de 
su discurso establece el autor como resultado de sus investigacio- 
nes, la siguiente afirmación: «no solamente en general, sino en par- 
ticular, existen relaciones de afinidad y parentesco en ciertos monos 



SOBRE LA TEORÍA DE LA EVOLUCIÓN EN ALEMANIA 95 

antropoideos y razas humanas > (pág. 323) (aunque, por otra parte, 
sería, según él, en extremo ridículo el pretender reducir al hombre 
á los monos antropoideos); por todo esto creo conveniente recordar 
al autor cómo se han estimado estas sus afirmaciones en la reunión 
de la Sociedad alemana de Antropología, que tuvo lugar en Colonia 
en 1910. El antiguo profesor de la Universidad de Tokio, Sr. Baelz, 
puso algunas objeciones, de las que copiamos solamente lo que si- 
gue: «...Esta manera de raciocinar es muy osada, y fácilmente nos 
lleva al terreno de la poesía y de la ficción.» «...Generalizaciones que 
se apoyan en el testimonio de un solo caso, pueden conducir á la- 
mentables errores, que después es necesario rectificar, y que no cua- 
dran en una ciencia que quiera preciarse de exactitud.» {Korrespon- 
denzblait fuer Antropologie, etc., 1910. Núm. 9-12, pág. 99.) 

La oposición, ya muy antigua, entre verdad y poesía, subsiste 
aún á pesar de Klaatsch. Es lástima que tal discurso cierre un libro 
que á tan gran altura han colocado los otros colaboradores. 

Estos métodos á lo Kleatsch nos hacen ver cuan necesario es se- 
parar las granzas del trigo y la fantasía de la realidad; de lo contra- 
rio, llegaremos á encontrarnos en una segunda confusión babilóni- 
ca, de la que no quedarían del todo exentos ni aun los profesiona- 
les en la materia. Karl Frank, S. I., emprende este trabajo en un nú- 
mero suplementario de la importante revista Stimmen aus Maiia- 
Laach. («Las teorías de la evolución á la luz de los hechos.» Con 48 
figuras.— Friburgo, Herder, 1911. Precio: 3 marcos.) Con gran pe- 
netración y dominio de la materia se distingue aquí lo cierto y lo 
probable de los puros «Postulados», de manera que leyendo este li- 
bro llega uno á formarse una idea clara del estado general de este 
debatido problema. Y no se vaya á creer que el P. Frank es enemi- 
go de la evolución; muy al contrario, lo que él exige es que se tra- 
cen de una manera bien visible sus limites á la luz de hechos bien 
probados, ó por lo menos de probabilidades racionales, y que no 
se ensanchen hasta lo infinito, como se hace tendenciosamente, sin 
más apoyo que un mundo de fantasías é hipótesis. En este trabajo 
de demarcación puede muy bien suceder que los mojones que has- 
ta aquí se juzgaban en su puesto definitivo, en realidad no lo estén 
y hasta que sea indispensable un arreglo totalmente nuevo de fron- 
teras; pero esto no perjudica en lo más mínimo al método critico 



96 SOBRE LA TEORÍA DE LA EVOLUCIÓN EN ALEMANIA 

aquí empleado. Porque si es la ciencia verdadera la que nos obliga 
á ensanchar los límites de la evolución, con gusto lo haríamos, por- 
que entonces sería una exigencia del progreso científico y no capri- 
cho loco de ideas preconcebidas. 

En el capítulo de introducción hace Frank la siguiente aclara- 
ción: «Estamos dispuestos á admitir una relación de descendencia 
entre los organismos de hoy y los organismos fósiles, porque esta 
suposición es la más natural, en caso de que la observación de los 
organismos presentes no excluya una hipótesis de este género.> (Pá- 
gina 12.) 

A continuación pasa Frank revista de los resultados de la Pa- 
leontología. La Paleozoología nos muestra que en el estado actual 
de la ciencia no se da una transformación ilimitada en el reino ani- 
mal; ésta no traspasa jamás los límites de las razas y clases, y fre- 
cuentemente ni siquiera los de los órdenes. Los invertebrados se ha- 
llan ya en el Cámbrico, separados en sus razas y en la mayor parte 
de sus clases. Por consiguiente, hasta que no se pruebe otra cosa 
debemos considerarlos como grupos separados desde un principio. 
Por lo que se refiere á los vertebrados, vemos que aparecen primero 
las clases más inferiores y después los' más perfectos, sin que por 
esto se pueda demostrar que proceden unos de otros. 

De la Paleobotánica podemos afirmar que todavía no nos ha 
descubierto la historia primitiva de las plantas, aunque ordinaria- 
mente se admite que las formas sistemáticamente más elevadas apa- 
recieron en tiempos posteriores á las menos perfectas. Pero con eso 
no nos es posible demostrar, ni aproximadamente siquiera, la deri- 
vación de una sola raza ó de una sola clase de otras más elementa- 
les. Sin embargo, es muy probable que en algunos casos particula- 
res haya tenido lugar una división de un tipo en variedades de as- 
pecto diferente á consecuencia de una acomodación á distintas con- 
diciones de clima y circunstancias de vida. Pero siempre tendremos, 
tanto aquí como en los animales, transformación, diferenciación, y no 
una evolución, propiamente dicha, hacia un grado más perfecto. 

En la parte segunda de su obra (dedicada á aclarar las hipótesis 
evolucionistas) trata Frank de la creación primitiva. Aquí vemos 
desautorizado el empeño de querer establecer una dependencia y 
relación genética entre las plantas y los animales y demostrado 



SOBRE LA TEORÍA DE LA EVOLUCIÓN EN ALEMANIA 97 

además de una manera precisa que ni siquiera se puede admitir, 
esa respecto á las razas y clases dentro de cada uno de los dos reinos 
orgánicos: Lamarkismo y Neolamarkismo, Darwinismo y Neodar- 
winismo son bosquejados con sus caracteres más salientes. El capí- 
tulo 2 puede considerarse como la parte más importante del libro: 
en él hallamos los materiales más recientes para la construcción de 
una hipótesis evolutiva racional. «No es fundada la opinión que sos- 
tiene la constancia de las actuales especies sistemáticas. Se dan, por 
el contrario, casos que demuestran inmediatamente una facultad de 
transformación, ó que solamente pueden explicarse admitiendo 
aquella facultada Factores que determinan la creación ó variación 
de formas son: experiencias de cria y selección de animales (razas 
de perros, de ganado vacuno, de palomas, etc.); el clima (razas al- 
pinas de plantas, piel vellosa de las cabras, gatos y perros en Angora, 
variación de las razas perrunas en las Indias); la composición del te- 
rreno (plantas del desierto, de tierras salitrosas y calcáreas, grosor 
de las conchas del caracol, según el grado de riqueza calcárea del 
suelo); la temperatura (mariposas, número de sinuosidades ó replie- 
gues en las conchas de los caracoles); la alimentación (color de los 
pájaros), etc. Las variaciones aparecen unas veces como mutacio- 
nes repentinas y sin preparación, y otras como tránsitos graduales y 
sucesivos. Tampoco hay que perder de vista el influjo ejercido en 
los seres vivientes por el aislamiento geográfico, como se puede ob- 
servar en la Geografía de los animales y de las plantas (Fauna y 
Flora de las islas y continentes cerrados). 

Pero quizá sea en el terreno del Parasitismo y Simbiosis, donde 
encuentre la teoría de la evolución su más fuerte apoyo (parásitos de 
las hormigas y termitas). Desgraciadamente no podemos descender 
aquí á tantos y tan interesantes detalles y observaciones como enri- 
quecen esta parte del libro. En cambio vamos á copiar el párrafo úl- 
timo, que dice asi: 

«Los fenómenos de acomodación que se observan en los parási- 
tos de las hormigas y de los termitas, suministran una multitud de 
pruebas en pro de la evolución histórica de nuevas especies, géne- 
ros y hasta familias en el reino animal.» (Pág. 137.) 

También la Embriología nos proporciona datos interesantes 
acerca de la disposición y naturaleza primitiva de organismos, «pero 

7 



98 SOBRE LA TEORÍA DE LA EVOLUCIÓN EN ALEMANIA 

no nos dice una palabra sobre el origen de los tipos, á los cuales 
pertenecen> (pág. 146). Con pleno derecho protesta el autor contra 
la famosa ley biogenética fundamental de Haeckel. 

Por esta corta reseña puede el lector formarse una idea, aproxi- 
mada á lo menos, del valor de esta obra. Escrita en un estilo lo más 
popular posible, puede contribuir de manera eficacísima á disipar 
tantos errores como hoy en día se propalan acerca de la evolución, 
no sólo entre los profesionales, sino también entre los profanos de la 
materia. Sobre todo debe este libro servir para arrojar un poco de 
luz sobre el terrible galimatías que reina hoy en ese terreno por obra 
yfgracia de los que no paran mientes en mezclar la verdad con la 
fantasía, valiéndose de hechos á que se da una torcida interpretación 
contra todas las leyes de la lógica. Hacemos votos porque esta obra 
encuentre la acogida que merece. 

P. V. Burgos. 

o. s. A. 
Wuezrburg, Julio, 1912. 



INVESTIGACIONES ACERCA DEL CULTO 

DEL 

BEATO MAURICIO PROETA, agustino 




Noticia y extracto de manuscritos 

i en todos los temas de estudio son hoy convenientes cier- 
tas indicaciones previas sobre las fuentes de consulta que 
se han tenido presentes y sobre el valor relativo de los 
datos que nos aportan, en los temas de carácter histórico, por 
insignificantes que parezcan, son esas indicaciones de absoluta ne- 
cesidad para orientación de todo el que se propone estudiarlos ó es- 
clarecerlos con nuevos datos. Aunque son muy pocas y de escasísi- 
mo caudal las fuentes que tenemos consultadas acerca de la vida y 
culto del Beato Mauricio, creo convenentísimo para gobierno de los 
que se interesan en estos pequeños temas de hagiología, dar aquí una 
idea sucinta de los libros y papeles manuscritos hasta ahora exami- 
nados, ó que deben examinarse, con objeto de allegar noticias acer- 
ca de nuestro asunto. Así es como mejor se puede conocer el estado 
de una cuestión cualquiera de Historia, y se sabe el camino recorrido 
y el que queda por recorrer para su más completo estudio, y se tie- 
ne una norma para la dirección que conviene dar á las nuevas pes- 
quisas que acerca de esa ú otra cuestión análoga se intenten. Ni he 
de preocuparme de ajustar estas notas á un orden determinado; ge- 
neralmente van por el orden mismo con que fueron tomadas en dife- 
rentes archivos y bibliotecas. En algunos casos, extracto todas las no- 
ticias aprovechables que encuentro; en otros, indico solamente el re-' 
sultado positivo ó negativo que me ha dado la consulta de ciertas 
obras, en las que podía sospecharse la existencia de algún dato in- 
teresante, aunque en realidad nada contengan referente á nuestro 
asunto. 



100 INVESTIGACIONES ACERCA DEL CULTO 

1. Libro de Acuerdos del Ayuntamiento de Castelló de Ampu- 
rias. Años 1535-1545. 

Es el libro de Acuerdos más antiguo que hoy se conserva en el Archivo de 
dicho Ayuntamiento. Los de los años anteriores han desaparecido, no sin gran 
detrimento para la historia de la villa de Castelló, que tenía en estos libros 
una fuente preciosa de información. En uno de ellos constaba el acuerdo por 
el cual se comprometía el Ayuntamiento á sufragar los gastos del doctorado 
del Beato Mauricio en la Universidad de Tolosa, según afirma el Sr. Lapedra 
en unos Apuntamientos históricos que luego citaremos. El volumen que 
ahora examinamos lleva el título de «Liber consiliorum et alíorum actuum 
Universitatis Villae Castilionis Empuriarum», y no contiene, referente á nues- 
tro asunto, más que algunas indicaciones acerca de dos individuos de la fa- 
milia de los Prohetas. Un Juan Proeta aparece ya en 1535 como elector de 
Concejales y Consejero general; más tarde desempeña el cargo de Procura- 
dor de pobres vergonzantes, y últimamente llegó á ser Concejal en 7 de 
Junio de 1536. Miguel Proeta, padre del B. Mauricio, fué también del Con- 
sejo General y desempeñó por este tiempo algunos cargos menores del Ayun- 
tamiento, como el de Amostefast, el de Obrero y de Juez de Mesa. En 1541 
deja de figurar entre los que componían el Consejo General; pero entre los 
Acuerdos de 1545, hay una lista de las personas «qui son de bossa de Consols 
en cap», en la cual aparece el nombre del honorable Miguel Proheta, aunque 
tachada y con la palabra obit al margen. 

2. Libros de Acuerdos... Años 1546 á 1694. 

Faltan los libros correspondientes á estos 150 años, los cuales seguramente 
contendrían alguna indicación sobre las primeras manifestaciones del culto 
tributado por la Villa al B. Mauricio. 

3. Libro de Acuerdos... 21 de Mayo de 1695 á 14 de Julio 
de 1715. 

Se titula «Liber Conciliorum et aliorum actuum Universitatis Villae Casti- 
lionis Empuriarum.» No encuentro en él indicación alguna referente al culto 
del Beato, pero sí varios nombramientos de agustinos para predicadores cua- 
resmales. En sesión de 7 de Septiembre de 1710, consta que el Ayuntamiento 
tenía señalado para predicador de la Cuaresma de este año al P. Benito Ríus, 
conventual de Barcelona y persona de todas prendas; pero no habiéndolo po- 
dido hacer, por motivo de la guerra, ni aquel año ni el siguiente, se le conce- 
dió predicar la Cuaresma de 1712, según consta por las siguientes palabras 
que copio de la sesión de 16 de Mayo de dicho año: 

«E apres oyda altra proposicio feta per dits Magnifichs Consols se ha de- 
terminat que en atenció de haver esta Universitat elegit en Predicador de la 



INVESTIGACIONES ACERCA DEL CULTO 101 

Quaresma de la present vila per lo any mil setcents y deu al P. M.^Benet 
Rius del ordre del Pare S.t Agusti y per ocasio de la ocurrent guerra no age 
pogut predicar dita quaresma, ni del any passat mil setcents y onze, y ara ab 
carta lo dit Pare M.« demana la quaresma de aquest any seguent, si Deu vol 
noy age impediment pera poder venir de Barcelona, se ha determinat per tots 
los sobredits, que li sia donada y concedida com ab la present li donan y con- 
cedexen dita Quaresma per lo any seguent, ab la caritat acostumada.» 

El P. L. Fr. Máximo Casteller, Prior del Convento de Castelló, fué convo- 
cado á la sesión tenida por el Ayuntamiento en 3 de Abril de 1713; y el Prior 
Fr. Nicolás Comaráns fué igualmente convocado á Junta general en 29 de Di- 
ciembre de dicho año. Lo mismo ocurre con los Priores de Santo Domingo, de 
San Francisco y de la Merced. 

El P. L. Jub. Fr. Próspero Coma, Prior del Conv. de S. Agustín de To- 
rroella de Montgrí, fué designado para predicar la Cuaresma de 1714 y 1715 
en sesión de 28 de Marzo de 17)4. 

4. Libro de Acuerdos... Años 1716 á 1723. (Falta.) 

5. Libro de Acuerdos... Años 1724-1756. (20 de Octubre de 1724 
á 1 de Abril de 1756.) 

Tampoco encontré en este libro cosa alguna referente al culto del Beato. 
Noto, sin embargo, que los agustinos continúan siendo preferidos para predi- 
cadores cuaresmales. El P. Provincial de Cataluña proponía en 1732, según 
costumbre, tres predicadores, que fueron los PP. M. Fr. Agustín Potensá, 
Fr. Tomás Banquels, y el Presentado Fr. Agustín Minuart, Prior de Torroella 
de Montgrí. El Ayuntamiento eligió al primero de la terna (4 de Abril, 1732). 
Contra esta preferencia parece que reclamó alguna de las Comunidades, y en- 
tonces el Ayuntamiento concedió á los cuatro Conventos de la Villa (agusti- 
nos, dominicos, franciscanos y mercedarios) que presentasen por turno su ter- 
na de predicadores. (12 de Febrero de 1736.) 

El Prov. P. Tomás Sandoval propone para predicadores cuaresmales á los 
PP. L. Jub. Fr. Juan Facundo Monserrat, Present. Fr. Agustín Minuart y al 
Lector Fr. Juan Facundo Mico, siendo elegido el P. Minuart. (12 de Jun. 1740.) 
A propuesta del Provincial, aceptada por el Ayuntamiento, predicó las Cuares- 
mas de 1756 y 1757 el R. P. M. Fr. Luis Agustín Verde, conventual de Barcelo- 
na, con la caridad acostumbrada de 50 libras barcelonesas por cada uno de di- 
chos años, y la misa durante el tiempo de la predicación. (13 de Abril de 1756.) 

6. Libro de Acuerdos ó «Resoluciones de la Universidad de 
Castelló de Ampurias.» Años 1756 á 1771. (13 de Abril del 1.° á 14 
de Diciembre del 2.°.) 

Al fol. 190 de este libro hay un testimonio auténtico en papel sellado, fir- 
mado por los Regidores y autorizado por el Notario Pedro Anglada, del nom- 



102 INVESTIGACIONES ACERCA DEL CULTO 

bramiento de organista de la Parroquial de dicha Villa, hecho en 24 de Agosta 
de 1763, en favor de D. Pedro Garrigolas, que contiene la siguiente cláusula, 
á propósito de las obligaciones impuestas por el Ayuntamiento al referido 
organista: 

«ítem que tinga obligacio de tocar, acompanyar, ó cantar com millor apa- 
rexera en las Completas y Offici en lo Convent del Pare St. Francesch de dita 
Vila, en lo dia de Sant Antoni de Padua per esser festa de vot de dita Vila, y 
axi mateixlo día de Sant Felip Benicio en la Capella de la Congregació deis 
Dolors de Maria Santissima, co es al Offici y a la tarde ci esta (sic), y tambe 
per lo día del Beato Maurici Proheta en lo Convent de Sant Agusti al Offici, y a 
la tarde ci esta (sic) y generalment en totas las festivitats que entre any te obli- 
gacio dit S.° r Mestre de Cant, junt ab los dos Minyons y Cantors, de cantar á 
cant figurat, totas las quals sobre expressadas obligacions deura fer y cum- 
plir sens ningún estipendia 

Algo confusa aparece la ortografía de la palabra ci esta, que podría leerse 
siesta; pero por los antecedentes y consiguientes se deduce, claramente, que 
de lo que aquí se trata es de la siesta ó función musical con que por la tarde 
se festejaba en su día á dichos Santos. Tenemos, pues, que en 1763 se cele- 
braba ya con gran solemnidad la fiesta del Beato. 

Entre otras noticias curiosas que leo, observo que la Comunidad del Con- 
vento de S. Agustín se componía de solo ocho religiosos en 16 de Abril de 
1759; y la de Sacerdotes seculares de 21 individuos: un Cabiscol, cuatro Do- 
meros, dos Curas y catorce Beneficiados. En 1760 era Prior de San Agustín el 
P. Jaime Carner. Las Cuaresmas de 1765 y 1766 fueron predicadas por el 
P. Def. Adeodato Ostench á propuesta del P. Provincial, aceptada por el Ayun- 
tamiento. (12 de Junio de 1764.) 

7. Libro de Acuerdos... Años 1771-1790. (Falta el libro corres- 
pondiente á estos años.) \ 
8. Libro de Acuerdos... Años 1790-1799. 

Se titula «Registre deis Anys 1790 fins á 1799 inclusive» y contiene á los 
folios 100-103 una copia autorizada por el Notario D. Manuel Margarit y Joals 
de la «Institución y fundación del Magisterio de Canto de la Parroquial Iglesia 
de la Villa de Castellón» quese había hecho en 19 de Septiembre de 1727, unien- 
do á dicho Magisterio de Canto el Beneficio simple que en la Capilla de Santa 
Lucía del Hospital de Pobres había fundado en 7 de Febrero de 1705 el Notario 
Miguel Coll. Entre las obligaciones impuestas á dicho Maestro de Canto se 
encuentra la siguiente: 

«Et pariter canere teneatur absque ulla mercede cantu figurato in festo 
Beati Mauritii filii [Patrimonialis primo] presentís Villas in Conventu Divi Au- 
gustíni, et in festo Sancti Antonii Paduani in Conventu Divi Francisci, scili- 
cet, in vigilia dictarum festivitatum Completorium, et in diebus ipsarum festi- 
vitatum Officium.» 



INVESTIGACIONES ACERCA DEL CULTO 103 

Las palabras Patrimonialis primo, que van aquí entre paréntesis cuadrados, 
están tomadas de una copia autorizada de 1777, que hay en el Archivo parro- 
quial, del Decreto de erección del Beneficio de Santa Lucía á favor del Maes- 
tro de Canto, cuya fecha es de 10 de Nov. de 1728. Creo que ya en 1727 se 
imponía al Maestro de Canto la misma obligación, aunque no me atrevo á 
asegurarlo. 

En el mismo libro, folios 420 y siguientes, hay testimonio notarial de otra 
institución musical llevada á cabo por el Ayuntamiento de la Villa, ó sea la 
contrata hecha por éste en 13 de Febrero de 1799 y ante el Notario D. Fran- 
cisco Font con varios músicos instrumentistas que constituían la Cobla. En 
esta contrata ó Condúcelo de Cobla también se señalan los días en que debía 
actuar, como se puede ver por esta cláusula. 

«Dies en que deuran acistir trobantse en la Vila y altres que teñen libres y 
se les dispensa.- Primo en la festa del Beato Maurici Proeta deuran tocar á 
Completas y Offici si se troban en la Vita, pero en lo cas de no trobarsi per 
algún lloguer los queda dispensada dita función, com tambe se entendrá 
dispensada sempre que dita festa se esdevinga en algún dia del Carnebal, en- 
cara que se encontrarían dits Musichs en la Vila, pero ocupats en algún llo- 
guer» etc. 

Impresas ya las anteriores notas, recibo carta del M. R. P. Asistente Ge- 
neral Eustasio Esteban, fecha 1.° de Octubre, en la que á propósito del Ma- 
gisterio de Canto, me dice lo siguiente: «Examinamos detenidamente la fun- 
dación del Magisterio de Canto, y resulta que hay dos bulas, una de Bene- 
dicto XIII (Mayo de 1728), en cuya narrativa se hace mención de la obli- 
ción de cantar en la fiesta del Beato, y otra de Clemente XIII (10 de 
Julio de 1760), por la que se impone á dicho Magisterio nuevas cargas, con 
otras análogas impuestas á tres beneficios simples á medida que fuesen vacan- 
do, y que luego dieron origen, según parece, á la formación de la Cobla ú or- 
questa. El Magisterio de Canto ha desaparecido después de 1872 por haber 
vendido el Gobierno la principal finca que constituía su dotación. Los otros 
beneficios cuyos emolumentos servían para el sostenimiento de la Cobla su- 
pongo que desaparecerían mucho antes...» 

«En el mismo archivo (el municipal) pareció el formulario impreso del 
edicto que se publicaba para llamar á concurso á los que quisiesen concurrir 
al Magisterio de Canto, y en él se hace mención expresa de la obligación de 
cantar en la fiesta del Beato...» 

«Este punto del Magisterio de Canto, es mucho más interesante de lo que 
á primera vista parecía. La obligación esa de cantar en la fiesta del Beato la 
impone todo Castellón, representado civilmente por sus Regidores que tenían 
el derecho de presentar para el beneficio de Santa Lucía, unido al Magisterio 
de Canto que se crea de nuevo, y eclesiásticamente por la Comunidad de Pres- 
bíteros que consiente, aprueba y alaba la fundación con todas sus cláusulas 
y admite como Beneficiado en su Cuerpo al Maestro de Canto con todos los 
derechos de los demás Beneficiados, y aparece expresamente reproducida en 



104 INVESTIGACIONES ACERCA DEL CULTO 

la bula de Benedicto XIII dada en forma comisoria, y el Ordinario, examinado 
todo, con facultad pontificia extingue y suprime el beneficio antiguo de Santa 
Lucía y crea ó le une al Magisterio de Canto, después de examinar y verificar 
todo lo narrado. Los edictos, según la fundación, se debian publicar en las 
principales iglesias del Principado, dirigiéndose á los que quisiesen concurrir, 
y últimamente, el año 1854, «se publicaron en las principales iglesias de la 
provincia», según consta del acuerdo municipal de 22 de Diciembre de dicho 
año; esta publicidad también favorece bastante la causa. Tenemos, pues, cla- 
ra la intervención diocesana, y de algún modo la pontificia, en lo que toca al 
culto del B. Mauricios 

9. Libro de Acuerdos... Años 1800-1813. (Falta este libro.) 
10. Libro de Acuerdos... 1814-1818. 

Contiene este libro otras dos indicaciones referentes á la fiesta del B. Mau- 
ricio: una en 14 de Nov. de 1814, al ser nombrado organista de la Iglesia Pa- 
rroquial el presbítero D. Francisco Garrós, y otra en 15 de Febrero de 1818 
al ser confirmado dicho nombramiento. En ambos casos se especifican las 
obligaciones del organista, una de las cuales era tocar, acompañar ó cantar 
como mejor pareciese «en lo dia de Sant Felip Benicio en la Capella de la 
Congregácio deis Dolors de María Santissima, so es al Ofici y á la tarde ciesta, 
y tambe per lo dia del Beato Maurici Proheta en lo Convent de St. Agusti al 
Ofici y á la tarde ciesta...» 

Noto que á la Junta general tenida por el Ayuntamiento en 20 de Julio 
de 1814 fueron convocados los Priores de los Conventos, entre ellos el P.José 
Font, que lo era del de S. Agustín. 

11. Libro de Acuerdos... Años 1819 á 1830. (Falta.) 

12. Libro de Acuerdos... Años 1831 á 1840. 

Contiene una nueva contrata del Ayuntamiento con lá Orquesta de la Villa 
hecha en 13 de Marzo de 1840, obligándose ésta á tocar: «6.° En la fiesta del 
Beato Mauricio Proheta (á 20 de Febrero) deberán tocar en la víspera Com- 
pletas, y en el día el Oficio, quedando dispensados de aquella obligación siem- 
pre que el Carnaval sea en el día 19 de Febrero.» 

Por estos años el nombramiento de Organista está sujeto á las mismas 
condiciones del contrato de 1799 y á la reforma hecha en Marzo de 1829. 

13. Llibre deis Comptes del Comú. Años 1779-1800. 

Es el único libro de cuentas que encuentro en el Archivo municipal de Cas- 
telló. En él se lee, al fol. 15, año 1779, una partida de la cera entregada por 
Tomás Moner para la fiesta del Beato Mauricio en estos términos: 

«Primo per la festa del Beato Maurici que se celebra tots anys a 20 de Fe- 



INVESTIGACIONES ACERCA DEL CULTO 105 

brer en la Iglesia de Sant Agusti de dita Vila en que acisteix lo magnifích 
Ayuntament de dita Vila como á festa votiva he entregat de ordre de dits Se- 
ñores Regidors y Junta sis lüuras cera blanca á rano de setse sous, impor- 
tan 4 libras 16 sueldos.» 

La misma partida se repite en los años siguientes desde 1780 á 1800. En un 
pliego aparte que va con el libro anterior y contiene las cuentas de los 
años 1801-1806, se consigna la misma partida respecto del año 1801, pero en 
los años restantes sólo encuentro indicada la cantidad de cera gastada con 
motivo de las fiestas votivas. 

14. Libro de Oficios del Archivo municipal. (Fines del sigloXVIU 
y principios del XIX.) 

Contiene datos importantes sobre la suerte que cupo á la Iglesia Parro- 
quial y á los Conventos de Religiosos de Castelló con motivo de la guerra 
francesa; pero nada vi en él pertinente á nuestro asunto. 

14 bis. Padrón de la villa de Castelló del año 1825. 

Lo ha registrado últimamente el R. P. Esteban en el Archivo municipal 
de dicha villa. De su examen se deduce que la calle antes llamada del Beato 
Mauricio tenía muchas más casas que la que actualmente lleva aquel nombre, 
pues comprendía 27 números, ó sea desde el 538 al 565; quizá se denominó 
así una sección de la hoy llamada calle del Puente. La placa ó lápida de már- 
mol que hoy ostenta el título de «Calle del Beato Mauricio» está puesta en el 
costado de la casa que se dice del mismo Beato, y por este lado no hay nin- 
guna otra casa. Este cambio y reducción de la calle del Beato á 'su mínima 
expresión debió de hacerse, según el Secretario Sr. Vera, hacia el año 1870 ó 
después. 

15. Recuerdos históricos | de la antigua | ciudad y Condes de 
Empurias 1 y de la Villa de I Castelló de Empurias. | Recopilados 
por J D. Ramón Passolas, Medico de la misma Villa. 

Manuscrito autógrafo, en 4.°, que se conserva hoy en la Biblioteca Parro- 
quial Popular del Centro Obrero de Castelló. Es la única historia particular 
de la Villa que he visto, y merece por eso alguna atención. Las noticias son 
abundantes, pero casi todas están recopiladas de varios autores antiguos, y 
sin distinguir las fuentes puras de las cenagosas. El Dr. Passolas recoge 
y da por bueno, sin discutirlo ni comprobarlo, todo lo que los historiadores 
anteriores dijeron de la antigua Emporion, y de Castelló de Ampurias y sus 
Condes, y es preciso leer su libro con alguna precaución. Así y todo, merece 
aplauso por habernos reunido en un pequeño volumen lo que andaba disperso 
en muy diversas y dilatadas obras. Tres capítulos hay en este libro que á mí 



106 INVESTIGACIONES ACERCA DEL CULTO 

me interesaban de un modo especial, por tratarse en ellos del Convento de 
Santa María Magdalena y de sus dos hijos más ilustres, el B. Mauricio Proe- 
ta y el V. Fr. Francisco Planes; pero la ilusión de encontrar en ellos alguna 
noticia nueva y peregrina quedó completamente desvanecida cuando vi que 
estaban copiados, casi á la letra, del Compendio historial del P. Massot. El 
primero de dichos capítulos empieza con un parrafito, copiado de autor tan 
poco fidedigno como el P. Argaiz en su Soledad laureada, acerca de la anti- 
güedad de la Regla de S. Agustín en Empurias, donde se supone introducida 
ya en el año 400 por el Abad Piscatorio, que luego fué Obispo de aquella Igle- 
sia. Cítase á Feliú de la Peña (Anales de Cataluña, tomo II, lib. 16, pág. 487), 
para decir que el Convento de Agustinos de Castelló fué fundado en 1526, 
después de haber afirmado con el P. Massot que este es el año con que apare- 
ce dicho Convento en el Registro de la Orden, aunque su fundación era mu- 
cho más antigua. Del Convento viejo dice que «estaba fuera de los muros de 
la Villa, en una eminencia que hay de la parte del Norte que actualmente for- 
ma la plaza y casas del arrabal de San Lázaro». Todo lo demás que dice del 
antiguo y nuevo Convento, lo mismo que las biografías del B. Mauricio y del 
V. Planes, está copiado literalmente de la obra del P. Massot. 

Creo, no obstante, que ha de interesar á los curiosos el conocimiento de 
los asuntos tratados en el libro del Dr. Passolas. Divídese éste en dos partes 
que tratan, respectivamente, de la antigua Ampurias y de Castelló de Ampu- 
rias, con dos apéndices, en pliegos aparte, que contienen la «Descripción de la 
Villa de Castelló de Empurias» y las «Regalías de los Excmos. Condes de Am- 
purias». Los epígrafes que se leen en el transcurso de la obra son éstos. 

Antigua Ampurias. - Ciudad de Empurias. — Venida de los Celtas y funda- 
ción de Alba, llamada después Empurias. — Venida de los Rodios, de los Feni- 
cios y de los Griegos Focenses.— Leyes de los Empúntanos.— Venida de los 
Cartagineses. — Venida de los Romanos. Los Escipiones:Publio Cornelio Esci- 
pión, Marco Porcio Catón, Quinto Sertorio, Julio César, Octaviano Augus- 
to. — Cristiandad en Empurias durante el Imperio de los Romanos —Reinado 
de los Godos.— Fin del Obispado de Empurias.— Los Moros en Cataluña.— 
Primero, segundo y tercero Sitio de Empurias.— Descripción de la primitiva 
Empurias.— Situación de Empurias. — Destrucción de Empurias. 

Castellón de Ampurias.-- Su origen y formación.— Templo de Castelló.— 
Consagración de la Iglesia.— Reverenda Comunidad. — Privilegiodela Reveren- 
da Comunidad.— Se concede Vicario General á Castelló. -Dinero de la Iglesia 
de Castelló. — Altar mayor de Castelló.— Epitafios de la Iglesia.— Convento 
de PP. Mercedarios.— Convento de San Francisco de Asís. Convento de 
Santa Clara. —Convento de PP. Dominicos.— Monasterio de San Marcos.— 
Convento de PP. Agustinos, ó de Santa Magdalena. -Vida del Bienaventura- 
do P. Fr. Mauricio Proeta.— Vida del Venerable Siervo de Dios Fr. Francisco 
Planes.— Antigüedades de Castelló: Edificios, Puentes, Trunas, Cloacas, Mo- 
saico, Castillejo, Temple, Estanque. -Antigüedad del Santo Hospital.— Con- 
des de Empurias: Irmengario, Armengaudo ó Armengol, Suniario ó Suñer 1.°, 



INVESTIGACIONES ACERCA DEL CULTO 107 

etcétera.— Monasterio de San Pedro de Rodas: sus Abades.— Pueblo de Santa 
Cruz de Rodas. 

Descripción de la Villa de Castelló de Empurias. 

Regalías de los Condes de Empurias. 

El Dr. Passolas murió hacia el año 70 del siglo pasado. De lo que trae 
acerca del magnífico templo de Castelló, copié algunos datos curiosos. Se 
consagró aquél ya en 1064; pero la fábrica, tal como hoy se contempla, es de 
época posterior. Es de estilo gótico muy puro y esbelto, con tres naves soste- 
nidas por 16 columnas hasta el presbiterio. Mide 102 palmos de alto, 298 de 
largo y 132 de ancho. El ábside tiene 7 claves, en una de las cuales se ve 
la insignia del Gremio de Tundidores ó Pelaires. El altar mayor, de mármol 
esculpido, es único en su clase, aunque sufrió algún deterioro con motivo de 
la guerra francesa de 1793. Fué construido en 1483 con mármol de la cantera 
de Veuda, en el Ampurdán, por Vicente Borras, de quien son el camarín y es- 
tatua de la Virgen y los altos relieves que adornan este altar singularísimo. 
Las agujas góticas con que remata son obra de mármol de Sangaró, hecha por 
el escultor Fossá, de Gerona, á expensas del R. Domero D. Paulino Bahi, 
en 1760. 

16. t Libro histórico empezado por Buenaventura Lapedra, Pres- 
bítero Cura Párroco, en el que se escribirá todo lo más notable en 
hechos y cosas eclesiásticas, civiles y comunes que merezcan particu- 
lar mención para instrucción ó curiosidad de los venideros. Castelló 
de Ampurias, 20 de Junio de 1861. Buenaventura Lapedra, Presbíte- 
ro Rector.» 

Es un ms. en fol. de 163 hojas útiles que se guarda en el Archivo Parro- 
quial. Aunque por el titulo podría creerse que era libro de memorias exclusi- 
vamente modernas, contiene, no obstante, algunos capítulos sobre la historia 
antigua de Castelló, copiados con ligeras modificaciones de la obra del Doctor 
Passolas ó de las fuentes por este utilizadas, como ocurre con los capítulos 
dedicados á reseñar la historia del Convento de la Magdalena y la vida del 
B. Mauricio. Hay, sin embaí go, en él algunas noticias originales que conviene 
recoger. Del Convento nuevo dice que se fundó «en unas casas que eran de 
Miser Mesura en la calle den Calabró, ó sea cerca del Portal llamado de S. Pe- 
dro, á mediodía de la Villa, donde se fabricó una iglesia capaz y buena. En 1835, 
en la expulsión de los religiosos, fueron los agustinos expulsados y su 
Convento vendido por el Gobierno á un particular que convirtió el Convento 
en habitaciones propias y la iglesia en pajar». Del Doctorado adquirido en To- 
losa por nuestro Beato á expensas del Ayuntamiento, dice que consta en los 
libros del Consejo de la Villa. A propósito de la familia de los Prohetas dice 
también que «fué una de las más conocidas en la Villa de Castelló, pues 
consta en el libro del Consulado desde los años 1535 hasta 1545 que Miguel 



108 INVESTIGACIONES ACERCA DEL CULTO 

y Juan Proheta casi todos los años fueron empleados en el Consejo. Léase 
también en el libro primero de bautismos de esta parroquial iglesia, en el 
año 1517á 3 de Abril, una partida de un hermano del B. Mauricio, á quien im- 
pusieron el nombre de Esteban y Agustín, siendo su padrino Fr. Juan Auger 
del Orden de los Agustinos». Lo más interesante del libro del Rector Lapedra 
es, sin duda, lo que cuenta éste de algunos hechos de la Revolución de que 
fué testigo ocular y también víctima. 

17. Libre de Conclusions de la Rev.t Comunitat de Preveres 
de la Parroquial de Castello de Ampurias, 29 de Oct. de 1609 á 16 
Dic. de 1828. 

Se halla este libro en el Archivo parroquial. Examinado ligeramente, no en- 
contré en él cosa alguna referente al B. Mauricio. Al final se anuncia otro li- 
bro que contenía las conclusiones de años posteriores. Acaso en éste se halla- 
ría algo referente al traslado de la imagen del Beato desde el Convento á la 
Iglesia Parroquial. 

18. Libro de Bautismos del Archivo Parroquial. Años 1515 y si- 
guientes: 

Contiene, efectivamente, en el año 1517 la partida á que se refiere el señor 
Lapedra, y que creo debe leerse así: 

«Ítem a iij del mes de Abril bataxe io christofol denlosal un fil del senyor 
en miquel proheta tintorer. ha nom lo infant Stheue Agosti. Compares fra 
Johan Auger del orde deis agostins e lo senyor en Steue puig tintorer de per- 
penya. Comare Caíherine ux den domenech.» 

Aunque muy ligeramente, examiné algunos otros libros y papeles del archi- 
vo parroquial que generosamente puso á mi disposición el ilustrado Párroca 
actual Sr. Frigola; pero sin encontrar más antecedentes que los apuntados. 



{Continuará.) 



P. Benigno Fernández. 
o. s. A. 



LOS NOMBRES DE CRISTO 

Del Beato ñlonso de Orozco y de Fr. Luis de León 




l limo. P. Cámara, en la Vida del Beato Alonso de Oroz- 
co (1), dice que el libro del gusto del Beato y «que conti- 
nuamente trae á la mano, es el libro de Dios, La Sagrada 
Esaitura. Sus tratados— sigue— no son otra cosa que una continua- 
da exposición ó aplicación de las páginas santas, según el santo lo que 
quiere. Y está esto muy de conformidad con las tradiciones del con- 
vento donde residía; pues es sabida la parte principal que como es- 
criturarios llevaban los agustinos en la Universidad de Salamancas 
Y más abajo hace capítulos aparte acerca del Beato como filóso- 
fo, teólogo, ascético, escriturario y escritor de nuestra edad de oro. (2). 
Todo lo cual se puede hallar, sin grandes esfuerzos, en los Nombres 
de Cristo; y eso que no son más que bosquejos los primeros, esque- 
mas algunos y apuntes los últimos. 

Que el Beato Orozco sea filósofo, pruébalo el limo. P. Cámara 
alegando textos de sus obras, en los que trata el Beato: de si el b om- 
bre es mayor ó menor mundo, desechando la sentencia de Aristóteles, 
é inclinándose á lo primero, porque en un seno pequeño de su alma 
y en un riconcito de su voluntad encierra todo el mundo; del conoci- 
miento de Dios por medio de las criaturas, al cual llegaron los filó- 
sofos considerando este mundo tan hermoso, tan ordenado y tan pro- 
vechoso; de la hermosura de Dios, que Platón hace consistir en que 
sea por sí, que no le falte nada y que no sea temporal y caduca; de 



(1) Vida y Escritos del Beato Alonso de Orozco; Agustino, por el P. Fr. To- 
más Cámara, de la misma Orden. Valladolid, 1882. Impr. y Libr. de la V. de 
Cuesta, Cantarranas, 40. Pág. 57. 

(2) La misma obra, capítulos III, IV, V y VI del Tetcer libro, páginas 444, 
458, 466 y 474. 



110 LOS NOMBRES DE CRISTO 

las pasiones que el hombre en este estado tiene, cuyo origen desco- 
nocen por completo el infiel y hereje porque no tienen fe ni lumbre 
del cielo; del alma, forma substancial del cuerpo; de sus facultades, y, 
por último, cita aquel texto de que el filósofo quiere ver para creer; 
el cristiano, al revés; oye para creer, y cree ahora para ver en el cielo 
los tesoros que acá no se pueden ver, sino creer. 

Pues bien, en los Nombres de Cristo hállanse ricos veneros de filo- 
sofía, que demuestran lo muy versado que el Beato andaba en esta 
hermosa ciencia. En el nombre de Pimpollo habla: de lo que es el 
nombre, y de la semejanza que ha de tener con lo que es nombrado; 
de que el hombre tiene el medio entre lo corporal y lo espiritual, y 
por eso los filósofos le llamaron menor mundo; de que Dios crió el 
mundo porque Hijo había de unir consigo nuestia naturaleza humana, 
cosa que tiene mucho de filosofía, aunque más de cerca toca á la teo- 
logía: en el de Camino, de los diversos significados de esta palabra: 
en el de Padre del siglo pot venir, de que estábamos en nuestro pri- 
mer padre, como en la pepita el árbol, no realmente, sino virtual- 
mente, y de la admiración que nos causa la fábrica de este mundo: 
en el de Rey de Dios, de las cualides que ha de tener un buen Rey; 
de que Dios provee á sus criaturas, y del concierto y hermosura de 
los cielos: en el de Principe de la Paz, de que la paz se compone de 
sosiego y orden; de las pasiones; de las consecuencias que acarrean y 
de los remedios para vencerlas; y de la influencia que el alma tiene 
en el cuerpo: en el de Hijo, de lo que quiere decir esta palabra; de 
las aspiraciones de la parte superior del hombre, que es el alma, y 
de los gustos de la inferior: en el de Amado, de la conveniencia de 
tener muchos ó pocos amigos; y en el de Jesús, de que el principio, 
perfección y fin de todo lo criado es Dios. 

Une el limo. P. Cámara los títulos de teólogo y escriturario (1), 
y aunque el Beato escribió muy poco que propiamente se pueda 
llamar tratado de Teología ó de Escritura, tiene mucho tocante á la 
primera, como la defensa que hace de la Inmaculada Concepción de 
la Virgen, preservándola Dios del pecado original, atendiendo á los 
méritos de la pasión de su Hijo; del poder que á la oración de nues- 
tro Redentor estaba ligado cuando pedía, según la voluntad racio- 



(1) La misma obra, pág. 466. 



LOS NOMBRES DE CRISTO 111 

nal, materia en la cual abunda el sentido filosófico; de la predestina- 
ción y del fin de la misma, que no se cumpliría sin nuestras obras 
cristianas; de la verdadera interpretación de lo que significa la in- 
tercesión de los santos, del purgatorio y de la Iglesia. Cuando el 
P. Cámara escribió la vida del Beato Orozco, no conocía los Nom- 
bres de Cristo de éste; si en dicha fecha llegaran á su noticia hu- 
biera notado que había en ellos más caudal de Teología que en el 
Examen de la conciencia, y más de escritura que en la Exposición del 
Magníficat y del Cantar de los Cantares, y hubiera escrito y probado 
que era la obra del Beato en que más brillan estas dos ciencias, que 
él las juntó al hablar de las obras y criticar las ideas y conocimien- 
tos del Beato. En ellos se afirma que el que no estuviere unido por 
fe y amor con Cristo no se salvará; que sólo por Él y para Él ha 
sido criado todo lo que existe; que sin mérito alguno del mundo 
vino Cristo á remediarlo; que fué concebido en el vientre de María, 
siempre Virgen; que el Verbo divino formó este cuerpo santísimo; 
que después del Verbo, que es el mundo original, Cristo es el ma- 
yor mundo; que nos hizo unos consigo mismo; que nos acaricia y 
llama; que Cristo es camino que nos guia, y si no andamos por sus 
pisadas no alcanzaremos salvación; que Cristo nos redimió, y al fin 
vendrán los judios á este camino; que en Cristo mora la plenitud 
de la divinidad; que es el remedio del mundo, la destrucción del 
pecado y la fuente de toda gracia y virtud; que Cristo padeció por 
nosotros, satisfizo á la divina justicia y nos vuelve á la gracia del 
Padre por medio del renacimiento; que Satanás, matando á Cristo, 
á nosotros nos dio vida, y á sí se aniquiló; que la predicación de 
Cristo y de sus Apóstoles es un gran milagro; que Cristo es Rey de 
las almas, y triunfa en ellas por amor, y su reino será eterno; que en 
el amor á Dios está la paz, y ésta nace de habitar en nosotros la 
gracia, la cual primero se apodera de la voluntad y después de todo 
el hombre; que es un espíritu con Dios el que á Él se llega, y en 
esta unión el alma recibe la vida verdadera; que somos un cuerpo 
con Cristo los que participamos del Pan y del Cáliz; que la manza-" 
na del Paraíso inficcionó el alma y desbarató el cuerpo; que no tie- 
ne nombre el deleite que el alma recibe en la comunión; que es 
engendrado ab ceterno por el Padre, y temporalmente por la Virgen; 
que la Divinidad habita en la carne; que murió y resucitó, y nace 



112 LOS NOMBRES DE CRISTO 

en nosotros, y nos da á comer su cuerpo y á beber su sangre; que 
los Reyes le adoraron; que fué presentado en el templo; que es el 
único y verdadero sacrificio que en el mundo ha habido; que se 
huelga de tenernos por amigos; que la Caridad de Cristo es lo úni- 
co firme que podemos poseer; que el nombre de Jesús está sobre 
todo nombre; que hay en Cristo divinidad y humanidad; que es 
nuestra salud; que es señal de contradicción, y á sus discípulos les 
ha de acontecer lo mismo. En fin, no quiero seguir, y rompo con el 
dulce sabor de este manjar y paso á hablar un poco de los conoci- 
mientos escriturarios que el Beato en esta obra muestra tener. 

Puede decirse que es la única que á esta ciencia ha dedicado, y, 
sin peligro de equivocarme, desde ahora aseguro que es la mejor. 
Fr. Basilio Ponce de León (1) afirma que el Beato «en la Escritura y 
Santos era tan versado, que cuando él leía, así estos libros suyos 
(Las Confesiones) como otros, se le refrescaba la memoria de lo que 
en Santos había leído». Y en los Nombres de Cristo abunda tanto 
esto, que con sólo abrirlos nota uno la exactitud de lo que Ponce 
de León asegura aplicándolo á ellos. Los sentidos que la Sagrada 
Escritura tiene, según el Beato, son estos: sentido literal, que es lo 
que suena la letra; sentido moral, que es el que de aquí se saca para 
enseñar á vivir á los cristianos; espiritual alegórico, el que pertenece 
á Cristo y á su Iglesia, y espiritual anagógico, que trata de las cosas 
de la bienaventuranza. En poco difiere este sentir del Beato de lo 
que hoy en todas las escuelas se enseña, basando todos los sentidos 
que la Escritura puede tener en el literal, y poniendo el moral, ale- 
górico y anagógico debajo del místico. Probar que en los Nombres 
de Cristo hace uso el Beato de todos estos sentidos, y también del 
acomodaticio, como ferviente amador de las obras de San Bernar- 
do, que es el Doctor y Maestro de este sentido, paréceme superfluo, 
dado el asunto de la obra, y por el pequeño resumen que antes se 
hizo verán los lectores la verdad de lo que se afirma, y, además, 
que todos habrán leído y releído la obra de igual título de Fr. Luis 
de León, que en substancia es la misma del Beato. 

Haré, sin embargo, un pequeño borrador del sistema que el Beato 
lleva en su trabajo. En los siete primeros nombres sienta como una 



(1) Notas á las Confesiones, tom. III, pág. 104. 






LOS NOMBRES DE CRISTO 113 

especie de proposición-resumen al principio, que en el cuerpo de 
cada nombre desarrolla. Está basada la proposición en textos de 
Isaías, Jeremías, Zacarías, los Salmos, Daniel, S. Juan y S. Lucas, y 
el desarrollo en textos del Antiguo y Nuevo Testamento, pero muy 
especialmente de Isaías, los Salmos, S. Juan, y S. Pablo y de los San- 
tos y Doctores de la Iglesia. En el de Principe de la Paz, Amado y 
Jesús ya no tiene por encabezamiento más que un texto de Isaías 
en los dos primeros, y del Cantar de los Cantares y del Evangelio de 
San Lucas en el tercero y cuarto; al de Esposo es al único que le falta 
esta manera de epígrafe, pero en el desarrollo todos andan por los 
mismos caminos de la Escritura y Santos Padres. 

Dice el Beato (1) que «vale mucho para enseñar usar de metáfo- 
ras y símiles*; y él lo practica con mucha frecuencia y tino. Conó- 
cense muy pronto los símiles del Beato por lo bien traídos, por la 
delicadeza que ordinariamente encierran, por lo propios, por la cla- 
ridad y por lo naturales que resultan; tanto que, cualquiera, al leer- 
los, le parecerán facilísimos, y puesta la pluma en el papel, puede ser 
que no le salgan á él con tanta soltura; y esto es muy propio de los 
grandes talentos, el poner las cosas al alcance de todas las inteligen- 
cias, lo cual se consigue más prontamente con estos ejemplos ó me- 
táforas; «así leemos del Redentor del mundo — sigue el Beato— (2), 
que sin parábolas no predicaba», y con esto todos los oyentes le en- 
tendían. Véanse algunos. Para decir que nada hubiese Dios criado, 
si Cristo no hubiera de unir nuestra humana naturaleza á la suya, 
escribe que, como la raíz del árbol, ni el tronco, rama y flor, no son 
para si, sino para llevar el fruto. Como el que entra en una casa real 
y ve la riqueza de los edificios, torres y chapiteles, comprende que más 
ha de valer el dueño para quien se hizo; así, viendo los cielos y la 
tierra, y las bellezas que en ellos hay, entendemos la excelencia de 
Cristo, para quien todo fué criado. A la manera que en una pepita 
está el árbol, con la raíz, tronco, ramas, hojas, flor y fruto, así está- 
bamos en Adán. Como en un río vemos el cielo con toda su gran- 
deza y hermosura, así, el alma, vista en el espejo de la gracia, nos 



(1) Obras del Bto. Alonso de Orozco, de la Orden de San Agustín. Memo- 
rial de amor santo, tomo II, cap. XIV, pág. 235. Salamanca. Imp. de Calatra- 
va. 1896. 

(2) La misma obra y página. 

8 



1 14 LOS NOMBRES DE CRISTO 

parece como un retrato de Dios. El pintor, para retratarse, mírase an- 
tes al espejo y después crea en el lienzo su imagen; así Dios, mi- 
rándose así, engendra al Hijo, y después cría al exterior el mundo. 
Como la abeja labra su dulcísimo panal en vergel ajeno sin causar 
daño alguno ni á las flores, ni al dueño del huerto; del mismo modo 
la caridad, gozándose en las buenas obras del prójimo. La piedra, 
en cuanto se la suelta, va derecha á su centro; asi el alma cuando 
se la libra del amor propio. Tiene también el Beato lo que él, con 
mucha gracia, llama disimiles, como este: Para tener gusto en el man- 
jar, ha de preceder un mal, que es hambre. 

Hablando el limo. P. Cámara (1) del estilo del Beato, asegura 
que si bien su lenguaje no es sobremanera primoroso y atildado, mas 
muy lejos de dar en el extremo opuesto de hacerse trivial, le mantiene 
constantemente terso, limpio y elegante. Y antes había dicho el P. Már- 
quez (2) que era agudo en las sentencias, propio en las palabras, sua- 
ve en el estilo, casto en las frases, no forzado en las metáforas, y nada 
inferior en romance y latín á los que con mayoi primor escriben en una 
y otra lengua. El Beato guardaba como primera regla en el escribir, 
que todo el mundo le entendiera, y muy particularmente aquellos 
á quienes el libro se dirigía: por eso, en sus libros latinos se 
muestra más el trabajo, cuidado y deseo de agradar, porque la so- 
ciedad que los había de leer tenía más erudición, y en aquel siglo 
de humanistas se hacía necesario á toda persona medianamente 
ilustrada hablar con perfección la lengua del Lacio, y si se creía con 
ánimos para emprender la redacción de una obra en esta hermosa 
lengua, era preciso que á cada paso entretejiera en el discurso pa- 
labras, giros y frases de los clásicos, que dieran primor y elegancia á 
lo que él de su cosecha ponía. Entre las obras latinas del Beato, las 
que á mí me parecen más netamente clásicas, son la Institutio Rega- 
lis y la Chronica de la Orden, y, sobre todo, el Prólogo de ésta. Pero 
en castellano, como se dirigía al pueblo, que no anda muy basado 
en clásicos, ni está acostumbrado á oir las cosas á son de trompeta, 
ni á que le regalen el oído con dulces palabras que nada le aprove- 
chan, y que comienza por no entender, escribió con más llaneza 



(1) Vida y escritos, etc., pág. 446. 

(2) Vida del Venerable Padre, tomo III, cap. VI, pág. 12. 



LOS NOMBRES DE CRISTO 115 

pero sin rebajar el estilo, ni andar rebuscando palabras viejas ó fra- 
ses de relumbrón, consiguió hacerle claro y de muy elegante sen- 
cillez. Ya hemos dicho antes que los Nombres de Cristo, del Bea- 
to Orozco, son poco extensos, por lo mismo que no los ha desarro- 
llado; aunque no era el Beato muy amigo de rodeos, sin los cuales 
no puede ser la amplificación y proligidad de la escritura (l). El mismo 
dice (2) que todo su estudio ha sido quitar hastio al lector, dejando 
muchos misterios, poniendo casi letra por letra, como quien atraviesa 
caminos por llegar presto á la ciudad. Y entre las razones que apun- 
ta, señala el ser la vida tan breve, la falta de paciencia que nos hace 
tener miedo al libro grande y que huyamos de él, y la viveza de inge- 
nios; y cree que, si Tulio, Quintiliano y Aristóteles hubieran vivido 
en el siglo XVI, hubieran escrito por estilo más breve; y da gracias 
á Dios cuando ve escrituras de su tiempo, porque hay en nuestra 
edad (dice), quien nos hable según nuestros conceptos y estilo de en- 
tender. No hay menor diferencia (sigue), en la manera del hablar, se- 
gún diversos tiempos, que en los trajes y vestidos que usamos (3), que 
es la misma razón de Páez de Castro, ya transcrita; sólo que la es- 
cribió antes el Beato. 

P. Mariano Gutiérrez. 

o. 8. A. 

(Continuará) 



(1) Vergel de Oración, etc., pág. 69. 

(2) La misma obra y página. 

(3) La misma obra y página. 



ANALES DE LA ESCENA ESPAÑOLA 

CORRESPONDIENTES Á LOS AÑOS 1614 Á 1625 



(continuación) 

1623 

9 Enero. — El poeta Luis Vélez de Guevara, ante el escribana 
Diego Cerón, dio poder á Bartolomé Rodríguez, platero, para co- 
brar á Bartolomé Pictán 5.000 reales que le debía. Era esta suma el 
precio de 100 botones de oro, calados y esmaltados, cuatro vueltas 
de cadena de oro, una fuente de plata dorada, una pieza de agua de 
brocados y un braserito de plata y un hábito de San Juan, pequeño, 
de oro. 

Fué nombrado Secretario de la Congregación de los Esclavos 
del Santísimo Sacramento, sita en la iglesia del Caballero de Gra- 
cia, el poeta dramático D. Gabriel de Bocangel y Unzaeta. 



12 Febrero.— En el Palacio Real, ante Felipe IV, estrenó la Com- 
pañía de Juan Bautista Valenciano, la comedia de D. Juan Ruiz de 
Alarcón y D. Luis Belmonte, Siempre ayuda la verdad. 

16 Febrero. — Se obligó, ante el Escribano Diego Cerón, el poeta 
Guillen de Castro á pagar á D. Gaspar Sáez de Viteri, mercader, 
600 reales, precio de 35 varas de tercianela negra. Hipotecó el cor- 
tijo de Casablanca que le dio en usufructo el Duque de Osuna. 

27 Febrero. —Se obligaron Juan de Morales Medrano, autor de 
comedias, y Josefa Vaca, su mujer, residentes en la corte, á pagar á 
Juan de Covarrubias, escribano, 3.300 reales que les había prestado. 

4 Marzo. —Se obligaron Cristóbal de Avendaño y María de Can- 
dau, autores de comedias (fiadores Gabriel de la Torre, Luis de 



ANALES DE LA ESCENA ESPAÑOLA 117 

Monzón y Gabriel González, arrendadores de los corrales de come- 
dias de la corte), á pagar á Pedro de Avila, mercader, 500 ducados 
que les había prestado y que cobraría en las representaciones que 
habían de dar en la corte después de la cuaresma, de modo que en 
la penúltima quedase satisfecha toda la deuda. 

12 Marzo.— Felipe IV, en premio de la comedia Querer por sólo 
querer, que escribió Antonio Hurtado de Mendoza y representaron 
las meninas de S. M. en Aranjuez, nombró á aquél su Secretario y 
Ayuda de Cámara. 

16 Marzo.— Concertó y se obligó con Manuel Vallejo, autor de 
comedias, Juan de Villegas, representante de su compañía, á repre- 
sentar en la compañía de aquel durante un año, ganando 8 reales de 
ración y 22 por cada representación. 

17 Marzo. — Se obligaron Manuel Vallejo y Francisca María, su 
mujer, á pagar á Luis de Monzón, Gabriel de la Torre y Gabriel 
González, arrendadores de los corrales de comedias de Madrid, 416 
reales que les debía Francisco de Villegas, representante de su com- 
pañía. 

Manuel Vallejo, autor de comedias, contrató con los arrendado- 
res de los corrales de comedias de Madrid, lo siguiente: 

Le darían un corral para que representase todos los días (tres más 
ó menos cuatro) pasada la Cuaresma, cuando se diere licencia. No 
holgaría ningún día aunque hubiese poca gente en el corral. Se le 
pagarían 250 reales y además el alguacil, y si vendiese más, sería 
para él el exceso. Si la entrada no diese los 250 reales, mudaría de 
comedia á no ser víspera de fiesta. No saldría de la corte á hacer 
ninguna fiesta. 



19 Marzo.— -Juan Vázquez y Francisca de Torres, su mujer, se 
obligaron á representar en la Compañía de Antonio de Granados, ga- 
nando 12 reales de ración y 20 por cada representación, más 40 du- 
cados por la fiesta del Corpus, y además 400 reales que eran la mitad 
de los costes del viaje á Lisboa, y también las raciones de la Cuares- 
ma, contando desde Carnestolendas pasado, luego cuando llegasen 
á Toledo, y para los viajes tres caballerías iguales porque no habían 
de ir en los carros cargados. La condición que Francisca de Torres 



118 ANALES DE LA ESCENA ESPAÑOLA 

había de hacer la mitad de los primeros papeles de las comedias vie- 
jas y nuevas, la mitad de los segundos y la mitad de los bailes. 

21 Marzo.— Para obsequiar al Príncipe de Gales, fueron á Pala- 
cio varios bailarines y al frente de ellos el célebre Luis Vergel, al- 
guacil de S. M. Bailaron mucho, y el Rey obsequió á Vergel con una 
cadena que valía 400 ducados de plata. 

22 Marzo.— St hizo escritura de alquiler de vestidos para la dan- 
za llamada Historia del Marqués de Cañete, que se había de hacer en 
la fiesta de San José, el tercer día de Pascua de Resurrección, en la 
villa de Pinto, otorgada por Juan Rincón y Pedro de Olías, vecino 
de Pinto, á favor de Luis Monzón, vecino de Madrid. 



Cristóbal de Avendaño, concertó hacer con su compañía (Lo- 
renzo Hurtado, Diego de Azúa, Antonio Rodríguez, Alonso Díaz Na- 
varrete, Juan Gil de Córdova, Francisco Primo, Bartolomé Romero 
y Pedro Muñoz) la fiesta del Corpus en Valdemoro, representando 
dos actos por la mañana, una comedia por la tarde y otra el viernes 
por la mañana en precio de 4.050 reales, dándoles los carros nece- 
sarios á las cinco leguas para ir y venir. 



23 Marzo.— Su Majestad ordenó al Conde de Monterrey visitase' 
de ordinario al Príncipe de Gales, estrechara amistad con el Mar- 
qués de Boquingam, convidándole y andando por el lugar siempre 
con él, haciéndole comedias y festejándole mucho. 

27 Marzo. — Jerónimo Sánchez hizo un contrato con los de su' 
Compañía por un año: 

Jerónimo Sánchez llevaría de parte 6 reales, 

Fulgencio de Loaysa, 6; 

Diego de Santiago, 6; 

Agustín Romero y Ana de Sandoval, su mujer, 10; 

Jusepe Luzón é Isabel Ana, su mujer, 9 y medio; 

Miguel Martínez y su hija, 6; 

Juan Francisco, 4 y medio; 

Jerónimo Martínez, 5 y medio; 

Pedro del Castillo, 5; 

Juana de Segura, viuda, 5 y medio. 



ANALES DE LA ESCENA ESPAÑOLA 119 

30 Marzo. — Juan de Vargas otorgó carta de pago á favor de Juan 
Bautista Valenciano y doña Manuela Enríquez, su mujer, autores de 
comedias, por 3.100 reales que le habían dado á cuenta de 3.600 que 
le debían, por escritura de 12 de Noviembre de 1622, ante Juan 
Bautista de la Barrera. 



El poeta Luis Vélez de Guevara entró al servicio del Príncipe 
de Gales con el título de ujier de cámara, lo cual le inspiró un nota- 
ble soneto que empieza: 

Cancerbero del Príncipe de Gales... 



Se permitió al poeta D. Francisco de Quevedo volver á la corte. 



5 Abril. — Se obligó Cristóbal Ortiz de Villaizán, autor de come- 
dias, á pagar á Gabriel González Flores, arrendador de los corrales 
de la corte, 5 reales cada día de los que representase Mariana de 
Castro, viuda, y de su Compañía, para pago de lo que ésta debe á 
dicho González, sobre lo cual ya tenían mandamiento de ejecución 
contra ella. 

10 Abril— Cristóbal de Avendaño y María de Candau dieron 
poder á Juan Martínez para que les concertase y obligase con los 
señores del Hospital de Valencia para hacer cincuenta representa- 
ciones, y entre ellas veinte comedias, con su Compañía para el 20 de 
Julio en adelante, cobrando 40 ducados por cada representación, y 
además 1.000 ducados entregados en 1.° de Julio para salir de la 
corte. 

12 Abril. — Nació en Valencia el poeta dramático D. Antonio 
Folch de Cardona Alagón y Borja. 

13 Abril— Hicieron obligación Pedro de Valdés, autor de come- 
dias, y su mujer, Jerónima de Burgos, á pagar á Alonso de Fuen- 
tes 1.268 reales para fin de Julio próximo. 

15 Abril— Juan de Morales Medrano y su esposa, Jusepa Vaca, 
dieron poder á efectos legales ante el escribano de Madrid Pedro 
Fernández Espinosa. 



120 ANALES DE LA ESCENA ESPAÑOLA 

17 Abril. — El poeta dramático D. Alonso del Castillo Solorzano, 
gentilhombre del marqués del Villar, ante Juan de Alayz dio carta 
de pago en favor de Magno Brundusio, natural de Ñapóles, por la 
parte que le correspondía <de un título de una nobleza que S. M. le 
hizo merced al otorgante para disponer de él en dicho reino de Ña- 
póles, por servicio de sus padres», cuyo titulo gozaría Vicencio An- 
toniani, natural de Gaeta, para quien se compró por agencia del 
Magno Brundusio. 

18 Abril.— Dio poder Manuel Vallejo, autor de comedias de los 
nombrados por S. M., á su tío Jerónimo Flores Vallejo, regidor de 
Medina del Campo, para que le concertase con cualesquier persona, 
villas, para hacer las fiestas del Corpus ú otras con su Compañía. 

25 Abril.— Se obligó Jerónimo de Herrera, representante, á asis- 
tir á la Compañía de Cristóbal de Avendaño, autor de comedias, du- 
rante un año, ganando 8 reales de ración y 10 por cada represen- 
tación. 



Representó Antonio de Prado las comedias, de Calderón, El mé- 
dico de su honra y Luis Pérez el Gallego. 



6 Mayo. — Lleva esta fecha el manuscrito de la comedia La alde- 
huela y el Gran Prior de Castilla, escrita por Lope de Vega, que se 
conserva en la Biblioteca Nacional y copió en Toledo Martín Nava- 
rrete. 

8 Mayo.— Se fechó en Madrid el manuscrito de la comedia La 
niña del Padre Rojas, que existía en la Biblioteca de Osuna. 

22 Mayo— Se obligó Diego de Azúa (fiador Cristóbal de Aven- 
daño) á pagar á Diego Ruiz 266 reales que le prestó. 

27 Mayo. — Se obligó Cristóbal de Avendaño á pagar 200 reales 
á cuenta de los 614 que uno de su Compañía debía á Pedro Valdés, 
autor de comedias, el cual le había puesto ejecución, y en virtud de 
ella se le había mandado poner en la cárcel. 

28 Mayo. — Dio poder Cristóbal de Avendaño, autor de come- 
dias, á Eugenio de Pedraza, regidor de Cuenca, para que le obligase 
con los mayordomos de la cofradía del Rosario de dicha ciudad para 
ir allí con su Compañía el 25 de Junio de este año, y dar las repre- 



ANALES DE LA ESCENA ESPAÑOLA 121 

sentaciones que concertasen y con el ayuda de costa que convi- 
nieren. 

También dio poder Cristóbal de Avendaño á su criado Juan An- 
tonio para que concertara con el convento de la villa de Uclés, para 
ir allá el día de Santiago con su Compañía y representar las come- 
dias y autos, haciendo en ellas las loas, bailes y entremeses que con- 
vinieren. 

Se obligaron Luis Candau de Fox, representante, y su mujer, Ma- 
riana de Velasco, á pagar á Gabriel González Flores, arrendador de 
los corrales de comedias de Madrid, como cesionario de Tomás Fer- 
nández de Cabredo, autor de comedias, 600 reales, que eran resto 
de los 800 que Juan de la Hoz debía á dicho Tomás Fernández. 



29 Mayo.— Antonio de Prado estrenó la comedia, de Lope de 
Vega, Carlos V en Francia. 

2 Junio. — Dio poder Cristóbal de Avendaño ájuan Serrano para 
cobrar de los mayordomos de la cofradía del Rosario de Colmenar 
de Oreja 1.000 reales, de los 1.400 en que se había concertado la 
fiesta del Santísimo Sacramento en dicho pueblo para el domingo 
siguiente al día del Corpus de este año. 

3 Junio. — Se obligó Cristóbal de Avendaño á pagar 435 reales 
á Juan de Águila, por varias mercaderías que había sacado de su 
tienda. 

17 Junio.— E\ poeta dramático D. Alonso del Castillo Solorzano, 
ante Juan de Alayz de Pedrosa, dio poder, en unión de su esposa, 
doña Agustina de Paz^ vecinos de Tordesillas, á D. Juan de Ulloa 
Belón para vender la hacienda que poseían en dicha villa. 



Alonso de Olmedo y Tomás Fernández representaron los autos 
del Corpus en Sevilla. Para ello se hizo venir al primero de Ecija, 
donde trabajaba, mandando á este fin á Alonso Ruiz de Xerez. En 
estas fiestas se representaron dos autos de Andrés de Claramonte, el 
titulado El valle de la muerte, por Fernández, y Los corporales de 
Daroca, por Olmedo. 



122 ANALES DE LA ESCENA ESPAÑOLA 

5 Julio. — Concertó Juan Acacio, autor de comedias, con los ma- 
yordomos del Rosario de la villa de Parla para hacer en esta villa, el 
día de Nuestra Señora de Agosto, dos comedias, una por la mañana 
y otra por la tarde, con sus loas y entremeses, los que escogieren de 
su repertorio, pagándole 1.050 reales y yendo por la Compañía á 
Toledo. 

20 Julio. — Se obligó Catalina Hernández, viuda de Gaspar de 
Porres, vecino que fué de Toledo, á pagar á su hijo el Dr. Matías 
de Porres, médico y familiar del Santo Oficio en esta Corte, 11.000 
reales que le dio: 5.000 en dinero y 6.000 en alhajas de plata, 
para el casamiento de D. a María de Porres, su hija y hermana, res- 
pectivamente. 

27 Julio. — Dio poder Jerónimo de Heredia, representante, á 
Luis Candau y á Catalina Osorio, su mujer, para cobrar 182 reales 
que de su parte le tocaban como compañero que había sido de la 
compañía de Balbín, de los particulares que debe S. M. 

28 Julio. —Se obligaron D. Diego de Villegas y su mujer, doña 
María Panlagua, á que ésta representase, cantase y bailase en la fies- 
ta del Santísimo de Valdemoro los días del Corpus y siguientes de 
este año, cobrando 850 reales por hacer en las comedias los prime- 
ros papeles, siendo los viajes de ida y vuelta á costa de los mayor- 
domos. 

9 Agosto. — Se verificó la venta de las casas del Infante, que Luis 
de Monzón, uno de los arrendado/ es y administradores de las casas 
de comedias de esia villa de Madrid, hizo á favor de Bartolomé de 
Robles y su mujer, Mariana de Robles y Várela. 

14 Agosto.— Dio poder Juan Acacio, autor de comedias, á Anto- 
nio Antúnez para cobrar de los mayordomos de la cofradía del Ro- 
sario, de la villa de Griñón, 600 reales por la fiesta que allí se hizo 
el día del Corpus de este año. 

18 Agosto.— Se hizo escritura de reconocimiento de censo á fa- 
vor de Pedro Suárez de Mendoza, por Luis Candau, representante, 
y Mariana de Velasco, su mujer, sobre las casas que éstos habían 
comprado en la calle del Infante. 



ANALES DE LA ESCENA ESPAÑOLA 123 

Se concedió el hábito de Alcántara al poeta dramático D. Diego 
de Vera y Ordóñez de Villaquirán, marido de D. a Juana Girón, ca- 
pitán de infantería y alguacil mayor de la Inquisición en Cataluña, 
Condados de Rosellón, Cerdaña y Urgel. 



22 Agosto.— El Rey hizo merced del hábito de Calatrava al 
poeta dramático D. Antonio Hurtado de Mendoza. Vistiólo al mes 
siguiente, siendo su padrino el Conde-Duque de Olivares. 



Se concedió el hábito de Santiago al poeta dramático D. Guillen 
de Castro. 



29 Agosto.— Gabriel Conzález, Gabriel de la Torre y Luis Mon- 
zón, arrendadores de las casas de comedias de Madrid, otorgaron 
carta de pago y finiquito á favor de Juan de Morales Medrano, 
autor de comedias. 

1.° Septiembre.— Domingo Babín é Isabel Berriz, su mujer, con- 
certaron á los siguientes representantes, para trabajar en su Compa- 
ñía desde este día hasta Carnestolendas del año próximo, ganando: 

Roque de Figueroa y su mujer, María de Olivares, 11 reales de 
ración y 22 por representación. 

Sebastián González y su mujer, Catalina Téllez, 11 reales de ra- 
ción y 20 por representación. 

María de Medina, 6 reales de ración y 15 por cada represen- 
tación. 

Francisco de Artiaga, padre de María, 8 reales de ración y 1 1 por 
cada representación. 

Francisco de Rojas, 5 reales de ración y 10 por representación. 

Pedro de Almansa, 7 reales de ración y 14 por representación. 

Baltasar de Santa Cruz, 6 reales de ración y 10 por represen- 
tación. 

Pedro de Pernia, 4 de ración y 6 por representación. 



124 ANALES DE LA ESCENA ESPAÑOLA 

Se obligaron Hernán Sánchez de Vargas, autor de comedias, y 
su mujer, Francisca Rodríguez, á pagar á Francisco López, pintor, 
13.500 reales, resto de las cuentas de la administración de las ca- 
sas de Hernán Sánchez en la calle de las Huertas, y demás hacien- 
das que habían estado á cargo de dicho Francisco López. 



Se obligó Hernán Sánchez de Vargas, con Gabriel de la Torre, 
Gabriel González y Luis de Monzón, arrendadores de las casas de 
comedias de Madrid, á representar en la corte, durante cuatro me- 
ses, á contar desde el día siguiente de esta escritura, sacando cada 
día 200 reales para el pago de las raciones de la Compañía y dejan- 
do lo demás que ingresase para pago de los 13.500 reales de la es- 
critura anterior. 



6 Septiembre.— Luis de Monzón, por sí y en nombre de los de- 
más arrendadores de las casas de las comedias de Madrid, otorgó 
carta de pago y finiquito de todas las cuentas á favor de Cristóbal 
de Avendaño, autor de comedias. 



Murió el poeta doctor Vicente García, Rector Vallfogona, autor 
de la comedia La gloriosa verge y mártyr Santa Bárbara. 



17 Septiembre.— Manuel Vallejo, autor de comedias, y Luisa 
de Robles, soltera, mayor de veinticinco años; Bernardino Alvarez, 
Juan Montoya, Francisco de Castro, Jerónimo de Córdoba, Miguel 
Jerónimo, Pedro de Urbina, Juan de Bustamante y Antón Baroto, 
todos representantes, dieron poder á Juan Villegas y Bernardo de 
Bobadilla, de nuestra compañía, para que fueran á Madrid y á otras 
partes y buscasen dinero prestado. 

19 Septiembre.— Se obligó á Juan de Villegas, por sí y en nom- 
bre de Manuel Vallejo y su Compañía, á pagar á Gabriel de la Torre, 
Gabriel González y Luis de Monzón, arrendadores de la casa de 
comedias de Madrid, 3.100 reales que necesitaban para pagar las 
deudas que dicha Compañía había contraído en Avila y poder venir 
á Madrid. 



ANALES DE LA ESCENA ESPAÑOLA 125 

Se obligaban también á pagar las comedias nuevas que les die- 
sen para representar á los precios que les dijeren ó á los que con- 
certasen; además, á representar en la corte dos meses (Octubre y 
Noviembre), y cobrarían de lo que recaudase en las puestas de 
hombres y mujeres y por los aposentos 130 reales para pagar las 
raciones y dejarían lo demás para el pago de esta obligación. 

26 Septiembre.— Dieron poder Francisco Rodenas, representan- 
te, y su mujer, Mariana Margarita Ruiz, á ciertos vecinos de Ecija 
para cobrar y recoger la herencia de los padres de Marina, Lope 
Ruiz y Juana Ruiz. 

5 Octubre. — Se obligó Juan de Vargas, representante, por sí y 
en nombre de «Andrés de Chavarría y Sebastián González y otros 
consortes, mis compañeros de la Compañía de partes que tiene por 
nombre de los Conformes, que residimos en esta villa de Madrid > 
con los patronos de la cofradía del Santísimo de Leganés, á ir á di- 
cha villa el 14 de Octubre y representar *la comedia intitulada La 
Morica garrida, de Juan de Vargas, con su loa, música, entremés y 
bayles», por precio de 400 reales pagados al acabarse la represen- 
tación. 

24 Octubre. — Se hizo retrocesión del poder que Pedro de Valdés 
había dado en Valladolid á Francisco de Robles, representante de su 
Compañía, para cobrar 100 reales. 

26 Octubre. — Dio poder Juan Bautista Valenciano, autor de co- 
medias por S. M., residente en Segovia, á Andrés Fernández, para 
cobrar de Manuel Vallejo, autor de comedias, 50 ducados que le 
debía por escritura de obligación. 

3 Noviembre.— H\ Presentado Fr. Gabriel Téllez (Tirso de Moli- 
na) aprobó el libro Donaires del Parnaso, de D. Alonso del Castillo 
Solorzano, gentil-hombre del Marqués del Villar. 

4 Noviembre. —Se obligó Manuel Vallejo, autor de comedias, á 
pagar á Juan de Montoya, representante de su Compañía, 314 reales, 
resto de las cuentas habidas entre ambos. 

8 Noviembre. — Se obligaron Juan de Bezón y su mujer, Ana Ma- 
ría, á asistir en la Compañía de Hernán Sánchez de Vargas, durante 
un año (desde miércoles de Ceniza de 1624) por precio de 40 reales, 
13 de ración cada día y 27 por cada representación, más 700 reales 
por la fiesta del Corpus, tres caballerías iguales para los viajes y una 
ordinaria. 



126 ANALES DE LA ESCENA ESPAÑOLA 

10 Noviembre. — Se obligaron Bartolomé Romero y su mujer, An- 
tonia Manuela, representantes, á asistir á la Compañía de Juan Bau- 
tista Valenciano, autor de comedias, durante un año (desde miérco- 
les de Ceniza de 1624), cobrando 38 reales, 14 de ración cada día y 
24 de cada representación, más 500 reales por la fiesta del Corpus. 

// Noviembre. — Se obligó Juan Vázquez, representante, por sí y 
en nombre de su mujer, Francisca de Torres, á asistir en la Compa- 
ñía de Manuel Vallejo, autor de comedias, durante un año, á contar 
del miércoles de Ceniza de 1624, para representar, su mujer, la mi- 
tad de los primeros papeles, y el los que le dieren, por precio de 36 
reales (12 de ración diarios y 24 por cada representación) y 50 duca- 
dos para la fiesta del Corpus, tres caballerías y llevarlos y traerlos. 

13 Noviembre. — Se hizo inventario de los bienes de Juan Bautis- 
ta de Villegas, representante, á petición de Paula Salvadora, su mu- 
jer, para hacerse cobrada de 12.662 reales de su dote, por haber de- 
jado su marido varios acreedores. 

16 Noviembre.- — Se obligaron Luis Monzón y sus compañeros los 
arrendadores de las casas de comedias, á dar á Juan Bautista Valen- 
ciano y á Andrés Fernández, en su nombre, uno de los dos corrales 
de comedias de esta villa, para que con su Compañía trabajase en él 
á los dos ó tres días de llegar á Madrid hasta veinte días antes de 
Carnestolendas de 1624, y desde entonces con los demás autores de 
comedias contratados. Además le había de comprar dos comedias 
nuevas del Dr. Mira de Amescua y adelantarle dos ó tres mil reales 
para el viaje. Y para pagar esto dejaría el ingreso en taquilla menos 
los gastos de raciones y representaciones de los de la Compañía, más 
doce reales para la comida del dicho Juan Bautissa Valenciano. 

18 Noviembre. — El famoso Lope de Vega aprobó con gran elo- 
gio el libro Donaires del Parnaso, del poeta y autor dramático don 
Alonso del Castillo Solorzano. 

30 Noviembre.— Alonso Pérez, mercader de libros, y Felipa de 
la Cruz, su mujer, ante el Escribano Juan Cano López, hicieron do- 
nación á favor de su hijo el poeta Juan Pérez de Montalbán, gradua- 
do de Filosofía en Alcalá y Capellán de la Parroquia de San Juan de 
Ocaña, que sólo le daba 22.600 maravedises de 100 ducados, para 
que pudiera ordenarse de misa. Los aseguraron sobre las casas de 
su morada en la calle de Santiago, á mano derecha de la Puerta de 
Ouadalajara. 



ANALES DE LA ESCENA ESPAÑOLA 127 

Se dio hábito de Santiago al poeta dramático D. Diego Jiménez 
de Enciso. 

14 Diciembre.— -Dio poder Fernán Sánchez de Vargas, autor de 
comedias, á D. Diego de Villegas, para contratar comediantes para 
su Compañía desde Carnestolendas de 1624 en adelante. 

15 Diciembre. Se obligó, Cristóbal de Avendaño, autor de co- 
medias, á pagar á Jerónimo Rodríguez 660 reales que le había 
prestado. 

29 Diciembre. — U\ó poder Hernán Sánchez de Vargas, autor de 
comedias, al Sr. Tomé Castellanos, Capellán de la iglesia de Toledo, 
para que se concertase con Juan de Toledo, administrador de las 
casas de comedias de dicha ciudad, en razón de que iría con su 
Compañía á representar á dicha ciudad para y por el tiempo que se 
concertaren. 

Se imprimió en Madrid por la Viuda de Alonso Martín el libro 
Exposición Parafrástica del Psalterio y de los cánticos del Breviario, 
original del poeta dramático Maestro José de Valdivieso. Se hizo á 
ruego del Arzobispo de Toledo, D. Bernardo de Sandoval y Rojas, y 
se dedicó al Infante D. Fernando de Austria. 



Compuso D. Francisco de Quevedo el entremés de Los refranes 
del viejo celoso. Este entremés lo plagió el comediante Francisco de 
Castro, en su saínete El cesto y el sacristán. 



Se estrenó en el Real Palacio la comedia de Tirso Siempre ayu- 
da la verdad, por Juan Jerónimo Valenciano, con que entró en 
Sevilla. 

Está escrito en este año el manuscrito de la comedia del doctor 
D. Juan Pérez de Montalbán, que existía en la Biblioteca del Du- 
que de Osuna, cuyo título es El divino peregrino, San Antonio de 
Padua. 

Narciso Díaz de Escovar. 
(Continuará.) 



ESPAÑA Y LA COMUNIÓN FRECUENTE Y DIARIA 
EN LOS SIGLOS XVI Y XVII 



(continuación) 
La Práctica 




jAS Ordenes religiosas, eminentemente conservadoras y que 
suelen andarse con mucho tiento en punto á innovaciones, 
continuaron rigiéndose en la comunión por los estatutos 
que se han copiado en el siglo XVI (1), y sólo hallo que se introdu- 
jera la comunión diaria en las Descalzas Reales de Madrid (2), en 



(1) Añádase á lo citado acerca de los religiosos en el siglo XVI, lo siguien- 
te: «San Francisco de Paula ordenó en su Regla que los religiosos comulga- 
sen cada ocho días (cap. 3, § 4), y añade: Insuper debus ac festis nataiis Domini, 
Purificationis B. V. Mariae, coena ipsius Domini, Pentecostés, Assumptionis 
V. Mariae, et Dedicationis S. Micha'élis Archangeli, atque omnium Sanctorum so- 
lemnitate, ad minas non sacerdotes... sacram communionem percipianU — Aya- 
la.— Apología, fol. 18 r. 

«El estatuto de esta mi Provincia de S. Pedro de Alcántara, escribe el 
P. Vargas, franciscano, sobre punto de comunión, dice: «Todos los que no 
son sacerdotes, confiesen y comulguen por obligación todos los domingos y 
fiestas de guardar, y las de nuestro Señor y nuestra Señora, los clásicos de 
nuestra Orden, y todos los jueves, cuando miércoles ó viernes no fuere alguna 
de dichas festividades. Y exhortamos á la frecuencia en los demás días, á jui- 
cio de los prelados y maestros espirituales.» P. Eusebio de Vargas, O. M.— 
Tratado de Comunión cotidiana, págs. 95-96. 

(2) «Esta devoción de comulgar cotidianamente... se introduxo en el con- 
vento de las Señoras Descalzas Reales de Madrid, más ha de sesenta años. 
[1675?]... 

Estas señoras, cuyas vidas angélicas han sido siempre la admiración y 
exemplo de España, cuyas heroicas virtudes se hacen más admirables coloca- 
das sobre los ríos de sangre real, que han entrado en tan ameno jardín á ser- 
vir de peana al trono de la virtud, deseando adelantarse en la perfección reli- 
giosa por medio de la diaria frecuencia del Sacramento Santísimo..., recu- 
rrieron al Rvmo. P. General..., y le pidieron su bendición y licencia para 



ESPAÑA Y LA COMUNIÓN FRECUENTE 129 

todos los conventos de mercedarias (1), en muchos conventos de 
franciscanas (2', en casi todos los de agustinas recoletas y trinitarias 
descalzaré igualmente en los conventos de carmelitas descalzas exen- 
tas de la jurisdicción de su Orden; porque en los conventos sujetos 
á los superiores del Carmen, se frustraron los intentos hechos para 



comulgar de comunidad cotidianamente. Y dicho reverendísimo prelado lo 
concedió en esta forma: 

«Por cuanto VV. RR. nos han representado unas fervorosas ansias de ade- 
lantar su espíritu mediante la comunión cotidiana, y se nos ha pedido tenga- 
mos por bien dar para ella nuestra bendición y licencia; por tanto, damos 
á VV. RR. nuestra bendición y licencia con el mérito de la santa obediencia, 
para que puedan comulgar cada día, con tal que la que por su humildad ó 
por su indisposición corporal no comulgase, sea visto no contravenir á ningún 
orden nuesiro; y que las que comulgaren no se excusen de lo que las tocare 
hacer respectivamente en los oficios de comunidad, á que estarán obligadas 
á acudir, como hasta ahora, porque no se falte al exercicio de humildad, etc..» 

P. Vargas.— Tratado de Comunión cotidiana, páginas 470-72. 

(1) Es muy probable que en el dar la comunión diaria á las religiosas de 
la Merced, influyeran las doctrinas del V. Falconi, Reyes y Villarroel, de la 
misma Orden, que defendieren la sentencia benigna, como se apuntó arriba. 

(2) Véase el siguiente caso de la comunión diaria que acaeció en el conven- 
to de franciscanas de Salamanca, según lo refiere Velázquez Pinto. 

«Quiero referir— dice— lo que me sucedió en el convento de francisca- 
nas descalzas de Salamanca; que de verdad es un santuario y habitación de 
ángeles en la tierra. La abadesa del solía comunicarme sus cosas. Entre ellas, 
me dixo el gran sentimiento que tenían de que se les hiciese de peor condi- 
ción que á los seglares en cosa de tanta importancia como percibir los fru- 
tos deste Sacramento. Preguntóme qué medio se me ofrecía más á propósito 
para abrir puerta á la comunión cuotidiana. Mirando todas las dificultades, 
me pareció mejor el que apunta el doctor Arboleda; que procuren todos tener 
gratos á los ministros deste Sacramento, para suavizar el trabajo y dificultad 
que suele atravesarse en su administración. Tomó la madre abadesa mi con- 
sejo y agasajo muy bien al padre Vicario, y cuando fué á darla las gracias del 
agasajo, le propuso los deseos de toda aquella santa Comunidad de comulgar 
cada día. Respondió el padre Vicario que su convento de San Francisco eslaba 
muy lexos, y así no podía venir cuotidianamente á confesarlas. A más de que 
había algunas escrupulosas que le daban bien en que entender los dos días 
en la semana, que eran de regla las confesase. Que si querían comulgar cada 
día desta manera, comulgasen, porque él no había de venir á confesarlas más 
que las dos veces que había venido siempre. Díxolo la abadesa así en comuni- 
dad, y empezaron á comulgar cuotidianamente casi todas. 

A muy pocos días, las escrupulosas instaban en que las traxesen confesor, 
que ellas también deseaban y habían menester comulgar. Escribieron al Pro- 
vincial para que mandase venir al padre Vicario, que dio sus excusas, y por 
no obligarle á lo que hasta entonces á ninguno se había obligado, y también 

9 



130 ESPAÑA Y LA COMUNIÓN FRECUENTE 

conseguir que las religiosas comulgasen todos los días, y se estable- 
ció en un Capítulo general, que si entre semana había alguna fiesta 
señalada como de comunión, se dejase ésta el jueves ó el domingo, 
según que fuera la festividad más cercana á uno de estos días (1). 

Remora grande fué para la comunión diaria el partido que defen- 
día la sentencia rígida, mucho mayor y de más autoridad que el con- 
trario; rechazaba con tesón la doctrina opuesta á la suya y pretendía 
defenderla con toda clase de argumentos, y aun trataba con mal 
disimulado desdén á los partidarios de la comunión cotidiana, con- 
siguiendo que el vulgo se pusiera de su parte (2). 

Y como sucede en todas las discusiones que apasionan los áni- 
mos, entre unos y otros cruzáronse frases duras. Lanzaban al rostro 
de sus adversarios los enemigos de la comunión diaria la nota de 
fomentadores de devociones poco sólidas en teología y desconoci- 
das en la Iglesia; y muchos consideraban menoscabados sus dere- 
chos porque los fieles comulgaban diariamente (3); y otros desecha- 



porqué una monja (no debía de tener mucho deseo de comulgar) le escribió, 
poniéndolo en punto de cisma y inquietud que se levantaba en la comunidad, 
mandó el Provincial se estuviesen las cosas como antes, y no se dio más la 
Comunión cada día en aquel santo convento.» — Tesoro de los Christianos, 
páginas 550-551. 

(1) «No ha faltado quien quisiese (creo sería movido de sana intención y 
buen celo) corregir esta, que parece pusilanimidad y parsimonia de Santa 
Teresa de Jesús (comulgar dos veces á la semana), introduciendo en las car- 
melitas descalzas la comunión cotidiana; pero no lo pudo conseguir, porque 
los prelados de tan sagrada religión, siguiendo el dictamen de su santa fun- 
dadora, tienen por más acertado se observe el orden referido, que como 
dispuesto por tan insigne santa, es de mucha autoridad y merece mucho apre- 
cio. Y tanto, que en un Capítulo general de los PP. Carmelitas Descalzos, 
se hizo un estatuto, que ordena: «Que si en la semana ocurrieren algunas fiestas 
de las que están obligadas á comulgar, ú otras solemnes, como los Apóstoles, ú 
otras semejantes, en este caso que dexen de las comuniones del jueves ó domingo, 
la que fuere más cercana á la festividad en que comulgan; de manera, que en 
ningún caso ha de haber más de dos comuniones en la semana; y entre una y otra, 
por lo menos, han de pasar dos ó tres dias.» 

P. Vargas. — Tratado de Comunión cotidiana, páginas 92-93. 

(2) «Como el vulgo ignorante no conoce — escribía Velázquez Pinto—, obra 
como ciego, apartando con sus murmuraciones y bachillerías á los que quieren 
llegarse cada día á esta divina mesa en que Cristo se pone cada día...» Tesoro 
de los Christianos, pág. 285. 

¡¡£(3) «¿De qué ha nacido y nace el agravio que muchos sacerdotes forman, 
de que mujeres y hombres seglares hayan de comulgar tan á menudo, y que 



ESPAÑA Y LA COMUNIÓN FRECUENTE 131 

ban como opuesta al unánime sentir de los doctores eclesiásticos la 
doctrina de la comunión diaria (1); y alguno escribió que el defen- 
derla era temeridad calificada (2). 

Escribían á su vez los defensores de la comunión diaria, que los 
contradictores de la comunión eran tercos y temerarios, y Veláz- 
quez Pinto no dudó decir que debían ser tenidos como herejes for- 
males los que en absoluto se oponían á la comunión diaria (3). Los 
primeros no toleraban que los penitentes comulgaran diariamente; 
los segundos, para contrarrestar este proceder, decían que no era ne- 
cesaria la licencia del confesor para comulgar, y aun algunos escri- 
bieron ser mejor y más perfecto comulgar en caso que el padre es- 
piritual ordenara no comulgar que obedecerle. 

Los unos tenían por doctrina corriente y cierta que el superior 
ó prelado podía prohibir la comunión de cada -día, y citaban para 



sea en muchos cada día, que lo sienten tanto, que parece que les quitan á 
ellos el derecho que piensan tener á la comunión cotidiana por la misa que 
dicen, y así lo riñen y ponderan, y aun les ayuden á ello muchos de los que 
no son sacerdotes y se atreven á juzgar mal de los que así comulgan y mur- 
muran largamente de ello y de ellos?». Fr. Luis Fundoni. (Falconi, 1. c, p. 171. 
—V. la pág. 148.) 

(1) «La doctrina que enseña umversalmente la comunión cotidiana, es con- 
tra todos los doctores escolásticos, contra Santo Tomás y sus intérpretes, 
que expresamente enseñan no se ha de comulgar cada día, por la falta de 
disposición que en muchos se halla.— Sed haec doctrina ita universaliter in- 
tellecta, mihi videtur contra omnes doctores scholasticos, Sanctum Thomam 
etomnes interpretes eius qui expresse docent non esse quotidie communican- 
dum, propter indispositionem quae est ex parte sumentis». P.Luis de To- 
rres, S. J. Theol mor. p. 2. disp. I, dub. 2. —Citado por el P. Vargas, 1. c, p. 49. 
Allí mismo pueden verse las opinioaes de gravísimos autores, Lugo Méndez 
de S. Juan, Martínez de Prado, Luis de la Concepción, etc., que dan como cosa 
cierta y por verdadera la sentencia rígida. 

(2) «Expressa sententia est omnium doctorum ante hoc tempus, et Sancti- 
Thomae, 3. p. q. 80. art. 10. et interpretum eius (quidquid recentiores aliqui 
cum insigni temeritate contrarium ausi sint dicere) non esse quotidie commu- 
nicandum... Non potest sine temeritate defendí omnes fideles quotidie com- 
municare...» P. Ludov. a Torres, S. I. Theol moral. 2. p. c. 58. dub. 3. 
Citado per Méndez de S.Juan, Statera utriusque opinionis, p. 33. 

(3) Cap. XVIII. - Que es herejía, ó error en la fe, decir absolutamente que no 
conviene á todos comulgar cada dia, {estando con la debida preparación. Tesoro 
de los Christianos, disc. IV, pág. 377-80.- Esta proposición la tomó Velázquez 
Pinto de la Apología por la Comunión de los PP. Menores de Sevilla. 



132 ESPAÑA Y LA COMUNIÓN FRECUENTE 

confirmarlo algunas determinaciones de los obispos (1); los contra- 
rios afirmaban que era impío é injusto tal precepto y no había obli- 



(1) «En algunos obispados, dice el Dr. Frutos de Ayala, como testifica el 
P. Gaspar Hurtado, jesuíta, Tract. de Euch. disp. 9, les está prohibida á los 
seglares dicha frecuencia cuotidiana». Allí mismo responde Ayala que no 
consta de tal prohibición, y habiéndole preguntado al P. Hurtado, le contestó 
que tampoco sabía él que hubiese esta prohibición, y que si dice lo contrario 
sería por haberlo visto en algún libro».— Ayala. Apología sacra... págs. 17 
y 18 v. 

Se recordará que se dijo al hablar de este libro de Ayala, que el obispo de 
Ciudad Rodrigo había prohibido con excomunión la comunión diaria. La parte 
del decreto que conozco dice así: 

A los beneficiados, curas y demás personas eclesiásticas, asi desta nuestra San- 
ta Iglesia Catedral, como de las demás iglesias, y demás conventos desta ciudad 
y demás villas y lugares de nuestro obispado, seculares y regulares que tuvieren 
licencia para administrar los Santos sacramentos, salud y bendición. 

Hacemos saber: Que habiendo entendido cómo en esta ciudad de algunos años 
á esta parte se ha notado y hecho juicios y discursos en razón de ver, que algunas 
personas comulgaban cada dia, de que siendo de estados que necesitaban de asis- 
tir al gobierno de sus casas y al trabajo de sus manos, y gastaban muchas horas 
en las iglesias; sobre lo cual se habían seguido altercaciones y discordias y otros 
inconvenientes, y deseando poner buen orden en todo, habiéndolo mirado y consi- 
derado atentamente, y consultádolo con personas graves y doctas y experimenta- 
das en el gobierno espiritual, exhortamos á los infraescritos, y mandamos y orde- 
namos lo siguiente: (Después de haber exhortado á la frecuencia de la Eucaris- 
tía, prosigue): 

Ordenamos y mandamos, que de aquí adelante, ninguno de los dichos 
beneficiados, curas y demás personas eclesiásticas, seculares y regulares 
desta ciudad y su obispado, pueda dar ni dé licencia ó permisión á sus peni- 
tentes, ó á los de otros confesores para que comulguen cada día, ó frecuen- 
ten el Santo Sacramento del Altar más veces que los domingos, Pascuas, 
Corpus Christi, fiestas de nuestra Señora y Apóstoles. Y que para dar licen- 
cia de comulgar cada dia, ó con más frecuencia de la que va dicha, no le pue- 
dan hacer los dichos confesores, ni otras personas, aunque no lo sean, sin 
nuestra expresa licencia y facultad con apercibimiento que lo contrario ha- 
ciendo, procederemos contra los inobedientes y rebeldes á nuestros mandatos. 
Y mandamos pena de excomunión mayor latae sententiae, á los dichos peni- 
tentes subditos nuestros de esta ciudad y su obispado, que de aquí adelante 
no se atrevan á comulgar cada día, ni con más frecuencia de la que va dicha, 
que es los domingos, Pascuas, Corpus Christi, fiestas de nuestra Señora y 
Apóstoles, sin nuestro consentimiento ó expresa licencia, ó de los confesores 
que la tuvieren de Nos para el dicho efecto. 

ítem mandamos, que los dichos fieles cuando hayan de comulgar, sea en los 
altares mayores ó en los que está reservado el Santísimo Sacramento, y no pueda 
ninguna persona llevar consigo las formas, sino que reciba de las consagradas 



ESPAÑA Y LA COMUNIÓN FRECUENTE 133 

gación de obedecerlo (1), y negaban ser ciertas las prohibiciones 
-que alegaban los enemigos de la comunión cotidiana. 

Más daño que los rigoristas hizo á la comunión el comporta- 
miento de algunos que comulgaban todos los días (2). Otros co- 
mulgaban con varias formas, probablemente por creer que á más 
formas correspondían más Dios y más gracia, errores de antigua 
fecha en los místicos alumbrados, que continuaron casi todo el si- 
glo XVII dando señales de vida, y con las mismas costumbres depra- 
vadas que en el anterior; lo cual no les era impedimento para co- 
mulgar diariamente, ó por mejor decir, para seguir cometiendo 
diarios sacrilegios (3). 



y reservadas en los sagrarios y custodias de las iglesias, excepto quien tuviera 
particular permisión ó licencia nuestra.* 

Dr. Frutos de Ay ala.— Apología sacra en defensa de la Comunión quotidiana.— 
Prólogo al lector. 

Presentado este decreto en Roma fué desaprobado por el Penitenciario 
mayor de S. Pedro, en 1641, como contrario á las declaraciones que la Con- 
gregación del Concilio y el Tridentino hicieron en favor de la comunión diaria. 

(1) «El tal estatuto— escribe Ayala— es contra toda razón y justicia, y como 
ilícito, no tienen obligación en conciencia los subditos á guardarle. Muéveme 
á este sentir; lo primero, porque el tal estatuto se opone á la doctrina de Cris- 
to, practicada por la Iglesia, aprobada por los concilios, y aconsejada por 
los santos... Lo segundo, porque las acciones que de su naturaleza son hones- 
tas y buenas, no se pueden impedir con precepto negativo, sed sic est, que la 
comunión quotidiana es buena intrínsecamente, luego no se puede prohibir.» 
Después resuelve con mucho tino la dificultad de que se podría prohibir por 
los inconvenientes que de comulgar diariamente se podrían seguir. 

«El Maestro Marcilla, Fray Mauro de Valderas, el limo. Sr. D. Frutos de 
Ayala, P. Calasibeta y otros muchos dicen, que si el estatuto de alguna co- 
munidad ordenase á las personas della no comulgasen todos los días, sino al- 
gunos determinados, fuera impío y sacrilego... No puede quitar nadie la 
comunión cuotidiana á ninguno de los que están sin conciencia de pecado 
mortal; y si se la quitan no hay obligación de obedecerlos. Cayetano, Mar- 
cilla, Delgadillo, Sánchez, Valderas, Falconi, etc., etc.». Velázquez Pinto.— 
Tesoro de les Christianos, páginas 319 y 547. 

(2) «Desseo mucho, /' más en las mugeres, que se confiessen cada día, y que 
comulguen menos vezes si esas bien, y con grande devoción. Este deseo me 
nace de la experiencia que tengo, i mucho que é visto de sacrilegas comunio- 
nes, en personas que las freqüentan; otros juzgarán de otra manera, porque 
avrán esperimentado y visto lo contrario. Quiera Dios que yo me engañe, 
i que ellos acierten».— Instrucción de Eclesiásticos, por Fray Martín de la Vera, 
monge del glorioso P. S. Gerónimo... Madrid, 1630, pág. 90, c. 2. 

,(3) «Nadie tan famoso entre ellos (los alumbrados), como cierto clérigo 



134 ESPAÑA Y LA COMUNIÓN FRECUENTE 

Insistían en estas faltas los defensores de la sentencia rígida para 
desaprobar la diaria comunión (1); pero los partidarios de ésta ob- 
servaban atinadamente, que así como no se condena decir una misa 
cada día porque algunos sacerdotes sean viciosos, ni tampoco se 
reprueba la comida, porque muchos enferman de comer, ni se arran- 
can las viñas porque algunos se embriagan; del mismo modo no se 
ha de arrancar y quitar el pan cotidiano que Cristo nos dejó, antes 
se ha de tomar ocasión de los defectos que se vieren en la comu- 
nión diaria para alabarla y exhortar á ella con mayor instancia para 
que no se pierda por los escándalos de los malos (2). 

Aun los mismos sacerdotes y ministros encargados de enseñar al 
pueblo, llegaron á decir más ó menos veladamente que era obligato- 
ria y de derecho divino la comunión cotidiana (3), y trataban la Eu- 



secular de nación portugués, llamado el P. Francisco Méndez, que salió en 
estatua en un auto de fe de 30 de Noviembre de 1624. Tenía algo de embustero 
y algo de loco. Solía orar de este modo: «Dios mi corazón, mi buena cara.» 
Dirigía una casa de beatas y recogidas, á quienes comulgaba cada día con mu- 
chas formas.-»— M. y Pelayo, Historia de los Heterodoxos, II, p. 547. 

«En 1627 descubrióse en Sevilla un foco de alumbrados, semejante al de 
Llerena. Eran los corifeos la beata Catalina de Jesús, natural de Linares, en 
el obispado de Jaén, y el Maestro Juan de Villalpando. En su larga sentencia 
constan menudamente detallados sus errores, que eran como de gente más 
culta y quizá menos libidinosa que los clérigos extremeños. Convenían con 
ellos en administrar la Eucaristía con muchas formas, por la grosera y materialista 
creencia de que se «daba poco Dios» (sic) en una forma sola.»— Ibid. p. 550. 

De este Villalpando, que se acaba de citar, dice más adelante el mismo 
eximio historiador, que «dirigía una congregación de hombres y mujeres, que 
habían hecho en sus manos votos de obediencia... Como todos los alumbrados, 
era partidario de la comunión diaria, y aún se arrojaba á decir que era dudosa ¡a 
salvación de los que comulgan cada quince días, y desesperada las de los que retar- 
dan un mes el acercarse á la mesa eucarística» . Ibid. pág. 551-52. 

(1) «Añaden muchos que oyeron de tal y tal persona, que comulgaba cada 
día, cosas muy raras y enormes. Y pasan algunos tan adelante, que no hay 
desacatos ni maldad que no la refieran en cabeza de los que comulgan cada 
día. Oyeron muchos á un predicador de los de más autoridad desta Corte, 
que viendo entre sus oyentes unas mugeres parlando, se volvió á reprender- 
las, diciendo: Mas que son de las que comulgan cada día. En las conversaciones 
particulares, ¿qué cosas no pondría en cabeza de los que comulgan cuotidia- 
namente, quién no se embarazó de poner ésto desde el pulpito, viendo todos 
era tan sin fundamento?» . Velázquez Pinto.— Tesoro de los Christianos, pá- 
gina 514. 

(2) Velázquez Pinto, I. c, p. 516. 

(3) «Los sacerdotes y padres espirituales á los que están sin conciencia 



ESPAÑA Y LA COMUNIÓN 7 FRECUENTE 135 

caristía con familiaridad irreverente (1); y contraviniendo á lo precep- 
tuado en los rituales, con objeto de que no se malograsen á los fíeles 
los provechos y frutos del Santísimo Sacramento, introdujeron la 
costumbre de llevarlo todos los días sin permiso y secretamente á las 
casas de los que por cualquiera, aunque leve, indisposición, perma- 
necían en ellas. Para cortar este abuso, el arzobispo de Toledo, 
D. Pascual de Aragón, prohibió con excomunión á los sacerdotes 
de su archidiócesis en 1668 que llevasen el Sacramento en secreto 
y sin el acompañamiento que mandan las rúbricas (2); prohibición 



de culpa grave, no les pueden quitar la comunión cuotidiana, por el derecho 
divino que tienen á ella todos los fieles... Todos han de obedecer á Cristo, 
cuyo mandato es de la comunión cada dia á todos sus hijos, que están sin 
conciencia de culpa grave.» 

Velázquez Pinto, 1. c— Disc. VI, cap. XII. — Que todos los fieles han de co- 
mulgar cada dia, por obedecer á Cristo y ásu Iglesia. 

(1) «Unde miror valde aliquos sacerdotes et religiosos multiores sine super- 
pelliceo ministrantes et id sine scrupulo. O bone Deus!». — Leand. disp. 5 de 
Euchar. q. 26.— P. Méndez de S. Juan, 1. c, p. 55. 

(2) Esta prohibición á la letra dice así: 'En la villa de Madrid á veinte y un 
días del mes de Abril de mil y seiscientos y sesenta y ocho años. El Señor Doctor 
D. Francisco Forteza, abad de San Vicente, dignidad de la Santa Iglesia de To- 
ledo, y Vicario de esta dicha villa y su partido: Dixo, que queriendo el Cardenal 
mi Señor reparar los abusos, y indecencias que se han introducido en ella en la 
administración del Santo Sacramento de la Eucaristía, y en execución de orden de 
Su Eminencia, mandaba y mando á todos y cualesquier sacerdotes de cualquier 
estado, calidad ó condición que sean, que de ninguna manera sean osados á ad- 
ministrar el Santo Sacramento de la Eucaristía á cualesquier personas, de cuales- 
quier estado, calidad ó condición que sean, que por su devoción quieran recibirle, 
sino es dentro de iglesias donde hubiere sagrario, ó dentro de ermitas y oratorios 
públicos ó privados á las personas que tuvieren privilegio en el acto mismo de la 
celebración, con forma consagrada y en el mismo sacrificio. Asi mismo mando á 
los curas ó lugartenientes de las iglesias parroquiales de esta Corte, que de nin- 
guna manera lleven el Santísimo Sacramento de la Eucaristía para administrarle á 
sus feligreses en sus casas ú otro lugar particular, asi por devoción como por Viá- 
tico de secreto en los casos que la necesidad lo pidiese, sino es saliendo Su Divina 
Majestad de sus propias parroquias, revestidos con sobrepelliz y estola, y acompa- 
ñados de acólito con luz; ni pueden dar licencia ni consentimiento tácito ni expreso 
á otro cualquier sacerdote para que le administre en otra forma, sino fuere en 
caso de necesidad de muerte, ei el cual, cualquier simple sacerdote puede adminisr 
trar el santo sacramento de la Penitencia, y ansí lo cumplan por lo que á cada 
uno toca, los curas y sus tenientes, y otros cualesquier sacerdotes, en i todo y en 
parte, pena de excomunión mayor latae sententiae en que ipso facto incurran, 
reservada al Cardenal mi Señor, y de otras penas á arbitro de Su Eminencia, res- 
pecto de los curas y sus tenientes, y de un mes de cárcel á los demás sacerdotes 



136 ESPAÑA Y LA COMUNIÓN FRECUENTE 

que hizo extensiva á los regulares el Nuncio de Su Santidad, 
D. Federico Borromeo. 

Pero no bastaron todas estas providencias, y el año 1679, la Con- 
gregación del Concilio publicó el decreto Cum ad aures, aprobado 
por el Pontífice Inocencio XI (1), encaminado á corregir los defectos 
ya relatados. Vamos á copiarlo íntegro, por haber sido dirigido prin- 
cipalmente á España, é indicarnos los abusos y faltas que en esta 
materia existían en el último tercio del siglo XVII. 

P. Eusebio-Julián Zarco. 
(Continuará.) o. s. a. 



que lo contrarío hicieren; y asi lo mando y firmo. Doctor don Francisco Forteza. 
Ante mí, Diego de Ve lasco, Notario.* 

Et audio idem esse prohibitum religiosis, seu regularibus — (scribe el 
P. Méndez de S. Juan, después de copiar el decreto anterior—, ab Illustris- 
simo Domino D. Federico Borromeo, Nuntio Hispaniarum in regnis».— State- 
ra..., págs. 55-56. 

(1) Respecto á la comunión condenaron los Sumos Pontífices Inocencio XI 
y Alejandro VII, las siguientes proposiciones: 

«■Frequens confessio et communio, etiam in his qui gentiliter vivunt, est nota 
praedestinationis* . Prop. LVI, ex damnatis ab Inocencio XI die 2 Martii an- 
no 1679. 

«Sacrilegi sunt iudicandi, qui ius ad Communionem praetendunt antequam 
condignam de delictis suis poenitentiam egerint. 

»Arcendi sunt a sacra Communione, quibus nondum inest amor Dei purissimus 
etomnis mistionis expers.» Proposit. 22 a et 23» ex damnatis ab Alexandro VIII, 
die 7 Decembris anno 1690. 



SANCTIS5IMI DOMINI NOSTRI 
PII 

DIVINA PROVIDENTIA PAPAE X 
EPÍSTOLA EZNCVCL.ICA 

AD ARCHIEPISCOPOS ET DPISCOPOS AMERICAE LATINAE 
DE CONDITIONE INDORUM 



PIU3 PP. X 

VENERABILES FRATRES 

SALUTEM ET APOSTOLICAM BENEDICTIONEM 

Lacrimabili statu Indorum ex inferiori America vehementer commo- 
tus, decessor Noster illustris, Benedictus XIV gravissime eorum causam 
egit, ut nostis, in Litteris ¡inmensa Pastorum, die XXII mensis Decembris 
anno MDCCXLl datis; et quia, quae ille deploravit scribendo, ea fere sunt 
etiam Nobis multis locis deploranda, idcirco ad earum Litterarum memo- 
riam sollicite Nos ánimos vestros revocamus. Ibi enim cum alia, tum haec 
conqueritur Benedictus, etsi diu multumque Apostólica Sedes relevandae 
horum afflictae fortunae studuisset, esse tamen etiamtum «nomines ortho- 
tdoxae Fidei cultores, qui veluti caritatis in cordibus nostris per Spiritum 
•Sanctum diffusae sensuum penitus obliti, miseros Indos non solum Fidei 
•luce carentes, verum etiam sacro regenerationis lavacro abluios, aut in 
»servitutem redigere, aut veluti mancipia alus venderé, aut eos bonis priva- 
>re, eaque inhumanitate cum iisdem agere praesumant, ut ab amplectenda 
•Christi fíde potissimum avertantur, et ad odio habendam maximopere 
>obfírmentur>. — Harum quidem indignitatum ea quae est pessima, id est 
servitus proprii nominis, paullatim postea, Dei miserentis muñere, de me- 
dio pulsa est: ad eamque in Brasilia aliisque regionibus publice abolendam 
multum contulit materna Eclesiae instantia apud egregios viros qui eas 
Respublicas gubernabant. Ac libenter fatemur, nisi multa et magna rerum 



138 SANCT1SSIMI D0M1NI NOSTRI 

et locorum impedimenta obstitissent, eorum consilia longe meliores exitus 
habitura fuisse. Tametsi igitur pro Indis aliquid est actum, tamen multo 
plus est quod superest. Equidem cum scelera et maleficia reputamus, quae 
in eos adhuc admitti solent, sane horremus animo summaque calamitosi 
generis miseratione afficimur. Nam quid tam crudele tamque barbarum, 
quam levissimas saepe ob causas nec raro ex mera libídine saeviendi, aut 
flagris homines laminisque ardentibus caedere; aut repentina oppressos vi, 
ad centenos, ad millenos, una occidione perimere; aut pagos vicosque vas- 
tare ad internecionem indigenarum: quorum quidem nonnullas tribus acce- 
pimus his paucis annis prope esse deletas? Ad ánimos adeo efferendos 
plurimum sane valet cupiditas lucri; sed non paullum quoque valet caeli 
natura regionumque situs. Etenim, cum subiecta ea loca sint austro aestuo- 
so, qui, languore quodam venis immisso, ñervos virtutis tamquam elidit; 
cumque a consuetudine religionis, a vigilantia Reipublicae, ab ipsa prope- 
modum civili cotisortione procul absint, facile fit, ut, si qui non perditis 
moribus illuc advenerint, brevi tamen depravan incipiant, ac deinceps, 
effractis officii iurisque repagulis, ad omnes immanitates vitiorum delaban- 
tur. Nec vero ab istis sexus aetatisve imbecillitati parcitur: quin imo pudet 
referre eorum in conquirendis mercandisque feminis et pueris flagitia atque 
facinora; quibus postrema ethnicae turpitudinis exempla vinci verissi- 
me dixeris. — Nos equidem aliquandiu, cum de iis rebus rumores afferren- 
tur, dubitavimus tantae atrocitati factorum adiungere fidem: adeo incredi- 
bilia videbantur. Sed postquam a locupletissimis testibus, hoc est, a pleris 
que vestrum, Venerabiles Fratres, a Delegatis Sedis Apostolicae, a Missio- 
nalibus aliisque viris fide prorsus dignis certiores facti sumus, iam non 
licet Nobis hic de rerum veritate ullum habere dubium.— Iam dudum igitur 
in ea cogitatione defixi, ut, quantum est in Nobis, nitamur tantis mederi 
malis, prece humili ac supplici petimus a Deo, velit benignus opportunam 
aliquam demonstrare Nobis viam medendi. Ipse autem, qui Conditor Re- 
demptorque amantissimus est omnium hominum, cum mentem Nobis inie- 
cerit elaborandi pro salute Indorum, tum certo dabit quae proposito con- 
ducant. Interim vero illud Nos valde conso!atur, quod qui istas Respubli- 
cas gerunt, omni ope student insignem hanc ignominiam et maculam a 
suis Civitatibus depellere: de quo quidem studio laudare eos et probare 
haud satis possumus. Quamquam in iis regionibus, ut sunt procul ab im- 
perii sedibus remotae ac plerumque inviae, haec, plena humanitatis, cona- 
ta civilium potestatum, sive ob calliditatem maleficorum qui tempori con- 
fínia transeunt, sive ob inertiam atque perfidiam administrorum, saepe pa- 
rum proficiunt, non raro etiam in irritum cadunt. Quod si ad Reipublicae 
operam opera Eclesiae accesserit, tum demum qui optantur fructus, multo 



SANCTISSIMI D0M1NI NOSTRI 139 

exsistent uberiores.— Itaque vos ante alios appellamus, Venerabiles Fratres, 
ut peculiares quasdam curas cogitationesque conferatis in hanc causam, 
quae vestro dignissima est pastorali ofñcio et muñere. Ac cetera permitien- 
tes sollicitudini industriaeque vestrae, hoc primum omnium vos impense 
hortamur, ut quaecumque in vestris dioecesibus instituía sunt Indorum 
bono, ea perstudiose promoveatis, itemque curetis instituenda quae ad eam- 
dem rem utilia fore videantur. Deinde admonebitis populos vestros diligen- 
ter de proprio ipsorum sanctissimo officio idiuvandi sacras expeditiones ad 
Indígenas, qui Americanum istud solum primi incoluerint. Sciant igitur 
duplici praesertim ratione se huic rei deberé prodesse; collatione stipis et 
suffragio precum; idque ut faciat non solum Religionem a se, sed Patriam 
ipsam postulare. Vos autem, ubicumque datur opera conformandis rite 
moribus, id est, in Seminariis, in ephebeis, in domibus puellaribus maxi- 
meque in sacris aedibus efficite, ne unquam commendatío praedicatioque 
cesset caritatis christianae, quae omnes homines, sine ullo nationis aut co- 
lorís discrimine, germanorum fratrum loco habet; quaeque non tam verbis, 
quam rebus factisque probanda est. Pariter nulla praetermitti debet, quae 
offeratur, occasio demonstrandi quantum nomini christiano dedecus asper- 
gant hae rerum indignitates, quas hic denunciamus. — Ad Nos quod attinet, 
bonam habentes non sine carsa spem de asensu et favore potestatum pu- 
blicarum, eam praecipue suscepimus curam, ut, in ista tanta latitudine re- 
gionum, apostolicae actionis amplificemus campum, alus disponendis Mis- 
sionalium stationibus, in quibus Indi perfugium et praesidium salutis inve- 
niant. Ecclesia enim catholica numquam sterillis fuit hominum apostolico- 
rum, qui, urgente Iesu Christi caritate, prompti paratique essent vel vitam 
ipsam pro fratribus poneré. Hodieque, cum tam multi a Fide vel abho- 
rrent, vel degiciunt, ardor tamen disseminandi apud barbaros Evangelii 
non modo non inter viros utriusque Cleri sacrasque virgines remittitur; 
sed crescit etiam lateque diffunditur, virtute nimirum Spiritus Sancti, qui 
Eclesiae, sponsae suae, pro temporibus subvenit. Quare his praesidiis 
quae, divino beneficio, Nobis praesto sunt, oportere putamus eo copiosius 
uti ad Indos e Satanae hominumque perversorum servitute liberandos, 
quo maior eos necessitas premit. Ceterum, cum istam terrarum partem 
praecones Evangelii suo non solum sudore, sed ipso nonnumquam cruore 
imbuerint, futurum confidimus, ut ex tantis laboribus aliquando christia- 
nae humanitatis laeta messis efflorescat in óptimos fructus. — Iam, ut ad ea, 
quae vos vel vestra sponte vel hortatu Nostro acturi esti in utilitatem Indo- 
rum, quanta máxima potest, efficacitatis accessio ex apostólica Nostra auc- 
toritate fíat, Nos, memorati Decessoris exemplo immanis criminis damna- 
mus declaramusque reos, quicumque, ut idem ait, «praedictos Indos in 



140 SANCTISSIMI DOMINI NOSTRI 

»servitutem redigere, venderé, emere, commutare vel donare, ab uxoribus 
»et fíliis separare, rebus et bonis suis spoliare, ad alia loca deducere et 
> transmitiere, aut quoquo modo libértate privare, in servitute retiñere; nec 
»non praedicta agentibus consilium, auxilium, favorem et operam quo- 
»qumque praetextu et quaesito colore praestare, aut id licitum praedicare 
>seu docere, atque alias quomodolibet praemissis cooperari audeant seu 
praesumant». Itaque potestatem absolvendi ab his criminibus paenitentes 
in foro sacramentan Ordinariis locorum reservatam volumus. 

Haec Nobis, cum paternae voluntati Nostrae obsequentibus, tum etiam 
vestigia persequentibus complurium e Decessoribus Nostris, in quibus 
commemorandus quoque est nominatim Leo XIII fel. rec, visum est ad 
vos, Venerabiles Fratres, Indorum causa, scribere. Vestrum autem erit con- 
tendere pro viribus, ut votisi. Nostris cumúlate satisfiat. Fauturi certe hac in 
re vobis sunt, qui Respublicas istas administrant; non deerunt sane, operam 
studiumque navando, qui de Clero sunt, in primisque addicti sacris Mis- 
sionibus; denique aderunt sine dubio omnes boni, ac sive opibus, qui pos- 
sunt, sive alus caritatis officiis causam iuvabunt, in qua rationes simul ver- 
santur Religionis et humanae dignitatis. Quod vero caput est, aderit Dei 
omnipotentis gratia; cuius Nos auspicem, itemque benevolentiae Nostrae 
testem, vobis, Venerabiles Fratres, gregibusque vestris apostolicam bene- 
dictionem peramenter impertimus. 

Datum Romae apud S.Petrum, die VII mensis Iunii MCMXII, Pontifica- 

tus Nostri anno nono. 

PIVS PP. X. 



BIBLIOGRAFÍA 



Patrología ó Estudio de la vida y de las obras de los Padres de la Iglesia, 
por el licenciado en Teología y Derecho Canónico Julián Adrián Onrubia, 
Canónigo de la S. i. C. de Palencia y profesor de Patrología en el Semina- 
rio Conciliar de San José de la misma ciudad.— Palencia. Abundio Z. Me- 
néndez, editor. Mayor Principal, 70. 1911. Precio: 9 pesetas en rústica, 
10 en tela. 

Hace próximamente un año que apareció la presente Patrología, apa- 
rición que bien puede calificarse de acontecimiento literario en la ciencia 
eclesiástica, ya que el mérito intrínseco de la obra, y no recomendaciones 
mendigadas ni reclamos llamativos de editores interesados que ni tiene ni 
necesita, me ha inducido á formar e! juicio favorable que me parece ex- 
presar sin exageración con el calificativo de acontecimiento literario. 

En efecto: ábrase el libro por cualquiera de sus páginas, hojéese ligera- 
mente y se convencerá el que lo haga de que su autor ha necesitado largos 
años de estudio paciente y profundo para escribir una obra con las exce- 
lentes cualidades de la presente: orden en el método, claridad en la expo- 
sición, sencillez sin vulgaridad ni desaliño en el estilo, brevedad, en cuan- 
to cabe en una obra de su clase, para narrar los rasgos más notables de la 
vida de cada Padre, y hacer un resumen compendiado de los escritos de 
todos ellos, venciendo con fortuna la enorme dificultad de presentar en 
cuatro líneas el substracíum de la infinita variedad de materias tratadas 
por un San Jerónimo, un San Agustín, un San Isidoro, etc., etc. En este 
punto no hemos de escatimar los aplausos al ilustrado y benemérito Ca- 
nónigo de Palencia. Un libro que reúne las condiciones apuntadas, ade- 
más de una erudición nada común que demuestra el citado Sr. Onrubia 
colocando al final de la vida y escritos de cada Santo Padre las más nota- 
bles ediciones de sus obras, pone de manifiesto un estudio esmerado y 
paciente, una labor de benedictino, capaz de ocupar muchos años de 
la vida de un hombre, y sólo por eso merece respeto y aplauso de todos. 

Sin tiempo para examinar la obra con detención (pues ha llegado á mis 
manos hace poco y urge que salga la nota bibliográfica), no hago más 
que traducir lealmente en estas líneas la impresión excelente que me ha 



142 bibliografía 

producido, ya que algunas indicaciones ó reparos que se me han ocu- 
rrido no desvirtúan el valor intrínseco de la obra, pues como se verá, se 
trata de puntillos insignificantes y que me permito señalar, no para actuar 
de maestro, puesto que ni encuentro en mí facultades para eso, ni aunque 
las tuviera, lo necesita el Sr. Onrubia, que lo es y consumado en esa ma- 
teria, sino para que vea la imparcialidad y sinceridad con que expongo mi 
parecer. 

Se refiere mi primera observación al punto, actualmente en litigio, de 
quién es el autor del Te Deum, pues el Sr. Onrubia afirma, pág. 520, que 
«hoy ningún crítico admite que sea obra de San Ambrosio y San Agustín, 
como se venía repitiendo». La afirmación no puede ser más rotunda. Las 
razones que aduce y las autoridades que cita son escasas (tal vez conside- 
ración á la brevedad), y lo siento, pues hubiera visto con muy buenos ojos 
que el ilustrado catedrático tratara el punto con algo más de extensión, so- 
bre todo en las razones que pretenden echar por tierra una tradición tan 
antigua y respetable. Parece ser que la razón más principal que aducen los 
críticos para negar esa tradición, y como tal la apunta el autor de este 
libro, es «el silencio del Santo Obispo de Hipona que, hablando de otros 
himnos menos importantes de San Ambrosio, no menciona el Te Deum.* 
Sin negarle la importancia y fuerza probativa que tiene la razón apuntada, 
aunque sea negativa, decimos que el Santo Obispo de Hipona al citar esos 
himnos á que se alude, no trataba de hacer un recuento de los escritos por 
San Ambrosio, ni siquiera de preferir en la cita los más importantes, 
sino sencillamente los que compuso para ser cantados por el pueblo en 
aquellos tiempos difíciles y calamitosos, y claro está que el Te Deum, por 
lo mismo que le suponemos improvisado después del bautismo, no era del 
dominio público, ni por tanto podía ser citado entre aquéllos; aparte de 
que el concepto de himno no le cuadra al Te Deum sino en un sentido 
amplio, pues no está sujeto á metro y nada nos autoriza para suponer que 
San Agustín hablaba en ese sentido amplio, antes al contrario, dados sus 
conocimientos técnicos del arte poética, debemos decir que á la palabra 
himno le daba el sentido limitado de composición poética y religiosa des- 
tinada á cantar las virtudes de algún santo, ó los atributos divinos, etc., y 
escrita en verso. 

Esto basta para contestar á la razón que se trae como más importante, 
sin entrar á exponer muchas otras positivas que hay para demostrar lo 
contrario, lo cual haría que esta nota fuera más extensa de lo convenido. 

Acerca del estribillo que se repite en el Fsalmo contra partem Donali, 
véase lo que dice el P. Miguélez en su artículo «San Agustín, poeta» en la 
página 545 del tomo XIII de La Ciudad de Dios. 



BIBLIOGRAFÍA 143 

Otra cosa que me ha llamado la atención, es la afirmación categórica 
de que Prudencio nació en Zaragoza, pues casi tantas razones en que se 
apoyan los partidarios de esta opinión, las tienen los que dicen que el 
«Píndaro cristiano» nació en Calahorra; y si la primera está defendida por 
autores notables, como los hermanos Argensola, Aldo Manucio, Antonio 
de Nebrija y otros muchos, entre los cuales figura, con su autoridad muy 
respetada, el agustino P. Risco, no faltan para defender la segunda perso- 
najes de gran talla, como García de Loaysa, Ambrosio de Morales, Maria- 
na, D. Tomás Tamayo de Vargas y Nicolás Antonio. 

Esto quiere decir que hoy faltan datos para fijar con toda certeza la pa- 
tria de Prudencio en Zaragoza. 

También he notado que al hacer el análisis expositivo del Cathemeri- 
non ó «libro de los himnos cuotidianos» (título que traducido así no le 
cuadra más que en parte, porque de los doce himnos que componen la 
obra, los seis primeros pueden entrar en la denominación de cuotidianos, 
pero no los otros seis), dice el ilustrado profesor del Seminario de Palen- 
cia, que uno de ellos está destinado á celebrar «la nueva luz del Sábado 
Santo.» Esa es también la opinión del P. Arévalo, el cual lo titula De novo 
lamine Paskalis Sabbati, y como prueba, cita algunos pasajes del himno 
en que se alude á la bendición del fuego en dicho día. Pero aparte de que 
los manuscritos antiguos y las ediciones modernas le citan con el título de 
ad incensum lucernae, hay una razón intrínseca que induce á colocar el 
himno en cuestión entre los diarios, porque el Cathemerinon puede con- 
siderarse dividido en dos partes, como hemos dicho; los himnos de la pri- 
mera son seis, y llevan por título: ad Gallicinium, Hymnus matutinas, 
Hymnus ante cibum, Hymnus post cibum, ad incensum lucernae, Hym- 
nus ante somnum. ¿No es verdad que si el penúltimo se refiere á la nueva 
luz del Sábado Santo, está colocado fuera de su lugar? ¿No es más ló- 
gico suponer que se refiere á la luz que se enciende cuando llega la 
noche, dado el lugar que ocupa en la enumeración anterior? 

Respecto á las «Ediciones», dice que «la primera es la de V. Giselinus; 
París, 1562»; el P. Tonna-Barthet, agustino, en su bien pensado «Estudio 
biográfico-crítico» de nuestro poeta, que publicó en La Ciudad de Dios, 
y después en folleto que forma parte de la Biblioteca de la misma Revista, 
del cual hemos tomado los datos que preceden, cita como piimera la de 
Deventer en 1472, en 4.°, que desde luego es anterior á la que el Sr. On-" 
rubia señala con ese privilegio. 

Por fin, y para no poner más reparos que son, si se quiere, nimie- 
dades, considerada la obra en su totalidad, diré que la patria de San Isido- 
ro es Sevilla, y no Cartagena. 



144 BIBLIOGRAFÍA 

Conste, pues, nuestro más sincero y desinteresado aplauso que envia- 
mos al ilustrado profesor de Patrología del Seminario de Palencia, que ha 
sabido llevar á cabo una obra por todos conceptos laudable, y que ha 
reunido en un compendio breve, pero claro y completo, la vida y escritos 
de los Padres de la Iglesia. En adelante, ya tienen los Seminarios é Insti- 
tutos religiosos un libro excelente que poner en manos de los jóvenes es- 
tudiantes, un libro que puede ayudar como ningún otro al estudio de la 
Historia Eclesiástica y de la Teología, y que además está escrito en caste- 
llano. Poco valor puede tener nuestro aplauso y recomendación; pero es 
muy significativo que, á poco de salir la obra, fué adoptada como libro de 
texto, entre otros Centros, en los Seminarios de Sevilla, Valladolid y Ma- 
drid.— P. Gutiérrez. 



Les Míracles de N. S. Jesus-Christ, par L. Cl. Fillion, préte de Saint Sulpice, 
Consulteur de la Commission Biblique, professeur honoraire á L'Institut 
Catholique de Paris.— I. Etude d'ensemble. II. Les Miracles de Jesús etudiés 
issolément.— Dos tomos, en 8.*, de XI-191 y 11-416 páginas.— P. Lethielleux, 
Editeur. - Paris ( Vle ), rué Cassette, 10. 

El ilustre Consultor de la Comisión Bíblica, L. Cl. Fillión, nos ofrece 
en estos dos volúmenes un estudio interesante, útil y viviente de los mila- 
gros obrados por Jesús según los describe la narración evangélica. No les 
considera en su aspecto puramente filosófico sino más bien en el históri- 
co-exegético. Por eso el primer volumen está consagado á tratar las cues- 
tiones de carácter general: posibilidad y necesidad del milagro con rela- 
ción á Jesucristo; nombres con que les designan los Evangelistas, número 
y clasificación, carácter histórico de estos milagros y su credibilidad, ex- 
posición y refutación de las objeciones más principales que á partir de 
Reimar hasta los novísimos «teólogos modernos > ha propuesto el racio- 
nalismo; y el segundo considera aisladamente y en el terreno exegético 
cada uno de los milagros comprendidos en la clasificación propuesta en el 
primer tomo, exponiendo primero las circunstancias del milagro, después 
el milagro mismo, y, por último, presentando la actitud fluctuante y consi- 
go mismo contraria del racionalismo moderno. 

La obra es, como antes decíamos, interesante, útil y de actualidad, de 
sano criterio exegético y «conservador» de buena ley, la exposición más 
que clara es transparente, la erudición sobre todo moderna, abundante, 
especialmente en lo que se refiere á la literatura racionalista, y el desarrollo 
de la materia completamente metódico. Leyendo atentamente estas pá- 
ginas escritas en un estilo fácil y ameno, no se podrá menos de sentir la 
triste impresión que deja en el alma el sistema racionalista en su afán de 



BIBLIOGRAFÍA 145 

rechazar a priori cualquier acontecimiento que huela á milagro; por e' 
contrario, si el lector es creyente, sentirá arraigarse más su fe. A cualquier 
género de personas recomendamos este libro de notable mérito dentro de 
la vulgarización científico-escrituraria y en particular á los predicadores v 
estudiantes de Teología.— P. J. Monedero. 



Praelectiones Dogmaticae quas in Collegio Ditton-Hall habebat, Christianus 
Pesch S. J. -Tomo I. Institutiones Propaedenticae ad Sacram Theelogiam. 
(I. De Christo Legato Divino. II. De Christi Ecclesia. III. De Locis Theolo- 
gicis. - Editio quarta MCMIX. -Tomo IX. De Virtutibus Moralibus. De 
Peccato. De Novissimis.— Editio tertia.- MCMXI. Friburgi Brisgoviae.— 
B. Herder.-Dos vols. en 4. u de XXVI -"-452 y X-f-436 páginas, respecti- 
vamente. Precio: en rústica. 8.75 y 8 francos; encuadernado, 10,75 y 10 
francos, respectivamente. 

De esta excelente obra teológica, cuyo mérito indiscutible se manifiesta 
en las repetidas ediciones que en pocos años ha alcanzado, nos hemos 
ocupado otras veces en esta Revista, por lo cual nos abstenemos de dar un 
juicio crítico bibliográfico extenso. Los dos volúmenes presentes partici- 
pan de las mismas cualidades didácticas de los demás: materia copiosísima, 
lógicamente ordenada, claramente expuesta, sólidamente probada, y con 
propiedad puede decirse de ellos, como de toda la obra, que corresponde 
á las circunstancias actuales. El argumento de autoridad es sobremanera 
abundante: á nuestro parecer esto viene á constituir uno de los defectos 
de la obra teológica del P. Pesch . 

La nueva edición de estos dos volúmenes no contiene nada nuevo de 
parte del autor, es decir, cambio alguno de opiniones anteriores; pero 
se han introducido cosas bastante notables. Así en el primer tomo se da 
entrada á una exposición relativamente detallada del modernismo, y de 
él se hace una certera refutación; y en el segundo, noveno de la obra, se 
introducen por primera vez algunas teorías últimamente sustentadas prin- 
cipalmente en Alemania; v. gr.: la de Gerigk, Linsenmann, sobre la distin- 
ción entre el pecado grave y el pecado mortal; la de Schell, acerca de la li- 
bertad que han de obtener los condenados de las penas del infierno; la de 
Gutberlet, del modo cómo el fuego atormenta las almas ó los espíritus, etc. 
Por lo dicho se ve que la obra ha ganado no poco con esta última edición; 
sin embargo, creemos que en el primer volumen se debiera haber dado 
más extensión á las nuevas corrientes modernistas, racionalistas y semi- 
racionalistas, casi los únicos errores que en nuestros días invaden y ser- 
pentean por todas las partes.— P. J. Monedero. 



10 



146 BIBLIOGRAFÍA 

Deberes del hombre, por Silvio Pellico. Versión castellana por el doctor don 
M. Milá y Fontanaís, catedrático que fué de la Universidad de Barcelona. — 
Barcelona. Librería religiosa, Avino, 20.— Un tomo en 8.° 

Con una suavidad que encanta, expone el autor de este pequeño libro 
las normas cristianas de bien vivir aplicables al hombre, considerado ais- 
ladamente y en sus relaciones con la sociedad; discurre sobre los diversos 
estados y circunstancias en que más comúnmente puede encontrarse un 
individuo, y da reglas llenas de bondad y dulzura, con las que trata de ha- 
cer asequible el verdadero ideal cristiano. — P. H. Pajares. 



La tragedia de Don Iñigo. — Novela escrita por Pedro Luis de Gálvez.— Biblio- 
teca Patria de obras premiadas. — Tomo LXXVI1I.— Bailen, 35, Madrid. — 
Precio: 1 peseta. 

Es simplemente la exposición biográfica de este personaje, que, á la 
verdad, no tiene mucho de trágica. El fondo de esta novelita está consti- 
tuido por una serie de aventuras corrientes y ordinarias, en las que se 
nota poca originalidad. La forma en que está escrita recuerda inmediata- 
mente á nuestros clásicos del siglo XVI, especialmente á Cervantes; pero 
este saborcillo es de una imitación no muy afortunada, porque bien pron- 
to se hace su lectura algo empalagosa y algún tanto pesada. 

No sucede lo mismo á este autor en su cuentecito El tesoro de los hu- 
mildes, que va á continuación, y en el cual se nota menos el prurito de 
imitación; el fondo está desenvuelto con algo más de maestría y todo él se 
lee con gusto.— P. H. Pajares. 



Lucio Flavio ó la destrucción de Jerusalén por Tito.— Novela en dos tomos, 
por el P.José Spillmann de S. J., con seis ilustraciones de Francisco Sarda 
y Ladico y un plano.— Herder. Las buenas novelas. Friburgo de Brisgovia.— 
B. Herder, editor.— Dos tomos, en 8.°, de 426 páginas cada uno. — Precio: en 
rústica, francos 7,50; en tela, 9,25. 

Delicadísima producción del distinguido escritor jesuíta. Trabajo his- 
tórico acabado; deleitosa novela que sugestiona al lector sin permitirle in- 
terrumpir la lectura un instante. Dibuja con exacta perfección el estado 
del pueblo judío, sus creencias y sus costumbres; la triste desolación de 
aquella raza proscripta que negando á un Dios hubo de confesarse arre- 
pentida ante el estupendo prodigio de una profecía cumplida. Copia fiel 
en algunos acontecimientos de la Historia de los judíos, por Flavio Jose- 
fa, es en la parte novelesca de una singular originalidad y belleza.— Fer- 
nández Núñez. 



BIBLIOGRAFÍA 147 

Herder. Las buenas novelas. Saracinesca.— Novela de la Roma pontificia en 
los últimos días del poder temporal, por F. Marión Cranford. — Traducción 
del inglés por Mariano de Lavalle de Rigors. Ilustraciones de Sarda y Ladi- 
co. — Friburgo de Brisgovia. B. Herder, librero-editor pontificio.— Dos to- 
mos en 8.° (348 páginas cada uno).— Precio: 6,25 francos en rústica, 8 en 
tela. 

Libro primorosamente escrito, y cuya traducción es excelente. Des- 
arróllase la acción sin violencias ni dislocaciones, con perfecta naturali- 
dad, y sus personajes, y su trama, y el desarrollo total de la obra dan una 
idea perfecta de la sociedad romana de mediados del siglo pasado. En esta 
novela parece que el asunto exige una segunda parte, y parece también 
que el librero la editó, juzgando por las carpetas que así lo anuncian en 
tomo separado. Mas es lo cierto que, si realmente se publicó, quedóse en 
poder del editor el segundo tomo. El que como tal se anuncia no es más 
que copia fiel del primero.— Fernández Núñez. 



F. Robles Dégano.— Los disparates gramaticales de la Real Academia Es- 
pañola y su corrección.— Madrid. Librería de Fernando Fe. 1912. -Un tomo, 
en 8.°, de 88 páginas— Precio: en rústica, 1 peseta. 

Es este libro, como ya directamente nos advierte su autor, de una uti- 
lidad inmediata para todos, y de una especial necesidad para la corpora- 
ción oficial á que se refiere el texto. El Sr. Robles Dégano, autor de exce- 
lentes trabajos sobre este tan importante asunto, demuestra con su juicio, 
acerca de algunas cuestiones gramaticales, que la Real Academia de la 
Lengua debe mirar con más cuidado los textos que publica y las enseñan- 
zas que en ellos explica. 

Es libro de gran interés é importancia.— F. Núñez. 



Como la luna, blanca... -L. Antón de Olmet.— Tomo LXXXIII. Biblioteca Pa- 
tria. —Madrid. Bailen, 35. -Un vol., en 8.°, de 152 páginas.— Precio: 1 pe- 
seta. 

Un autor pulcro, atildado y de original estilo es Luis Antón del Ol- 
met, y su pluma la más codiciada actualmente. Retrata con admirable 
maestría en este libro un cuadro de vivo color y extraordinario interés que 
el escritor ideó en aquellos días luctuosos para España, cuando los mo- 
dernos bárbaros quisieron sentar su trono sobre la base de una tiranía 
que inauguraron en la ciudad condal. Hermoso el libro, cual de tan ga- 
llarda pluma, y su tendencia moral como todos los volúmenes de la bi- 
blioteca Patria.— F. Núñez. 



148 BIBLIOGRAFÍA 

LIBROS RECIBIDOS 

Francisco Ruiz de Velasco y Martínez.— Decreto « Máxima Cura*, sus 
causas y procedimientos— \Jn vol., en 8.°, con 401 págs.— Precio: 2,50 
pesetas, en Madrid. — Impr. de los Hijos de Gómez Fuentenebro, Borda- 
dores, 10. Madrid. 

Juan de Dios Trías y Giró.— Primera asamblea diocesana de Acción 
católica de Barcelona— Un vol., en 4.°, con 440 págs.— Gustavo Gilí, 
edit. — Barcelona. 

Ildefonso Rodríguez Fernández.— Compendio de Apologética Científi- 
ca. — Un vol., en 4.°, de más de 800 págs., y un álbum de 20 láminas.— 
Precio: 10 pesetas, en rústica, y 12 en pasta. — Lib. de Gregorio del Amo 
Paz, 6. -Madrid, 1912. 

R. P. Ruiz Amado.— la educación femenina.— Un tomo, en 4.°, con 
224 págs. — Precio: 2 ptas., en rústica, y 3 en tela inglesa.— Barcelona. 
Lib. é imp. Religiosa, Aviñó, 20. 

Juana E. Stuart.— La educación católica especialmente de los niños. — 
Versión de la 2. a edic. inglesa. Prólogo del Emmo. Cardenal Bourne, Ar- 
zobispo de Westminster.— Un vol., en 8.°, de cerca de 300 págs. - Precio: 
3 ptas., en rústica, y 4 entela inglesa.— Barcelona. Lib. é imp. Religiosa, 
Aviñó, 20. 

R. P. Ruiz Amado, S. J.— El cielo. — Un opúsculo, en 8.°, con 80 págs. 
Precio: 0,50 ptas. — Barcelona. Lib. é imp. Religiosa, Aviñó, 20. 

Leltres de Louis Veuillotá Mlle. de Gramonl, (1863-1876).— Introduc- 
tion, par J. Calvet.— Un vol., en 8.°, de 260 págs.— Precio: 3,50 fr.— P. Le- 
thielleux, edit., 10, rué Cassette, París. 

Gastón Sortais.— Histoire de la Philosophie ancienne.— Antiquité 
classique.— Epoque patristique.— Philosophie médiévale. — Renaissance. 
P. Lethielleux, éditeur, 10, rué Cassette, París (6 e ).— Un vol., en 8.°, 
de xviii -b 627 págs.— Precio: 6 francos, encuadernado. 

Dr. Diego Carbonell.— Por los senderos de la Biología. — Sociedad 
de ediciones Louis-Michaud. — 168, boul. Saint-Germain, París.— Un vol., 
en 8.°, de 208 págs. 

P. Ruiz Amado, S. J. — Epitome de Apologética.— Barcelona.— Lib. é 
imp. Religiosa, Aviñó, 20.— Un vol., en 4.°, de 154 págs, — Precio: en car- 
toné, 2 ptas. 

Eduardo Vitoria, S. ].— Manual de Química Moderna.— Barcelona.— 
Tip. Católica, Pino, 5, 1912— Un vol., en 8.°, de xvi -+- 424 págs. 

Joannes á Jesu María, C. D.—Theologia mística et Epístola Christi 
ad Hominem. — Laurentius Scupoli, ord. cleric. reg.— Pugnae spiriiualis.— 



BIBLIOGRAFÍA 149 

"Friburgi Brisgoviae. B. Herder. — Un vol. de xii -h 394 págs. — Precio: en 
rústica, marcos 3,50; francos 4,40; en tela, con lomo de piel, marcos 4,50; 
francos 5,65. 

Ramón Donoso Z.— Compendio de Cosmografía elemental.— Fribur- 
go de Brisgovia. B. Herder, 1912,— Un tomo, en 8.° de xn -+- 138 págs. En 
rústica, francos 1,70; encuadernado en tela, francos 2. 

Dr. Rodríguez Ponga— Patología de las sensaciones y percepciones. 
— Madrid.— Impr. Helénica, 1912.— Un vol., en 8.°, de 80 págs.— En rús- 
tica, 1 peseta. 

Lasplasas.— Discurso sobte la Filosofía. Resumen de *Mi concepto 
del mundo*.— Imp. y ene. Arólas, plaza Ríus y Taulet, 17, Gracia (Barce- 
lona).— Un vol., en 8.°, de 166 págs. 

Cosme Parpal y Marqués.— Menéndez y Pelayo, historiador de la Li 
teratura española.— Barcelona.— Imp. de la Casa provincial de Caridad, 
Montealegre, 5, 1912. — Envío de Eugenio Subirana. 

P. Alfonso M. a Gubiáns, O. S. B. — La oración dominical, colección de 
explicaciones sobre la oración del Padre nuestro.— Barcelona.— Librería 
Religiosa, Aviñó, 20. — Un vol., en 8.°, de xx -+- 514 págs. — Precio: en 
rústica, 2,50 ptas. 

María Lustelle.— Elevaciones Eucarísticas, compiladas por F. Van 
Loo.— Barcelona.— Librería Religiosa, Aviñón, 20. Un tomito encuader- 
nado en tela. Precio: 1 peseta. 

Juan de Dios Trías y Giró.— Los progresos internacionales y la Etica 
Cristiana.— Discurso inaugural leído en la solemne apertura del curso 
académico de 1912 á 1913 ante el Claustro de la Universidad de Barcelo- 
na.— Barcelona. — Tip. «La Academia», de Serra Hermanos y Rusell, Ron- 
da Universidad, 6, 1912.— Folleto, en 4.° mayor, de 78 págs. 

Excmo. Sr. Obispo de Jaca. — La batalla de las Navas.— Conferencia 
en la Semana Social, de Pamplona, celebrada para conmemorar el cente- 
nario de las Navas.— Tip. «La Editorial». -Zaragoza, 1912.— Un folleto, 
en 8.°, de 44 págs. 

Federico Santamaría Peña.— Diálogos catequísticos. -Primera serie. 
Segunda edición.— Madrid, R. Velasco, Marqués de Santa Ana, 1 1 dupli- 
cado, 1912. Folleto, en 12.°, de 98 págs. Precio: 0,35 pesetas. 



REGLAS 

dictadas por el Emmo. Sr. Cardenal Arzobispo de [Goledo sobre Federa- 
ción de las obras católico-sociales, complementarias de las normas de 8 
de Enero de 1910. 



(conclusión) 

CAPÍTULO XI 

Gobierno de la Federación 

Art. 21. La Federación se regirá por un Comité permanente, por un Conse 
jo federal y por las Asambleas generales. 

A) Del Comité permanente. 

Art. 22. El Comité se compondrá del Secretariado de los Sindicatos obre- 
ros y cuatro Vocales representantes de las Federaciones parciales, todos ellos 
con voz y voto, siendo de calidad el del Presidente. 

Serán Presidente, Vicepresidente y Tesorero los que lo sean del Secre- 
tariado. 

El Comité podrá hacer, si lo juzga necesario, un Reglamento para su go- 
bierno interior. 

Todos los miembros del Comité permanente deberán residir, ordinaria- 
mente, en la localidad del domicilio social. 

Art. 23. Los cargos del Comité permanente son obligatorios y gratuitos. 
El Comité tendrá á sus órdenes al Secretario. También podrá tener personal 
adjunto retribuido si lo juzgare necesario para la buena marcha de la Fede- 
ración. 

Art. 24. Los miembros del Comité desempeñarán sus cargos durante cua- 
tro años y se renovarán por mitad cada dos años. Todos podrán ser reelegi- 
dos. Si no hubiera podido celebrarse la Asamblea en la cual deben verificarse 
las elecciones, seguirán los actuales hasta que la elección tenga lugar. 

Art. 25. Si por causas justas algún miembro del Comité fuere expulsado 
del Sindicato á que pertenece ó de la Federación, cesará inmediatamente en el 
desempeño de su cargo, y el Comité le podrá nombrar sustituto que haga sus 
veces hasta la próxima Asamblea general. Lo mismo se podrá hacer cuando 



REGLAS 151 

alguno falleciere ó, por justos motivos, que deberá examinar el Comité per- 
manente, presentare la dimisión, y cuando algún individuo del Comité fuere 
suspendido por éste. 

Art. 26. El Comité permanente tendrá á su cargo el regir, administrar y 
representar á la Federación. Oído el parecer de las Federaciones regionales, 
redactará la orden del día de las Asambleas generales, estudiando á este fia 
las proposiciones y cuestiones que se presenten con dos meses de antici- 
pación. 

Art. 27. Asimismo, el Comité, siempre que le pareciere conveniente, inter- 
vendrá de un modo directo en los conflictos del trabajo, elecciones sociales, 
informaciones públicas, conciliaciones, arbitrajes y huelgas, pudiendo enviar 
á cualquier punto Delegados extraordinarios que personalmente estudien so- 
bre el terreno las cuestiones é intervengan en la solución de los asuntos sin 
agravio de nadie. 

B) Del Consejo federal. 

Art. 28. El Consejo se compondrá de los miembros del Comité, de un re- 
presentante de cada una de las Federaciones de las nueve provincias eclesiás- 
ticas Burgos, Granada, Santiago, Tarragona, Toledo, Sevilla, Valencia, Va- 
lladolid y Zaragoza). 

Si alguna región careciese de Asociaciones federales, no tendrá represen- 
tación en el Consejo federal. 

Serán Presidente y Secretario del Consejo los mismos del Comité perma- 
nente. 

Art. 29. El Consejo federal se reunirá en sesión ordinaria una vez al año, 
á ser posible en Marzo, y cuantas veces el Comité ó las dos terceras partes 
de los representantes regionales lo juzgaren necesario. Los gastos de viaje de 
los representantes regionales correrán á cargo de la Federación, á no ser que 
fuere imposible por falta absoluta de fondos. En este caso, las Asociaciones 
federadas de cada región rufragarán, á prorrata, según el número de sus so- 
cios, los gastos do sus representantes. 

Art. 30. El Consejo federal, como organismo superior al Comité perma- 
nente, examinará anualmente la marcha de la Federación y la gestión de los 
miembros del Comité. Asimismo, mirando por el bien común de los socios fe- 
derados y por el buen nombre de la acción social católica, tomará los acuer- 
dos más necesarios y urgentes, pudiendo, en casos graves, expulsar de la Fe- 
deración á cualquier miembro electivo del Comité permanente ó del mismo 
Consejo federal. 

C) De las Asambleas generales. 

Art. 31. La Asamblea general se reunirá ordinariamente una vez al año, 
previa convocatoria y anuncio de la orden del día, que publicará el Comité 
permanente con un mes de anticipación. Asimismo se reunirá en sesión ex- 
traordinaria siempre y cuando lo acordare el Consejo federal después de dos 



152 REGLAS 

votaciones sucesivas favorables de los miembros que constituyen dicho 
Consejo. 

Art. 32. En las Asambleas generales cada Asociación federada tendrá dere- 
cho á tomar parte en las mismas, con voz y voto, por medio de un Delegado 
nombrado legítimamente. Si el número de socios de la Asociación pasare de 
cincuenta, el delegado tendrá dos votos, tres si pasaren de ciento y, asi, un 
voto más por cada nueva fracción de cincuenta que tuviera la Asociación. Las 
entidades federadas que no pudieren estar representadas por uno de sus indi- 
viduos, tendrá derecho á nombrar quien las represente en la Asamblea con los 
mismos derechos sobredichos. Los miembros del Consejo federal y los del 
Comité permanente tomarán parte también, con voz y voto, en las Asambleas; 
pero sólo tendrán un voto, á no ser que al propio tiempo sean Delegados ó re- 
presentantes de alguna Asociación federada. 

Art. 33. La Asamblea general ordinaria, después de despachar los asuntos 
que figuren en la orden del día, llenará lus vacantes que ocurran por una ú 
otra causa, en los cargos electivos del Comité permanente. Después, los De- 
legados (ó los que hagan sus veces) de cada región elegirán á sus respectivos 
representantes regionales para que quede integrado el Consejo federal. El 
cargo de representante dura dos años, renovándose el primero cuatro y el 
segundo cinco. Los que cesen podrán ser reelegidos. 

capítulo xii 

Personalidad jurídica 

Art. 34. La Federación tendrá perfecta personalidad jurídica para adquirir, 
poseer y enajenar cualesquiera bienes muebles é inmuebles, así como para 
ejercer toda clase de acciones de carácter civil, administrativo y criminal ante 
las autoridades competentes, Corporaciones y particulares, y contratar sin 
más limitaciones que las consignadas en las leyes, teniendo para todo ello 
personalidad el Presidente, ó, en su defecto, el Vicepresidente de la Federación. 

CAPÍTULO XIII 

Suspensión, exclusión y dimisión 

i Art. 35. La Asociación que dejare de satisfacer sus cuotas trimestrales du- 
rante dos trimestres seguidos, ó tres durante un año, quedará en suspenso y 
no gozará entre tanto de ninguna de las ventajas y derechos de la Federación. 
La que dejare de satisfacer las cuotas de un año será dada de baja sin derecho 
á ningún género de reclamaciones. 

Art. 36. La Asociación que comprometiere el buen nombre de la Federación, 
ó que dejare de cumplir los Estatutos en cosa de alguna importancia, será 
amonestada por el Comité, y si, después de dos avisos, no se remediasen los 
males, podrá ser expulsada de la Federación, conservando, sin embargo, el 



REGLAS 153 

derecho de apelar al Consejo federal ó á la más próxima Asamblea. Expulsa- 
da definitivamente, perderá todo derecho que pudiere tener ó pretender en la 
Federación. Si el caso lo exigiere, el Comité, sin pérdida de tiempo, expulsará 
de la Federación á la entidad que hubiere faltado gravemente. 

Art. 37. Toda Asociación podrá darse de baja cuando quisiere; pero deberá 
satisfacer el trimestre empezado y participar su dimisión al Comité permanen- 
te en oficio firmado por el Presidente y Secretario respectivos. Sin este requi- 
sito la dimisión no será válida. Las Asociaciones dimitentes no tendrán dere 
cho á reclamar cosa alguna de la Federación. 

CAPÍTULO XIV 
Disolución de la Federación 

Art. 38. La disolución no podrá acordarse mientras haya tres Asociaciones 
federadas que estén dispuestas á mantenerla. 

Art. 39. En caso de disolución, una vez pagadas las deudas y cobrados los 
créditos, el remanente se distribuirá en la forma siguiente: un 50 por 100 á 
las Asociaciones federadas, proporcionalmente al número de sus socios, y el 
otro 50 por 100 al Instituto Nacional de Previsión para constituir ó bonificar 
pensiones de vejez en favor de los socios, en la forma que estime más conve- 
niente el Consejo de Patronato de dicho Instituto. 

CAPÍTULO xv 

Disposiciones transitorias 

Art. 40. El primer Comité permanente y el primer Consejo federal serán 
nombrados por el Secretariado de Sindicatos obreros. 

CAPÍTULO xvi 

Federaciones parciales 

Art. 41. Las Federaciones diocesanas y metropolitanas de Sindicatos obre- 
ros desenvolverán su organización con arreglo á bases análogas á las presen- 
tes si no hay razones especiales que aconsejen su modificación. 

REGLA QUINTA 

Las demás Asociaciones católicas de obreros se considerarán de hecho fe- 
deradas, y á su frente estará el tercer Secretariado, que se encargará de hacer 
todas las gestiones de interés para las obras federadas. 

Más adelante se dictará el Reglamento correspondiente. 

REGLA SEXTA 

El Consejo Nacional de las Corporaciones católico-obreras es el encargado 
de resolver las dudas á que de lugar la aplicación de estas reglas y de llenar 
provisionalmente los vacíos que hubiese en ellas. 



CRÓNICA GENERAL 



Madrid-Escorial, 15 de Octubre de 1912. 

I 

EXTRANJERO 

Hace tiempo que S. S. se preocupa hondamente del conflicto espiri- 
tual á que se ven sometidos los que emigran á lejanas tierras en busca de 
trabajo. La emigración ha crecido rapidísimamente en los tiempos moder- 
nos, y tiende á desarrollarse cada vez más, por la facilidad de comunica- 
ciones y el incremento extraordinario del comercio, y la situación espiritual 
á que se ven reducidos los emigrantes no puede ser más precaria. De las 
aldeas salen á montones familias que, en su pueblo natal, conservaban 
puras sus creencias; pero que allá en países lejanos, forzados á un trabajo 
durísimo, lejos de las grandes urbes en que se hallan las iglesias, ni pue- 
den oir misa, ni confesar, ni tienen medio alguno de escuchar la palabra 
divina tanto más necesaria, cuanto mayores son las fatigas del cuerpo. En 
cambio el roce continuo con gentes de otra índole, países y creencias, la 
lectura de malos periódicos y la queja ordinaria que brota de la fatiga, son 
causa sumamente eficaz, para que insensiblemente se vaya perdiendo la fe, 
se olviden las prácticas religiosas y se termine en la indiferencia ó la fran- 
ca impiedad. Y no concluye el mal en eso. Muchos de esos emigrantes 
vuelven á su pueblo natal, y con su mal ejemplo y hasta con disparatadas 
teorías que no comprenden, contribuyen poderosamente á que la piedad 
vaya desapareciendo rápidamente de los rincones más apartados que en 
otro tiempo habían sido baluarte irreductible de la fe. En otros tiempos el 
indiano era un ser aislado; si volvía pervertido, resultaba un ser extraño 
y misterioso en su propia casa, y si conservaba su antigua buenhombría, 
era la dorada providencia de la comarca. Hoy son muchos los que vuelven 
ricos y pobres y su acción se extiende á todas las esferas sociales; de ahí 
sus malas influencias en las comarcas, en los pueblos humildes. En vista, 
pues, de todas estas circunstancias, S. S. ha pensado seriamente en poner 
algún remedio al mal que, efectivamente, resulta gravísimo y lo que es peor, 



CRÓNICA GENERAL 155 

insensible. Al efecto en un mota proprío, recientemente publicado, el Santo 
Padre se ha dignado crear en la Sagrada Congregación del Concilio, una 
sección titulada de spirituali emigrantium cura, que tendrá el cargo de 
atender y organizar el servicio espiritual de los emigrantes. Para que esta 
Congregación pueda atender á sus fines, el Santo Padre ruega á todos los 
fieles que secunden su obra con oraciones y limosnas, cada uno, según le 
sea posible. 

— En la pasada crónica decíamos que se estaba incubando la guerra 
europea para un día no lejano, tal vez más próximo de lo que se está 
creyendo. 

A muchos casi excita la hilaridad el anuncio de guerra, después de tantos 
años en que la diplomacia lo ha resuelto todo. Sin embargo, los hechos 
clarísimos, terminantes, están diciendo otra cosa. Aun no había llegado la 
crónica anterior á manos de nuestros lectores y la guerra había estallado 
ya en los Balkanes, y no es preciso añadir que esa guerra, es la avanzada 
de la otra, de la gran guerra europea. La enemiga entre Rusia, Austria y 
Alemania gira toda ella en torno de Turquía y los países balkánicos. Rusia 
quiere llegar hasta el Mediterráneo á costa del Imperio turco sobre el cual 
tiene puestos los ojos; Austria y Alemania desean también tener sus puertos 
en el Mediterráneo, y desde muchos años ha se vienen preparando á la con- 
tienda. Ahora resulta que los países balkánicos, instigados por Rusia se 
interponen entre el Imperio turco y el austríaco. Si Austria tolera esta im- 
posición, no estallará la guerra por ahora, si no, el conflicto está encima. 
Hace pocos días consignaba La Época la noticia de que los naranjeros 
habían recibido orden de no enviar naranjas á Alemania, y á ese propósito 
preguntaba ¿es que el conflicto se avecina y Alemania desea tener en un 
momento dado todos los ferrocarriles á su disposición? Y todo esto des- 
pués de haber comunicado la noticia de que si la guerra estallaba la pobre 
España se vería envuelta en el torbellino. A todo el mundo ha producido 
extrañeza que Montenegro haya declarado la guerra á Turquía; pero los 
acontecimientos van poniendo en claro la situación. Montenegro, después 
de una ingente lucha desparramada por toda la frontera turca de su patria, 
ha conseguido una victoria enorme sobre los turcos y esa victoria ha reper- 
cutido en todos los Estados balkánicos animándolos á la lucha y ha reper- 
cutido también en el Imperio ruso, que es la patria de los eslavos. Toda la 
Prensa rusa ensalza la victoria montenegrina y la pone por las nubes. La 
gente, además, se pregunta, cómo es posible que Montenegro pueda luchar 
con ventaja contra Turquía, y se comenta el número de cañones, etc., que 
poseía Montenegro. Desde luego se advierte que los Estados balkánicos se 
han entendido entre sí, y que la lucha se va á desenvolver entre los cuatro 



156 CRÓNICA GENERAL 

Estados, si es que no se extiende á toda Europa, dado el calor y el ánimo 
que la triple entente é Italia comunican al movimiento. El plan concertado 
parece ser el siguiente: Montenegro ha declarado la guerra antes para 
atraer las tropas al oeste y extender la acción de las tropas turcas á todo lo 
largo de la frontera occidental, facilitando así las operaciones de los ejér- 
citos búlgaro, servio y griego. 

Lo que exigen de Turquía los países balkánicos, según la nota entre- 
gada á la Sublime Puerta, es lo siguiente: confirmación de la autonomía 
étnica de las nacionalidades cristianas de Turquía; representación parla- 
mentaria, proporcionada á la importancia numérica de estas nacionalida- 
des; reconocimiento de las escuelas cristianas, en consideración de igual- 
dad con las escuelas del Estado; reclutamiento regional de los soldados 
cristianos de los cuadros turcos y supresión del alistamiento de los cris- 
tianos hasta que se formen los respectivos cuadros; admisión de todos los 
cristianos á los empleos públicos; nombramiento de valís be'gas ó suizos, 
asistidos de Consejos electivos, en las provincias donde haya cristianos; 
descentralización administrativa; reorganización de la gendarmería bajo el 
mando efectivo de oficiales belgas ó suizos; compromiso de la Puerta para 
no modificar el carácter etnológico de estas provincias por trasplanta- 
ción de elementos musulmanes; constitución, á las órdenes del visir, de 
una Comisión, mitad cristianos y mitad musulmanes, encargada de vigilar 
la aplicación de las reformas; garantía de todas estas medidas por parte de 
las potencias, de acuerdo con los representantes en Constantinopla de los 
cuatro Estados balkánicos. 

Según se ve, las peticiones son muchas y la guerra se hace inevitable, 
mejor dicho, ya está declarada, aunque, según los técnicos, tarden algún 
tiempo en encontrarse los ejércitos ccmbatientes. El Imperio turco está ha- 
ciendo grandes concentraciones y reunirá en las fronteras de los Estados 
balkánicos unos 250.000 hombres; éstos, por su parte, reúnen también 
muy fuertes y numerosos ejércitos. 

Hasta ahora, las cosas no pueden ir peor para Turquía, pues los mon- 
tenegrinos han tomado la ciudad de Tuzi, habiendo librado antes un com- 
bate de seis ó siete días. Han caído en poder del Rey Nicolás 3.000 tur- 
cos, 7.000 fusiles Maüser, ocho cañones, siete ametralladoras y cerca de 
1.000 tiendas de campaña y una cantidad enorme de víveres y municiones. 
Últimamente se han apoderado los montenegrinos de la fortaleza Hoti, 
que está situada entre Tuzi y Scutari, quedando prisionera toda la guarni- 
ción, en la cual figuran 62 oficiales. La población de Scutari se halla su- 
mamente comprometida, pues las fuerzas montenegrinas han marchado 
sobre ella y los turcos no la pueden auxiliar durante algún tiempo. 



CRÓNICA GENERAL 157 

Austria se encuentra en posición difícil; silenciosamente ha querido ha- 
cer una reconcentración de tropas para impedir la unión del ejército ser- 
vio y montenegrino; pero los socialistas han comenzado á chillar y le re- 
sulta su posición un tanto desairada. 

En resumidas cuentas: si triunfa Turquía, los Estados balkánicos sufri- 
rán los rigores de su derrota, y todo terminará ahí; pero si triunfan los 
Estados balkánicos, entonces no es fácil predecir las consecuencias. 

—Se han firmado ya los preliminares de la paz entre Italia y Turquía. 
Esta concederá la autonomía á la Tripolitania y Cirenaica, retirará sus tro- 
pas é Italia suspenderá la lucha por algún tiempo determinado, pasado el 
cual declarará rebeldes á los árabes y continuará la guerra de conquista. 

— Con motivo del Congreso que los católicos están celebrando estos 
díasen Namur, los periódicos extranjeros fijan la atención en el desarrollo 
de la política en Bélgica en las campañas que los elementos llamados demo- 
cráticos vienen haciendo para lograr la implantación en aquel país del su- 
fragio universal, que hasta ahora han venido considerando como el arma 
más eficaz para desquitarse de las derrotas que desde hace tantos años 
vienen sufriendo y derribar al partido que cuenta hasta ahora, con la ma- 
yoría de los sufragios del pueblo y ocupa, en su consecuencia, el Poder. 

Un corresponsal abiertamente opuesto, por cierto, á los católicos, hace 
un estudio de la situación política en aquel país y formula algunas consi- 
deraciones y cifras que, por su procedencia, merecen ciertamente ser co- 
nocidas. 

«Las recientes elecciones en Bélgica — dice— han demostrado que el 
partido católico está todavía muy lejos de ser derrotado y que su influen- 
cia, si declina en algún punte, se reconstituye y fortalece en otros. Y lo 
particularmente grave es que el examen de las cifras electorales demuestra 
que la implantación del sufragio universal no tendría tal vez una influen- 
cia decisiva como se había creído en los centros democráticos y que dista 
mucho de ser seguro que esta medida resulta á propósito para herir mor- 
talmente al partido que se halla actualmente en el Poder.» 

El corresponsal, al comunicar estas impresiones, añade que se ha po- 
dido comprobar, y no sin cierta sorpresa, que el partido católico ha visto 
ir aumentando el número de sus electores y no sólo entre los elementos 
de la clase media, sino entre los obreros, y que el proletariado flamenco, 
en su gran mayoría, era suyo. Ese ha sido el resultado significativo y, se- 
gún el corresponsal, alarmante de las últimas elecciones. 

Esto explica, sigue diciendo, que el Gobierno belga no sea en la "ac- 
tualidad, resueltamente hostil al sufragio universal, como lo era en víspe- 
ras de las elecciones. 



158 CRÓNICA GENERAL 

En efecto; si este movimiento continúa en las mismas proporciones que 
hasta ahora, es lo más probable que el sufragio universal conservará á los 
católicos la mayoría de votos en casi todos los colegios flamencos y, por 
consiguiente, en el país, lo que le permite mirar sin inquietud la implanta- 
ción de esta reforma. 

Es sabido que el secreto de esta situaciún está en la fuerza del sindica- 
lismo cristiano. Los católicos belgas han organizado en todo el país, pero 
sobre todo en Flandes, una red de sindicatos poderosos, ricos, activos; 
perfectamente adaptados á las necesidades materiales de sus miembros y 
cuyo buen éxito no se puede negar. 

Precisamente en estos momentos se celebra en Namur el Congreso de 
la democracia cristiana belga y las palabras que en él se han pronunciado, 
merecen alguna atención, porque demuestran con qué habilidad y perse- 
verancia los religiosos continúan su obra de conquista. He aquí algunas 
cifras: 

En 1904, los Sindicatos agrupaban en total unos 10.000 Individuos, 
pero en los años siguientes este número no cesó de aumentar en propor- 
ciones enormes, llegando en 1911 á 71.235 los sindicados; ahora son 
82.761, distribuidos en 1.113 organizaciones. 

Esto permite calcular la fuerza electoral del partido católico y explica 
sus victorias. 

Debe notarse, además, que las declaraciones de los organizadores de 
este movimiento son á propósito para seducir á los obreros y darles una 
satisfacción «porque el sindicalismo que pregonan es tan ardiente, tan te- 
naz, y, por decirlo así, tan revolucionario como el que defienden las orga- 
nizaciones socialistas de la Wallonia.> 

El corresponsal dice luego que esta labor, que tan eficaz resulta en 
Flandes, donde el proletariado se acerca cada vez más á los católicos, con- 
trasta con lo que sucede entre los walones, de los que dice que se van su- 
mando al socialismo anticlerical, y deduce de esta situación la extraña y 
original consecuencia de que la tarea emprendida por los católicos no es 
una obra de apaciguamiento y de concordia. 

Prescindiendo de estos y otros juicios, muy explicables teniendo en 
cuenta el punto de vista en que está colocado el corresponsal, lo intere- 
sante es conocer sus impresiones, de más valía por ser de un adversario; 
su confesión de que el sufragio universal, por cuya conquista tanto se agi- 
tan los enemigos de los católicos, no están ya seguros de que les diera el 
suspirado triunfo, y su declaración, no menos importante, de que la acción 
emprendida en Bélgica con tanto empeño como entusiasmo y perseveran- 
cia, logra no sólo oponer un fueite dique á las acometidas del socialismo 



CRÓNICA GENERAL 159 

antirreligioso, sino que le va ganando terreno cada día, y asegura por mu- 
cho tiempo la mayoría de votos, y, por consiguiente, la continuación en el 
Poder de los católicos. 

II 

ESPAÑA 

Las medidas de rigor que por fin se determinó á tomar el Gobierno 
contra la huelga revolucionaria de los ferroviarios, produjeron su efecto 
casi de un modo repentino. Los catalanes se dieron inmediatamente á par- 
tido, y como inmediata consecuencia se produjo el fracaso de la huelga 
general que, sin haber llegado á efecto, había causado ya grandes perjui- 
cios. Y para que una vez más se vea cómo en las revueltas y algaradas es 
mucho más el ruido que la fuerza de los que chillan, es necesario consig- 
nar lo sucedido últimamente con los ferroviarios. Determinó el Gobierno 
llamar á las armas á los ferroviarios de la primera reserva, y se esperaba 
con ansiedad el ver qué efecto producía entre los ferroviarios. Si tanto era 
el disgusto que reinaba entre los obreros y tanta la razón que les asistía en 
sus pretensiones, era natural que hubieren protestado enérgicamente de 
las medidas tomadas por el Gobierno; pero no sucedió así, los reservistas 
se presentaron espontáneamente al llamamiento y aceptaron con alegría el 
brazal de los colores nacionales que se les ponía en el brazo como un 
signo de protección suprema al trabajo, que no querían abandonar, ni 
mucho menos. Otros muchos se presentaron como voluntarios, y hubie- 
sen agradecido que se les protegiera, como á sus compañeros; todo lo cual 
prueba el enorme disgusto de que se hallaban poseídos. 

La huelga desapareció, y la tranquilidad ha vuelto á reinar en todos los 
órdenes de la actividad; pero el Gobierno había prometido presentar á 
las Cámaras un proyecto de ley en el cual se atendieran las reclamaciones 
de los ferroviarios que fuesen viables. Las Cortes se abrieron el día 14 y 
apareció el proyecto de ley contra el cual se han disparado todos los repu- 
blicanos. Como era de suponer, el Gobierno garantiza la estabilidad de los 
funcionarios, establece todas las mejoras que se pueden Restablecer, dada 
la penuria de algunas Compañías; pero niega á los obreros el derecho de 
la huelga, sustituyendo este instrumento de las masas con un Tribunal ar- 
bitral que será obligatorio para ambas partes y en el cual tendrán repre- 
sentación las ferroviarios. Se comprende, pues, que no agraden á los 
republicanos los proyectos del Gobierno por su tendencia á evitar un con- 
flicto, del cual esperaban sacar mucho los republicanos. Últimamente ha 
publicado La Época una carta de un corresponsal suyo, el Sr. Montesi- 
nos, en la cual se decía que Ribalía, jefe de los ferroviarios catalanes, 
amenazaba otra vez con la huelga general, si no le satisfacían los proyectos 
del Gobierno; pero no se ha confirmado y es de esperar que no se confir- 



160 CRÓNICA GENERAL 

me; porque realmente la huelga anterior fué un fracaso, y mientras las ma- 
sas no se olviden de él, no es fácil que se presten á cooperar en otro. 
Acontecimientos de tanta importancia han deslucido por completo las fíes- 
tas del Centenario de Cádiz á las cuales mandaron las naciones sudameri- 
canas representaciones muy lucidas. En Cádiz hubo sesiones, banquetes, 
revista militar, procesión cívica y otras mil cosas de vistoso aparato; pero 
bien se puede afirmar que la gente, el pueblo español ha permanecido in- 
diferente al estrépito oficial y no es que el pueblo no estime en lo que 
valen á los pueblos americanos, nada de eso, los españoles han mirado á 
los pueblos americanos como la mitad de su alma y de su patria; pero la 
ocasión no se presentaba á fiestas. Se han pronunciado muchos discursos 
y muchas frases de cariño quijotesco, y el pueblo, acostumbrado á que eso 
no tenga ningún resultado práctico, lo ha escuchado como un canto lírico 
de su antigua leyenda y nada más; ¿por qué no se forma un trust por los 
capitalistas que radican en América y se acapara el comercio bien organi- 
zado y la emigración que Alemania tiene perfectamente organizada? 

El pueblo, muy escamado de tantos discursos brillantes, vería con en- 
tusiasmo un plan bien trazado y llevado á la práctica sin vacilaciones, 
¿Por qué no se forma una Compañía comercial que se encargue de exten- 
der por España y América los productos de la fábrica de armas de Toledo? 
Allí se construyen objetos de arte primorosísimos, instrumentos de cirugía 
que se van á buscar á Alemania, cuchillos que se reciben de Inglaterra et- 
cétera, etc., y todo ¿por qué? Porque falta una Compañía inteligente que lo 
explote. Y así con todo lo demás. Nosotros echamos discursos, y los fran- 
ceses y alemanes se llevan los cuartos de los mercados americanos, hasta 
los libros españoles recibe América de París. 

— La política está desanimada. Otros años se esperaba la apertura de Cor- 
tes con alguna ansiedad, este año no ha sucedido nada de eso. Llegan ru- 
mores de que los regionalistas se hallan un poco inquietos por la cuestión 
de mancomunidades, de que Moret quiere que se apruebe todo el proyec- 
to de Administración local de Maura, y de que el Sr. Canalejas se apresta 
á complacerle, ¡oh témpora!, de que el Sr. Montero Ríos ha celebrado 
sus bodas de oro en su castillo famoso de Lourizán, y nada más. Mientras 
tanto, los republicanos se colocan en los desfiladeros de la obstrucción, 
para sacar alguna raja del presupuesto. 

— Algunos periódicos han comentado vivamente ciertas declaracione 
que D. Dalmacio Iglesias, en el mitin jaimista de Valladolid, ha hecho; y, 
que de ser ciertas, los católicos, siempre unidos como deben estarlo al 
lado de sus pastores, no pueden ni deben aceptar. 

P. B. Garnelo. 

O. S. A. 



LA MÚSICA ESPAÑOLA MODERNA 



conferencia dada en la sorbona de parís 

Señores: 
Señoras: 

«El filósofo alemán Nietzche, dije yo un día, con la perspicacia 
út su inquietud sentimental y los aciertos de su generosa locura^ 
soñaba con un arte mediterráneo que no palideciera ante un cielo 
de añil y las llanuras apacibles del Oriente; con una música supra 
alemana, esencialmente más humana. > 

Pues bien, esta noche os hablaré de un arte joven y bien medi- 
terráneo, de un arte sin tristezas, sin afanes turbulentos de romanti- 
cismo decadente, sin complejidad bárbara y refinamientos asiáticos; 
pero sí con una fuerza virgen, una expresión espontánea, una forma 
exquisita y siempre armoniosa. Os hablaré de una música latina en 
la que se mira sonriendo el inmenso cielo azul, en la que vibra la 
luz sana y cálida de un sol radiante, una música donde las alegrías 
son incomparables y las melancolías sin amargura, una música sin 
odio, sin maldad, sin rugidos, sin grandilocuencia, pero límpida, 
sencilla en su esencia aunque no en su forma exterior sabiamente 
cincelada, buena y melodiosa, una música latina, en fin, es decir, una 
música que á los franceses nos ha de convencer más y mejor que el 
arte colosal y pesado de los sinfonistas alemanes ó el modernismo 
elemental, salvaje y abigarrado de los rusos. 

¿A qué, en efecto, mirar única y exclusivamente hacia el Norte 
nebuloso y pesimista? ¿De qué nos sirvió la lección de Carmen ó de 
Pelléas y Mélisande? ¿Por qué no queremos enterarnos de que exis- 
ten Fauré y Maurice Ravel? 

Es que necesitamos oir una voz meridional, la voz de una raza 

La Ciudad de Dios Aflo XXXII.— Núm. 94". 11 



162 LA MÚSICA ESPAÑOLA MODERNA 

hermana y querida, y que esa voz suene tan alto y fuerte corno -te- 
del metal sajón, haciendo que despertemos del hipnotismo en que 
nos sumió el vencedor de antaño, y devolviéndonos la confianza ert 
el ideal nuestro. 

¡España sea quien nos recuerde el perfume harto olvidado deJ 
surco removido! 



El Maestro Pedrell ha sido el iniciador del actual renacimiento 
musical en España. Tan admirable erudito como vibrante músico, 
trazó en su folleto Por nuestra música las líneas de un vastísimo pro- 
yecto en pro del arte abandonado por sus compatriotas. Enfrascados 
éstos en el italianismo más afrentoso desde la mitad del siglo XVII, 
es decir, desde el momento en que la influencia tardía del nuevo esti- 
lo italiano hízose sentir, no por medio del melodrama al modo de los 
de Monteverde, sino por medio de la vulgar ópera bufa, se habían 
olvidado tanto de la maravillosa polifonía — con base de tonalidades 
antiguas— que es de admirar en las obras de Morales, Guerrero, 
Comes y Victoria, como de la antigua zarzuela nacida en el sitio real 
del Pardo, y cuyos más bellos modelos son el Jardín de Falerina, de 
Lope de Vega, ó las comedias líricas del gran Calderón. La tradición 
española había muerto de la propia mano de la revolucionaria Ita- 
lia. En vano levantaron la voz un Arteaga ó un Eximeno para que 
sus contemporáneos del siglo XVIII se librasen de tan nefanda domi- 
nación; en vano un padre Feijóo maldecía con vehemente indigna- 
ción á los mercaderes de la Música de los templos; la afición á la me- 
lodía cuadrada de los italianos iba aumentando hasta tal punto, que 
el siglo XIX representa la era más vergonzosa del arte musical espa- 
ñol. Pudo haber un Eslava que acompañara las Cantigas de Alfonso 
el Sabio con ritmo de vals, y compusiera misas en el estilo de la Fa- 
vorita, de Donizetti, y pudo haber un Arrieta, cuya ópera Marina es 
el escándalo mayor del arte todo y el crimen más patente de anti- 
patriotismo. 

Al querer «deshacer agravios», «enderezar tuertos» y «mejorar 
abusos», el Maestro Pedrell dio, cual un Quijote, con los enemigos 
malos, que son los indiferentes ó los envidiosos; pero por buenas á 
por malas su enseñanza había de ser fecunda, y así fué, que ahora 



LA MÚSICA ESPAÑOLA MODERNA 163 

existe una Escuela Española por cierto interesantísima, y cuyos ta- 
lentos más excelsos se han inspirado, sea en las composiciones, sea 
en los escritos, sea por fin en las enseñanzas del viejo maestro cata- 
lán, del Glinka español... 

Pedrell sacaba á colación la melopea del canto popular español, y 
quería que se encajara en la composición musical, siendo el tema 
de un desarrollo influido por el carácter tonal especialísimo que 
aquél le traía. La reforma debussysta podía prestar á los músicos es- 
pañoles un como término de comparación, y ayudarles en su propia 
obra de regeneración con todo el prestigio de sus refinamientos téc- 
nicos. En cambio, España había de aprovecharse de la lección de 
Francia para volver á encontrar la olvidada tradición y para crear un 
arte que en el país de Bizet había de resultar forzosamente artificial, 
siendo por el contrario en la patria de Victoria un arte espontáneo y 
genuino. 

Dicha melodía española, ya se sabe que era oriunda del canto 
religioso de antaño, sea de rito romano, sea de rito visigótico, y de 
ninguna manera árabe como algunos lo han creído. Bien es verdad 
que el modo arbesis ó morisco aparece en alguna que otra canción 
andaluza, pero el floreo, la ornamentación melódica derívase del 
canto eugeniano, del canto propiamente español que se conservó en 
el pueblo más que en el templo, si bien se exceptúa la capilla mozá- 
rabe de Toledo. Algunas cantigas de Alfonso el Sabio que reproduje 
en un opúsculo, las canciones recogidas por Barbieri, Olmeda y 
Calleja, los temas de las cuatro grandes partituras de Pedrell, de la 
Iberia, de Albéniz, y de algunas obras de Turina y de Falla, pertene 
cen al folk-lore castellano ó andaluz que se emancipó poco á poco 
de la tutela religiosa. 

Claro está que necesitaban los compositores armonizar el melos 
de ricas tonalidades con la ciencia profunda, que requiere hoy en 
día el ser un músico revolucionario que tiene que prescindir del in- 
flujo tenaz de la tonalidad moderna con su dualismo mayor y menor 
á que estuvo avezado desde su infancia. Para ser en estos tiempos un 
músico modernista, hay que haber sido primero un músico conser- 
vador, y, por consiguiente, tiene uno que volver á hacer su educa- 
ción de artista, á «quemar, cual nuestro Cloris, lo que antes se ado- 
ró»; y no sospecha el buen público las luchas y los trabajos que 



164 LA MÚSICA ESPAÑOLA MODERNA 

pasan los pocos que no se quedan en camino, como sucede con más 
frecuencia... 

Sea lo que fuere, existen hoy en España y — desgraciadamente — 
fuera de España, músicos de cuerpo entero que renuncian á conquis- 
tar la fortuna que sólo sonríe á los músicos de castañuelas y pande- 
retas ó á los zarzueleros impúdicos, en espera de la fama y de la glo- 
ria venidera, y con la resignación y generosidad propias de los 
grandes, para quienes la satisfacción de la conciencia es ya suficiente 
premio. 

* * 

Entre ellos, muchos viven en España, donde tienen que luchar 
reñidamente con la estupidez del ambiente, y algunos residen en el 
Extranjero — en Inglaterra, Alemania ó Francia — , donde conservan á 
lo menos la ingenua ilusión de que España se enorgullece de sus 
triunfos y les prepara á su vuelta la más grata y conmovedora 
acogida. 

¡Mejor vale que no vuelvan nunca á la tierra donde el mismísi- 
mo Cervantes murió en la miseria; antes bien, conviene sigan en sus 
respectivos destierros, porque el destierro del alma es una fuente 
maravillosa de melancólicas visiones y de suavísimos sentimientos!... 
La Novena sinfonía es el grito desgarrador del hombre que llama á 
sus hermanos ingratos, y Trísian é Iseo resume las añoranzas más 
indecibles del corazón... 

Así pudo nacer la Iberia, de Albéniz; la Montañesa y la Andalu- 
za, de Manuel de Falla, y el reciente poema para cuerdas de Joaquín 
Turina, obras que todos los parisienes conocemos y amamos ya con 
la más sincera simpatía... 

En una serie de artículos publicados en el Boletín francés de la 
Sociedad Internacional de Música, consideraba yo á los músicos de 
España, bajo sus aspectos regionales, como más propio de folkloris- 
tas, descubriendo escuelas y complaciéndome en hacer catálogos... 
No haría hoy tal cosa, porque eché la cuenta de que más que á for- 
mar escuelas, el robusto y dominador individualismo español se 
prestaba á formar temperamentos, y á ellos iré desde ahora en ade- 
lante, para dedicar mis modestos esfuerzos á que se conozcan y 
aprecien cada día más, y para que se les rinda el debido tributo de 



LA MÚSICA ESPAÑOLA MODERNA 165 

admiración consiguiente al estudio atento y halagüeño de sus pro- 
ducciones varias. 

Trataremos brevemente, primero, de la música dramática, y pa- 
saremos luego al arte religioso, para detenernos por fin en el arte 
más puro de la música di camera. 

El primer drama lírico español lo dio el maestro Pedrell, con la 
primera parte de la célebre trilogía que abarca la trinidad simbólica 
de Patria, Amor y Fides. Los Pirineos, la Celestina y el venidero Ra- 
món Lulio, constituyen en efecto los tres aspectos de la fe nacional 
catalana, y el maestro Tortosa, si bien se equivocó algo en querer 
dar la fórmula de un arte español, acertó admirablemente desde un 
punto de vista regional y levantino. 

La propia Celestina, con ser más castellana, contiene muchos te- 
mas mediterráneos con el consiguiente desarrollo, de manera que 
es muy difícil arraiguen las obras pedrelianas en la tierra del Cid. 

De todos modos, la propia personalidad del maestro Pedrell se 
nos antoja muy vigorosa y fuerte; con una salud psíquica y una con- 
ciencia poco comunes. Sus dramas adolecen del defecto único en 
que incurren los compositores de allende los Pirineos, es decir, que 
resultan escritos algo de prisa y con el desprecio más absoluto de 
los refinamientos de forma musical. 

A pesar de todo, tienen una savia melódica que encanta y la ar- 
monización, por ser muy sobria, no deja de ser á veces muy nueva 
y pintoresca; siendo de notar la expresión elocuente de las escenas 
pasionales y el colorido de los cuadros evocadores. 

Su discípulo directo Morera, en sus dos obras, Bruniselda y Em- 
porium, demuestra tener un temperamento escénico de los más 
poderosos, y por más que de vez en cuando se le pueda tachar de vul- 
garidad, generalmente se le concede una inspiración elevada y va- 
ronil. La María del Carmen, de Granados, es, en otro género muy 
distinto, una prueba de que el sistema preconizado por Pedrell te- 
nía que engendrar maravillas, y sentimos no haber oído para los 
Jardines de Murcia que se montaron en el Odeón de París, algún 
que otro fragmento de la partitura del delicado maestro. 

Con la Acté, de Manen, y el Mirenchu, del vascongado Guridi, si- 
gue en España el movimiento revolucionario que había de florecer 
en Cataluña con el Final de Don Alvaro, de Conrado del Campo, es- 



166 LA MÚSICA ESPAÑOLA MODERNA 

trenado en el Real de Madrid el año pasado, y cuyo segundo cua- 
dro es un verdadero poema pastoril, un poema de Castilla con el 
delicioso episodio del Canto de trilla y su comentario orquestal de 
tanta exactitud tonal. 

Tenemos el gusto de conocer el manuscrito de la Vida Breve, que 
es un drama lírico de otro discípulo de Pedrell, muy conocido en 
París, Manuel de Falla, y que esperamos ver representar muy luego 
entre nosotros. Si añadimos á esta obra la celebrada y mozartiana 
Pepita Jiménez, de Isaac Albéniz, bien podemos decir que sería po- 
sible organizar desde ahora una «Semana» de ópera española, con. 
las cuatro partituras más originales é importantes, que á mi parecer 
son: la Celestina, de Pedrell, el Final de Don Alvaro, de Conrado del 
Campo, la Pepita Jiménez, de Albéniz, y la Vida Breve, de Manuel 
de Falla. 

¡Ojalá se encuentre un día en París un empresario que sepa si- 
quiera lo que es Arte, y nos dé tan soberbio regalo, que se lo hemos 
de agradecer de rodillas! 

* 
* * 

Derivada del drama lírico es la música coral que tanta afición 
despierta, sea en Vizcaya, sea en Cataluña, promoviendo la creación 
de varios orfeones, entre los cuales el más reputado es sin duda el 
Orfeó Cátala, con su dirección tan inteligente, y su repertorio de 
obras á cual más original, y cuyas firmas más autorizadas llevan los 
nombres de Nicoláu, Millet, Pujol, Sancho Marracó y Lambert. 

El Orfeó Cátala ocupa un palacio espléndido en Barcelona, y re- 
cuerdo haber tenido allí, en compañía de Risler y varios capellmeister 
alemanes verdaderas emociones de arte noble, inspirado, profundo... 
La polifonía coral siempre tuvo adeptos en España; y el templo ca- 
tólico le abre sus puertas. 

No tengo tiempo esta noche para encomiar como se lo merece 
la nueva orientación de música religiosa. Los nombres de Olmeda, 
el genial maestro de Burgos que murió en la flor de la edad deján- 
donos un caudal variadísimo de obras religiosas y profanas; de Mas 
y Serracant que parece ser la encarnación del contrapunto; de Villal- 
ba, el agustino activo que es á la vez compositor, literato, tratadista 
y director de revistas; en fin, del cantollanista Padre Suñol nos 



LA MÚSICA ESPAÑOLA MODERNA 167 

bastan aquí para afirmar que los magisterios españoles han recobra- 
do su antiguo esplendor, y que sus riquezas — reveladas poco á poco 
merced á los esfuerzos de sabios musicólogos, entre los cuales des- 
cuella el gigante Pedrell— seguirán amontonándose como en tiem- 
po de Victoria. 

Otro derivado del drama lírico es el poema sinfónico, al que— 
como los rusos— han tenido siempre les españoles más afición que 
á la sinfonía pura. Parece ser, en efecto, que el carácter tan pinto- 
resco de los motivos y de su modalidad, se opone á una realización 
intetior y austera dentro de un marco clásico cual nos lo dejó Beetho- 
ven. La libertad algo revolucionaria que introduce el elemento lite- 
rario ó pictórico del programa, favorece la movilidad de los colores 
y la variedad de efectos, por los que se afanan tanto los rusos como 
los modernos españoles. El esquema árido y artificial de la sinfonía 
escolástica no se presta á los fulgores de unas progresiones de or- 
questa, y el plan de desarrollo temático impide aprovechar todos 
.los recursos tonales a que acuden hoy día los modernistas partida- 
rios del poema sinfónico. 

Así es que las obras sobresalientes de estos últimos años cons- 
tan de: la Suite Murcienne, de Pérez Casas, resplandeciente como el 
sol que inunda la celebrada Vega, dividida en cuatro partes, que, 
con enlazarse y concatenarse estrechamente, forman otros tantos 
paisajes rebosando color y vida; de la Catalonia, de Albéniz, algo 
recargada de instrumentación, con virtuosismo y dificultades inútiles 
y hasta perjudiciales, pero tan alegre y simpática que ha recorrido 
toda Europa; de la Divina Comedia, de Del Campo, que suena como 
las más espléndidas composiciones de Richard Strauss; de la Entra- 
da de la Maya, de Arregui, y de los Cuadros levantinos, de Chavarri. 

Todas estas obras que no sé por qué no se conocen en Francia, 
son tan dignas de admiración como los más bellos poemas de Mo- 
nuorsky ó de Rimnsky-Korsakoff. Por fortuna, pronto hemos de oir 
un festival de música española, en que se ejecutarán las páginas so- 
bresalientes de la Moderna Escuela, y podemos esperar inauditas 
sorpresas. 

Quisiera yo que se junte á la precitada serie la preciosísima Sin- 
Jonia en la del malogrado músico Olmeda, y que tiempo ha que la 
üene en su poder el Sr. Chevillard, y siendo la única obra de músi- 



168 LA MÚSICA ESPAÑOLA MODERNA 

ca pura que dentro del género sinfónico se ha escrito en España.- 
Todo el que quiera saber cómo se puede ser exquisito músico con- 
la mayor sencillez de los precedimientos técnicos, lea la deliciosa 
partitura del Schubert español, de D. Federico Olmeda. 



De la Sinfonía al cuarteto de cuerdas no hay más que un paso. 
El mismísimo Olmeda compuso un cuarteto en mi, que gustó mu- 
cho en Burdeos y en Tolosa, cuando los conciertos de música espa- 
ñola, y que vale por lo bien pensado y escrito para los instrumen- 
tos. Otro tanto podemos decir del compositor español, que hasta 
ahora nos dio los cuartetos más importantes é inspirados, de Conra- 
do del Campo. ¿Qué mucho que posea en tan sumo grado la cien- 
cia del cuarteto, quien vivió su vida tocando la viola en el Cuarteto 
Francés y en la Sinfónica que fundó en Madrid? Bien se conoce que 
Conrado del Campo no ignora ninguno de los más escondidos se- 
cretos y artificios de la orquesta y del cuarteto, y, como antes de 
todo, tiene misticismo, exaltación, entusiasmo y amor para el arte, 
podemos saludar en él á uno de los maestros más completos, y cuyo 
porvenir tiene que ser brillante, por más que ningún editor se haya 
encargado de publicar sus obras, y se dé el caso de que París haya 
aplaudido varias veces las ejecuciones de manuscritos originales del 
maestro castellano, que vive única y exclusivamente de su profesión 
de instrumentista. ¿No habrá un editor alemán ó francés que quiera 
tomar á su cuenta el publicar tan prodigiosos cuartetos como El 
Cristo de la Vega, los Caprichos Románticos y el Cuatteto en «mí»? 
No lo quiero creer, aunque tengo pésima opinión de los editores de- 
música, por conocerlos de sobra. ¡Vaya, hermanos míos, ó artistas 
enamorados de su arte, que no hay más remedio que componer val- 
ses, polkas ú obras de más aliento, como es La Viuda Alegre..., que 
por aquel camino asoma pronto la caprichosa Fortuna! 

Citaremos de paso los cuartetos leoneses de Rogelio Villar, que 
más bien tienen forma de suites y recuerdan el estilo tenue y esfu- 
mado del maestro noruego Eduardo Grieg; y señalemos, con predi- 
lección á los aficionados á música di camera, el quinteto algo d'In- 
dysta, de Joaquín Turina, así como su obra tan poética para viola é 



LA MÚSICA ESPAÑOLA MODERNA 169 

instrumentos de arco, perfumada con todos los olores de los patios y 
terrazas, de las huertas y jardines de Andalucía, y el cuarteto recién 
escrito sobre las notas de la guitarra — á modo de la del laúd de 
Beckmerse en los Maestros Cantores—, cuyo desarrollo resulta una 
maravilla de construcción y de encanto sonoro. 

* * 

Y por fin, la música española, de puro intento pintoresca, de des- 
cripción, de ritmo y de color— que tantas veces vibró bajo los dedos 
mágicos de Ricardo Viñes— , la música de piano (quiero decir) es 
quizás la más conocida entre los públicos que llenan los templos del 
arte musical europeo. 

Prescindiendo de la Sonata en la de Federico Olmeda que en- 
cantó á n uestro ilustre amigo Sr. Romani-Rolland— si no por su 
modernismo de forma, á lo menos por su sentimiento profundo, su 
sobriedad expresixa y su musicalidad «schubertiana>— , habría que 
sacar á colación un sinnúmero de suites, de piezas y de bailables 
que han llevado hacia los sitios más ignorados de! mundo musical 
la fama de los artistas españoles modernos. 

Habría que recordar las danzas de suave eurítmica griega del 
célebre pianista y compositor Granados. Habría que tratar minucio- 
samente del tríptico Sevilla, de Turina, tan umversalmente reputa- 
do; cuadro musical digno de Sorolla, ó de Marín Ramos... con las 
escenas entre naranjos, con ese desfile fatal de los pasos en la calle- 
juela sevillana en la noche obscura, cálida y olorosa, con el canto 
agrio de las trompetas anunciadoras, el canto de las marianelas y 
esas saetas características y el conjunto final de todos esos elemen- 
tos en un apoteosis contrapuntístico de ímpetu y potencia expresiva 
que precede á la algazara y bullicio de la Feria que constituye el 
último número de la suite. Del propio autor habría que analizar sus 
últimos Rincones Sevillanos, con sus evocaciones de ambiente, con 
sus bailes infantiles, con la danza grave y extraña de los tradiciona- 
les Seises, con la alegre fiesta nacional de los toros y las dos notas 
finales que anuncian el sangriento drama... 

Compañero inseparable de Turina es otro andaluz, Manuel de 
Falla, de sentimentalismo intimo y soñador, cuyas Piezas para piano 



170 LA MÚSICA ESPAÑOLA MODERNA 

son verdaderas joyas de arte expresivo y refinado. He aquí la Ara- 
gonesa enérgica y de ritmo tenaz; el balanceo voluptuoso y encanta- 
dor de la Cubana; la Montañesa, que recuerda las añoranzas de Ga- 
licia y de León, y la Andaluza, tan animada y variada, verdadero 
drama interior del alma del compositor, que quiso evocar en su 
obra sensaciones y pasiones de su accidentada vida. Todos los pari- 
sienses conocen además, de Manuel de Falla, las tres melodías es- 
critas sobre poemas de Teófilo Gautier. 

Las Palomas es el voleteo misterioso, que parece el propio latido 
del corazón. La Chinosiere es una evocación melodiosa y de ritmo 
delicadísimo del Eterno Seaeio, que recelan en sus almas amarillas 
las muñecas de allende la Eterna Muralla..., y la Seguidilla es una 
obra maestra por el acento y la unidad de estilo, que da tres veces 
la variedad más musical á un ritmo arrebatador. 

Por fin podríamos saludar con cariñosa veneración al gran mú- 
sico español que vivió en el destierro, y sucesivamente en Alema- 
nia, en Inglaterra y en Francia, donde dejó obras inmortales, á Isaac 
Albéniz, el autor de la Catalonia y de Pepita Jiménez, estrenada 
triunfalmente en Bruselas, y de unas cuatrocientas obras para piano 
ó para canto, entre las cuales hay que poner aparte la Vega y la 
Suite Iberia para piano, obras todas que dan, dentro de la moderna 
escuela musical en Europa, una nota especialísima, rica de emo- 
ción, de fuerza, de fantasía técnica, de atrevimientos graciosos 
y de salud mediterránea. La Iberia, con su acierto tonal, rítmico y 
armónico, con su desarrollo temático y sus matices de modulación, 
satisfacen, no sólo al aficionado á un arte algún tanto descriptivo, 
sino también al músico más exigente. 



Un concierto de música española sería, tanto para nosotros como 
para nuestros vecinos, dejándonos á todos un grato recuerdo y evo- 
cando en nuestras almas impresiones y sentimientos inauditos, la 
afirmación de esta verdad absoluta, según la que el arte más inter- 
nacional resulta ser también el que más raíces nacionales tiene. Lo 
dijo un día muy bien el gran dramaturgo Benavente, escribiendo en 
una de sus Sobremesas de los Lunes de *El Imparcial»; «Las fronte- 



LA MÚSICA ESPAÑOLA MODERNA 171 

ras son algo más que una materialidad geográfica. Bueno es salvar- 
la, no obstante. Sólo una excesiva curiosidad puede salvarnos de 
una exclusiva admiración. Más tarde, las verdaderas admiraciones 
que hayan sobrevivido en nosotros nos habrán curado de una exce- 
siva curiosidad >. 

* 
* * 

Señoras y señores: Os vengo á proponer como ideal artístico el 
de un nacionalismo sin exageración, que mucha falta nos hace en 
estos tiempos de dejadez é indiferencia universal. España valdrá en 
tanto conserve su integridad nacional. Francia reconoce ahora el al- 
cance de este maravilloso ejemplo, y al adoptar la música española 
después de la música rusa, reacciona contra una crisis de panestética 
que amenazaba ser fatal. Y teniendo presente cuanto acabo de deci- 
ros, bien podéis esperar y desear que un próximo festival de música 
hispano-francesa reúna por fin á España y Francia en un sincero 
abrazo que signifique para el mundo sorprendido: que la verdad en 
el Sagrado Reino del Arte (según decía Ricardo Wagner) está en 
persistir en su individualidad. 

He dicho. 

Henri Collet. 



PROYECTO DE LEY SOBRE ASOCIACIONES 




>on grata satisfacción hemos visto en la Prensa católica des- 
filar, una en pos de otra, las enérgicas protestas que los 
jefes del clero español han dirigido el señor Presidente 
del Consejo de Ministros, con motivo del nuevo Proyecto de Ley 
sobre Asociaciones. En estas protestas se hace ver al Sr. Canalejas la 
necesidad imprescindible en que se encuentra de conformar sus ac- 
tos con lo preceptuado en el Concordato vigente; se le hace ver que 
no puede legislar sobre Asociaciones religiosas sin contar con la 
Santa Sede; se le hace ver, en una palabra, que él, lo mismo que los 
demás ciudadanos españoles, estamos sometidos á las leyes anterior- 
mente establecidas para nuestro territorio, mientras éstas no se de- 
roguen ó en ellas se cree una verdadera excepción para el señor 
Presidente del Consejo de Ministros. 

Estando las cosas en su ser normal, debieran bastar tan sabias 
protestas para encauzar la vida política y evitar los escollos que al 
bienestar de los ciudadanos se oponen; pero un vago presentimien- 
to parece indicar en el alma de la generalidad de los ciudadanos, 
que estas manifestaciones de protesta irán á hundirse, como tantas 
otras, allá en el fondo del vacío. Cuando se desconoce la autoridad 
del Papa, no es difícil prescindir de las protestas de los Obispos. 

Trátase de conculcar sentimientos religiosos, intereses católicos, 
y éstos no son exclusivos de ningún partido político, son patrimonio 
de todos los católicos; así que todos debemos defender nuestros in- 
tereses, todos debemos secundar la acción de nuestros jefes, hecha 
en absoluto abstracción de los matices que cada una de las agrupa- 
ciones presente en la política, y debemos secundarla, cada uno den- 
tro de su esfera de acción: los representantes católicos, en las Cáma- 
ras por medio de la discusión y de la oposición, la Prensa, desen- 



PROYECTO DE LEY SOBRE ASOCIACIONES 173 

mascarando los especiosos argumentos y la falta de lógica con que 
proceden nuestros gobernantes; y los que están en contacto más in- 
mediato con el pueblo, ilustrándole y exponiendo á su consideración 
la transcendencia de los actos á que da lugar con la emisión, gene- 
ralmente inconsiderada, del sufragio en favor de cualquiera. 

Hoy, por desgracia, entre nuestros gobernantes, las razones va- 
len muy poco, y las ilegalidades se suceden con harta frecuencia. 
Estamos acostumbrados á ver cómo la cuestión religiosa no es más 
que un juguete en nuestra política, es la mampara que esconde á los 
ojos del pueblo los enredos de la infracción y de la intriga; así que no 
es de extrañar que la razón desempeñe un papel poco airoso, y aún 
que se prescinda de ella. Y no es esto lo peor, lo verdaderamente 
inaudito es que cuando los señores Obispos, con toda delicadeza 
exponen al Presidente la ilegalidad flagrante que comete, pretendien- 
do se traten en las Cortes asuntos que no pueden tratarse sin el 
acuerdo de la Santa Sede, éste se queja amargamente ante los perio- 
distas extranjeros y exclama que, de hacer caso á las exposiciones de 
los señores Obispos, de ponerse previamente de acuerdo con el Va- 
ticano antes de presentar su proyecto á las Cámaras, se seguiría que, 
para hacer votar una ley en España, sería preciso contar con cuatro 
factores: el Papa, la Cámara popular, el Senado y el Rey; pero que 
la Constitución sólo menciona los tres últimos factores. Nos resisti- 
mos á creer que el señor Presidente del Consejo de Ministros haya 
emitido, al menos con tanta crudeza, semejante frase. Es cierto que 
la Constitución del Reino sólo hace mención expresa de los tres úl- 
timos factores para la votación de las leyes; pero no es esa precisa- 
mente la cuestión que nos proponemas dilucidar. De lo que se trata 
y lo que con tanta delicadeza expone el clero español al señor Pre- 
sidente, es que los asuntos sobre Asociaciones, religiosas, no pueden 
ser sometidos á la votación de los tres factores aludidos, y mucho 
menos el proyecto que ahora intenta someter. 

El derecho de asociarse á los demás para el cumplimiento de 
fines morales, es un derecho que radica en la misma naturaleza limi- 
tada del individuo, que para salvar estas limitaciones necesita de la 
cooperación de los otros. Este derecho natural así considerado, y 
que puede tener manifestaciones diversas, según sea el fin á que la 
asociación se dirija, ha de ser reconocida y garantizada por el Esta- 



174 PROYECTO DE LEY SOBRE ASOCIACIONES 

do, pero nunca coartado sin verdaderas y sólidas razones, y mucho 
menos destruido. ¿Y qué razón ó pretexto existe en la actualidad 
para presentar á las Cortes una ley que más ó menos tarde haría 
imposible la vida de las Asociaciones religiosas? ¿Es que son perju- 
diciales ó inútiles al Estado? Léase, siquiera sea superficialmente, la 
obra del ilustre escritor Severino Aznar, Las grandes Instituciones del 
catolicismo, y después de leída, ya se puede comprender el alcance 
y la profundidad de aquellas palabras humildes y al mismo tiempo 
enérgicas que pronunció uno de los informantes sobre el anterior 
Proyecto de Ley de Asociaciones. Si después de esto nos perseguís, 
haremos lo que el pájaro á quien le quitan el nido: volaremos á otras 
tierras donde también podremos servir á Dios y al pueblo, salvar al- 
mas y salvar la nuestra. Y en el último rincón del mundo donde pose- 
mos el vuelo, allí tendrá un altar y un culto España, nuestra patria 
querida (1). 

Esta doctrina, aplicable á cualquier Estado, sea una ú otra la reli- 
gión que profese, tenga éstas ó aquellas creencias, con mayor moti- 
vo ha de seguirse en España, país en el cual «la Religión Católica 
Apostólica Romana es la del Estado> (art. 11 de la Constitución vi- 
gente). Es decir, que en los subditos españoles hay que distinguir el 
aspecto religioso, sometido á la esfera de acción de la Iglesia ó de 
su representante el Papa, y el aspecto jurídico, que cae bajo la ac- 
ción del Estado; pero como ambos aspectos se dan en los mismos 
individuos y es muy difícil determinar hasta dónde llega el uno y 
hasta dónde se extiende el otro, y señalar, por consiguiente, los lími- 
tes de una y otra potestad, de aquí que se haga precisa la existencia 
de un convenio en que se consignen las atribuciones de ambas. Este 
convenio es el Concordato, Luego la existencia y la necesidad del 
Concordato arrancan de la misma Constitución actual del Estado. 
Ahora ya es fácil advertir en qué sentido admite la Constitución ex- 
presamente sólo tres factores para la votación de las leyes: en el sen- 
tido de que estas leyes han de versar sobre asuntos en que puedan 
conocer los Poderes públicos; mas cuando estos asuntos atañen al 
artículo 11, entonces la misma Constitución presupone la interven- 
ción del Jefe de la Religión Católica; y así, el pretender sólo por sí 



(1) Citado por Severino Aznar en Las grandes Instituciones del catolicismo. 



PROYECTO DE LEY SOBRE ASOCIACIONES 175 

y ante sí la votación de una ley de esta naturaleza es, por una parte, 
prescindir de nuestras leyes y gobernar sin más normas que la arbi- 
trariedad y el capricho, y por otra, infligir una ofensa manifiesta á la 
sublime dignidad del representante de Jesucristo en la tierra. 

Vean, pues, los representantes católicos, y piensen detenidamen- 
te hasta qué punto habrán de cooperar al menosprecio de nuestra 
legislación, y sobre todo al menosprecio de nuestra sacrosanta Re- 
ligión y del supremo Jefe de la misma, no oponiéndose al Pro- 
yecto; y vea también el pueblo católico hasta qué punto reviste im- 
portancia la acertada emisión del sufragio en la elección de los re- 
presentantes. 

P. H. Pajares. 

O. S. A. 



EL REVERENDÍSIMO PADRE JUVENCIO HOSPITAL 

OBISPO DE CAUNO EN CHINA 




(Ünque un poco tarde, por circunstancias especiales, y sin 
que este retraso arguya falta de cariño y admiración ha- 
cia el Illmo. P. Juvencio, publicamos breves datos bio- 
gráficos del que fué nuestro connovicio y hoy es Obispo de Cauno. 

Nació en 1870 en Villaeles, provincia de Palencia y diócesis de 
León. Fueron sus padres cristianos fervorosos y honrados labrado- 
res, muy queridos en el pueblo por sus virtudes. Inspiraron en su 
alma el santo temor de Dios, y como de El procede lo más santo y 
engendra las acciones más heroicas, produjo en el P. Juvencio el de- 
seo de apartarse del mundo y consagrarse á Dios en la vida religiosa, 
dando principio á los estudios de latín. 

Muy cerca de su pueblo estaba la Preceptor ía de Barriosuso, 
fundada por D. Dionisio González, Auditor de la Rota, que ha sido 
siempre, y sigue siendo, abundante plantel de nuestra Orden Agus- 
tíniana, y allí empezó la preparación. Bien pronto se captó las sim- 
patías y el cariño de su profesor y compañeros por su clara inteli- 
gencia, memoria prodigiosa y carácter abierto y espontáneo. Nadie 
podía disputarle el primer puesto ni hacerle competencia, porque el 
cielo había derramado á manos llenas sus dones sobre el que desti- 
naba para ser sucesor de los apóstoles. 

Concluidos los estudios con notable aprovechamiento, fué al 
Noviciado de los Agustinos en Valladolid. ¡Cuántos jóvenes han sa- 
lido de aquel bendito Centro y cuántos se han santificado en aquel 
hermoso vergel, modelo de observancia y de recogimiento!] De allí 
han salido tantos beneméritos religiosos que en Filipinas sacaron al 
indio de la vida de salvaje ensañándole los dogmas de nuestra reli- 
gión; ellos fueron los que le inspiraron al amor á nuestra patria y los 



EL REVERENDÍSIMO PADRE JUVENCIO HOSPITAL 177 

que en días de luto, y cuando la masonería levantaba las islas con- 
tra España y desprestigiaron con la calumnia á los que fueron maes- 
tros y profesores de los filipinos, trabajaron con la palabra y el ejem- 
plo por sostener nuestro prestigio y dominio en la tierra regada con 
sangre de héroes y de mártires. En aquel colegio y bajo la dirección 
del virtuoso y venerable P. Tirso, á quien la ciudad, y sin distinción 
de clases, respeta y admira como Valencia en otro tiempo á Santo 
Tomás de Villanueva y Salamanca á San Juan de Sahagún, pasó el 
año del noviciado adelantando en virtud tanto como en los estudios. 
Estudió la filosofía con el malogrado P. Marcelino Gutiérrez, que 
hubiera sido uno de los mejores filósofos si la muerte no le hubiera 
arrebatado en la flor de la edad, y la literatura con el P. Conrado 
Muíños, eximio literato y polemista. Se recreaba su espíritu con es- 
tas ciencias cuanto sufría con las matemáticas que se avenían mal 
con su imaginación de poeta, y exteriorizaba su repugnancia pintan- 
do en el tablero un estudiante con la cabeza rota delante de un 
quebrado. 

Fueron los profesores de teología y derecho canónico el reveren- 
dísimo P. Tomás Rodríguez, Genera) de la Orden, y el Rvdmo. Pa- 
dre Eustasio Esteban, Asistente general, y con profesores tan emi- 
nentes salió el P. Juvencio aprovechadísimo en los estudios. Termi- 
nada la carrera eclesiástica fué destinado al colegio de Alfonso XII 
en El Escorial, para que al mismo tiempo que ejercía el cargo de 
Inspector continuara una de las carreras especiales que siguen los 
Agustinos destinados á la enseñanza; pero como Dios le quería de 
una manera especial para sí y le elegía para cosas mayores, le mandó 
una enfermedad que determinó la ida á las Filipinas en la Misión 
de 1894, presidida por el actual General de la Orden, buscando un 
clima más suave para su delicada salud. Ejerció el ministerio apos- 
tólico en las Misiones vivas de Bontac y Abra, y desde allí nos escri- 
bía ingeniosas y amenas cartas que revelaban ya al autor de esas 
variadas y chispeantes que han constituido la sección amena en la 
revista agustiniana España y América. Nos pintaba la soledad en que 
se encontraba en Lacasacán rodeado de indios paganos y semisalva- 
jes, aunque siempre respetuosos con el Padre; las peripecias distin- 
tas con ellos; las privaciones en vivienda y alimentos; los entreteni- 
mientos que escogía para hacer de aquel retiro un recreo para ¿u 

12 



178 EL REVERENDÍSIMO PADRE JUVENCIO HOSPITAL 

espíritu, y con tal gracejo y habilidad dibujaba todo esto y de tai' 
manera describía aquellos lugares, que olvidándose el lector de Iosf 
trabajos y sufrimientos del misionero, le parecía estar leyendo una 
pintura acabada del valle del Tempe, así convertido en la imagina- 
ción de poeta de nuestro inolvidable connovicio. 

Durante la revolución de Filipinas, corrió la suerte de sus com- 
pañeros, y sufrió el duro y largo cautiverio con la paciencia de un 
santo y la energía y entereza de un mártir, sin humillaciones ni des- 
mayos ante las amenezas de los esbirros de la masonería. 

Estos sufrimientos obraron con fuerza irresistible en su alma y ia¡ 
hicieron comprender que podía muy bien, contando siempre con la 
gracia de Dios, sufrir el martirio, y á China fué á buscarle hace diez 
años. No nos sorprendió esta decisión, le conocíamos muy bien; 
juntos habíamos pasado los años de nuestra juventud, y sabíamos 
que el P. Juvencio era capaz de empresas grandes, de acciones he- 
roicas. Espíritu expansivo, corazón grande y generoso, entendía la 
virtud á la manera de Santa Teresa. 

Muchos han sido los trabajos que allí ha padecido y grande el 
fruto en su ministerio apostólico. Con su trato fino y delicado, con 
el don de gentes que Dios le ha otorgado, se ha captado la simpatía 
de todos, y en especial la de los mandarines. Manifiestan bien ésta 
los avisos que tenía á todas horas en tiempo de la proclamación de 
la República. Ninguno como él estaba enterado del peligro que po- 
dían correr los europeos y de los medios de ponerlos á salvo. Pasó 
el peligro, y Dios hizo que en aquella comarca no ocurriera cosa 
alguna. El poco tiempo de que disponía lo dedicaba á escribir; su- 
yas son las obras La Religión entre los chinos, Notas y escenas desús 
viajes, y muchas cartas. Demuestra en todas ellas un conocimiento 
completo y detallado de la religión y costumbres en China, ameni- 
zado, no sólo con los curiosos incidentes en sus muchas excursiones 
para sembrar la semilla evangélica, sino también por su estilo encan- 
tador, por la ductilidad con que maneja el lenguaje, que parece es- 
tamos leyendo las cartas del Venerable Avila ó Beato Alonso de 
Orozco. 

Todo esto, unido á sus grandes virtudes, le han elevado á la 
dignidad episcopal, costando no poco trabajo vencer su resistencia, 
porque el humilde ignora sus obras buenas para fijar su atención en 
pequeños defectos. 



EL REVERENDÍSIMO PADRE JU VENCIÓ HOSPITAL 179 

El 4 de Febrero de 1912, rodeado de sus hermanos de hábito, 
en Manila, fué consagrado por el Emmo. Sr. Harty, Arzobispo de 
Manila, asistido por los señores Obispos de Lipa y Samar. Mucho 
puede esperarse de los trabajos apostólicos del limo. P. Juvencio. Es 
joven y vigoroso, está curtido en la persecución, es conocedor como 
ninguno del carácter del chino, no le arredran las dificultades de 
ningún género y sobre todo arde en su corazón el fuego por la con- 
versión de aquellos pobres desgraciados; y con estas cualidades y, 
sobre todo, con su virtud, logrará que aumente la grey de Jesucristo. 

Para concluir, le enviamos un saludo cariñoso y cordial enhora- 
buena por nombramiento tan justamente merecido. 

P. Bonifacio Hompanera. 
o. s. A. 



LA IMAGEN DE NUESTRA SEÑORA DEL PATROCINIO 

Y SU CULTO EN EL REAL MONASTERIO DE EL ESCORIAL 




'Elipe IV, movido de su devoción á la Reina de los Cielos, 
quiso dedicarla un testimonio público de piedad institu- 
yendo una fiesta en su honor, y fundado una nueva ad- 
vocación que acreditara el fervor de la Corte española, y fuese á la 
vez un testimonio de acción de gracias á los favores de la celestial 
Señora recibidos, y acto selemne y oficial de colocarse bajo su pro- 
tección soberana. 

El título que su piadosa confianza en la Madre del Salvador le 
sugirió, fué el que naturalmente se derivaba de sus religiosos senti- 
mientos, y el Patrocinio de la Virgen María figuró desde entonces 
entre las advocaciones con que la cristiana devoción eleva sus plega- 
rias á la Reina de cielo y tierra. 

Para dar cima á estos pensamientos se dirigió Felipe IV al San- 
to Padre Alejandro VII á fin de que concediese la firma autorizado- 
ra que, como de Jefe de la Iglesia, había de establecer sólidamente la 
institución de tal devoción y fiesta. Accedió el Santo Padre á los 
deseos de Felipe IV, y el 28 de Julio de 1656 le enviaba la siguien- 
te bula: 

«Alejandro, Papa VII, para perpetua memoria. La excelente pie- 
dad para con Dios y singular devoción para con la beatísima Virgen 
María, Madre de Dios, de nuestro carísimo hijo en Cristo Felipe, 
rey católico de las Españas, unida á la fe en Nos y en la sede 
apostólica, merece que favorezcamos cuanto nos es concedido de lo 
alto á sus ruegos, enderezados á aumentar la veneración de la beatí- 
sima Virgen. Porque como el mismo Felipe (según nos hizo saber) 
desee en gran manera para dar gracias á la Virgen Maria, Madre de 
Dios, por muchísimos beneficios que con piadoso afecto confiesa 



LA IMAGEN DE NUESTRA SEÑORA DEL PATROCINIO 181 

haber recibido de su mano, que en todos los reinos de España se 
celebre cada año en alguna de las dominicas de Noviembre una 
fiesta particular que ha de llamarse del Patrocinio de la bienaventu- 
rada Virgen Maria; nosotros, alabando^ muchísimo en el Señor el 
piadoso intento del mismo rey Felipe, y deseando hacerle especiales 
favores y gracias, inclinados á las súplicas que en nombre de él á 
Nos sobre este particular humildemente se han dirigido con autori- 
dad apostólica, por el tenor de las presentes letras concedemos y 
otorgamos á los amados hijos, clero secular y regular de los dichos 
reinos de España, que en alguna dominica del mes de Noviembre, 
que ha de señalar el Ordinario, puedan celebrar todos los años fies- 
ta del Patrocinio de la bienaventurada Virgen María, con el oficio 
doble, que se reza el día 5 de Agosto en la fiesta de La Dedicación 
de Santa Maria ad Nives, excepto las lecciones del segundo noctur- 
no, que se tomarán del sermón de San Juan Crisóstomo Dei Filius, et- 
cétera., y que se encuentra en el día 12 de Septiembre, feria quinta de 
la infraoctava de la Natividad de la misma Virgen María; y además 
con la misa que se celebra dicho día de la Dedicación con Gloria y 
Credo. 

Fuera de esto, para aumentar la devoción de los fieles y la sa- 
lud de las almas con los celestiales tesoros de la Iglesia, movidos 
de piadosa caridad, concedemos misericordiosamente en el Señor 
indulgencia plenaria y remisión de todos sus pecados á todos los 
fieles de Cristo, asi hombres como mujeres, que verdaderamente 
arrepentidos confesados y comulgados en este día asistieren á la misa 
solemne, y en ella rogasen á Dios por la paz entre los príncipes cris- 
tianos, extirpación de las herejías y exaltación de la santa Madre 
Iglesia. 

Sin que lo impidan las constituciones y ordenaciones apostólicas 
y conciliares, generales ó especiales, ni en cuanto sea preciso, los 
estatutos y costumbres de las iglesias, órdenes, congregaciones, ins- 
titutos, monasterios, conventos, colegios y otros lugares de cualquie- 
ra clase de regulares, aunque estén corroborados conjuramente, con- 
firmación apostólica ó con cualquier otra seguridad ni cualesquiera 
otras cosas contrarias. 

Dado en Roma, en Santa María la Mayor, bajo el anillo del Pes- 



182 LA IMAGEN DE NUESTRA SEÑORA DEL PATROCINIO 

cador, el día 28 de Julio de 1656, año segundo de nuestro ponti- 
ficado (1). 

Felipe IV había pedido estos privilegios para la imagen que había 
mandado construir, que fué la primera que llevó el título del « Patro- 
cinio > y, es la que hoy se venera en la iglesia del Real Monasterio. 

Desde un principio el intento del Rey fué dedicar á Nuestra Se- 
ñora del Patrocinio una capilla separada, y construir como una es- 



(í) Indultum ut clerus etiam regularis Hispaniarum festum Patrocinii 
B. M. V. quotannis celebrare possit. (Ep Regest in Secret. Brev.) 

Alexander Papa VII, ad perpetuam rei memoriam. 

Praeclara christianissimi in Christo filii nostri Philippi Hispaniarum regis 
catholice in Deum pietas, ac erga Beatissimam Virginem Dei Genitricem Ma- 
riam devotio singularis in nos et Apostolicam Sedem fidei coniuncta, prome- 
retur, ut eius votis ad angendam ipsius Beatissimae Virginis venerationem 
tempentibus, quantum nobis ex alto, concebitur, favorabiliter annuamus. 

Cum itaque, sicut idem Philippus rex nobis exponi fecit, ipse ad gratias 
eidem Virgini Dei Genitrici Mariae pro plurimis beneficis, quae ab illa acce- 
pisse pro affectu mofitetur, agendas unum festum particulare Patrocinii Beatae 
Mariae Virginis mincupandum in ómnibus Hispaniae regnis aliqua die domi- 
nica mensis novembris annis singulis celebrari summopere desideret. 

Nos, piam eiusdem Philippi regis intentionem plurimum in Domino com- 
mendantes, eumque specialibus favoribus et gratiis proseguí volentes, suppli- 
cationibus eius nomine nobis super hoc humilites porrectis inclinati, dilectis 
filiis clero etiam regulari praedictorum regnorum Hispaniae, ut aliqua die do- 
minica mensis novembris per Ordinarium loci designanda ; annis singulis fes- 
tum Patrocinii eiusden Beatae Mariae Virginis cum officio duplici, quod 
recitatur die v angustí in festo Dedicationis S. Mariae ad Nives (exceptis lec- 
tionibus secundi nocturni, quae sumantur ex sermone sgncti Joannis Chrysos- 
tomi Dei Filius etc., quaeque habentur die XII septembris, quinta infra octa- 
vam Nativitatis ipsius Beatae Mariae Virginis), necnon cum missa quae cele- 
bratur dicta die Dedicationis cum Gloria et Credo, celebrare libere et licite 
possint et valeant, auctoritate apostólica, tenore praesentium, concedimus et 
indulgemus. 

Praeterea ad augendam fidelium religionem et animarum salutem caelesti- 
bus Ecclesiae thesauris pia charitate intenti, ómnibus utriusque sexus christi 
fidelibus veré poenitentibus et confessis, ac sacra communione refectis, qui 
missae solemni in die praedicta interfuerint et ibi pro christianorum princi- 
pum concordia, haeresum extirpatione, et sanctae Matris Ecclesiae exaltatio- 
ne pias ad Deum preces effuderint, plenariam omnium peccatorum suorum 
indulgentiam et remissionem misericorditer in Domino concedimus. 

Non obstantibus constitutionibus et ordinationibus apostolicis, et concilia- 
ribus, generalibus vel specialibus, necnon, quatenus opus sit, ecclesiarum et 
ordinum, congregationum, institutorum, monasteriorum, conventuum, colle- 



LA IMAGEN DE NUESTRA SEÑORA DEL PATROCINIO 183 

pecie de oratorio, donde las personas reales y los fieles satisficiesen 
su devoción. No poseyendo la Basílica lugares á propósito para ser 
convertidos en capillas, fué preciso arreglar uno de los pasillos que 
entonces rodeaban completamente la iglesia. 

Como los inventores de la nueva devoción eran las personas rea- 
les, se atendió á la proximidad deja capilla á las habitaciones de Pa- 
lacio, por lo cual se escogió la parte de pasillo que desemboca fren- 
te á la escalera que sube al coro, tan cercana á la puerta por donde 
los reyes salen de palacio á la iglesia, que con sólo bajar un peque- 
ño tramo de escaleras, podían, sin ser vistos, ir á rezar ante la ima- 
gen de María. La escalera referida se llamó desde entonces Escalera 
del Patrocinio. 

Se ensanchó la entrada del pasillo, dándole dos arcos con sus 
puertas, y se cerró por el lado del altar, de San Benito y San Bernar- 
do quedando de ese modo lugar para un pequeño oratorio. En este 
lugar se levantó un altar que ocupaba todo el ancho de la pieza; tra- 
bajaron en él los hermanos legos, Jerónimos, Fr. Eugenio de la Cruz 
y Fr. Juan de la Concepción, empleando en su construcción pór- 
fidos y piedras preciosas con guarniciones de metal dorado (1), resi- 
duo de la obra del Panteón de Reyes; sobre el altar se construyó un 
trono de plata, debido también á estos dos monjes, quienes dedica- 
ron á tan pía fábrica la pensión de 200 ducados que Felipe IV, ha- 
ciendo que antes les tonsurasen, les había concedido sobre el Obis- 
pado de Astorga. En este trono, se colocó la imagen de María en 
medio de un cascarón de cristales. Arañas y lámparas de plata, más 
colgaduras de tela de oro que revestían las paredes, completa- 
ban el adorno de la capilla, que con el fin de que los devotos pu- 



giorum, aliorumque locorum regularium quorumcumque, etiam juramento, 
confirmatione apostólica, vel quavis firmitate alia roboratis, statutis et con- 
suetudinibus, ceterisque contrariis quibuscumque. 

Datum Romae, apud S. Mariam Maiorem, sub annulo Piscatoris, die XXVIII 
iulii MDCLVI, pontificatus nostri anno II (1). 
(1) El frontaltar existe hoy día en la Sala de Capotillos. 



(1) Bullarum Diplomatum et Privilegiorum Sanctorum Romanorum Pontiticum Taurinensis edi- 
tio... cura et studio Collegii adlecti Ponue Virorum S. Theologiae et Ss. Canonum Peritonim... 
rom. XVI.-Alexander VII-(ab.ann. MDCLVadan. MDCLXII) Augustae Tturinorum MDCCCLXIX. 
pág. 199, c. 1 y 200 c. 1-2. nun. CXXI1I. 



184 LA IMAGEN DE NUESTRA SEÑORA DEL PATROCINIO 

dieran verla desde fuera, pues no se permitía entrar al pueblo en 
aquel lugar, se cerraba con unas rejas de hierro, como hoy todavía 
se encuentra. La imagen de la Virgen fué construida en Valladolid, 
y es de las que se llaman de vestir y dentro del tipo corriente de las 
que en el siglo XVII se tallaban. 

Satisfechos ya todos los deseos del Monarca y señalada por el 
ordinario la segunda dominica de Noviembre para celebrar la fiesta 
del Patrocinio, Felipe IV ordenó disponer lo necesario para la cele- 
bración de una solemne fiesta, desplegando lujo tan ostentoso, que 
no dejaba de contrastar con las escaseces que en aquellos momentos 
experimentaba nuestro asendereado país. 

El sábado anterior á la fiesta, cantáronse las primeras vísperas 
con toda solemnidad, y al obscurecer de aquel día, las campanas 
del Monasterio anunciaban á los habitantes de El Escorial la nueva 
fiesta. Se cantó misa solemne con exposición de Su Divina Majes- 
tad. Terminada la misa, el muy reverendo padre Prior, Fr. Francis- 
co de Vega, dio la bendición con el Santísimo, dejándole después 
encerrado en el Sagrario, mientras toda la concurrencia, con señala- 
da devoción, rendía el más sincero homenaje á Cristo-Jesús y á su 
Bendita Madre. 

No fué solo Felipe IV el que invocó el auxilio de María; también 
Carlos II imploró su protección en las guerras que tuvo que soste- 
ner con Francia y Portugal, como se deja ver por las tres cartas que 
escribió al reverendísimo padre General de los Jerónimos, pidién- 
dole mandase hacer rogativas por el buen éxito de sus empresas, y 
el reverendísimo padre General, accediendo á sus piadosos deseos, 
ordenó á toda la Orden, y particularmente á la Comunidad que 
habitaba en el Monasterio de El Escorial, hiciesen solemnes rogati- 
vas, y que, además de los ayunos y disciplinas, cantasen todos los 
sábados la letanía Lauretana á la Virgen del Patrocinio, por el buen 
éxito de las armas españolas. También la reina madre, doña Maria- 
na de Austria, regaló una magnífica lámpara de plata para la capilla 
de Nuestra Señora del Patrocinio. 

Continuó la devoción la Corte española á Nuestra Señora del Pa- 
trocinio en tiempo de Felipe V. Este, que decía del Monasterio de El 
Escorial: En tanto tengo yo ser patrono de aquella casa, como mi co- 
rona, abatido por las derrotas que á sus tropas en Almenara y Zara- 



LA IMAGEN DE NUESTRA SEÑORA DEL PATROCINIO 185 

goza causaron Stanhope y el conde de Staremberg, por las rebeldías 
de los Países Bajos, la derrota en Malplaquet de los mariscales Vi- 
llars y Bouflers por Malborough, determinó implorar los auxilios 
del cielo, y al efecto, con fecha 10 de Septiembre de 1708, envió 
una carta al Rvdmo. P. Fr. Matías de Madrid (1), Prior General de 
los Jerónimos, suplicándole mandase á todos los religiosos de su 
Orden elevaran preces al Altísimo por el feliz éxito de las armas es- 
pañolas, y el reverendísimo padre ordenó á todos los monjes, y en 
particular á los del Real Sitio de El Escorial, hiciesen rogativas, «ce- 
lebrando procesión solemne de letanías antes de la misa mayor... 
aplicando al mismo fin todas las disciplinas y ayunos con la letanía 
á María Santísima, todas las tardes después de vísperas: y antes de 
ellas la oración mental, terminando con el Sub tuum praesidium, 
versillo y oraciones competentes». Idénticas fiestas mandó celebrar 
el reverendísimo padre á los Jerónimos de El Escorial, para obtener 
del Señor, por intercesión de su Bendita Madre, el triunfo de las 
armas españolas sobre las moriscas en el sitio de la plaza de Oran, 
por el conde de Montemayor, según se deja ver por la carta que el 
rey Felipe V dirigió al padre General con fecha 18 de Junio de 1732. 
La plaza fué tomada el 1 del mismo año. Fernando VI, compren- 
diendo la carga que pesaba sobre sus juveniles hombros, que las 
circunstancias eran criticas, que sus consejeros no poseían las cuali- 
dades necesarias para gobernar, y que si Dios, por quien reinan los 
reyes y los legisladores decretan con justicia y verdad, no le presta- 
ba sus eficaces auxilios, sucumbiría bajo el peso del Gobierno, lle- 
vado de tan altas y piadosas miras, con fecha 13 de Agosto de 1746 
escribió al reverendísimo padre General de la Orden de los Jeróni- 
mos, suplicándole pidiesen al Señor, por medio de su Bendita Madre, 
le ayudase con sus gracias para regir y gobernar con acierto, y el 
reverendísimo padre ordenó á los monjes de El Escorial celebrasen 
rogativas, «cantando misa á Nuestra Señora con todo el aparato po- 
sible, según que en ocasiones de igual naturaleza se acostumbra». 
Doña María Teresa Bárbara, de Portugal, mujer de Fernando VI, 



(1) Fué elegido General en el Capítulo que se celebró en el Real Monaste- 
rio de Lupiana el 28 de Abril de 1708; era profeso del Monasterio de la Silla, 
predicador de S. M., calificador de la Suprema, examinador Sinodal del Arzo- 
bispado de Toledo, y fué Prior, dos veces, en su Monasterio. 



186 LA IMAGEN DE NUESTRA SEÑORA DEL PATROCINIO 

á pesar del poco aprecio que tenía al Monasterio, pues siempre que 
le anunciaban el viaje á El Escorial solía decir: Vamos á la compañía 
de reyes difuntos y frailes amortajados; sin embargo, «entre las man- 
das que dejó en su testamento, índices de su religiosa piedad y gran 
devoción á María Santísima del Patrocinio, que se venera en San 
Lorenzo el Real, fué un clavel jaspeado: su materia, diamantes abri- 
llantados y oro esmaltado, labrado con tal primor é imitación, que 
son muchos los que le han tenido por natural, y del que se puede 
decir sin ponderación que materiam superabat opas. También dio 
un vestido muy cumplido, y de los más exquisitos que tenía S. M., 
para que se le acomodase á dicha santa imagen, como en efecto se 
practicó, para cumplimiento y desahogo de las pías y santas intencio- 
nes de tan católica reina> (1). 

Todos estos donativos, muestras de la piedad que los reyes y 
reinas profesaban á María Santísima, contribuyeron notablemente á 
fomentar la devoción de los habitantes de El Escorial hacia la Vir- 
gen del Patrocinio. 

Era tanta la que se profesaba á esta sacratísima imagen, que no ha- 
bía persona en El Escorial que de todo corazón no se encomendase á 
la Virgen del Patrocinio. En las primeras horas de la mañana y pos- 
treras de la tarde, se veían en las puertas de la capilla devotos que 
acudían á visitar á tan augusta y celestial señora. La capilla, por su 
corta capacidad, no llenaba las necesidades del pueblo que tanto 
gustaba de rezar á su excelsa patrona, por lo cual se pensó en tras 
ladar la imagen á un lugar más amplio. A este fin, en el año 1803 
el M. R. P. Prior Fr. Eusebio Valverde (2) mandó construir un altar 
en el mismo arco central que da entrada desde el exterior á la capi- 
lla de las Vírgenes (hoy capilla del Patrocinio), dirigiendo la obra 
como maestro carpintero Crisanto Martín (3), y como obrero ma- 



(1) Admírase hoy en la sacristía del Monasterio el mencionado manto; el 
clavel desapareció en tiempo de la revolución francesa. 

(2) Prior 51; fué confirmado en 30 de Agosto de 1802. 

(3) Hizo el andamio para colocar las estatuas del altar mayor después de 
la invasión francesa, en 13 de Marzo de 1814, y en 3 de Mayo del mismo año 
construyó otro andamio para que Manuel Idiondo pusiese el índice de la mano 
derecha del Reyjosafat, derribado poruña plancha de plomo que cayó de la 
torre de las Campanillas; fué comisionado para traer las alhajas que habían 
llevado á Madrid los franceses, y el 10 de Julio de 1814 llegaba á El Escorial 



LA IMAGEN DE NUESTRA SEÑORA DEL PATROCINIO 187 

yor Fr. Bernardino de la Mota, terminándole en el mes de Abril del 
mismo año, según se lee en una de las tablas del retablo que hoy 
ocupa la parte céntrica del altar. Dice así: Este retablo se hizo siendo 
Prior el Redmo. P. Fr. Eusebio Valverde, y Obrero Fr. Bernardino de 
la Mota, y Maestro de Carpintero Crisanio Martín, en el mes de Abril, 
año de 1803. 

Desde esta época, este altar fué su altar (de Nuestra Señora del 
Patrocinio) y de la capilla en la que hasta entonces había estado, se 
dice donde fué antes capilla de esta imagen. 

En la invasión francesa también le tocó sufrir á esta imagen los 
furores de la soldadesca. Los franceses la desnudaron y tiraron por 
los suelos, <la encontró el lego Fr. Christoval junto al panteón y 
puertas que están enfrente del, donde fué antes capilla de esta ima- 
gen. Se la llevó á su celda y, vestida lo mejor que pudo, quiso ha- 
cerla este obsequio». 

Después que por orden de Federico Quillet (1) se desarmó, casi 
destruyéndolo, el tabernáculo del altar mayor á fines de 1809, en el 
hueco que dejó se colocó la Virgen del Patrocinio, hasta que este 
mismo hermano lego puso en el altar mayor el templete de madera 
que servía para la última estación de la procesión del Corpus, en 
reemplazo del tabernáculo. Entonces, él mismo colocó á la Virgen 
del Patrocinio «en su altar en la capilla de las Vírgenes» (2). 

En 11 de Febrero de 1814, Fr. José de Malagón, Vicario Presi- 
dente del Monasterio, «puso al Santísimo Sacramento en el Sagra- 
rio de la enfermería, en misa que allí celebró, y después trasladó al 
altar de la Virgen del Patrocinio de la iglesia» (3). 

El 24 del mismo mes «dijo missa el Padre Vicario en el altar de 
la Virgen para consagrar las formas en un copón que se traxo de la 



con un carro que «conducía efectos de sacristía; siete caxones con relicarios 
y alhaxas del camarín; el Capitularlo iluminado algo estropeado; el escapara- 
te de Belén, con figuras de marfil, y una cabeza de yeso, de la librería, busto 
de D. Jorge Juan Iriarte, representante en los tratados de Basilea». 

(1) Diario de lo ocurrido en el Real Sitio de El Escorial durante la invasión 
francesa. La Ciudad de Dios, vol. LXXVI, pág. 67. 

(2) Ibidem. Id., pág. 71-72. 

(3) ídem id., pág. 83. 



188 LA IMAGEN DE NUESTRA SEÑORA DEL PATROCINIO 

parroquia de la villa, y fué el primer día que allí se dijo missa> (1). 

Cuando en 12 de Mayo «se tuvo noticia que en el mismo día en- 
traba en Madrid el Rey D. Fernando VII de regreso de su cautive- 
rio... Al oir esto, el pueblo se alborotó de tal suerte, que muchos no 
comieron, particularmente las mujeres; aun las más principales co- 
rrían como locas por las calles: enarbolaron un retrato del Rey que 
había en la casa del Governador, y gritando vivas descendieron al 
Monasterio; traían tambor, sonajas y panderetas, todas en cuerpo, y 
en continuos bayles; obligaron á que se abriese el patio de los Re- 
yes é Iglesia; subieron muchos y muchas á las torres, tocaron las 
campanas y campanillas; mas para hacer el acto algo religioso, les 
inspiró el Padre Prior que diesen gracias á Dios, y cubiertas las ca- 
bezas con pañuelos estubieron con la mayor compostura rezando á 
la Virgen del Patrocinio, colocándose después en la nave del altar 
mayor: el estandarte del retrato del Rey baxo el Cimborio; todo el 
gentío detrás hasta los pies de la Iglesia, se cantó una letanía con 
órgano á tono, á la que respondía el pueblo> (2). 

Desde esta época no hay noticias de mayor cuantía que se refie- 
ran á Nuestra Señora del Patrocinio. 

La devoción que el pueblo de El Escorial profesa á la Virgen es 
más teórica que práctica, y puede decirse que se cultiva por la po- 
blación flotante que en él se encuentra, señoras piadosas que aquí 
residen mientras hacen la carrera sus hijos, más que por los vecinos 
propios del pueblo. Todos los años se celebra una novena, á la que 
asiste muy poca gente, y ésta no toda del pueblo; el día de la fiesta 
se canta una misa, la mayor en su altar, y, aunque con alternativas, 
éste ha sido el altar donde está el Sacramento y comulgatorio. 

Finalmente al colocar en 1910 á nuestro insigne hermano San 
Nicolás de Tolentino, en la capilla de las Vírgenes, se quitó la puer- 
ta que había detrás del altar, se tapió el arco con piedra sillería, lo 
que obligó á retirar el cascarón de cristales que servía de fondo á 
la imagen de la Virgen. Esta fué trasladada provisionalmente á la 
capilla de San Juan, y el glorioso taumaturgo ocupó el lugar de la 
Virgen. En el mes de Noviembre de 1912 fué nuevamente colocada 



(1) ídem id., pág. 86. 

(2) ídem id., pág. 94. 



LA IMAGEN DE NUESTRA SEÑORA DEL PATROCINIO 189 

en el lugar que hoy se ve. A los lados del altar estuvieron colocados 
los retratos de Felipe IV y de doña Mariana de Austria, copias de 
Velázquez, sustituidos hoy día por dos pequeñas creencias en cuyo 
retablito se muestran dos cuadros de los corazones de Jesús y de 
María, pintados por M. R. P. Víctor Villán cuando era Prior de este 
Real Monasterio. 

P. Ricardo Mayoroa 

o. s. A. 



INVESTIGACIONES ACERCA UEL CULTO 

DEL 

BEATO MAURICIO PROETA, agustino 



(continuación) 

19. Testimonios notariales de algunos milagros obrados por eí 
B. Mauricio, que se conservan en el Archivo de Protocolos de Fi- 
gueras. 

Que se habían hecho autos de los milagros obrados por el B. Mauricio en 
los últimos años del siglo XVII me constaba por el testimonio autorizado del 
P. Massot que es fidelísimo en la narración de hechos coetáneos. «De todos 
los sobredichos milagros (dice este historiador después de haber narrado cua- 
tro de ellos), tomó testigos Miguel Pastell, Notario público de la Villa de Cas- 
tellón y Condado de Ampurias, y sacó autos en pública forma, firmados de su 
mano, día 28 de Junio año del Señor 1697, y asimismo fueron firmados dichos 
autos por Pedro Eras, Notario de dicha Villa y Condado de Ampurias» (1). 
Narra luego otros cuatro milagros, y dice á continuación: «Todos los di- 
chos milagros se hallan en el Archivo del Convento, y autenticados por el dis- 
creto Pedro Heres, Notario de la Villa de Castellón de Ampurias, y en sus es- 
crivanias año de 1698» (2). Era, pues, evidente que estos documentos debían de 
conservarse, como todos los notariales, en algún Archivo de Protocolos; y como 
sabía que el de Figueras había recogido los libros y representaba hoy á las an- 
tiguas Notarías de Castelló, allá me fui en busca de los mencionados docu- 
mentos, bien persuadido de su capital importancia para la causa del Beato. 
Dos visitas hice á aquel Archivo, una el 10 y otra el 14 de Noviembre del año 
pasado. La primera vez sólo encontré, no sin gran trabajo, uno de los docu- 
mentos que buscaba, y es que faltan en estos Archivos índices copiosos de 
nombres y asuntos que faciliten todo género de consultas: el único índice exis- 
tente es el de los Notarios que autorizan las escrituras, con indicación de los 
años en que éstas fueron autorizadas. Era, pues, necesario, para encontrar có- 



(1) Compendio historial, p. 192. 

(2) Ib. p. ¡94. 



INVESTIGACIONES ACERCA DEL CULTO 191 

modamente los documentos que yo buscaba, tomar nota exacta de los Notarios 
que habían actuado y de las fechas con que habían actuado en el asunto de los 
milagros del Bto. Con esta nota ya nos fué fácil dar con los cuatro milagros 
autorizados en 12 de Mayo y en 27 y 28 de Junio de 1697 por Miguel Pastell, 
que son los cuatro primeros que narra el P. Massot. Los cuatro restantes de- 
bían de hallarse en el protocolo del Notario Pedro Heres, correspondiente al 
año 1698, y allí, efectivamente, encontré, aunque con alguna mayor dificultad, 
por ignorar el mes y día en que se habían testimoniado, tres de ellos, ó sea los 
referidos por el P. Massot en quinto, sexto y octavo lugar. Me quedó por ver 
el séptimo, ó sea el obrado en la persona de Francisco Moreu, natural de Llan- 
sá, año 1691, que no logré encontrar en un ligero repaso que hice de los folios 
del referido protocolo de Pedro Heres. 

Al margen de estos testimonios hay nota de haber sido copiados en 26 de 
Abril de 1734 por el Notario Raimundo Heres. Ya hemos visto que en el Con- 
vento de agustinos de Castelló existía también copia autorizada, por lo me- 
nos de los autos firmados por Pedro Heres. Últimamente, y en vista de que ios 
documentos notariales antiguos no pueden ser copiados por ningún particular 
ni aún para fines meramente históricos, se encargó una nueva y simple copia, 
que si no está del todo conforme con 6us originales y no satisface por comple- 
to las exigencias de la crítica, en cambio ha costado una barbaridad de pese- 
tas, capaz de asustar y parar los pies al más entusiasta rebuscador de papeles 
viejos. 

Alguna tentativa hice, en el corto tiempo que estuve en Figueras, por en- 
contrar el testamento de Eleonor Proeta. madre del B. Mauricio, pero sin 
resultado. Hay, sin embargo, en aquel Archivo, en el protocolo de Manuel Mar- 
garit, á 21 de Febrero de 1802, copia autorizada de una cláusula de dicho tes- 
tamento por la que Eleonor Proeta lega al Convento deS. Agustín la casa pa- 
terna con todos sus adherentes, según pude luego enterarme por ciertas notas 
encontradas en el Archivo de Hacienda, de Gerona. De estas mismas notas 
deduzco que deben encontrarse también en Figueras algunos documentos an- 
tiguos referentes á mandas y fundaciones piadosas relacionados con el culto 
del B. Mauricio, que yo no pude detenerme á examinar. 

En efecto, según noticias que me comunica el M. R. Padre Eustasio Este- 
ban del resultado obtenido en el nuevo escrutinio que se ha hecho de aquel 
archivo, existe allí el testamento de Quirce Vernís, aunque nada nuevo contie- 
ne que no esté suficientemente expresado en el Libro de Fundación de misas que 
luego citaremos, á excepción de la elección que hizo de sepultura en la iglesia 
de S. Agustín «ante la Capilla del B. Mauricio», elección que por codicilo pos- 
terior cambió por la iglesia parroquial. El testamento de la fundadora de la 
solemnidad de la fiesta del Beato no se ha podido ver, porque el libro de tes- 
tamentos del notario respectivo no parece. (Carta de 1.° de Octubre.) 



192 INVESTIGACIONES ACERCA DEL CULTO 

20. Documentos del Archivo de la Curia Eclesiástica de Gerona 
relacionados con el culto del Beato Mauricio. 

Han de existir, indudablemente, en este Archivo algunos antecedentes sobre 
la intervención del Diocesano en el asunto que nos ocupa, aunque hasta ahora 
no se ha podido dar con ellos, sin duda por el estado de arreglo en que dicho 
Archivo se encuentra. Según algunos historiadores, el Diocesano fué quien 
en 1780 señaló definitivamente para testejar al Beato el 20 de Febrero, que es 
el día en que se fija su muerte, y el en que la villa de Castelló venía tradicio- 
nalmente celebrando su fiesta. Es también de suponer que en las actas de Vi- 
sitas Pastorales, hechas en tiempos modernos á la parroquial de Castelló, se 
diga algo á propósito del altar é imagen que allí tiene y del culto que allí reci- 
be el Beato Mauricio. Cuando se haya terminado la nueva organización y cla- 
sificación que por iniciativa del actual señor Obispo se está haciendo de aquel 
importante y copioso Archivo, no dudo que ha de ser fácil ilustrar el asunto 
que ahora nos ocupa y cualesquiera otros de la historia eclesiástica gerun- 
dense. 

21. Llevador mayor de las rendas deestConvent de N. P. San 
Agustín de Castelló de Ampurias fet ab deguda forma y método 
por la P. Pred.r Fr. Joaquín Nogueral, Prior de dicho Convento en 
loany 1783. (Archivo de Hacienda de Gerona.) 

Al examinar rápidamente este manuscrito acoté algunos folios que contie- 
nen noticias curiosas referentes al culto del Beato Mauricio. En el folio 15 
hay nota de los títulos de propiedad del Convento que, en virtud de la orden 
dada por la Real Intendencia, fueron entregados por el Prior Antón de Alzubi- 
da al Batlle de Castelló. Entre ellos había cláusula testamentaria de Eleonor 
Proheta, madre del Beato Mauricio, sacada de pergaminos viejos, cuya copia 
fué autorizada por el notario Manuel Margarit, á 21 de Febrero de 1802, como 
puede verse por su protocolo existente hoy en el Archivo notarial de Figue- 
ras. A falta del testamento completo de Eleonor Proheta, que por ahora no se 
encuentra, encargué luego copia de dicha cláusula. — Fol. 59, nota de la funda- 
ción de una misa cantada y oficio al Beato Mauricio.— Fol. 79, referencia á 
otra fundación análoga que se encuentra más detallada en el Llibre de funda- 
ción.— Fol. 111, fundación de misas en el altar del Beato.— Noticia y diseño de 
las propiedades que tenía la Comunidad en el barrio de S. Llatser, en las 
afueras de la villa, donde estaba situado el antiguo Convento.— Fol. 173, misa 
rezada en el altar de la Piedad en el Conv. de S. Agustín, el día de N.* S.» de 
la Asumpta. ¿No sería este el altar que hoy ocupa el Beato en la parroquial de 
Castelló, con la sola diferencia de que entonces ocuparía el nicho del retablo 
una imagen de los Dolores ó de la Piedad?— Fol. 193, Catarina Agusti y Gay 
funda unas completas cantadas la vigilia de S. Nicolás de Tolentino «ab Goigs 



INVESTIGACIONES ACERCA DEL CULTO 193 

y Absolta después de ellas y ofici solemne lo día del St.» (3 de Mayo 1651). 
Véase también el fol. 37 del Libro de fundación.-? o\. 245, extracto de los per- 
gaminos antiguos, núms. 1 al 11, de lósanos 1501, 1510, 1512-13, 1533, 1528, 
1538, 1557 y 1568. En el de 1528, Pero de la Barta fundaba una misa diaria en el 
altar de N. a S. a de los Dolores que hoy decimos de la Piedad, y que él había 
hecho construir. — Fol. 303, extracto del acta de compra del campo de St. Llat- 
ser, donde estuvo el Convento antiguo, que según otra nota, fué demolido 
con motivo de las guerras en 1653. 

22. Llibre de fundación de misas cantadas y resadas de est Con- 
vent de SM Madalena, Ordre de N. P. S. Agusti de Castelló de Am- 
piarías, ordenat ab deguda forma per lo P. Fr. Joaquín Nogueral, 
prior del dit Convent, en lo any 1783. (Archivo de Hacienda de 
Gerona.) 

Contiene entre otras cosas: Reducción y condonación de misas hechas con 
autorización del Revmo. P. General Vázquez, por el M. R. P. Provincial 
Fr. Francisco Armañá. (Conv. de S. Agustín de Valencia, 28 de Marzo de 1760.) 
Hay firma autógrafa y sello.— Catálogo de la reducción y condonación de mi- 
sas.— Circular impresa, con firma autógrafa y sello del Provincial Armañá (26 
de Abril de 1760).— «Decreta Adm. RR. PP. Definitorii pro tota Aragoniae Pro- 
vintia Ord. Erem. S. P. N. Agustini edita in Comitiis Provincialibus Valentiae 
ce'ebratis a die nona Aplilis 1761.» Firma el secretario Fr. Agustín Sala.— 
Carta de Fr. Agustín Sala al prior de Castelló sobre reducción de misas. 
(Barcelona, 23 de ? 1770).— Tabla de las misas cantadas y rezadas de funda- 
ción que tiene obligación de aplicar este Convento cada año (fols. 14 y 15). — 
Fundación de misa cantada y oficio con gozos al Beato Mauricio, en 8 de 
Marzo de 1673 (fol. 43).— Fundación de 17 misas en el altar del Beato (fol. 48). 
—ídem de 4 misas en el mismo altar (fol. 61 ). 

De las notas de fundaciones hechas en el altar del Beato Mauricio, se ha 
sacado copia por nuestro amigo y compañero el Archivero de Hacienda de 
Gerona D. Fernando Vez. Era de suponer que en dicho Archivo adonde fueron 
á parar la mayor parte de los libros y papeles del Convento de Agustinos de 
Castelló, se encontrasen otros muchos documentos relacionados con la vida y 
culto del Beato; pero, á juzgar por el resultado obtenido en una reciente ex- 
ploración hecha por los RR. PP. Eustasio Esteban y Saturnino López, es muy 
poco lo que allí queda por espigar. He aquí lo que con fecha 1.° de Octubre 
me escribe el P. Esteban: 

«Desgraciadamente, en Gerona, donde registramos detenidamente el ar- 
chivo de Hacienda, no aparecen más libros de Castellón que el Llevador y el 
Libro de Fundación de misas ya conocidos: sólo hemos encontrado un docu- 
mento posterior á la exclaustración en que aparece el arrendamiento del te- 
rreno llamado «Cuadro del B. Mauricio» hecho á favor de Francisco Guanter, 

13 



194 INVESTIGACIONES ACERCA DEL CULTO 

vecino de Castellón, por el Gobierno, primero verbalmente por tres años, que 
empezaban el 15 de Marzo de 1837, y después por escritura pública de 12 de 
Diciembre de 1839, ante D. Buenaventura Sans, Notario de Figueras, por 
otros tres años, que empezaron en 1.° de Mayo de 1839 y debían terminar el 
30 de Abril de 1842. Aparece haber pagado dicho señor, en 24 de Febrero 
de 1842, «las tres tercias adeudadas en 1.° de Mayo y 1.° de Sept. de 1841, y 
I. de Enero de este año (1842).» 

23. Llevador de la renda del Convent de S. Agusti de Castelló, 
fet en 1652. (Ms., en 4.°, del Archivo del Conv. de Calella, estan- 
te B, núm 105.) 

Contiene las siguientes notas que hacen á nuestro propósito: Fol. 20 Con- 
signación al Convento de un censal para dotar la fiesta del Beato (1681 ?).— 
Fol. 23. Miguel Proheta y su mujer Eleonor fundan una misa con la consigna- 
ción de 50 libras, según acta del Notario Antonio Savarrés, á 4 de Marzo 
de 1549.— Fol. 42 v. Fundación de misas en el altar del Bto. (1710).— Fol. 48 v. 
Fundación de misas en el altar del Bto. (1758).— Fol. 92. Fundación de com- 
pletas y misa cantada en el día del Bto. (20 de Septiembre 1680). 

De todas estas notas hay copia en forma de certificado que subscribe el 
R. P. Saturnino López, Prior actual del Convento de Calella. 

24. Llibre de notas y Lumen Domus de est Convent de N. P. San 
Agusti de Barcelona, comensat per lo P. Pr.t Fr. Joaquín Nogueral. 
Fol. (Archivo del Conv. de Calella, B. 30.) 

Tiene este libro un interés particularísimo para el conocimiento de las prác- 
ticas usadas en el Convento de S. Agustín de Barcelona, así en lo que atañe á 
la disciplina interior de la Comunidad como en sus relaciones con otras Cor- 
poraciones religiosas, con el Clero secular, con las Autoridades eclesiásticas 
y civiles, y con la sociedad, en general. Lo que ahora nos importa saber de él 
es que en el capítulo 100, página 527, á propósito de las fiestas que en dicho 
Convento celebraba la Confraria deis Perayres y Tintorers, se dice lo siguiente: 

«Tambe feyan tres festas al any: únalo dia de St. Antoni Abad..., la altre 
festa íeyan lo dia de Sta. Magdalena..., y la altre festa era lo dia del Bto. Mau- 
rici Proeta, de nre orde (natural de Castelló de Ampurias, fill de un Perayre 
de dita Vila), á 22, 7. e ; Vide lo Lumen Domus de 1692, fol. 61 y lo de 1721, 
fol. 56 retro.» 

No he visto los manuscritos á que se remite en este párrafo y que acaso nos 
indicasen el tiempo en que la Cofradía de los Peraires y Tintoreros de Barce- 
lona empezó á festejar al Bto. Mauricio, confesor, y los motivos que tuvo para 
hacerlo en el mismo día 22 de Septiembre en que se venía de antiguo cele- 
brando á San Mauricio, mártir. ¿Hubo aquí sustitución de un Santo por otro ó 



INVESTIGACIONES ACERCA DEL CULTO 195 

«imple confusión de nombres y días? ¿De cuándo data la adopción de un 
San Mauricio como patrono del gremio de tintoreros, y cuál de los santos 
Mauricios fué el adoptado como tal patrono? Según el P. Massot la Cofradía 
de los Peraires y Tintoreros se hallaba ya establecida en la Iglesia del Con- 
vento viejo de S.Agustín en 1352, ano en que hicieron construir en dicha 
Iglesia la capilla de S. Antonio Abad, bajo la invocación del Cuerpo de Jesu- 
cristo. Ahora bien, consta que á mediados del siglo XVI, no hacía dicha Co- 
fradía otras fiestas que la del Corpus, con su Octava, la de S. Antonio Abad 
y la de Sta. María Magdalena. «En aquellos años (dice el libro que ahora 
extractamos, refiriéndose á los años 1541-42) no se encuentra fiesta alguna 
del Bto. Mauricio; tal vez no existía aún.» Es, pues, muy verosímil que el 
S. Mauricio de quien se habla en el Lumen Domus de 1692, y á quien la refe- 
rida Cofradía empezó á invocar en tiempos relativamente modernos como á 
uno de sus principales patronos, fuese nuestro Bto. Mauricio Proeta, el hijo 
del Tintorero, el autor del milagro de los tintes, y no el S. Mauricio, mártir, 
el capitán de la Legión Tebea, como se supone en todas las historias y vidas 
de Santos. Es punto que merece aclararse. (Véase el núm. 33 de esta reseña.) 
Desde que la Comunidad de Agustinos se trasladó del Convento viejo al 
nuevo allá por el año 1750, fueron tres las fiestas que los tintoreros celebra- 
ban en nuestra Iglesia. La primera, la principal y más solemne era la de San 
Antonio Abad, en la que había Misa cantada y sermón por la mañana, y siesta 
musical por la tarde. Las otras dos eran la de la Magdalena y la del B. Mau- 
ricio. Por cantar la misa en cada una de estas dos fiestas daban al Convento 
una libra y ocho sueldos, poniendo ellos la cera que querían; el Convento sólo 
ponía el cuadro de Sta. Magdalena en su día, y un santo de bulto que repre- 
sentaba al B. Mauricio en el día de éste. En el Lumen Domus de 1692, fol. 22, y 
en el de 1721, fol. 21, se habla de otra función que los tintoreros consagraban 
á la Santa Espina el Viernes Santo por la mañana. Pero de estos curiosos por- 
menores históricos tendremos ocasión de hablar en otro estudio. 

25. Panegírico predicado en la festividad del B. Mauricio. (Ms. en 
el Archivo de Calella, C. 67.) 

Me parece como de principios del siglo XIX, y no es seguramente el único 
que se predicó en la Iglesia de PP. Agustinos de Castelló: el panegírico del 
Beato debió de ser un número obligado en su fiesta desde que el Ayuntamien- 
to de Castelló la declaró votiva y la realzó con su asistencia y la de los prin- 
cipales Maestros músicos de la Villa. No hay que buscar en este sermón noti- 
cias nuevas, pues no las tiene; si lo incluyo en estas notas, es como testimo- 
nio de la solemnidad del culto que en su día se daba á nuestro Beato. 

Después de estar impresa esta nota, recibo carta del M. R. P. Esteban, de 
22 de Septiembre, en la que me dice lo siguiente: 

«En Calella han aparecido otros 4 panegíricos del Beato, dos anteriores á 



196 INVESTIGACIONES ACERCA DEL CULTO 

la supresión (1834 y 1835) y dos posteriores, á lo que parece, aunque no tienen 
año; no sé quiénes serán los autores. > A lo que añade en carta de 1.° de 
Octubre: «Los sermones no dan luz especial acerca de la biografía del Beato. 
Uno habla de la reliquia sagrada que poseían los de Castellón, y en otro se 
dice que en punto á Religión, más que de la magnificencia y antigüedad de su 
templo deben gloriarse los castelloneses de tener por hijo de la Villa al Beato 
Mauricio, lo que hace creer que fué predicado en la parroquia.» 

26. Carta del P. Fr. Gonzalo Arnau al M. R. P. Fr. José Tinto- 
rer, de 26 de Septiembre de 1861. (Archivo de Calella, entre los pa- 
peles que fueron del P. Benet.) 

El P. Arnau escribe desde Mallorca y le dice entre otras cosas al Padre 
Tintorer: «No se olvide Caries de mandarme la estampa del B. Mauricio para 
pasar adelante en la que se hará de N. a S.» de Consolación.» No he logrado 
ver esta estampa que supongo seria distinta de la publicada con los Gozos del 
Beato. El P. Caries era un agustino exclaustrado de Barcelona. 

26 bis. Consignación de un censal á favor del Convento de San- 
ta Magdalena de Castelló, hecha por Eleonor Proeta en 6 de Marzo 
de 1549. (Archivo del Conv. de Calella, leg. C. 12.) 

En 4 de Marzo de 1549, Eleonor Proeta, viuda del honorable Miguel Proe- 
ta, tintorero de Castelló, fundó una misa perpetua llamada de estacha, en la 
Capilla de N. a S. a de los Dolores del Conv. de Sta. María Magdalena de dicha 
villa, con cargo al censal que tenía sobre los bienes de Requesens, labrador 
del lugar de Viladomat, de lo que se levantó acta en la Iglesia del mismo 
Convento por el notario Ant. Saverres. 

En 6 de Marzo del mismo año 1549, se consignó dicho censal á favor del 
Convento, siendo otorgante Pedro Requesens, y not. Antonio Saverres. El 
acta de esta fundación existe en el Archivo de Calella en un gran pergamino 
algo deteriorado que lleva el n.° 12 y estas indicaciones: «Censal per le funda- 
do de Eleonor Proeta any 1549.— Vid. lo Llevs vell del any 1652, fol. 23. no se 
sab ara sise cobra o si es perdut. Otras indicaciones ha habido escritas en el 
dorso del pergamino que están completamente borrosas. 

Últimamente han sido devueltos al Archivo de Calella ciertos papeles agus- 
tinianos que estaban en el Colegio de Valencia de Don Juan. Entre ellos hay 
una escritura importantísima en pergamino, también de 1549, por la que Eleo- 
nor Proeta, madre del B. Mauricio, funda una misa perpetua en sufragio de 
sus difuntos. En ella hace la fundadora mención genérica de sus padres, de 
su difunto marido y de un hijo llamado Miguel Proeta como su padre y tam- 
bién tintorero de oficio; pero no recuerda para nada el nombre de nuestro 



INVESTIGACIONES ACERCA DEL CULTO 197 

Beato. De este silencio parece deducirse la opinión en que estaba la madre 
de que Mauricio no necesitaba de sufragios, y que no tuvo otros hijos ó, si los 
tuvo, no pasaron de la infancia, por lo cual tampoco necesitaban de sufragios. 
El P. Esteban que, ha examinado recientemente este curioso documento, cree 
que merece publicarse íntegro. 

27. Historia General del Principado de Cataluña, Condados de 
Rosellón y Cerdeña, desde el año 15Q8 hasta el año 1640. (Biblio- 
teca Universitaria de Barcelona. Ms. 21-1-14). 

Es un volumen, en 4.°, de 248 hojas, que contienen una relación muy detalla- 
da, fiel y documentada de los sucesos ocurridos en el período comprendido 
entre las dos fechas indicadas. En el índice de manuscritos de la Universitaria 
de Barcelona se consigna esta obra á nombre de un tal Prats, confundiéndola 
sin duda con los Sucesos de Cataluña qne éste escribió desde 1641, y que tam- 
bién se conservan en dicha Biblioteca, según quiero recordar. El presente ma- 
nuscrito fué antiguamente propiedad y hasta me parece que copia hecha de 
mano de D. Pedro Serra y Postíns, quien lo menciona en sus Prodigios y finu- 
ras de los Santos Angeles. Por el año de 1815 estaba en poder del P. Raimundo 
Ferrer, Presbítero del Oratorio, de quien se dice que poseía copia de la 2.* y 
3.» parte de la Crónica de Pujades. ¿No podría ser esta obra copia en limpio, 
sino de todos, de una parte de los apuntamientos que, según Torres Amat, 
dejó el mismo Pujades sobre la historia de su tiempo? Pensando en ellos y en 
que podrían contener alguna noticia del B. Mauricio, consulté yo este manus- 
crito, aunque sin resultado positivo alguno para ¡el objeto que me proponía. 

28. Historia Eclesiástica | del ¡ Principado de Cataluña | prin- 
cipalmente | en lo que pertenese | á María Santissima | Dedicada... 

| Por Pedro Serra y Postius. | Tomo primero J Mes de Enero. (Bi- 
blioteca Univ. de Barcelona, Mss. 14-4-21 á 31.) 

Consta esta obra de 12 tomos en 4.°, bastantes gruesos, encuadernados en 
pergamino y escritos de puño y letra de su autor. En el tomo 1.°, día 17 de 
Enero, fol. 288, hay un resumen de la historia del Convento de S. Agustín de 
Castelló y de la vida del B. Mauricio Proeta, sacado de las obras de los 
PP. Massot y Jordán. Para cada dia del año contiene esta obra una serie de 
historias las más variadas y peregrinas. 

Aunque excesivamente candoroso y crédulo, no puede negarse que Serra y 
Postius era hombre curioso y de inmensa lectura. Entre las mil historias que 
aquí entresaca de diferentes autores y libros impresos ó manuscritos, las hay 
muy curiosas, detalladas é interesantes, que necesitaban un índice especial 
para poderlas cómodamente utilizar. Los asuntos agustinianos que trata es- 



198 INVESTIGACIONES ACERCA DEL CULTO 

tan sacados en su mayor parte de nuestros historiadores. Así ocurre por lo 
menos con la biografía del B. Mauricio, á quien llama Santo ó B. Mauro y Mau- 
rio; la de Fr. Miguel Fort, de quien trata en el día 1.° de Enero, y la muy 
copiosa del V. Fr. Francisco Planes, que se halla en el día 20 del mismo mes. 
Al hablar de la muerte del Bto. ocurrida en el Convento de N. a S. a de Itria, 
de Palma, dice que fué aquí venerado como Santo y que Santo le llama á boca 
llena el docto Cronista de dicho Reino de Mallorca Vicente Mut (Hist. del Rey- 
no de Mallorca, lib. 11, cap. 7). «Pero qué mucho (continúa), si son innumera- 
bles los beneficios, milagros y prodigios que siempre an recibido y aun reciben 
los moradores de aquella Isla, de cuya verdad son testimonios las mortajas, 
votos y presentalles que de su Retablo y paredes de su Capiíla penden?» Me 
parece que aquí confundió nuestro autor las especies, y que lo que dice del cul- 
to recibido en el Convento de Itria debe entenderse dicho del recibido en el 
Convento de Castelló de Ampurias. 

Después de las citas ya indicadas de Massot, Jordán y Vicente Mut, Serra y 
Postíus añade: «De otros Autores que hazen mención de este Varón Santo, 
doi rázon en mi libro Relicario Catalán, núm...» Efectivamente, entre las 
obras manuscritas que, según Torres Amat, dejó nuestro autor, aparece la 
siguiente: 

29. «Urna inmortal y relicario catalán en que se refieren los 
cuerpos y reliquias insignes de los santos mártires y confesores que 
hay en Cataluña, los prodigios que por su medio obra Dios,» etc. 

Ignoro el paradero actual de este manuscrito, como también el de la BibliO' 
teca Santa catalana ó de los catalanes que escribieron vidas de Santos, que igual- 
mente se cita entre las obras de Serra y Postíus y acaso contenga noticias 
útiles para nuestro asunto. Murió este autor el 26 de Marzo de 1748. 

En la misma Biblioteca Universitaria y con la signatura 15-4-1, vi un tomi- 
to, en 4.°, de 474 págs., que contiene, en borrador, un Catálogo de los Prelados 
Abades, Priores, Archiprestes y Abadesas que ha tenido y oy tiene el Principado, 
de Cataluña, y á la pág. 409, otro Catálogo de los Monasterios que ha tenido y 
tiene el Principado de Cataluña, los dos arreglados por Serra y Postíus. Tiene 
listas de los Abades que fueron de Monasterios de Canónigos regulares; el 
catálogo de Conventos Agustinianos está formado con los datos que aportan 
los PP. Massot y Jordán. 

30. Libro donde por A. B. C. Dario se van notando varias cosas 
historiales, principalmente de Cataluña. Por el Rvmo. P. Fr. Juan 
Gaspar Roig y Jalpí, Mínimo. Tomo I. (Biblioteca Universitaria de 
Barcelona. Ms. 15-5-31.) 

Es un volumen en 4.°, de letra del autor, que tiene notas muy curiosas 
acerca de cosas antiguas y modernas, especialmente eclesiásticas. Perteneció* 



INVESTIGACIONES ACERCA DEL CULTO 199 

en otro tiempo á Serra y Postíus, y contiene algo referente á Canónigos Agus- 
tinos, aunque nada he visto en él que se refiera á nuestro Beato. Me llaman la 
atención unas coplas incompletas de San Juan Bautista que el P. Roig copió de 
las cubiertas de un manuscrito antiguo. Fueron compuestas hacia el año 1542 
por Juana Coll, natural de Pineda, á los setenta años de edad, y acaso tengan 
alguna relación con unos gozos que he visto citados de San Juan de Pineda. La 
primera copla dice asi, pág. 220: 

De Elisabeth lo sant preñat 
La Reyna de gloria la abraca 

Y dix al Señor: «Magníficat 
Anima mea Dominum, 

Et exultavit Spiritus meus 
In Deo salutari meo.» 

Y acó per nos 

De vos Baptista glorios 
Direm Juan vosíres llaors... 



A la pág. 222, hay otras coplas de San Juan Evangelista, del mismo origen, 
que empiezan así: 

Vos loan Evangelista 
De Jesús sou tan amat, 
De totes les mies causes 
Siau vos lo advocat. . . 

31. Catalogo paralipomeno de los Santos indígenas y adueñas 
del Principado de Cathaluña y sus Condados. Contiene las vidas y 
hechos maravillosos de dichos gloriosos Santos, la fundación y sitio 
de la ciudades, villas y lugares donde nacieron, murieron, habitaron 
ó descancan sus sagradas Reliquias. Compuesto por el M. R. Padre 
Fr. Iuan Gaspar Roig y Ialpi, Theologo y Predicador, olim Prouin- 
cial del Orden de los Mínimos, Examinador sinodal del Obispado de 
Barcelona y Priorato de SantaMaríadeMeyá y Corretor del Conven- 
to de la ciudad deGerona. (Bibliot. Univ. de Barcelona. Ms. 16-5-32.) 

Es un vol. en 4.° perg. de 16 hs. en b. (menos la 1. a que lleva el título co- 
piado) núm. 240, pero escritas solamente las 178 primeras. Precioso manuscri- 
to, al parecer de mano de su autor, que sin duda lo disponía para la imprenta, 
dejando al principio unas hojas en blanco para el prólogo y aprobaciones. El 
P. Roig y Jalpi es copiosísimo en la noticia que aquí da de los Santos anti- 
guos, aunque desgraciadamente hace uso de los falsos Cronicones, por lo cual 
hay que leerlo con las correspondientes precauciones. Se propone ser minu- 



200 INVESTIGACIONES ACERCA DEL CULTO 

cioso, especialmente al tratar de Santos poco conocidos ó del todo ignorados, 
y su obra viene á ser un suplemento importante á la Historia General de los 
Santos, del P. Doménech, y á otros tratados de hagiologia que le precedieron. 
Pone al final de cada vida la topografía, ó sea un índice de las obras que tratan 
de las ciudades y pueblos donde florecieron los Santos aquí historiados. Con- 
tiene este manuscrito 111 vidas de Santos, empezando con San Agathodoro, 
Obispo de Tarragona y Mártir, y terminando la serie con San Nebridio, Obis- 
po Egarense y Confesor, y no es creíble que el autor se propusiese ilustrar so- 
lamente la vida de los primitivos Santos de la Iglesia española. ¿Dónde se en- 
cuentra la continuación de esta obra, que seguramente comprendería una bio- 
grafía muy completa del Beato Mauricio? El P. Roig yjalpi tiene otras obras 
impresas y manuscritas que merecen ser estudiadas como fuentes de historia 
hagiológica y eclesiástica. Fué un investigador incansable y concienzudo, aun- 
que alguna vez le ciegue el entusiasmo por las glorias patrias. Había nacido en 
Blanes y murió en Barcelona, año 1691. 

32. Documentos del Archivo general de la Corona de Aragón. 

Es de suponer que en este riquísimo depósito haya papeles y documentos 
relacionados con la vida y culto del Beato Mauricio; pero yo no encuentro 
aquí, después de examinar detenidamente los índices, más que dos documen- 
tos lejanamente relacionados con el asunto: la concesión hecha á Lorenzo 
Proheta por el Rey D. Juan II, en 6 de Marzo de 1472, de la Notaría de To- 
rroella de Montgrí y otras gracias (Reg. 3.454, fol. 41), y la concesión del pri- 
vilegio militar y de otros derechos de hidalguía á favor de Laurencio Prohe- 
ta, mercader de Torroella, firmada por Carlos V en 12 de Octubre de 1551 
(Reg. 4.205, fol. 213). Abundan en cambio los documentos referentes á Con- 
ventos agustinianos de Cataluña, Valencia y Rosellón, que no pude detenerme 
á examinar, á pesar de mis buenos deseos y de las amables invitaciones que 
para ello me hacía el ilustrado joven y competentísimo Jefe actual de aquel 
Archivo, Sr. González Hurtebise, á quien debí las más exquisitas atenciones. 
Tiene este Archivo una biblioteca auxiliar impresa, compuesta en gran parte 
de libros procedentes del Convento de San Agustín, de Barcelona, que me 
proporcionó algunos datos nuevos sobre el asunto que yo estudiaba. Pero és- 
tos corresponden á la segunda parte de la presente reseña bibliográfica. 

33. Libros y papeles del Archivo de la Delegación de Hacienda 
de Barcelona procedentes del Convento de San Agustín. 

Ya hemos visto que en el Lamen Domus, del P. Noguerol, existente hoy en 
el Archivo del Convento de Calella, hay una nota referente al culto del Beato 
Mauricio en la iglesia de S. Agustín de Barcelona, con llamada á otros libros 
que debían de contener indicaciones sobre el mismo asunto. Averiguada la 
existencia de estos libros en el Archivo de Hacienda, adonde fueron á parar 



INVESTIGACIONES ACERCA DEL CULTO 201 

en su mayor parte los que componían el antiguo Archivo conventual de San 
Agustín, era preciso verlos y estudiarlos para recoger en ellos los anteceden- 
tes que pudieran encontrarse aceren del indicado tema. Pero como los libros 
y papeles del Convento de S. Agustín se hallaban allí mezclados y confundi- 
dos con los de otras procedencias y era muy difícil en tales circunstancias 
hacer ninguna averiguación seria, se pensó ante todo en la necesidad de sepa- 
rar dichos libros del fondo común antiguo y darles una colocación fija. De 
acuerdo, pues, con el jefe dignísimo de aquella dependencia del Estado, señor 
D. Joaquín Deleito, y contando con su valiosísima ayuda y beneplácito, se 
procedió á la formación, dentro del Archivo, de una sección especial, que bien 
podemos llamar agustiniana en atención á la clase y procedencia de los libros 
y papeles que la integran. Realizada en los primeros días del próximo pasado 
Junio esta operación previa, en la que tuve por compañero y activo colabora- 
dor al R. P. Saturnino López, ya se podía emprender con ventaja la investiga- 
ción del culto del B. Mauricio ó de cualquier otro asunto relacionado con la 
historia del Convento de S. Agustín de Barcelona; pero por urgencias del 
tiempo, hube de limitarme entonces á la terminación del extracto que ya te- 
níamos empezado de los Libros de Profesiones y á la redacción de un inven- 
tario ó índice sumarísimo de la colección nuevamente formada, reservando 
para otra ocasión el hacer las particulares y variadas investigaciones á que 
convidaban aquellos olvidados libros y papeles. Por lo que toca al culto del 
B. Mauricio en Barcelona, han sido éstos recientemente estudiados por el 
M. R. P. Eustasio Esteban y el mencionado Prior de Calella R. P. Saturnino 
López. He aquí lo que con fecha 22 de Septiembre me dice el primero de di- 
chos Padres acerca del resultado obtenido: 

«Aquí, en la Delegación de Hacienda, siguiendo el rastro del culto del Beato 
en el Convento de S. Agustín, hemos dado con noticias, no sólo de los 
años 1601-1603, sino también con otra del año 1559, en que ya aparece la li- 
mosna dada por los Tintoreros para las vísperas y oficio de S. Mauricio. Se- 
guiremos éstas y otras investigaciones mañana, Dios mediante, y el martes, 
para en seguida ir á Gerona, donde espero encontrar datos más importantes, 
pues el culto de Barcelona no ha debido empezar sino por reflejo del de Cas- 
tellón.» 

De vuelta ya en Barcelona, continúa sus investigaciones en el Archivo de 
Hacienda, y con fecha 1.° de Octubre me comunica las siguientes curiosas no- 
ticias: 

«El culto de Barcelona, según otras partidas que hemos encontrado 
(1557, 1558, 1602 á 1619 y 1752 á 1757), estoy convencido que se refiere á 
nuestro Mauricio. En el Lumen Domus se dice expresamente que por los años 
1541 y 1542 todavía no celebraba la cofradía de los Pelayres la fiesta de San 
Mauricio, y se indica posteriormente que la que celebraban era de nuestro 
Mauricio por ser hijo de tintorero; veremos, sin embargo, de buscar más luz. 
si es posible, en este punto capital. Es de notar que al principio aparecen fes- 
tejándola los tintoreros, sin decir nada de los Pelayres, y en 1559, además de 



202 INVESTIGACIONES ACERCA DEL CULTO 

la fiesta de los tintoreros, r al día siguiente celebran «la tornaboda de la fiesta 
de San Mauricio» los jóvenes tintoreros. Esto hace sospechar que existió 
cofradía de Tintoreros distinta de la de los Pelayres, y que después se fundió 
con ésta, á cuyo nombre, más tarde, se da cuenta del pago de la misma en el 
Recibo del Depósito.» 

Todavía completa más estas noticias el M. R. P. Esteban, y con fecha 2 de 
Octubre escribe lo siguiente: 

«La cofradía de Tintoreros de S. Agustín es distinta de la otra que radica- 
ba en la iglesia de S. Pedro y celebraba á S. Mauricio Mártir; la existencia de 
las dos cofradías se prueba evidentemente con la documentación existente en 
el Archivo municipal que hemos empezado á examinar: la de S. Pedro cele- 
braba á S. Juan Bautista y á S. Mauricio, y la de S. Agustín, según el Lumen 
Domas y los libros de cuentas, á S. Antonio Abad, Sta. María Magdalena y el 
B. Mauricio. Hay que ver, sin embargo, de dilucidar mejor este punto. La 
cofradía de Tintoreros de S. Agustín y la de los Pelayres eran también dis- 
tintas, aunque unidas entre sí.» 

Tal es el estado en que se encuentra la investigación de este punto con- 
creto en la historia del B. Mauricio. Los datos hasta ahora reunidos, aunque 
muy copiosos é importantes, no resuelven por completo la cuestión, y es pre- 
ciso esperar á que algún nuevo documento esclarezca nuestras dudas y nos 
permita sacar las conclusiones definitivas. 



(Continuará.) 



P. Benigno Fernández. 
o. s. A. 



ESPAÑA Y LA COMUNIÓN FRECUENTE Y DIARIA 

EN LOS SIGLOS XVI Y XVII 



(conclusión) 

Decreto de la Sagrada Congregación de Cardenales Intérpre- 
tes del Sacro Tridentino Concilio, acerca de la Comunión 
cotidiana y confesión de los pecados veniales, mandado 
publicar y observar por la Santidad del Señor Papa Ino- 
cencio XI, á 15 de Febrero de el año 1679. 

Habiendo llegado á noticia de N. Santísimo Padre por testimo- 
nio de personas fidedignas, que en algunos obispados se usa mucho 
la comunión cotidiana, aun en el Viernes Santo (1); y que junta- 
mente se afirma, que la misma comunión cotidiana está mandada 
por derecho divino; y que también se han introducido y prevalecido 
en su administración algunos abusos, como el recibir algunos la 



Decretum etc. 

Cum ad aures Sanctissimi D. N. fide dignorum testimonio pervenerit, in 
quibusdam dioecesibus vigere usum quotidianae communionis, etiam in feria 
sexta Parasceves, et simul affirmari eamdem quotidianam communionem prae- 
ceptam esse a iure divino, quin etiam in illiusadministratione aliquos abusus 
inolevisse; videlicet, quod aliqui non in ecclesia, sed in privatis oratoriis, et 
domi, immo cubantes in lecto, et non laborantes ulla gravis infirmitatis nota, 



(1) Casi todos los autores que abogaron por la comunión diaria y muchos 
otros, escribieron, fijándose en el misal y liturgia antiguos, que podía co- 
mulgarse el Viernes Santo. Alguien alegó la prohibición dada en Roma 
en 1622, pero se negaba que constase ciertamente de esta prohibición. Por 
numerosos testimonios, que no hace falta citar, se sabe que en Madrid y en 
Sevilla se comulgaba el Viernes Santo, y los benedictinos, en la aprobación al 
libro de Velázquez Pinto, hablan «de la costumbre que había en todos sus mo- 
nasterios de dar la comunión á los fieles el dia de Viernes Santo..., porque no 
haya día en que se hallen sin el verdadero Maná». 



204 ESPAÑA Y LA COMUNIÓN FRECUENTE 

sacrosanta Eucaristía, no en la iglesia, sino en particulares oratorios, 
en sus casas, y aun acostados en su cama, sin padecer grave enferme- 
dad, la que les llevan los sacerdotes seculares ó regulares en una 
caja de plata, en una bolsa ó de secreto; y que otros cuando comul- 
gan reciben muchas formas y partículas (1), ó más grandes de lo 
acostumbrado, y por último, que algunos confiesan los pecados ve- 
niales con simple sacerdote, no aprobado por el obispo ú ordinario; 
y habiendo encomendado esto nuestro Santísimo Padre á la consi- 
deración de Cardenales Intérpretes del concilio Tridentino la misma 
Sagrada Congregación, habiendo precedido maduro examen sobre 
lo dicho, de unánime consentimiento dio esta determinación: 

Aunque el frecuente y cotidiano uso de la sacrosanta Eucaristía 
haya sido aprobado siempre en la Iglesia por los Santos Padres, no 
obstante, nunca determinaron días ciertos en todos los meses ó 
semanas, para recibirla con frecuencia ó abstenerse de ella, los cuales 
ni aun el concilio de Trento asignó; sino que como si considerase 
consigo la humana fragilidad, solamente dio á entender su deseo, 
cuando dice: Quisiera por cierto el sacrosanto Concilio, que los fieles 



sumant sacrosanctam Eucharistiam, quam argéntea theca inclusam in crumena, 
aut secreto illis deferunt sacerdotes saeculares aut regulares, aliique in com- 
munione accipiunt plures formas ac partículas, vel grandiores sólito, ad tán- 
dem quis confiteatur peccata venialia simplici sacerdoti ncn approbato ab Epis- 
copo aut Ordinario. Cum autem haec Sanctissimus consideranda commiserit 
Sacrae Congregationi Cardinalium Concilii Tridentini Interpretum, eadem Sa- 
cra Congregatio, previa matura discussione super praedictis, unánime sen- 
tentia ita censuit: 

Etsi frequens quotidianusve sacrosanctae Eucharistiae usus a SS. Patribus 
fuerit semper in Ecclesia probatus, nunquam tamen, aut saepius illam perci- 
piendi aut ab ea abstinendi, certos singulis mensibus aut hebdomadibus dies 
statuerunt, quos nec concilium Tridentinum praescripsit, sed quasi huma- 
nam infirmitatem secum reputaret, nihil praecipiens, quid cuperet tantum 



Pidieron al conocer este decreto que les permitieran continuar dando la 
comunión el Viernes Santo, como hasta entonces la habían hecho, pero en 
Roma no seles concedió. 

(1) «Alii vero graviter reprehendunt hanc doctrinam (utilius esse commu- 
nicare in maiori specierum quaniitaté), et usum aliquarum foeminarum quae 
secreto sumunt plures formas consecratas ad communicandum, nulla causa 
subsistente...» Ludov. Turrian. S. I. in Select. cent. 3, dub. 29.— P. Méndez de 
S. Juan, 1. c, pág. 68. 



ESPAÑA Y LA COMUNIÓN FRECUENTE 205 

que asisten á las misas recibiesen la Eucaristía sacramentalmente en 
todas ellas. Y esto con mucha razón; pues son muchos los retiros de 
las conciencias, varias las enajenaciones del espíritu por causa de 
los negocios; y por el contrario, muchas las gracias y dones de Dios 
concedidos á los párvulos; los que no pudiendo nosotros registrar 
con ojos humanos, ninguna certeza puede fundarse de la dignidad 
ó indignidad de cada uno, y consiguientemente de la más frecuente 
y cotidiana comida de este Pan de vida. 

Por tanto, por lo que toca á los tratantes, el frecuente acceso á 
recibir el sagrado alimento, se ha de dejar al juicio de los confeso- 
res, que registran los secretos del corazón; los cuales deberán señalar 
á los legos tratantes y á los casados, lo que vieren que ha de apro- 
vechar para su salvación, según la prueba de sus conciencias, fruto de 
su frecuencia y adelantamiento en la piedad. 

Mas en los casados consideren esto mejor, no queriendo el santo 
Apóstol, que estos mismos se falten uno á otro en la precisa obliga- 
ción de su estado, sino es que acaso sea por mutuo consentimiento 
á cierto determinado tiempo, para darse á la oración. Seriamente 
les amonesten que mucho más deben guardar esta continencia por la 
reverencia de la sacratísima Eucaristía, y que con mayor pureza de 
alma se debe llegar á la comunión de los sagrados convites. 



indicavit, cum inquit: Optaret quidem sacrosancta Synodus in singulis missis 
fideles adstaníes sacramentan Eucharistiae perceptione communicarent. (Ses. XXII, 
cap. VI.) Idque non immerito: multíplices enim sunt conscientiarum reces- 
sus, variae ob negotia spiritus alienationes; multae e contra gratiae et Dei 
dona parvulis concessa; quae cum humanis oculis scrutari non possimus, 
nihil certe de cuiusque dignitate atque integritate et consequenter de fre- 
quentiore aut quotidiano vitalis pañis esu potest constituí. 

Et propterea quod ad negotiatores ipsos attinet, frequens ad sacram ali- 
moniam percipiendam accessus, confessariorum secreta cordis explorantium 
iudicio est relinquendus, qui ex conscientiarum puritate et frequentiae fructu 
et ad pietatem processu laicis negotiatoribus et coniugatis, quod prospicient 
eorum saluti profuturum, id illis praescribere debebunt. 

In coniugatis autem hoc amplius animadvertent, cum beatus Apostolus 
nolit eos invicem fraudan, nisi forte ex consensu ad tempus, ut vacent orationi 
[1 Cor. 7,5], eos serio admoneant, tanto magis ob sacratissimae Eucharistiae 
reverentiam continentiae vacandum puriorique mente ad coelestium epularum 
communionem esse conveniendum. 



206 ESPAÑA Y LA COMUNIÓN FRECUENTE 

En esto, pues, velará principalísimamente la diligencia de los Pas- 
tores, no en que algunos sean apartados de la frecuente y cotidiana 
sunción de la sagrada comunión con única forma de precepto, ó 
que se asignen generalmente días para recibirla; sino que sea su ma- 
yor consideración, que ellos por sí, ó por los párrocos, ó confesores, 
deben determinar lo que se ha de permitir á cada uno; y tengan 
grande cuidado en esto, que ninguno sea apartado del sagrado 
convite, ó de llegar con frecuencia, ó cotidianamente; y trabaje para 
que cada uno guste dignamente la suavidad del cuerpo del Señor, 
más ó menos frecuentemente según sea su devoción y preparación. 

De la misma suerte las monjas, que piden cada día la sagrada co- 
munión, han de ser amonestadas, que comulguen en los días seña- 
lados por el instituto de su Orden. Mas si algunas resplandecieren 
en pureza de alma y tuvieren tal fervor de espíritu, que parezcan 
dignas de más frecuente ó cotidiana percepción del Santísimo Sa- 
cramento, déseles este permiso por los superiores. 

Aprovechará también, además del cuidado de los párrocos y con- 
fesores, valerse del trabajo de los predicadores y tener con ellos un 
concierto, que luego que hayan fervorizado á los fieles á la frecuencia 
del Santísimo Sacramento (lo que tienen obligación de hacer), al 
mismo tiempo prediquen de la grande preparación para recibirle, 
y declaren, generalmente, que aquellos que se alientan con devoto 



In hoc igitur pastorum diligentia potissimum invigilabit, non ut a fre- 
quenti aut quotidiana sacrae communionis sumptione única praecepti formula 
aliqui deterreantur, aut sumendi dies generaliter constituantur, sed magis quid 
singulis permittendum, per se aut parochos seu confessarios sibi decernen- 
dutn putet, illudque omnino provideat, ut netno a sacro convivio, seu fre- 
buenter seu quotidie accesserit, repellatur, et nihilominus det operam, ut 
unusquisque digne pro devotionis et praeparationis modo rariusaut crebrius 
Dominici corporis suavitatem degustet. 

Itidem moniales quotidie sacram communionem petentes admonendae . 
erunt, ut in diebu earum ordinis instituto praestitutis communicent; si quae 
vero puritate mentís eniteant et fervore spiritus ita incaluerint, ut dignae fre- 
quentiore aut quotidiana Sanctissimi Sacramenti perceptione videri possint, 
id illis a superioribus permittatur. 

Proderit etiam praeter parochorum et confessariorum diligentiam opera 
quoque concionatorum uti et cum eis constitutum habere, ut cum fideles ad 
Sanctissimi Sacramenti frequentiam (quod faceré debent) accenderint, statim 



ESPAÑA Y LA COMUNIÓN FRECUENTE 207 

cuidado á la más frecuente ó cotidiana sunción de esta saludable co- 
mida, sean legos, tratantes ó casados, ó cualesquiera otros, deben co- 
nocer su flaqueza, para que, considerando la dignidad del Sacramen- 
to y temiendo el juicio divino, aprendan á tener reverencia á la mesa 
celestial en que está Cristo, y si alguna vez se sintieren menos dis- 
puestos, se abstengan de ella y procuren mayor preparación. 

Mas los obispos en cuyas diócesis floreciere semejante devoción 
al Santísimo Sacramento, den gracias á Dios por ella, y deben man- 
tenerla, tomando el mismo temperamento de prudencia y juicio, 
persuadiéndose que es obligación de su oficio no perdonar trabajo 
ó diligencia para quitar toda irreverencia y sospecha de escándalo 
en la sunción del verdadero é inmaculado Cordero, y para que se 
aumenten las virtudes y deseo en los que lo reciben. Lo cual suce- 
derá con abundancia, si aquellos que son llevados de semejante de- 
voción y desean alimentarse frecuentemente con este santísimo Pan, 
ayudándoles la divina gracia, acostumbrasen á considerar sus fuerzas 
y probarse á sí mismos con temor y caridad. Por los cuales ruega 
la Sagrada Congregación á Cristo Nuestro Señor, que se dio en 
comida á los fieles y por precio en su muerte y se ha de dar por 
premio en el reino celestial, que les conceda su auxilio para la digna 
preparación y sunción. 



de magna ad illud sumendum praeparatione orationem habeant, generatimque 
ostendant, eos, qui ad frequentiorem aut quotidianam salutiferi cibi sumptio- 
nem devoto studio excitantur, deberé, sive laici negotiatores sint, sive coniu- 
gati, sive quicumque alü, suam agnoscere infirmitatem, ut dignitate Sacra- 
menti ac divini iudicii formidine discant coelestem mensam, in qua Christus 
est revereri; et si quando se minus paratos senserint, ab ea abstinere seque 
ad maiorem praeparationem accingere. 

Episcopi autem, in quorum dioecesibus viget huiusmodi devotio erga 
Sanctissimum Sacramentum, pro illa gratias Deo agant, eamque ipsi adhibito 
prudentiae et iudicii temperamento alere debebunt, et ab eorum officio pos- 
tulan sibi máxime persuadebunt, nulli labori aut diligentiae parcendum, ut 
omnis irreverentiae et scandali suspicio in veri et immaculati Agni percep- 
tione tollatur virtutesque ac dona in sumentibus augeantur: quod abunde 
continget, si ii, qui devoto hiusmodi studio, divina praestante gratia tenentur, 
seque sacratissimo pane frequentius refici cupiunt, suas vires expenderé 
seque probare cum timore et caritate assueverint. QuibusChristum Dominum, 
qui se hdelibus manducandum, et se pretium in morte tradidit atque in coe- 
lesti regno se praemium est daturus, precatur Sacra Congregatio, ut suam 
opem ad dignam praeparationem et sumptionem largiatur. 



208 ESPAÑA Y LA COMUNIÓN FRECUENTE 

Finalmente, los obispos, párrocos y confesores, reprendan á los 
que afirmaren que la comunión cotidiana es de derecho divino; 
enseñen que la santísima Eucaristía se ha de recibir de mano del 
sacerdote en la iglesia, ó en oratorios particulares, por dispensación 
ó privilegio del Sumo Pontífice, y que de ninguna manera se ha de 
llevar en bolsa ó de secreto á los que están en su casa, ó acostados en 
la cama, si no es á los enfermos, que no pueden venir á recibirla á 
los referidos lugares; y á éstos se les traerá de la iglesia en público 
y con pompa, según la forma del Ritual Romano, y si de algún ora- 
torio particular, en forma decente. 

Procuren también que se guarden las rúbricas del misal y estilo 
de la Iglesia Romana acerca de la comunión en Viernes Santo. 

Demás de esto amonesten, que á ninguno se le han de dar más 
formas ó partículas de la Eucaristía, ni mayores, sino las acostum- 
bradas. 

No permitan que se haga confesión de los pecados veniales con 
el simple sacerdote, sin aprobación del obispo ú ordinario. 

Si los párrocos ó confesores, aunque sean regulares, ú otros cua- 
lesquiera sacerdotes hicieren lo contrario, sepan que han de dar 
cuenta á nuestro gran Dios y Señor, y que no faltará el justo y rigo- 
roso castigo de los obispos á los que hicieren lo contrario, aunque 



Porro episcopi, et parochi seu confessores redarguant asserentes, commu- 
nionem quotidianam esse de iure divino, doceant in ecclesiis seu oratoriis pri- 
vatis, ex dispensatione seu privilegio Pontificis de manu sacerdotis sumen- 
dam sanctissimam Eucharistiam, nec eam ullo modo deferendam in crumena, 
aut secreto ad existentes domi, vel cubantes in lecto, praeterquam ad infir- 
mos, qui ad illam suscipiendam ad loca praedicta accederé non valeant, et ad 
eos, si ab ecclesia deferatur, publice et cum pompa iuxta formam Ritualis 
Romani; si vero ab oratorio privilegiato, cum forma decenti. 

Curent etiam, ut circa communionem in feria sexta Parasceves, Missalis 
rubricae, et Ecclesiae Romanae usus serventur. 

Insuper admoneant nulli tradendas plures Eucharistiae formas seu partícu- 
las, ñeque grandiores, sed consuetas. 

Non permittant, ut venialium confessio fiat simplici sacerdoti non appro- 
bato ab Episcopo aut Ordinario. 

Si parochi et confesarii, etiam regulares, aut quicumque alii sacerdotes 
secus egerint, sciant Deo Óptimo Máximo rationem reddituros esse, ñeque 
defuturam Episcoporum aut Ordinariorum iustam ac rigorosam animadver- 



ESPAÑA Y LA COMUNIÓN FRECUENTE 209 

sean regulares y de la Compañia de Jesús, dándoseles por este de- 
creto especial facultad á los mismos obispos y ordinarios por la Silla 
Apostólica. 

Y habiendo sido hecha relación de todo lo dicho, y palabra por 
palabra, Su Santidad lo aprobó y quiso que el presente decreto se 
imprimiese y publicase. En testimonio de lo cual, etc. 

Dado en Roma á 12 de Febrero del año de 1679 (1). 



sionem in contrafacientes, etiam regulares, etiam Societatis Iesu, facúltate 
ipsis Episcopis et Ordinariis per hoc Decretum per Sedem Apostolicam spe- 
cialiter attributa. 

Et facta de praemissis ómnibus, ac de vervo ad verbum relatione, ! Sancti- 
tas Sua approbavit, ac praesens Decretum typis dari ac publicari voluit. In quo- 
rum, et. 
F. Card. Columna Praef.— S. Arch. Branc. Epic. Viterb. Secret. 

CONCLUSIÓN 

Relatado queda brevemente lo que acerca de la frecuente y dia- 
ria comunión opinaron algunos autores de los siglos XVI y XVII. 
Citarlos á todos hubiera multiplicado sin necesidad estos apuntes, 
aumentando á la vez la poca variedad de los mismos, puesto que 
más ó menos coinciden, no sólo en el pensamiento, sino en la ma- 
nera de expresarse. 

Deslucido y monótono es este trabajo en el que no hay más en- 
lace que el cronológico y ni aún éste se conserva á veces; pero tal 
vez haya en él algo aprovechable para la historia de la devoción y 
culto eucarísticos en España. 

No completo, ciertamente, pero sí abundante, es el catálogo de 
libros españoles que sobre la comunión se han anotado, siendo do- 
loroso que desde la publicación del decreto Sacra Tridentina Syno- 
dus, se hayan traducido libros extraños, parando poco la atención en 
los nuestros. 

Verdad es que debe cosecharse lo bueno dondequiera que se 



(1) He trascrito con algunas leves variantes esta traducción, á ratos nimia- 
mente literal, del Tratado de Comunión cotidiana del franciscano Fr. Eusebio de 
Vargas. Debo este libro á los buenos oficios, que agradezco, del R. P. Manuel 
Monjas, agustino. 

14 



210 ESPAÑA Y LA COMUNIÓN FRECUENTE 

encuentre, pero no es menos cierto que esto mismo bueno, sin ne- 
cesidad de traerlo de fuera, lo hallaremos con creces en nuestros au- 
tores españoles si con alguna diligencia los estudiamos. 

Hay que confesar, sin embargo, que se han estudiado y reimpreso 
algunos libros de nuestros escritores, que sirvieron de norma é ins- 
piración á tratados que se traducen hoy al castellano con mengua de 
nuestra literatura, la más copiosa del mundo en libros de la comu- 
nión frecuente y diaria. 

P. Eusebio-Julián Zarco. 
o. s. A. 



REVISTA CANÓNICA 



Sentencia del Sagrado Tribunal de la Rota sobre incardinación 

(Causa de Londres.) 

El 9 de Enero de 1912, dicho Sagrado Tribunal, compuesto de los tres 
Auditores de turno, dio sentencia definitiva en la causa de incardinación 
entablada á instancias del Sacerdote Pedro Mendoza Roussel contra el 
Obispo de Londres, legítimamente representados ambos por sus respecti- 
vos Abogados y Procuradores, siendo la sentencia favorable al Obispo, ó 
sea que no constaba de la legítima incardinación del Sacerdote Roussel en 
la Diócesis de Londres, decretando que los gastos del proceso fueran abo- 
nados por igual por ambas partes. 

Facti series. — El Sacerdote Pedro Mendoza Roussel, nacido en Que- 
bec, después de haber estudiado algunos años de Teología, pidió licencia 
á su Obispo para dejar aquella Diócesis é ingresar en otra. El Obispo de 
Quebec le recomendó al de Santa Fe, el cual, aceptando benignamente 
las preces presentadas, escribió al Sacerdote Roussel el 15 de Octubre 
de 1899: «Desde este momento os podéis considerar como aceptado por 
la Diócesis de Santa Fe, y desde el próximo año comenzaré á pagar los 
gastos de vuestros estudios.» Y realmente el Arzobispo de Santa Fe con- 
sideró desde entonces á Roussel como diocesano suyo, porque por dele- 
gación suya recibió la primera tonsura del Obispo de Nicolet, y por cier- 
to antes de haber obtenido las dimisorias de su Diócesis para la de Santa 
Fe, las cuales no obtuvo hasta el 5 de Enero de 1900. De su incardinación 
en Santa Fe, no hay documento alguno, aunque se puede presumir, porque 
el referido Roussel, por comisión del Obispo de esta Diócesis, fué promo- 
vido á las órdenes menores y al Subdiaconado por el Obispo de Nicolet, y 
á las demás órdenes mayores por el de Antigón, donde había estudiado 
los años 1901 y 1902. 

El verano de este último año le pasó en Toronto estudiando el inglés, 
sin que antes ni después de la ordenación se presentase en la Diócesis de 



212 REVISTA CANÓNICA 

Santa Fe, sino que apenas ordenado pidió y obtuvo licencia para ausentar- 
se, de tal manera, que según carta del Obispo actual, de 13 de Julio de 1911, 
era completamente desconocido en aquella Diócesis. Desde el 1903 al 1907 
estuvo en la Diócesis de Londres desempeñando en varios pueblos el car- 
go de Vicario; pero obtenida en forma la facultad de ausentarse, la aban- 
donó. Ahora, desempeñando el cargo de Vicario curado en la Diócesis de 
Salto, de Santa María, pretende que fué excardinado de la Diócesis de 
Santa Fe, y legalmente incardinado en la de Londres, y, por consiguiente, 
reclama que se le reciba en su clero. El Obispo de Londres, oponiendo el 
defecto de la legítima incardinación, se negó á ello, y en vista de esto, el 
Sacerdote Roussel acudió á la Santa Sede para que el Tribunal de la Rota 
resolviese la cuestión. Y en este Sagrado Tribunal, recibida la comisión 
Pontificia, se propuso la causa bajo la siguiente fórmula concordada: «Si 
consta de la legitimidad de la incardinación del Sacerdote Roussel en Ib 
Diócesis de Londres, de tal manera, que dicha incardinación produzca to- 
dos los efectos canónicos.» Y los Reverendísimos Auditores respondieron: 
«Negativo {Acta Ap. Seáis, vol. 4.°, pág. 258.) 

ANOTACIONES 

Al establecer el Concilio de Trento, en la ses. 23, cap. 8.° de Reform., 
«que cada uno sea ordenado por su propio Obispo»; «ut unusquisque a 
proprio Episcopo ordinetur», ocurrió naturalmente la duda y la pregunta: 
«¿Cuál es el Obispo propio?»; y unánimemente contestaron los autores, 
fundados en la tradición antigua y en varios decretos conciliares: «que sí, 
1.°, el de la Diócesis donde nació el ordenando; 2.°, el de la Diócesis don- 
de tiene el domicilio; 3.°, donde tiene un Beneficio, y 4. ü , aquel á quien 
por espacio de tres años seguidos y completos ha prestado servicio, é in- 
mediatamente después de la ordenación, sin fraude de ningún género, le 
confiere un beneficio» (tridentino, ses. 23, cap. 9.° de Reform.) Pero acer- 
ca de estos títulos surgieron varias cuestiones que cortó de raíz Inocen- 
cio XII con la Bula Speculatores de 4 de Noviembre de 1699, declarando 
el sentido y extensión de los cuatro referidos títulos, especialmenle el de 
domicilio. Pero más tarde se suscitaron otra vez algunas cuestiones acerca 
de la interpretación de esta misma Bula, las cuales resolvió y dirimió la 
Sagrada Congregación del Concilio con el decreto A primis de 20 de Julio 
de 1898, acerca de la excardinación y ordenación de los clérigos, en la 
cual estableció las normas y condiciones con las cuales se han de hacer 
la excardinación y la incardinación para que produzcan efectos canónicos. 



REVISTA CANÓNICA 213 

Omitida la definición de excardinación é incardinación por demasiado 
sabida, y porque las mismas palabras lo indican, según el decreto A primis 
no puede hacerse la excardinación sino por justas causas, ni produce efec- 
to alguno sino después de ser ejecutada la incardinación en la otra Dióce- 
sis, debiendo tener presente los Obispos acerca de la incardinación el en- 
cargo del Concilio de Trento en la ses. 23, cap. 16 de Reform., acerca de 
la ordenación, porque la razón es la misma: les encarga «que no ordenen 
á ninguno que no sea útil ó necesario en sus iglesias.» 

En virtud del mismo decreto A primis, la excardinación de una Diócesis 
y la incardinación en otra se ha de hacer por escrito, absolutamente y para 
siempre, prestando juramento, como el que exige la Bula Speculatores, 
para adquirir el domicilio, de permanecer el clérigo siempre en aquella 
Diócesis. Y es tan necesario que el acto de excardinación é incardinación 
se haga por escrito, que hecho de palabra ó de otro modo no tiene ningún 
valor, ni produce efecto alguno canónico. De modo que ya no se da ni 
puede darse excardinación ni incardinación implícitas ni verbales, como 
en el derecho antiguo se daban, siempre que constase la voluntad de am- 
bos Obispos de dimitir y de admitir absolutamente y para siempre á un 
clérigo. Y lo mismo se ha de decir del juramento, porque se ha de prestar 
á la manera del que exigía la Bula Speculatores para adquirir el domicilio 
y poder ser ordenado, y aquél era necesario para adquirir válidamente el 
domicilio, como dice la misma Bula. Ni pueden prescribirse ninguna de 
estas dos condiciones por la costumbre contraria, como se dice en la cláu- 
sula final derogatoria del decreto A primis. La condición de las causas 
justas no es necesaria para la validez, sino sólo para la licitud, porque el 
mismo decreto así lo expresa: <F.xcardinationem fieri non licet nisi justis 
de causis >; lo que confirma que las otras dos condiciones son necesarias 
para la validez. 

Presupuestas estas nociones generales de derecho, en cuanto al hecho 
aparece claramente que la incardinación del tema fué nula y de ningún 
valor ni efecto canónico, teniendo presente que fué hecha el 1903, y, por 
consiguiente, después del decreto A primis, y, por lo mismo, debió aco- 
modarse á él, bajo pena de nulidad. Ahora bien, dicho decreto exige como 
primera condición necesaria para la validez de la incardinación el que se 
haga por escrito, y ni en la Curia de Santa Fe, ni en la de Londres, exis- 
te ningún documento escrito que atestigüe la referida incardinación: ni 
el mismo interesado tiene, ni presenta ningún documento legítimo; y esos 
documentos debían conservarse en los archivos de ambas diócesis; lo que 
prueba que no existieron nunca: porque es inverosímil que se hubieran 
perdido en los dos. 



214 REVISTA CANÓNICA 

Es verdad que hay algunos indicios de la excardinación del sacerdote 
Roussel de la diócesis de Santa Fe poruña carta que escribió el 1910 
á Mons. Qignac Quebec el Arzobispo actual de aquella diócesis, y que 
en 1902 era Obispo auxiliar y Vicario general del Arzobispo Bourgade, en 
la que le decía «que Mons. Bourgade le había dicho un día que no po- 
dían contar con el sacerdote Roussel, porque le había mandado sus letras 
de excardinación>. Pero en cuanto á «la copia del documento que le 
pedía no podía mandársela, porque, registrado bien el archivo, no había 
encontrado la minuta». Aunque, por otra parte, el mismo actual Arzobis- 
po, preguntado en forma por la Sagrada Rota el 13 de Julio de 1911, refi- 
riéndose á la carta anterior, dice que no sabe absolutamente nada: que ni 
el Arzobispo Bourgade, ni él, habían visto nunca al sacerdote Roussel, ni 
creía que en toda la diócesis de Santa Fe había un solo sacerdote, ni un 
seglar que hubieren oído hablar de dicho sacerdote. Confrontadas estas 
dos cartas, puede, hasta cierto punto, admitirse que el sacerdote Roussel, 
completamente desconocido en la diócesis de Santa Fe, fué excardinado 
de ella, pero sin que se encuentre documento alguno de la excardinación. 

Mas prescindiendo de esto, de si el sacerdote Roussel fué ó no legal- 
mente excardinado de la diócesis de Santa Fe, no consta que fuese legíti- 
mamente incardinado en la diócesis de Londres, porque no existe docu- 
mento alguno escrito como exige el decreto A primis, aunque haya otros 
documentos referentes á dicho sacerdote. Consta por el testimonio del 
Canciller de la Curia de Londres, que dice haber registrado diligentemen- 
te todas las actas y documentos del archivo de la diócesis, y no ha encon- 
trado el acta de incardinación del sacerdote Roussel: y que no sólo no ha 
encontrado el acta de incardinación en aquella diócesis, sino que tampo- 
co se halla el acta de excardinación de la diócesis de origen que deb ía en- 
contrarse allí. 

Además de estos dos documentos escritos, falta el documento, tam- 
bién escrito, del juramento prestado, que también se requiere como con- 
dición sirte qua non para la validez de la incardinación. Ni puede presu- 
mirse que fuese presentado según el principio: «in dubio praesumitur 
recte factum quod de iure faciendum erat;» porque este principio sólo se 
aplica y vale para lo accesorio, supuesta la certeza del acto principal; y en 
nuestro caso no consta, no es cierto el acto principal, que es la incardina- 
ción, y por lo mismo no puede invocarse ese principio. Además, el mismo 
actor podía resolver la duda diciendo que había prestado el juramento, y, 
sin embargo, no se atreve á decirlo porque no puede probarlo. 

Insta el actor que fué incardinado en la diócesis de Londres el 1903, 
en que entró en ella, y fué nombrado Vicario de una parroquia; y que ha- 



REVISTA CANÓNICA 215 

biéndolo sabido el Obispo de Santa Fe, le significó que, ó volviese á su 
diócesis, ó pidiese las letras de excardinación: «estas letras — dice— las 
pedí, las recibí, y se las mandé por el correo al Obispo Evay, de Londres, 
que ha declarado haberlas recibido, y por ellas me ha incardinado en su 
diócesis.» Si se hubiera de dar crédito á estas palabras demasiado intere- 
sadas, lo más que probarían es que el sacerdote del tema había sido de al- 
guna manera excardinado de la diócesis de Santa Fe; pero de ningún 
modo prueban que ha sido legítimamente incardinado en la de Londres: 
para esto debía probar que la incardinación había sido hecha en la forma 
prescrita por el decreto A primis, y con las condiciones necesarias para 
ello, y esto no puede probarlo. 

Lo único que parece favorecer algo al actor es la conducta y la decla- 
ración del Obispo Evay, que rigió la diócesis de Londres hasta el 1910, y 
ha muerto hace poco en la de Toronto. Dicho Prelado, el 23 de Abril 
de 1907, concedió al sacerdote Roussel la licencia que le pedía para ausen- 
tarse de la diócesis usque ad revocationem. El mismo Prelado Evay, el 23 
de Agosto del mismo año 1907, escribió al Obispo de Manchester, donde 
se hallaba Roussel, y le había pedido informes de él: «El Abate Roussel 
pertenece á esta diócesis, y nos ha dejado con buena reputación.» Además, 
el 6 de Marzo de 1911, siendo ya Obispo de Toronto, escribió á su suce- 
sor en Londres: «Con respecto al Rvdo. Roussel, fué debidamente incar- 
dinado en la diócesis de Londres, y los documentos deben hallarse en el 
archivo diocesano.» Por último, legalmente preguntado el 7 de Marzo 
de 1911: «Primero, si en 1903 recibió cartas, por las cuales el sacerdote 
Roussel había sido excardinado de la diócesis de Santa Fe: Segundo, si re- 
cibidas estas cartas, inscribió á dicho sacerdote en el clero de Londres, é 
hizo que constase esta incardinación por actas de la Curia,» contestó: «á la 
primera afirmativamente: en cuanto al hecho, no hay duda; en cuanto al 
tiempo, hablo de memoria, porque no tengo documentos. A la segunda, 
afirmativamente.» 

Todo esto es ciertamente de mucha importancia, pero no de tanta que 
en un asunto tan grave pueda suplir el defecto de los documentos. En pri- 
mer lugar, para la legítima incardinación no se pueden invocar las letras 
comendaticias del Obispo Evay, porque éstas se dan á todos los Sacerdo- 
tes que van á otra Diócesis para que puedan celebrar, y se conceden en 
forma general, ya para un tiempo determinado, ya indeterminado. Lo que 
el Obispo Evay dijo. al de Manchester y al de Londres, prueba, á lo más, 
que hubo alguna incardinación ó admisión del Sacerdote Roussel en la 
Diócesis de Londres; pero de ningún modo prueba que fué hecha según 
las normas del Decreto A primis. Y lo mismo puede decirse de la declara- 



216 REVISTA CANÓNICA 

ción del mismo Evay, que además no fué jurada, y se hallaba ya próximo 
á la muerte. 

Además, como antes se ha dicho, el Decreto A primis exige expresa- 
mente, y bajo pena de nulidad, la escritura para la incardinación y la ex- 
cardinación; y cuando es necesaria la escritura para la substancia del acto, 
es necesaria también, como enseñan probados autores, para la prueba del 
acto, de tal manera que no bastan sólo los testigos. Al efecto dice Rein- 
festuel: «Se dan muchos casos en que se requiere la escritura para la prue- 
ba, y no bastan los testigos. De estos casos enumera 34 la Glosa». Y lo 
mismo dice Pirhing Schmalsgrueber: que la escritura es necesaria para la 
validez del acto cuando es de esencia del contrato, ó cuando debe hacerse 
por disposición de la ley. 

Pero aunque se dé que la escritura puede ser suplida por testigos, sin 
embargo, no basta el único testimonio del Obispo Evay, porque vox unías, 
vox nullius, dice la regla del Derecho. Un solo testigo basta para probar, 
sólo cuando su deposición no perjudica á ninguno y aprovecha á alguno; 
pero cuando la sentencia dada puede causar grave perjuicio, es también 
regla del Derecho que en todas las causas, para la prueba legítima y para 
hacer plena fe, se necesitan dos testigos de probidad y de mayor acepción, 
como dice el capítulo de testibus: «Manifesté facimus ut unius omnino tes- 
tis responsio non audiatur, etiamsi praeclarae Curiae honore praefulgeat». 
Ni puede oponerse que el testimonio del Obispo Evay esté confirmado 
por el de Santa Fe, el cual, como se ha dicho, oyó decir á su predecesor: 
«No hay que contar ya con el Sacerdote Roussel, le he enviado las letras 
de excardinación», porque estas palabras sólo pueden invocarse para la 
excardinación de dicho Sacerdote de la Diócesis de Santa Fe, pero no 
para la incardinación en la Diócesis de Londres. Se ha de notar, por últi- 
mo, que el Obispo Evay no fué juramentado, y un testigo no jurado, fuera 
de ciertos casos, regularmente no prueba, como se dice expresamente en 
el capítulo Nuper nobis: «Nullius testimonio quantumcumque religiosus 
existat, nisi juratus deposuerit, in alterius praeiudiciun debet credi». 

En vista de todo lo expuesto, los Reverendísimos Auditores juzgaron 
que no constaba de la legítima incardinación del caso, ó al menos que 
era dudosa, y, por consiguiente, no se podía obligar al Obispo de Lon- 
dres á recibir al Sacerdote Roussel, porque no se da obligación, sino 
consta ciertamente de ella; así que justamente sentenciaron, como al prin- 
cipio se dijo, que no constaba de la legítima incardinación in casu. 



REVISTA CANÓNICA 217 

Sentencia de la Signatura Apostólica acerca de la nulidad de una sentencia 
rotal sobre funerales. 

(Causa de Malta) (1). 

El 26 de Julio de 1912 fué propuesta á dicho Supremo Tribunal la cau- 
sa sobre la nulidad de una sentencia rotal interpuesta entre el Capítulo de 
la Iglesia Colegiata de la ciudad de Conspicua, actor, y el Vicario curado 
de la misma iglesia, demandado, legítimamente representados por sus res- 
pectivos Abogados y Procuradores; siendo la sentencia derogatoria en 
parte de la sentencia rotal, y que los gastos procesales fuesen abonados 
por igual por ambas partes. 

Extracto de la causa.— Como en el lugar citado de esta Revista dimos 
cuenta por extenso de la presente causa, con todos sus detalles y funda- 
mentos de la sentencia, no haremos aquí más que repetir á grandes rasgos 
la historia de la misma, remitiendo á nuestros lectores al lugar citado. 

La historia fué la siguiente: El año 1822 fué erigido por Pío VII el Ca- 
pítulo de la Iglesia Colegiata de la Inmaculada en la ciudad de Conspicua, 
Diócesis de Malta; y confiando al Capítulo la cura habitual de almas, en- 
cargó al Arcipreste el ejercicio de la cura actual. Pero habiendo sufrido 
mucho detrimento en sus intereses las prebendas de los Canónigos por la 
malicia y vicisitudes de los tiempos, y habiendo surgido además algunas 
cuestiones entre el Capítulo y el Arcipreste, principalmente sobre el dere- 
cho de ordenar las funciones religiosas, á petición de las dignidades y Ca- 
nónigos, Pío VIII, por una Bula de 20 de Septiembre de 1830, decretó: 
«Que se uniesen la cura actual y la cura habitual de almas, y las tuviese el 
Capítulo; pero que habían de ser ejercidas, ó por las dignidadee y Canó- 
nigos por turno, ó por un Presbítero secular, llamado Vicario Curado 
perpetuo, nombrado por el Capítulo, y amovible á voluntad del mismo... 
con la dotación conveniente anual que había de ser determinada por el 
Capítulo; y todos los emolumentos provenientes de la cura de almas, que 
se habían de separar del Arciprestazgo, se distribuyesen por partes iguales 
entre el Capítulo, comprendido el Arcipreste.» Pero habiendo sobrevenido 
nuevas dificultades, no se ejecutó esta Bula. 

Sin embargo, después de pasado algún tiempo se arregló amistosamen- 
te el asunto con intervención del Obispo, y de común consentimiento de 
las partes fué propuesto el acuerdo á la Santa Sede para su confirmación; 
y Pío IX por una Bula de 1.° de Octubre de 1850, le sancionó y confirmó 



(1) Véase La Ciudad de Dios, vol. LXXXVIIL pág. 373. 



218 REVISTA CANÓNICA 

para siempre, decretando expresamente en cuanto á la cura actual de al- 
mas: «Que permanezcan firmes las referidas letras de su predecesor, 
Pío VIII, en cuanto á lo que se refiere á la unión de la cura actual con la 
habitual en favor de dicho Capítulo, pero moderado su ejercicio por las 
siguientes leyes...: > Estas leyes son siete, expuestas detalladamente en la 
misma Bula (véase el lugar citado de esta Revista), con las cuales modera, 
determina el modo de ejercer el Vicario Curado la cura de almas, así como 
todo lo que se refiere á la distribución de los emolumentos, tanto ciertos 
como inciertos, que provengan de dicho ejercicio. 

Transcurrido el largo espacio de más de cuarenta años, parecía consoli- 
dada la concordia entre el Capítulo y el Vicario; pero no fué así, sino que 
por causas impensadas surgieron nuevas cuestiones acerca de la cura actual 
de almas; así que el 20 de Diciembre de 1902 propusieron ocho dudas á la 
Sagrada Congregación del Concilio, de las cuales la primera fué: «Si según 
las Constituciones apostólicas compete al Vicario Curado toda la cura 
actual de las almas in casu.* A la que respondió: «Afirmativamente en 
cuanto al ejercicio.» Sin embargo, continuaron las discusiones, y la Curia 
de Malta á la duda que le propusieron: «A quien compete el derecho de 
celebrar la misa exequial estando presente el cadáver»; respondió el 3 de 
Febrero de 1905 que compete al Vicario Curado. Después, el 28 de Junio 
de 1907, la misma Curia dio otra sentencia para resolver la siguiente duda 
propuesta por el Capítulo: «Si el derecho de bendecir los cadáveres, ento- 
nar la antífona Exultabunt y determinar el camino y la hora del funeral 
pertenece ó no al Vicario Curado», diciendo «que todo pertenece al Vica- 
rio Curado, aunque oído el Capítulo en cuanto á la hora». 

No se aquietó el Capítulo con esta sentencia, y apeló de ella á la Sa- 
grada Congregación del Concilio, pero sin fundar la apelación en ningún 
motivo jurídico; así que la Sagrada Congregación la rechazó con la fór- 
mula Lectum; esto es, tenida como de ningún valor. Sin embargo, insis- 
tiendo el Capítulo, y de común acuerdo de los Abogados de las partes, la 
misma apelación fundada y redactada en forma, fué admitida por la Sagra- 
da Congregación del Concilio, y remitida después á la Sagrada Rota, se le 
propuso la cuestión bajo la siguiente fórmula: «Si compete al Capítulo de 
la Iglesia Colegial de la ciudad de Conspicua el derecho de incoar las 
exequias entonando la antífona Exultabunt, de asperjar el cadáver con 
agua bendita, de señalar el camino y la hora de las exequias, y, por último, 
de celebrar la misa exequial praesenle cadáveres Y los Reverendísimos 
Auditores resolvieron y sentenciaron el 28 de Julio de 1911: «Negativamen- 
te en todo, sino que esos derechos corresponden al Vicario Curado; oído, 
sin embargo, el Capítulo en cuanto á la designación de la hora.» 



REVISTA CANÓNICA 219 

De esta sentencia rotal apeló el Capítulo al Supremo Tribunal de la 
Signatura apostólica, pidiendo que la declarase nula. Y este Supremo Tri- 
bunal, bien examinada y profundamente estudiada la cuestión, en la se- 
sión plena celebrada en los palacios del Vaticano el 26 de Julio de 1912, 
siendo relator el eminentísimo Cardenal Pompili, á la duda propuesta: «Si 
es nula la sentencia rotal in casu, y si hay lugar á su circunscripción^ 
Contestó: cSe ha de circunscribir la sentencia á los trámites de la ley par- 
ticular que modera el ejercicio de la cura actual de la Iglesia Colegiata de 
la bendita Virgen María Inmaculada de la ciudad de Conspicua, concedido 
al Vicario Curado perpetuo; á saber, á la Bula de Pío VIII de 25 de Sep- 
tiembre de 1830, y al convenio del Ordinario con el Capítulo aprobado y 
confirmado por la Bula de Pío IX de 1.° de Octubre de 1850; teniendo 
además presente la observancia subsiguiente^ En cuanto á los gastos pro- 
cesales, el mismo Supremo Tribunal decretó que habían de ser abonados 
entre ambas partes. (Acta Ap. Seáis, vol, IV, pág. 574.) 

Noia.—A\ exponer la presente causa en el lugar citado de esta Revista, 
dijimos que la dificultad y el fundamento de ello estaba en la interpreta- 
ción de las palabras de las Bulas Pontificias; si por ellas se coartaba, ó no, 
y de qué modo, la potestad del Vicario Curado con respecto á los derechos 
que se disputaban en el caso. Los Reverendísimos Auditores de la Sagrada 
Rota, como se vio por la sentencia y por sus fundamentos, las interpreta- 
ron según el derecho común, que da al Vicario Curado los mismos dere- 
chos que al Párroco en cuanto á la cura de almas y su ejercicio; porque de 
otro modo aparecería en ellas alguna contradicción, alguna antilogia jurí- 
dica, dando una misma cosa á dos diferentes personas, la cura actual de 
almas con todos sus derechos. Y en el mismo sentido hemos visto que los 
interpretaron la Curia de Malta y la Sagrada Congregación del Concilio. 
Sin embargo, el Supremo Tribunal de la Signatura ha juzgado y decretado 
que se han de interpretar, según el derecho particular establecido en la 
mismas mencionadas Bulas, debiendo circunscribirse la sentencia rotal á 
este derecho particular. De modo que en parte, y se puede decir en todo, 
ha sido anulada dicha sentencia. 

P. Cipriano Arribas, 
o. s. A. 



ACTA PII PP. X 



MOTU PROPRIO 

DE CATHOLICORUM IN EXTERAS REGIONES EMIGRATIONE 

Cum omnes catholicos Ecclesia materno studio complectatur, tum pe- 
culiari quadam sollicitudine caritatis eos prosequitur, qui, ut victum labo- 
re quaerant, aut meliorem sibi fortunam comparent, relicto natali solo in 
longinqua migrant, ubi saepius eis timendum est, ne, dum mortalis vítae 
rationibus prospiciunt, lamentabilem sempiternae iacturam faciant. Plura 
enim et illustris Nostri Decessoris et Nostra testantur acta, quanto opere 
Apostólica Sedes bonorum societates foveat in salutem emigrantium ins- 
tituías, quantamque praesertim adhibeat curam, ne Antistites sacrorum pa- 
tiantur in re tam gravi pastoralem industriam suam desiderari. Iam vero, 
cum ob aucta populorum commercia et expeditiores commeatus aliasque 
causas plurimas, quotidie in immensum crescat emigrantium numerus, in- 
telligimus Nostri muneris esse idoneum aliquod reperire providentiae ge- 
nus, quo quidem horum omnium filiorum temporibus succurramus. Equi- 
dem valde commovemur maximis periculis, in quibus religio moresque 
versantur tot hominum, qui, ut plurimum, ignari regionis et linguae, atque 
ope sacerdotum suorum destituti, spiritualis vitae adiumenta nec ipsi sibi 
parare possunt, nec, quantum satis est, exspectare ab Ordinariis locorum 
aut a consociationibus iis, quae in id sunt institutae. Quae vero ad meden- 
dum his tantis incommodis excogitata sunt, optantum non solent habere 
exitum, propterea quod eorum, qui in hac gravissima causa elaborant, 
laudabiles conatus aut operis magnitudine superantur aut consensum et 
unitatem saepe non assequuntur.— Nos igitur, tempus esse judicantes ne- 
cessitatibus tam magnae multitudinis stabili quadam ratione in perpetuum 
subveniendi, cum S. R: E. Cardinales e Sacra Congregatione Consistoria- 
li in consilium adhibuerimus, Motu Proprio ac de Apostolicae potestatis 
plenitudine, apud eam ipsam Congregationem novum Officium, seu Sec- 
tionem ut aiunt, de spirituali emigrantium cura constituimus. Huius Offí- 
cii partes erunt, quaerere et parare omnia, quaecumque opus sint, ut in 



ACTA PII PP. X 221 

iis quae ad salutem animarum pertinent, emigrantium latini ritus melior 
conditio fíat, salvo tamen iure Sacrae Congregationis Fidei Propagandae 
in emigrantes ritus orientalis, quibus eadem Congregatio pro suo instituto 
opportune consulat. Ac de sacerdotibus ipsis emigrantibus hoc idem unice 
cavebit Officium; ad quod propterea praescriptiones ea de re, decretis Sa- 
crae Congregationis Concilii datas, avocamus. — Itaque Sacra Congregatio 
Consistorialis, accedente Ordinariorum studio, quorum quidem ipsa con- 
firmabit fovebitque in advenas auctoritatem, suffragante etiam opera conso- 
ciationum emigrantibus adiuntandis, quarum beneficam acíionem, quo- 
cumque res postulaverit, diriget, divino muñere poterit et quae sint pro 
varietate regionum, necessitates emigrantium cognoscere, et quae perop- 
portuna visa fuerint malorum remedia decernere. Confidimus autem fore, 
ut quicumque catholicam rite colunt fidem, opus tam sanctum in salutem 
fratrum institutum precibus atque etiam opibus, pro sua quisque facúltate, 
promoveré velint, praesertim cum pro certo habere debeant summum Pas- 
torem et Episcopum animarum nostrarum sua ipsorum caritatis officia 
amplissimo in coelis praemio remuneraturum. 

Datum Romae apud Sanctum Petrum die XV mensis Augusti MCMXI1 
Pontificatus Nostri anno décimo. 

Pius PP. X. 



BIBLIOGRAFÍA 



Histoire de la Philosophie ancienne (Antiquité classique.—Epoque patristique. 
—Philosophie médiévale.—Renaissance), par Gastón Sortais, ancien profes- 
seur de philosophie.— P. Lethielleux, editeur. Rué de Cassette, 10. París.— 
Un volumen, en 8.°, de XVIH-627 págs.— Precio, encuadernado en tela ingle- 
sa: 6 francos. 

Contiene este primer volumen un tratado completo de historia de 
la filosofía, la exposición y crítica de las escuelas y grandes maestros que 
mejor han caracterizado cada época y han contribuido más poderosamen- 
te al progreso de la filosofía: antigüedad clásica, griega y romana (pági- 
nas 1-88), filosofía de los Padres de la Iglesia (89-115), filosofía de la Edad 
Media (116-280), hasta terminar el Renacimiento (282-458). El resto de 
la obra, más de la cuarta parte de ella, contiene un complemento biblio- 
gráfico copiosísimo y selecto (454-552), y dos índices analíticos de mate- 
rias y autores (563-627). 

Dado el fin didáctico con que está escrita la obra, no se puede pedir 
más, y podría ponerse como modelo en su género: orden, claridad y so- 
briedad en la exposición; tino en hacer la selección y dar relieve y dibu- 
jar con exactitud la fisonomía peculiar de las escuelas y de los pensadores } 
imparcialidad serena en los juicios; para todo lo cual el autor ha utilizado 
los trabajos de investigación recientes que tanta luz han proyectado prin- 
cipalmente sobre las corrientes del pensamiento en la Edad Media. Se ha 
propuesto además el autor abrir horizonte al especialista, con las riquísi- 
mas indicaciones bibliográficas que comprenden todos los estudios mono- 
gráficos y de conjunto que merecen consultarse; como bibliografía de his- 
toria filosófica de conjunto, y especialmente de doce años á esta parte, es 
muy completa sobre todo en la parte francesa, y de no escasa utilidad 
práctica. 

El segundo volumen, «Historia de la filosofía moderna», abarcará los 
siglos XVII, XVIII y XIX; reservamos para entonces hacer un estudio 
completo de la obra, que bien le merece. Por ahora nos limitamos á estas 
breves indicaciones, y á recomendarla á los lectores á quienes pueda in- 
teresar.— P. A. 



BIBLIOGRAFÍA 223 

Idiomas y Etnografía de la reglón oriental de Colombia, por Fr. P. Fabo, 
del Corazón de María, agustino recoleto, miembro correspondiente de la 
Academia nacional de Historia, de Bogotá. Con las licencias necesarias. 
José Benet, impresor. Rambla de Cataluña, núm. 5. - Barcelona, 1911. 

Andaba el P. Fabo muy solícito buscando por la Biblioteca Nacional t 
y archivos de Bogotá dos diccionarios salivas, uno compuesto por los Pa- 
dres jesuítas y el otro por los agustinos recoletos, y no pudo dar con ellos; 
pero, en cambio, halló una gramática tocante al saliva, que la publica ín- 
tegra, sin hacerle modificaciones ni correcciones algunas. Terminóse esta 
gramática en 1790, y fué llevada al Provincial para que la presentase al 
Gobierno de Carlos IV. Sus autores son los Padres recoletos de la Misión 
de San Miguel del Macuco, que la compusieron á la vez que el dicciona- 
rio. A falta de éste, que el P. Fabo no ha encontrado, publica un vocabu- 
lario de la misma lengua que el P.Jesús Martínez ordenó en 1897. Está 
basada la gramática en el antiguo sistema de hacer gramáticas, y no tiene 
nada de extraño, pues se hizo en 1790. Con motivo de esta gramática hace 
el P. Tabo un poco de historia y crítica, muy buena por cierto, acerca de 
los trabajos que en el siglo XVI publicaron los Misioneros de la Candela- 
ria en chibcha, darienita y guahiva, y de los que en el siglo XVII publica- 
ron los PP. Mallol y Miranda en curca y darienita, y sigue hablando él de 
estas lenguas, y de la tuneba, goajira y otras muchas que en la región 
oriental de Colombia se hablan, agrupándolas muy bien y conforme á los 
sistemas modernos de filología. En la geografía que hace de los dialectos 
se ve que entra para mucho el curso de los ríos. Y no trata sólo de las len- 
guas de Colombia; escribe también de muchas que se hablan en el Brasil 
y guardan relación estrecha con éstas, y, además, de otras de que hay no- 
ticia en las antiguas relaciones, y hoy no se encuentra rastro de ellas. Y al- 
rededor de las lenguas andan el origen, religiones, costumbres, cantos y 
demás que entre los indios existe, y relaciones que entre unos y otros hay. 
Como remate de la parte lingüística va un vocabulario tunebo, del Padre 
Fabo. Tiene este trabajo seis Apéndices, que son otros tantos estudios, y 
muy acabados. A la carta que el P. Fabo dirigió á Caro, acerca de la poe- 
sía popular en Casanare, y que publicó en España y América, acompaña- 
ba una espléndida colección de cantos llaneros, como no la encontrarán 
mejor los más escrupulosos folk-loristas. En fin, que el P. Fabo ha pres- 
tado un gran servicio á Colombia publicando la gramática y el vocabula- 
rio salivas; y ha demostrado, en los estudios que hace que, con el roce 
continuo con los naturales y la buena observación se puede llegar á en- 
tender muchísimos de los secretos que la lingüística y la etnografía moder- 
nas hoy día encierran.— Ai. Gutiérrez. 



224 BIBLIOGRAFÍA 

Louis Andrieux, Licencié es Lettres-Histoire, Docteur en Droit Canonique, 
Vicaire á la Cathédrale de Reims. La Premiére Communion.-///s/oíVe et 
displine.-Textes et documents. -Des origines au XX* siécle. Avec lettre d'in- 
troduction de S. E. le Cardenal Lucon. París: Gabriel Beauchesne, et C ie -, 
editeurs. Rué de Rennes, 117, 1911. Un vol., en 8.°, de xxxm -u- 392 páginas. 
Precio: 3,50 francos. 

Historiar y explicar la práctica que ha seguido la Iglesia desde sus pri- 
meros tiempos hasta nuestros días respecto á la preparación y á la comu- 
nión de los niños, constituye el argumento de este libro, en el que en tres 
partes se expone: Primero; la antigua disciplina en administrar á los pe- 
queñuelos, que aun no habían llegado al uso de la razón, el cuerpo ó la 
sangre de Jesucristo; costumbre que duró hasta el siglo XII en Occidente. 
Segundo, la nueva legislación, sancionada en el Lateranense (1215), sobre 
la comunión una vez entrado en el uso de la razón, y la interpretación 
que estas palabras tuvieron por parte de las Iglesias y de los teólogos, es- 
pecialmente en Francia, de cuyos usos y costumbres se muestra el autor 
más enterado, como es natural, que de las demás. Y tercero y último, la 
moderna legislación acerca de la edad y de la preparación moral é intelec- 
tual que se requiere para la primera comunión, conforme á lo establecido 
en el decreto Quam singulari (1910). Finaliza el libro con seis apéndices 
que ilustran los puntos en él tratados. 

Basta echar una ojeada por la copiosísima lista de obras consultadas, 
no puestas allí por vano alarde de erudición ó con objeto de llenar hue- 
cos, para convencerse de la variada y selecta erudición con que ha sido 
redactado este trabajo.—/. Zarco. 



Reverendísimo Juan Cuthbert Hedley, Obispo de Newpor. La Sagrada Euca- 
ristía. Obra traducida de la segunda edición inglesa, por el P. Jaime No- 
nell, S. J. Con licencia eclesiástica. Barcelona: Tip. Católica, calle del Pi- 
no, núm. 5, 1910. Un vol., en 8.°, de 408 págs. 

«Este libro — ha escrito su autor — está dirigido con preferencia al cle- 
ro, más dispuesto para apreciar lo que se contiene en sus páginas por ra- 
zón de sus estudios.» Así es; las opiniones que en él se desarrollan sobre 
las variadas teorías acerca de la esencia del sacrificio de la Misa, de la 
transubstanciación, de la esencia de la materia y de otros puntos no me- 
nos abstrusos, no servirían probablemente en algunos casos más que para 
llenar de dudas á los fieles, que, desprovistos de los suficientes conoci- 
mientos, no es fácil que comprendan hasta dónde llegan las doctrinas filo- 
sóficas ó teológicas, y dónde empieza la doctrina de fe. Pero exceptuando 
algunos párrafos de dos ó tres capítulos, todo lo demás servirá de grande 



BIBLIOGRAFÍA 225 

utilidad y enseñanza á todos para conocer la historia de la comunión, de 
la santa Misa, el significado que entrañan las ceremonias de la misma, las 
condiciones necesarias para la frecuente comunión, la admirable unidad 
que ha tenido siempre la Iglesia en el dogma de la presencia real, etc., etc. 
Caro es que, dado el carácter enciclopédico de esta obra, hay en ella la- 
gunas, en cierto modo necesarias, por ser imposible materialmente ence- 
rrar en pequeño volumen todo cuanto sobre estos puntos se halla derrama- 
do en muchos y gruesos infolios. 

Sentiríamos que sonase á censura lo que en nuestro pobre sentir he- 
mos creído digno de ser advertido; por el contrario, plácemes merecen el 
editor y el traductor al habernos proporcionado este Tratado, en el que, 
ha dicho su erudito autor, y á ello asentimos incondicionalmente, *los 
eclesiásticos verán con gusto renovadas sin el fárrago enojoso de autori- 
dades y descartada la rigidez de escuela, aquellas verdades que en su ju- 
ventud estudiaron.»— /. Zarco. 



Historia de la Diócesis de Sigüenza y de sus Obispos, escrita por el actual 
Rvdo. P. Fr. Toribio Minguella y Arnedo, de la Orden de Agustinos Des- 
calzos. Correspondiente de la Real Academia de la Historia. Volumen I. 
Desde los comienzos de la Diócesis hasta fines del siglo XIII. Con licencia 
eclesiástica. Madrid. Imprenta de la Revista de Archivos, Bibliotecas y Mu- 
seos, Olózaga, 1. Teléfono 3.185. 1910. VIII.— 680 páginas en 4.° mayor, con 
varios fotograbados y un mapa en colores, compuesto por el mismo señor 
Obispo. 

Con modestia cristiana, que tan bien sienta en los verdaderos sabios, 
empieza el señor Obispo de Sigüenza pidiendo benevolencia á los lecto- 
res. Francamente, creo que no necesitaba recomendarse á la indulgencia 
del público quien tan buena cuenta dio de sí hace ya mucho tiempo en 
artículos y folletos, interrumpidos, para desgracia de la historia eclesiástica 
española, á causa de graves y sagradas obligaciones. La presente obra, si 
ya no lo hubieran hecho las anteriores, sería suficiente para otorgar al 
R. P. Minguella el lauro de historiador. En ella se ha reunido todo cuanto 
los historiadores y geógrafos antiguos escribieron de la fundación y vicisi- 
tudes de la antigua Segontia. Disertase sobre la época probable de su con- 
versión al catolicismo, y van desfilando los prelados seguntinos hasta los 
comienzos del siglo XIV, depurándose las noticias transmitidas por otros 
historiadores y descartándose algún que otro Obispo, cuya prelacia en Si- 
güenza no puede afirmarse. Artículos hay, en medio de la brevedad y con- 
cisión con que está escrito todo el libro, por no dar más de sí los docu- 
mentos, que evidencian estar dotado el R. P. Minguella de criterio muy sa- 

15 



226 BIBLIOGRAFÍA 

gaz y fino. Sirva de ejemplo el dedicado á la famosa y controvertida Hita- 
ción de Wamba. 

Al mismo tiempo que los hechos de los Obispos, se narran las fun- 
daciones de Ordenes religiosas y militares las donaciones que los Reyes y 
particulares hicieron en su favor en la diócesis seguntina y en una palabra, 
todo lo que con la historia eclesiástica de Sigüenza tiene relación. 

Estudiase á fondo, en muy bien trabajados apéndices, la historia de 
Santa Librada, patrona de Sigüenza; se establece la diferencia que existe 
entre ella y Santa Wilgeforte; se aclaran y disipan las monstruosidades y 
nieblas que sobre su vida y muerte esparcieron los falsos cronicones, en 
especial el P. Jerónimo Román de la Higuera, «hombre— dice el Reveren- 
do señor Obispo — de vastos conocimientos y de una imaginación calentu- 
rienta, que acababa por creer verdad todo aquello que pudiera colorearse 
de histórico, dando por hecho lo que pudo ser, y á veces hasta lo imposi- 
ble» (pág. 270). 

De igual modo que de Santa Librada, se habían intercalado gravísi- 
mos errores históricos en la vida, patria y muerte de San Sacerdote, Obis- 
po de Limoges, también patrón de Sigüenza; pero el R. P. Minguella ha 
desvanecido estas falsedades, restableciendo la verdad á su punto. 

Por último, ocupa gran parte del libro la Colección Diplomática (pá- 
ginas 347-651), comprendiendo más de 270 documentos que justifican y 
amplían los asertos hechos en el cuerpo de la obra é ilustran de una ma- 
nera especial la historia eclesiástica y profana de Sigüenza, á la vez que' de- 
rraman rayos abundantes de luz sobre la obscura y compleja urdimbre de 
la historia patria, dada la influencia que tuvo la Iglesia en todos los órde- 
nes sociales en la época medioeval. 

Conceda Dios salud y tiempo al modesto y docto Obispo de Sigüenza 
para que pueda dar fin á la obra tan sabiamente comenzada.—/ Zarco. 



Le monisme matérialiste en France. ^Exposé et critique des conceptions de 
MM. Le Dantec, B. Conta, Cl. Royer, etc.) Par J.-B. Saulze, professeur de 
philosophie au College Stanislas.— G. Bauchesne et O, éditeurs, rué de 
Rennes, 117. París, 1912.- Un vol. en 8.° de 182 págs. Precio: 3 francos. 

En este estudio, que según se advierte en la introducción, forma parte 
de una obra de conjunto sobre el «Monismo materialista», se hace la ex- 
posición y la crítica de tres síntesis, ó, mejor dicho, de tres tentativas de 
síntesis monistas: el monismo hylozoista, de Le Dantec; el ondulacionis- 
mo, de B. Conta, y el atomismo dinámico, de Cl. Royer. 

La fisonomía de Le Dantec está admirablemente dibujada. Le Dantec, 



BIBLIOGRAFÍA 227 

-émulo de Haeckel y como éste biólogo, ha querido ser filósofo autodidac- 
to, sin aprender el abecé de la filosofía, y hasta alardeando de no haber 
jamás leído un filósofo, procedimiento que podría tolerarse á un genio, y 
Le Dantec dista mucho de serlo. Su obra es un tejido de afirmaciones en 
el aire, de vulgaridades que la ignorancia del autor cree nuevas, sin que 
falten las tonterías y aun las groserías, para imitar en todo al maestro. 
Le Dantec es un espíritu attardé, que hubiera encajado en el medio 
intelectual de hace medio siglo; hoy los ídolos que él adora se han que- 
mado, y nadie puede tomarlos en serio. El ensayo de Conta es una imita- 
ción servil é incolora de Darwin y de Spencer. El autor examina y pulve- 
riza estas tentativas de síntesis monista, en abierta oposición con los datos 
y conclusiones de la ciencia, con los principios de la filosofía, y con los dic- 
tados del buen sentido. Acaso alguien advierta, no sin razón, despropor- 
ción entre el título de la obra demasiado general y su contenido. Y tam- 
poco se explica el lector fácilmente, sin que las razones de «parentesco de 
raza» alegadas por el autor lleguen á convencerle, cómo en un estudio acer- 
ca del materialismo en Francia puede entrar B. Conta. Pero esto en nada 
aminora el valor y las excelencias del fondo del libro. — P. A. 



Almanaque de la Familia Cristiana para el año 1913— Un vol., en 4.°, con 90 
páginas. -Establecimientos Bensiger & Co. S. A., Einsiedelu (Suiza . 

Es el año vigésimocuarto que la acreditada Casa Bensiger publica el 
Almanaque de la familia cristiana, siempre mejorando su presentación, 
amena literatura y primores tipográficos, que hacen de este nuevo ejem- 
plar un almanaque muy digno de figurar en la biblioteca de las familias 
cristianas. 



Breve Comentario sobre el Decreto Quam singulari amore. acerca de la Comu- 
nión de los niños, por el Emmo. Cardenal Gennari. Traducido por V. I. para 
la Liga Sacerdotal Eucarística. Con las debidas licencias.— Luis Gilí, editor. 
Librería Católica Internacional. Claris, 82, Barcelona. 1912. Folleto de 72 
páginas en 8.° alargado.— Precio: 0,50 ptas. El ciento, 40 ptas. 

En dos partes ha dividido el autor este librito: expone en la primera 
los motivos del decreto que comenta, y en la segunda, se aclaran y diluci- 
dan las disposiciones que contiene. Es la primera parte una breve historia 
de la práctica usada en la Iglesia sobre la comunión de los niños, y la se- 
gunda, explica cómo se prepara á los niños para acto tan importante, qué 
instrucción les es para ello necesaria, cuáles son las obligaciones que en 
íste asunto pesan sobre los Ordinarios, Párrocos, padres y maestro?, cómo 



228 BIBLIOGRAFÍA 

se han de llevar á la práctica las primeras comuniones generales solem- 
nes, y por último, el derecho que los niños tienen de que se les administre 
el Viático y la Extremaunción en caso de muerte, cuando han llegado al uso 
de la razón. 

Del acierto con que está hecho el comentario, responde suficientemen- 
te el gran predicamento que tiene en las Congregaciones Romanas el 
Emmo. Gennari, y menos nos extrañará la claridad con que se exponen 
todas las cuestiones indicadas en el decreto Quam singalari, si admitimos, 
como algunos han escrito, que este insigne Purpurado fué uno de los re- 
dactores del decreto.—/. Zarco. 



La Comunión Pascual en el Ejército. —Estudio presentado al XXII Congreso 
Eucarístico Internacional (tema 22, sección segunda), discutido en la segun- 
da sesión y publicado íntegro en las Actas, por D. Atilano del Valle Alva- 
rez, Capellán segundo del Cuerpo Eclesiástico del Ejército en el Vicariato 
General Castrense. Con licencia eclesiástica. — Madrid. Imp. del Asilo de 
Huérfanos del S. C. de Jesús. Juan Bravo, núm. 5. 1912. Un folleto, en 8.° 
alargado, de 48 páginas.— Precio: 0,50 ptas. 

El que quiera conocerlo preceptuado en las Ordenanzas militares es- 
pañolas respecto al deber que tienen los que pertenecen al Ejército de 
cumplir con el mandato de la Comunión Pascual, los medios y derechos 
de que pueden hacer uso los Capellanes para que se cumpla con esta obli- 
gación y la manera de practicarse solemnemente esta ceremonia en los 
cuarteles, lea este folleto.— y. Zarco. 



Les Enfants que Ton pleure.— Consolations pour ceux qui restent, par l'Abbé 
J. Brugerette.— Un volumen de 296 págs. en 8.° P. Lethielleux, Libraire-edi-. 
teur. Rué Cassette, 10. Paris. 

El presente libro es una colección de trozos literarios de todos los gé- 
neros, elegidos de los escritores que más renombre han alcanzado, con sus 
descripciones del dolor cuando la muerte arrebata un niño de los brazos 
de sus padres para llevarle á los brazos de Dios. Los más bellos conceptos 
inspirados por la fe, el genio, la poesía, la elocuencia, para expresar la 
amargura inmensa de un padre ante el cadáver de su hijo, hállanse reuni- 
dos en esta obra, y están dedicados á consolar tantos corazones paterna- 
les, que han perdido el objeto de sus amores. Su ilustre coleccionador ha 
espigado en todos los campos, en los escritos de los Padres antiguos, de 
los moralistas, para reunir las perlas de la piedad y del arte, en precioso, 
ramillete de flores que ofrece á todos los que lloran inconsolables la muer- 



BIBLIOGRAFÍA 229 

te de sus hijos. Como se advierte, la labor en conjunto resulta sencilla; 
pero no lo es tanto que no se vea en ella la mano maestra del que hállase 
familiarizado con los escritores de tan distintas procedencias doctrinales. 
Creemos, por tanto, que la lectura de esta obrita, que señala al desgracia- 
do el cielo y los consuelos eternos, como lenitivo á su quebranto, está lla- 
mada á producir copiosos frutos de bendición. — P. Conde. 

LIBROS RECIBIDOS 

S. Velázquez de Castro.— Estado actual de la cuestión del *radio> en 
terapéutica.— Granada. Gómez de la Cruz. 1912.— Un foll., en 4.°, de 35 
páginas. 

— Portfolio fotográfico de España. Cupón núm. 21.— Cáceres. A. Mar- 
tín, editor. Barcelona.— Precio: 0,50 ptas. 

— Portfolio fotográfico de España. Cupón núm. 22. — Ciudad Real. 
A. Martín, editor. Barcelona.— Precio: 0,50 ptas. 

— P. Santiago Pérez. O. E. S. A. — Luisa (novela). — Madrid. Redacción 
de España y América. Columela, 13.— Un vol., en 8.°, de 600 págs. — Pre- 
cio: 3 ptas. 

— Emile Bruneteau.— Les Tentations du Jeune Homme. Etude theori- 
que et practique. -París. P. Lethielleux. Libraire-editeur. 10, rué Cassette. 
Un vol., en 8.°, de 368 págs. — Precio: 3,50 ptas. 

— Cornely, J. Knabenbaner. Fr. de Hummelauer aliisque Soc. Jesu 
presbiteris. Commentarii en S. Pauli Epístolas ad Ephesios, Philippenses 
£t Colossenses.—PaiTisüs. Lethielleux, editor. 10, Cassete.— Un vol., en 4.°, 
de 365 págs. 

— R. P. M. A. Janvier.— Exposition de la Moral catholique.—L2i Foi II. 
París. P. Lethielleux, libraire-editeur. 10, Cassette. 1912.— Un vol., en 8.°, 
de 379 págs. — Precio: 4 ptas. 

— I. de }.—La niña santa Imelda de Lambertiniy la Archicofradia de 
la primera Comunión.— Barcelona. Luis Gili, editor. Claris, 82. 1912. — 
Un vol., en 12.°, de 142 págs. — Precio: en cartoné, 0,50; en tela inglesa, 
.1 peseta. 

— Federico Dalmáu y Gratacós.— Elementos de Filosofía. Lógica. Car- 
ta laudatoria del Cardenal Mercier.— Barcelona. Luis Gili, librero-editor. 
<jlarís, 82. 1912.— Un vol., en 8.°, de 362 págs— Precio: 6 ptas. 



Capta del Emmo. Si*. CafdenaHIfzobispo de Toledo 

A LOS MAESTROS ESPAÑOLES 



Señor D. Pedro Díaz Muñoz. Valladolid. 

Muy señor mío: En su grata del día 10 del corriente, toca usted' 
un punto que hace tiempo me preocupa seriamente, y en torno del cual 
debemos concentrar toda nuestra atención, la organización social de los 
maestros. 

No hemos concedido hasta ahora á esta benemérita clase toda la im- 
portancia que reclama su misión importantísima, ni hemos quizás aprecia- 
do debidamente la energía poderosa que representa en la nación. 

Y no es que la Iglesia se haya desentendido de los maestros, hacia los 
cuales sintió siempre especial afecto, porque en ellos ha visto unos coeduca- 
dores, cuya misión altísima participa algo de los augustos oficios del padre 
y del sacerdote; pero las circunstancias han sido en España, en estos últimos 
tiempos, poco favorables para el desarrollo de la enseñanza, y la Iglesia, 
privada de recursos, ha tenido que limitarse á compartir con los maestros 
su penuria y sus estrecheces, pues si los maestros reciben del Estado una 
retribución irrisoria, no es más aceptable la que reciben muchísimos sa- 
cerdotes. Dijérase que en España hemos sido tacaños únicamente con las 
dos clases que más trabajan por la paz y por el bienestar. 

Actualmente las cosas han cambiado. Los maestros, lo mismo que los 
obreros, se han dado cuenta de su fuerza, y se proponen hacerla valer por 
medio de la asociación; esa gran palanca contra la cual algún día se estre- 
llarán todos los alardes del poder y de la fuerza. 

Pero aquí es donde se presenta el peligro, y usted tiene razón por de- 
más al alarmarse ante la orientación que en algunas partes comienza á dar- 
se á estas Asociaciones del Magisterio. 

Unir la suerte de los maestros á la suerte de un partido político cual- 
quiera, y más si este partido es el socialismo, es aventurarse por caminos 
peligrosos y retardar la hora del éxito. Una institución que es nacional, sí 
no quiere excitar recelos, si no quiere ser discutida y ver mermados sus 



CARTA DEL EMMO. SR. CARDENAL-ARZOBISPO DE TOLEDO 231 

prestigios, no debe convertirse en institución política, no debe aparecer in- 
feudada á partido político determinado. 

No; los maestros no deben asociarse para hacer triunfar unas ú otras 
ideas políticas, sino para defender sus intereses y dignificar su clase por 
medio del estudio é implantación de aquellas mejoras que se refieren á 
todos los problemas de la enseñanza. 

En una palabra; las Asociaciones de maestros deben ser profesionales, 
y moverse en una esfera superior á la política, para poder utilizar, cuando 
convenga, los buenos oficios de todos los partidos. 

Pero así como excluyo la política, defiendo como necesaria la religión. 
El catolicismo no es un partido; está sobre todos los partidos, y con tal 
que éstos no nieguen ó combatan sus doctrinas, todos caben dentro de 
él. Y como la religión católica es la del Estado, y es también la en que 
quieren los padres que sean educados sus hijos, y, por otra parte, la única 
que, estando en posesión de la verdad, puede proporcionar al hombre una 
verdadera educación, se comprende que en sus principios deben inspirar- 
se las Asociaciones formadas por maestros. 

Afortunadamente, éstos, en su casi totalidad, profesan la religión católi- 
ca, y natural es que no quieran prescindir de estas ideas, que deben pene- 
trar todos los órdenes de la vida, así individual como colectiva y social. Si 
algunos han acudido al llamamiento de los socialistas, creo que habrá sido 
de buena fe, seducidos por la perspectiva de una protección, que algún día 
se convertirá quizás en ominosa tutela. 

Creo, pues, y me parece que usted estará del todo de acuerdo conmi- 
go, que urge que los maestros de toda España formen Asociaciones de 
carácter católico profesional, é independiente de todo partido. Si, después, 
estas Asociaciones se constituyesen en Federación Nacional, ¿no cree 
usted que los maestros dispondrían de una fuerza suficiente por sí sola 
para obtener cumplida satisfacción á todas sus justas y hasta ahora des- 
oídas reclamaciones? 

¿Y quién fundará todas estas Asociaciones? Los maestros mismos. 
Nadie mejor que ellos conocen sus necesidades, y nadie tampoco mejor 
que ellos para caldear los ánimos y crear un ambiente favorable á la orga- 
nización, que, en definitiva, les ha de dar el triunfo. 

Pero repito que si, en vez de unirse en el terreno católico profesional 
(único en el que la casi totalidad de los maestros está de acuerdo), trata de 
llevarse á cabo la unión caminando de la mano con los socialistas, no lo- 
grarán los maestros más que echar sobre sí las justas prevenciones que 
pesan sobre el socialismo español, y despertar recelos en la opinión que 
no puede ver con agrado que estén bajo la tutela de los socialistas aquellos 



232 CARTA DEL EMMO. SR. CARDENAL-ARZOBISPO DE TOLEDO 

que han de formar las inteligencias y los corazones de las generaciones de 
mañana. 

Un poco larga ha resultado esta carta, pero creo que bien lo vale el 
asunto. ¡Ojalá que sean muchos los maestros que, como usted, se den 
cuenta de sus verdaderas necesidades, y con el mismo valor y con la misma 
competencia que usted se dedique á encauzar por el verdadero camino la 
obra magna de la dignificación del Magisterio por medio de la asociación! 

Felicitándole por sus trabajos y alentándole á proseguir, se repite de 

usted afectísimo s. s., q. b. s. m., 

t El Card. Aouirre 

Toledo, Octubre de 1912. 



CRÓNICA GENERAL 



Madrid-Escorial, 1 de Noviembre de 1912. 



EXTRANJERO 

La noticia de la celebración del Consistorio en los primeros días del 
próximo mes de Diciembre ha causado alguna sorpresa entre los católicos 
de Roma y más aún entre la colonia española, teniéndose como cosa cier- 
ta que la Santa Sede ha tomado sus resoluciones respecto de la Nunciatu- 
ra de Madrid. Los periódicos liberales se empeñan en afirmar que la cele- 
bración del Consistorio estaba aplazada por el estado de relaciones entre 
España y el Vaticano; pero es cosa segura que se celebrará el 2 de Diciem- 
bre. Nada se sabe en concreto sobre cual podrá ser el sucesor del eminen- 
tísimo Cardenal monseñor Vico, y todas las previsiones giran alrededor 
de tres hipótesis: que el Sr. Canalejas ceda en sus propósitos y se encuen- 
tre una fórmula de arreglo entre el Estado y la Santa Sede, que Su Santidad 
nombre Nuncio en Madrid, á pesar de que el Gobierno canalejista siga 
manteniendo los proyectos de ley que han motivado esta situación, y, ter- 
cera, que la Santa Sede se limite á nombrar un encargado de Negocios, 
hasta tanto que, despejada la situación actual, pueda nombrarse al prelado 
que desempeñe la Nunciatura de Madrid. 

De estas tres hipótesis, la marcha de los asuntos parece descartar la 
primera, haciendo más verosímiles las otras dos. Noticias posteriores dan 
como probable el nombre de monseñor Regonesi, actual delegado apostó- 
lico de Colombia, para la Nunciatura de Madrid. 

—Ha sido grandiosa é interesante en sumo grado la peregrinación in- 
glesa á cuya cabeza iban el Cardenal Arzobispo de Wesminster, Monseñor 
Bourne, y el duque de Norfolk, presidente de la Unión católica de la Gran 
Bretaña, los cuales hicieron resaltar el florecimiento cada vez más pujante 
de la iglesia británica y la lealtad con que los católicos ingleses han ser- 



234 CRÓNICA GENERAL 

vido siempre á la Santa Sede aun á trueque de sufrir grandes persecu- 
ciones. 

— Inútil es decir que la atención de toda Europa se halla hoy concen- 
trada en los Balkanes, en la tremenda derrota de Turquía, á la cual será 
muy difícil conservar las comarcas europeas y aún tal vez su capital, Cons- 
tantinopla. Al ver la rapidez con que los Estados balkánicos han triunfado 
de su enemiga, la sorpresa más grande se ha apoderado de los ánimos y 
se pregunta todo el mundo quién ha sido el organizador de un plan tan 
admirable, concertado con tanto secreto y llevado á la práctica con preci- 
sión casi inverosímil. Parece ser que los turcos echan la culpa de todo á 
Venicelos, presidente del Gobierno de Grecia. Su astucia es proverbial en 
aquellos países, y de su mano izquierda están convencidos; pero la energía 
y resolución con que proceden las cuatro naciones beligerantes hace su- 
poner que una fuerza poderosa y oculta los empuja y les ha trazado el ca- 
mino que han de seguir de ante mano. Esa fuerza oculta, según las últimas 
impresiones, es Alemania. Y aquí está el problema. ¿Cómo es posible que 
dado el antagonismo hasta ahora conocido entre Rusia, Austria y Alema- 
nia, todas ellas estén de acuerdo para favorecer á los Estados balkánicos? 
¿Cómo es posible que Austria se calle ante un nuevo imperio que se le- 
vanta al Sur y que estorba sus pretensiones de asomarse al Mediterráneo? 
Confesemos ante todo que sabemos muy poco ó nada de los secretos que 
se fraguan en las Cancillerías; pues cuando se creía que esa guerra iba á 
ser el comienzo del temido conflicto europeo, éste no estalla, las potencias 
se conciertan para no embrollar la cuestión y por el momento parece que 
lo restante de Europa se encuentra en una paz octaviana. Pero como siem- 
pre hay razones para todo, los que afirman ahora que Alemania es la pro- 
pulsora de ese movimiento formidable, dicen que el Imperio alemán, de- 
seoso de romper la entente cordiale entre Rusia y Francia, ha ideado el 
tortuoso camino de destrozar á Turquía aunque ella había sido la que ha- 
bía dispuesto siempre de aquel Imperio á su voluntad, con objeto de facili- 
tar á Rusia su acceso al Mediterráneo. 

No es fácil entender ese revoltijo; pero los que así piensan, añaden que 
si Rusia asoma al Mediterráneo, sus relaciones con Francia se apagarán 
muy pronto, porque sus intereses serían encontrados. Sea de ello lo que 
quiera, es lo cierto que los países balkánicos están demostrando una ener- 
gía y una habilidad que para sí quisieran algunas potencias de primer or- 
den. Sobre todo, los búlgaros están llamando la atención de una manera 
extraordinaria. No en balde es conocida Bulgaria desde el punto de vista 
militar, por la pequeña Alemania. La movilización búlgara estaba prepa- 
rada hace tiempo. Tuvo por prólogo las misteriosas maniobras de la cuarta 



CRÓNICA GENERAL 235 

y quinta divisiones, á las que no fué invitado nadie y en las que se reali- 
zaron interesantes experiencias. El núcleo principal del ejército búlgaro 
está formado por un total de 140.000 hombres, mandados por el enérgico 
y hábil Savoff. Mientras los servios derrotaban á los turcos en Kumanovo, 
matando 16.000 turcos y dispersando por completo el ejército enemigo, 
los montenegrinos tomaron á Ispuk, los griegos á Uskub, los búlgaros se 
han apoderado de las plazas Mustafá-Pachá y Kirkilise, plazas fuertes 
que son la llave de los caminos que conducen rápidamente á Constanti- 
nopla. La batalla de Kirnovo y la toma de Kirkilise son hechos de armas 
importantísimos, cuyos detalles son contradictorios, por lo cual hacemos 
gracia de ellos á nuestros lectores. El ejército búlgaro se dirigió inmedia- 
tamente contra Andrinópolis, y ante sus muros se creía que iba á librarse 
la batalla definitiva; pero el ejército búlgaro la dejó perfectamente sitiada, 
y, flanqueándola, se dirigió á Lule-Burgas, donde, por fin, han sufrido los 
turcos una derrota casi definitiva: 20.000 turcos han quedado sobre el cam- 
po de batalla, y el ejército completamente deshecho; ha desaparecido el 
generalísimo turco, del cual no se sabe si se ha suicidado, ó viendo su ca- 
beza en inminente peligro, se ha fugado. Hoy, la caballería búlgara se en- 
cuentra á 50 kilómetros de Constantinopla, y algunos, en un resto de opti- 
mismo, dicen que todavía el triunfo de las naciones coligadas no es defi- 
nitivo, porque las fortificaciones de la capital son enormes; pero acerca de 
esto véase la opinión de Maurice Walkefc, quien ha tenido la fortuna de 
ver confirmadas todas sus predicciones sobre la guerra balkánica: 

«Constantinopla será tomada antes de ocho días. No creáis en la efica- 
cia de sus fosos y de sus fortificaciones exteriores. 

Si esto fuera cierto, Nazin Pacha no hubiera dado la batalla decisiva en 
Lule-Burgas; hubiera esperado en esta ciudad al enemigo, seguro de de- 
rrotarle. 

La guerra puede considerarse virtualmente terminada y extinguido el 
Imperio otomano. Sólo resta la acción diplomática, y me inquieta esto, 
porque los diplomáticos son buenos, pero muy estúpidos.» 

La Libre Parole, tratando en su edición de hoy el propio asunto, hace 
esta afirmación: 

<E1 soldado turco, sólo comparable á la infantería española del si- 
glo XVII, se ha venido abajo.» 

En cuanto á la situación actual de las fuerzas combatientes, he aquí lo 
que dice El Universo: 

«Ocupadas Ferdinandovo (antes Mustafá-Pachá), Kirkilise y Baba-Eski 
6 Eski-daba, el ala derecha del ejército búlgaro, mandada por el general 
Dimitruf, ha avanzado, como ayer dijimos, hasta Lule-Burgas para t domi- 



236 CRÓNICA GENERAL 

nar, como ya lo ha hecho, las comunicaciones entre Andrinópolis y Cons- 
tantinopla. 

Con este objetivo, el Cuerpo de ejército de Dimitruf ha circunscrito 
el terreno de la lucha separando al enemigo de las líneas defensivas de 
Tchaltaja, y su extrema vanguardia tiene la caballería hoy á escasos 50 ki- 
lómetros de Constantinopla. 

El ala izquierda de los búlgaros, mandada por Ivanoff, se extiende en 
línea ofensiva por la región de Bunarhissar-Viza-Saraí, y la caballería 
avanzando al Sudeste, se ha apoderado de Teherkeskuí. 

Mas como el puente de Tchorlon está cortado, Ivanoff ha privado al 
Estado Mayor otomano de la única línea férrea que tenía, y, por tanto, los 
dos Cuerpos de ejército búlgaros operan libres y teniendo sólo un frente 
enemigo despejado. 

Ahora sólo falta que, según el plan del general en jefe búlgaro, Savoff, 
se haga avanzar los dos Cuerpos de ejército, para poner á los otomanos 
en la imprescindible necesidad de aceptar una gran batalla en terreno 
completamente favorable á los búlgaros, que probablemente sería la de- 
cisiva. 

Para el servicio de reservas y aprovisionamientos, los búlgaros tienen 
la línea férrea de Demotica (cuya toma se ha telegrafiado ayer), y Mustafá- 
Pachá libre de lo que pudieran molestarles los fuertes de Andrinópolis, y 
tanto por Kirkilise como por Baba-Eski, los víveres y las municiones se 
llevan sin dificultad hasta la línea misma del fuego. Para estos municiona- 
mientos han servido á maravilla Ja enorme cantidad de víveres de los de- 
pósitos turcos, á los que se han tomado hasta varios trenes repletos de toda 
clase de municiones. 

Los griegos se han apoderado de la isla de Samotracia. Los montene- 
grinos llegan á Ipek, y los servios, en Kumanovo y Uskub, esperan, arma 
al brazo, la señal de su avance. En esta horrible situación, y con todo per- 
dido, á la Puerta no le queda más que un recurso: pedir la paz.» 

En un principio se creyó que los Estados balkánicos admitirían la in- 
tervención de las potencias al terminar la guerra; pero á medida que avan- 
zan los acontecimientos y las victorias repetidas enardecen los ánimos, se 
va haciendo cada vez más inverosímil la intervención eficaz de las poten- 
cias europeas, las cuales, por otra parte, se miran con extraordinario recelo. 
Los países balkánicos dicen, y para ello no les falta razón, que hace treinta 
años que están esperando con ansiedad que las potencias pongan coto á 
los desafueros de Turquía, y que han esperado siempre en balde; ahora, 
pues, que van de triunfo en triunfo, no admiten intervención ni armisticio 
de ningún género; tratarán únicamente con Turquía, y exigirán al pie de 



CRÓNICA GENERAL 237 

la letra el programa que se habían propuesto antes de la guerra, mejor di- 
cho, el reparto de todas las comarcas europeas. El Imperio turco se halla, 
pues, en la agonía. Su ejército, vencido y mal trecho en Lule-Burgas, se 
ha retirado á la línea fortificada de Tchorlu, y parece ser que se está atrin- 
cherando en Istranza. Mientras tanto los servios, que hace algunos días se 
habían puesto en contacto con los montenegrinos, se disponen á reforzar 
el ejército búlgaro, sitiador de Andrinópolis, y los griegos se dirigen vic- 
toriosamente contra Salónica, de la cual distan solamente 60 kilómetros. 
De lo que sucederá en cuanto se termine la guerra, he aquí lo que indica 
un periódico por vía de conjetura: 

«Parece cierto que se han entablado negociaciones entre Austria y Ser- 
via acerca del reparto de territorios turcos que puede resultar de la actual 
guerra y acerca del quebrantamiento, ya admitido por todo el mundo, del 
statu quo territorial en la península de los Balkanes. 

Este reparto, al parecer, no se discute ya siquiera y se juzga inevitable. 
Se reducirá á lo siguiente: Austria dividiría con Servia el sanjalato de No- 
vibazar; se apropiaría una banda de territorio que representa dos terceras 
partes de la extensión superficial del sanjalato á lo largo del Montenegro, 
hasta Mitrovitza; de aquí partiría la línea fronteriza de Servia, y ésta tendría 
una salida al mar Egeo por el puerto de Kavala. Esa línea fronteriza que- 
daría trazada por el Este del ferrocarril que desciende hacia Salónica, y 
que quedaría bajo la dominación austríaca. Salónica sería una ciudad 
neutral. 

Bulgaria obtendría la Rumelia y una parte de Macedonia; pero Cons- 
tantinopla continuaría siendo una ciudad turca. Grecia obtendría la ciu- 
dad de Janina, y su frontera septentrional sería avanzada hasta las cerca- 
nías de Salónica y se la permitiría anexionar la península Calcíbica. 

La frontera montenegrina sería trazada por el Sur de Scutari, población 
que sería anexionada al reino montenegrino. 

Austria, según se cree, hubiera deseado prolongar su futura posesión 
del sanjalato hasta el Adriático, envolviendo completamente el territorio 
del Montenegro; pero á esto se opondrían los aliados balkánicos. 

Está en tratos el reparto de Albania entre Italia y Austria, y de ello se 
ha hablado en Pisa entre San Giuliano y el conde Berchtold. 

No se cree que Rusia se oponga á tales arreglos, en vista de las satis- 
facciones que se conceden á los Estados eslavos de la Península. 

Por su parte los turcos se hallan completamente desconcertados; en la 
capital, á pesar de que el Gobierno ha tratado de ocultar las derrotas con- 
tinuas de los ejércitos turcos, todo el mundo está al cabo de la calle y se 
nota vivísima ansiedad. Las naciones europeas han mandado barcos á 



238 CRÓNICA GENERAL 

Constantinopla con objeto de proteger á sus subditos y los embajadores 
se han reunido para tomar las medidas oportunas. El Gobierno turco des- 
confiando ya de sus fuerzas se dice que pretende obtener la paz, y el pre- 
sidente del Consejo, Kriamil-Pachá, como hábil diplomático, sólo espera 
un remiendo de la vieja diplomacia europea; mas por ahora es muy di- 
fícil que lo consiga. 

II 

ESPAÑA 

Antes de relatar la continua y fatigosa política de la quincena, hemos 
de consignar aquí una grata noticia para los Agustinos de la provincia 
matritense y en general para toda la Orden Agustiniana: la inauguración 
de un nuevo Colegio de niños en Madrid, situado en la calle de Valverde, 
número 17, contiguo á nuestra residencia de la misma calle y con fachada 
y entrada principal por la calle del Barco. Era una aspiración antigua de 
nuestra provincia, y al verlo terminado después de muchos trabajos y su- 
dores, la satisfacción de poder ofrecer al público un nuevo Centro de ins- 
trucción y de cultura dotado de todos los medios de que dispone la peda- 
gogía moderna, nuestra satisfacción es grande. Quiera Dios echarle su 
bendición y que los frutos del orden social y religioso correspondan á los 
sacrificios que se ha impuesto la provincia. El P. Zacarías Martínez, ante- 
rior Provincial que puso en ello todas las energías de su voluntad y que 
merced á ello pudo terminarlo en pocos meses, puede estar orgulloso, si 
esto cabe en las obras buenas, de haber dado cima á una obra que á otros 
muchos les hubiera arredrado. 

—La política sigue su curso casi normal, descontando, claro está, la 
pronta retirada del Sr. Canalejas. El proyecto ferroviario está en vísperas 
de irse al foso, rechazado por todas las minorías, por los ferroviarios y por 
las Compañías. El Sr. Canalejas, tan habilidoso en otras ocasiones, ahora 
ha tenido la fatalidad de descontentar á todo el mundo. Prohibíase en el 
proyecto del Gobierno á los obreros el derecho á la huelga, declarándolos 
como unos casi empleados del Estado, y el jefe del partido conservador se 
ha levantado á decir que la huelga era propiedad de los obreros, y, por 
consiguiente, resultaba tan digna de respeto como el capital de los patro- 
nos, que no se podría admitir una huelga revolucionaria en lo que parti- 
cipara de ese carácter; pero que en tanto fuese un medio de reivindicar los 
derechos del obrero, no se podía coartar. El discurso del Sr. Maura ha sido 
un golpe tremendo descargado contra los presupuestos del Gobierno; des- 
pués los republicanos han rematado el golpe, y á estas horas el proyecto 



CRÓNICA GENERAL 239 

se halla empantanado sin esperanzas de salir á flote. La mayoría se encuen- 
tra casi completamente deshecha y para sacar adelante los presupuestos, 
necesita el Sr. Canalejas recurrir á los votos de los conservadores. 

Así como para unos la resolución de la huelga de los ferroviarios, en el 
aspecto legislativo último y con miras á lo porvenir que en las Cámaras 
intentaba el Sr. Canalejas, ha sido una plancha, para otros ha sido una 
traición á compromisos que ante el pavor de la tremenda ola que se le ve- 
nía contrajo con los obreros. Semejante fallo del respetable público, que 
en esta ocasión ha estado constituido por chicos y grandes, por analfabe- 
tos é intelectuales, por conservadores y radicales, y hasta por la claque, 
que en esta ocasión no ha tenido bien ensayado su papel, hizo correr au- 
gurios muy lúgubres para el jefe del actual Gabinete liberal, y aunque no 
se tenía noticia de que en el amplio salón de la Presidencia hubiera apare- 
cido la fatídica mano que trazó en las paredes de otro histórico salón el 
Mane, Thecel, Phares, abundaron los Danieles que, sin ser llamados, pe- 
saron, contaron, etc., etc., los días presidenciales, si bien no convenían to- 
dos en el Ciro que los había de ocupar. 

Pero el Sr. Canalejas no es un Baltasar cualquiera, y así como algunos 
se curan por el agua, otros por el radio y otros por la más silenciosa ho- 
meopatía, él prefiere la cura por el aire, y á todos los desperfectos políticos 
que en su accidentada jefatura le van sucediendo, les aplica sendas cata- 
plasmas de palabras, declaraciones, discursos, interviús frustradas y demás 
aéreos ejercicios, á los cuales, como todos los jovencitos avispados, une la 
treta de llamar la atención por otro lado, cuando se les pesca en algún re- 
nuncio ó entuerto. Y aquí tenemos al Sr. Canalejas tan campante y locuaz, 
y hay que confesar que es consecuente con su sistema curativo. ¡Pues no 
es nada lo que ha hablado nuestro ilustre orador! En el último Consejo 
han salido á la plaza pública el proyecto de Ley de Asociaciones, pero 
como están al paño los radicales y los católicos para reñir sobre él, con 
pretexto de los presupuestos, que urgen, y de las vacaciones de Navidad, 
se dilata para las tareas postnoélicas del parlamento su discusión, si bien 
para dejar enzarzados á los del margen les ofrece la ampliación del plazo 
de la vigencia de la ley del Candado; las Mancomunidados y Montero Ríos 
son otro renglón para ocupar á la gente: el adoquinado de Madrid, el in- 
quilinato, un paseíto de la Escuadra por el Mediterráneo con escala en 
Marruecos, una combinación militar, otra diplomática y otra de goberna- 
dores, le proporcionan la más excelente combina para que, mientras los 
demás hablan y se pelean, el actual Gabinete, con su ilustre jefe, siga en su 
puesto. Mientras tanto, algunos periódicos hablan de no se qué rectifica- 
ciones de fronteras, no ya por Marruecos, sino por los Pirineos; otros re- 



240 CRÓNICA GENERAL 

vuelven á la Canadiense y á Mr. Pearson con la integridad patria. A ver 
quién se acuerda ya de Canalejas con toda esa algarabía. ¡Que digan, que 
digan!, es lo que dice el eximio maestro; y dice, y dice, para que todos di- 
gan y tengan turno. Eso se llama conocer el paño español. Si el Sr. Cana- 
lejas es ministro en Babilonia, no entra Ciro en ella ni aquella noche ni 
las otras. A cada uno lo suyo. 

P. B. Garnelo. 
o. s. A. 



SALVADOR GINER 




odos los que conocieron á Giner en estos últimos años 
afirman que era famoso, con una fama que llevaba tras sí 
el cariño, el respeto y la veneración de todo el pueblo de 
Valencia. Llegó Giner á esa edad en que los hombres se constituyen 
en una figura casi adorable. La ancianidad, sus trabajos artísticos, su 
hombría de bien, le rodearon de una aureola venerabilísima. Cuan- 
tos vivían en Valencia le habían admirado jóvenes, cuando apenas 
sabían lo que era arte, como al maestro célebre, y esta idea del maes- 
tro, del artista á quien conocieron siempre como artista, reforzada 
por la del hombre bonísimo y siempre maestro, perduró en ellos so- 
bre otra consideración. 

Giner pertenece á los que fueron, á esa época que ya es un ca- 
pítulo pasado en la historia de la música española, y conforme á ella 
debe ser juzgado. Los admiradores de los hombres, al morir éstos, 
pocos días después de su muerte crecen en número y en apasiona- 
mientos, y el maestro Giner, por su bondad— escribía uno que co- 
nocía el estado de opinión de Valencia en este punto — , «tenía tan- 
tos amigos, que es indudable darán muchos disgustos al que estando 
tan reciente su muerte se atreva á atacar la inmensa labor, más ó 
menos artística, que en vida produjo el llorado amigo». Se unen en 
estos casos el cariño y la admiración artística, y quien, aun con el 
mayor respeto, entre á juzgar, como no teja una corona de alaban- 
zas, es un sacrilego, un profanador, un enemigo con entrañas de 
fiera. Se podrá hablar de una persona con imparcialidad, á riesgo de 
de lo que ella misma ó sus admiradores digan en defensa de la mis- 
ma, mientras vive; le habrán podido juzgar con serenidad el día an- 
terior los mismos que velan sus restos, pero desde que se han creído 
obligados á guardar luto, no se le puede tocar en nada, es un ul- 
ultraje. 

La Ciudad de Dios Afto XXXII.— Núm. 948. 16 



242 SALVADOR GINER 

Sin embargo, nada hace mayor honor á un hombre como artista 
y hombre intelectual, que un juicio serio y sereno de sus méritos, 
que un examen imparcial de sus obras; al igual que nada le perjudi- 
ca tanto como una oda de frases comunes, como un elogio inconsi- 
derado y á carga cerrada donde se ponen todas las flores de cos- 
tumbre, sin una hoja que no proceda de las fábricas de coronas 
funerarias. 

Los hombres de valor positivo merecen algo más que eso, y por 
esta razón vamos á dedicar á Salvador Giner algo que sea más que 
un vulgar «artículo sentido>, aunque no llegue á panegírico. 

Nació Salvador Giner en Valencia el 19 de Enero de 1832; de 
familia le venían las singulares aptitudes y afición que mostró de 
niño para la música. Su padre, notable violinista, según dicen, era 
de aquellos que por nada quería que su hijo cayera en las debilida- 
des artísticas en que él había incurrido; es decir, en ser músico. Es 
achaque éste muy común en la historia de los músicos padres y caso 
repetido; trató, pues, con el mayor empeño de torcer la voluntad del 
niño para desviarle del camino del arte; pero no contaba con que 
la herencia natural es más fuerte que el cálculo reflexivo, aunque 
sea de un padre desengañado, y tuvo que ceder. El solfeo y el meca- 
nismo del violín fueron pronto dominados por el muchacho, pasan- 
do á estudiar armonía con Pérez Gascón, organista de la catedral, y 
uno de los pocos buenos que en aquélla época quedaban. 

La necesidad de producirse aguijoneaba á Giner como á todos 
los que sienten dentro de sí los fecundos amores del arte, y casi un 
niño, poco más allá de los diez y ocho años, hacía el primer gran 
hecho público de su vida musical, que fué una misa á grande or- 
questa, estrenada en la iglesia de los Santos Juanes, y que es eviden- 
te que no fué la primera hazaña sonora de su carrera. 

Estaba Salvador Giner en plena luna de miel artística. Acudió á 
los conciertos que entonces celebraba la Sociedad «El Liceo>, y con 
una sinfonía sobre motivos de las Siete palabras, de Mercadente, se 
dio á conocer como sinfonista, pagando su tributo á uno de los 
grandes ídolos que en aquel tiempo se llevaba tras si la admiración 
de los músicos. 

Con la inquietud y movilidad propia de las almas jóvenes, en 
todas las flores del arte iba libando, y ya en uno ya en otro género 



SALVADOR GINER 243 

su vena artística se ejercitaba con todo entusiasmo: unas veces eran 
composiciones religiosas, otras, sinfonías y cuartetos, en todo picaba 
y todo pasaba al público en las iglesias ó en las sesiones de con- 
ciertos. 

En plena juventud, ya se había hecho un gran nombre en Valen- 
cia, y todavía quiso llevar al Teatro su inspiración; una ópera en tres 
actos, L'Indovina, fué su primer empeño, que por entonces fracasó, 
pues si se puso en ensayo la ópera, no llegó á estrenarse. 

Éxito más franco, porque sin duda se adaptaba más al desarrollo 
de sus facultades y á las condiciones de su genio, le ofreció esa otra 
clase de música que en los conciertos y festivales tiene su lugar pro- 
pio. Tres cuartetos para cuerda y una sinfonía, Las cuatro estaciones, 
llevaba ya compuestas por esta época, á las cuales añadió otras más. 
En la feria de Julio, el año 1871, Oiner, al frento de cuatra bandas, 
una orquesta y grandes coros, total 800 ejecutantes, dirigía en la 
plaza de toros de Valencia su cantata La feria de Valencia, que al- 
canzó un aplauso grandísimo. La plegaria Eterno Genitor figura al 
lado de una sinfonía y un «Oratorio» en los conciertos Sacros que 
en el Coliseo de la calle de las Barcas se ejecutaron bajo la direc- 
ción de Francisco d'Alesio. Mientras tanto iba aumentando su catá- 
logo de obias religiosas con misas y otras piezas. 

Como se ve, la música religiosa, dentro de la fácil lírica que en- 
tonces dominaba, las piezas líricas de concierto, las sinfonías en su 
forma lírica también, en la de los poemas expresivos y sentimentales, 
eran los géneros que se repartían le fecunda inventiva de Giner, lo 
que más se acomodaba á su temperamento y donde se revelaba su 
personalidad artística con toda la fuerza y sinceridad de su carácter. 
Asi formado ya musicalmente, se trasladó á Madrid , y bien puede 
decirse que la estancia en la corte nada nuevo le añadió, ni marcó 
fecha en su vida artística, ni abrió horizontes y derroteros nuevos al 
desarrollo de su estro musical. 

Bellísimo carácter, conquistó la amistad de muchos y de los me- 
jores. Por un momento el Teatro le brindó sus triunfos: no le falta- 
ron libretos para componer zarzuelas; pero no debía caer por ese 
lado su estrella cuando no pudo hacer que la fortuna le sonriese en 
aquel género. 

Pero Madrid ponía el sello á su nombre de artista, y los aplausos 



244 SALVADOR G1NER 

que el público de los conciertos del Retiro otorgaba entusiasta al 
coro, á voces solas, Al surcar el lago, con el éxito que en los de la 
Unión Artística consiguieron la Elegía á Rossini y un minuetlo á 
cuerda sola, confirmaron su fama. Después de esto, la Diputación de 
Valencia le encargaba la composición de la misa de Réquiem para 
los funerales que debían celebrarse, costeados por aquella Corpora- 
ción con motivo de la muerte de la Reina Mercedes. En poco tiem- 
po la compuso Giner é hizo una obra grande, que mereció también 
grandísimos elogios. 

La Juventud católica de Madrid le encargó una Marcha Pontifical, 
con orquesta y coros, dedicada á León XIII, que se ejecutó por vez 
primera en San Francisco el Grande. 

Giner volvió á Valencia como había venido: trajo á Madrid un 
carácter ya definido, y á Valencia tuvo que volver para que se des- 
arrollara dentro de la modalidad en que se había manifestado. Al 
contacto del ambiente natal, respirado á través de la propia concep- 
ción musical, el temperamento artístico de Giner tocó á lo sumo de 
su desenvolvimiento. Todavía compuso L 'ultimo addio, melodía para 
cuerda sola, que no era precisamente valenciana, y otra misa de 
Réquiem, con una multitud de obras religiosas en las que tampoco 
lo valenciano entra en gran cuenta, pero su empeño mayor fué el de 
asimilarse y beber y reflejar en sus obras el lirismo regional. El poe- 
ma sinfónico, las cantatas líricas de festivales y, últimamente, la ópe- 
ra, fueron los medios escogidos para demostrar musicalmente este 
regionalismo. 

Una nit d'albaes y Es chopa... hasta la Moma, fueron dos poemas 
sinfónicos donde se revela la orientación decisiva de Giner, y en los 
cuales, si pidió al canto regional motivos, el plan y el estilo derivaba 
en línea recta de ese género descriptivo que tan en boga estuvo hace 
años, y al que dieron nombre algunos compositores franceses, muy 
frecuentados en los programas de conciertos. 

En las piezas líricas, cantatas para festivales, en un principio re- 
produjo su manera primera, como en el Himno á Valencia, cantado 
en los Juegos florales de 1882, y en otro, Al trabajo, compuesto para 
la Exposición Regional del siguiente; más tarde acentúa la nota re- 
gional en cuadros lírico-dramáticos de color local, como Les Barra- 



SALVADOR GINER 245 

ques y Foch en Fera, ó bien en coros descriptivos, tales como Lajes- 
ta del poblé, La Trilla, Matinada de Maig y otros. 

En el drama lírico, El rayo del Sol (1883), la zarzuela Los mendi- 
gos (1896) y la ópera Sagunto, son las obras que más se citan. En 
una época en que la creación de una ópera regional ó nacional, me- 
jor regional que nacional, era el gran problema musical, Giner fué 
saludado como el creador de la valenciana, y de fecha muy reciente 
son las grandes manifestaciones que por este motivo se le tributaron. 

Al lado de la obra grande figuran en el repertorio de Giner una 
multitud de juguetes artísticos que él consagró á las tonadas popu- 
lares de su país, recogiendo las flores más hermosas de la espléndi- 
da huerta de Valencia, que después ofrecía á sus paisanos en piezas 
para piano ó para banda, que la de Valencia popularizó. Quizá no 
sea éste el ramillete menos hermoso de la vida artística del compo 
sitor valenciano. 

Con todos estos méritos y los laureles que conquistó como artis- 
ta, y artista que dedica á su patria todos sus frutos y en ella y para 
ella vive, llegó á la vejez, á una vejez adorable que el cariño de sus 
conciudadanos hizo más hermosa. Todos le habían conocido maes- 
tro, era el artista admirable que habían aplaudido, y era asi como 
una figura sagrada, encarnación del genio musical valenciano, y, 
sobre todo, el hombre bueno y modesto, más digno por eso de res- 
peto y de cariño. 

Entre opinar la gente que era un gran músico, y tener fama de 
bonísimo, complaciente, amable, resultaba que todos echaban mano 
del maestro para sus necesidades musicales ó gustos, perentorios 
casi siempre. Por complacer á las súplicas de humildes religiosas, 
que no por ser humildes dejaban de pedir, y con mucha instancia, 
que las compusiera ya este motete, ya esta otra letra, Giner, en bre- 
ves momentos, trazaba en el papel de música las notas que signifi- 
caban la pieza suplicada. Otras veces, los amigos se presentaban en 
su casa con la pretensión de que les compusiera tal ó cual pieza que 
les era precisa, y no valían excusas ni protestas; les urgía mucho, 
por lo cual le decían que no se marcharían de su casa sin la compo- 
sición; y para dar más fuerza á la cariñosa amenaza, se sentaban, con 
lo cual el bueno de D. Salvador tenía que echar mano á la pluma y, 
saliera como saliese, la pieza salía, y los amigos con la suya; le da- 



246 SALVADOR GINER 

ban por todo pago las gracias, si es que todavía no se olvidaban, á 
fuerza de amistad, de esta cortés demostración, que ocurrió muchas 
veces y hasta otra. Las composiciones obtenidas por tan singular 
sistema, se ejecutaban é incluso se editaban, sin tener de ello cono- 
cimiento el propio autor, ni haberlas, por tanto, podido revisar. 

Con tales condiciones de bondad, nada de extraño es que Giner 
tuviese á toda Valencia por suya: los que formaban en las filas del 
arte, si eran artistas de algún empuje, le habían tenido por maestro; 
si eran soldados de línea, le habían mirado siempre como al capitán 
general, y, ¡era tan bueno! 

En todos los acontecimientos musicales figuró siempre Giner el 
primero. Se fundó el Conservatorio de Valencia en 1880, y allí está 
Giner entre los profesores fundadores. Cuando renunció D. José 
María Ubeda la dirección del Conservatorio, fué nombrado Giner, 
quien, hasta que su edad lo permitió, lo desempeñó efectivamente y 
con carácter honorario siempre. Hay una moción presentada en Jun- 
ta general por el Conservatorio, que dará idea de la altísima opinión 
que de Giner se tenía. 

Dice así: 

«La Junta directiva de esta Corporación tiene la alta honra de 
proponer á la General la concesión del título vitalicio de Director 
técnico honorario de este Conservatorio á favor del ilustre profesor 
del mismo D. Salvador Giner y Vidal. 

Artistas ó aficionados, á todos á cuantos esta proposición se diri- 
ge, valencianos la gran mayoría de ellos, y celosos todos por el ma- 
yor realce de las glorias patrias, la Junta directiva cree ocioso funda- 
mentar su proposición, ya que glorias como la de que se trata no se 
discuten, por tener bien probados sus merecimientos. 

Que D. Salvador Giner es una de ellas, y la mayor en el campo 
actual de la música valenciana, estará de seguro en el ánimo de 
todos. 

La Junta, pues, aplicando por extensión el art. 93 del Reglamen- 
to vigente, hace la proposición antes indicada, y con ello cree tam- 
bién recompensar, aunque débilmente, los inmensos servicios que 
el propuesto ha prestado siempre, en general, á la escuela de música 
valenciana, y en particular, á este Conservatorio. 



SALVADOR GIN'ER 247 

Valencia, 30 de Junio de 1894.— Gonzalo Salva— Ezequiel Zar- 
zoso.— Joaquín Agrasot.—Juan Espiau Bellveser. — Ramón Martí- 
nez. — Enrique Ros. — Antonio Marco.— Narciso Loras. — A. Sánchez 
Ferris.—E\ secretario, Ezequiel Palop.> 

Un amigo de Giner, que publicó en A B C (4 Noviembre 
de 1911) una breve y sentida semblanza, describe así á la persona: 

«Giner era, ante todo, un hombre muy bueno, un corazón sen- 
cillo y noble, siempre abierto á la generosidad y á la indulgencia. 
Esa bondad de su espíritu proyectaba un ambiente sereno en su vida 
y en su obra. Gustaba del aislamiento y casi del olvido; escondía su 
labor lejos de la gente, y era su existencia tan callada y modesta, 
que bien tocaba en la humildad. 

>Con el músico desaparece casi inédito, seguramente ignorado 
de la inmensa mayoría de sus paisanos, un literato notable; Giner era 
un narrador exquisito, cuyo estilo cristalino y elegante se matizaba 
con delicado humorismo. Hubiera podido ser un satírico ideal: fino, 
elevado y noble. Pero le horrorizaba la exhibición, y, salvo casos 
contadísimos, no dio cuartillas á la imprenta. 

'Muere Giner en gloriosa vejez, al cabo de una cristiana existen- 
cia, en que le siguieron y le acompañaron siempre el respeto y la 
admiración de propios y extraños.» 

Nada más podemos añadir acerca de Giner. 

Una grave enfermedad que le tuvo postrado durante algunos 
meses le llevó al sepulcro. Falleció el 3 de Noviembre de 1911, á las 
seis de la mañana. El Conservatorio y otras Sociedades musicales y 
algunas recreativas, pusieron á media asta y con crespones negros 
su bandera. 

El Ayuntamiento valenciano, concediéndole todos los honores 
de hombre público, hijo benemérito de la patria, recibió en nombre 
de ella el cadáver de Giner, dispuso su capilla ardiente, ordenó y 
costeó sus funerales, convocando á los pueblos de la provincia á 
rendir el último homenaje al artista que acababa de fallecer. Es un 
ejemplo insigne y digno de imitarse. 

La banda de Valencia dedicó un concierto á la memoria del 



248 SALVADOR GINER 

maestro, con obras debidas á la inspiración del finado. Los periódi- 
cos, todos, le dedicaron muy sentidos artículos necrológicos. 

Cuando la Historia registre el nombre de Giner en sus páginas, 
le juzgará con la imparcialidad serena y digna que le caracteriza; 
pero no dejará de señalar el caso de un artista que muere rodeado 
del cariño y del respeto de toda una región, y le alabará y lo creerá 

justo y merecido. 

P. Luis Víllalba. 

o.s. a. 
Octubre de 1912. 



INTEGRACIÓN DE LAS IDEAS 

EN EL ORGANISMO PSICOLÓGICO 0) 




l estudio analítico y abstracto de la inteligencia, indepen- 
dientemente de sus relaciones con el organismo psicoló- 
gico, es un artificio de método; si bien necesario para des- 
enmarañar la complejidad real de la vida psicológica, que no es 
analítica, sino esencialmente sintética. Psicológicamente consideradas 
las ideas, son hechos, y como tales hechos reciben su valor y signifi- 
cación del medio en que nacen y viven; es decir, de la vida integral 
de la conciencia, cuyas funciones, como las de todo organismo, son 
de tal modo solidarias, que ninguna subsiste ni puede explicarse sin 
las demás que constituye el organismo entero. La inteligencia, en 
efecto, produce sus ideas, no solamente en función de la realidad 
objetiva, sino también de las otras actividades, sensaciones é imáge- 
nes, tendencias instintivas y voluntarias, emociones y sentimientos, 
de las necesidades é intereses prácticos, del temperamento, del ca- 
rácter. 

Es la vida psicológica una á modo de corriente ó eflorescencia 
de todas las actividades que radican en una realidad común, profun- 
da, inmanente y creadora, que se abre y desenvuelve en ricas y 
variadas formas, determinadas y especificadas en consonancia con la 
realidad transcendente. Y las ideas, si por su lado objetivo y repre- 
sentativo afectan las trazas estables y permanentes de las cosas, son 
en su realidad psicológica actos vitales, devenir, creación, tendencias 
de la actividadad á un fin; debiendo por este lado concebirse no 
como mecanismo estático, sino como dinamismo finalista; y como 



(1) Capítulo de un libro en prensa: Psicología de la Inteligencia, editado 
por S. de Jubera, Madrid. 



250 INTEGRACIÓN DE LAS IDEAS 

un aspecto parcial é integrante de la corriente general de la vida de 
la conciencia, sin solución de continuidad entre las ideas y las otras 
formas psicológicas. Tampoco hay solución de continuidad entre 
esta corriente interior de la vida y la realidad transcendental de las 
cosas; lo transcendente determina y modela el curso de las activida- 
des inmanentes como condición necesaria de la vida de éstas, las 
que á su vez se mueven y tienden hacia aquella realidad como ha- 
cia su fin. El espíritu vive rodeado por todas partes de la realidad 
objetiva y como sumergido en ella; no hay actividad intelectual, no 
hay pensamiento que no esté determinado y modelado por un ob- 
jeto, ni tendencia ó afección sin un objeto de la representación que 
las despierte y hacia el que se dirigen. 

Interpretando el formalismo kantiano de la inteligencia en un 
sentido psicológico aceptable, podría decirse que las ideas y concep- 
ciones de la inteligencia son á modo de formas superiores, unifica- 
doras y reguladoras de todo el complejo organismo psicológico, 
como centros de relación que dan cohesión á las sensaciones, y es- 
pecifican y dan salida al fondo obscuro y amorfo de las tendencias 
afectivas. Las ideas dominan toda esta materia psicológica y la or- 
denan en planes de finalidad, siendo á la vez que un esquema ó 
diseño de nuestra acción posible sobre el plano de la realidad, fuer- 
zas despertadoras y encauzadoras de las distintas actividades, y crea- 
doras de mecanismos yhábitos psico-fisiológicos, quehan de traducir 
al exterior el contenido de las ideas. Las ideas de la inteligencia son 
así en el orden psicológico, como el artista que dispone y da forma 
á la materia de su arte y dirige la técnica de la ejecución. 

Veamos estas relaciones de las ideas con las imágenes y las sen- 
saciones, con las tendencias afectivas y volitivas, en la vida teórica y 
en la práctica. 

Por análisis anteriores quedó probada la naturaleza específica- 
mente distinta de las representaciones intelectuales(ideas, conceptos), 
irreductible á las inferiores de la sensibilidad (imágenes y sensacio- 
nes). Pero distinción no quiere decir separación, ni siquiera solución 
de continuidad psicológica entre las primeras y las segundas. El 
conocimiento humano no se desenvuelve en dos planos paralelos y 
sobrepuestos que se extienden indefinidamente sin jamás encontrar- 
se, como han supuesto todos los idealismos de Platón acá, ó como 



INTEGRACIÓN DE LAS IDEAS 251 

se ve obligado á considerarlas el psicólogo por exigencias prácticas 
de método; en la realidad de la vida psicológica, las diversas funcio- 
nes y formas de la conciencia se funden en una corriente común, 
ó síntesis orgánica total. No hay inteligencia pura, ni experiencia 
pura, como no hay un mundo ideal distinto é independiente de este 
mundo real de la experiencia; el conocimiento experimental y el in- 
telectual no son más que maneras diferentes de ver la misma y única 
realidad en sus aspectos y puntos de vista diversos. Toda intuición 
experimental (en el hombre) está saturada de inteligencia; y todo 
concepto ideal prolonga sus raíces y se proyecta en el fondo de las 
imágenes é intuiciones de la experiencia real. 

Al modo como el alma y el cuerpo, aunque distintos en natura- 
leza, se unen indisolublemente para constituir un solo ser substan- 
cial, el hombre; así el conocimiento intelectual y el sensible se fun- 
den en un solo conocimiento humano. Uno mismo es el fondo subs- 
tancial y una la conciencia de donde emergen y en donde viven los 
conceptos de la inteligencia y la representación de la sensibilidad, 
aunque sean distintas las funciones y los modos de representar las 
cosas. Las sensaciones elementales constituyen la tangente de unión 
con lo real, estas sensaciones se condensan y organizan en el fondo 
de la memoria; y de este fondo imaginario nutre su vida la inteli- 
gencia tomando aquí la materia para la elaboración de sus concep- 
tos. Podrá el psicólogo analizar y descomponer este complicado me- 
canismo, pero debe tener en cuenta que no hay solución de conti- 
nuidad entre las distintas piezas que le componen, y que romper s a 
engranaje interior es destruir la realidad, la cual no es analítica, sino 
sintética. 

Aun á riesgo de repetir cosas ya dichas, conviene hacer aquí pa- 
tente la eficiencia é interacción mutuas de la inteligencia y las fa- 
cultades inferiores del conocimiento, y la solidaridad de sus respec- 
tivas funciones. El axioma escolástico: nihil est in intellectu quod non 
priusfuerit in sensu, encierra un profundo sentido psicológico; el que 
podría completarse añadiendo, que el sentido (las imágenes) acom- 
pañan y siguen al intelecto en todas sus marchas teóricas y prácticas. 
La inteligencia, en efecto, no crea, ni saca del fondo de su ser el 
pensamiento todo hecho, sino que es pura potencialidad vacía de 
ideas hasta que la experiencia no le ofrece la materia de estas ideas; 



252 INTEGRACIÓN DE LAS IDEAS 

conocer, pensar, es asimilarse una materia dada, y no hay función 
asimiladora sin materia asimilable: el resultado de esta asimilación 
es el concepto verbum mentís. Examínense todos los pensamientos 
adquiridos durante el curso de nuestra vida, analícese el significado 
del lenguaje de todos los pueblos que condensa el patrimonio men- 
tal de la humanidad, y no encontraremos concepto alguno cuyo con- 
tenido positivo no haya sido dado en los hechos de experiencia inte- 
rior y exterior, ó no haya sido al menos sugerido por estos hechos. 
La inteligencia, es verdad, traspasa infinitamente la experiencia cons- 
truyendo un mundo ideal que domina y da sus leyes á toda realidad; 
cierto también que puede rastrear por el discurso la existencia de 
realidades superiores inaccesibles á la intuición experimental; pero 
los conceptos con que construimos y pensamos este mundo ideal y 
sabemos de la existencia de estas realidades ultraexperimentales, 
tienen su nacimiento en los datos de la experiencia real. 

La inteligencia, en sus especulaciones discursivas, aun las más 
abstractas y alejadas de la realidad, mantienen siempre este sello de 
origen de sus conceptos, sin jamás romper el lazo que los une á la 
experiencia. El proceso ideal, tanto en la vida práctica como en la 
especulativa, va seguido y como sostenido por otro correspondiente 
imaginario. Podría acaso creerse que la razón especulativa, v. g., del 
metafísico, del matemático, del moralista, maneja y combina concep- 
tos puros, ideales, independientes de toda imagen concreta ó de toda 
intuición experimental. Pero no es así. Los conceptos y principios 
más absolutos no podemos pensarlos si no es proyectados en algún 
hecho real ó imaginado; no concebimos el ser, la substancia, la 
causa, la ley, sino acompañados de un hecho concreto que los reve- 
la; tenemos conceptos de infinito, indefinido, absoluto, etc., que no 
son objeto de intuición; pero el contenido positivo de estos concep- 
tos-límites está tomado de lo infinito, definido y relativo de nuestras 
intuiciones. Tampoco el matemático puede pensar relaciones puras 
de cuantidad desprendidas de toda imagen ó intuición concreta; un 
número abstracto, una fórmula matemática, va siempre acompañada 
de imágenes indecisas, de objetos numerados y expresados en las 
fórmulas, ó de símbolos que sustituyen las intuiciones de estos obje- 
tos. Y del mismo modo los conceptos morales parten de los hechos 
y á ellos van ligados en su desenvolvimiento: hechos interiores y 



INTEGRACIÓN DE LAS IDEAS 253 

exteriores, sentimientos, quereres libres, nuestras acciones y las aje- 
nas, fórmulas morales, símbolos, etc. 

En suma: todo el pensamiento discursivo y abstracto tiene su 
origen en la imagen concreta, se mueve sostenido y vivificado por 
ella, y en la imagen ha de encargarse para su realización. Téngase 
además en cuenta que el término de la inteligencia no es el concep- 
to ó idea, sino el ser real en ellos representado; en realidad, no con- 
cebimos ni pensamos las ideas abstractas; lo que concebimos y pen- 
samos es el ser objetivo realizado ó realizable contenido en las ideas; 
al través de las formas lógicas y sirviéndose de ellas como de ins- 
trumento, ve la inteligencia la idea inmanente de la realidad concre- 
ta. Y como esta idea inmanente, el ser inteligible lo ha descubierto 
envuelto en el fenómeno sensible é inseparable de él, de aquí que 
éste acompañe en todas sus marchas á la inteligencia. «El intelecto, 
dice Aristóteles, percibe sus ideas en la imagen. > 

Pero esta relación de los conceptos á las imágenes no es ló- 
gica y adecuada, sino funcional. El concepto aparece como un cen- 
tro de economía mental abierto indefinidamente y con aptitud para 
expresar multitud de imágenes. De aquí la necesidad de imágenes 
ó símbolos que respondan exactamente al sentido del concepto, 
tal es la palabra. La palabra es un instrumento necesario para la 
formación y el desenvolvimiento de las ideas. Contra lo que ordi- 
nariamente se cree ser el lenguaje un medio nada más de comu- 
nicación del pensamiento, tiene otra finalidad psicológica más fun- 
damental, que es la de servir de sostén al pensamiento por medio 
de imágenes que adopten sus mismas formas, determinen adecua- 
damente su valor y fijen el sentido exacto, y puedan sugerirle y se- 
guir todas sus marchas, ya que las imágenes reales no sirven para 
esto. «La palabra es de algún modo una compensación de la impo- 
sibilidad en que se halla el espíritu de tener una intuición especial 
de las propiedades comunes en sí mismas» (1). No se piensa sin pa- 
labras, sin un lenguaje á lo menos interior, aunque lo que se piensa 
no son las palabras; éstas son un medio de dar estabilidad, sugerir 
y facilitar el movimiento del pensamiento abstracto y discursivo, que 
aislado de toda intuición quedaría suspenso en el vacío; la palabra 



(1) H. Hoffring: Esguisse d' une psyc. fondee sur l'éxp., p. 229. 



254 INTEGRACIÓN DE LAS IDEAS 

es, según expresión de la escuela, «signo supositivo de las cosas»; es 
decir, símbolo que las sustituye en la conciencia en su realidad 
concreta. 

Es el lenguaje un sistema de signos, articulaciones, movimientos, 
figuras, sensaciones de todo género, creados por la inteligencia y á 
los que ésta ha ido asociando sus conceptos. La necesidad, el hábito, 
la imitación, van estableciendo un paralelismo entre los signos men- 
tales y las ideas en tal forma, que todo pensamiento provoca las imá- 
genes verbales correspondientes, especie de lenguaje interior, que es 
un comienzo del lenguaje exterior. Hay, pues, en todo pensamiento 
un doble fenómeno, la imagen verbal que simboliza al pensamiento, 
y el verbum mentís, ó el mismo pensamiento, y una especie de desdo- 
blamiento de la atención: imaginamos una cosa y pensamos otra. 
Percibimos en la lectura de un libro los signos gráficos que hieren 
la vista, y el pensamiento deja estos signos para pensar las ideas su- 
geridas; que la intuición de los signos llegue á absorber toda la aten- 
ción de la conciencia, y las ideas se desvanecen. 

Fácilmente podemos observar cómo el pensamiento va siempre 
acompañado de una especie de monólogo interior, de un principio 
de articulación fonética ó de vaga representación gráfica de las pa- 
labras. Compónese el pensamiento de conceptos y relaciones lógicas 
y abstractas que no se dan en la intuición real, no habiendo, por 
consiguiente aquí equivalentes del pensamiento; de aquí la necesi- 
dad de un sistema de símbolos sensibles que sostengan y fijen los 
conceptos y relaciones y puedan seguir, si no en una perfecta adap- 
tación, á lo menos las curvas y matices generales del pensamiento, 
sustituyendo en algún modo á las imágenes é intuiciones, que dado 
su carácter concreto y sintético, además de ser inadecuadas para 
representarle, no podrían ser arrastradas con la velocidad del pensa- 
miento ni seguirle á las regiones discursivas y fuera de toda intui- 
ción. La riqueza, amplitud y organización de las ideas, depende en 
mucha parte de la perfección de este instrumento. La dificultad del 
desarrollo intelectual en los sordo-mudos, no obedece principalmen- 
te á la imposibilidad de comunicación social, sino á la falta de ins- 
trumento adecuado con que formar y desenvolver sus propias ideas; 
la inteligencia permanece cerrada hasta que no ha logrado por me- 
dio de signos, gestos y actitudes un instrumento de expresión de sus 



INTEGRACIÓN DE LAS IDEAS 255 

ideas. La facultad de pensar y la de hablar por lo menos un lenguaje 
interior son correlativas. «Un ser mudo por naturaleza, es un ser 
condenado á no pensar por la naturaleza, y por consiguiente, privado 
por la naturaleza de la facultad misma de pensar> (1). 

De lo anteriormente expuesto se infiere, que si las formas di- 
versas del conocimiento son analíticamente distintas é irreducti- 
bles, en la realidad se funden en una sola función sintética del cono- 
cimiento humano; la inteligencia nutre la vida de sus ideas en las 
imágenes é intuiciones de la experiencia, y por un movimiento in- 
verso éstas le sirven de instrumentos adecuado para encarnar sus 
ideales, dándoles forma concreta y proyectarlos en la vida real. Pero 
así como no hay inteligencia pura, asi tampoco hay conocimiento 
puro; en este ciclo ascendente de las intuiciones á los conceptos 
ideales, y de éstos á la realidad, interviene otro factor esencialmente 
subjetivo y personal que baña todo el curso de las representaciones, 
y del cual éstas reciben su eficacia motriz y su fecundidad práctica: 
tales son las tendencias volitivas y afectivas. 

La influencia de las tendencias afectivas y volitivas en la forma- 
ción y el curso de las ideas, y viceversa, es un hecho de experiencia 
tan vulgar que excusa toda demostración. Las ideas irradian su ac- 
ción en el fondo donde nacen los sentimientos, las emociones y 
tendencias, provocándolos, moderándolos ó exaltándolos; los que á 
su vez, y por un fenómeno de reversibilidad é interacción mutuas, 
ejercen sobre las asociaciones ideales una acción selectiva ó elimina- 
toria, determinando la orientación del movimiento intelectual. Po- 
dría discutirse si las ideas todas, sin exceptuar las más teóricas y abs- 
tractas, se hallan matizadas de tonalidad afectiva; pero la inversa es 
indiscutible, toda tendencia, sentimiento ó emoción tienen como 
núcleo central una representación ó un grupo de representaciones: 
nihil volitum quin praecognitum. 

Es cosa corriente entre los modernos psicólogos considerar los 
fenómenos afectivos como constituyendo un grupo aparte y al lado 
de los representativos y volitivos, siguiendo la clasificación de las 
facultades hecha por Descartes en «inteligencia, sentimiento y vo- 
luntad >. Creemos que esta división no se justifica ni por la razón ni 



(1) De Bonniot: La béte comparée a l'homme, p. 20. 



256 INTEGRACIÓN DE LAS IDEAS 

por la experiencia. En realidad no hay más que dos modos de acti- 
vidad, uno, que nos pone en relación con los objetos que nos rodean, 
£S un movimiento de fuera á dentro: tal es el conocimiento; y otro, 
que nos inclina á posesionarnos de los objetos, es un movimiento 
inverso del interior al exterior, una reacción de nuestras actividades 
en armonía con la acción provocada por los objetos, tales son las 
tendencias. 

Tampoco juzgamos ajustadas á la realidad, ni la teoría intelectua- 
lista (Herbart) que hace consistir las emociones en simples relaciones 
de ideas ó imágenes, ni la teoría fisiológica que atribuye un origen 
exclusivamente orgánico á los estados afectivos. La afectividad psi- 
cológica es un modo común del ejercicio de las actividades, supe- 
riores é inferiores, representativas y volitivas, y especialmente de 
estas últimas; y resulta del funcionamiento normal de cada una de 
ellas en armonía con los fines á que están destinadas. Aristóteles 
expresa admirablemente esta relación de los sentimientos á las acti- 
vidades. «El placer y bienestar parece radicar, dice, en la acción. 
El placer no es el acto mismo, ni una cualidad intrínseca del acto, 
sino un acrecentamiento que nunca le falta, una perfección última 
que se le añade, como á la juventud y á la flor su gracia. Cada ac- 
ción tiene su placer propio, y los efectos de este son aumentar la in- 
tensidad de la acción á la que está ligado». 

Hay, en efecto, placer y bienestar del cuerpo consecutivos de la 
abundancia de vida, de la actividad y normalidad de las funciones 
orgánicas; hay placeres de los sentidos inherentes á su función per- 
ceptiva de los objetos; nos entregamos con placer al curso de las 
imágenes y de los recuerdos evocados por la memoria; hay alegrías 
superiores del espíritu, en la inteligencia, en los esfuerzos de una 
voluntad firme y recta; hay placeres intelectuales, morales, estéticos. 
Nuestra naturaleza es un conjunto de fuerzas é inclinaciones latentes 
y adormidas, que, excitadas por los objetos, se ponen en movimien- 
to. El cuerpo tiende á apropiarse y asimilarse las substancias que 
han de mantener su vida fisiológica; los ojos buscan la luz, el oído 
los sonidos, los apetitos la satisfacción de una necesidad sentida; la 
inteligencia es ávida de verdad, la voluntad de bien, de orden y de 
rectitud. Hay, en fin, una inclinación profunda y necesaria de todo 
nuestro ser á vivir y á desenvolver esta vida intensa y armónica- 



INTEGRACIÓN DE LAS IDEAS 257 

mente, no siendo las actividades sino irradiaciones y afirmaciones 
parciales de esta energía fundamental. El placer, la alegría y el bien- 
estar son la expresión psicológica de esas inclinaciones satisfechas. 

Pero no todo ejercicio de las actividades es agradable y pla- 
centero, también les acompaña el disgusto, la pena y el dolor. ¿Cuán- 
do y por qué las actividades unas veces nos causan alegría y placer, 
y otras dolor y malestar? El grado de placer depende primero de 
la intensidad de la energía desplegada en la acción sin traspasar el 
límite que produce fatiga por el desgaste orgánico; toda dismi- 
nución de energía disminuye el placer y engendra dolor: en se- 
gundo lugar, de su amplitud ó número de actividades que concu- 
rren á la acción y de la armonía y subordinación según el orden 
natural que debe existir entre ellos; el choque de actividades, el des- 
orden interior se traduce en sufrimiento y malestar. Y finalmente, 
las actividades no se ponen en movimiento por sí mismas, ni tam- 
poco recaen en el vacío, tienen un fin y un objeto en armonía con 
Ja naturaleza del ser; cuando el objeto responde á la naturaleza del 
ser, esta armónica adaptación se traduce en placer, y cuando no, en 
malestar. Siente la inteligencia placer en la clara visión de la verdad, 
y sufre en las dudas é incoherencias mentales; se complace la vo- 
luntad en el bien practicado, y sufre los remordimientos de la 
acción falta de rectitud. 

Los sentimientos y las emociones son, pues, principios estimu- 
lantes de la acción; afectan, por tanto, de un modo especial á las acti- 
vidades expansivas, á las tendencias voluntarias y del movimiento. 
Comienzan en el punto de inserción de las representaciones con las 
tendencias, ó sea en el momento que aquéllas tienden á realizarse, 
acompañando y sosteniendo las energías voluntarias mientras dura 
su actuación. Pueden considerarse las distintas formas que afecta la 
emoción pasional como etapas ó fases sucesivas del estado de la ac- 
tividad voluntaria, ó como posiciones distintas de ésta en frente de 
su objeto. La imagen de un objeto presente ó imaginado unida en 
el recuerdo al placer de la satisfacción de una necesidad, excita la 
necesidad y la inclinación al objeto que ha de satisfacerlo; á la incli- 
nación sigue el deseo ó conato de realización, y una vez conse- 
guidos viene el gozar en su posesión. Si la idea del objeto va asocia- 
da á un dolor, prodúcese un movimiento para apartar el mal presente 

17 



258 INTEGRACIÓN DE LAS IDEAS 

ó que amenaza, el odio, la aversión, y, por último, el dolor inherente- 
al mal recibido. El esfuerzo y la lucha de los apetitos para obtener ó 
defender la posesión del placer, da origen á los sentimientos de es- 
peranza y desesperación, de audacia y miedo, de cólera. Tal es la 
enumeración de las pasiones fundamentales según la clasificación de 
Aristóteles, que si no es perfecta, es dudoso que ninguna otra la aven- 
taje. Cada una de ellas es susceptible de grados diversos; todas ellas 
se combinan entre sí de tal manera que dan origen á la gama com- 
plicadísima de sentimientos y pasiones del corazón humano, de ma- 
tices tan delicados, inexpresables en el lenguaje de la inteligencia. 
En realidad, todas las pasiones se reducen á una, al amor; como to- 
das las actividades radican en una sola tendencia de la naturaleza á 
ser, á vivir, á la perfección. «Suprimid el amor, dice Bossuet, y ha- 
bréis suprimido todas las pasiones; poned el amor, y las habréis 
hecho nacer todas> (1). 

Veamos ahora las relaciones entre las actividades representativas 
y los estados afectivos, y la parte que á éstos corresponde en la for- 
mación de las ideas y en el curso del pensamiento. Hay una corre- 
lación exacta entre unos y otras; á las sensaciones cenestésicas é im- 
presiones de los sentidos corresponden estados afectivos elementa- 
les de placer ó dolor, agrado ó desagrado, según el buen ó mal fun- 
cionamiento fisiológico de los órganos y la adaptación de los senti- 
dos á sus objetos. A causa del origen orgánico de estas emociones r 
nuestra voluntad no ejerce acción alguna directa sobre ellas, como 
tampoco sobre las sensaciones representativas. No está en nuestra 
mano suprimir ni moderar siquiera un dolor físico, á no ser indirec- 
tamente, desviando la atención á otros objetos ó provocando otra 
emoción fuerte; tampoco depende de nosotros que determinadas 
combinaciones de líneas, colores y sonidos, agraden á la vista ó al 
oído y otras nos causen desagrado y nos molesten, porque dependen 
de la constitución anatómica y funcional de los órganos, que no está 
en nuestra mano cambiar. Podemos, sí, educar los sentidos y cam- 
biar los gustos introduciendo hábitos nuevos hasta un cierto límite 
nada más; pero una vez formados estos hábitos funcionales, las emo- 
ciones son también independientes de la voluntad. 



(1) Bossuet: Connaissance de Dieu et de soi-méme, c. I, n. 6.— Cfr. Mercier: 
Psychologie, p. 274 y sig. 



INTEGRACIÓN DE LAS IDEAS 259 

A las imágenes centrales responden emociones más profundas, 
más amplias y generales, aunque de intensidad menor, que irradian 
á veces en sacudidas violentas de todo el organismo. Toda imagen 
ó agrupación de imágenes guarda en la memoria su tonalidad afec- 
tiva, conservándose asociadas al placer ó dolor de una necesidad sa- 
tisfecha ó contrariada; y no hay que olvidar que la agrupación de 
imágenes va envuelta en una emoción dominante y su persistencia 
y reviviscencia del enlace con las necesidades satisfechas. La percep- 
ción ó el recuerdo de un objeto, unido en la memoria al placer ó al 
dolor en otro tiempo experimentados, despierta la tendencia á repe- 
tir el goce ó á evitar el dolor. Y de tal manera se enlazan la activi- 
dad representativa y la emocional, que solamente actuando sobre el 
curso de las representaciones es como podemos moderar ó supri- 
mir las emociones consiguientes. 

Cuando una idea excluye de la conciencia toda otra, produce sus 
efectos emocionales automáticamente. Una impresión de terror ines- 
perada, y sin que dé lugar á la reflexión, se apodera de toda la acti- 
vidad emocional y representativa con sacudida violenta en todo el 
sistema nervioso, alterando el ritmo de la circulación y de la respi- 
ración y provocando movimientos desordenados de los músculos. 

Finalmente, hay goces y placeres superiores del espíritu, hay sen- 
timientos intelectuales, morales, religiosos, estéticos, que responden 
á las necesidades superiores de nuestra alma, necesidades de verdad, 
de bien, de belleza. Estos sentimientos, que nacen en la esfera racio- 
nal y libre del espíritu, carecen de la intensidad y violencia de las 
tendencias pasionales, son más suaves y delicados, pero también 
de mayor profundidad y amplitud, de matices más ricos y va- 
riados. 

Podríamos, pues, clasificar las tendencias y estados afectivos en 
dos grupos fundamentales correlativos de los conocimientos sensible 
é intelectual: tendencias sensibles (apetito sensible) y voluntarias (ra- 
cional); emociones y sentimientos. Las primeras responden á nece- 
sidades sensibles, corporales, son de naturaleza psiquico-orgánica; 
los segundos, á necesidades y tendencias racionales y libres. No 
quiere esto decir que pueda trazarse una línea divisoria entre los sen- 
timientos superiores y las emociones orgánicas; así como no hay 
idea pura que no vaya acompañada y sostenida por imágenes, asi 



260 INTEGRACIÓN DE LAS IDEAS 

todo sentimiento, aun el más elevado, irradia su acción en el fondo 
donde nacen las pasiones. Una acción moral llevada al heroísmo ex- 
cita nuestro entusiasmo y conmueve todo nuestro ser; un dolor mo- 
ral puede trastornar en tal manera las funciones orgánicas hasta cau- 
sar la muerte. 

Infiérese de aquí la parte que á las tendencias afectivas y voliti- 
vas corresponde en la adquisición, desenvolvimiento y organización 
de las ideas. El patrimonio intelectual allegado por cada individuo 
no es la expresión desinteresada é integral de la realidad, sino más 
bien unilateral y vista al través de los coeficientes subjetivos y per- 
sonales. El carácter, la educación, los hábitos contraídos, las necesi- 
dades, tendencias y gustos individuales, todo nuestro ser concurre á 
encauzar los conocimientos en una dirección que más interna al es- 
tado personal en cada momento. En nuestras experiencias y relacio- 
nes con el mundo exterior retenemos aquella parte de las percep- 
ciones que despierta algún interior solamente, lo que es asimilable 
al estado psicológico del momento, es decir, aquello que logre des- 
pertar y atraer la afectividad; todo lo demás se pierde en la indife- 
rencia y en el olvido. La atención, que no es más que la actividad 
intelectual, se despierta en el grado en que los objetos responden á 
una necesidad ó tendencia efectiva. La inteligencia es una potencia 
de adaptación vital, de las impresiones á nuestras necesidades, las 
cuales ejercen el papel de elementos disolventes y selectivos de la 
realidad asimilable. De las múltiples impresiones recibidas de los 
objetos, solamente se incorporan al organismo de la conciencia 
aquellas que despiertan alguna tendencia, y, en general, puede de- 
cirse que percibimos real y efectivamente tan sólo aquello que de 
algún modo nos interesa. 

La retención de las imágenes en la memoria, su enlace y agru- 
pación dependen también muy principalmente de las relaciones con 
las necesidades y los intereses prácticos. Las imágenes se conservan 
en la memoria acompañadas de su tonalidad afectiva, y se asocian 
bajo una pasión ó sentimiento dominante que absorbe y funde los 
sentimientos elementales, como el tono principal domina y da uni- 
dad á las armónicas. La actividad imaginaria es extremadamente 
movible, la parte afectiva es, en cambio, más lenta; de aquí su papel 
de moderador fijando del curso de las imágenes. El relieve de éstas 



INTEGRACIÓN DE LAS IDEAS 261 

en la conciencia, la persistencia, y, por tanto, la prontitud y la facili- 
dad de su reviviscencia, dependen de la intensidad del coeficiente 
pasional; predominan aquellas que van acompañadas de un senti- 
miento intenso; las que no están ligadas á algún sentimiento se des- 
vanecen y pierden en la inconciencia. Las ideas fijas que con tena- 
cidad nos obsesionan y acaparan el campo de la conciencia, rebeldes 
á veces á todo esfuerzo de la voluntad, provienen de los sentimientos 
á que van unidas. Los desequilibrios mentales, las manías y locuras, 
tienen su origen principal en desequilibrios pasionales. 

Las imágenes se agrupan en la memoria por relaciones objetivas 
de coexistencia y sucesión, semejanza y desemejanza; pero hay otro 
principio de asociación subjetivo más importante, que las ordena en 
relación con nuestras necesidades. La memoria es una representa- 
ción objetiva del pasado, pero los recuerdos están orientados al pre- 
sente y á lo porvenir; deben considerarse como medios de interpre- 
tación ó instrumentos de adaptación de las experiencias futuras á 
nuestras tendencias y necesidades. Todas aquellas imágenes que no 
despiertan interés, por no tener connexiones con nuestros estados 
afectivos, sensibles ó ideales, permanecen disgregados en la con- 
ciencia y sin relieve, y ó no se despiertan ó es para desaparecer sin 
dejar rastro alguno. En suma, los estados afectivos son en el mundo 
de la memoria centros de asimilación, de organización, de movi- 
miento y utilización de las imágenes. 

La inteligencia está igualmente sometida, en su ejercicio á la 
influencia bienhechora ó perturbadora de los sentimientos y de las 
pasiones. Bienhechora, porque son éstos estímulo necesario del tra- 
bajo mental; perturbadora, porque la hacen vivir en un ambiente 
interesado, obligándola á soportar el peso de tendencias y estímulos 
pasionales, que se interponen entre ella y la realidad para juzgarla, 
no como es, sino alterada al través de la pasión. El amor es ciego, y 
lo es por su exclusivismo, en el sentido de impedir la amplitud de 
visión, concentrando el foco intelectual en la parte solamente que 
interesa á la pasión. 

P. Marcelino Arnáiz, 

o. s. A. 

(Continuará.) 



UN MODELO DE APOSTOLADO CATÓLICO - SOCIAL 




D. José María Roquero y Vera, Coadjutor de Chamberí (1) 



l as sabias instrucciones dictadas por los Pontífices León XIII 
y Pío X acerca de la necesidad de la acción social cató- 
lica, van penetrando calladamente, pero con seguridad, 
entre el clero, ganando á su causa los corazones de celosos sacerdo- 
tes. Así se va dilatando el campo de acción social y multiplicándose 
las obras de regeneración, merced al penoso trabajo de muchas al- 
mas generosas, que convencidas de que la sociedad presente es sa- 
nable, por la eficacia divina del catolicismo, aplican su ingenio y 
recursos á difundir el bien entre los necesitados, por los medios más 
recomendables por la ciencia y la práctica del apostolado social. 

La empresa reviste dificultades y martirios del corazón. Amar 
siempre á sus semejantes, sacrificarse por su bienestar y salvación, y 
recoger en cambio indiferencia, frío glacial, á veces hostilidad ma- 
nifiesta, de cuando en cuando alguna ingratitud bien señalada, que 
punza en lo vivo y produce profunda herida en el alma. Pero aun 
falta el obstáculo más insuperable. 

El escaso fruto, por no decir contrario, de tanto trabajo. Cuando 
el sacerdote considera el estado tristísimo del obrero y advierte sólo 
las dificultades de regenerarle, su incultura é ingratitud, se des- 
alienta, pierde el ánimo, se cruza de brazos y afirma que el pueblo 



(1) Dr. D. Federico Santamaría.— El apóstol social D.José María Roquero y 
Vera, sacerdote de la Unión Apostólica, Coadjutor que fué de la parroquia de 
Chamberí, de Madrid. — Su espíritu y sus obras.— Se vende al precio de dos pe- 
setas en las principales librerías y en casa del autor, plaza de las Peñuelas, 20, 
Madrid. En 8.°, de 286 páginas. Madrid, R. Velasco, impresor. 19Í2. 



UN* MODELO DE APOSTOLADO CATÓLICO-SOCIAL 263 

■es irreligioso é incurable. Ese desaliento es impropio de almas cris- 
tianas, ha dicho el Conde de Mun. 

Si el pueblo no frecuenta la iglesia, si vive alejado del sacerdote, 
en un ambiente hostil á la religión, envenenándose con lecturas in- 
morales, espectáculos sin decoro..., no culpemos sólo á su ingratitud, 
porque el pueblo es generoso y sencillo, ni nos contentemos con po- 
ner de relieve los defectos de los agentes de la anarquía y del des- 
.orden, sino veamos hasta qué punto somos culpables todos, de esa 
apostasia popular; hagamos examen de conciencia sobre el empleo 
de nuestras energías y talentos, sobre los medios que utilizamos en 
nuestro apostolado, y si de ese examen resulta que el rutinarismo 
ahoga el fruto de nuestros esfuerzos, que no hemos empleado los 
medios más eficaces dictados por el saber de los maestros de la so- 
ciología práctica, entonces no tenemos derecho á lamentarnos. La 
actividad vertiginosa que despliegan nuestros enemigos para con- 
quistar al pueblo nos debiera servir de ejemplo (1). 

Pero no necesitamos acudir á esos extremos. En España hay al- 
mas enamoradas de la salvación de sus prójimos, que sobreponién- 
dose á toda clase de obstáculos, emprenden con resolución los de- 
rroteros señalados por León XIII y Pío X en sus inmortales Encícli- 
cas, y se dirigen al pueblo, y conquistan sus simpatías y cariños 
consiguiendo abundantes é inesperados frutos de bendición. Una de 
esas almas, queridas de Dios, eminente por su virtud, entregada por 
completo á la salvación de los hombres, fué, sin duda, la de D. José 
María Roquero (2), cuya historia íntima nos ha contado el Sr. D. Fe- 
derico Santamaría, en un libro que está llamado á producir frutos 
benditos de regeneración social. 



(1) «Sufría (D. José María Roquero) al ver la resistencia de muchas almas 
á la gracia, al comparar la diligencia de los propagandistas del mal, con la 
apatía de los que debieran propagar el bien. Me acuerdo que en dos ocasiones 
diferentes me hizo notar al pasar por las tiendas donde con luz intermitente 
y con bombillas giratorias se llamaba la atención del público; me hizo notar el 
afán con que los industriales hacían su propaganda y lo lejos que estábamos 
nosotros de imitarles. Sufría si pensaba en el poco espíritu^de tantos sacerdo- 
tes; sufría por las derrotas del bien y los avances del mal.» El Apóstol Social..., 
página 102. 

(2) Don José María Roquero y Vera nació en Madrid, el día 31 de Agosto 
4e 1879; fué bautizado en la parroquia de San Ildefonso; estudió la carrera 



264 - UN MODELO DE APOSTOLADO CATÓLICO-SOCIAL 

Para despertar las energías de los perezosos, alentar á los débi- 
les, mantener el entusiasmo en cuantos dedican sus fuerzas á la gran 
obra de regeneración social, es eficacísimo el libro publicado por 
el Sr. Santamaría. Por lo mismo, es preciso difundirle entre el clero, 
regalarle, si es posible, para que nuestros dignos sacerdotes se en- 
ciendan en deseos de imitar al santo (1) y llorado D. José María Ro- 
quero, humilde Coadjutor de la parroquia de Chamberí, de Madrid, 
y á copiar en sí mismos las virtudes que practicó, y á fundar obras 
fecundas en beneficios para el pueblo, semejantes á las que él dejó 
establecidas. No se trata de un libro de sólida erudición, conceptuo- 
so, científico, sino más bien de un ensayo de psicología religiosa, 



eclesiástica en el seminario de la corte y dos cursos en Toledo; cantó su pri- 
mera misa á los veintidós años, el 6 de Junio de 1901, festividad del Corpus, 
y á los pocos días fué nombrado Coadjutor de la parroquia de Leganés; al 
poco tiempo Capellán del Colegio de Religiosas del Sagrado Corazón de Jesús, 
de Chamartín, y, por último, pasado un año, en Octubre de 1904, Coadjutor 
de la parroquia de Santa Teresa y Santa Isabel, de Madrid, cargo que desem- 
peñó hasta su santa muerte, ocurrida el 16 de Abril del presente año. 

(1) Claro es que el titulo de santo dado al Sr. Roquero no tiene más signi- 
ficación que la de una frase laudatoria de su virtud y responde al sentimiento 
popular. El Sr. Santamaría dedica el capítulo XIX de su obra á consignar la 
opinión pública sobre la santidad de D. José María Roquero, y la comprueba 
con el testimonio del señor Obispo de Madrid, quien al dar el pésame á su fa- 
milia, dijo: al tener noticia de su muerte, sintió un impulso interior á enco- 
mendarse á él, más que á ofrecer oraciones por su alma; con el del limo, señor 
D. Enrique Reig, que afirmaba lo siguiente: *me atrevería á esperar que será el 
primer santo de nuestra Asociación»; se refería á la Unión Apostólica. Y más que 
todo, con el sentimiento unánimemente expresado por publicistas, sacerdotes, 
gentes del pueblo, cuantos le trataron, en fin, ó conocieron la historia de su 
fecunda y bienhechora actividad en obras de celo, todos expresaron su con- 
vicción de que D. José era un santo. Así una mujer del pueblo decía: «He reza- 
do un Padrenuestro, no por él, que no lo necesita, sino para que él desde el cielo 
pida por mí.» «¡Qué señor!— decía otra— . ¡Si se cuidaba más de los niños que 
sus mismos padres!...» 

Los jóvenes de su Congregación quisieron fuera enterrado en la iglesia, y 
después de procurarlo por todos los medios, no lo consiguieron. Sin embargo, 
las Hijas de María, de Chamberí, hicieron una colecta para honrar á su amado 
Director; celebraron un solemne funeral, y por indicación de D. Pedro del Va- 
lle, proyectaron colocar una lápida en la capilla de Nuestra Señora de Lourdes, 
fundada por D. José, que dice así: /. H. S. Las Congregaciones de Hijas de Ma- 
ría y de San Luis Gonzaga para perpetuar la memoria de su querido fundador y 
Director D. José María Roquero y Vera, muerto en la paz del Señor, el día 16 de 
Abril de 1912. 



UN MODELO DE APOSTOLADO CATÓUCO-SOCIAL 265 

para poner de relieve las excelsas virtudes que practicó nuestro 
apóstol social, su actividad incansable, la pureza de su intención en 
todas sus empresas, su humildad profunda, y el celo ardiente de la 
salvación de las almas, que se manifestó en su obra cristiano-social. 
Y todo eso, contado con sencillez, con entusiasmo por el triunfo del 
bien, exhornando la relación con frases, anécdotas y hechos del bio- 
grafiado, que arrojan torrentes de luz y nos reflejan la hermosura 
de su alma sacerdotal. Pocos se hallan en condiciones tan ventajosas 
á las del Sr. Santamaría, para hablar con conocimiento de causa, de 
Roquero y de su obra, ya que le trató con intimidad, y pudo adver- 
tir cuan virtuosa fué su vida y cuántos los beneficios que proporcio- 
nó á los feligreses de Chamberí, con su fecundo apostolado social (1). 

En dos partes divide el Sr. Santamaría su obra. En la primera 
describe, muy por menudo, las virtudes de su biografiado, su cari- 
dad, confianza en Dios, su piedad, prudencia, etc.; y en la segunda, 
refiere la historia de sus obras sociales; aunque, en realidad, están 
mezclados los asuntos, bien podemos hacer esta división, que con- 
densó el autor en el subtítulo del libro: Su espíritu y obras. 

Pocos conocieron en vida la importancia y extensión de la obra 
realizada por D. José iMaría Roquero, y cuando el maestro de soció- 
logos, D. Severino Aznar, publicó una serie de crónicas con el titulo: 
Un filón para la acción social femenina, revelando la labor intensa 
del santo Coadjutor de Chamberí, algunos preguntaron al docto es- 
critor: «¿Pero existe ese sacerdote ó es sólo el ideal que usted ve en 
sus sueños? > Existía ese sacerdote; pero su nombre era desconocido, 
porque D. José suspiraba por ocultarle bajo la virtud de su humil- 
dad. Al ocurrir su fallecimiento el 16 de Abril de 1912, la Prensa 
católica descorrió el velo de su humildad, y apareció el nombre del 
apóstol social, y nos refirió la historia de su entierro, en que las lá- 
grimas de gratitud se mezclaban con la aclamación de los fieles, 
quienes en manifestación imponente acompañaron al cadáver del 
humilde sacerdote al cementerio del Este, y se disputaron un recuer- 
do suyo para conservarlo como reliquia de un santo. Algo singular 



(1) El ilustrado sacerdote Dr. D. Federico Santamaría, autor de ésta y de 
muchas otras obras, trató con intimidad á D. José María Roquero, y pudo sor- 
prender, en el seno de la amistad, frases, juicios y proyectos que nos da á co- 
nocer hoy en la presente obra. 



266 UN MODELO DE APOSTOLADO CATÓLICO-SOCIAL 

descubrió el pueblo en aquel Coadjutor de Chamberí, cuando así 
manifiesta su sentimiento por su muerte, y ese algo consiste en que 
D. José sembró á manos llenas el bien, que siempre produce el cien- 
to por uno en este mundo y después la vida eterna; ese ciento por 
uno es la gratitud, según interpretan algunos Santos Padres. 

La vida externa de D. José puede resumirse en pocas frases, 
porque se deslizó sencilla y humilde á los ojos de los hombres, si 
bien riquísima de méritos y virtudes ante Dios. Ningún hecho de 
los que pregona la fama se registra en su vida; ninguna recompen- 
sa elevada; ni desempeñó cargos de distinción, ni apareció su nom- 
bre en la Prensa, rodeado de frases encomiásticas. En esto, D. José, 
era intransigente á raja tabla. Aborrecía esos anuncios pomposos, 
muchas veces injustos, que fomentan la vanidad. «Era enemigo de 
toda exhibición, y más particularmente de la periodística, que creía ha- 
cía bastante daño al clero, especialmente al joven.* P. 20. Prefería la 
labor silenciosa, humilde, á toda presentación aparatosa, aunque 
fuese eclesiástica, y así solía decir: «A mí que no me encarguen ser- 
mones solemnes, de compromiso, pero á predicar contra los vicios 
y de las verdades eternas, estoy siempre dispuesto.» P. 26. Nótese 
de paso que no pasaban de tres los sermones que cobró en once 
años de sacerdote, con haber predicado innumerables. El prohibió 
á D. Severino Aznar que publicase su nombre, cuando en crónicas 
admirables, como de tan distinguido escritor, manifestó el carácter 
original de su labor social: él impidió cariñosamente al Padre agus- 
tino Gerardo Gil que lanzara al público su nombre, en un arranque 
de entusiasmo por su obra profundamente civilizadora (1); y, final- 



(1) «El P. Gerardo Gil, religioso de El Escorial, le pidió su venia para dar 
Á conocer en los periódicos de la corte su acción social de la Congregación de 
Hijas de María en sus manifestaciones múltiples; y él, en vez de autorizarle, 
le disuadió con razones que detuvieron su autorizada pluma. 

El insigne publicista y periodista Severino Aznar, maestro de sociólogos, 
ardía en deseos de dar á conocer á D . José Roquero como modelo de sacerdo- 
tes sociales; pero una dulce y terminante prohibición de D. José le coartaba de 
tal modo los vuelos de su brillante pluma, que, aunque varias veces en sus 
crónicas de Prensa asociada habló de él con admiración, veló de tal manera 
su nombre y demás dotes personales, que, según me decía el mismo Aznar el 
día de su entierro, muchos sacerdotes le escribían: «Ese sacerdote de quien 
»usted habla en sus artículos, por fuerza es un sacerdote ideal, que no existe 



UH MODELO DE APOSTOLADO CATÓLICO-SOCIAL 267 

mente, redactó durante un año la Semana Parroquial, de Chamberí, 
y aun cuando las obras cristiano-sociales de aquella parroquia, fun- 
dadas y dirigidas por él eran las principales, no escribió una sola 
frase que diese á conocer su persona. P. 66. Quiso, en suma, man- 
tener ocultas todas sus obras, protegidas por su humildad, como la 
concha oculta en su seno la perla valiosísima. 

Si algún amigo intentaba persuadirle de que manifestase públi- 
camente su nombre y labor social, para difundir el bien y mover á 
otros á imitarle, se encerraba en su impenetrable reserva, y afirmaba 
con resolución: « cuanto más oculte mis obras, mejor será para su pto- 
paganda.* P. 68 (1). Y los hechos han venido á comprobar el jui- 
cio dictado por su humildad admirable, pregonando ya la fama sus 
heroicas virtudes y su meritísima labor social, que en lo sucesivo ha 
de servir de modelo á muchos entusiastas imitadores. 

Su actividad fué incansable, y casi inverosímil. Se levantaba á las 
cuatro y media ó cinco y media, según las épocas del año; dedicaba 
media hora á la oración mental, estaba en el confesonario dos ó tres 
horas todos los días, hubiera ó no penitentes; muchas tardes dedi- 
caba cuatro ó cinco á confesar chiquillos, y eran frecuentes los días 



»en la realidad; porque, de lo contrario, nos lo daría usted á conocer por su 
• nombre.» P. 67. 

(1) El que estas líneas escribe, dice el Sr. Santamaría, muchas veces 
disputó con él que cambiase de conducta para que, enterados en toda España 
de sus obras, los que deseasen implantarlas pudiesen consultarle; yo le decía 
que por la difusión del bien debía levantar á sus amigos aquel veto dulce é 
inexplicablemente imperioso que lo impedía. Y él muchas veces me dijo es- 
tas razones que sólo ahora he llegado á comprender: "Eres demasiado raciona- 
lista, es decir, raciocinador; parece que tus razones convencen; pero ya sabes 
que son admirables y secretísimos los caminos que sigue la Providencia divi- 
na para la realización de sus obras. Mi criterio, ya lo sabes de siempre, que 
no es ése; yo entiendo que cuanto más se ocultan las obras buenas, más se di- 
funden y propagan.» —Yo le insistía: «Ya ves que dice el Evangelio: Utvideant 
opera vestra bona: que los hombres vean vuestras buenas obras. Hay que poner 
los medios que dicta la razón. Debes pasar por el sacrificio de que te alaben.» — 
Y él me decía: «Querido Federico, en esto no mi convencerás nunca. Yo hago 
cuanto puedo, y lo hago á la vista de todos; pero eso de consentir bombos no 
lo sé yo componer con el espíritu del Evangelio.»— «¡Pero, hombre, sino es 
por ti - de nuevo le molestaba ; si no digo bombos, sino lo justo!...» — Que 
no, que no, me repetía con convencimiento supremo: «cuanto más oculte mis 
obras, mejor será para su propaganda» . P. 67-68. 



268 UN MODELO DE APOSTOLADO CATÓLICO-SOCIAL 

en que confesaba por espacio de ocho horas. Semanalmente visitaba 
los colegios de la parroquia, que pasaban de treinta; muchos días- 
predicaba cuatro ó cinco pláticas; visitaba los enfermos; llevaba á 
muchos la Comunión para que frecuentaran la Eucaristía; asistió 
siempre á las Juntas de la Unión Apostólica; disponía sus asuntos y 
viajes de suerte que pudiera celebrar todos los días el santo sacrifi- 
cio de la misa, y solía decir que: <si no trabajando había de vivir 
diez años, y trabajando sólo uno, prefiero trabajar uno y morir, á 
vivir trabajando poco. > P. 54. Todo esto, además de desempeñar 
con exactitud el cargo de Coadjutor, y de dirigir todas sus múltiples 
obras sociales. Cuando se trataba de la gloria de Dios y de la salva- 
ción de las almas no admitía excusas; porque decía él: «Se puede lo 
que se quiere,> y esa frase que suele repetirse: «no puedo, tengo 
tantas cosas, es, muchas veces, una excusa.» P. 24. 

Hoy se conoce con más exactitud la extensión é intensidad de su 
trabajo, porque basta para dar no poco que hacer á cuatro directo- 
res. Y omitimos indicar otras muchas ocupaciones, en gracia de la 
brevedad. Así se explica su prematura y llorada muerte. Indicare- 
mos algunas de las obras que fundó este celoso sacerdote. 

El Sr. Roquero no fué un sociólogo formado en los libros; qui- 
zá ni leyó las obras fundamentales de esta ciencia; pero como la ac- 
ción social católica no es un invento novísimo en su esencia, sino el 
apostolado cristiano en actividad, el celo en ejercicio, que utiliza los 
medios más adaptables á las necesidades del pueblo, y D. José tenía 
vivísimo celo por la salvación de las almas; pronto halló ocasión y 
medios de acercarse á los necesitados y atraerlos á Dios. Luego per- 
feccionó su apostolado, buscando la cooperación de los demás, y 
alentando á todos con su ejemplo y prudentes consejos. Lo demás 
fué obra del tiempo y de la perseverancia en el trabajo. Fruto de ese 
celo de la salvación de las almas fué su obra católico-social, que re- 
señaremos brevemente. 

Siendo seminarista, se le confió la dirección espiritual de los ni- 
ños de coro, á los cuales instruyó con gran fervor en la piedad, ha- 
ciéndose querer de ellos como un amado padre, y en aquel empleo 
humilde ya manifestó sus privilegiadas dotes para el apostolado. En 
Leganés fundó una catequesis, empezando por los niños para ganar 
el corazón de los padres, y logró dar misiones á los soldados de la 



UN MODELO DE APOSTOLADO CATÓLICO-SOCIAL 269 

guarnición, «que es uno de los pocos casos de misiones milita- 
res». P. 51. «En Chamberí empezó lo mismo: gran catcquesis, visi- 
tas á los colegios... En seguida, para obtener la perseverancia de las 
niñas que hacían su primera comunión y dejaban los colegios, fun- 
dó la Congregación de Hijas de María como la cosa más natural. 

La Congregación crecía en número, y D. José escogió de su seno 
catequistas para los domingos. En el seno de aquella Congregación 
había todavía energías para más; y D. José, viendo que sería muy 
conveniente para las jóvenes sirvientas y obreras una escuela domi- 
nical, halló de nuevo en la Congregación de Hijas de María ener- 
gías bastantes para implantarla. 

Don José observó que las Hijas de María leían, y con frecuencia, 
periódicos y noveluchos que les hacían mucho mal. Y entonces no 
se conformó con predicarles contra las malas lecturas, sino les ofre- 
ció lecturas amenas y útiles por medio de la biblioteca (1). 

Pero aquella biblioteca no estaba quieta como las corrientes; allí, 
los libros no esperaban á las muchachas; D. José comprendió que 
era menester que los libros buscasen á las lectoras. Y así lo hizo: en 
la Congregación había elementos para todo. Pronto vio D.José que 
las Hijas de María eran más de mil, y que cada mes penetraban en 
mil hogares otros tantos libros sanos. El corazón de D. José sintió 
entonces saltos de júbilo al ver cómo aquel librito iría llevando la fe 
y la virtud á los individuos de tantos hogares que no pisaban la 
iglesia, á excepción de la chiquilla ó mocita que era Hija de María. 
jAquellos obreros que no leían sino veneno, cogerían también aquel 
libro en sus manos!... ¡Cuánto bien iba á hacer aquella biblioteca 
voladora! 

Pero era el caso que en la escuela dominical, al llegar las chicas 
á los dieciséis ó diecisiete años desaparecían como por encanto para 
frecuentar compañías y lugares que ponían en peligro su porvenir 
temporal y eterno. Ya no bastaban para retenerlas ni la rifa mensual, 
ni los premios, ni las funciones de teatro; y entonces, conociendo lo 
interesado que es el corazón humano, implantó la Caja Dotal, de la 



(1) La biblioteca cuenta más de 200 volúmenes, distribuidos en las siguien- 
tes secciones: Meditaciones, Obras de lectura espiritual y Obras recreativas. 
Además tiene un gran surtido de opúsculos del Apostolado de la Prensa. Pági- 
na 120. 



270 UN MODELO DE APOSTOLADO CATÓLICO-SOCIAL 

cual podrían retirar, cuando quisieran, sus ahorros; pero la parte de 
bonificación que de los donativos le hubiere correspondido en los 
diversos años, eso lo perdería la que se retirase antes de tomar esta- 
do, ó de cumplir veinticinco años. La Caja Dotal (1) sería la suave 
cadena que las tendría unidas á aquel Centro de dignificación. 

Entretanto, D. José, por medio de los retiros y de las comunio- 
nes, iba fomentando el religioso entusiasmo colectivo de aquella 
Congregación de que salían con frecuencia religiosas observantes y 
esposas modelos. Cada año iba llevando insensiblemente á las más 
fervorosas á una vida espiritual más intensa, á la meditación diaria, 
al examen particular, á la comunión frecuente y diaria. La Congre- 
gación era cada día más fuerte y más práctica. Don José tuvo en cuen- 
ta el caritativo corazón de la joven, y las Hijas de María empezaron 
á preparar cada año muchas prendas que se repartían á los pobres á 
la entrada del invierno. Tenemos á la Congregación convertida en 
Ropero del pobre. Don José vio que entre las Hijas de María las ha- 
bía indigentes y acomodadas, y convirtió su Congregación en Con- 
ferencias de San Vicente. Era una pena que las muchachas se gas- 
tasen sus ahorros en fruslerías, y como á la Caja Dotal sólo conve- 
nía que pertenecieran las alumnas de la Escuela Dominical, para 
que la bonificación á cada una pudiera ser mayor, D. José tenía pre- 
parado el Reglamento para la Caja de Ahorros para las Hijas de 



(1) La primera Caja Dotal de España se debe á la iniciativa del P. Gerar- 
do Gil, quien la fundó el 20 de Junio de 19C9 entre las jóvenes de las escuelas 
dominicales de El Escorial. A raíz de su fundación publicó dicho Padre un 
sencillo é interesante folleto sobre la naturaleza, organización y funciona- 
miento de esta nueva y bienhechora institución; y este folleto, recibido con 
grandes aplausos por toda la Prensa católica, es el que ha servido de propa- 
gandista de la Caja Dotal en nuestra patria. Entre las muchas poblaciones 
que han establecido esta obra social femenina, se hallan las siguientes: Bar- 
celona, en donde hay fundadas 4; Vitoria, 2; Madrid, 2; Pontevedra, 2; y una 
en Zaragoza, Burgos, Huelva, Sevilla, Cuenca, Granada, Valencia, Pamplona, 
Santander, Albacete, Ferrol, Tarazona, Mahón, Santurce, Portugalete, Aran- 
da de Duero, Mataró, Olot, Manresa, Gracia, Villanueva y Geltrú, Cabeza del 
Buey, Valverde del Camino, etc. 

En la Caja Dotal de El Escorial hay suscriptas 232 jóvenes que han he- 
cho 3.100 imposiciones por valor de unas 6.000 pesetas. Las primas adjudica- 
das en los tres repartos efectuados ascienden á 930 pesetas. Estas cifras solas 
proclaman altamente la transcendencia social de la obra de que venimos ha- 
blando. 



UN MODELO DE APOSTOLADO CATÓLICO SOCIAL 271 

María que no pertenecieran á la Escuela... L?. muerte impidió su 
ejecución. «Entre las Hijas de Maria había inteligencias despiertas, 
sin medios para hacer una carrera. Don José llenó aquella necesidad 
con la Normal de Maestras, también hija de aquella fecundísima 
Congregación» Págs. 132-5. La cita ha sido larga, pero en verdad 
substanciosa. 

Era preciso exponer la acción social femenina del Sr. Roquero 
en toda su amplitud, para que se notara el enlace lógico de su des- 
arrollo, y cómo obedece á un plan armónico, seriamente meditado, 
sublime por su encantadora sencillez, y que revela una visión clara 
y exacta de la realidad del problema moderno, y una adaptación 
perfecta á las necesidades actuales de la sociedad. Constituye tam- 
bién un verdadero progreso en sociología práctica, un ensayo feliz 
de transformación de una Congregación religiosa en un instituto 
orgánico, con vitalidad propia para extender su radio de acción al 
pueblo y remediar sus necesidades, de carácter religioso y económi- 
co. Si todas las Congregaciones Marianas de España (1) evoluciona- 
ran en el sentido de la fundada por el Sr. Roquero, multiplicarían 
sus contingentes y vendrían á convertirse en Centros poderosos de 
acción católica, con gran ventaja para los pobres. 

Los Párrocos dispondrían de elementos admirables, no sólo para 
dirigirse al pueblo, sino para llegar á él, para ponerse en contacto 
con las masas obreras, quienes desprecian al sacerdote, más por ig- 
norancia que por malicia, y establecida la relación de caridad, sería 
fácil conquistar al proletariado. Todo sería cuestión de celo y de 
tiempo. Añádase que el mismo Sr. Roquero hubiera perfeccionado 
su obra, de haberle concedido el Señor más años de vida, dando 
mayor amplitud al programa é intensificando la influencia social de 



(1) Algo se va haciendo en este sentido, si bien no conocemos Congrega- 
ción alguna de Hijas de María que haya armonizado con tanta perfección la 
acción religiosa con la económica y de preservación de las jóvenes. Hay Con- 
gregaciones que tienen establecido el Ropero de los pobres, otras alguna ins- 
titución mutualista; las hay que tienen algún local destinado á lecturas, bi- 
bliotecas y recreos; pero un todo tan completo como el fundado por el señor 
Roquero, repetimos que no le conocemos. Véase la Memoria: Cómo viene des- 
arrollándose la acción católica social en las Parroquias de Barcelona, por el 
Rvdo. D. José J. Gatell, Presidente del Muy Ilustre Colegio de Párrocos.- En 
la Asamblea Diocesana de Acción Católica de Barcelona. Gustavo Gili, 1912. 



272 UN MODELO DE APOSTOLADO CATÓLICO-SOCIAL 

la Congregación, con instituciones complementarias. Algunas las 
dejó bosquejadas (1) y pueden servir de orientación segura á cuan- 
tos pretendan imitarle. 

Lo dicho hasta aquí no es más que la mitad de la obra social del 
Sr. Roquero; falta aún dar á conocer su actividad apostólica respec- 
to á los niños y á los mayores, para lo cual nos tomamos la libertad 
de consignar su pensamiento; copiando un fragmento de una carta 
dirigida por el piadoso Coadjutor de Chamberí á un Párroco muy 
celoso de la provincia de Santander. Dice así el Sr. D. José María 
Roquero: 

«Lo primero que hice (y sigo haciendo) es dar mucha importan- 
cia á la preparación de los niños para la primera comunión. Ade- 
más de la visita semanal á los colegios de uno y otro sexo, y de 
.ocuparme en la Catequesis con ellos los domingos y fiestas, durante 
un mes largo asisten diariamente á la Iglesia Parroquial, en donde 
se logra al mismo tiempo que completar su instrucción religiosa, 
que se encariñen y se aficionen más y más al Sacerdote. Terminado 
.este período, animo á los niños á que se hagan congregantes de San 
Luis Gonzaga, y á las niñas á que se inscriban en la Congregación 
de Hijas de María. Estas dos Congregaciones son las bases de mis 
operaciones... 

Para los congregantes de San Luis, á fin de que perseveren, pro- 
curo proporcionarles ventajas, como son: 1.°, derecho á la asistencia 
gratuita á una escuela nocturna Parroquial, en donde hay muchas cla- 
ses, como son: enseñanza primaria, elemental, superior, que com- 
prende dibujo lineal, de adorno y figura, francés, gramática, conta- 
bilidad, etc., y en donde cada uno, según su capacidad, encuentra lo 
que le conviene; 2.°, clases de música gratuita, en donde, á la par 
que aprenden el solfeo, también se imponen en algunas misas, cán- 
ticos religiosos para solemnizar las fiestas y veladas; 3.°, una biblio- 
teca en donde encuentran libros amenos é instructivos; 4°, un salón 
de lecturas que funciona los domingos y fiestas; 5.°, diversas veladas 



(1) Véase Plan de campaña para el curso de 1911 á 1912, original del señor 
D. José Roquero, colección de notas interesantes acerca de las reformas que 
pretendía introducir en la Catequesis, en la Escuela Nocturna, en la Congre- 
gación de Hijas de María, la Escuela Dominical, la Caja Dotal, Congregación 
de San Luis, etc. Págs. 269-279. 



UN MODELO DE APOSTOLADO CATÓLICO-SOOAL 273 

literarias y teatrales en las que ellos toman parte; 6.°, jiras al campo; 
7.°, una caja de ahorros en donde hacen sus imposiciones y encuen- 
tran beneficios materiales, y 8.°, un periodiquito (1) en el que escri- 
ben ellos mismos, y por lo que es leído con mucho gusto... 

Todo esto contribuye á sostener el entusiasmo, con lo cual está 
conseguido el fin principal que es su perseverancia en la Congrega- 
ción, en donde con frecuencia de Sacramentos, instrucción religiosa, 
buenas compañías y lecturas sanas, lograrán su salvación». Pági- 
nas 143-144. Después indica brevemente la obra social de la Con- 
gregación de Hijas de María, porque considera al Párroco á quien 
se dirige, enterado de su organismo interno por los artículos de don 
Severino Aznar, y termina la carta con unas consideraciones útilísi- 
mas, que no podémosmenos de transcribir: <Ahora bien, escribe el 
celoso coadjutor de Chamberí. ¿Todo esto es muy difícil? yo se lo 
diré: cuesta trabajo, eso sí, pero difícil no es; no supone otra cosa 
que una voluntad firme y que con prudencia se siga el camino poco 
á poco. Todo no creo convenga hacerlo de una vez. Esta labor me 
representa á mí ocho años, que ya cuento en esta Parroquia; pero 
poniéndose á trabajar, procurando buscarse cooperadores buenos y 
buenos auxiliares, buscando, como es natural, la mayor ayuda, que 
es la gracia divina, se hace esto y mucho más. Yo reglamentos tengo 
pocos. Creo que lo más conveniente es ir haciendo éstos según las 
circunstancias de lugar, tiempo, medios con que se cuentan, perso- 
nas, etc. He aquí lo que puedo comunicar á usted.» P. 145. Omiti- 
mos toda consideración en gracia de la brevedad, y también porque 
el lector puede adquirir cabal noticia de la importancia social de la 
Congregación de San Luis, fundada por el Sr. Roquero, con poco 
que medite en las instituciones que integran esta fundación religiosa 
y eminentemente bienhechora. 

Para la vida de esas Congregaciones, que recuerdan los Gremios 
de la Edad Media, fundados bajo la advocación de algún Santo, y 
que al decir del Sr. Aznar evitaban el pauperismo porque prevenían 
la pobreza, se necesitan cuantiosos recursos, sin contar lis donacio- 



(1) El Amigo de la Juventud. Boletín mensual, órgano déla Congregación 
de San Luis Gonzaga, establecida en la Parroquia de Santa Teresa y Santa 
Isabel.— Cuatro páginas á dos columnas, en 8.° mayor, 

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274 UN MODELO DE APOSTOLADO CATÓLICO-SOCIAL 

nes particulares del Sr. Roquero, quien decía que en este sentido 
había sembrado mucho; ni los gastos ocasionados por algunas ca- 
rreras por él costeadas (1), ni otras muchas limosnas que repartía 
con generosidad espléndida. Prescindiendo de todas las donaciones 
particulares, necesitábanse cuatro ó cinco mil pesetas anuales para el 
sostenimiento de todas las instituciones de la Congregación de Hijas 
de María y de la de San Luis. ¿Qué medios puso en práctica el señor 
Roquero para sufragar los gastos de sus obras sociales? El primero 
de todos, era una confianza ilimitada en la divina Providencia, con- 
fiando en sus amorosos designios más que en la eficacia del dinero, 
del cual solía decir: "En nuestras obras el dinero es el factor 

MENOS IMPORTANTE. En MIS CONGREGACIONES NO SE PAGA CUOTA V 
SE HACEN FUNCIONES SOLEMNÍSIMAS Y SIEMPRE ME HA SOBRADO DINE- 
RO». Pág. 32. Solo decía que estaba, solo de los hombres, pero acom- 
pañado de Dios, y con su ayuda pagó todas sus atenciones, y se 
proponía emprender obras más costosas (2). El segundo medio nos 
lo describe el Sr. Santamaría al referirnos una confidencia que le' 
hizo el piadoso Coadjutor. «Mira, le dijo, los gastos de casa se cu- 
bren con el trabajo de mi hermano y yo invierto todo lo que gano 
en mis obras, y Dios lo bendice, ó porque muchos me hacen sus 
servicios sin cobrarlos, ó porque á veces recibo algún donativo- 
cuando más lo necesito y menos lo espero; así me va Dios sacando 
de mis empresas, siempre apurado y siempre saliendo de mis apu- 
ros>. «Lo que sí sé es que no tenía subvenciones ó suscripciones 
fijas de consideración», añade el Sr. Santamaría. Pág. 38. 

Tal es, á grandes rasgos, la vida y la obra católico-social del pia- 



(1) Al morir el Sr. Roquero se descubrió que á alguna joven la pagaba la 
carrera de maestra, á un seminarista las matrículas. Por todas partes venían 
noticias de socorros otorgados por el caritativo sacerdote. Todo esto hace 
imposible comprender cómo podia sufragar tan cuantiosas limosnas un pobre 
Coadjutor. 

\2) Entre los proyectos que acariciaba y se proponía fundar, el más impor- 
tante consiste en establecer una Normal de Maestros. Acerca de este asunto se 
encontró en los bolsillos de D.José una nota que, entre otras cosas, decía lo 
siguiente: «Proyecto de los Maestros.— Bueno para la Iglesia.— Bueno parala 
juventud.- Bueno para la Diócesis. — Perspectiva alegre.— Vida de los Patro- 
natos, sección de proyecciones. Oratorios festivos. - Escuelas de Madrid.— Me- 
dios. -Asignación mensual.— Donativos.— Sacrificio personal». Pág. 128. 



UN MODELO DE APOSTOLADO CATÓLICO-SOCIAL 275 

doso D. José María Roquero y Vera (R. I. P.), Coadjutor de la Pa- 
rroquia de Santa Teresa y Santa Isabel de Madrid. Una y otra pue- 
den servir de modelo al sacerdote, en especial á los que tienen cura 
de almas, y para difundir su apostolado y mover á los buenos á salir 
de su aislamiento en busca de las almas alejadas de Jesucristo, he- 
mos trazado estas pocas lineas. El ilustre Arcipreste de Huelva escri- 
bió un libro titulado: Lo que puede un Cura hoy, y el Sr. Requero ha 
vivido toda su saludable doctrina, ha realizado su pensamiento, 
demostrando que el porvenir de la sociedad está en manos de los 
sacerdotes. 

La obra termina con una serie de indicaciones acerca del meca- 
nismo de las obras mencionadas, que facilitarán su conocimiento y 
ejecución. Es la última nota de interés que tiene este libro, merece- 
dor de ser conocido por todos los sacerdotes de España. 

P. L. Conde, 
o. s. A. 



ANALES DE LA ESCENA ESPAÑOLA 

CORRESPONDIENTES A LOS AÑOS 1614 Á 1625 



(continuación) 
1624 

21 Enero— Sz cerraron los teatros de Madrid por quince días, 
con motivo de haber sido quemado vivo en la Puerta de Alcalá, por 
orden de la Inquisición, un sujeto que se fingió Presbítero y arre- 
batando una sagrada hostia la destrozó. A este auto asistió Frey 
Félix Lope de Vega. 

22 Febrero. — Hizo testamento Alonso de Morales, ministral, de- 
jando por heredera á su mujer D. a Melchora Maldonado. 

28 Febrero. — Su Majestad el Rey Felipe IV que estaba en Car- 
mona, cursó el siguiente documento al Presidente de su Consejo: 

«Aviándose entendido que un Juan Jerónimo Montañés, que 
habia cometido algunos delitos en Valencia habia venido á Madrid, 
donde se entendía que quería matar á un caballerizo del Nuncio, el 
Consejo de Aragón, por orden mía, hizo algunas diligencias, para 
saber si era cierto, lo que tocaba á querer matar al caballerizo del 
Nuncio, y ha hallado algunos indicios dello y que la muerte se 
había de hacer á instancias de D. Guillen de Castro. Será bien que 
encarguéis á persona de cuidado y satisfacción, que habiéndose pri- 
mero enterado de lo que por el Consejo de Aragón se ha averigua- 
do en esta razón, apure y averigüe la instancia que esto puede tener, 
procediendo con mucho recato por que en caso que no hubiese fun- 
damento, no se note con la voz que podría resultar la persona de 
D. Guillen. Todo lo que se averiguare se me dará cuenta. (Rúbrica 
de Felipe IV). En Carmona á 28 de Febrero de 1624: al Presidente 
del Consejo >. 



ANALES DE LA ESCENA ESPAÑOLA 277 

El Conde de Chinchón, Presidente de Aragón, dio la comisión 
al Alcalde D. Antonio de Chumacero y Sotomayor, el cual remitió á 
Juan Jerónimo Montañés al Gobernador de Menorca para que se le 
castigase por los delitos allí cometidos. Hizo la delación Rafael Sie- 
rra, natural de Menorca. En el Consejo se censuró la conducta del 
Nuncio que se atrevió á dar al Rey el Memorial en propia mano. 

/ Marzo.— Lleva esta fecha el prólogo en verso, que Feliciana 
Enríquez de Guzmán puso á sus comedias, Los jardines y campos 
sábeos, lo cual dedicó á sus hermanas Carlota Enríquez y Magda- 
lena de Guzmán, monjas del Convento de Santa Inés de Sevilla. 

18 Marzo. — Verificóse un concierto entre Antonio de Prado, 
autor de comedias (fiador Juan de Morales Medrano) y la villa de 
Madrid sobre los autos del Corpus de este año. 

Antonio de Prado se obligaba á representar con su Compañía 
dos autos de los cuatro que se habían de hacer y los harán compo- 
ner á su costa aprobados por el Ordinario haciendo con cada auto un 
entremés, y harán los vestidos necesarios para los dichos autos y en- 
tremeses á su costa, que han de ser de brocatel y terciopelo, damascos 
y rasos, guarnecidos de pasamanos de oro, todo nuevo á contento y 
satisfacción de los Señores Comisarios; obligándose á meter los re- 
presentantes que pidieran además de los de la lista que presentaba. 

La villa daría los carros y pagaría al dicho autor por los dichos 
autos, composiciones, vestidos, ocupación y trabajos del jueves y 
viernes 600 ducados, la mitad al contado y la otra mitad en dos 
pagos, la primera el día de la muestra y la segunda acabada la fiesta. 
Además se le daría una vela de cera de media libra á cada represen- 
tante y dos al autor y á la autora. La joya de 100 ducados se adjudi- 
caría al autor que la mereciese, y si trabajasen el sábado se les 
daría la gratificación acostumbrada. 

La nómina de la Compañía era la siguiente: 

«Antonio de Prado. 

Diego de Avila. 

Alonso de Osuna. 

Cosme Pérez. 

Boradilla. 

Bernardino Alvarez. 

Antonio Rodríguez . 



278 ANALES DE LA ESCENA ESPAÑOLA 

Vívente Timor 

Jusepe Jiménez. 

Lorenzo de Prado. 

D. a Francisca de San Miguel. 

Luisa de Robres. 

Vicente de Roja. 

María Victoria.» 



Concertó también con el Ayuntamiento de Madrid, el autor 
Juan de Morales Medrano, en las mismas condiciones que Antonio 
de Prado. 

La Compañía era ésta: 

«Juan de Morales Medrano. 

Damián Arias. 

Ginés de Bracamonte Gallarota. 

Pedro de Salazar. 

Jusepe del Peral. 

Tomás de Rojas. 

Francisco de Robles. 

Francisco Treviño. 

Tomás Enríquez. 

Onofre Pascual. 

Bartolomé Aise. 

Francisco Verdugo. 

Jusepa Vaca. 

Mariana de Morales. 

María Román. 

Isabel Ana». 



31 Marzo. — Entró en Málaga con el Rey Felipe IV, el poeta dra- 
mático D. Antonio Hurtado de Mendoza. 

4 Abril. — El poeta Fr. Hortensio Félix Paravicino, aprobó en 
Madrid el folleto Eternidad del Rey D. Felipe III, escrito por doña 
Ana de Castro Egas, y en el cual colaboraron los escritores dramáti- 
cos Lope de Vega, Mira de Amescua, Bocángel, López de Zarate, 
Valdivielso, Villalobos, y otros. 



ANALES DE LA ESCENA ESPAÑOLA 279 

19 Abril.— Fv. Tomás Roca aprobó en Méjico el libro: Varios 
Jionestos entretenimientos en unos entremeses y pasos apetecibles, que 
dio á luz D. Alonso del Castillo Solorzano. Se imprimió en Méjico 
al año siguiente por Juan Garres, y contenia el Coloquio de los ami- 
gos, Diálogo de las ausencias del amor, El Borracho, El decreto del 
cielo y Las dos amigas. 

22 Abril.— Tiene esta fecha el manuscrito autógrafo que poseía 
Lord Holland de la comedia de Lope: El Marqués de las Navas. 

16 Mayo.— -Con motivo del viaje á Sevilla del Rey Felipe IV, se 
representó una comedia suntuosa ante S. M. que se supone fue la 
escrita por D. a Feliciana Enríquez de Guzmán, titulada: Losjaidines 
y campos sábeos. Atilano de Prado, improvisó una Loa. 

17 Mayo. — Delante del Rey Felipe IV se celebraron en Sevilla 
dos representaciones, en las cuales se cree tomaron parte la bella 
Amarilis (María de Córdoba) y Tomás Fernández. 

6 Junio. — Fué aprobada la comedia La nueva legisladora y triun- 
fo de la Cruz, que compuso en Jaén el Trinitario Fr. Francisco de 
Guadarrama. Se escribió á solicitud del Arzobispo y Conde de 
Tarantaria, Embajador de Saboya en Madrid. 



Representaron los autos del Corpus en Sevilla, las compañías de 
Andrés de la Vega y Tomás Fernández. El primero representó La 
Sinagoga, de Andrés Claramonte, y El Pastor lobo, que se supone 
Ú2 Lope de Vega. Tomás Fernández estrenó El horno, de Claramon- 
te, y El Rey David. 



En las fiestas del Corpus de Madrid, se representó el Auto de 
la Inquisición, del Dr. Mira de Amescua. 



Julio.— Los autores de comedias Cristóbal de Avendaño, Loren- 
zo Hurtado, Manuel Alvarez Vallejo, Tomás Fernández Cabredo y 
Andrés de la Vega, fundaron la Cofradía de Nuestra Señora de la 
Novena. Tuvo su origen en el milagro que obró la Santa Imagen en 
una cómica llamada Catalina Flores que se quedó baldada. Esta 
Virgen estaba en un retablo en la calle de León, y ante ella hizo 



280 ANALES DE LA ESCENA ESPAÑOLA 

una novena Catalina, sin retirarse de la calle ni aún de noche. Af 
noveno día estaba curada. 



Andrés de Claramonte firmó en Madrid el manuscrito de su 
obra El ataúd para el vivo y el tálamo para el muerto. 



1 Agosto.— El poeta Luis Belmonte terminó y firmó su comedia r 
El sastre del Campillo. 

20 Agosto. — El Licenciado López Madera, Protector de los Hos- 
pitales de la corte, mandó que Luis Monzón no pagase los quince 
días que estuvieron prohibidas las comedias por los novenarios que 
se hicieron al Santísimo Sacramento; por la causa del hereje que 
se quemó. 

2 Septiembre.— Lleva esta fecha la comedia autógrafa de Lope 
de Vega, Lo que ha de ser. 

9 Septiembre.— Aprobó Fr. Gabriel Téllez la novela Experiencias 
de amor y fortuna, del Licenciado Francisco de las Cuevas, que se 
dijo era de Lope de Vega. 

10 Octubre. — Hizo contrato Juan Martínez, autor de comedias de 
los nombrados por Su Majestad con Pedro de Almansa, por el cual 
se obligaba éste á asistir en la Compañía del primero, hasta Carnes- 
tolendas próximas, ganando seis reales de ración y diez por cada re- 
presentación. 

El lunes próximo había de estar en Alcalá de Henares donde se 
hallaría la Compañía. 

El día que esta Compañía partiese de Alcalá para Valencia, se le 
darían 150 reales por cuenta de las dichas sus representaciones. 

Noviembre. — El Conde de Olivares designó al poeta D. Luis 
Vélez de Guevara Mayordomo del Archiduque Carlos, tío de Fe- 
lipe IV. 

1624 

Se publicó en Bruselas el libro Comedias humanas y divinas y 
Rimas morales, compuestas por Diego Muxet de Solís y dirigidos al 
Cardenal Dietrichstam. Contenía las comedias, Cómo ha de ser el 
valiente, La igualdad en los sujetos, El Cazador más dichoso, El Ge- 



ANALES DE LA ESCENA ESPAÑOLA 281 

neroso en España, La venganza de la Duquesa de Amalfi y El Ermi- 
taño Seglar. 

Se publicó en Sevilla una edición del entremés Los Habladores, 
de Cervantes. 

La Inquisición condenó al autor dramático doctor Godínez, natu- 
ral de Moguer, por judaizante y haber expuesto en el pulpito pro- 
porciones heréticas. 



Entró de Gentilhombre del Marqués del Villar, el poeta dramá- 
tico D. Alonso del Castillo y Solorzano. Con el Marqués de Vélez, 
de quién fue maestresala, estuvo en Valencia, Zaragoza y Barcelona. 
Debió morir hacia el año 1649. Escribió notables comedias, entre 
ellas El Marqués de Cigarral y El Mayorazgo figura. 



Se imprimió en Coimbra, por Jácome Carvallo, la primera parte 
de la tragicomedia Jardines y Campos sábeos, de D. a Feliciana En- 
ríquez de Guzmán, quien le dedicó á sus hermanas D.* Carlota En- 
ríquezy D. a Magdalena de Guzmán, Monjas del Convento de Santa 
Inés de Sevilla. En el mismo año en Lisboa, imprimió la segunda 
parte, Pedro Cratbeela y fué dedicado á D. Lorenzo de Ribera Ga- 
rabito. 



Lope de Vega escribió un prólogo para el libro, Nombres y atri- 
butos de la impecable siemp/e Virgen María, original de Alonso Bo- 
nilla, natural de Baeza. 

Narciso Díaz de Escovar. 
(Continuará.) 



INVESTIGACIONES ACERCA DEL CULTO 

DEL * 

BEATO MAURICIO PROETA, agustino 




(continuación) 

II 

Noticia y extracto de impresos 



'na reseña de los libros impresos que mencionan al Beato 
Mauricio ó tratan con más ó menos copia de datos acerca 
de su vida y culto, me parece que es complemento nece- 
sario del estudio que venimos haciendo, y que no dejará de intere- 
sar á quien desee conocer el estado de exploración en que se en- 
cuentra nuestro asunto. Tampoco aquí excluiré de la lista determina- 
dos libros por el mero hecho de no contener dato alguno referente al 
Beato: bastará que traten de hagiología ó de historia eclesiástica cata- 
lana y que hayan sido consultados con ese fin particular, para incluir- 
los entre las fuentes exploradas, y evitar de ese modo que otros 
pierdan el tiempo en investigaciones que no habían de darles resul- 
tado positivo alguno. En cuanto sea posible ordenaré estas notas 
cronológicamente, para que así se pueda mejor seguir el hilo no in- 
terrumpido de la tradición, y ver comprobados el culto y fama de 
santidad del B. Mauricio desde el siglo XVI acá, con los diferentes 
testimonios impresos que en la sucesión de los tiempos fueron apa- 
reciendo. De algunos libros examinados que me han parecido raros 
y curiosos, doy noticia detallada; de los comunes y conocidos me 
contento con copiar el título sumario, indicando en uno y otro caso 
si contienen ó no alguna noticia aprovechable para la historia del 
culto del Beato. Además de las obras aquí citadas, algunas de las 



INVESTIGACIONES ACERCA DEL CULTO 2S3 

cuales no he llegado á ver, seguramente que existen otras muchas, 
para mí de todo punto ignoradas, acerca de las cuales agradeceré ser 
informado de los bibliógrafos y curiosos. 

1. Indulgencias y gracias concedidas por los Sumos Pontífices 
á los cofrades de la Correa de N. P. S. Agustín, por el P. Fr. Fran- 
cisco Aguilar, agustino. Barcelona, 1584. 8.° 

No he visto este librito; pero me consta por los autores de bibliografía que 
está dividido en cuatro partes, y que en la primera trata del origen de la Or- 
den de S. Agustín, de los santos y varones ilustres que ha tenido, etc., con 
cuyo motivo acaso mencione al B. Mauricio. 

2. Historia General de los Santos y Varones ilustres en santi- 
dad del Principado de Cataluña, por el R. P. Fr. Antonio Vicente 
Doménech. Barcelona, 1602. Fol. 

Es la primera y más antigua compilación hagiográfíca de Cataluña que yo 
conozco, y en ella se encuentra un buen número de vidas de Santos, Beatos y 
Venerables que han sido escritas á la luz de auténticos documentos y verídi- 
cas relaciones. El Dr. Pujades, que escribía por este tiempo su Crónica Uni- 
versal de Cataluña, concede al P. Doménech, como luego veremos, exactitud 
en lo que dice; pero le inculpa de haber omitido en su compilación las vidas 
de otros muchos Santos catalanes y entre ellas la de San Mauricio, natural de 
Castellón de Ampurias; luego la santidad de nuestro Beato se hallaba ya lo 
suficientemente acreditada en el último tercio del siglo XVI, época en que es- 
cribía el P. Doménech, para que este no pudiese prescindir de ella sin caer en 
la nota de culpable olvido ú omisión. Ni fué sólo el Dr. Pujades, quien echó 
de menos algunas vidas de Santos en la compilación del autor dominicano. 
Entre los manuscritos mencionados en la reseña anterior, n.°31, ya se llamó la 
atención sobre un Catálogo paralipómeno de los Santos, escrito por el P. Roig 
y Jalpí, que es, como su mismo titulo indica, una segunda redacción y un ver- 
dadero suplemento de la obra del P. Doménech. Ahora veremos un ejemplar 
raro de la edición de 1630 de esta misma obra que también tiene adiciones 
manuscritas del P. Roig y Jalpí, y ofrece además la particularidad de llevar 
hojas intercaladas en blanco, con objeto sin duda de que los estudiosos fuesen 
supliendo las deficiencias y omisiones que en ella se habían notado. 

3. Historia General de los Santos y Varones ilustres en santidad 
del Principal de Cataluña. Compuesta por el R. P. Fr. Antonio Vi- 
cente Doménech... Con sus índices conforme á la antigüedad de los 
Obispos, y añadida en esta última Impressión de algunas Addiciones, 



284 INVESTIGACIONES ACERCA DEL CULTO 

con la vida del Autor, y á la postre, de una Tabla por el discurso 
del A. B. C... Año {Esc. del Ob. de Gerona D. Garci Gil Manrique á 
quien va dirigida esta edic.) 1630. Con licencia en Gerona, en la Em- 
prenta de Gaspar Garrich. Librero y á su costa. 

Fol. 20 hs. prels. s. n. 4- 396 págs. 4- 1 h. en b. -f- 1 de índice alfabético, 
con la nota de impresión. 

Port. y la v. en b.— h. en b.— Aprobaciones como en la edic. de 1602.— Cen- 
sura de la «Vida del V. P. Fr. Ant. Vic. Domenech» compuesta por el Reveren- 
do P. Fr. Domingo Ximénez (Gerona, 19 Enero de 1630).— Lie. del Ord. (Ibid. 20 
de En. 1630).— Hoja en b.— Dedic. del librero Gaspar Garrich. (Gerona 15 de 
Oct. 1630).— Prólogo al Lector.— Tabla de toda la obra (por orden de obispa- 
dos).— Vida y costumbres del Ven. P. Fr. Ant. Vic. Domenech. (Murió en olor 
de Santidad en Gerona á 30 de Octubre de 1606, á los 53 años de edad.)— 
Texto á dos columnas. — Tabla alfabética. 

Ejemplar notabilísimo que lleva entre cada dos hs. impresas una en blanco 
sin duda para las adiciones que ocurriesen. Tiene algunas notas manuscritas 
marginales y algunas adiciones puestas en las hojas en blanco, que evidente- 
mente son del P. Roig y Jalpí. 

Entre las págs. 46 y 47 está la Vida ms. de Sta. Sotera. 
Entre las págs. 62-63 hay una hoja en blanco que contiene unas «Adicio- 
nes á esta historia de la Conquista de Gerona», escritas en letra menudita como 
la del Catálogo Paralipomeno. 

Entre las págs. 156-157 se lee también manuscrita la «Vida de S. Bonoso y 
S. Maximiano, naturales de Blanda, hoy Blanes, donde fueron martirizados con 
otros 21». Hay una nota marginal del P. Roig y Jalpi, por la que consta que 
escribía esta vida en 1664. 

Examiné este curioso ejemplar en la Biblioteca Provincial y Universitaria 
de Barcelona. Tengo por inéditas la mayor parte de las vidas escritas por el 
P. Roig y Jalpi; la vida de Sta. Sotera recuerdo haberla visto impresa en un 
folleto de D. Ramón N. Comas. 

4. Crónica ] Vniversal | del Principat de | Catalvnya. | Dirigí' 
da ais Illvstres y de molta | Magnificencia Senyors Francesch Palau, 
Ioseph Dalmau (en Drets Doctor) | Ciutadans honrrats, Bernardi de 
Arauchapi Militar, Luch Talavera | Mercader, Antoni Magi Bassa 
Ferrer, Concellers, y saui Consell | de cent, de la Fidelissima y In- 
signe Ciudat de | Barcelona. | Composta per Hieronym Pviades en 
Drets | Doctor, natural de la matexa Ciutat. | Any {Escudo) 1609. I 
Ab Licencia y Privilegi. | En Barcelona en casa de Hieronym Mar- 
garit. 



INVESTIGACIONES ACERCA DEL CULTO 285 

Fol.— 12. hs. prels. s. n. 4-361 fols. todo á dos colums. 4-23 hs. de índi- 
ces.— Portada á dos tintas. 

Contiene sólo la primera parte, que su autor escribió y publicó en catalán. 

Esta es la edición citada por los autores que hablan del Bto. Mauricio. En 
efecto, en el libro 4.°, cap. 83, fol. 219 v., á propósito de los Santos omitidos 
por Doménech en su «Historia de los Santos de Cataluña» dice: «ni tampoch 
digué de sanct Berenguer Prior de sanct Benet de Bagés, de qui parla To- 
mich, capítol 30, ni de sanct Maurici, natural de Castelló de Empuries, Frare 
del Orde de sanct Agusti...» 

El ejemplar examinado fué del P. Raimundo Ferrer, Oratoriano, de quien 
lleva una nota de 1815, en la que se habla de los Apuntamientos de Pujades 
para la historia de su tiempo. 

En 1777 D. Ángel Tarazona, que tenía á su cargo el Diario de Barcelona, 
publicó en un periódico semanario la traducción que hizo de la 1.» parte 
de la Crónica, la cual ocupa siete tomos en 8.', impresos con real privilegio, 
el primero por Raimundo Martí, y los demás por Carlos Sapera y por Mateo 
Barceló; pero esta traducción fué poco fiel. La buena y completa edición que 
tenemos de la Crónica de Pujades, es la hecha en los años 1829-32, bajo la di- 
rección del Dr. D. Félix Torres Amat, y la colaboración de D. Alberto Pujol y 
D. Próspero BofarulI, con el siguiente titulo: 

5. Crónica Universal del Principado de Cataluña, escrita á prin- 
cipios del siglo XVII, por Jerónimo Pujades.— Barcelona, imprenta 
de José Torner, 1829-32. 

Consta esta edición de 8 tomos en 4. 9 que comprenden la 1. a parte correc- 
tamente traducida al castellano, y la 2.» y 3. a que Pujades escribió ya en cas- 
tellano y dejó inéditas. El pasaje referente al B. Mauricio se encuentra en el 
tomo III, cap. 82, pág. 172: 

«Ni tampoco ha dicho (el P. Doménech) de San Berenguer, prior de San 
Benito de Bages, de quien habla Tomich en el capítulo treinta, ni de San Mau- 
ricio, natural de Castellón de Empurias, religioso del Orden de San Agustín, 
ni de San Licerio, Obispo de Lérida, de quien hace mención el Martirologio 
Romano á veinte y siete de Agosto. Falta Doménech en no decir de todos; 
pero no á la verdad en lo que ha escrito.» 

«El erudito agustino P. M. Izquierdo ^se dice en el prólogo de esta edici Jn, 
página IX) había visto varios tomos manuscritos que contenían copia de mu- 
chos preciosos apuntamientos que dejó el Dr. Pujades para la historia de su 
tiempo. Ignoro el paradero de estos manuscritos, y se me ha dicho que no 
están ya entre los libros que dejó el citado P. Maestro, como ni tampoco una 
copia de la 2. a y 3. a parte de la Crónica que registré en 1818 y en la cual pue- 
do asegurar que faltaban, no sólo casi todos los documentos en latín,, sino 
hasta capítulos enteros. Parece que es como ésta la que sacó el P. D. Ramón 
Ferrer, digno Sacerdote de la Congregación de S. Felipe Neri, de Barcelona.» 



286 INVESTIGACIONES ACERCA DEL CULTO 

En la Biblioteca Universitaria de Barcelona hay algunos manuscritos his- 
tóricos de principios del siglo XVII que acaso puedan identificarse con estos 
apuntamientos del Dr. Pujades, y valdría la pena de buscar y reunir estos pre- 
ciosos materiales que, por ser de autor tan sincero y exacto, habían de ilustrar 
muchos puntos históricos de la época, y seguramente nos proporcionarían da- 
tos nuevos sobre la santa y apostólica vida del B. Mauricio, de quien el doctor 
Pujades debió de tener particulares noticias adquiridas en sus viajes por el 
Ampurdán y en el desempeño de su cargo de asesor y apoderado general del 
Condado de Ampurias. Pero á falta de noticias concretas acerca del B. Mau- 
ricio, que acaso se encuentren algún día entre los dispersos apuntamientos 
del Dr. Pujades, tenemos el testimonio ya aducido de su Crónica Universal, 
donde sin restricción alguna llama Santo á nuestro venerable religioso, testi- 
monio que es de un valor extraordinario si se tienen en cuenta todas las cir- 
cunstancias que lo acompañan. Todos los críticos reconocen en el Dr. Puja- 
des diligencia suma en la investigación de la verdad histórica, exactitud y sin- 
ceridad grande en sus juicios y afirmaciones, especialmente cuando trata 
de personas y cosas próximas á su tiempo. Ahora bien; si este autor en los 
primeros años del siglo XVII da ya el dictado de Santo á un venerable reli- 
gioso que había muerto poco antes de mediar el siglo XVI, sin duda lo hizo 
porque esa era entonces la opinión corriente, ó porque como tal Santo se le 
veneraba. Si á esto se agrega que el Dr. Pujades en el pasaje aducido inculpa 
al P. Doménech por no haber incluido á San Mauricio en su Historia General 
de los Santos de Cataluña, algunos años antes compuesta, tendremos que, á 
juicio de aquel verídico historiador, la pública fama de santidad de nuestro 
Beato debe retrotraerse al período de tiempo en que el P. Doménech recogía 
los datos para escribir su obra, ó sea á casi toda la segunda mitad del si- 
glo XVI; pues de no haber estado ya en este período suficientemente acredita- 
da y divulgada aquella santidad, no se habría inculpado al P. Doménech de 
tal omisión, ni podemos creer que el Dr. Pujades cometiese la injusticia de 
criticar á un historiador porque no habló de lo que en su tiempo no existía ó 
era de todo punto desconocido. 

6. Vida y milagros de S. Nicolás de Tolentino, por el P. M. Fray 
Bernardo Navarro. Barcelona. 1612. 8.° 

En el libro 1.°, cap. 5.°, fol. 28, se menciona, entre otros Santos agustinia- 
nos, á San Mauricio Catalán, que murió en Mallorca. El P. Navarro escribía 
este libro por los años de 1608 y era persona de toda calificación. Al llamar 
Santo sin restricción alguna á nuestro Beato, no pudo hacerlo sino apoyándo- 
se en la opinión general que tal título le asignaba, en lo extraordinario de sus 
virtudes, en el culto que se le tributaba ó en los prodigios que por su interce- 
sión se obraban, tanto más cuanto que á renglón seguido cita los nombres de 
Juan de Sahagún y Tomás de Villanueva, dando á aquél el título de Beato y á 
éste el de Venerable, que estrictamente y en todo rigor les correspondía. 



INVESTIGACIONES ACERCA DEL CULTO 287 

El título de Santo dado á nuestro Beato en los albores del siglo XVII, y 
por dos autores tan respetables como Pujades y el P. Navarro, es ciertamen- 
te muy significativo, y viene á corroborar la opinión ya muy fundada, de que 
el San Mauricio festejado por el gremio de Tintoreros del Convento de San 
Agustín, de Barcelona, desde 1557 en adelante, no fué otro que el San Mauri- 
cio Catalán, el Confesor, como generalmente se le designaba entonces, y que 
el hecho de haberse celebrado primeramente su fiesta en 22 de Septiembre, lo 
mismo en Barcelona que en Castellón de Ampurias, sólo implica desconoci- 
miento del día en que nuestro Santo pasó á mejor vida. 

6 bis. " Martyrologium Gallicanum, auctore Andrea de Saussay. 
Parisiis, 1638. 2 vols. en fol. 

No he visto esta obra y, sin embargo, puedo decir que la he descubierto, ó 
por lo menos que la he despojado del falso ropaje con que se presentó á mi 
vista por vez primera, haciéndomela poco menos que incognoscible. Yo he di- 
cho en otra parte que el Sr. Parassols y Pi dedicaba en su Martirologi Cátala 
un hermoso párrafo al Beato Mauricio, y que citaba entre otras fuentes de 
consulta, el Martirologi Gálica de un tal Jansay. La cita era interesante por 
tratarse, al parecer, de un autor extranjero, de nacionalidad francesa, que aca- 
so mencionaría el Beato como doctor por la Universidad de Tolosa. Había 
que ver, por tanto, dicha obra para señalar con fijeza el título, la fecha de im- 
presión, las circunstancias del autor y otros pormenores curiosos. Pregunté 
por ella en algunas bibliotecas, registré varios catálogos bibliográficos, pero 
todo en vano: nadie me daba razón, ni la tal obra parecía por ninguna parte. 
Ya me había resignado á copiar la nota tal como la encontraba en Parassols y 
Pi, cuando se me ocurrió consultar la Anamnessis ó Martyrologium Hispanum, 
de Tamayo de Salazar. No se encuentra en esta obra mención alguna del Beato 
Mauricio; pero, en cambio, aquí vi citado, á propósito de otros Santos, el 
Martyrologium Gallicanum, de Andrés du Saussay, que me dio la clave para 
descifrar el misterioso Jansay y salir del atolladero en que nos había colocado 
la falsedad ó el simple error material de una cita. Indudablemente la obra ci- 
tada por Parassol y Pi no podía ser otra que la de Saussay. Pero es el caso 
que la única edición de esta obra mencionada por los autores es la de París, 
de 1638, y que de esa edición hay ejemplar en la Biblioteca Vaticana, que ha 
sido detenidamente examinado por el M. R. P. Eustasio Esteban, sin encon- 
trar en él mención alguna del B. Mauricio. Según esto, la mencionada cita debe 
de referirse á alguna moderna refundición catalana ó francesa del Martyrolo- 
gium de Saussay en la que se añadiría el nombre de nuestro Beato. 

7. Alphabetum Augustinianum in quo praeclara Eremitici Ordi- 
nis germina virorumque et feminarum domicilia recensentur. Autho- 
re P. M. Fr. Thoma de Herrera. — Matriti, typis Gregorii Rodríguez, 
1644. 2 tomos en fol. 



288 INVESTIGACIONES ACERCA DEL CULTO 

Dos veces menciona el P. Herrera en esta obra al B. Mauricio: una en el 
tomo 1, pág. 178, donde, á propósito de la fundación del Convento de Caste- 
lló, dice: «Hujus domus alumnum arbitror B. Mauricium de Empuries», y otra 
en el tomo II, pág. 62, donde le dedica las siguientes frases, que expresan la 
falta de noticias que tenía sobre el asunto: 

«B. Mauriciusde Empurias, ilustre prouinciae Aragoniae germen, et Empu- 
riensis Conventus filius, quo aevo claruerit, nondum cognoui. Eum Hieronymus 
Puiades, lib. 6 (es el 4.°), hist. Cataloniaa, cap 83, fol, 219, pág. 2. 5. Mauri- 
cium ordinis S. Augustini Fratrem appeílavit. Omnia eius gesta me latent ñeque 
illius nisi solum nomen apud Authores inveni. Prouinciae Aragoniae pulsavi 
fores; nihil responsum, nihil praelo possumus daré. Dabit forsam alius meliori 
tempore.» 

Por donde se ve que si bien la fama del B. Mauricio, como Santo, era gran- 
de aun fuera de Cataluña, las noticias de su vida escaseaban tanto, que el 
P. Herrera, á pesar de su diligencia, no pudo averiguar ni siquiera el tiempo 
en que nuestro Beato había fallecido. Debió, no obstante, de suponerle muer- 
to en el intervalo de tiempo que media entre los años 1535 y 1546, pues estas 
son las fechas que respectivamente asigna á la muerte de las venerables agus- 
tinas Sor Marta de S. Agustín y Sor Moisesa de Cassano, cuyas biografías co- 
loca inmediatamente antes y después de la de nuestro Beato. Los biógrafos 
posteriores, siguiendo al P. Massot, fijan la muerte del Beato en 1546 y la su- 
ponen ocurrida en el Convento de N. a S. a de Itria, extramuros de Palma de 
Mallorca; pero como consta que ese Convento había sido abandonado unos 
dos ó tres años antes, y por otra parte se supone que el P. Massot no tuvo 
otro fundamento para señalar aquella fecha que la vaga indicación del P. He- 
rrera, tendremos que es todavía muy dudoso el año en que nuestro Beato pasó 
á mejor vida, y que sólo puede hoy afirmarse con seguridad la época aproxi- 
mada de su florecimiento, ó sea la primera mitad del siglo XVI, mientras no 
aparezcan nuevos documentos que nos aclaren este asunto. 

8. Historia del Reino de Mallorca, por D. Vicente Mut. 
(Tomo II.)— Mallorca, Gabriel Guasp, 1650. 

Es el primer autor que trae algunos pormenores acerca del Convento 
de N. a S. a de Itria, donde murió y descansan los restos del B. Mauricio. No he 
visto esta primera edición de la obra de Vicente Mut, pero sí la que se publi- 
có en 1840-41, juntamente con otras Historias y con el siguiente título: 

9. Historia General del Reino de Mallorca, escrita por los cro- 
nistas D. Juan Dameto, D. Vicente Mut y D. Gerónimo Alemany. 
Segunda edición corregida é ilustrada con abundantes notas y do- 
cumentos, y continuada hasta nuestros días por el D. D. Miguel 
Moragues, Pbro., y D. Joaquín M. Bover. Palma, Guasp y Pas- 



INVESTIGACIONES ACERCA DEL CULTO 289 

cual, 1840-41. — 3 tomos en 4.°, con numerosas láminas é ilustra- 
ciones. Hay un 4.° tomo con notas y adiciones á la obra de Vicente 
Mut que quedó inédito. De esta edición tomo los apuntes siguientes: 

En el Repartimiento de la Isla de Mallorca después de su conquista, añadido 
por los Anotadores de Dameto, aparecen dos nombres que deben de ser ante- 
cesores de la familia del B. Mauricio: Prohet (En) natural de Lérida, fué uno 
de los prohombres designados por el Rey en 1230, para dividir en cuarteradas 
los campos del término de la ciudad. 

G. Prohet, con su hermano, tuvo la alquería Turgumán, de extensión de seis 
jovádas en el término de Montueri.» 

En el tom. III, pág. 672, narrando Vicente Mut la fundación del conv. del 
Socorro, dice: «En este sitio está hoy la iglesia que llamamos de Nuestra Seño- 
ra de Itria; y yace en ella san Mauricio catalán, natural de Castellón de Am- 
purias, que murió en Mallorca, como escribe Fr. Bernardo Navarro en la vida 
de San Nicolás de Tolentino, lib. 1.°, cap. 5.° (366.) 

En este sitio de N. a S. a de Itria se había fundado una ó dos iglesias, con 
•el título del Socorro y convento, que fueron allanados para construir el Ba- 
luarte de la Puerta Pintada. Después se volvió á reedificar este convento con 
el título de N. a S. a de Itria. (367.) Con aquella ocasión de haber demolido aque- 
lla casa edificaron los mismos religiosos su convento dentro de la ciudad, 
cerca del Temple, en la iglesia de N. a S. a de Gracia (368); donde á 4 de Agosto 
de 1544 fué trasladada aquella bella y hermosa figura de alabastro de N. a S. a del 
Socorro, que hizo traer de Sevilla N. Masipa. Ahora se está edificando otra 
Iglesia al lado, de moderna y gallarda fábrica...» 

V. Mut, vivió desde 1629 á 1687. Las notas correspondientes á los números 
que aquí van entre paréntesis no se encuentran en el tomo III de esta colec- 
ción, último publicado, y convendría verlas para mayor aclaración de este 
pasaje. 

10. Fiestas regocijadas que celebró la noble Villa de Castellón 
de Ampurias en acción de gracias al Santísimo Sacramento y Con- 
cepción Inmaculada de María Santísima, por el alegre nacimiento 
de Don Joachín de Cardona, su Señor, por el R. P. M. Fr. Joseph 
Ballester, agustino. — Gerona, 1667. 

No he visto este libro, pero me consta por lo que dice el P. Massot (pági- 
na 210), que en la aprobación habla el P. Roig y Jalpi con elogio de las pren- 
das del P. Ballester, orador en aquellas Fiestas, y añade que «con mucha ra- 
zón se dispuso fuesse de la Sagrada Religión de nuestro P. S. Agustín, que 
assi avía de ser fuesse hijo de Agustino quien les diesse essos realces, pues 
San Mauricio Confesor, hijo de Castellón de Ampurias, es realirrente de la Re- 
ligión del Grande Agustino». 

19 



290 INVESTIGACIONES ACERCA DEL CULTO 

Se ha preguntado en la Biblioteca Provincial de Gerona por este opúsculo^ 
que inútilmente se había buscado en otras bibliotecas, pero tampoco allí tie- 
nen ejemplar, por lo cual deduzco que es rarísimo. 

11. Compendio historial de los hermitaños de N. P. S. Agustín 
del Principado de Cataluña, desde los años de 394... hasta los años 
de 1699. Por el P. M. Fr. Josef Massot. — Barcelona, Juan Jo- 
lis. 1699.— 4.° 

Es la primera historia impresa que encontramos de la Orden agustiniana 
en Cataluña y la primera también que nos ha transmitido la biografía más 
completa que se conoce del Beato Mauricio. Precisamente la carencia de noti- 
cias que lamentaba el P. Herrera al hablar de este venerable Agustino catalán, 
fué uno de los motivos que impulsaron al P. Massot á redactar su Compendio, 
tan falto de buen estilo y lenguaje como nutrido de información histórica y 
biográfica. Para ella se aprovechó de las particulares memorias y documentos 
que entonces abundaban en los archivos de los conventos, y muy especialmen- 
te de la obra inédita del P. Antonio Jaime, que debía de ser un verdadero ar- 
senal de datos y noticias que su autor había recogido igualmente de buenas 
fuentes (1). Por eso, si se prescinde de lo que el P. Massot escribe acerca de 
los primeros tiempos de la Orden en España, utilizando fuentes poco verídicas 
ó completamente falsas, en todo lo demás es autor concienzudo y fiel que re- 
produce con toda sinceridad y exactitud la realidad de los acontecimientos, sin 
preocuparse lo más mínimo del ornato retórico ni aun de la perfección gra- 
matical: á tal extremo llega la concisión de su estilo y lenguaje. Así es como 
el presente Compendio encierra en pequeño volumen muchas más noticias que 
las que suelen encontrarse en los infolios de otros autores, y alguien ha podi- 
do decir á propósito de su laconismo que en él todos son datos. 

La «Vida del Bienaventurado Padre Fray Mauricio Proeta» ocupa en esta 
obra las páginas 187-195, y se hace también mención de nuestro Santo en el 
prólogo y en la pág. 210. El P. Massot debió de disponer para redactarla de 
los documentos que entonces existían en el Convento de Castelló, y de varias 
actas notariales que cita y extracta con gran fidelidad, según se ha podido 
comprobar últimamente. Los autores que posteriormente han tratado del Bea- 



(1) Fundaciones de los Conventos de la Orden de S. Agustín en Cataluña y va- 
rones ilustres que han tenido desde 1309 á 1637, por elP. Antonio Jay me. Ms. que 
continuó el P. José Carreres y se guardaba en el Convento de Barcelona. To- 
rres Amat, que cita dos veces en sus Memorias á nuestro autor, una en la pá- 
gina 45 llamándole Antón (Fr. Jaime), y otra en la pág. 322, donde lo llama 
Jaume (Fr. Antonio), se equivocó al decir que el P. Massot le había ayudado 
en esta obra. Massot es quien se ayuda de la obra del P. Jaime ó Jaume, lo 
mismo que de las adiciones del P. Carreres, para hacer la historia de muchos 
conventos y la biografía de muchos varones ilustres. 



INVESTIGACIONES ACERCA DEL CULTO 291 

to Mauricio con alguna extensión, apenas hacen otra cosa que mejorar el es- 
tilo ó resumir las noticias del P. Massot. 



11 bis. Goios del 

turat Maurici 

gios de la Orde del 

de la Vila 



Benaven- 

Proeta Reli- 

gran Pare S. Agusti, 

de Castelló. 



Hay dos ediciones, las dos en hojas de á folio, impresas á tres columnas y 
por una sola cara. La una se dice impresa en «Barcelona: En casa Juan Jolis, 
Estamper al carrer deis Cotoners», y la otra carece de toda indicación tipo- 
gráfica; ambas parecen estar impresas, con poca diferencia de años, hacia 1700. 
(Véase nuestra Revista, vol. XC, págs. 348-361.) 

12. Anales de Cataluña y Epilogo breve de los progresos y fa- 
mosos hechos de la nación Catalana, de sus Santos, Reliquias, Con- 
ventos y singulares Grandezas... Su autor D. Narciso Felíu de la 
Peña y Farell. — Barcelona. Por Jayme Suriá Impressor, 1709. — Tres 
tomos en fol. á dos columnas. 

En el tomo II, al año 1451, pág. 487, recuerda la fundación del Convento de 
agustinos de Castelló, y dice: «Deste convento fueron hijos los Venerables 
PP. Fr. Mauricio Proeta, natural de Ampurias, y Fr. Francisco Planes, de San 
Vicente de Rus, Obispado de Solsona, exemplo de Penitentes, prodigios de la 
gracia, ilustres en milagros que autenticados refiere el P. M. Massot á fo- 
lio 197.» 

13. Historia de la Provincia de la Corona de Aragón de la Or- 
den de los Hermitaños de San Agustin... Su autor el P. M. Fr. Jaime 
Jordán.— Tres tomos en fol., impresos en Valencia, el 1.° por José 
García, año 1704; el 2.° por Antonio Bordazar, año 1712, y el 3.° 
por Juan González, año 1712. 

En el tomo III, págs. 425-428, de esta Historia, trátase de la fundación del 
Convento de Sta. María Magdalena de Castelló y de sus insignes hijos el Bea- 
to Mauricio Proeta y el V. Fr. Francisco Planes, «de cuyas vidas (dice el Padre 
Jordán) referiremos todo aquello que con certeza ha llegado á nuestra noticia». 
Los datos biográficos acerca del B. Mauricio, son con poca diferencia los 
mismos que apunta el P. Massot, aunque algo más ampliados y exornados; 
pero omite la relación de los milagros obrados y autenticados en los últimos 
años del siglo XVII, contentándose con referir uno solo y éste de una manera 
incompleta y poco exacta, según lo había oído por tradición oral en el Capítu- 
lo Provincial de Epila de 1696. 



292 INVESTIGACIONES ACERCA DEL CULTO 

* Sobre el Convento nuevo de Itria, dice así en el mismo tom. III, pág. 485: 
«Parecióles á los Padres volver á fundar allí otra vez Convento con el títu- 
lo de N. S. de Itria lo que executaron sin contradición en 29 de Julio del 
año 1607 siendo Provincial de nuestra Provincia el P. M. Fr. Gerónimo Aldo- 
vera... En ella (la iglesia) dizen que yace el cuerpo del Beato Mauricio Proeta, 
Catalán de nación y Religioso de nuestra Orden; pero por muchas diligencias 
que han hecho los Religiosos de este Convento, jamás le han podido des- 
cubrir^ 

P. Benigno Fernández. 

o. s. A. 
{Continuará.) 



Historia de los Papas en la époea del Henaeimiento 

DESDE LA ASCENSIÓN AL TRONO DE PÍO II HASTA LA MUERTE DE SIXTO IV 
por LUDOVICO PASTOR (1) 



En nuestra Revista, hemos consignado nuestro parecer respecto á las 
cualidades científicas de esta obra, preciada conquista de la ciencia católi- 
ca, sin detenernos á poner de relieve lunares y deficiencias inherentes á 
todo trabajo humano. Críticos escrupulosos censuraron algunos de los 
procedimientos de L. Pastor, que nosotros no queremos refutar en esta 
nota bibliográfica, reservándonos hacerlo en ocasión más oportuna; pero 
sí debemos afirmar que la lectura de la primer parte de la Historia de los 
Papas produjo en nuestro ánimo el convencimiento de que se trata de un 
estudio serio, fundamental, que ha de suscitar numerosas iniciativas y es- 
tudios parciales, para esclarecimiento de cuestiones importantes de crítica 
histórico-eclesiástica. La obra de L. Pastor, como toda empresa grande, 
atraerá hacia estos asuntos la atención de los eruditos, y servirá de mode- 
lo á los investigadores diligentes. Esto bastaría para coronar su éxito 
asombroso y para merecer los honores de ser conocida en España, aun 
prescindiendo de la afinidad que tienen con la historia patria, los asuntos 
que en la obra se estudian. Y dicho esto, en confirmación del juicio que 
el conjunto de la obra nos mereció, indicaremos brevemente el contenido 
de la primera parte de la misma. 

Con el volumen tercero comienza, con propiedad, la gran Historia de 
los Papas desde fines de la Edad Media. El programa es amplio, grandio- 
so, y L. Pastor se amolda á él en todos sus detalles; y si pretendemos re- 
sumir sintéticamente su desarrollo, tropezamos con la riquísima copia de 
documentos, noticias é indicaciones bibliográficas que ha reunido el infa- 
tigable investigador. La historia papal de solo veintiséis años le ha dado 



(1) Versión de la cuarta edición alemana, por el P. Ramón Ruiz Ama- 
do S. J. Volúmenes III y IV.-Pío II (1458-1464), Paulo II y Sixto IV (1464-1484.) 
En 4.°, de 393 y 610 págs., con 148 documentos inéditos en el apéndice. Precio 
de los doce volúmenes: 100 pesetas en rústica, y 118 en pasta. 



294 HISTORIA DE LOS PAPAS 

materia abundante para escribir dos gruesos volúmenes, el III y el IV, de 
la obra; el primero está dedicado á Pío II, y el segundo comprende los 
hechos mas importantes de los pontificados de Paulo II y Sixto IV. 

Respecto de Pío II refiere L. P. sus relaciones con el Renacimiento, sus 
esfuerzos por contener el avance de los turcos y sus trabajos por la reforma 
eclesiástica. Dedica una información extensa al Congreso de Mantua, supre- 
mo esfuerzo del Pontificado para reconciliar entre sí á los príncipes cristia- 
nos, y llevarlos en grandiosa Cruzada al socorro de los cristianos de Orien- 
te. Con especial interés se leerá en España el capítulo III, que trata de la 
contienda acerca del Trono napolitano. Las luchas de los partidos italianos, 
su carácter revolucionario; las sostenidas en Francia y en Alemania contra 
los enemigos de la autoridad pontificia, las medidas adoptadas para recon- 
ciliar á Bohemia con la Iglesia, los planes de reforma, la realización de la 
Cruzada... todos estos asuntos, dan ocasión al autor para escribir otros 
tantos capítulos, riquísimos por la documentación y el rigor científico de 
sus observaciones y juicios críticos. Un juicio breve, substancioso del pon- 
tificado de Pío II cierra como con broche de oro este volumen. 

Al estudio del pontificado de Paulo II, dedica L. Pastor 178 páginas 
del volumen IV, y nos describe muy por menudo, sus principales hechos, 
trazando en conjunto, una verdadera apología de este Papa. Apología que 
brota espontánea de los hechos sinceramente referidos, y que reúne nues- 
tro autor en estas palabras: «El grande amor que tuvo Paulo II á la paz, y 
la manera como evitó el nepotismo, merecen todo reconocimiento. Con- 
tra las calumnias de Platina hay que afirmar, que Paulo II solamente se 
opuso á la pagana degeneración de la Ciencia, que se mostraba peligrosa 
para la Religión; pero en lo demás amparó á los hombres eruditos. Lo 
que aborrecía el Papa, no era la erudición humanística en sí misma, sino 
aquella dirección que se entregaba inconsiderablemente á lo que Dante 
calificó de hedor del Paganismo. Las otras cosas que Platina aduce contra 
Paulo II, no son más que insinuaciones, en ninguna manera hechos. De 
suerte que, un erudito no católico, ha podido decir: «¡Cuan bueno debió 
de ser aquel Papa, contra quien, un enemigo tan hábil y malicioso como 
el nombrado humanista, ha podido aducir tan pocas cosas!» P. 176. 

La obra abunda en juicios luminosos que rectifican abundancia de 
errores sobre el pontificado de Paulo II, el Pontífice espléndido, amante 
de las ciencias y las artes. 

El pontificado de Sixto IV es fecundo en enseñanzas, 'y ha merecido 
opuestos pareceres, aún entre los eruditos católicos. L. Pastor refiere la 
historia externa de aquel período, examina la influencia personal del Papa 
como Príncipe temporal y como Supremo Jerarca de la Iglesia, y sin ocul- 



HISTORIA DE LOS PAPAS 295 

iar sus defectos, señala la norma á que se debe ajustar el historiador al 
hablar de responsabilidades. Es cierto que Infessura y Egidio de Viterbo 
han recargado el cuadro, que trazaron de este Papa, de sombras, y convie- 
ne juzgar sus hechos con frialdad, sin apasionamientos ni apriorismos 
basando los juicios en el irrefragable testimonio de los hechos, rectamen- 
te interpretados. Así lo hace Luis Pastor, como historiador experto que es, 
diciendo con franqueza la verdad histórica. Sixto IV ha dejado grabado su 
nombre con caracteres imborrables en la Capilla Sixtina. Su significación 
como templo del arte es umversalmente conocida, pero no su historia de- 
tallada, primorosamente escrita, como la que puede leerse en este volu- 
men. El capítulo XIII, que lleva por epígrafe: «Sixto IV como protector de 
las ciencias y de las artes>, es una obra acabada, que revela los vastos co- 
nocimientos de su autor como historiador del arte. 

En suma: la presente obra, recomendable por sus excelentes cualidades 
científicas, está destinada á deshacer muchos errores y á servir de modelo 
& concienzudos estudios de investigación histórica. Su puesto está indica- 
do en las bibliotecas de todo aficionado á esta clase de estudios. 

P. L. Conde. 



BIBLIOGRAFÍA 



A. Muller.— Galileo Galilei.- Studio storico-scientifico. — Traduzione def 
Dott. Pietro Perriballi, con Prefazione del Card. Pietro Maffi et Lettera del 
Senatore G. Schiaparelli.— Roma.— Max Bretschneider (Vía del Tritone, 60), 
I911.-En 4.°, de XIX-522 págs.— Precio: 10 liras. 

El R. R Alfredo Muller, S. J., profesor de Astronomía y Matemáticas 
superiores en la Universidad gregoriana, director del Observatorio del 
Janículo en Roma, autor de meritísimas obras acerca de Copérnico y 
Kepler, ha emprendido, con noble estímulo, la tarea de historiar la labor 
científica de Galileo, y de examinar, con gran detención, cada uno de los 
descubrimientos que corren con el nombre del famoso astrónomo, para 
apurar su mérito como investigador y su significación verdadera entre los 
cultivadores de la ciencia. La empresa ofrecía serias dificultades, y no sere- 
mos nosotros los que afirmemos que el P. Muller ha salvado todos los 
obstáculos, satisfaciendo á cuantas objeciones acumularon los panegiris- 
tas de Galileo en el curso de los siglos. Los estudios futuros acerca de 
este asunto nos revelarán que, sin ser la presente obra definitiva, tiene 
méritos sobrados para ser tenida como exposición serena é imparcial de 
los hechos, y como una aproximación muy fundada hacia la verdad. Sea 
como quiera, la obra del P. Muller merece seria atención y estudio, por 
parte de los amantes de la historia de la ciencia, y ha de suscitar no pocas 
polémicas, porque muchas de sus afirmaciones constituyen inesperadas 
sorpresas, que pugnan con el concepto tradicional que del «divino filó- 
sofa» hállase difundido en obras de polémica religiosa. Por lo mismo, su 
lectura interesa y deleita por su novedad, por la riqueza de noticias que 
contiene y la originalidad y competencia con que resume su labor en una 
serie de conclusiones de transcendencia innegable. La obra se publicó en 
alemán, dividida en dos partes, y hoy nos la ofrece refundida, el doctor 
Perciballi, en un solo volumen, primorosamente presentado al público 
por el diligente editor M. Bretschneider. 

En treinta y siete capítulos nos refiere el P. Muller la vida laboriosa y 
accidentada de Galileo (1564-1642), sus trabajos acerca de la mecánica, de 



BIBLIOGRAFÍA 297 

la Astronomía; sus polémicas científicas y el conjunto de circunstancias, 

llenas de calor y de vida, que dieron por resultado los famosos procesos 
de 1616 y 1633, unidos para siempre al nombre ilustre del sabio católico, 
para darle una celebridad postuma universal entre los enemigos de la 
Iglesia. El examen de los procesos bien merecía especial atención, y muy 
particularmente el alcance dogmático de las sentencias, en su relación con 
la infalibilidad pontificia. El lector encontrará en este libro una exposi- 
ción clara de tan importante cuestión, en todos sus aspectos, y salvadas 
de modo sencillo, magistral, todas las dificultades. Como la obra tiene 
carácter propiamente científico, y ha de ser leída por personas de las más 
variadas creencias religiosas, creemos que está llamada á producir copio- 
sos frutos, con gran provecho de la verdad y de la religión. 

Termina la obra con un índice abundante de nombres propios, que 
facilitan su manejo; y técnicamente considerada, está compuesta con 
método, riguroso orden lógico, y selecta y copiosa documentación, como 
es fácil comprobar en las numerosas referencias, en la exactitud de las 
citas y detalles, reveladores de gran probidad científica, y en el partido 
que ha sabido sacar de las fuentes históricas citadas, de origen distinto; 
ya que para apreciar el conjunto del proceso, es preciso conocer la teolo- 
gía y la ciencia, sin olvidar ia investigación de archivos, para conocer las 
influencias diplomáticas y hasta las costumbres y el medio social de aque- 
lla época. Solamente el encauzar con acierto los distintos pareceres de los 
principales escritores de confesiones distintas, que han tratado el asunto 
en parte ó en su totalidad, se requiere más que regular estudio y trabajo; 
para utilizar, pues, ese conjunto de datos y noticias de procedencia tan 
distinta, y acertar á poner de relieve los hechos de la accidentada vida de 
Galileo en su aspecto más verídico, se requiere no pequeño caudal cien- 
tífico y una serenidad de criterio que no se doblegue por influencias de 
partido ó por afanes apologéticos. Tal es, á nuestro modo de ver, el 
mérito principal de esta obra. La publicación de las obras de Galileo ha 
facilitado, en gran manera, el presente estudio. 

Los panegiristas adocenados de Galileo, que exaltaron su nombre y 
fama sin medida, prodigándole todo género de encomios, hasta convertirle 
en genio de la Astronomía y principal apoyo del sistema de Copérnico, 
para darse luego la satisfacción de poner inconciliable barrera entre la 
Iglesia y la ciencia al ver condenado al sabio católico, se encontrarán en 
este libro con un Galileo empequeñecido científicamente, desfigurado 
hasta el punto de no parecerse, ni aún de lejos, al ideal que de su activi- 
dad científica se habían formado. Ese concepto pasó á la leyenda, y queda 
borrado de la investigación sabia, gracias á la labor del P. A. Muller. 



298 BIBLIOGRAFÍA 

«...Además, dice el diligente historiador, el objeto principal que nos hemos 
propuesto en este libro, es poner en claro los méritos de Galileo, respecto 
á la Astronomía y á las disciplinas afínes, y también, de modo particular, 
respecto al sistema copernicano, que, como hemos demostrado, son muy 
modestos y algunos más bien contraproducentes». P. 237. Es inexacto ' 
creer que Galileo demostró científicamente la veracidad del sistema de 
Copérnico, contribuyendo más que algún otro sabio, al afianzamiento de 
ese sistema. La afirmación, como se advierte, no deja de tener importan- 
cia, y de chocar de frente contra opiniones muy generalizadas. Los funda- 
mentos de esa conclusión pueden verse en el citado libro, apoyados con 
testimonios de innegable valor demostrativo y susceptibles de comproba- 
ción. Hora es ya de que la Historia diga sin ambages la verdad, sin repa- 
ros ni atenuaciones, aun á trueque de acabar con legendarios fetiquismos. 
No quiere decir esto que Galileo no ocupe puesto honroso entre los 
cultivadores de la ciencia, ya que sus trabajos y observaciones le hacen 
acreedor á la justa fama que goza, de haber promovido eficazmente el pro- 
greso de la mecánica, sino que, examinados sus méritos científicos res- 
pecto de la Astronomía, pide la justicia que se modere el juicio, y se 
limite su alcance y valor á lo que estrictamente le pertenece. No puede ser 
más razonable la pretensión. «Con esto, dice el P. Muller, estamos muy 
lejos de ser injustos con Galileo: lo que reconocemos y admiramos en él 
á pesar de los defectos que le hemos censurado, es el don especial de ob- 
servación, su espíritu penetrante para investigar, el arte de ejecutar las 
experiencias, su composición conceptuosa, sus preciosos trabajos en el 
campo de la mecánica física, sus brillantes descubrimientos acerca de las 
leyes del movimiento simple y compuesto de los cuerpos, de la caída, ya 
libre ó bien sobre el plano inclinado, las leyes del isocronismo, de las 
oscilaciones del péndulo, sus advertencias acerca de la ley llamada de la 
inercia: todo esto le asegura un puesto honorífico entre los fundadores de 
la ciencia mecánica. Estos descubrimientos, que él publicó solamente en 
el último período de su vida aventurera, pueden considerarse como pre- 
cursores del descubrimiento de la gravitación universal, hecho por New- 
ton, y por lo mismo hállanse en relación con el sistema copernicano. Du- 
rante el tiempo que hasta ahora hemos examinado, esa relación no fué 
notada, ni la conoció Galileo.» P. 137-8. Galileo ignoró, ó por lo menos 
pretendió ignorar, las leyes de Kepler, privándonos de sus innegables ven- 
tajas, y la mayor parte de las leyes, cuyo descubrimiento se le atribuye, 
fueron hechas por otros sabios, independientemente del célebre astró- 
nomo y debidas al manejo del telescopio, instrumento admirable cuya 
invención no le pertenece á Galileo. Debe á éste la ciencia, y hay que con- 



BIBLIOGRAFÍA 299 

tesarlo francamente, el haber difundido con gran entusiasmo su empleo, 
notado sus ventajas, etc., el haber popularizado las conquistas científicas 
de la astronomía en Academias y Centros literarios, dando ocasión á que 
el vulgo sabio recibiera, como descubrimientos personales de Galileo, los 
que en realidad pertenecían á otros obreros de la ciencia. 

Cuando el estudio imparcial y sereno de los documentos nos descubre 
el lado flaco de este sabio famoso, es natural que disminuya nuestra admi- 
ración hacia Galileo. Añádase que en el momento de aquilatar los hechos, 
toda la culpa del proceso recae sobre el carácter ambicioso y pendenciero 
del sabio astrónomo, que enorgullecido con sus triunfos científicos, quiso 
imponer sus opiniones á todos, dándolas un valor teológico demostrativo. 
Desde el momento que Galileo presentó la defensa del sistema coperni- 
cano, como una conclusión teológica, caía de lleno bajo la jurisdicción 
eclesiástica y suscitaba un examen profundo de la misma, teniendo en 
cuenta el modo como era presentada por su autor; de otro modo, segura- 
mente no habría sido condenado, ya que el sistema de Copérnico era de- 
fendido en público sin prohibición alguna eclesiástica. «La expone el Car- 
denal de Cusa (1401-1464), dice el Cardenal Mafíi, la defiende el Canónigo 
Calcagnini, en Ferrara, la usa en sus Comentados el P. Diego de Zúñiga; 
y tal doctrina ha corrido en Italia y encontrado apoyo, y la escucha y pre- 
mia el Pontífice Clemente VII, en los jardines del Vaticano, al oírsela á 
Alberto Widmanstadt; además, recibe el nombre y la presentación oficial 
al mundo científico, en una obra dedicada á un Papa, de un Canónigo, Co- 
pérnico. ¡Y todo esto, durante siglo y medio antes que tomase parte en el 
asunto Galileo! ¡Yo no podría encontrar una doctrina más eclesiástica ó 
clerical que ésta! (Prefazione del Car. Prietro Mafíi, pág. VI.) ¿Cómo se 
explica que una cuestión científica revistiera caracteres tan singulares, 
que se transformara en religiosa provocando un ruidoso proceso? La 
culpa, según el P. Muller, fué de Galileo; en cambio, el Card. Maffi atri- 
buye su tanto de responsabilidad á los teólogos y al enardecimiento pa- 
sional de jueces y defensores, quienes no buscaban con ánimo sereno e* 
triunfo de la verdad. Sea como quiera, la intervención de la autoridad 
eclesiástica era inevitable, por el aspecto exegético que Galileo había dado 
á la teoría copernicana, y fué condenada en el proceso de 1616, no como 
teoría científica, sino como contraria á la Sagrada Escritura. La conducta 
de Galileo es inexcusable, teniendo en cuenta aquel su carácter irascible, 
pendenciero, que le impulsaba á la violencia cuando creía atacado su nom- 
bre y fama de primer sabio del mundo. Porque Galileo llegó á conven- 
cerse de ese despropósito, y así se explica su léxico mordaz, despectivo 
para los hombres de ciencia, sus contemporáneos, sus polémicas destem- 



300 BIBLIOGRAFÍA 

piadas y sus irracionales exigencias. Todavía resulta más repugnante la 
fisonomía moral, que nos traza el P. Muller, del sabio astrónomo. En 
cambio, hay que reconocer en él al católico sincero, cuya fe religiosa no 
vaciló un momento ni antes ni después de los procesos, y murió en el 
seno de la Iglesia, bendecido por el Papa. 

Sin embargo, cuando el P. Muller se propone aquilatar el tanto de 
culpa del proceso, se advierte una inclinación decidida de hacer responsa- 
ble á Galileo de todas las vicisitudes del mismo, porque le considera 
como único responsable de la transformación de una cuestión científica en 
teológica. Nuestra opinión es muy distinta de la del historiador de Gali- 
leo, y nos parece más equitativo y razonable el Emo. Card. Maffi, quien 
afirma que: «A ser justos, estas culpas (de la oposición entre teólogos y 
hombres de ciencia) es preciso buscarlas y reconocerlas en los dos cam- 
pos». Prefaz. P. VIL, aparte de que, si examinamos con alguna detención, 
el origen de ese cambio del problema en litigio, aun en el mismo libro del 
P. Muller, veremos una diferencia bien notoria entre las conclusiones que 
deduce el ilustre escritor y las que fluyen espontáneas de la lectura de los 
capítulos IX y X de la obra. En ellos se consigna que Galileo no entró 
espontáneamente en el terreno teológico, sino más bien confesó su incom- 
petencia en ese género de disciplinas, y hasta se burló del alegato de Lu- 
dovico delle Colombe contra el sistema copernicano, y de las pruebas 
escriturarias que aduce en su refutación, regalando al autor con los califi- 
cativos de «arcibue> «gran bue» y también con el más suave de «pove- 
retto>. P. 112. «Es de notar que Galileo no dedica una palabra á las difi- 
cultades que Colombo (ó delle Colombe) había aducido de la Sagrada 
Escritura, sin duda creía demasiado oficial el camino dirigiéndose al Car- 
denal Belarmino, y acaso carecía de segura orientación en este terreno, 
para él nuevo. Pero habiéndole producido aquellas dificultades alguna 
duda, se dirigió un año más tarde al Car. Conti, su amigo, en busca de 
explicaciones.» P. 115. De ser cierta esta situación de ánimo de Galileo, 
es preciso confesar que se hallaba bien alejado de cimentar el sistema de 
Copérnico en datos de la escritura, por donde urge investigar nuevas cau- 
sas ó motivos que determinaran un cambio en su modo de pensar, y en 
los procedimientos de la defensa de sus opiniones científicas. 

En la carta á Castelli, donde estudia el valor demostrativo de la Sa- 
grada Escritura en asuntos científicos, y expone doctrinas de una ortodo- 
xia casi irreprochable, no se detiene á demostrar con citas del Sagrado 
texto la opinión de Boscaglia, primorosamente expuesta por la Gran 
duquesa Madre María Cristina, en su conversación con el P. Castelli, en 
contra del sistema copernicano como contrario á las afirmaciones de la 



bibliografía 301 

Biblia; y en la dirigida A Dini, después de quejarse amargamente de los 
Padres Dominicos de Florencia, quienes pretendían con sus lamentos ob- 
tener la condenación del libro y de la teoría de Copérnico, dice el P. Mu- 
11er que «Galileo de nuevo insiste en poner de relieve cuan peligroso 
sería aducir argumentos de la Sagrada Escritura para establecer, como 
definitiva, una doctrina que podría con el tiempo ser demostrada falsa». 
P. 127. En la Pág. 130 dice: «Respecto á las objeciones del P. Grienber- 
ger, confiesa Galileo que, en verdad, habría sido más justo dejar la parte 
teológica de la cuestión á otros que se hallaban en condiciones mil veces 
más ventajosas que él.» Pero, enconados los ánimos de teólogos y hom- 
bres de ciencia, llegó un momento en que la discusión fué general, y Ga- 
lileo tomó parte en la contienda, sin parar mientes más que en el triunfo 
de sus ideales. «La cuestión de Copérnico y la relación del nuevo sistema 
con los pasajes de la Sagrada Escritura se habían hecho públicos, y á 
falta de pruebas científicas decisivas, el sabio florentino se veía cada vez 
más arrastrado al terreno teológico.» P. 132. Cierto que alguno de sus 
avisados amigos se lo censuraron; pero abrigamos la convicción de que 
no habría seguido tan espinoso derrotero, de no habérselo trazado de 
antemano sus adversarios, entre los cuales no pesaban poco en su deci- 
sión la disputa famosa en la que intervino la Gran duquesa de Toscana. 
Tal es la impresión que hemos sacado, contraria á la consignada por el 
P. Muller, de la lectora imparcial de los antecedentes que influyeron en la 
transformación de una cuestión científica en teológica, que provocó la in- 
tervención del Tribunal eclesiástico y la condenación del sistema de Co- 
pérnico, como contrario á la Sagrada Escritura. 

La cuestión fué condensada en las dos siguientes proposiciones: 1. a ) Sol 
est centrum mundi, et omnino inmovilis motu locali; 2. a ) Terra non est 
centrum mundi, nec inmovilis, sed secundum se totam movetur, etiam 
motu diurno. Los once teólogos que componían el Tribunal (1) de com. 
petencia, emitieron el siguiente dictamen, en forma de censura: «Omnes 
disxerunt hanc propositionem (primam) esse stultam et absurdam in phi- 
losophia, et formaliter hcereticam, quatenus contradicit expresse senten- 
t-is Sacrae Scripturae in multis locis secundum proprietatem verborum et 



(1) Los que firmaron la sentencia contra Galileo eran: Pedro Lombardo de 
Waterford, Arzobispo de Armagh; los padres dominicos Jacinto Petronio, 
Maestro del Sacro Palacio; Rafael Riphoz, Vicario General de la Orden de 
Predicadores; Miguel Ángel Saghetius, Comisario del Santo Oficio; Jerónimo 
di Casalimaiori, Tomás de Lemos, Santiago Tintus, el P. Benito Guistinia- 
ni. S. J., el benedictino Miguel da Napoli; el clérigo regular Rafael Rastelli y el 
agustiniano Gregorio Nunio Coronel. 



302 BIBLIOGRAFÍA 

secundum communem expositionem et sensum Sanctorum Patrum et 
theologorum et doctorum. 

Omnes disxerunt hanc propositionem (secundam) recipere eamdem 
censuram in philosophia: et spectando veritatem theologicam, ad minus 
esse in fíde erroneam. P. 206. 

Este parecer, en sí únicamente consultivo, fué ratificado al siguiente 
día por los Cardenales de la Inquisición bajo la presidencia del Papa. «No 
existe un documento al propósito, pero se debe suponer por las medidas 
que luego se adoptaron». P. 207. En el proceso de 1633, el Santo Oficio, 
al examinar de nuevo la cuestión, aduce el juicio de los teólogos de 1616, 
y declara la doctrina «falsa, completamente contraria á la Sagrada y divina 
Escritura.» ¿Qué significación tienen estos decretos con respecto á la Infa- 
libilidad pontificia? El P. Muller dedica al examen de este punto el capí- 
tulo XVII de su libro. 

«Naturalmente Casini (adversario de Galileo) había divulgado que la 
opinión copernicana era herética, pero la Iglesia no se pronunció en este 
sentido.» P. 217. El sistema solar de Copérnico, presentado como verdad 
demostrada, fué declarado opuesto á la Sagrada Escritura, y esta senten- 
cia no fué anunciada por medio de un solemne decreto de la Inquisi- 
ción, sino manifestada por medio de la Congregación del índice. «Juz- 
gar todo esto como una enormidad, una violencia á las conciencias, como 
lo practica más de un escritor, dado á fantásticas exageraciones, sería 
considerar la cosa en un aspecto falso é inadaptable á la época. Sería lo 
mismo que juzgar al siglo XVII con las ideas del XX: juicio que halla- 
ría su condenación en sí mismo.» P. 228. El P. Muller dedica preferente 
atención á explicar el alcance de las sentencias dadas en este proceso, á 
medir su significación respecto al carácter doctrinal de las mismas, y á 
justificar el proceder de la Congregación. 

Indudable es que teniendo en cuenta el conjunto de circunstancias de 
educación, sistemas filosóficos de los jueces, etc., en una palabra, el medio 
ambiente social del siglo XVII, se explica el proceder de la Congregación 
romana en el proceso de Galileo; pero no hallamos en el citado libro 
motivos ni razones que justificaran aquella sentencia, y eso que nuestro 
historiador se esfuerza por presentarlas con todo su valor demostrativo. 
No basta con acentuar en sus descripciones la nota desfavorable á Gali- 
leo, ni tampoco insistir en la endeblez de sus pruebas para demostrar el 
sistema de Copérnico, porque, á decir verdad, eran lo bastante fuertes 
para indicar la posibilidad, y aun probabilidad, de una próxima demostra- 
ción concluyente, que el mismo Belarmino admitía. P. 235. Con todo, no 
es posible deducir argumento alguno contra la Infalibilidad pontificia, de 



bibliografía 303 

las censuras puestas á las proposiciones de Galileo, porque no se trataba 
del magisterio de la Iglesia, manifestándose hablando ex cátedra. 

Para terminar, diremos que el P. Muller, muy versado en achaques 
científicos y suficientemente documentado, ha escrito una obra que es mo- 
delo de erudición, y expone sus conclusiones con claridad; haciéndose 
comprender aún de los menos versados en estas materias. — P. L. Conde. 



Schopenhauer, par E. Seilliére. - Bloud et Cié, París, place Saint Sulpi 
ce, 7, 1911. 

Dos partes integran el presente folleto, denominadas «El hombre > y 
«La Obra». Aquél le retrata una persona que tenía motivos para conocerle 
mejor que nadie con estas palabras: «Conozco tu corazón y sé que pocos 
hay mejores que tú. Sin embargo, por importuno é insoportable tendré 
que prescindir de tu compañía. Todas tus buenas cualidades quedan obs- 
curecidas y como paralizadas por tu infatuación. Eres incapaz de dominar 
las ansias de saber todo mejor que los demás, de descubrir en cada cual 
defectos que no quieres ver en ti, de regir á tu gusto cuanto te rodea...» 
Algo más podíamos traducir; pero basta ya para ver el hombre casi de 
cuerpo entero. 

De la parte en que se expone la obra no damos detalles, porque una 
nota bibliográfica no se presta á sintetizar más brevemente el caprichoso 
pensamiento de Schopenhauer. 

Los lectores que tengan interés por conocer á grandes rasgos la obra 
de Schopenhauer deben leer el librito de E. Seilliére.— B. Alcalde. 



Estudios pedagógicos. Historia de la educación y de la pedagogía por el 
P. Ramón Ruiz Amado, de la Compañía de Jesús. Con licencia. Barcelona, 
Gustavo Gilí, calle de la Universidad, 45, MCMXI. 

El título de la obra indica suficientemente la materia que en ella se 
desenvuelve, y el nombre del autor es igualmente garantía de la misma. 
Claro es que en tiempos como los actuales se concede mayor importancia 
al valor práctico que al teórico, y quizá por esta circunstancia la presente 
obrita del P. Amado no tendrá la aceptación que otras del mismo autor; 
mas esto no debe considerarse como una equivocación, al contrario, es 
un mérito indiscutible que debe sumarse á los muchos adquiridos por tan 
respetable persona, ya que con la obrita de que tratamos se pone de ma- 



304 BIBLIOGRAFÍA 

nifiesto un rico manantial de doctrinas que los pedagogos deberán con- 
sultar si esperan obtener frutos de paz y bendición. — B. Alcalde. 



Proyecto de fundación de una Asociación y Orden religiosa, destinadas á 
la propaganda, sostenimiento y defensa de la fe cristiana, por el Lie. José 
Encina Candebat, auditor de Guerra. Ceuta, 1908. Imprenta de Vicente Bus- 
cató, Soberanía Nacional, 22. 

Una de esas cosas que ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni criatura alguna 
pudo idear, es el proyecto que ha llegado á nuestras manos. Fruto de 
una convicción profunda, que sólo contadísimas personas han llegado á 
poseer, deja en el ánimo una impresión enorme, que con dificultad se 
vence. 

Como nuevo Jeremías, llora el autor la terrible desgracia que amarga 
la vida de hoy, señala certeramente el origen del mal, y con arriesgado va- 
lor se pone al frente del nuevo apostolado que irá á predicar nuevamente 
el Evangelio, la moral evangélica, la única moral, «norte y guía de la so- 
c¡edad>. 

Un sincero aplauso y una oración ferviente por el éxito de la hermosa 
idea.— B. Alcalde. 



Monserrat. — Novela de costumbres, escrita en catalán por Dolores Monser- 
dá de Maciá, traducida al castellano por M. a de M. V. de B. - Librería cató- 
lica, calle del Pino, 5, Barcelona.— Año de 1912.— Un tomo de 21 por 13 con 
230 págs.— Precio: 2,50 y 3,50. 

La lectura de novelas poco escrupulosas en moralidad es una de las 
causas que, sin disputa alguna, producen más estragos en la juventud. 
Para remediar en lo posible ese mal, publica la Biblioteca del Hogar no- 
velas que, á más de distraer amenamente á los jóvenes, les proporcionen 
saludable instrucción y les alienten á caminar por la senda del bien. El li- 
bro, que anunciamos, llena perfectamente su objeto; pues á más de ser de- 
bido á una pluma culta, inteligente y observadora, á más del interés con 
que se sigue el argumento de la novela y de la animación y vida con que 
en ella se mueven sus personajes, del fiel retrato, que en ella se hace de la 
yida, se desprenden enseñanzas de alta y saludable moralidad. Léanla las 
familias cristianas. — P. F. Sánchez. 



BIBLIOGRAFÍA 305 

Paz de Borbón.— De mi vida.- Impresiones.— Tomo II.— Salamanca.— Imp. de 
Calatrava, á cargo de Manuel Pérez Criado.— Año de 1911.— Un vol. en 16.° 
de 173 páginas, una peseta. 

Conocidísimos son los artículos, que en La Basílica Teresiana publica 
la Infanta Paz con el mismo epígrafe del libro, que anunciamos. Es este el 
segundo de la serie en que esos artículos se nos ofrecen reunidos para 
regalo de cuantos leemos sus impresiones con interés y cariño. 

Los elogios que continuamente se prodigan á la augusta dama, ¿se 
deben única y exclusivamente al rango que en la sociedad ocupa, ó hay 
algo en su literatura que la haga acreedora á ellos? Verdad es que, por 
los mismos sentimientos que constituyen el carácter de nuestra raza, hay 
en los españoles una tendencia á acoger con entusiasmo cuanto viene de 
nuestros Reyes y de nuestros Príncipes; pero, prescindiendo de su realeza, 
tiene la Infanta cualidades artísticas y literarias, suficientes por sí mismas, 
para conquistarle los aplausos más sinceros. Todas las alegrías y todos 
los dolores de la patria española, lo típico de nuestra raza, de nuestras 
costumbres, de nuestra manera de sentir, de nuestro modo de ser tan 
noble, tan hermoso, tan cordial, tan quijotesco, encuentran eco en ese 
corazón sensible, tierno, cristiano y español de D. a Paz. Su modo de es- 
cribir, de una sencillez elegante y primorosa, y la habilidad delicada, inge- 
nua y profundamente encantadora con que sabe comunicar al lector sus 
propios sentimientos, hacen que instintivamente nos interesen sus alegrías 
y sus dolores hasta en los detalles más nimios. Si quisiéramos encerrar en 
una frase la fisonomía moral de la Infanta, lo haríamos en la siguiente: es 
una española. Estas mismas palabras son las que mejor expresan el juicio, 
que, como escritora, merece. — P. F. Sánchez. 



Jean Vézére.— Le Journal d'un Potache.— Illustrations de Damblas.— Maison 
de la Bonne Presse.-Paris.— 5, Rué Bayard, 5.— L'n vol., in 8.°, 2 colonnes 
de 120 pages.— Prix: 1 et I fr. 50. 

La Bibliothéque pour tous cuenta con el nuevo volumen que anuncia- 
mos. Escrito por una pluma hábil y vigilante en un tono, tierno á veces, y 
á veces irónico, al través de sus páginas vibran todas aquellas violentas 
emociones, que sintieron los buenos católicos franceses, cuando vieron á 
sus religiosos expulsados, sus escuelas cerradas y los bienes de sus igle- 
sias inventariados. Se encuentran en el libro curiosos deta'les de la vida 
de colegio, y algo de aquella indignación y de aquel entusiasmo con que 

20 



306 BIBLIOGRAFÍA 

los escolares de ayer aclamaban sus maestros proscritos. En su lectura 
amena, interesante y moral aprenderán los jóvenes á ser buenos cristia- 
nos: á ser hombres. 



Ángel Ruiz Pablo.- El último hidalgo.— Ilustraciones de J. Fohn y A. Bley.— 
Barcelona.— Librería católica, Pino, 5. — 19¿2.-Untomo de 17x11, de 74 
páginas.— 50 céntimos en rústica y 1 pta. en tela. 

Es una narración de sano romanticismo, altamente simpática, conmo- 
vedora y muy bien hecha. El protagonista del cuento, que está pintado de 
mano maestra, es uno de aquellos antiguos hidalgos de temple recio y 
varonil, que, mal avenido con el sentido positivo de la vida moderna, 
añora lo tradicional, lo legendario de sus pasadas glorias, y ve con la rabia 
de la impotencia el desmoronamiento de sus antiguos blasones y la des- 
aparición de su raza y de su nombre. El cuento merece ser leído, pues á 
más de su sana moralidad, es para los aficionados á lecturas un desahogo 
entre tantas narraciones empalagosas y endebles, cuando no sucias, que 
hoy se escriben. —P. F. Sánchez. 



Remoción administrativa de los Párrocos.— Decreto "Máxima cura". — Sus 
causas y procedimientos, por D. Francisco Ruiz de Velasco y Martínez, Au- 
ditor del Supremo de la Rota. Con aprobación eclesiástica. - Madrid - Im- 
prenta de los hijos de Gómez y Fuentenebro, Bordadores, 10.— 1912. — Pre- 
cio: 2,50 pts. 

El Sr. R. de Velasco, que fué muchos años Provisor y Juez único eclesiás- 
tico y que es actualmente Auditor del Supremo de la Rota española, ofrece 
garantías de acierto en cosas de procedimientos y juicios eclesiásticos. Con 
gusto lo consignamos: su último libro de exposición del decreto «Máxima 
cura> sobre «la remoción administrativa de los Párrocos», demuestra que 
no sin causa han puesto en sus manos los superiores jerárquicos negocios 
de esta clase. Tiene, además, un amplio conocimiento de las leyes anti- 
guas de la Iglesia, y aunque alguna vez va un poquito lejos para buscar el 
enlace lógico del decreto «Máxima cura» con aquellas leyes, no puede ne- 
garse que ha estudiado bien la legislación canónica, y aun la civil en lo 
que se relaciona con su materia. 

Al igual que el decreto, dividido en dos partes, divide el autor su libro. 
Expone en la primera el procedimiento que debe seguirse en la causa de 
remoción del Párroco, y en el segundo lugar los motivos justificantes para 
tomar esa resolución extrema ó absolver. En todo el libro brilla la. más 



BIBLIOGRAFÍA 307 

grande piedad para con los Párrocos, tan grande que, para que el Tribu- 
nal pueda proceder á su remoción, deberán'constar muy ciertos los hechos 
que se les imputa. De seguro que los señores Párrocos, viendo el libro del 
Sr. R. de Velasco, le estarán muy agradecidos. 



J. Fontaine.-Le modernisme social.— Paris, P. Lethielleux, libraire-editeur, 
rué Cassette, 10. 

Que hoy existe una avasalladora corriente socialista es un hecho indis- 
cutible; y que la orientación que ha adoptado en estos últimos años viene 
abriéndose camino, tampoco puede negarse, aunque algunos esperan de 
ella provechos que otros niegan rotundamente. Nos referimos al sindica- 
lismo francés, que organiza sus huestes frente al capital y al patrono, des- 
entendiéndose por completo de la sabia orientación marcada por el insig- 
ne León XIII (f. r.). 

Las Uniones de Sindicatos y las Bolsas del Trabajo aspiran nada me- 
nos que á dirigir y gobernar á todo trabajador; y no están solos en esta di- 
fícil empresa: tienen á su lado sabios, burgueses millonarios, abogados, 
profesores, literatos y hasta presbíteros. 

J. Fontaine se propone estudiar en el presente volumen todo cuanto 
significa esta posición, y para ello distingue tres aspectos principales, que 
va analizando separadamente: 

1.° Doctrinas y hechos sociales y económicos. 
2.° El Estado y los hechos sociales y económicos. 
3.° La Iglesia y los hechos sociales y económicos. 

La palabra «humanitarismo» resume aproximadamente toda la doctrina 
que informa á la vida actual; pero el humanitarismo glorifica y adora en el 
hombre cualidades que si subjetivamente tienen no poco valor, objetiva- 
mente son demoledoras. 

El Estado, ante los hechos y doctrinas actuales, maneja admirablemen- 
te el arma que pone á su disposición, lo que ha dado en llamarse «coope- 
rativismo», que al fin no es otra cosa que socialismo adornado, según los 
últimos modelos. 

La Iglesia, que no tiene otro ángulo visual que la salud de las almas, 
sigue preocupándose de las doctrinas y de los hechos sociales y económi- 
cos, é interviene con su infalible magisterio en la dirección de la vida 
social. 

¿Es unánime la interpretación de sus palabras? 

Hemos procurado dar una idea general de la obra de J. Fontaine. Con 



308 BIBLIOGRAFÍA 

gusto nos hubiéramos extendido en algunos puntos capitales que el autor 
desenvuelve con mucha competencia; pero la circunstancia de referirse la 
obra al estado peculiar que reviste en Francia la cuestión social, nos impi- 
de añadir más. 

Sería necesario ver el cuadro real para así juzgar el bosquejo literal. — 
B. Alcalde. 



Juan Fargas.— A la muerte de la Virgen de Avila, Santa Teresa de Jesús. Co- 
ral á solo, dúo y coro.— Barcelona, «Musical Emporium». Rambla de Canale- 
tas, 9.— Precio: 2 ptas. 

La letra dice una especie de balada mística, un romance de lírica ter- 
nura; la música tiene los giros de la romanza de salón, y allí donde dice: 
Que me amas de veras, etc., encontrará cualquiera el tipo de esas elegan- 
cias sonoras tan usadas en el género. 

Bien es verdad que la letra no siempre es muy musicable, y así, por 
ejemplo, esto que hacia el fin se canta: 

Y así que las monjas 
sin madre han quedado, 
un almendro helado 
sus flores abrió. 

no es fácil subrayarlo musicalmente, ni marcar expresivamente la relación 
entre la madre y el almendro, á no ser con el lirismo elegante de las ro- 
manzas de tertulia.— I. V. 



D. Mas y Serracant.— Tres Padrenuestros. Primera colección para voces de 
tiple y acompañamiento.— Segunda colección para voces iguales y acompa- 
ñamiento.— Barcelona. «Musical Emporium». Rambla de Canaletas, 9.— Pre- 
cio de cada colección: 2,50 ptas. 

La falta de rima entre letra y música es quizá la que más se echa de 
ver. Al ritmo interior de las ideas no responde el ritmo musical ni ajusta 
cumplidamente á ellas. Tanto el Padrenuestro, como el Avemaria, tienen 
un ritmo muy marcado repartido en períodos casi simétricos de una im- 
portancia ideológica y de una fuerza expresiva bien relacionada entre sí; 
á todo esto debe responder la música. Ante todo, se trata de uno que sabe 
componer y hacer música. Eso no quita para que aquí no vaya la mano 
muy segura, ni por camino definido. Quizá falta de estilo y de unidad mu- 
sical. Hay toques fuertes, hay pasos blanduchos, rasgos modernistas, ca- 



BIBLIOGRAFÍA 309 

dencias triviales, en mezcla un poco causal. La expresión no siempre es 
natural, hay algo de artificial en ella. Estas son las faltas en cuanto al arte. 
Con lo pío y religioso, cumplen bien.— L. V. 



J. Sancho Marracó. — Rosario (en do mayor), á dos voces y acompañamiento. 
«Musical Emporium». Rambla Canaletas, 9.— Precio: 2 ptas. 

Giros muy gastados, un sentido expresivo muy equívoco y poco natu- 
ral, con algún arranque lírico en un calderón poco justificado, sin nove- 
dad mayor que no recuerde el sonar de hace treinta años; todo dentro de 
un ambiente pío y religioso, es lo que aparece en esta obra. Es fácil y es 
litúrgica. — L. V. 



Convertís, par A. Dossat et J. Montjovet. París, rué Bayard, 5.— Precio: 0,15 
pesetas. 

En pocas páginas, escritas con primoroso estilo, refieren sus autores 
las luchas y principales vicisitudes de algunos personajes, insignes por su 
ciencia, quienes lograron la dicha incomparable de vencer el clamoroso 
grito de la pasión y del error y abrazar, radiantes de consuelo, la religión 
católica. 

Todavía no se ha escrito la historia brillante de los convertidos por la 
gracia, aunque no faltan monografías de mérito indiscutible; pero la obri- 
ta presente, como es de propaganda, se limita á historiar la conversión de 
Juan Joergensen, Frangois Copee, J. K. Huysmans, Krogh-Tonningh, Fer- 
dinand Brunetiére, Chesterton, Albert de Ruville.— P. L. Conde. 



Ilot de Sainteté.— Comment s'est convertie une Paroisse. Rapport lu a la 
Journée Sacerdotale du 2.e Congrés Diocésain de Chartres. París, rué Ba- 
yard, 5.— Precio: 0,10 pesetas. 

Houville es un pueblecito de la Diócesis de Chartres, de 400 habitan- 
tes, que cuenta unas 9.000 comuniones anuales, y tiene establecidas las si- 
guientes obras de acción social: un grupo interparroquial de hombres; 
otro de jóvenes católicos con su Círculo de estudios; una Sociedad gim- 
nástica interparroquial; una banda, formada de católicos prácticos; un Pa- 
tronato para las jóvenes con su Círculo de estudios; la Asociación de Ma- 
dres cristianas, con otras muchas instituciones de carácter piadoso. «La 
natalidad es abundante. La media es de cuatro á cinco niños. Muchas fa- 



310 BIBLIOGRAFÍA 

milias tienen 10, 11, 12, 13, 14 y hasta 16 hijos.» M. Houville, que gobier- 
na esta parroquia modelo hace treinta y cinco años, refirió en el Congreso 
de Chartres el estado actual de ese pueblo y su gloriosa transformación, 
desde la indiferencia religiosa al esplendor fervoroso, que recuerda los 
días felices del cristianismo primitivo. Juzgúese por lo dicho de la impor- 
tancia educativa de este folleto de 32 páginas. — P. L. Conde. 



Despierte el espíritu parroquial, por el Auditor del Supremo de la Rota, don 
Francisco Ruiz de Velasco y Martínez. Madrid. Imprenta de los Hijos de 
Gómez Fuentenebro, Bordadores, 10. 1910. En 8.°, de 230 páginas.— Pre- 
cio: 1 peseta. 

El ilustrado autor de este librito hace resaltar con verdadero cariño, la 
necesidad de que la parroquia concentre toda iniciativa católico-social 
para moldearla en su espíritu, dirigirla y unificar los recursos y fuerzas vi- 
vas del catolicismo militante. La idea es magnífica, y á su desarrollo dedi- 
ca el autor de la obra gran parte del libro. Además contiene un resumen 
breve de las principales obras sociales que pueden establecerse en la pa- 
rroquia. 

Claro es que conviene seguir las direcciones eclesiásticas en este asun- 
to, ya que la unión es la suprema necesidad de los católicos en España y 
fuera de España; pero encauzando siempre todas las iniciativas, sin aho- 
garlas con exageradas trabas ni extremando exigencias ó imposiciones, de 
otro modo se agostarían en flor hermosos proyectos. El Sr. Ruiz de Ve- 
lasco defiende su tesis con acierto y abundante copia de razones.— P. L, 
Conde. 

LIBROS RECIBIDOS 

Federico Dalmau y Gratacós.— Elementos de Filosofía. Psicología. 
Carta laudatoria del Cardenal Mercier.— Barcelona. Luis Qili. Claris, 82. 
1912.— Un vol., en 8.°, de 429 págs.— Precio: 7,50 pesetas. 

— Nieves.— Ramillete del ama de casa.—L. Gili. Barcelona, 1912.— Un 
volumen, en 8.°, de XVI-375 págs. — Precio: 4 pesetas. 

— D. E. Aller. — Las grandes propiedades rústicas en España. — Ma- 
drid. Jaime Ratés, plaza de San Javier, núm. 6. — Un vol., en 4.°, de 238 pá- 
ginas. 1912. 

— A. Castro viejo.— La reglamentación del trabajo á domicilio en Es- 
paña. — Madrid. 1912. Imprenta de Minuesa de los Ríos, Servet, 13. 

—A. Gómez Restrepo.— En elogio de Menéndez y Pelayo (discurso).— 
Bogotá. MCMXII. Imprenta Eléctrica, 168, calle 10. 



BIBLIOGRAFÍA 311 

— J. Oliver— Reflexiones sobre el catolicismo y socialismo.— -Palma 
¿Je Mallorca. Esc. tipogr. provine. 1912.— Un vol., en 8.°, de 91 págs. 

— Antenor Sala.— El problema agrario en la República mexicana.— 
México. 1912. Imp. Lacaud. 1. a de la Academia, núm. 10.— Un vol., en 8.°, 
de 31 págs. 

— I. Doménech. — La cocina vegetariana moderna.— Madrid. 1912. Im- 
prenta Helénica. Pasaje de la Alhambra, 3.— Un vol., en 8.°, de XXXI-145 
páginas.— Precio: 3 pesetas. 

— A. Leonhard Feber. S. j.—Studien zu Hilarias von Poitiers. II.— 
Wien. 1911. A. Hólder. Buchhándler der Kaiserlichen Akademie der Wis- 
senschaften.— Un vol., en 4.°, de 133 págs. 

— E. Becker. S. J.— Les quinze etapeson las spirituels dans la voie des 
exercises de Sainl Ignace.—Paris. Lethielleux, libr.-edit., rué Cassette, 10. 
Un vol., en 8.°, de 155 págs. 

— F. Jubaru. S. ].—L'aimaible petite Sainte Agnes.—Paris. P. Lethiel- 
leux, editeur. — Un vol., en 8.°, de 155 págs. 

—La obra social malacitana de la *Sanla infancia de Jesús» y sufun- 
dador.— Málaga. 1912. Imprenta de Santa Isabel. Escuela-taller de la Santa 
Infancia de Jesús.— Un vol., en 12.°, de 48 págs. 

— T. Lahorda Calleja. O. S. A.— Santa Rita de Casia. La santa de los 
tiempos modernos y sus principales devociones.— Madrid. 1912. Imprenta 
Graphos. Redacción de España y América, Columela, 12. — Un vol., en 
12.°, de 39 págs. 

— Informe sobre la terminación del camino de Moroa.— Pasto. 1912. 
Imprenta del Departamento.— Un vol., en 4.°, de 30 págs. 

—Carta sobre el bienestar humano, por un amante del mismo.— Ma- 
drid. 1912. S. de Hernando. Arenal, 11.— Un vol., en 8. a , de 235 págs.— 
Precio: 2,50 pesetas. 



CRÓNICA GENERAL 



Madrid-Escorial, 15 de Noviembre de 1912. 



EXTRANJERO 

A la avanzadísima edad de ochenta y ocho años, ha fallecido en Roma 
el día 15 del actual el Cardenal Alfonso Capecelatro, bibliotecario de la 
Iglesia Romana y una de las personalidades más salientes del Sacro 
Colegio. 

Monseñor Capecelatro había nacido en Marsella, de una ilustre familia 
napolitana. Formó parte de la Congregación del Oratorio de Ñapóles, de 
la que llegó á ser superior. León XIII, que sentía por él verdadero afecto, 
le nombró más tarde Prelado doméstico, Bibliotecario de la Iglesia Roma- 
na, Arzobispo de Capua, y, por último, Cardenal, dignidad que ostentaba 
desde hacía veintisiete años. Fué uno de los Cardenales que más directa- 
mente intervinieron en la elección del actual Pontífice. 

El Cardenal Capecelatro era un ilustre historiador, un sabio teólogo y 
un escritor admirable, por la elegancia y la pureza de su estilo, que había 
publicado obras muy notables. Entre ellas merecen consignarse Newmann 
y la religión católica, Los errores de Renán, La doctrina católica, Las 
virtudes cristianas y Vida de Jesucristo, sin contar muchas vidas de san- 
tos y seis tomos voluminosos de conferencias y de homilias. 

La muerte del Cardenal Capecelatro ha causado en Roma dolorosa 
emoción. 

— El asesinato del Sr. Canalejas ha quitado toda actualidad á la guerra 
de los Balkanes contra Turquía. Esta, sin embargo, continúa con la misma 
energía y tesón que hasta los últimos días de la pasada quincena. Los búl- 
garos se hallan ya frente á las líneas de Tchatadja, última avanzada de las 
defensas de Constantinopla. Según los últimos telegramas, los búlgaros 
han comenzado ya el ataque, y no faltan noticias de que han roto ya dicha 
línea; pero no debe ser verdad, pues entonces ya se encontrarían los alia- 
dos á las puertas de Constantinopla, y de esto último no hay noticia. Lo 



CRÓNICA GENERAL 313 

que sí se confirma y evidencia cada vez más, es el enorme desbarajuste de 
Turquía, la cual no cesa de clamar pidiendo misericordia á las Potencias; 
pero éstas no escuchan los clamores del caído y la guerra continúa. A últi- 
ma hora se dice que Turquía ha pedido la paz á los Estados balkánicos; 
pero se duda mucho que éstos accedan después de su manifestada resolu- 
ción de firmar la paz en Constantinopla. Parece un hecho que se formará 
la Confederación balkánica, con lo cual quedarían frustrados los deseos de 
la Trípoli. 

— En los Estados Unidos se ha verificado la elección de presidente de 
la República, y, contra lo que esperaba todo el mundo, ha resultado ele- 
gido, por inmensa mayoría, Mr. Wilson, tercero en discordia entre Roose- 
velt y Taft. 

«Mister Thomas Woodrow Wilson nació en el Ohío el año 1856. Su 
abuelo, procedente de Escocia, llegó á Pensylvania, y allí se estableció: 
era periodista. Su padre, José Ruggles Wilson, se consagró al ministerio 
sacerdotal en la Iglesia presbiteriana. En 1858, el reverendo Wilson fué 
nombrado pastor de la iglesia de Atlanta (Georgia); en 1870 fué trasladado 
á Carolina meridional, y después á Wilmington. Esto explica el que mu- 
chos consideren á Mr. Wilson como «hombre del Sur>. 

A los diecisiete años ingresó en «Davidson-College», y en seguida en 
la Universidad de Princeton. Como estudiante no se distinguió gran cosa, 
no pasando de la categoría de alumno mediocre. 

Terminados sus estudios, se trasladó á Atlanta y se inscribió en el Foro. 
Pero los clientes no acudían, y tuvo que abandonar su profesión de abo- 
gado, entrando en la Universidad John Hopkins, donde siguió algunos 
años los cursos de Administración, Política y Economía. 

Al terminar sus estudios publicó una obra titulada Congressional Gou- 
vernement, que le valió algunos admiradores, pero muchos más enemigos, 
porque se dijo que eran muy antidemocráticas las ideas vertidas en ella. 
Fué esta obra su tesis doctoral en Filosofía. 

Después fué profesor, sucesivamente, del Colegio de Bryn Marw, de la 
Universidad Wesleyana, de Middletown,'y, por último, de la de Princeton, 
donde explicó doce años seguidos Jurisprudencia y Política. 

El año 1902 fué elegido presidente de la Universidad. Su renombre 
es considerable en el mundo de las letras; pero nada hacía sospechar su 
personalidad política. 

Su entrada en política resultó tan inesperada como anormal. El Estado 
de Nueva Jersey había sido dominado, durante dieciséis años, por el par- 
tido republicano. Una vez los miembros del partido, en vez de elegir á 
uno de entre ellos, según costumbre inveterada, para gobernador, propu- 



314 CRÓNICA GENERAL 

sieron á Mr. Wilson, y aceptado por éste, resultó triunfante su candidatura 
¡por 49.000 votos de mayoría! 

Tal fué el principio de la carrera política de Mr. Wilson, que acaba de 
llevarle á la primer Magistratura del país. 

Mister Wilson, alto, exageradamente delgado, tiene ojos expresivos, 
inteligentes y fríos. Es un orador notable, que expone persuasivamente 
sus ideas, hasta el extremo de que, más bien que hablar, pudiera decirse 
que predica. 

En general, Mr. Wilson es uno de los políticos yanquis más ilustrados 
y de mayor cultura.> 

— La oposición que el partido unionista inglés ha hecho siempre con- 
tra la concesión del home rule á Irlanda, se halla ahora en el período álgi- 
do. El Gobierno inglés, cumpliendo sus compromisos con los católicos 
de Irlanda, había presentado á las Cámaras el proyecto de ley y se discu- 
tía con grande animación; pero seguían aprobándose los artículos de di- 
cha ley. Uno de estos días, aprovechando la circunstancia de no hallarse 
en el salón muchos diputados ministeriales, un diputado unionista presen- 
tó una enmienda en cuya virtud quedaba anulado todo el proyecto: la en- 
mienda fué aprobada y el Gobierno salió derrotado. Es esta una contin- 
gencia que en las Cámaras inglesas tiene precedentes, sin que por ello los 
Gobiernos se hayan considerado en crisis; pero en los momentos actuales, 
dado el apasionamiento que suscita la cuestión, cuando el Gobierno al día 
siguiente declaró que no se consideraba fracasado y quiso enmendar la 
fechoría del día anterior, se armó un escándalo tan formidable, que el 
presidente hubo de levantar la sesión. Hoy, más serenos los ánimos, se 
discute ya con orden, y es de suponer que por fin se encuentre una solu- 
ción para satisfacer los anhelos seculares de Irlanda. Si el partido unionis- 
ta no sube pronto al poder, el Gobierno se hallará en la precisión inevita- 
ble de cumplir sus compromisos. 

II 

ESPAÑA 

El inesperado asesinato del Sr. Canalejas ha sido la noticia horrible y 
de última hora de la pasada quincena. Ha sido tan inesperada, que á todo 
el mundo ha sobrecogido de estupor el asesinato de un hombre cuya de- 
bilidad era la misericordia, la transigencia con los mayores desvarios de 
las muchedumbres. ¿Quién hubiera pensado que el Sr. Canalejas había de 
ser víctima de los republicanos? ¿No ha sido él quien, prácticamente, ha 



CRÓNICA GENERAL 315 

abolido la pena de muerte, quien indultó los reos de Cultera y concedió 
amnistías generalísimas á todos los asesinos de Barcelona? ¿No era amigo 
de Lerroux, y recibía con los brazos abiertos á todos los republicanos y 
les concedía pensiones, los hacía alcaldes, y, en una palabra, les permitía 
cuanto puede permitir un ministro del Rey?... Pues ahí está la respuesta. 
Hoy, como en los tiempos antiguos, resulta peligroso criar cuervos y ser- 
pientes. La muerte del Sr. Canalejas ha sido sentida por toda España, y 
los católicos no podemos menos de lamentar que la intrusa le haya sor- 
prendido tan rápidamente, que no le hubiera sido posible preparar sus 
cuentas para comparecer ante el Rey de Reyes. A pesar de su tinte demo- 
crático, el Sr. Canalejas tenía dos cualidades que le honraban mucho, y 
eran apreciadas por todo el mundo cual se merecían: su ardiente patrio- 
tismo, su lealtad monárquica y su natural ampliamente misericordioso 
para todo el mundo. Tuvo yerros políticos, y el de más transcendencia le 
ha costado la vida; en ocasiones llegó á conquistarse fama de antirreligio- 
so, rayando con las fronteras de la República y la revolución social; pero 
la carga y responsabilidades del Poder le enseñaron mucho, y en ocasión 
solemne, con motivo de las elecciones á concejales, públicamente hubo de 
manifestar que en las derechas sólo había encontrado caballeros. Esta de- 
claración, que no hizo nunca de sus favorecidos republicanos, demuestra 
claramente que su democracia no era la democracia de los energúmenos 
y desalmados; pretendió desarmar la fiera revolucionaria, tomando algu- 
nas medidas contra la Iglesia, transigiendo y evitando el derramamiento 
de sangre, convencido, sin duda, de que los revolucionarios lo que nece- 
sitan es cariño y misericordia; pero de esa equivocación no se le puede 
achacar á él toda la culpa; esa tendencia, esa manera de pensar es genera- 
lísima á la sociedad española que está contemplando indiferente, sin pro- 
testa, cómo se ataca y vilipendia lo más sagrado; Dios, que preside el des- 
tino de los pueblos, ha permitido que él pagara con su sangre la que no 
quiso derramar; pero ello es también una advertencia de que la sociedad 
española habrá de pagar con las setenas lo que no quiere corregir. 

Don José Canalejas y Méndez había nacido en El Ferrol (Galicia), en 
1854. A la edad de dieciocho años era ya doctor en Derecho y en Filoso- 
fía y Letras, y á los veintidós, profesor auxiliar de Principios generales de 
Literatura española en la Universidad Central, escribiendo en aquella épo- 
ca su obra Historia de la Literatura latine. Alejado del partido republica- 
no, en cuyas filas militaba en su mocedad, ingresó en el partido liberal 
monárquico, que en 1881 le llevó al Congreso como representante de la 
provincia de Soria, manifestándose bien pronto como elocuente é inten- 
cionado orador y polemista en una empeñada discusión sobre cuestiones 



316 CRÓNICA GENERAL 

militares. Confirmó poco después estas facultades en la discusión que tuvo 
en el Ateneo con el ilustre Moreno Nieto, acerca del Concepto del Arte, 
Ha sido diputado á Cortes, además de la vez citada, otras varias por los 
distritos de Agreda (Soria), Algeciras y Alcoy. Ocupó el cargo de presi- 
dente, en virtud de la competencia que acerca de aquel asunto había de- 
mostrado, de la Comisión de reformas militares. Fué subsecretario, du- 
rante tres meses, de la presidencia del Consejo de ministros, tercer vice- 
presidente del Congreso en 1887. Llegó á ministro de Fomento en 1888, ó 
sea á los treinta y cuatro años de edad; de Gracia y Justicia al año siguien- 
te, y de Hacienda, desde Diciembre de 1894 hasta Marzo de 1895, cargo 
que renunció al subir Cánovas al Poder. A la vuelta de Sagasta, en 1902, 
formó parte de su Ministerio, desempeñando la cartera de Agricultura, In- 
dustria y Comercio, que no tardó en dimitir en virtud de desavenencias 
con sus compañeros sobre ciertas cuestiones entre el Estado y las Ordenes 
religiosas. Muerto Sagasta, se mantuvo Canalejas en actitud independiente 
dentro del partido, con el deseo seguramente de formar otro más demo- 
crático. Había sido también presidente de la Academia Matritense de Juris- 
prudencia y Legislación (1894-95); presidente de la sección de Ciencias 
morales y políticas del Ateneo de Madrid (1895-96) y presidente de la Cá- 
mara de Diputados en 1907. Fué además presidente de la Real Academia 
de Ciencias Morales y Políticas, académico de la Española é individuo de 
la Comisión general de Codificación. Poseía las grandes cruces de Isabel 
la Católica, del Mérito Naval, con distintivo blanco, y del Mérito Militar. 
Que Dios haya tenido misericordia de él y D. E. P. 

El atentado se verificó en la siguiente forma: 

El Sr. Canalejas tenía la costumbre de irá pie por Madrid, y aunque 
sus amigos le habían llamado la atención sobre el peligro que corría, nun- 
ca se pudo convencer de que podía ser objeto de un atentado. «Yo, solía 
decir, no he hecho daño á nadie.» El martes 12, salió de su domicilio y 
se dirigió al ministerio de la Gobernación para celebrar Consejo. Al llegar 
á la Puerta del Sol se detuvo un instante frente al escaparate de la librería 
de S. Martín, situada en la esquina de la calle de Carretas; entonces un in- 
dividuo que le estaba acechando, se destacó de un grupo y le disparó tres 
tiros de pistola browning por la espalda; el Sr. Canalejas vaciló un segundo 
y cayó pesadamente al suelo, víctima de aquellos para quienes no quería 
decretar la pena de muerte. El asesino, Manuel Pardinas, quedó un mo- 
mento indeciso, y uno de los policías que acompañaban al Sr. Canalejas 
le descargó un palo y le tiró al suelo; el asesino disparó contra el policía, 
y viendo que no hacía blanco, volvió la pistola y se atravesó de un balazo 
el cráneo. Era de Graus (Huesca), tenía veinteséis años, y se sabe ya que 



CRÓNICA GENERAL ¿17 

era anarquista peligrosísimo y de acción, fichado en la Prefectura de poli- 
cía. Mas lo importante no son los datos particulares del individuo, de cuyo 
temperamento hay muchos degenerados, lo importante es la organización 
á que pertenecía y de la cual han salido tantos disparos, la mayor parte de 
ellos certeros, contra los poderes españoles. Un artículo publicado por 
La Correspondencia nos parece el más aproximado, y lo insertamos á con- 
tinuación: 

«Hace más de cinco años que los revolucionarios internacionales se- 
ñalaron á España y Portugal como países destinados á ser destrozados en 
su organización social. Ferrer, que era el cajero de una de esas agrupacio- 
nes, organizó la revolución en España, y la preparó con los dos atentados 
que fracasaron: el de la calle de Rohan, de París, y el de la calle Mayor, de 
Madrid. La intentona de Barcelona fué el último y fracasado intento, pu- 
diendo asegurar que en él no tuvieron ninguna intervención los repu- 
blicanos. 

Los atentados contra el Rey y los sucesos de Barcelona fueron obra 
exclusiva de un grupo internacional de anarquistas, y las bombas de la 
calle de Rohan fueron tiradas, no por Morral y Vallina, como muchos han 
creído, sino por un anarquista muy amigo de Ferrer, que después del 
atentado fué á los Estados Unidos, y que de cuando en cuando va á París. 

Malato fué una víctima de Ferrer en Francia, como Nakens lo fué en 
España. 

Ese grupo internacional que logró hacer la revolución en Portugal, ha 
intentado luego hacerla en España, y el fracasado levantamiento en el Nu- 
mancia, como los sucesos de Cullera, obra suya fué. 

En París se han reunido varias veces los directores del movimiento: 
franceses, portugueses y españoles, con algún residente en Londres. Allí 
han discutido lo que convenía hacer, y convencidos de que en Espeña no 
contarán los revolucionarios, como en Portugal, con el Ejército, acorda- 
ron renunciar á movimientos revolucionarios. 

En esas reuniones, y los Gobiernos extranjeros lo saben perfectamente, 
se acordó no atentar contra el Rey de España, porque nada práctico con- 
seguirían, ya que se instauraría una Regencia apoyada por todas las fuer- 
zas de Inglaterra, que jamás consentiría fuese derrocada la dinastía espa- 
ñola en daño de vastagos de sangre inglesa. 

Se varió de táctica, y acordaron suprimir á los hombres de más valer 
de la política española. Varios nombres fueron pronunciados, y cuando se 
habló de Canalejas fueron muchos los que protestaron, y no faltó quien 
hiciese observar que Canalejas había sido el introductor y fomentador en 
España de las ideas socialistas gubernamentales, mereciendo respetos y no 
la muerte. 



318 CRÓNICA GENERAL 

Alguien hubo en la reunión que dijo opinaba lo contrario, pues Cana^ 
lejas, por su talento, por su historia, por sus energías y popularidad, era 
un fuerte sostén del Trono, y por eso mismo convenía suprimirlo, pues 
España se disolvería poco á poco privando al Rey de sus políticos más in- 
fluyentes. 

Aquel día, hacia Agosto de 1911, fué incluido el nombre de Canalejas 
en la lista de los sentenciados. 

Cuando se discutió el asunto de los bienes de Ferrer, decidieron los 
del grupo parisién acabar con Canalejas. Con gran sorpresa suya fueron 
devueltos los bienes á la testamentaría, y entonces, el anarquista que lanzó 
las bombas de la calle de Rohan, y que había venido de los Estados Uni- 
dos para estar preparado, tuvo una escena muy violenta con Soledad Vi" 
llafranca, escena que conocen algunos españoles residentes en París, y que 
acabó como el rosario de la aurora. 

En Julio de 1912 volvieron á hacer ofrecimientos á ese individuo, y 
replicó rotundamente que él no atentaría nunca- contra D. José Canalejas, 
que le estaba muy agradecido, que los amigos de Ferrer se habían porta- 
do muy mal y escarnecían su memoria, y que él estaba dispuesto á dar un 
gran escándalo y á matar, si era preciso, no á D. José Canalejas, sino á al- 
guien muy allegado á Ferrer. 

Desde entonces, el grupo hispano-francés, que sueña á diario con ha- 
cer la revolución en España por supresión de los políticos más eminen- 
tes, comenzó á buscar gentes de acción, y tropezó con dos españoles ex- 
pulsados de Buenos Aires, en donde ya habían realizado no pocas fecho- 
rías, y que siempre andaban juntos. 

Uno de ellos era Manuel Pardinas, hombre que tenía muchos puntos' 
de contacto con Morral, amigo suyo, hastiado de la vida, y tan deseoso de 
notoriedad, que decía á quien le quería oir que él siempre llevaba la filia- 
ción en el bolsillo, porque quería morir como los hombres, dando la cara 
y sin misterios. 

El grupo amigo de D. José Canalejas procuró prevenirlo, y en varias 
ocasiones le escribió cartas avisándole del peligro que corría. No conten- 
tos con eso, escribieron á la Embajada de España en París y á un ministe- 
rio español, diciendo que estaba preparado un atentado contra el Pre- 
sidente. 

Además, varios confidentes portugueses comunicaron también los pla- 
nes de atentado, y la Policía francesa lo supo desde Agosto, fecha en que 
recomendó fuese vigilado Manuel Pardinas y su compañero, del cual no 
queremos publicar su nombre, bastando con decir que la Policía española 
tiene la ficha y el retrato, de frente y de perfil, juntamente con el de su co- 
lega y maestro Manuel Pardinas. 



CRÓNICA GENERAL 319 

Por cierto que la Policía española debería dar ese retrato á todos los 
diarios para que lo publicasen, porque ese individuo está en España desde 
fines de Octubre, y de ese modo sería fácilmente conocido y detenido. Eso 
hicieron Francia é Inglaterra recientemente, y el resultado fué satisfactorio. 

Los amigos del Sr. Canalejas saben que D. José no hizo caso de esos 
anónimos, creyéndolos obra de algún mal intencionado, y no ignoran que 
en uno de ellos se le decía que antes del día 1 5 de Noviembre moriría. 

Conociendo bien á Manuel Pardinas, y sabiendo que mataría á Cana- 
lejas, avisaron en París su salida á varios ex anarquistas que están al ser- 
vicio policíaco de la Embajada; pero no hicieron caso, porque se ocupa- 
ban entonces de averiguar otro complot fraguado por otros elementos sin- 
dicalistas, independientes del Comité hispano-franco-lusitano, y que desde 
Septiembre de 1912 preparan otro atentado, del cual tiene cabal y com- 
pleto conocimiento el Gobierno español, y que ha motivado y motiva una 
larga y diaria correspondencia. 

Manuel Pardinas y su amigo han sido muy vigilados en Julio, Agosto 
y Septiembre; pero desde mediados de Septiembre fué perdida la pista, 
aun cuando los retratos fueron profusamente repartidos á la Sección de 
investigaciones de la Policía española. 

Tres días antes de salir de París, Manuel Pardinas se despidió de sus 
amigos, y el mismo día, creo que fué el 30 de Octubre, fué escrito á don 
José Canalejas el último anónimo, recomendándole prudencia y diciéndole 
que estaba sentenciado á muerte. Y por si eso no fuese bastante, le fué en- 
viada otra carta al Gobierno, en la cual le eran dados todos los detalles 
necesarios para que el crimen fuese evitado, pues el grupo amigo de Ca- 
nalejas estaba interesado en evitar el atentado, y sólo le faltó, para evi- 
tarlo, mandar detener en Francia á Manuel Pardinas, como alguien pro- 
puso. 

Si la Policía española fuese hábil, podría saber exactamente qué hizo 
durante las dos últimas semanas en París Manuel Pardinas, con qué es- 
pañoles iba á diario, dónde tomaba todas las tardes café y, sobre todo, con 
quienes habló y paseó en París durante los meses de Agosto y Septiembre, 
á raíz de sus viajes por el Norte de España y el Mediodía de Francia. 

La persona que me relata todo lo anterior me dice que así como las 
autoridades y la Policía fueron las responsables del atentado de la calle 
Mayor, así son ahora responsables de la muerte del Sr. Canalejas, pues 
Manuel Pardinas pudo haber sido detenido en la frontera, en la estación 
y en la calle si en España hubiese lo que no hay: autoridades y Policía.» 

No podemos detallar aquí todos los pormenores que siguieron á la 
muerte de Canalejas, sólo sí que entre el horror y amilanamiento que ha 



320 CRÓNICA GENERAL 

producido el crimen, ha resaltado una nota de suma virilidad y energía, y 
ésta la ha dado S. M. el Rey, acudiendo el primero á contemplar los des- 
pojos de su primer Ministro y asistiendo después al entierro con sus in- 
fantes; este acto del Rey ha sido tan simpático, ha causado tan buena im- 
presión, que no se olvidará fácilmente. En medio de su juventud, esta de- 
cisión y energía le conquistan el cariño de un pueblo que está falto de 
ella. Al entierro acudió una multitud inmensa que, á pesar de la lluvia, 
acompañó el cadáver del Presidente del Consejo hasta el Panteón de hom- 
bres ilustres, y con tal motivo dice El Liberal que todo ello fué un home- 
naje á la democracia del Sr. Canalejas. Es claro, los frutos y consecuen- 
cias no son para menos. Resumen de la terrible lección que arroja el ase- 
sinato de Canelejas. Los revolucionarios reunidos en París y Bruselas, 
tratan de acabar con España, suprimiendo los políticos de más valía y el 
camino está perfectamente elegido, ¿no hay remedio contra tan horrible 
vesania? A la muerte del Sr. Canalejas sucedió interinamente el Sr. Gar- 
cía Prieto en la Presidencia del Consejo y después de las consultas ordi- 
narias ha subido á la Presidencia del Consejo el Conde de Romanones 
con todo el Ministerio anterior. 

— Es unánimemente elogiada la conducta del Sr. García Prieto por el 
desinterés con que ha procedido en la actual situación. 

— En el Colegio de Estudios Superiores de María Cristina, de El Esco- 
rial, ha fallecido el sabio profesor D. Guillermo Fernández del Prado. 
Había nacido en Villafranca del Bierzo (León), y su vida la pasó conti- 
nuamente dedicada al estudio y á la enseñanza, siendo muchos los inge- 
nieros que tienen como una honra el haber sido formados en la ciencia 
matemática por tan experto profesor. Fruto de sus estudios fueron la pu- 
blicación de la Teoría de los determinantes, la Regla de cálculo y otros 
artículos publicados en La Ciudad de Dios sobre la misma materia y te- 
nidos por clásicos entre los iniciados. (D. E. P.) 

P. Benito Garnelo 
o. s. a. 




ESTUDIOS SOCIALES ' 

¿CÍRCULOS Ó SINDICATOS? 
(continuación) 

e da como descontado, que tratándose de Sindicatos cató- 
licos, en ellos se han de resolver los problemas todos con 
arreglo á los eternos principios de la justicia y de la verdad 
y precisamente por esta razón se hacen necesarios, para contrarres- 
tar el efecto de los socialistas. Pero esto supone que en esas grandes 
masas de católicos no ha de haber pasiones, egoísmosyconcupiscen- 
cias que impulsen al hombre á abandonar el camino austero del de- 
ber, y que habiéndolas, la mayor parte han de tener virtud bastante 
para resistir á sus sugestiones malévolas. ¿La realidad, con to- 
das sus miserias, está conforme con este hermoso supuesto? Vamos 
á suponer que los Sindicatos disponen todos de Juntas directivas, 
compuestas de obreros de condiciones de virtud y capacidad tales, 
que sostienen en la Asociación el imperio de la verdad y de la jus- 
ticia aun en materias como las referidas, opuestas á los intere- 
ses materiales de los obreros. ¿No es probable que la mayoría de 
éstos abandonasen el Sindicato católico pretextando ó alegando que 
la Junta dejaba indefensos sus derechos, estaba vendida á los patro- 
nos, era autoritaria é inquisitorial, retrógrada y obscurantista, con 
todo el repertorio de frases huecas y resonantes con que ahora tra- 
tan de desviar á los obreros de los Círculos católicos? ¿No se pasa- 
rían con armas y bagajes á las Sociedades de resistencia, donde se 
da la razón siempre al obrero, se habla siempre de sus derechos, se 
pondera en todos los tonos los desafueros reales ó aparentes del ca- 
pital y se asegura el triunfo para día no lejano, con su correspon- 
diente botín para el proletariado? ¡Es tan dulce oir hablar de dere- 

La Ciudad de Dios.— Afio XXXH.— Núm. 949. 21 



322 ESTUDIOS SOCIALES 

chos y tan duro de deberes! ¡Son tan simpáticos los que nos dan la 
razón, y tan antipáticos los que nos la quitan! que es muy fácil, de 
no poseer un espíritu muy culto y una voluntad muy enérgica 
para no separarse del deber conocido, seguir lo dulce y simpático, 
dejando á un lado lo duro y antipático. No queremos convencernos 
de la realidad, contra la cual se han estrellado, y continuarán estre- 
llándose, todas las teorías de soñadores más ó menos conscientes; la 
inmensa mayoría de los obreros son, intelectualmente, verdaderos 
niños, que si se les deja á sus propias iniciativas, huyen del austero 
educador y se van con los amigos ligeros y libertinos, que todo lo 
consienten y aplauden. 

Es un hecho palmario, y no negado por los defensores de los 
Sindicatos, la resistencia, y en algunos verdadera oposición, á las 
Asociaciones obreras de la mayoría del elemento patronal. ¿Cuál es 
la causa de esta actitud hostil? ¿Es el deseo de avasallar al pobre 
obrero, despojarle del fruto de su trabajo, y enriquecerse á costa de 
su miseria? No diremos que no haya patronos desalmados, movidos 
por tan inicuos instintos; pero suponer que todos, católicos y no ca- 
tólicos, marchen impulsados por tan egoístas é innobles sentimien- 
tos, es inferir una injuria grave á la clase patronal. Hay muchos, 
muchísimos, que se recelan de las grandes agrupaciones obreras, 
porque por experiencia, por una visión clara y certera, aunque casi 
inconsciente, de la realidad, de que carecen á veces muchos sabios es- 
critores, comprenden los grandes peligros que encierran; porque ven, 
aunque no sepan demostrarlo con argumentos, que en esas grandes 
masas es sumamente fácil penetre más pronto ó más tarde un fer- 
mento que las corrompa, que alguno de los muchos gérmenes mor- 
bosos que en el ambiente social hoy pululan invada á alguno de los 
elementos, y luego, por contagio, se transmita á los restantes, pro- 
duciendo juntos los estragos de las grandes epidemias; porque saben 
muy bien que las fuerzas mal dirigidas, cuanto más potentes sean, 
tanto más desastrosos efectos producen, y la experiencia les ha en- 
señado que las muchedumbres poco cultas dejadas á sus iniciativas 
van de ordinario mal dirigidas, por apoderarse de los primeros pues- 
tos los audaces, los charlatanes, los desahogados, los llamados vivos, 
ó sea personas de escaso ó nulo sentido moral. 

No falta quien quiere basar su oposición á las Asociaciones pro- 



ESTUDIOS SOCIALES 323 

lesiónales en el derecho á la libertad individual; y claro está que 
•este fútil argumento de la escuela liberal carece de fuerza verdadera 
y es fácilmente rebatible; porque, aunque la libertad es un bien 
grande, no es el bien supremo al cual deban supeditarse todos los 
demás; y, por otra parte, no es perder la libertad condicionarla y 
aun limitarla en cierto sentido para mejor ejercitarla en otro, y con- 
seguir fines de otra suerte irrealizables. La escuela liberal olvida en 
este y otros muchos casos que la libertad, como todos los derechos 
humanos, no es fin sino medio. Por eso pierden el tiempo los defen- 
sores de las grandes Asociaciones obreras al rebatir ciertas razones 
valadíes de los liberales: lo que deben demostrar es que, con los 
Sindicatos, la justicia, el derecho y la moral salen gananciosos, y que 
no son una nueva forma de tiranía, bajo la cual han de gemir escla- 
vizadas las demás clases sociales y hasta la misma obrera, víctima 
inconsciente de las osadías de unos cuantos explotadores de su can- 
dorosa buena fe. ¿No hay fundamento para temer estos males, juz- 
gando por lo que hoy sucede con las Asociaciones socialistas y sin- 
dicalistas? Se dirá que éstos carecen de base religiosa, y por eso 
atropellan los derechos de los demás; los Sindicatos católicos los 
respetarán. Como éstos carecen de historia, buscaremos hechos aná- 
logos que ilustren la presente materia. Los mozos de Peralejo de 
Abajo acuden todos los años á la fiesta de Peralejo de Arriba: cuan- 
do suben aisladamente y desarmados, los cultos, los bailes populares 
y demás números del programa de los festejos suelen terminar en 
paz y en gracia de Dios, con consideraciones mutuas entre los mo- 
zos de Arriba y los mozos de Abajo. Pero supongamos que los mo- 
zos de Peralejo de Abajo suben reunidos y con sendos garrotes en 
la mano para defenderse si les faltasen los de Peralejo de Arriba, y 
éstos, á su vez, se hallan unidos y armados por si les agrediesen los 
de Abajo; en estas condiciones, bien se puede asegurar que la fiesta 
no termina en paz, y el motivo más fútil é insignificante será ocasión 
para que se vayan á las manos. Esto lo estamos viendo todos los 
días. Y no es que carezcan de religión los protagonistas, sino que 
entre tantos nunca falta un indiscreto capaz de hacer una tontería; 
y luego el espíritu de cuerpo, de clase ó de compañerismo, ó como 
quiera llamársele, les ciega y defienden la tontería con el calor de 
una causa justa. Esta es la historia de las reyertas harto frecuentes, y 



324 ESTUDIOS SOCIALES 

no siempre incruentas, de las fiestas de los pueblos. Y hemos de con- 
venir que cuando en las disputas se mezclan intereses de clase, la 
mayoría de las gentes ó son de Peralejo de Abajo ó de Peralejo der 
Arriba. ¿Quién no conoce el origen y desarrollo de las algaradas es- 
tudiantiles? Unos cuantos individuos, por regla general tan malos 
estudiantes como audaces agitadores, asumen la representación de 
la colectividad sin que nadie se la otorgue, y se mueven en todas 
direcciones, hablando á unos, imponiéndose á otros, ridiculizando á 
los sensatos, enardeciendo á los tranquilos é invocando siempre eí 
nombre del compañerismo y de los intereses abandonados de la veja- 
da clase escolar, y con estas y otras palabras tan resonantes como 
vacías de sentido, arrastran en pos de sí á los demás, y colectiva- 
mente abandonan las clases, faltan al respeto á las autoridades aca- 
démicas ó civiles, y cometen otros actos de indisciplina á todas lu- 
ces injustos, como la mayoría de los mismos estudiantes reconocen 
cuando se hallan en calma y se les habla á solas. Así podríamos ir 
citando ejemplos de otras colectividades, y de todos ellos se puede 
deducir la consecuencia siguiente, poco consoladora, es cierto, pero 
rigurosamente exacta; de cien casos en que una colectividad cual- 
quiera, á no estar formada por personas de gran cultura, de sensatez 
extraordinaria y de acrisolada honradez ; delibere acerca de sus inte- 
reses puestos en litigio por otras colectividades en más de noventa 
se impone la pasión disfrazada de espíritu de clase, y sólo los exal- 
tados son escuchados. 

Las corporaciones obreras en la época romana pasaron por mu- 
chas vicisitudes desde la prohibición de su existencia, la tolerancia 
hasta la protección especial por parte del Estado; pero en una forma 
y en otra, en tiempo de la República y del Imperio, estuvieron siem- 
pre sometidas á estrecha vigilancia por parte de los Poderes públi- 
cos, por temor á los disturbios por ellas producidos. Los collegia opi- 
ficum fueron siempre elementos principales de todos los desórdenes, 
y sabido es que con ellos se nutrían las filas de los sublevados en 
todas las revoluciones. Era tal el convencimiento de todos en aque- 
lla época de que las corporaciones de obreros eran focos de desor; 
den y revolución, que aun reconociendo su conveniencia para el 
bien material del Estado, llegó á prohibirse su existencia; y cuando 
no se llegaba á este extremo se les sometía á vigilancia especial. 



ESTUDIOS SOCIALES 325 

¿Qué significan estos hechos y este convencimiento general sino 
que lo mismo en la República que en el Imperio, lo mismo en las 
-épocas antiguas que en las modernas, las grandes Agrupaciones de 
obreros abandonadas á sus iniciativas, constituyen un verdadero pe- 
ligro para la paz pública y para la buena marcha de los Estados, á 
causa de ser casi siempre guiadas por elementos díscolos que gozan 
«n el desorden y de él viven? Por razones análogas, aunque de or- 
den distinto, creemos son un mal social esas grandes Asociaciones 
de patronos capitalistas, que con un poder económico brutal subyu- 
gan hasta los mismos Estados. 

Se alega como argumento de que no hay nada que temer de las 
Asociaciones obreras, el hecho de los gremios medioevales, que, se- 
gún se afirma, fueron siempre elementos de orden. Mucho se podría 
decir acerca de este argumento y de la acción social de los gremios 
en las distintas épocas de su existencia; pero como no todo hace al 
caso, vamos á concretarnos á lo que á nuestra tesis se refiere, de- 
mostrando que el argumento de los gremios carece de fuerza en 
contra de ella. Nosotros sostenemos que hay peligros graves para la 
justicia, la paz social y el bien general en las g/andes Asociaciones 
obreras puras, pero no en las pequeñas, ni en las mixtas, ni en las 
que luego describiremos. Los gremios no fueron nunca grandes, ni 
puras Asociaciones obreras, sino Asociaciones de carácter especial, 
donde los tres elementos que la formaban, maestros, oficiales y 
aprendices estaban jerárquicamente distanciados, no obstante de vi- 
vir bajo un mismo techo. 

El maestro era á la vez patrono y obrero, y los oficiales y apren- 
dices aspiraban á ser maestros, ó sea á reunir también en si la doble 
categoría de patronos y de obreros. Esta institución es absolutamen- 
te distinta de los Sindicatos puros, y como la manera de obrar es 
una consecuencia de la manera de ser modus operandi sequitur mo- 
dum essendi, los procederes de los gremios necesariamente habían 
de ser distintos de los de los Sindicatos. Sin embargo, en lo que 
tienen de común éstos con aquéllos se cumplen mis afirmaciones, 
pues sabido es que en muchos casos el espíritu de cuerpo saltó por 
encima del de la justicia. 

Son tan claras y de tanta transcendencia las dificultades que 
acompañan á los Sindicatos obreros puros, que no se ocultan á los 



32Ó ESTUDIOS SOCIALES 

mismos defensores de ellos. Como muestra, vamos á copiar urr. 
substancioso párrafo de Garriguet, que es entusiasta de dichas ins- 
tituciones sociales: 

«Se han formulado muchas censuras contra las Asociaciones 
obreras, al menos tal y como hoy se encuentran organizadas. Se las 
ha reprochado: hablar mucho de derechos y muy poco de deberes, 
de exagerar las reivindicaciones del proletariado, de exacerbar los 
antagonismos de clases, de recurrir á medios violentos, de fomentar 
las revoluciones, de dar origen á huelgas, de proporcionar ejércitos 
perfectamente organizados para el desorden, la revolución y la anar- 
quía, de reemplazar la llamada opresión patronal por otra opresión 
no menos real y dura, la de los Sindicatos, y otras muchas cosas 
además. En todo esto hay mucho de verdad y algo de exageración. > 

«Que los obreros sindicados hablan un poco más de lo conve- 
niente de sus derechos y que gritan un poco alto, es muy natural. 
jSe les ha permitido hablar tan poco de ellos durante el largo perío- 
do del individualismo, y se ha hecho de ellos tan poco caso! Que 
en la reacción que se ha producido han salido, y quizá gravemen- 
te, de la moderación que se debe guardar, es incontestable. Que 
han recurrido á medios violentos y aún criminales para hacer triun- 
far reivindicaciones ya justas ya exageradas, no puede negarse. 
Que en ciertos países algunas de sus agrupaciones van á engrosar 
las filas socialistas, los hechos están á la vista para demostrarlo. Que 
los Sindicatos con sus federaciones constituyen una potencia terrible,* 
de la cual fácilmente pueden apoderarse los agitadores para condu- 
cirlos al asalto de las instituciones más sagradas; la experiencia ya 
está hecha. Que muchas veces hayan usado de su formidable fuerza 
para pesar abusivamente, y aún oprimir, ya á los patronos ya á com- 
pañeros no sindicados, es cosa que se produce aun todos los días. 
Que asimismo hay reproches, y reproches graves que hacerles, no- 
hay quien sueñe ponerlo en duda...> (1). 

Leído atentamente lo que precede, á cualquiera se ocurre pre- 
guntar: ¿Es práctico apoyar incondicionalmente los Sindicatos has- 
ta el extremo de querer sustituir con ellos instituciones tan im- 
portantes y de historia tan limpia, aunque pobre por defectos 



(1) Nos hemos permitido subrayar algunas frases. 



ESTUDIOS SOCIALES 327 

de organización y dirección según demostrado queda, como son 
los Círculos y Patronatos? ¿Es conveniente, es discreto buscar la 
salvación de la sociedad por medio de instituciones en las que se 
reconoce que en muchos casos van sus miembros á engrosar \zs fi- 
las de los socialistas, que acuden á medios viólenlos y aún crimina- 
les para hacer reclamaciones á veces exageradas, que constituyen 
una fuerza formidable que puede fácilmente ser llevada al asalto de 
las instituciones más sagradas y á oprimir á los patronos y á los obre- 
ros no sindicados? Confesemos ingenuamente que aquí se puede 
aplicar con toda verdad el dicho vulgar <es peor el remedio que la 
enfermedad.» No es resolver el problema social cambiar una opre- 
sión por otra opresión, un abuso por otro abuso, una injusticia por 
otra injusticia. Sobre todo, á los católicos, no nos es licito apartarnos 
de los eternos principios de la verdad y de la justicia, aunque por 
este procedimiento pudiéramos hacer innumerables prosélitos. 

Y las razones expuestas no se combaten con metáforas que nada 
prueban, como las usadas por Garriguet. Efectivamente, hay torren- 
tes que desbordados arruinan las comarcas por donde pasan, y en 
cambio, encauzados convenientemente, pueden llenarlas de riqueza; 
pero también es cierto que hay aguas con gérmenes morbosos, aun- 
que cristalinas en apariencia, y esas, lo mismo encauzadas que sin 
encauzar, llevan las enfermedades á los pueblos por donde pasan; 
hay aguas estancadas formando pantanos, donde la vida del hombre 
es imposible, y es necesario huir de sus márgenes si no se quiere 
enfermar; hay corrientes que no son de agua, sino de lava ardiente, 
y es inútil empeñarse en transformarlas en corrientes fecundas 
haciéndolas circular por nuevos cauces. Vea el amable lector cuan 
fácil es encontrar metáforas para apoyar una teoría cualquiera; pero 
no olvide que la metáfora nada prueba. 

Queremos hacernos cargo de otra razón en pro de los Sindicatos 
muy usada y de un gran efecto oratorio. «No se trata, se dice, de si 
debe haber Sindicatos ó no, sino de si han de ser cristianos ó anti- 
cristianos.» Puesto el problema en estos términos, la solución no es 
dudosa; pero, ¿debe plantearse asi la cuestión? ¿Es de necesidad ab- 
soluta la existencia de los Sindicatos? Y supuesta esa necesidad, ¿han 
de entrar en esas sociedades todos y solos los obreros? ¿No sería 
posible fundar otras donde la parte sana del proletariado pudiera re- 



328 ESTUDIOS SOCIALES 

unirse, educarse y fomentar sus intereses? A estas preguntas no es 
tan fácil contestar como á la primera, cuyo simplicismo es bastante 
sospechoso tratándose de asuntos sociales, porque el carácter de lo 
social es la complejidad. 

Este mismo argumento invoca el ilustre presidente de la <Acción 
social católica», D. Narciso Pía y Daniel (1), citando para ello el si- 
guiente párrafo de Pavissich: «No hay poder humano, dice aquel 
gran jesuíta italiano, bastante para refrenar el movimiento democrá- 
tico moderno en el terreno político, económico y social, pues es 
consecuencia necesaria del desarrollo progresivo de la sociedad, de- 
terminado por la civilación cristiana. Hace un siglo se levantaba la 
burguesía para constituirse en frente del patriciado, contra el abso- 
lutismo cesarista; ahora se levanta el pueblo para organizarse corpo- 
rativamente: ó bien con la reforma cristiana, reconquistando los de- 
rechos de órgano esencial y autónomo de la sociedad, y la represen- 
tación y tutela legítima de sus intereses, ó bien imponiéndose por el 
número y por la fuerza á las clases superiores, para mal de las mis- 
mas y de toda la sociedad, por medio de la revolución, ya realizada 
legalmente, obteniendo mayoría de votos en los cuerpos legislativos, 
ya violentamente, conforme á la sentencia de Hipócrates aplicada á 
la sociedad por Bakunin: Quae medicamenta non sanant, ferrum sa- 
nat; quae ferrum non sanat, ignis sanat. La reforma es nuestra, la 
revolución es del socialismo: ó realizamos nosotros la reforma, ó la 
revolución nos arrollará á nosotros.» 

¡Hermoso párrafo! Pero confieso ingenuamente que tengo miedo 
al estilo oratorio con sus absolutas y rotundas afirmaciones y nega- 
ciones, úsese por los de la izquierda ó por los de la derecha, cuando 
se trata del estudio de problemas espinosos y complicados como es 
el que ahora nos ocupa. Y prueba palmaria de que mis temores y 
recelos no carecen de fundamento, es la frase de Hipócrates trans- 
crita, tan falsa é inexacta aplicada al organismo humano, como 
aplicada al organismo social. ¡Cuántas enfermedades hay en uno y 
otro organismo, á las cuales no curan ni los medicamentos, ni el 
hierro, ni el fuego! ¡Y cuántas otras hay donde la aplicación del hie- 



(1) Discurso pronunciado en la solemne sesión de clausura de la Asamblea 
diocesana de Barcelona, 21 de Diciembre de 1911 . 



ESTUDIOS SOCIALES 329 

rro y del fuego sería brutal y contraproducente! ¡Y cuántas donde 
los medicamentos para nada sirven! 

Que existe hoy un movimiento intenso democrático en todas las 
manifestaciones de la vida, lo estimamos exacto é incuestionable; 
pero que sea consecuencia necesaria de las ideas cristianas y que 
tenga por fin la organización corporativa del pueblo para hacer efec- 
tivos sus legítimos derechos ya legalmente ya revolucionariamente, 
que es lo que se viene á afirmar en el párrafo citado, ya no lo esti- 
mamos tan exacto ni incuestionable. La sana, la santa democracia 
cristiana, compatible con todas las jerarquías, respetuosa para todas 
las autoridades sociales, amante del orden y de la ley, es muy ante- 
rior y muy distinta de la actual, igualitaria, desenfrenada y semi- 
anárquica. Que tenga por fin preciso y determinado la reivindicación 
de sus legítimos derechos, ya legal ya revolucionariamente, nos per- 
mitimos dudarlo, pues realmente el pueblo en esta ocasión no va, 
sino es llevado por los agitadores que lo capitanean, lo explotan, lo 
engañan y lo entontecen con locas promesas. Y estos mismos, que 
son verdaderos burgueses y hasta plutócratas no tienen doctrina po- 
sitiva bien definida; en ellos sólo está clara y es terminante la negati- 
va, ó sea la de concluir con la organización social presente. La parte 
positiva es vaga y sólo de líneas generales: aspiran á un estado so- 
cial donde todos tengan cubiertas todas las necesidades, sin concre- 
tar éstas ni la manera de realizar este verdadero milagro, y muchos, 
muchísimos desean y buscan la absurda é imposible supresión de 
las desigualdades sociales, y la satisfacción de sus desordenados 
apetitos sin reparar en medios, pues las masas obreras industriales, 
que es de las que aquí se trata, están contaminadas del más grosero 
positivismo ó materialismo, y si lograsen mayorías en los Parlamen- 
tos, no se contentarían con reclamar sus legítimos derechos, sino 
que para ellas todos serian derechos, y en cambio para las demás 
sólo habría deberes. 

Este es el estado moral de la inmensa mayoría de los obreros in- 
dustriales, y mientras no se arranquen de su alma las ideas erróneas, 
materialistas, anárquicas que en el periódico, en el libro, en el mitin 
han aprendido, es inútil pensar en esas masas para nada que signifi- 
que orden y justicia. ¿Los Sindicatos puros, son medio adecuado para 
arrancar esas ideas? ¿Los pocos buenos, convertirán á los muchos 



330 ESTUDIOS SOCIALES 

malos al reunirse, ó sucederá lo contrario? Piénsese bien el asunto, 
pues lo merece. No somos enemigos de los Sindicatos; pero creemos 
un deber hacer notar sus dificultades y peligros para ver de resolver 
aquéllas y ahuyentar éstos. 

Vamos á referir un hecho muy significativo y que proyecta abun- 
dante luz en la materia, aunque á primera vista no lo parezca. 

Por el año 1891, el sacerdote Oberdoerfer trató de formar en 
Alemania Asociaciones profesionales católicas, por cierto con resul- 
tados no muy satisfactorios en su principio. Los esfuerzos del celoso 
sacerdote tuvieron éxito cuando los triunfos electorales de los socia- 
listas alarmaron la opinión pública en Alemania, é impulsaron al 
Centro Católico á, sin pérdida de tiempo, tomar medidas defensivas 
contra la ola socialista que iba apoderándose de todo el elemento 
obrero industrial, y para ello fundaron las Asociaciones profesiona- 
les. Este fué el origen de los Sindicatos cristianos que en poco más 
de una docena de años han llegado á reunir sólo en la Escuela de 
Colonia 300.000 miembros. 

No hay para qué decir que, según la mente de los fundadores, 
dichas Uniones profesionales debían ser antisocialistas. Veamos su 
desenvolvimiento. En su primer Congreso de Maguncia se declara- 
ron como interconfesionales é independientes de toda propaganda 
política. En el siguiente, de Francfort, avanzaron en su evolución, 
afirmando sus simpatías socialistas, votando la famosa proposición 
Müncher Gladbach, en la que se declaraba que si los Sindicatos so- 
cialistas renunciaban á su programa político, y se concretaban á la 
acción social para luchar contra los patronos, los Sindicatos cristia- 
nos no tenían dificultad alguna en fundirse con ellos. Y hasta se 
apuntó la idea, que por fortuna no fué aprobada, de crear una Caja 
común para huelgas. 

Los acuerdos tomados en el Congreso de Francfort produjeron 
alarma tan grande entre los católicos, que dos meses después la ma- 
yoría del episcopado alemán creyó oportuno un acto de protesta 
contra la moción Müncher Gladbach, y, congregado en Fulda, lan- 
zó la célebre pastoral colectiva denunciando los inconvenientes de 
los Sindicatos cristianos mixtos, y preconizando la necesidad de es- 
tablecer Sindicatos católicos puros. Algunos Prelados disintieron de 
lo consignado en la referida pastoral, y se verificó la división que 



ESTUDIOS SOCIALES 



331 



hoy existe entre la escuela de Colonia y la de Berlín, y que en el 
reciente Congreso de Aquisgrán no ha sido zanjada. 

Una pregunta que se deriva del hecho relatado. Un sacerdote 
alemán funda los Sindicatos cristianos para luchar contra el socialis- 
mo; al poco tiempo, cuando se sintieron fuertes por contar ya 77.000 
miembros, en su segundo Congreso anual, entró una ráfaga de vien- 
to socialista en forma de moción Müncher Gladbach, y esa ráfaga 
arrastró á los congresistas hacia el campo contrario: ¿no podría su- 
ceder algo parecido en España, donde el carácter meridional, con 
sus exaltaciones y brillanteces oratorias, con su impresionabilidad é 
impremeditación, puede introducir en las asambleas no ya una ráfaga 
socialista, sino un verdadero huracán que destruya en una hora de 
asamblea lo que con trabajos sin cuento se había plantado en mu- 
chos años? ¡Es tan fácil con un ligero empujón hacer rodar hacia 
abajo! 

Supongamos un conflicto entre el capital y el trabajo, y que se 
reúnen en sesión sindical los obreros para discutir el asunto origen 
del conflicto, sea el que sea. He aquí lo que de ordinario ocurre, co- 
mienzan por no asistir á la sesión más que los descontentos, exaltados 
y bulliciosos. Se presenta la cuestión por regla general á luz favora- 
ble á los intereses obreros, y se señala como opuesto á ellos el capi- 
tal. Desde este momento de la inmensa mayoría, de la casi totalidad, 
se apodera la pasión, el espíritu de clase se exalta, se pierde la sereni- 
dad del juicio, y aquellos individuos, con no gran bagaje intelectual 
para resolver en justicia los intrincados problemas sociales, quedan 
como barcos sin timón á impulso de los vientos que soplen, que en 
estas situaciones son siempre de borrasca. Allí no suena para nada 
el santo nombre de la justicia, allí no se consigna que los patronos 
tienen también derechos como los obreros, que deben tenerse en 
cuenta para tomar las determinaciones correspondientes, allí se bus- 
can no las soluciones conformes á la justicia, sino favorables á los in- 
tereses de los obreros, en conformidad con los medios de que dis- 
pongan para llevarlas á la práctica y llegar siempre hasta donde 
pueden llegar, sin preocuparse para nada de si lo conseguido es le- 
gítimo ó no lo es, si los dictados de la justicia lo autorizan ó lo pro- 
hiben. Allí no se estudia serenamente presentando el pro y el con- 
tra de las cuestiones, analizándolas á todas luces, tomando en consi- 



332 ESTUDIOS SOCIALES 

•deración las demás con las cuales se hallan relacionadas. En suma: 
esas asambleas no son escuelas donde se estudien los problemas 
sociales para resolverlos con equidad y justicia, son centros de re- 
unión donde se imponen soluciones determinadas que halaguen á 
ias masas obreras y se exalta el espíritu de clase, se excitan pasiones 
no siempre santas, y se anteponen los intereses materiales del obre- 
ro, legítimos ó ilegítimos, á toda otra consideración, sea del orden 
que sea; patria, sociedad, justicia, moral, intereses generales de las 
demás clases sociales..., nada significan, y, ¡ay del que se atreva á 
nombrarlos!, será arrojado de la asamblea como traidor. 

¿No es esta la verdadera historia de la mayor de las asambleas sin- 
dicalistas? Esta intransigencia, parcialidad y turbulencia explican el 
que en muchas ocasiones, no obstante no desear la generalidad de los 
obreros ir á la huelga, se vaya á ella. Los obreros laboriosos, pacíficos, 
enemigos del desorden y de la violencia, amantes de la familia, cons- 
cientes y libres, conocedores experimentados de que, en esa clase de 
revueltas, es donde hacen su agosto los pescadores sociales, y que 
mientras en muchas ocasiones, y después de no pequeños sufrimien- 
tos, los de abajo pierden la huelga, los de arriba, los directores de la 
misma, la ganan siempre; rehuyen la asistencia á esas reuniones, don- 
de de antemano se señala la orientación que ha de seguirse, y si algu- 
no, en virtud de sus honradas convicciones, trata de separarse de ella 
y hablar con sinceridad, ni se le oye ni se le atiende; les repugna el 
oficio poco digno de meros comparsas de unos cuantos exaltados 
.que monopolizan la palabra, el pensamiento y la opinión, y por eso 
se quedan en casa ó van á la asamblea y se callan para no ser trata- 
dos como traidores. En la pasada huelga de ferroviarios se vio esto 
palpablemente. Había muchos, muchísimos obreros, que reconocían 
que estaban en mejores condiciones que la mayoría de los trabaja- 
dores españoles, y, sin embargo, iban (eran llevados) á la huelga > 
que estimaban improcedente, por... compañerismo, aunque veían 
que las Empresas y el país iban á la ruina. 

Se dirá que así proceden los Sindicatos socialistas y que, preci- 
samente para evitar esos males indiscutibles, se fundan los católicos. 
La idea sería indudablemente plausible si hubiese seguridad moral 
de que éstos habían de mantenerse dentro de los límites señalados 
por la justicia y por las ideas cristianas; pero para evitar desengaños 



ESTUDIOS SOCIALES 333 

dolorosos, bueno es tener en cuenta el hecho citado de Alemania, 
También pretendía el sacerdote Oberdoerfer restar elementos al so- 
cialismo, y, en un momento, los 77.000 individuos que se habían 
reunido, intentan pasarse con armas y bagajes al campo socialista. 
Asimismo es de observar que en la huelga ferroviaria entraron mu- 
chísimos católicos, comenzando por el jefe de los de la red catalana, 
y pedían algunas cosas justas, pero otras no lo eran, al menos eran 
muy discutibles, y todas fueron defendidas por católicos y no cató- 
licos con el mismo ardimiento y entusiasmo (1), y si el Gobierno no 



(1) Escribiendo estas cuartillas recibo el número 108 de El Pueblo Obrero, 
de Valencia, periódico sindicalista católico, en el cual leo un articulito dialo- 
gado titulado «Un buen jornal», el cual termina en la forma siguiente: «Ese 
obrero está en lo justo al afirmar que gana un buen jornal, porque «efectiva- 
• mente, ese obrero dice que Fulano, con tal salario, sostiene las cargas de su 
«familia, vive en casa decente é higiénica, viste según su condición, ahorra 
»para los casos imprevistos, está inscripto en una mutualidad por si cae en- 
»fermo y forma también su pensión para la vejez.» 

«Me causa admiración el hallazgo, porque, en verdad, hacía mucho tiempo 
que andaba tras un ejemplo semejante para ofrecerlo á los sindicalistas cató- 
licos. Ahora, en vista de ese caso, «caso», les puedo decir: «Ahi tenéis el mo- 
delo, el tipo de salario. Eso debéis pedir con insistencia y no cejar en tal 
propósito hasta que ¡la excepción se convierta en regla y no sea, por consi- 
guiente, uno solo, sino todos los obreros los que se hallen á cubierto de la 
miseria, obteniendo la remuneración debida á su trabajo, en el que, por otra 
parte, consumen sus energías y ponen toda su inteligencia, y que es, como 
sabéis todos, su única fuente de ingresos.» 

No vamos á discutir aquí si el salario familiar por el articulista defendido, 
es justo y admisible ó no lo es. Esta delicada cuestión la hemos tratado, con 
toda la extensión que su indiscutible importancia merece, en nuestra obra 
Estudios sociales. Lo único sobre que creemos oportuno llamar la atención, es 
que el articulista comienza por no reconocer competencia en los patronos para 
juzgar de la justicia del salario y reconocérsela á los obreros, y termina exci- 
tando á los obreros católicos á que demanden con insistencia el salario fami- 
liar y no cejar en su propósito hasta que lo consigan. 

De aqui se deducen dos consecuencias á cual más transcendentales y que 
corroboran nuestras apreciaciones ó temores. 1.» Que el Sindicato pretende 
imponer su criterio respecto del salario. 2. a Que no debe cejar en sus recla- 
maciones hasta haberlo conseguido. De suerte que los patronos tienen que 
dar el jornal designado por el Sindicato, que ha de servir para asegurar el 
bienestar de las familias de todos los obreros, aunque muchos de éstos sean 
ineptos y malos trabajadores y los empresarios se arruinen. Si esto se afirma 
cuando serenamente se escribe, ¿qué se afirmará y qué se hará cuando se veri- 
fiquen los mítines para reducir á los patronos que rechacen las imposiciones 
de los Sindicatos? 



334 ESTUDIOS SOCIALES 

toma cartas en el asunto, hubiesen tranquilamente arruinado á las 
Compañías, á sí mismos y á la nación. Esto no es muy católico que 
digamos. La experiencia demuestra á diario que en las reuniones de 
individuos de una sola clase social, sea la que sea, militares, ingenie- 
ros, profesores, estudiantes, obreros... sean católicos ó no católicos, 
dominan é imponen su criterio los más exaltados, no los que pro- 
ponen las soluciones más justas, sino los que defienden las más ha- 
lagadoras para los circunstantes, es decir, que el espíritu de clase se 
antepone al espíritu de justicia, el bien particular de la colectividad 
representada en la asamblea, al bien general de la Sociedad. ¿Es 
que los obreros, por pertenecer á Sindicatos católicos, van á cambiar 
de naturaleza y mirar al bien general antes que al particular de su 
clase, é inspirar sus acuerdos y resoluciones en las normas inconmo- 
vibles de la estricta justicia? Dios lo quiera. Eso sería de desear; pero 
lo humano y lo histórico es todo lo contrario. Ya antes hemos apun- 
tado lo ocurrido con los gremios, y aquí volvemos á repetirlo, pues 
corrobora nuestras apreciaciones. Eran estas instituciones católicas, 
mixtas, formadas por maestros, oficiales y aprendices, con base mo- 
ral y religiosa, superior á la actual en la casi totalidad y respirando 
un ambiente espiritual de altruismo, de caridad y de abnegación 
muy enrarecido en la época actual, y, sin embargo, el espíritu de 
clase cegaba en muchos casos á unos y á otros y se promovían re- 
yertas entre unos y otros gremios, y entre gremios idénticos, pero de 
distintas localidades; abusaban los poderosos de su poder, inspirán- 
dose casi siempre en sus acuerdos y determinaciones, en el bien 
particular del gremio y no en el de la sociedad en general, y se mi- 
raba con malos ojos y se perseguía, hasta con ensañamiento á veces, 
á los que se permitían divulgar ideas ó procedimientos perjudiciales 
para el gremio, aunque fuesen beneficiosos para la generalidad. Es 
más, ¿pueden las Comunidades religiosas, no obstante su cultura, 
su altruismo, su abnegación, sus obras admirables en bien de la Hu- 
manidad, gloriarse de tener tan ordenado el espíritu de clase y do- 
minados sus afectos naturales, que cuando se encuentren y choquen 
los intereses generales con los de su Corporación, antepongan siem- 
pre aquéllos á los de ésta? 

Preciso es no olvidar jamás que la profesión de determinadas 
ideas no supone que la práctica responda siempre á ellas, que el 



ESTUDIOS SOCIALES 335 

catolicismo no muda la naturaleza humana con todas sus pasiones y 
miserias, que no despoja de la libertad al individuo, y que aconseja 
que nadie se ponga en el peligro para evitar perecer en él. ¡Y es 
una tentación tan violenta, dada la mísera condición humana, en- 
contrarse una federación de Sindicatos con cientos de miles de hom • 
bres con fuerza bastante para imponer su voluntad justa ó injusta á 
las demás clases sociales y al mismo Estado, y, sin embargo, tener 
que sacrificar sus intereses particulares y de clase en aras del bien 
común! 

Por otra parte, Jesucristo vino á aproximar las distintas clases 
sociales, á borrar las castas, á unir los pueblos y las razas, á promul- 
gar la hermosa ley de fraternidad universal que convirtiese á la Hu- 
manidad en una gran familia; por consiguiente, toda organización 
donde se fomenten los antagonismos de clase, donde el amor sea 
sustituido por el temor á la fuerza bruta, donde se dé por supuesto, 
que la sola presencia de individuos de cierta posición social es hu- 
millante para los que no disfrutan de esa posición, donde las distan- 
cias se ahondan y se aplica á las distintas clases sociales el famoso 
dicho de Hobes homo homini lupus, podrá ser una organización 
aceptable temporalmente, á causa de estar impuesta por la fuerza de 
los acontecimientos y por las circunstancias especiales de determina- 
do momento histórico; pero nunca se podrá sostener como solución 
definitiva é hija del espíritu cristiano. ¿No habrá otras soluciones más 
perfectas y más conformes con la doctrina de amor universal predi- 
cada por Jesucristo, y con los progresos morales y materiales de la 
Humanidad, á que se debe tender siempre para resolver el gran pro- 
blema social? 

P. Teodoro Rodríguez. 

o. s. A. 
(Continuará.) 



INTEGRACIÓN DE LAS IDEAS 

EN EL ORGANISMO PSICOLÓGICO 




(CONTINUACIÓN) 

'Spontánea y naturalmente la inteligencia se mueve en vis- 
ta de los intereses prácticos de la vida; la especulación 
pura, desligada de toda finalidad práctica, es un resultado 
de la reflexión, que exige cierta madurez de desenvolvimiento 
mental. Cierto que la vida se desenvuelve en el plano trazado por 
las ideas, y, en tal sentido, éstas son las que orientan y canalizan la 
acción; pero es verdad también que las ideas están al servicio de las 
necesidades é impulsos vitales, de las tendencias sensibles ó volun- 
tarias, y éstas son las que en la vida práctica marcan en otro sentido 
la orientación de las ideas. 

Nuestra inteligencia no suele colocarse desinteresadamente en- 
frente de las cosas; entre una y otras está la naturaleza con sus ten- 
dencias seleccionadoras de la realidad. La realidad es la medida de 
las ideas, pero no la realidad integral, sino aquella parte solamente 
que responde á las tendencias y necesidades de la naturaleza. De 
aquí que el curso de las ideas esté también regulado por los instin- 
tos y tendencias, por los hábitos, gustos y preferencias, por los de- 
seos y aspiraciones de la voluntad, por las situaciones y estados per- 
sonales de cada momento. Los intereses teóricos y prácticos mueven 
siempre la inteligencia; en algún sentido puede decirse que sólo 
conocemos aquello que nos interesa conocer. 

Aunque somos libres para dirigir nuestras actividades en la vida 
práctica y del pensamiento, esta libertad es relativa. De hecho, y 
sin destruir esa libertad, casi todo el pensamiento y la vida van re- 
gulados por condiciones subjetivas y personales. Al lado de la 
realidad que desinteresadamente se ofrece á la inteligencia, está el 



INTEGRACIÓN DE LAS IDEAS 337 

-coeficiente personal: todo este mundo interior de ideas, tendencias, 
-sentimientos, hábitos que forman nuestro temperamento y nuestro 
carácter, que pesan fuertemente sobre la inteligencia, y la fuerza á 
ver en la realidad no todo lo que ésta ofrece, sino aquellos aspectos 
solamente que se prestan á la asimilación. Por desinteresado é im- 
personal que quiere hacerse el hombre, nunca puede despojarse de 
sí mismo; por depurado que el conocimiento esté por la reflexión, 
siempre pone algo de sí mismo, siquiera este coeficiente subjetivo 
no siempre haya de contrariar la verdad objetiva. El amor de sí mis- 
mo, el deseo de bien, de perfección es el principio de toda activi- 
dad, y nosotros no podemos sustraernos á esta tendencia necesaria, 
ni en el orden mismo de la inteligencia. Es, por consiguiente, también 
el amor resorte de energías intelectuales; sin amor no hay ideales 
ampliamente comprendidos ni hondamente sentidos. Y sin ideales, 
la vida se desenvuelve pobre, mezquina é infecunda. Las grandes 
figuras de la humanidad han sido hombres de ideales, sostenidos 
y fecundados por una gran pasión. Si es verdad que las ideas con- 
ducen al hombre, también lo es que los ideales son elaborados al 
calor de la pasión, y de ésta reciben toda su fuerza y fecundidad 
práctica. Los individuos y los pueblos no viven una vida intensa, no 
desenvuelven el fondo de energías de que son capaces, sino á con- 
dición de tener ideales y apasionarse por ellos. 

Pero esta influencia bienhechora de la pasión sobre la inteligen- 
cia, despertando y manteniendo su actividad, puede ser un obstáculo 
para la rectitud de la inteligencia misma. En lugar de enfocarla direc- 
tamente hacia las cosas, por verlas en su propia realidad, las envuel- 
ve en un ambiente personal, al través del cual vemos solamente el 
lado que nos interesa. La pasión es una fuerza exclusivista, absorben- 
te y despótica, que tiende á dar relieve y asimilarse cuanto puede ali- 
mentarla, y á excluir del campo de la conciencia las fuerzas contra- 
rias. Ella absorbe en provecho propio, y del núcleo central de ideas 
que la determina, todas las energías psíquicas, borrando y aniqui- 
lando los sentimientos antagónicos y las ideas que pueden desper- 
tar estos sentimientos. Y cuando se eleva á las alturas del pensa- 
miento y es aceptada por la voluntad, entonces se constituye en un. 
ideal permanente que se desarrolla y enriquece á expensas de las 
otras ideas. 

22 



338 INTEGRACIÓN DE LAS IDEAS 

La vida intelectual y la afectiva presentan caracteres marcada- 
mente opuestos; predomina en la primera el elemento impersonal 
y objetivo, y en la segunda el subjetivo. La inteligencia, en pre- 
sencia de la realidad, es asimilada por ésta, adoptando sus formas 
y haciéndose en algún modo todas las cosas: intellectus, según la fra- 
se de Aristóteles, quodammodo fit omnia; al revés, en la vida afectiva, 
los objetos del sentimiento entran á formar parte integrante de nues- 
tro ser, la realidad se subjetiva haciéndose en algún modo nosotros. 
El sentimiento y la pasión envuelven así los objetos de nuestras 
ideas en un ambiente personal, y nos obliga á ver la realidad al 
través de nosotros mismos, ó, mejor dicho, nos vemos á nosotros 
mismos en ella. De aquí su influencia decisiva no sólo en el ejerci- 
cio y orientación de las ideas, sino también en los juicios objetivos. 
Una misma! impresión, en sí indiferente, determina asociaciones 
diversas de imágenes é ideas según el estado de nuestro cuerpo, que 
da origen á juicios opuestos. Nos levantamos un día en estado de 
bienestar y equilibrio orgánico, y nos inducen á juzgar benévola- 
mente las cosas y los actos de las personas que nos rodean, que al 
día siguiente encontramos molestas y censurables. La simpatía ó an- 
tipatía por una persona nos hace ver é interpretar las mismas accio- 
nes de maneras opuestas en conformidad con los sentimientos. 

En la vida superior de la reflexión, las actividades de la concien- 
cia se hallan todas sometidas, en mayor ó menor grado y hasta un 
cierto límite, á los imperativos de la voluntad. Parece, sin embargo, 
á primera vista, que la inteligencia con sus ideas directrices, ocu- 
pando el summum de esta vida superior, debiera ser una excepción; 
y que la voluntad no hace más que moverse dócilmente en los pla- 
nes ideales, por aquello de nihil volitum quin praecognitum; el que es 
en cierto sentido efecto del conocer. Pero también es verdad que 
la inteligencia es un instrumento movido por la voluntad, y aplicado 
á los fines por ella propuestos; y si porun lado no hay determinación 
voluntariasinjuicioprecedente,por otrola inteligencia construye estos 
juicios y encamina el curso de sus ideas bajo la autonomía del que- 
rer libre; en el orden práctico, sobre todo, las ideas no son eficaces, 
ni descienden de la región teórica para ser insertadas en la vida r 
hasta no haber sido aceptadas por la voluntad, y convertidas de 
ideas-luces ó simplemente indicativas, en ideas-fuerzas ó imperativas. 



INTEGRACIÓN DE LAS IDEAS 339 

El curso de las ideas no se desliza al acaso, todo él va impulsado 
y dirigido por una ley inmanente de finalidad; en la vida práctica y 
en la teórica, el pensamiento obedece á un fin previamente aceptado 
é impuesto por la voluntad. Los propósitos de la voluntad avivan y 
concentran el foco intelectual y limitan á la vez el ángulo de visión, 
ejerciendo sobre la inteligencia una doble acción: selectiva, por una 
parte, de ideas y asociaciones favorables, creando hábitos psicológi- 
cos y ordenando las representaciones en planes sistemáticos en ar- 
monía con los fines voluntarios; y, de otra parte, inhibitoria de aso- 
ciaciones y estados mentales contrarios. Y cuando el propósito de 
la voluntad es un ideal hondamente sentido y deseado con pasión, 
entonces se instala despóticamente en medio de la conciencia absor- 
biendo en provecho propio todas las actividades, agrupando á su al- 
rededor y dando relieve á los elementos psicológicos similares, y 
obrando como disolvente de las fuerzas contrarias. Los propósi- 
tos de la voluntad actúan sobre la inteligencia á manera de juicios 
anticipados ó prejuicios, cerrándonos la visión integral y desintere- 
sada de las cosas, é imponiéndonos una visión unilateral, estrecha 
y exclusivista de los motivos que favorecen el fin impuesto. Por eso 
somos tan malos jueces en los asuntos que de cerca nos interesan 
y en que hemos puesto nuestros amores, los cuales, aún sin quererlo 
ni sospecharlo, pesan en la balanza de todos nuestros juicios. 

Pero donde aparece con más relieve esta influencia de la volun- 
tad sobre las ideas, es en los intereses de la vida práctica y sobre 
todo en la vida moral. La organización de nuestras ideas prácticas, 
nuestras apreciaciones sobre las cosas y personas que de cerca nos 
interesan, más bien que juicios dictados por la inteligencia, suelen 
ser adhesiones instintivas impuestas por nuestros deseos y conve- 
niencias. Y en cuanto á los imperativos morales, que de ordinario á 
causa de su complejidad son accesibles á pocas inteligencias, son 
más bien que dictados de la razón, imposiciones del sentimiento 
desenvuelto por la educación. Hay verdades que sólo comprende 
el que las siente y las practica, y á las cuales debe irse no sólo con 
la inteligencia, sino con el alma toda. El avaro no entiende cuando 
se le habla de generosidad, de desinterés, de sacrificio, y no com- 
prende estas cosas porque no las ha sentido y no las siente porque 
no las ha amado ni practicado. Para comprender la vida moral y la 



340 INTEGRACIÓN DE LAS IDEAS 

vida religiosa en toda su plenitud, es necesario haberlas vivido y 
amado intensamente. 

Parece que en el terreno de la especulación científica debiera la 
inteligencia manejar sus ideas desinteresadamente y con exclusión 
de todo factor subjetivo é interés personal, de toda otra finalidad 
que no fuese la de traducir fielmente la realidad. Pero este desinterés 
es relativo; el sabio es inseparable del hombre, y el hombre concu- 
rre á la obra científica con su temperamento, con su educación, 
sus gustos y aficiones, con sus ideales preconcebidos, con su organi- 
zación psicológica, con toda su historia personal. El ideal de la cien- 
cia consistiría en hacerse independiente de estos factores personales; 
pero como todo ideal, es plenamente irrealizable; sería para esto ne- 
cesario que el sabio se despojase de sí mismo. 

En mayor ó menor grado, todos los grandes pensadores han te- 
jido sus sistemas filosóficos bajo la presión de estos coeficientes y 
tendencias personales. Cada uno de ellos elige un punto de vista 
que le parece fundamental, le estudia con perseverancia para re- 
ducirlo todo á él, y por fin se persuade de que efectivamente todo 
se reduce. Con el tiempo sufre una especie de atrofia parcial que le 
hace cada vez menos sensible á otras maneras de ver que difieren 
de la suya; su convicción gana así en firmeza y serenidad, pero solo 
á beneficio de la estrechez de su espíritu y de su miopía mental, y á 
costa de la verdad desinteresada, objetiva é integral. 

Aunque no en tanto grado como en las altas concepciones y sín- 
tesis de la filosofía, también interviene el factor personal en los pro- 
cedimientos é investigaciones de la ciencia, y sobre todo en los re- 
sultados é inducciones generales. Es la ciencia una interpretación de 
la realidad, y para interpretar el sabio esta realidad y darla un sen- 
tido y valor científicos, pone en juego y la envuelve en un tejido de 
conceptos, definiciones, teorías, hipótesis y hábitos mentales, pre- 
viamente y acaso inconscientemente elaborados y moldeados en el 
troquel de su temperamento, de sus gustos y aficiones. El sabio 
lleva, pues, á la ciencia, además de su inteligencia, un espíritu, una 
actitud y tendencia personales que imprimen una orientación de- 
terminada á las ideas, procedimientos especiales y maneras origina- 
les de ver, de sentir y de apreciar la realidad, resultado de su tem- 
peramento y educación. El investigador no va en sus análisis indife- 



INTEGRACIÓN DE LAS IDEAS 341 

rentemente al acaso y á lo que resulte, sino bajo un plan sistemático 
y dirigido por una idea ó hipótesis, y con el propósito de encontrar 
una solución anticipada y obscuramente prevista. Y esta hipótesis ó 
solución anticipada, actuando como una fuerza interesada y selec- 
tiva, da relieve á unas cosas y deja perderse otras en la obscuridad 
é indiferencia, para recoger de la realidad compleja, aquel lado sola- 
mente que interesa al propósito. En estas condiciones no es difícil 
hacer decir á la experiencia y estadística de los hechos lo que convie- 
ne á la hipótesis preconcebida; el evolucionista y el fijista encontra- 
rán igualmente confirmadas sus hipótesis en la realidad; un Spencer 
verá por todas partes rigiendo el determinismo mecánico, allí donde 
un Bergson encuentra indeterminismo y libertad universales. 

Hacemos aquí gracia de motivos de otro orden extraños á la con- 
ciencia científica del sabio, pero que ejercen presión sobre ella: la 
exaltación personal, estímulos sociales, intereses creados, que tam- 
bién los hay en las regiones desinteresadas de la ciencia, toda la se- 
rie de hábitos psicológicos y adaptaciones vitales que constituye su 
carácter han de influir, quiéralo ó no, en mayor ó menor grado, en 
la orientación y en el resultado de la labor intelectual. Que el hom- 
bre de ciencia, por aquilatada que se suponga su rectitud y probidad 
científicas, siempre es hombre. Sin incurrir en las exageraciones 
pragmatistas, bien puede afirmarse que el sabio, y, sobre todo, el 
filósofo, ven y juzgan las cosas al través de toda su historia y psico- 
logía personales. 

Hay que reconocer, pues, la parte que corresponde á las tenden- 
cias afectivas espontáneas y voluntarias en el curso de las ideas; no 
solamente mueven las actividades intelectuales y orientan su ejerci- 
cio, sino que se infiltran en todas sus decisiones, trabajando por do- 
minar al pensamiento y ponerlo á su servicio; y prácticamente lo 
consiguen en cierta medida, puesto que si examinamos nuestras 
adhesiones y certidumbres espontáneas, nuestras opiniones y juicios 
de orden práctico, sobre todo, más que resultado de evidencias ob- 
jetivas, son, en gran parte, imposiciones de nuestras tendencias y 
necesidades subjetivas; el buen sentido práctico y moral de la huma- 
nidad no son, en la mayor parte de los hombres, sino afirmaciones 
del sentimiento, no de evidencias racionales. Nuestra adhesión á las 
verdades morales no puede explicarse por la inteligencia sola; para 



342 INTEGRACIÓN DE LAS IDEAS 

comprenderlas, hay que sentirlas y vivirlas; exigen de nosotros, lo 
mismo que las verdades religiosas, la adhesión del alma entera. No 
hay en nosotros una inteligencia que conoce la verdad por un lado 
y una voluntad que tienda al bien por otro, sino las dos cosas uni- 
das, un solo hombre que conoce la verdad y la sigue y la practica en 
cuanto es bien. 

Pero no hay que exagerar las cosas y sacarlas de quicio, basta 
afirmar con el voluntarismo que quien piensa en nosotros es la vo- 
luntad libre, manejando la inteligencia como un instrumento que se 
plegase absolutamente á sus imperativos libres, y como si ella deter- 
minase libremente los asentimientos y fabricase el pensamiento y la 
verdad á la medida de sus deseos El pensamiento tiene sus leyes ló- 
gicas y objetivas de la verdad independientes de nuestro querer 
libre. Somos libres para mover la inteligencia y para elegir el objeto 
de nuestros pensamientos, como lo somos en los movimientos del 
cuerpo, pero esta libertad se halla limitada y condicionada por las 
leyes lógicas de la inteligencia y por las leyes físicas de 1 organismo 
y del medio en que ha de moverse. La verdad de nuestros pensa- 
mientos tiene su ley y fundamento en la realidad, y la voluntad no 
crea á su antojo esta realidad ni sus leyes; que las cosas no las juz- 
gamos porque así nos convengan y en la medida que responden á 
nuestros deseos, sino porque así son y en la medida que aparecen á 
la inteligencia. Hay verdades en que la voluntad y el sentimiento no 
entran para nada. «El día en que bastase á un astrónomo — dice 
Fouillée — un acto libre para ver una estrella nueva al fin de su ante- 
ojo, la astronomía habría acabado.» 

P. Marcelino Arnáiz, 

o. s. A. 
(Continuará.) 



INVESTIGACIONES ACERCA DEL CULTO 

DEL 

BEATO MAURICIO PROETA, agustino 



(continuación) 

14. Vergel I Avgustiniano, I qve ha prodvcido rvbicvndos cla- 
veles | de Martyres: Verdes muertas de Confeífores; I y candidas Agu- 
Qenas de Virgines. | O Flos Sanctorv \ de los Santos, y Santas de la 
Orden | del Oran Padre, y Patriarca de las Religiones, | San Auguf- 
tin,Obifpo de Hipona. | Escrito I por Fray Jayme Font, hijo del Con- 
vento | de Nueítra Señora del Socorro, de la Ciudad de Palma, | del 
Reyno de Mallorca, de la mifma Orden: | Tomo Primero; I contie- 
ne los meses de Enero, y Febrero. | Dedícale [ al muy Ilustre Señor 
| Don Gabriel Salas, de Berga, de Togores | y Santa-Cilia, Dotor en 
Sagrada Thelogia, y Ca- | nones, Sumiller de Cortina del Rey N. Se- 
ñor | [que Dios guarde] y Canónigo de la | Santa Igleíia Cathedral 
de | Mallorca. | En Mallorca: Por Pedro Antonio Capó.— S. a. (1721). 

Fol. de 8 hs. prels. s. n. (la 1. a en blanco) -i- 593 págs. á dos columnas -f 1 
con una estampa de S. Agustín -f-4 hs. de Tablas. 

Hoja en blanco. - Port. orlada y la vuelta en b.— Dedicatoria precedida del 
escudo del Mecenas grabado en negro. Contiene noticias de los ilustres ascen- 
dientes del Canónigo Salas, y está firmada en el Convento del Socorro, de Pal- 
ma, á 20 de Julio de 1721.— Aprobación de los RR. PP. LL. Jubilados Fray 
Agustín Riera, Prior que fué de los Conventos de Nuestra Señora de Itria, ex- 
tramuros,}' de Nuestra Señora del Socorro, de la ciudad de Palma, y al pre- 
sente Difinidor actual de la provincia en los reynos de la Corona de Ara- 
gón, por la parcialidad de Mallorca; y Fr. Miguel Melía, Presidente que fué 
de los Conventos de Nuestra Señora de Itria y de Nuestra Señora del So- 
corro de la Orden de Nuestro Padre San Agustín. (Palma, 9 de Julio 1721:. — 
Lie. del P. Provincial Fr. Andrés Gosalbo. (Valencia, 12 de Enero 1721).-Apro- 
Jbación del M. R. P. Fr. Juan Quetgles, del Orden de Predicadores, Prior de 



344 INVESTIGACIONES ACERCA DEL CULTO 

Santo Domingo de Palma y Regente de Estudios. (Ib. 6 Junio 1721).— Imprima- 
tur del Ordinario.— Parecer del M. R. P. M. Fr. Pedro Ribot, del Orden de Saír 
Agustín, Doctor en Artes y Sagrada Teología, Calificador del Santo Oficio, y su 
Comisario, Embiado que fué á la isla de Menorca por causas de fe, Provincial 
que fué de la provincia de Cerdeña, etc., y al presente segunda vez Prior de su 
Convento de Nuestra Señora del Socorro, de la ciudad de Palma. (Ib. 10 de 
Julio 1721). — Prólogo. Escribe en edad, según parece, abanzada, y se propo- 
ne repartir esta espiritual historia en seis volúmenes, uno para cada dos me- 
ses del año, refiriendo ingenuamente y día por día las vidas de los Santos 
agustinianos tal como nos las transmitieron los graves autores que cita opor- 
tunamente.— Texto á dos columnas.— Tabla de lo contenido en este primer 
volumen.— Tabla alfabética de los Santos contenidos en el mismo. 

Las páginas 1-82 contienen un largo capítulo preliminar sobre las Excelen- 
cias de la Regla Agustiniana y Ordenes que la han abrazado. Empieza luego el 
Flos Sanctorum, tan copioso, que en algunos días, como el 1.° de Enero, da la 
historia hasta de seis santos agustinianos ó que profesaron la Regla de San 
Agustín, como son San Eugendo, San Artuago, San Marino, San Mochua, San 
Frodoberto, todos Abades, y el Beato Ugolino de Gualdo. Ordinariamente son 
dos los Santos ó Beatos que coloca en cada uno de los días, por donde se ve, 
que de haberse continuado la obra hubiera sido la mayor compilación hagio- 
gráficade la Orden. 

Trata largamente del Beato Mauricio Proeta en el 20 de Febrero, pági- 
na 540, y aunque no cita al P. Massot, reproduce su texto mejorando algo el 
estilo; en la relación de los milagros coinciden los dos autores hasta en las 
palabras. 

El P. Font dejó evidentemente materiales para los tomos siguientes que 
no llegaron á publicarse. El tomo 1.°, único impreso, es hoy libro raro. 

15. Flos Sanctorum Agustiniano, por el P. Fr. José de San An- 
tonio.— Lisboa, 1723. 

No he visto esta obra, pero me consta que contiene una pequeña biografía 
del Beato. 

16. Prodigios y finezas de los Santos Angeles, hechos en el 
Principado de Cataluña, por Pedro Serra y Postius. Barcelona, per 
Jaime Suriá, 1726. 

8.° de 24 hs. prels. +415 págs. -h 1 s. n. -h 10 hs. de índice de cosas. 

Es muy citado este librito, especialmente por las noticias biográficas y bi- 
bliográficas qi;e contiene de muchos autores cuyas obras ó fueron utilizada» 
por Serra y Postius en la composición de este y otros libros suyos ó existían 
en su biblioteca particular. Véanse las páginas 275-415, donde, entre otras ce 



INVESTIGACIONES ACERCA DEL CULTO 345 

sas, se encuentra mencionado el manuscrito de la Historia General del Princi- 
pado de Cataluña, en 2 tomos en 4.°, uno de los cuales existe hoy en la Biblio- 
teca Universitaria de Barcelona. De cosas y personas agustinianas habla en 
muchos lugares, extractando casi siempre á nuestros historiadores Massot y 
Jordán, como puede verse en los números 80, 81, 82, 83, 84, 85, 86, 87, 220, 
247, etc. Del Beato Mauricio no he encontrado nada. 

17. Chronica 1 Espiritual | Augustiniana. | Vidas de Santos, 
Beatos y Venerables ¡ Religiosos y Religiosas del Orden de su Gran 

| Padre San Agustín, para todos ¡ los dias del año... por el P. M. 
Fr. Sebastian de Portillo y Aguilar.— Madrid, Imprenta del Venera- 
ble Orozco, 1731.— 4 tomos en fol. 

El ejemplar visto fué del P. José Estruch, y luego del Convento de Barcelo- 
na, viniendo por último á parar al Convento de Calella. Aunque no fué publi- 
cada esta obra hasta el año 1731, consta que estaba ya compuesta por los años 
de 1651, mucho antes de publicarse los obras de los PP. Massot y Font, así es 
que faltan en ella algunas de las vidas incluidas por éstos ó bien por el P. Fray 
José de San Antonio en su Flos Sanctorum Agustiniano. El P. Aviles, editor de 
la obra del P. Portillo, advierte al final de cada tomo las omisiones cometi- 
das, entre otras, la de la vida del Beato Mauricio, que los PP. Font y San 
Antonio traen en 20 de Febrero. 

18. Índice \ de los Santos, ¡ y de los Varones y Mugeres | in- 
signes en Santidad | del J Principado | de Cataluña. | Por Pedro 
Serra y Postius, | Académico de la Academia de la | Ciudad de Bar- 
celona, | Primera Parte, | Con Licencia J Barcelona: Por Juan Jolis, 
Impressor, | á los Algodoneros, | Véndese en la misma Imprenta, y 
en casa Francisco Capmany Librero, | en la Plaza de los Encan- 
tes. S. a. (1746.) 

12.° de 101 págs. -4- 7 s. n.—Port.—Prol.— Texto.— Protesta del Autor.— 
Carta del limo. Sr. D. José de Lupia y Roger, Obispo de León, en respuesta de 
otra del Autor, remitiéndoie el expresado Trecenario. (León, 4 Marzo 1746.) — 
Licencias.— Pág. en b. 

Es un resumen alfabético de los Santos, Beatos y Venerables, incluidos en 
otras obras del Autor, especialmente en la Hist. Eclesiast. del Principado de Ca- 
taluña. La 1. a parte sólo comprende hasta la letra F. Dentro de cada letra son 
cuatro las divisiones: Santos, Varones insignes en santidad, Santas, y Mujeres 
insignes en santidad. Menciona varios venerables agustinos sacados de Mas- 
sot ó de Jordán. 



346 INVESTIGACIONES ACERCA DEL CULTO 

No he llegado á ver la 2. a parte que seguramente tratará del Bto. Mauri- 
cio, aunque con la brevedad propia de un índice. 

19. Martiroloqi Gálica de Jansay (léase Saussay). ¿Siglo XVIII? 

No conozco el libro á que se refiere esta equivocada cita de Parassols y Pi. 
Véase el n.° 6 bis de esta reseña. 

20. España Sagrada. Tomo XLIV. Tratado LXXXII, De la San- 
ta Iglesia de Gerona en su estado moderno. Por los PP. MM. Fr. An- 
tolin Merino y Fr. José de la Canal. Madrid, Impr. de D. José del 
Collado, Año 1826, 4.° 

En las páginas 230-31 de dicho tomo 44, puede leerse un breve resumen de 
la vida de nuestro Beato extractado de la obra del P. Massot, con algunas 
noticias nuevas é importantes acerca del culto que merecen recogerse. Según 
los mencionados continuadores de la España Sagrada, en 1820 certificó el Prior 
de Agustinos de Castellón, Fr. José Turet, la existencia en el Archivo de su 
propio Convento de tres de los testimonios notariales que se habían hecho de 
los milagros del Bto. Mauricio. «Su culto (prosiguen) es inmemorial y autori- 
zado por los Obispos. El domingo precedente al día 20 publica el párroco la 
fiesta del Beato como de precepto. Según afirma dicho P. Prior, hasta el año 
de 1787 hubo indulgencia plenaria, y el señor Obispo en decreto dado en 6 de 
Febrero de 1780 señaló el dicho día 20 de Febrero como día fijo para la 
celebración de la fiesta.» 

21. Compendio manual | de las | grandezas é indulgencias | 
de la Correa | del G. P. San Agustín, que á su Madre Santa Mónica 
dio la | Virgen Purísima; con la sagrada no- j vena y rezo de su co- 
rona sobre los | doce artículos del Credo, y otras tantas oraciones, 
para los cuartos | domingos de cada mes que se la di- | rigen y con- 
sagran á esta Señora, como á árbol místico de la vida y Madre | de 
Consolación. I Es útilísimo, de gran consuelo y gozo I para iodos los 
devotos de María. | Sale á luz á espensas de un devoto. | Palma. | 
Imprenta de Villalonga. | 1840. 

12.avo —Una h. con la estampa de N. a S. a de la Consolación -f- 202 páginas 
de texto. 

Estampa: la Virgen con la mano derecha tiende su propia correa á las al- 
mas del Purgatorio, mientras que el Niño, que sostiene en el brazo izquierdo 
entrega otra correa á Sta. Mónica á cuyo lado se ve á S. Agustín. -Port. y la v. 
en b.-Tres capítulos sobre la historia y excelencias de la Correa.— Modo de 



INVESTIGACIONES ACERCA DEL CULTO 347 

rezar el sagrado Trecenario (pág. 18).— Oraciones para los cuartos domin- 
gos (pág. 41). — Oraciones para antes de confesar y comulgar.— Compendio de 
las indulgencias y gracias de la Correa. — Diario de las dichas indulgencias, 
con un santoral de la Orden. — Novena de la Consolación.— Aprobación del 
Ordinario. (17 Jul. 1840.)— Erratas.— Gozos de N. a Señora: Pues sois en toda 
aflicción... 

Parece ser en el fondo lo mismo que el librito del P.Pedro Mártir Puig, aun- 
que arreglado y acomodado á Mallorca. En el Santoral agustiniano, día 20 de 
Febrero, p. 129, coloca al Bto. Mauricio, Conf. de N. O. 

22. Martirologio para las islas Baleares y Pitiusas, por D. An- 
tonio Furió. Palma. 1850. 

Menciona, según tengo entendido, á nuestro Beato. 

23. Año Cristiano del P. Jvan Croisset, trad. por el P. José 
Franc. de Isla, adicionado con los Santos y Festividades de España 
por los PP. Fr. Pedro Centeno y Fr. Juan de Rojas. Barcelona, Libre- 
ría Religiosa, 1853. — 12 tomos en 4.° 

Ni esta edición, que existe en El Escorial, ni la de Madrid-Barcelona 
de 1861, que examinó en la Biblioteca del Seminario de Barcelona el M. R. P. 
Eustasio, contienen la vida del Bto. Mauricio. 

24. Colección de Documentos inéditos para la Historia de Espa- 
ña, por D. Miguel Salva y D. Pedro Sainz de Baranda. Tomo XXII. 
Madrid, Impr. de la Viuda de Calero, 1853. 

Contiene este tomo la Clave de la España Sagrada, escrita por D. P. Sáinz 
de Baranda, cuyo capitulo V lo forma un Calendario Español, que en la pági- 
na 292, día 20 de Febrero, menciona al Beato Mauricio Proeta. 

25. Barcelona antigua y moderna, por D. Andrés Avelino Pí y 
Arimon.— Barcelona, 1854. 2 tomos, en fol. 

Trata del Convento de S. Agustín (tom. I, pág. 504), del de Recoletos de 
Sta. Mónica (p. 511), del de Agustinas de Sta. María Magdalena (p. 521), del 
Beaterío de S. Agustín, fundado en 1678 por Sor María Agustina Almera (pá- 
ginas 524, 532 y 535.) 

En el tomo II, pág. 183, trata del Colegio de S. Guillermo y de otros cen- 
tros de cultura; pero nada dice con referencia al culto del Beato en Barcelona. 



348 INVESTIGACIONES ACERCA DEL CULTO 

26. Postrema seacula sex Relig. Augustinianae, P. Josephe Lan- 
teri augustiniano Auctore. Tolentini, 1858.— 3 vols., 4.° 

Se cita á nuestro Beato en el tomo II, pág. 185. 

27. Biografía Eclesiástica completa, redactada por una Reunión 
de Eclesiásticos y Literatos, y revisada por una Comisión nombrada 
por la Autoridad Superior Eclesiástica.— Madrid, 1862. Imprenta de 
D. Alejandro Gómez Fuentenebro. 

En el tomo XIII, pág. 540, de esta colección, se encuentra la biografía de 
nuestro Beato resumida de la que escribió el P. Jordán. Aunque al principio 
no lleva más dictado que el Fray, aparece luego en el contexto con los títulos 
de Beato y Santo, y se hace constar la solemnidad con que se celebraba su 
fiesta en Castellón de Ampurias. 

28. Santoral Español | ó | Calendario | de los | Santos y per- 
sonas insignes en virtud | desde los | primeros | siglos del Cristia- 
nismo hasta nuestros días | en los dominios de España y Portugal. I 
Por D. M. S. V. | Publicada por la Junta Superior de la Asociación 

| de Católicos de España. | Madrid: ¡ Compañía de Impresores y 
Libreros: Bola, 8. | A cargo de D. Agustín Avrial. J 1880. 

8.° may.— 8 hs. prels. s. n. + 365 págs. +1. en b. + 1 h. de erratas, 
Antep.— Port. á dos tintas— Nota de la propiedad literaria. — Lie. del Ordina- 
rio—Prólogo—Protestación del autor.— Explic. de las abreviaturas -Texto.— 
Apéndice de Santos, Beatos y Venerables que no tienen día señalado -Apén- 
dice segundo, de las Fuentes de estas noticias. Advertencia importante.— Fór- 
mulas de Protestación. -índice.— Pág. en b.— Fe de Erratas.— Pág. en b. 

A la pág. 45, coloca entre los Santos que son celebrados en el día 20 de 
Febrero á nuestro Mauricio Proeta con estas palabras: B. Mauricio Profeta, de 
Ampurias, agustino: m. en 1546 en Mallorca. 

En la pág. 325 lo incluye entre los Santos y Beatos de día incierto con estas 
palabras: B. Mauricio de Ampurias, agustino. 

El presente Santoral no puede considerarse sino como mero ensayo, y 
como tal lo publicó la Asociación de Católicos; es mucho lo que en él sobra y 
mucho lo que falta. Entre las fuentes utilizadas, echo de menos las dos obras 
fundamentales de la Hagiografía Agustiniana, ó sea el Vergel Agustiniano del 
P. Font y la Chronica Espiritual del P. Portillo y Aguilar. 

El autor se disponía á trabajar un índice completo de los Santos, Beatos y 
Venerables españoles, en el que se indicarían las fuentes históricas de cada 
uno. Ignoro si llegó á publicarse. 



INVESTIGACIONES ACERCA DEL CULTO 349 

29. Martirologi Cátala, por D. Pablo Parassols y Pi, Pbro. (Pu- 
blicado en el «Certamen Catalanista de la Juventud Católica, Any II, 
1880», como trabajo que obtuvo el accésit.) 

En la pág. 249, día 20 de Febrero, dedica un párrafo elocuente al B. Mauri- 
cio, y cita como fuentes al P. La Canal, al P. Massot, á Jansay ó Saussay 
(Martirologi Gálica) y á Vicente Mut. 

30. Ano Cristiano, del P. J. Croisset... Barcelona y Zaragoza, 
años 1882, 1886, 1898, y 1901, en 4.° 

Según carta del M. R. P. Esteban, el Año Cristiano, de la Librería Religio- 
sa de Barcelona (edición de 1882 y 1893), incluye la vida del Beato, y también 
la trae la edición de Zaragoza, de los Hermanos Comas (1886), con indulgen- 
cias del Cardenal Benavides por cada vez que se leyere la vida de un Santo 
contenida en dicha edición. El mismo texto aparece reproducido en otra edi- 
ción de Mariano Comas, de Zaragoza, y los de Hermanos Subirana, de Barce- 
lona, en 1901. 

31. Historia del Ampurdán, por D. José Pella y Forgas. Barce- 
lona, Luis Tasso y Serra, 1883, en 4.° 

Trata principalmente de las edades Antigua y Media, por cierto con exce- 
lente critica y gran copia de erudición. En un capítulo final que toca algo en la 
Edad Moderna, págs. 719-20, hay una nota encomiástica del B. Mauricio Proe- 
ta, el santo Ampurdanés, y del V. Planes. 

32. Calendari Cátala, de Batlle. Barcelona, 1898-1905. 

No lo he visto; pero el P. Eustasio Esteban me asegura que en él se men- 
ciona todos los años, en 20 de Febrero, al B. Mauricio. 

33. Cristianismo (El) y sus Héroes. Obra escrita por una Socie- 
dad de Autores Católicos, bajo la dirección del Obispo de Sión, con 
carta autógrafa del Arz.-Ob. de Madrid-Alcalá y juicio critico del 
Eminent. Cardenal de Toledo. Madrid, Mariano Núñez Sampol. 
Sin año. (1902-7).— 6 vols. en fol. 

En el lomo I, pág. 773, coloca en el Santoral Español, correspondiente al 
20 de Febrero, al «B. Mauricio Profeta (sic) de Ampurias, agustino. Murió en 
Mallorca el año 1546». 



350 INVESTIGACIONES ACERCA DEL CULTO 

34. Ilustració Catalana (5 de Febrero de 1905), pág. 84. 

Dedica á nuestro Beato el siguiente recuerdo, muy semejante á los que le 
han dedicado otros periódicos y revistas en los últimos años: 

«Día 20.— Beat Maurici Proeta. Va naixer en lo carrer de Sant March de 
Castelló d'Ampurias. Fou fill d'un tintorer. 

Sant desde noy es distinguit per Deu ab lo dó d'obrar miracles. Entre los 
qu' obra essentne encara minyonet hi ha lo de haber tenyit en una sola calde- 
ra y ab tints de differents colors varíes robes. Aixis tragué del compromis que 
tenia lo seu pare ab parroquians qui no tenían en compte estava malalt. 
Prengué y profesa l'habit deis agustins calsats en lo convent del mateix Cas- 
telló, desd' hont passa á Tolosa per acabar sos estudis. Lo destinaren á las 
misions y logra moltas conversions, especialment á Tunis y Alger, ocasio- 
nantli aquest fruit de son zel apostolich bastantes persecucions, de las que 
s'en Hura. Retornante Catalunya, fou menester deturarse á Mallorca y alli, en 
lo convent del Socors qu'hi avia fora las murallas de Palma, mori ais 20 de 
Febrer del 1546. Sa patria 's complau cada any en celebrar en aquesta diada 
la memoria de son BU.» 

35. Casas (Las) de Religiosos en Cataluña durante el primer 
tercio del siglo XIX, por D. Cayetano Barraquer y Roviralta, Canó- 
nigo Chantre de la Catedral de Barcelona. Barcelona, imp. de Fran- 
cisco J. Altes y Alabart, 1906.— 2 vols. en 4.o mayor, con numerosas 
láminas y grabados. 

Libro de incalculable valor histórico para conocer el estado de los conven- 
tos Religiosos de Cataluña á principios del siglo pasado y la suerte que des- 
pués les cupo con motivo de la exclaustración, es, naturalmente, escaso en 
noticias antiguas, que no entraban en el plan de su autor. Así es que en la 
breve reseña que trae del convento de Santa Magdalena, de Castelló de Am- 
purias, nada se dice de su primera situación en las afueras de la villa, y no se 
hace mención, ni del Beato Mauricio, ni del altar que le estaba consagrado en 
la iglesia del nuevo convento. 

Tomo, sin embargo, nota de los conventos de agustinos calzados que tie- 
nen artículo en esta obra (tomo II, págs. 181-242), y que son los siguientes: 

Barcelona (Conv. de San Agustín). 

Barcelona (Colegio de San Guillermo). 

Miralles Casa de Dios de). 

Igualada (Conv. de San Agustín). 

Gerona (Conv. de San Agustín). 

Palamós (Ntra. Sra. de Gracia de). 

Torroella de Montgrí (C. de San Agustín de). 

Castellón de Ampurias (C. de Santa María Magdalena de). 



INVESTIGACIONES ACERCA DEL CULTO 351 

Puigcerdá (Casa de San Francisco). 

Tarragona (Colegio de los Santos Reyes de). 

Selva del Campo de Tarragona (San Agustín de lá). 

Lérida (Ntra. Sra. de Gracia de). 

Cervera (San Agustín de). 

Tárrega (San Agustín de). 

Sanahuja (Ntra. Sra. del Pía de). 

Urgel (Santa Magdalena de La Seo de). 

De los conventos de agustinos recoletos trata en el mismo tomo II, pági- 
nas 499-519, y son estos dos: 

Barcelona (Santa Ménica). 

Guisona (Conv. de). 

Del Convento de Capuchinos de Calella, hoy de PP. Agustinos, se habla 
en la pág. 389. 

36. Nomenclátor histórico de las Iglesias parroquiales y rura- 
les, Santuarios y Capillas de la Provincia y Diócesis de Gerona, por 
D. Francisco Monsalvatje y Fossas— Olot, 1908.— Tres tomos, en 4.° 

Recuerdo que al tratar de la Iglesia de Castelló, dice algo del altar y culto 
del B. Mauricio. El autor de esta obra á quien tuve el gusto de saludar en Ge- 
rona, lleva publicados más de veinte volúmenes que esclarecen sobre manera 
la historia civil y eclesiástica de su provincia y ha salvado del olvido un sin 
número de preciosos documentos que estaban en peligro de perderse. No re- 
cordaba haber visto cosa particular acerca de nuestro Beato, pues sus investi- 
gaciones se dirigen principalmente á cosas y personas de la Edad Media. 

37. Otras obras impresas que mencionan ó contienen algún elo- 
gio del B. Mauricio. 

Aunque nada nuevo añaden á lo que ya sabemos por otros autores, convie- 
ne recordar aquí la Historia y trages de las Ordenes Religiosas, del Abate Tirón 
(Barcelona, 1846), que en el tomo I, pág. 373, dice algo del antiguo Convento 
de Agustinos de Castellón de Ampurias; el Diccionario Geográfico, de Madoz, 
que en la palabra Castellón de Ampurias menciona también dicho Convento y 
á sus dos venerables hijos Mauricio Proheta y Francisco Planes, haciendo á 
éste natural de Solsona, siéndolo de S. Vicente de Rus de dicha diócesis; el 
Ristretto delle vite, etc. del P. Luis Torelli (1647); el Encomiasticon Augustinia- 
num, del P. Felipe Elssio (Bruselas, 1654); el Martyrologium Augustinianum del 
P.José de la Asunción, impreso en Lisboa, y los Additamenta ad Nicol. Crusenü 
Monasticon, del P. José Lanteri, impresos en Valladolid en 1890; todas las cua- 
les obras mencionan y dan el título de Beato á nuestro Mauricio Proeta. 

P. Benigno Fernández, 
o. s. A. 
(Continuará.) 



ANALES DE LA ESCENA ESPAÑOLA 

CORRESPONDIENTES Á LOS AÑOS 1614 Á 1625 



(conclusión) 
1625 

23 Torero.— Concertó Juan Morales Medrano, autor de come- 
dias de los nombrados por S. M., con Antonio de Villegas, repre- 
sentante, para trabajar éste en la Compañía de Morales, durante dos 
años, cobrando el primer año, cuatro reales de ración y cuatro de 
cada representación, y el segundo, cuatro de ración y seis por repre- 
sentación, y para las fiestas del Corpus un par de medias de seda. 

24 Febrero. — Manuel de Vallejo, autor de comedias, concertó 
con Diego Gómez de Várela y Micaela López, su mujer, represen- 
tantes, para trabajar en su Compañía, cobrando 11 reales de ración 
y 29 por cada representación, más 500 reales para la fiesta del Cor- 
pus, y tres caballerías iguales pagadas de sus raciones. 

Febrero. — En poético memorial solicitó el escritor dramático 
D. Luis Vélez de Guevara, se le nombrara Ayuda del Guardarro- 
pa de S. M. 

13 Marzo.— Tomó posesión del cargo de Teniente de Alguacil 
Mayor de Sevilla, el poeta dramático D. Diego Jiménez de Enciso. 

29 Marzo. — Manuel de Vallejo, autor de comedias, se obligó á 
pagar á Francisco de Herrera, 550 reales que le prestó, y para cuyo 
pago dejó en prenda un ajustador de oro, una sortija con diamantes 
y un ollita de plata. 

30 Marzo. — Dieron poder Domingo Balbín, autor de comedias, 
é Isabel Bérriz, su mujer, á Catalina Hernández, vecina de Toledo, 
para que les concertara con los de la villa de Santa Olalla, en razón 



AVALES DE LA ESCENA ESPAÑOLA 353 

de hacer la fiesta del Corpus de este año con las condiciones que 
determinaren. 

4 Abril.— E\ poeta Luis Vélez de Guevara, juró el cargo de ugier 
de Cámara de S. M. 

4 Mayo. — El poeta dramático D. Juan de Velasco y de la Cueva, 
sucedió á su padre en el Condado de Siruela. 

13 Mayo. — Ingresó en la Congregación de San Pedro, de sacer- 
dotes naturales de Madrid, el poeta Doctor Juan Pérez de Mon- 
talbán. 

17 Mayo.— Fué nombrado Secretario General de la Inquisición, 
el poeta D. Antonio Hurtado de Mendoza. 

28 Mayo. — Se concedió por Real Cédula al poeta dramático Don 
Diego Martin Tovar y Valderrama, el hábito de Caballero de San- 
tiago. Era natural de Madrid, hijo del Secretario Jorge de Tovar y 
de Doña Mariana Jofre de Loarsa. Estudió en Alcalá y fué Catedrá- 
tico de Vísperas de aquella Escuela. 

12 Junio.— E\ Maestro Carmelita Fr. Pedro Martínez de Herre- 
ra aprobó el libro Jomadas alegres, del poeta dramático D. Alonso 
del Castillo Solorzano, que se imprimió en Madrid al año siguiente 
por Alonso Pérez. 

19 Junio.— Sancho de Goñi presentó ante el Juez del desempeño 
de Sevilla una petición en la que decía que, teniendo como tenia 
la ciudad ejecutoria para que sólo se representase en el lugar ó lu- 
gares que señalase, ofrecía 1 .000 ducados anuales durante nueve 
años si la ciudad le cedia la facultad de señalar el sitio ó sitios en 
que debieran hacerse las comedias en Sevilla. Teniendo en cuenta 
la ventaja de esta proposición, se suspendió el remate anunciado 
para los aprovechamientos del Corral de Doña Elvira. 

23 Junio. — Acabó su arrendamiento la Compañía de Luis Mon- 
zón, que tenía los teatros de la corte. 

Junio.— Hicieron las representaciones de los autos del Corpus, 
en Sevilla, Juan Jerónimo Valenciano y Cristóbal de Avendaño. So- 
licitó un carro Matías de Cáceres, pero no se le otorgó. Se represen- 
taron los autos La Fe, de Mira de Amescua, La alameda de Sevilla, 
La cátedra, y El laurel de Apolo. Tomó parte María la Candada. 

3 Julio. —Se obligó Pedro de Valdés, autor de comedias de los 
nombrados por S. M., con los mayordomos de la cofradía de Nues- 

23 



354 ANALES DE LA ESCENA ESPAÑOLA 

tra Señora de Agosto, de Pinto, para representar en dicha villa dos 
comedias, una por la mañana y otra por la tarde, con su música, 
baile y entremeses, por precio de 1.100 reales, y dándole carros á 
la ida y á la vuelta hasta tres leguas de Pinto. 

9 Julio.— Se representó, para festejar los días de la Reina, en el 
Real Palacio, una comedia de D. Francisco de Quevedo y D. Anto- 
nio Hurtado de Mendoza y D. Mateo Montero. 

15 Julio.— El poeta dramático D. Alonso Jerónimo de Salas Bar- 
badillo, ujier de saleta de la Reina, en unión de sus hermanas Mag- 
dalena é Isabel de Salas y Porres, como herederos de sus padres 
D. Diego de Salas Barbadillo y Doña María de Porres, y de su tío 
el Alférez D. Juan de Leseña, dio poder á D. Jerónimo de la Pue- 
bla, para cobrar los bienes que dicho su tío dejó en Copertino y 
otros lugares del Reino de Ñapóles. 

21 Julio. — Pedro de Valdés, autor de comedias, se obligó y otor- 
gó carta de pago de 460 reales, á favor de Cebrián Fernández, ve- 
cino de Cobeña, precio de una comedia que se intitula Las mara- 
villas de Babilonia (de Guillen de Castro), en que se la ha vendido, 
y se obliga de no representar dicha comedia en ningún día de los 
que haya hasta ocho de Septiembre primero que vendrá de este dicho 
año, en la villa de Paracuellos ni en un legua en contorno de la dicha 
villa de Cobeña, so pena de 1.000 ducados para la cofradía de Nues- 
tra Señora del Rosario de dicha villa de Cobeña. Cebrián Fernández 
se obligaba á no vender ni dar dicha comedia á nadie durante un 
año, so pena de otros 1.000 ducados para Pedro de Valdés. 

Julio. — Lope de Vega censuró y autorizó la comedia del Doctor 
Mira de Amescua, El ejemplo mayor de la desdicha y Capitán Beli- 
sario. 

1 Agosto.— José Antonio García de Prado, concluyó en París 
la comedia Convertirse el mal en bien. Este escritor, que creemos es 
el mismo Antonio García de Prado, autor de Compañías, escribió 
Pachecos y Palomeques ó Los bandos de Toledo y La conquista de 
Valencia y niñeces de San Pedro Pascual. 

20 Agosto.— Se autorizó la representación de la comedia El Rey 
en su imaginación, de D. Luis Vélez de Guevara. 

18 Septiembre.— A bordo del navio Santa Ana, no lejos de la 
isla Fayal, murió, víctima de violenta fiebre, el poeta dramático Pa- 



ANALES DE LA ESCENA ESPAÑOLA 355 

dre Antonio de Sousa. Fué jesuíta, Profesor de Retórica, y formó 
parte de la expedición portuguesa destinada al recobro de Bahía. 

12 Noviembre.— Fué fechada por Lope de Vega, su comedia au- 
tógrafa Hay verdades en amor, que tres meses después aprobó Var- 
gas Machuca. 

15 Noviembre.— El poeta D. Juan de Jáuregui, censuró en Madrid 
el libro La prodigiosa historia de los dos amantes Argenis y Poliarco 
en prosa y verso, por el Licenciado D. Gabriel de Corral, natural de 
Valladolid. Se imprimió en Madrid al año siguiente. 

16 Noviembre.— Lleva esta fecha el manuscrito de Lope de Vega, 
corregido por su mano, de la comedia La competencia de nobles. 

6 Diciembre. — D. Fernando de Céspedes, Teniente de Alcaide de 
los Reales Alcázares, arrendó á Diego Almonací, el Mozo, el nuevo 
corral de la Montería, de Sevilla, para que lo labrase por su cuenta 
y con arreglo al plano del Maestro Resta; gozando sus aprovecha- 
miento diez años. Se hizo la escritura ante Lázaro Olmedo. Era con- 
dición que todo lo que se gastase en la obra se descontara del 
arrendamiento, comprometiéndose Almonací á dejarlo terminado 
para la Pascua Florida del año entrante. 

10 Diciembre.— Lleva esta fecha la comedia Celos con celos se cu- 
ran, la cual se conservaba en la Biblioteca de Osuna. 

20 Diciembre.— Se aprobó por D. Juan de Jáuregui, el libro 
Tiempo de regocijo y Carnestolendas de Madrid, del poeta dramático 
D. Antonio del Castillo Solorzano, no impresa hasta 1627. 

1625 

Se escribió y representó el entremés La Muerte y el Tiempo, de 
Luis Quiñones de Benavente. 



Se dio licencia para representar la comedia, original de D. Die- 
go de Villegas, andaluz, premiada en varios Certámenes, titulada 
La loca del cielo. 



Estuvo en Sevilla Fray Gabriel Téllez (Tirso), cuando vino de 
la Provincia de Santo Domingo. Allí debió escribir alguna de sus 
comedias, entre ellas El burlador de Sevilla, La Reina de los Reyes y 



356 ANALES DE LA ESCENA ESPAÑOLA 

El amor médico, en que se supone retratada la sevillana Doña Feli- 
ciana Enríquez. 



Se supone que en este año se escribieron las comedias de Tirso 
de Molina Amor por razón de estado, H obladme entrando, Desde To- 
ledo á Madtid, El burlador de Sevilla y No hay peor sordo... 



Fechado en este año aparece un auto original del Licenciado 
Luis Mejía de la Cerda, que se guardaba en la biblioteca del Duque 
de Osuna. Este poeta fué elogiado por Rojas Villandrando y el Doc- 
tor Navarro. El auto antes citado se titulaba El juego del hombre. 



Se imprimió en Madrid, por Bernardino de Guzmán, el entre- 
més de la Infanta Polancona, de D. Francisco de Quevedo. 



El poeta D. Guillen de Castro, publicó en Valencia la Segunda 
parte de sus comedias, la cual dedicó á Doña Ana Figuerola de 
Castro, sobrina suya. 



Pasó á servir al Rey en el Estado de Milán, el poeta D. Pedro 
Calderón. 

Narciso Díaz de Escovar. 




JOSÉ MARÍA UBEDA 



livió Ubeda en esa época que media entre los últimos des- 
tellos de la decrépita escuela orgánica de Eslava y los pri- 
meros albores de la naciente explosión modernísima de 
organistas que aparecen pujantes y llenos de entusiasmo, y en esa 
época, período aridísimo, el nombre de Ubeda figura solo y sin re- 
lación alguna con las singulares tendencias que manifiesta Olmeda 
por su lado y algún que otro organista vasco, entregado en cuerpo 
y alma á los franceses. Después de Arrióla, Barrera, Pablo Hernán- 
dez, Oorriti é Iñiguez, herederos del modo y estilo de la antigua es- 
cuela española, cuya representación asumió Eslava á mediados del 
siglo XIX, enmudeció la musa orgánica tan completamente, que du- 
rante un período de más de veinte años no aparece una obra que 
merezca fijar la atención de nadie, ni produzca ruido alguno en el 
campo de la música religiosa. No era ciertamente la escuela orgáni- 
ca, que se manifestó en el Museo orgánico de Eslava, la antigua es- 
cuela española, sino una fase de aquel pseudogermanismo italianiza- 
do que al principio del siglo XIX imperó, resultado de dos influen- 
cias exóticas que, mal asimiladas, produjeron en unos, como Ledes- 
ma, una imitación literal de las sonatas germánicas, y en otros un 
género de brillante sonoridad, de una garrulería elocuente y trom- 
petera, entre la cual se adivinaba la facundia é inventiva genial, 
como sucede con Barrera, que es quien mejor manejó el género bri- 
llante, y en otros sus discretas cualidades. Arrióla es solamente quien 
no entra por la sonata falsificada, y apunta rasgos peculiares que, si 
bien no llegó á desarrollar completamente, le distinguen de todos 
los demás. En las fugas sobre temas de himnos, como el Ave matis 
stella, el de apóstoles y otros donde se hizo rúbrica y cuestión de 
solemnidad mayor la fuga, es donde convienen todos y recuerdan 



358 JOSÉ MARÍA ÚBEDA 

algo que pudiera unirles con la antigua y legítima escuela española, 
aunque más bien es una derivación de ciertos principios estético- 
litúrgicos que nunca pudieron morir allí donde ha venido cantán- 
dose la música de facistol hasta los últimos y más aciagos días. 

Estas fugas son la fuga orgánica, tal como la planea Eslava con 
su Coral, epílogo en tutií, en acordes llenos, que encontró la más 
grande aceptación en todo?, tanta que aun en obras que no son de 
ese carácter, se encuentra el coral eslaviano manejado como resorte 
de gran efecto. 

Otro punto donde coinciden todos es en las Elevaciones, con su 
elevación y plegaria, idea también de Eslava, y con su acento grave 
y severo y lleno de cierta unción mística. Aunque de composición 
sencilla, es, dentro del estilo de aquella época, lo más religioso y 
digno, así del órgano como de la Iglesia. En cambio, en los Versost 
la variedad crece y la licencia se presta lo mismo á escribir muy 
aceptables trozos en estilo fugado que á componer esas sonoras ne- 
nias y juguetones recreos, tan del gusto del respetable público coral 
de las catedrales. 

Tales eran los antecedentes que tuvo Ubeda; pero se había em- 
pezado ya á ver un poco claro en lo que debía ser el género religio- 
so y el orgánico, las obras extranjeras traían otros vientos, y las fran- 
cesas, en particular, marcaban ya esas tendencias modernistas que, 
engarzadas con no sé qué romanticismos místicos, se prestaban á 
esas novedades grises que aquí en España, si habían de ejercer 
su correspondiente influencia, no habían de tener muy fervorosos 
devotos. 

Ubeda se mantuvo en un discretísimo y sensato medio, y si al- 
guna vez se entró por las novísimas elegancias y exquisiteces de lo 
moderno, en su obra general se atuvo á lo más severo y aceptable 
del género anterior. Sus versos, de género imitativo, se distinguen 
por la seriedad y pureza de su composición, y sus elevaciones repro- 
ducen la forma de sus antecesores, quizá algo menos lírica, pero 
igualmente graves y religiosas. Como período de transición entre lo 
pasado y el polifonismo orgánico que trajeron después los organis- 
tas actuales, el organista del Corpus Christi de Valencia le represen- 
ta en su más favorable sentido. Es un organista sentado y convenci- 
do, respetable en todo por su mesura y sobriedad, razón por la cual 



JOSÉ MARÍA ÚBEDA 359 

merece un elogio muy sincero y una mención muy honrosa en la 
historia de los organistas españoles. 

Su biografía es la que sigue: 

José María Ubeda, oriundo de Onteniente, de donde sus padres 
procedían, debió á una circunstancia accidental nacer en Gandía. 
Las singulares aptitudes de Ubeda para la música se manifestaron 
prematuramente, y, niño de ocho años, substituía al primer maestro 
que tuvo, D. Francisco de P. Bonastre, en el cargo de organista, y 
poco después él mismo desempeñaba igual oficio en la parroquia de 
San Francisco, de Onteniente. 

A la edad de quince años fué á Valencia, cayendo en las manos 
de D. Pascual Pérez, uno de los buenos organistas españoles, quien 
cuidó con el mayor cariño de la educación artística y del alma de su 
discípulo. 

La parroquia de San Andrés, la Catedral más tarde, la Virgen de 
los Desamparados, los Jesuítas y el colegio del Corpus Christi vie- 
ron sucesivamente sobre su órgano á Ubeda. 

Ubeda, modestísimo siempre, dedicado casi exclusivamente al 
órgano, adquirió, no obstante, gran renombre artístico, y su fama 
musical era de las más sólidas y macizas. Cuando se fundó el Con- 
servatorio de Valencia Ubeda fué nombrado director del mismo. 

Para conocer á Ubeda en esa doble personalidad que el artista 
presenta como hombre consagrado á su arte, nada mejor que co- 
piar lo que un grande amigo suyo, que le trató y conoció familiar- 
mente, escribe. Era Ubeda admirador entusiasta de su maestro Pé- 
rez Gascón, y fervoroso cristiano, en lo cual imitaba también al que 
le inició en los dulces misterios de la música sagrada. Tomando pie 
de esta compenetración de almas y sentimientos, Vicente Ripollés, 
que es el escritor aludido, uno de los prestigios mejor cimentados 
en el actual renacimiento de la música religiosa, describe á Ubeda 
en su aspecto más completo. 

Dice así: 

«Era tal la veneración que sentía Ubeda por su maestro, que to- 
dos sus propósitos eran copiar las virtudes del cristiano y los cono- 
cimientos del organista; y hasta tal punto lo consiguió, que su vida 
entera puede considerarse como una continuación de la del maes- 
iro: la misma modestia y humildad, la misma fe viva y arraigada, 



360 JOSÉ MARÍA ÚBEDA 

las mismas prácticas de piedad y devoción, y el mismo tocar el ór- 
gano, no por halagar humanos oídos ni satisfacer tontas vanidades, 
sino como acto de adoración y ofrecimiento de sus facultades al Da- 
dor de todas ellas. Y si el maestro Ubeda escribía esas magnas 
obras, modelo de correcto contrapunto, ó acompañaba al coro con 
el aplomo y seguridad de los que tienen conciencia de sus hechos, 
ó improvisaba sus ofertorios ó versos orgánicos de vísperas ó mai- 
tines, todo no era sino una forma de su devoción, una exterioriza- 
ción de su piedad y un rendimiento de su ser al Autor de todo lo 
creado. 

Tanto es esto verdad, que yo, que muchas veces lo he oído, he 
podido experimentar su improvisar interesante, lleno de vida, pero 
de vida mística, cuando se trataba de actos del culto; mientras le 
veía indiferente y frío en momentos de simple exhibición ó de ser- 
vir á humanas exigencias. Esta era su divisa: Todo á la mayor glo- 
ria de Dios y de su Madre Santísima, ninguna concesión á la glorifica- 
ción del propio nombre. Y Ubeda sacrificaba su nombre de artista 
ante los curiosos, antes que faltar á su vocación de organista li- 
túrgico. 

De la enseñanza hacía Ubeda un deber sagrado, y bien en las 
lecciones particulares, bien en sus clases del Conservatorio ó del Co- 
legio del Sagrado Corazón, se entregaba por completo á sus discí- 
pulos, á quienes miraba como á cosas propias, celebrando sus triun- 
fos, deplorando sus derrotas ó desaciertos. Vivos están para atesti- 
guarlo sus discípulos el P. Baixauli, S. J.; D. J. B. Pastor, maestro 
de la Metropolitana de Valencia; D. J. B. López, presbítero, ex or- 
ganista de Teruel, y otros muchos que sentían por el maestro la 
misma veneración y respeto con que Ubeda había honrado á don 
Pascual Pérez. 

En su trato familiar era Ubeda afable, de corazón generoso y no- 
ble que latía al unísono con el del pariente ó amigo, todo bondad y 
cariño hacia los suyos, con quienes se expansionaba en los ratos de 
asueto, abriendo su corazón ingenuo y celebrando con risa franca 
las ocurrencias de los amigos, siempre dentro de la más pura co- 
rrección de cristiano y caballero. 

Cuando el maestro Ubeda se sentaba ante el teclado del órgano f 
su rostro, de natural tranquilo y apacible, se animaba, transformaba 



JOSÉ MARÍA ÚBEDA 361 

y como electrizaba á medida que avanzaba en el desarrollo del tema 
propuesto: aquel hombre era otro y tenía la magia de arrastrarnos 
tras él en sus elevaciones, comunicándonos sus entusiasmos hasta el 
punto de hacernos levantar instintivamente de nuestras sillas del 
coro de Corpus Christi. ¡Qué derroche de talento, inspiración y ge- 
nio hizo Ubeda en aquel coro cuando se festejaba á Jesucristo en el 
misterio de su amor ó á su benditísima Madre! Para estos casos 
guardaba el maestro todo su saber, todo su valer, todos sus entusias- 
mos por la gloria de Dios y de su Madre. 

El maestro Ubeda era una notabilidad en la improvisación. No 
puedo olvidar la última vez que oí el órgano tocado por sus manos; 
nos reunimos en el Monasterio de Montserrat en Septiembre del 
año pasado, y allí era de ver cómo nuestro llorado P. Guzmán, Ube- 
da y yo nos comunicábamos nuestras cosas, nos alentábamos al tra- 
bajo; ¡cómo se comunicaban aquellas dos grandes almas tan com- 
penetradas la una con la otra, cómo al bonísimo padre todo le pa- 
recía poco para su maestro, cómo Ubeda admiraba la constante la- 
bor de su antiguo discípulo! En una de las fiestas celebradas por la 
comunidad y escolanía en honor de la Virgen morena, después de 
oir una misa de las que saben escribir los maestros educadores en 
la célebre escuela de Ratisbona, el maestro Ubeda, invitado por los 
monjes, improvisó el ofertorio, y desde aquel grado de placidez con 
que comenzaba todas sus obras fué remontándose dando á su im- 
provisación vida, interés, todo el calor que su alma sentía hacia la 
Virgen Santísima, hasta llegar al entusiasmo. Oíamos el P. Guzmán 
y yo aquel torrente de armonías, aquel derroche de inspiración que 
convertía la capilla en cielo anticipado, y atónitos nos mirábamos 
sin poder expresar todo cuanto sentíamos: la emoción arrancaba lá- 
grimas á nuestros ojos. 

En aquel Monasterio, junto á la Virgen y con la compañía de 
tan buenos amigos, he sentido yo grandes consolaciones y he podi- 
do admirar el corazón de tan insignes como ingenuos maestros. 
Uno y otro ya pasaron dejándonos grandes virtudes que imitar, el 
ejemplo de una laboriosidad incesante, un caudal no despreciable 
de obras litúrgicas, y sobre todo el altísimo ejemplo de ofrecerlo 
todo á Dios y á su Madre, despreciando las tontas y ridiculas vani- 
dades de este mundo. 



362 JOSÉ MARÍA ÚBEDA 

Decía mi venerable maestro D. S. Oiner que su pasión domi- 
nante era el trabajo, la composición musical; la pasión dominante 
de Ubeda era el órgano: con el órgano comenzó su carrera, junto al 
órgano se puede decir murió, pues herido por mortal dolencia cayó 
sobre el teclado para morir rodeado de los suyos. > 

Tal es José María Ubeda. Si la labor artística de Ubeda no es de 
un superlativo precio, ni hoy puede figurar á la altura de la corrien- 
te brillantísima que con todo empuje se ha iniciado, llevando los 
nombres de los organistas españoles, no todos los que lo merecen, 
más allá de las fronteras; sin embargo, la discretísima mesura de su 
arte, la sobriedad y buen juicio que refleja, sabiéndose sostener al 
fin de una época poco feliz y entre el principio de una era novísima 
por muchos conceptos, hacen de él una figura respetable y simpá- 
tica, digna de la mayor veneración y de que su nombre se cite en la 
historia orgánica española con una mención singular y honorable. 

Luis Villalba Muñoz, 
o. s. A. 



REVISTA CANÓNICA 



Sentencia incidental del Sagrado Tribunal de la Rota en una causa 
de difamación. 

(Causa de Lausana y Ginebra.) 

El 16 de Marzo de 1912 dicho Sagrado Tribunal, compuesto de los 
tres Auditores de turno, dio sentencia incidental en la instancia hecha en 
una causa de difamación promovida por el Sacerdote Clino Crosta, actor, 
contra el R. P. Reginaldo Fei, del Orden de Predicadores, demandado, le- 
gítimamente representados por sus respectivos Procuradores, intervinien- 
do y tomando parte en la causa el Reverendo Promotor de la Justicia, 
siendo la sentencia incidental favorable al apelante. 

Synopsis de la causa.— El Sacerdote Clino Crosta demandó por difa- 
mación ante el Tribunal de la Rota al R. P. Reginaldo Fei, O. P., porque 
éste, en su obra Teología Moral, editada en la imprenta de Marietti, en 
dos notas adicionales decía algunas cosas que Clino Crosta juzgó muy in- 
juriosas para él; y en el proceso de la causa se suscitaron dos cuestiones 
incidentales: la primera fué promovida por el actor, que reclamaba el de- 
recho de demandar en juicio al Padre Procurador General de la Orden 
dominicana para que respondiese de la multa pecuniaria que podía suce- 
der fuera impuesta por el Sagrado Tribunal al R. P. Reginaldo. La segun- 
da cuestión, á su vez, fué propuesta por el R. P. Reginaldo, que sostiene 
haber sido gravemente difamado por el actor é intentaba acusarle por la 
acción de reconvención. Como el Procurador del actor pidió que se pro- 
pusiese la cuestión en forma de dudas, se lo concedió el Reverendo Po- 
nente, y fueron concordadas las dos siguientes: «1. a Si compete al actor 
también la acción contra el Padre Procurador General del Orden de Pre- 
dicadores por la eventual indemnización de daños in casu. 2. a Si se ha de 
admitir la reconvención contra el actor in casu.> Y los Reverendísimos 
Auditores respondieron afirmativamente á las dos. (Acta Ap. Sedis, volu- 
men 4.°, pág. 426.) 



364 REVISTA CANÓNICA 

COMENTARIO 

Primera duda. — Para la resolución de la primera cuestión incidental 
del caso se ha de notar que la acción principal consistía, según la fórmu- 
la concordada, en lo siguiente: «Si consta de la difamación de parte del 
Padre Reginaldo contra Clino Crosta de tal manera que haya lugar á la 
aplicación de penas é indemnización de daños ó imposición de costas in 
casu»; así que no se trataba sólo de la aplicación de penas, sino también 
y principalmente de la indemnización de daños. Porque si se hubiera tra- 
tado sólo de penas, éstas sólo podían reclamarse del demandado Padre 
Reginaldo, según la Regla 76 del derecho in 6. p , que dice: «Delictum per- 
sonae non debet in detrimentum ecclesiae redundare». 

Pero en el caso presente se trata también de los daños económicos ó 
pecuniarios, y éstos, si no puede resarcirlos el Padre Reginaldo, pueden 
en derecho reclamarse de la Orden á que pertenece. Hemos dicho que «si 
no puede resarcirlos el Padre Reginaldo», porque el Procurador General 
de la Orden, en sus observaciones, hace notar que el Padre Reginaldo, 
como también otros Padres profesores de la Universidad de Friburgo, se 
hallan en condiciones especiales, por la exigencia de las circunstancias; y 
para los casos que ocurran gozan, en cuanto al voto de pobreza, de más 
amplia licencia que los Hermanos que viven en el convento; porque con 
la venia de los Superiores deben proveerse á sí mismos, del estipendio de 
las lecciones y del fruto de otros trabajos, de lo necesario para gastos de 
sustentación, de libros, de viajes y de otras necesidades de la vida; así que 
la Orden no recibe nada de ellos ni, por consiguiente, está obligada á res- 
ponder por ellos. 

Pero se ha de notar que éstos son convenios ó facultades secretas y 
privadas, y, por lo mismo, que el actor no está obligado á admitir ni reco- 
nocer, puesto que dispone otra cosa el derecho común. Y esto lo explica 
muy bien Reinf., con el común de los doctores, diciendo: «¿Se pregunta si 
el que tiene acción contra un religioso debe demandar al mismo, ó más 
bien á su monasterio? Se responde: primero en las causas civiles no se ha 
de demandar al religioso, sino á su monasterio. La razón es clara, porque 
el monje ó religioso solamente profeso nada tiene propio, sino que todo 
lo que adquiere lo adquiere para el monasterio... Sin embargo, en las cau- 
sas criminales ó por delito es demandado el mismo religioso, y no el mo- 
nasterio..., siempre que no se trate de pena pecuniaria, porque carece de 
propiedad» (De iudic, núm. 18). Estas últimas palabras responden perfec- 
tamente á las observaciones del Procurador General, porque si el religio- 



REVISTA CANÓNICA 365 

so Reginaldo en este caso tenía peculio propio y podía disponer de algu- 
nas cantidades, era una cosa que provenía de un hecho excepcional y pri- 
vilegiado que sólo la Orden podía conocer; y por eso, si el juez obliga á 
la Orden á responder por su subdito según el derecho común, ésto no im- 
pide ni prohibe que por los particulares convenios el mismo subdito esté 
obligado á resarcir los daños, y, por consiguiente, á entregar á la Orden 
el dinero que por él ha sufragado. Pero al actor no le importa ni está obli- 
gado á averiguar si el religioso demandado tiene ó no tiene peculio, y en 
qué cantidad, sino, siguiendo las normas del derecho común, demanda al 
Procurador General de la Orden, que es el que en virtud de su oficio tie- 
ne su representación y personalidad para ejercer acción y responder por 
la misma y por todos sus individuos. 

Los Reverendísimos Auditores no quisieron ocuparse del peculio pri- 
vado de los religiosos ni para aprobarle ni para reprobarle, porque no era 
de su incumbencia ni el caso lo requería; pero quisieron recordar en con- 
firmación de lo dicho lo que enseña Schmalz en el tratado De iudi- 
ciis, al enumerar los casos en que el religioso puede y debe ejercer acción 
y responder en juicio; y, entre otros, cita dos que hacen al caso: «2.° Si 
por causa de estudios ú otros negocios está muy lejos del monasterio; por- 
que, en tal caso, si la severidad de un atropello ó injuria ú otra causa exige 
que ejerza acción en juicio, puede hacerlo con licencia presunta del Supe- 
rior. 7.° En la causa de delito propio, porque de ésta no ha de ser deman- 
dado el monasterio, sino el religioso delincuente. En estos casos el religio- 
so demandado en juicio, si no tiene peculio concedido por el Prelado, 
debe el monasterio pagar los gastos necesarios, no sea que por falta de és- 
tos deba cesar la causa en la que los derechos conceden demandar y res- 
ponder». 

La segunda observación que en su defensa hace el Padre Procurador 
de los dominicos es que, así como el Ordinario que concede el imprima- 
tur de los libros escritos por sus diocesanos no está obligado, ni directa 
ni indirecta ó subordinadamente, á resarcir los daños que accidentalmente 
puedan seguirse al autor del libro por ser demandado de injurias, ni tam- 
poco lo está el Superior Religioso por haber concedido el imprimatur á 
los libros escritos por sus subditos. Pero debe advertirse que no hay pa- 
ridad, por ser muy distinta la condición del Ordinario regente de sus dio- 
cesanos de la del Superior religioso respecto de sus subditos. El Ordina- 
rio, al conceder el imprimatur, no responde más que de la pureza é inte- 
gridad de la doctrina contenida en el libro; de ninguna manera de las con- 
secuencias temporales ó pecuniarias que de la inspección del libro, ó de 
otras cosas que no pertenecen á la fe, puedan seguirse al autor; porque, 



366 REVISTA CANÓNICA 

como dueño de sí mismo, él responde de sus actos y de sus escritos. Ef 
Superior religioso responde, no sólo de la integridad y pureza de la fe del 
libro de sus subditos que piensa imprimir, sino también de las consecuen- 
cias temporales ó pecuniarias que de la impresión del libro puedan seguir- 
se; porque el religioso no es dueño de sí mismo, sino que, como dice Bo- 
nifacio VIII en el capítulo Si religios. de elect in 6.°, no tiene querer ni no 
querer propio, más que el querer del Superior; así que éste, ó en su lugar 
el Procurador General, debe responder de los daños y perjuicios que al 
subdito puedan seguirse de la impresión del libro. 

En cuanto á la segunda duda ó cuestión, los Reverendísimos Auditores 
juzgaron que debía ser considerada bajo un doble aspecto: 1.° Si por de- 
recho común puede el reo reconvenir al actor ante el juez-delegado. 2.° Sí 
puede hacerse lo mismo según el estilo de la Rota. 

En cuanto á lo 1.°, por derecho común ha sido introducida por la juris- 
prudencia la regla de que el juez de la acción lo es también de la recon- 
vención, no de otra manera que de la excepción, ya se trate del juez ordi- 
nario, ya del delegado, como expone Reiff, con el común de los autores. 
La razón es, porque la reconvención es realmente una nueva acción, y en 
esto se distingue de la excepción, puesto que el reo entabla una nueva ac- 
ción y se hace actor, no porque deba probar los hechos aducidos por él, 
en cual sentido también el reo poniendo la excepción se hace actor, sino 
porque la reconvención contiene una nueva petición y no una simple de- 
fensa, como se hace por la excepción. Así, que la reconvención se distin- 
gue de las demás acciones, en que tiene una estrecha conexión con la 
acción principal, cuya fuerza se limita en la ejecución si se la opone la 
reconvención, puesto que resulta cierta compensación entre la acción enta- 
blada por el actor y la reconvención opuesta por el reo. Por lo que muy 
útilmente conoce el mismo juez de la acción y de la reconvención; porque 
es un solo juicio, como que se define una doble cuestión con menor gasto 
de tiempo, y se evitan muchos gastos y rodeos inútiles, puesto que en la 
ejecución se compensan en todo, ó al menos en parte, los derechos é inte- 
reses de ambas partes. Por lo que fué establecida la regla «causae conne- 
xae non deberé scindi». Así que el príncipe que delega una causa, se en- 
tiende que en el rescripto da facultad también para conocer las causas 
verdaderamente anejas á ella, y principalmente la reconvención por la 
regla del derecho antes citada. Por lo que, aunque la jurisdicción delegada 
sea de estricto derecho, de tal manera que no comprende más que la ex- 
presada en el rescripto; sin embargo, esto no procede inconnexis por dis- 
posición del derecho. 

Puede objetarse que en el tema no hay verdadera reconvención, porque 



REVISTA CANÓNICA 367 

trata de crímenes en los cuales, como apenas puede darse compensación, 
así tampoco se ha de urgir la conexión de que hablamos. Y, al efecto, en 
el derecho también prevaleció la regla de que el reo debe excusarse de los 
crímenes que se le imputan; y esto no lo puede hacer si acusa á otro de 
los mismos y distintos crímenes, como dice Ulpiano: «Aquel que se ha 
hecho reo, debe purgarse; ni puede acusar antes de haber sido excusado, 
porque en las Constituciones se observa que el reo debe purgarse, no por 
la relación de crímenes, sino por su inocencias Y esto, en general, es de 
indudable derecho. 

Pero cuando la causa es de crímenes, de injurias ó difamación, debe 
decirse otra cosa, porque las injurias no se conocen en juicio si no se 
aducen por la parte que las ha padecido; esto es, este delito se llama en el 
Derecho común romano, privado; por el contrario, Ulpiano habla de los 
delitos públicos, cuyo castigo es evidente que corresponde é interesa á toda 
la sociedad; así como en los privados la acción se llama privada y no se 
admite si no es movida por aquel á quien interesa, y así está recibido en el 
Derecho romano, civil y canónico. Por lo que en las injurias, como en 
otros negocios civiles, se da compensación. Schmalzg. explana así esta 
cuestión: «Exceptúa (á saber de la regla general, que niega la compensación 
en las causas criminales) cuando persigue una injuria suya ó de los suyos, 
porque entonces las leyes conceden la reacusación á cualquiera, y, por 
consiguiente, también contra su acusador». Por otra parte, se deduce tam- 
bién lo dicho si se considera que es propio de la acción de las injurias 
que se quite ésta si el que padece la injuria usa de la retorsión, infiriendo 
otra injuria al adversario; así lo entiende Reinff. en el título de injurias, nú- 
mero 37, y en este sentido se ha de entender la regla dada por Inocencio III 
en el capítulo De iniur.: «cum paria crimina compensatione mutua de- 
leantur», y esto sucede en los delitos privados. Y lo mismo enseñan casi 
todos los autores. 

En cuanto al segunde aspecto de la cuestión ó estilo del Tribunal de la 
Rota, los Reverendísimos Auditores reconocieron que el principio general, 
ya expuesto, de que la delegación es de estricto derecho y se ha de enten- 
der estrictamente según el texto del rescripto, está probado y demostrado 
por innumerables decisiones. Pero investigando en particular acerca de la 
reconvención, á saber, si aparece que el estilo de la Rota haya hecho la 
excepción que admite el derecho común por la concesión de las causas 
en virtud de la reconvención, notaron que en las antiguas, los Reveren- 
dísimos Auditores parecía que estuvieron dudosos en este punto, como 
consta de la decis. 2. a de muti petit. Y la razón se da allí, porque á los 
Auditores del Sacro Palacio era muy fácil preguntar al Papa. Pero el de- 



368 REVISTA CANÓNICA 

recho de reconvenir en el mismo juicio es reconocido en la causa 19, 
duda 3. a , Fastoli. Por lo que en las mismas decisiones anticuas vemos que 
se hace cierta interpretación de la voluntad del Papa al dar la comisión, si 
se trata de injurias. Porque en la decis. 3 de injurias, se establece la regla 
de que el reo pueda reconvenir al actor ante el mismo Auditor pedido so- 
bre injurias, y se cita el decreto dispendia de rescr. in 6.°. La razón es cla- 
ra, porque la injuria contiene cierta vehemente provocación, esto es, pro- 
vocar al reo á defenderse ad retorquendum, por lo que la gravedad de la 
injuria por una parte no puede apreciarse sino por la forma de la provoca- 
ción de la otra; ó lo que es lo mismo, si no se aprecian y pesan bien las 
mutuas injurias. 

En los últimos tiempos, como los Auditores recibían siempre por co- 
misión la facultad de reconocer la causa hasta la sentencia definitiva, se 
estableció que en una sola comisión se entienda la facultad delegada de 
reconocer las causas incidentales unidas á la principal, como enseña de 
Luca, de iudic. disc. 32. Y en muchas decisiones de la Rota, como en la 
170, 204 y 209 de las Recientes, se confirma la regla de que ha de ver en el 
mismo juicio también de la reconvención, siempre que el reo que recon- 
viene tenga á la mano las pruebas de la reconvención, porque de otro 
modo, la reconvención retardaría la expedición del juicio; y es evidente 
por la misma intención del derecho común. 

Esta conclusión tiene mayor firmeza en el nuevo estilo que se usa en 
la Rota después de la Bula Sapienti consilio: porque hoy una sola comi- 
sión basta para examinar en la Rota la causa delegada en segunda, en ter- 
cera y ulterior instancia, si es sumario; muy de otra manera que antes en 
que se necesitaba nueva comisión para la segunda y ulterior instancia. Por 
lo que hoy está puesto fuera de duda que el rescripto de comisión que 
comprende la facultad de juzgar la causa también en segunda instancia- 
mucho más contiene la facultad de conocer todas las causas incidentales y 
roconvencionales para que no se rompa la conexión de la causa. 

En vista de todo lo expuesto, los Reverendísimos Auditores declararon 
y sentenciaron que al actor compete también la acción contra el R. P. Pro- 
curador general de los dominicos por el eventual pago de daños in casu é 
igualmente que se ha de admitir la reconvención in casu; es decir, á ambas 
dudas respondieron afirmativamente. 



REVISTA CANÓNICA 369 

EN COMPENDIO 
Varias declaraciones de la Sagrada Congregación de Religiosos 

I 

QUE SE HA DE PERMITIR LA PROFESIÓN RELIGIOSA EN PELIGRO DE MUERTE 

El 3 de Septiembre de 1912, nuestro Santísimo Padre Pío X, en la au- 
diencia que dio al Cardenal Prefecto de dicha Sagrada Congregación para 
quitar toda duda en un asunto de tanta importancia, y deseando para el 
bien de las almas que este privilegio se hiciese extensivo á todos los Reli- 
giosos, se dignó dar la siguiente declaración en forma de decreto: 

cEn cualquier Orden, ó en cualquier Congregación ó Sociedad religio- 
sa ó Monasterio, ya de hombres ya de mujeres, y en los Institutos en que, 
aunque no hacen votos, se hace, sin embargo, vida común á la manera de 
los Religiosos, sea permitido de aquí en adelante admitir á los Novicios ó 
Postulantes que se hallen en peligro de muerte á la profesión ó consagra- 
ción religiosa, ó á la promesa según las propias Reglas ó Constituciones 
aunque no hayan cumplido todavía el año de noviciado ó prueba. 

Sin embargo, para que puedan ser admitidos á la mencionada profe- 
sión ó consagración ó promesa, es necesario: 

1.° Que hayan empezado convenientemente el noviciado ó prueba. 

2.° Que el Superior que admita al Novicio ó Postulante á la profesión, 
consagración ó prueba sea el que actualmente rija el Monasterio, ó Novi- 
ciado ó Postulantado. 

3.° Que la fórmula de la profesión ó consagración ó prueba sea la 
misma que esté en uso fuera del tiempo de enfermedad; y los votos, si se 
emiten, sean sin determinación de tiempo ó perpetuamente. 

4.° Que el que hace dicha profesión, ó consagración ó promesa, sea 
participante de todas las indulgencias, sufragios y gracias que consiguen 
los religiosos verdaderamente profesos en el mismo Instituto, y se le con- 
cede misericordiosamente en el Señor indulgencia plenaria y remisión de 
todos sus pecados en forma de Jubileo. 

5.° Q le esta profesión, ó consagración ó promesa no produzca nin- 
gún otro efecto más que las gracias enunciadas en el artículo precedente. 
Por consiguiente: 

A) Si el Novicio ó Postulante muere ab intesíato después de dicha 
profesión, consagración ó promesa, el Instituto no podrá apropiarse nin- 
gún bien en derecho que le pertenezca. 

24 



370 REVISTA CANÓNICA 

B) Si convalece antes que termine el tiempo de noviciado ó prueba r 
se halla enteramente en la misma condición que si no hubiera emitido 
ninguna profesión: Y por lo mismo: a) puede, si quiere, volverse al siglo 
libremente; b) los Superiores pueden despedirle; c) debe completar todo 
el tiempo señalado en cada uno de los Institutos, aunque sea más de un 
año; d) cumplido este tiempo, si persevera, ha de emitir nueva profesión r 
ó consagración ó promesa. No obstando nada en contrario.» 



II 



ACERCA DE LA COMUNIÓN Á LAS RELIGIOSAS ENFERMAS EN LOS MONASTERIOS 

DE CLAUSURA PAPAL 

El 30 de Agosto de 1912, los Eminentísimos Cardenales de la Sagrada 
Congregación de Religiosas, en la sesión plena celebrada en el Vaticano 
con ocasión de algunas dudas que sobre el asunto indicado fueron pro- 
puestas, juzgaron declarar lo siguiente: «.Que en defecto del Confesor ó 
Capellán, cualquier Sacerdote, aunque sea regular y consocio, legítima- 
mente llamado con licencia del Obispo, que puede delegar habitualmente 
para el efecto á la Abadesa ó Superiora, pueda llevar la Sagrada Comunión 
á las Religiosas enfermas que no puedan bajar á la reja de la iglesia. Pero 
conviene que acompañen al Sacerdote cuatro Religiosas de edad madura, 
si puede ser, desde que entra en clausura hasta que sale. 

Y nuestro Santísimo Padre Papa Pío X, en la audiencia concedida al 
Secretario de la misma Congregación el 1.° de Septiembre de dicho año, 
se dignó aprobar y confirmar dicha resolución. No obstando nada en con- 
trario.» 

III 

SOBRE LOS INDULTOS DE ABSTINENCIA Y AYUNO CON RESPECTO . 
Á LOS RELIGIOSOS 

El 30 de Agosto de 1912, dicha Sagrada Congregación resolvió las tres 
dudas siguientes: «Si en los indultos apostólicos, en los cuales se conceden 
mitigaciones ó dispensas de la abstinencia y del ayuno dentro y fuera de 
Europa, principalmente en la América latina, están comprendidos los reli- 
giosos que moran allí.» 

Y los Eminentísimos Padres respondieron: A la primera, afirmativa- 
mente en cuanto á la abstinencia y el ayuno prescritos por la ley genera? 
de la Iglesia, á no ser que por el indulto estén excluidos los Religiosos. 



REVISTA CANÓNICA 371 

A la segunda, negativamente en cuanto á la abstinencia y al ayuno es- 
tablecidos por las propias Reglas y Constituciones, á no ser que en el in- 
dulto se haga expresa mención de esta dispensa. Por consiguiente, los que 
no observan esta abstinencia y ayuno, traspasarán la Regla y la Constitu- 
ción, pero no la ley de la Iglesia; y por lo mismo sólo incurren en la culpa 
y en la pena establecidas en las Reglas y Constituciones. 

A la tercera, en cuanto á los Religiosos que moran en la América lati- 
na, se ha de estar al novísimo indulto concedido por la Secretaría de Esta- 
do el día 1.° de Enero de 1910. 

IV 

SOBRE LA CONDICIÓN DE LOS RELIGIOSOS DE VOTOS SOLEMNES QUE VIVEN 
«AD TEMPUS» FUERA DEL CLAUSTRO 

El mismo día 30 de Agosto de 1912, dicha Sagrada Congregación res- 
pondió: «Afirmativamente» á la siguiente duda propuesta: «Si el Religioso, 
dejado el hábito regular, que vive ad tempus fuera del claustro, por in- 
dulto pontificio, y con la licencia del Obispo para celebrar la Misa y ejer- 
cer otras funciones propias del Sacerdote, está sujeto al mismo Obispo de 
tal manera, que el Obispo tenga sobre él jurisdicción, y autoritativa y do 
minativa potestad, aunque en el Rescripto falte la fórmula acostumbrada . 
«Ordinario loci subit in vim quoque solemnis obedientiae voti.» 

(Acta Ap. Sedis, vol. 4.°, págs. 589, 625, 626 y 627.) 

P. Cipriano Arribas, 
o.s. a. 



ACTA PII PP. X 



CONSTITUTIO APOSTÓLICA 

DE SANCTISSIMA EUCHARISTIA PROMISCUO RITU SUMENDA 



P1US EPISCOPUS 

SERVUS SERVORUM DEI 

AD PERPETUAM REÍ MEMORIAM 

Tradita ab antiquis, haec diu in Ecclesia consuetudo tenuit, ut ad va- 
rios, pro diversis locis, mores ritusque sacrorum, modo superstitionis et 
idolatriae suspicio omnis eis abesset, fideles peregrini millo negotio sese 
adcommodarent. Quod quidem usu veniebat, pacis et coniunctionis gratia, 
ínter multiplicia unius Ecclesiae Catholicae membra, seu particulares ec- 
clesias, confovendae, secundüm illud sancti Leonis IX, «nihil obsunt salu- 
>ti credentium diversae pro loco et tempore consuetudines, quando una 
»fídes per dilectionem operans bona quae potest, uni Deo commendat 
»omnes» (1). 

Huc accedebat neccesitatis causa, cum, qui in exteras regiones advenis- 
sent, iis plerumque nec sacrae ibi aedes, nec sacerdotes ritus proprii sup 
peterent. Id autem cum in ceteris rebus fíebat, quae ad divinum cultum 
pertinent, tum in ministrandis suscipiendisque sacramentis maximeque 
Sanctissima Eucharistia. Itaque clericis et laicis, qui formatas, quae dice- 
bantur, litteras peregre afferrent, patens erat aditus ad eucharisticum mi- 
nisterium aut epulum in templis alieni ritus; et Episcopi, presbyteri ac 
diaconi latini cum graecis hic Romae, graeci cum latinis in Oriente divina 
concelebrabant mysteria: quod usque adeo evasit solemne, ut si secus fac- 
tum esse, res posset argumento esse discissae vel unitatis fídei vel concor- 
diae animorum. 



(1) Epist. ad Michaelem Constantinopolitanum Patriarcham. 



C0NSTITUT10 APOSTÓLICA 373 

At vero, postquam magnam Orientis christiani partem á centro catholi- 
cae unitatis lamentabili schisma divellerat, consuetudinem tam laudabilem 
retiñere iam diutius non licuit. Quum enim Michaél Caerularius nom so- 
lum mores caerimoniasque latinorum maledico dente carperet, verum 
etiam ediceret aperte consecrationem pañis azymi illicitam irritamque esse, 
Romani Pontífices, Apostolici officii memores, latinis quidem, ad averten- 
dum ab eis periculum erroris, interdixerunt, ne in pane fermentato sacra- 
mentum confícerent nec sumerent; graecis vero, ad catholicam fidem uni- 
tatemque redeuntibus, veniam fecerunt communicandi in azymo apud lati- 
nos: id quod pro iis temporibus et locis opportunum sane erat, imo neces- 
sarium. Quum enim nec saepe graeci tune invenirentur episcopi huic beati 
Petri cathedrae coniuncti, nec ubique adessent catholica orientalium templa, 
timendum valde erat, ne orientales catholici ad schismaticorum ecclesias 
ac pastores cum certo fidei periculo accederent, nisi apud latinos commu- 
nicare ipsis licuisset. 

Iamvero felix quaedam rerum commutatio, quae postea visa est fieri, 
cum in Concilio Florentino pax Ecclesiae graecae cum latina convenit, ve- 
terem disciplinam paulisper revocavit— Nam statuerunt quidem eius Con- 
cilii Patres: «in azymo sive fermentato pane triticeo Corpus Christi veraci- 
>ter confici, sacerdotesque in alterutro ipsum Domini Corpus conficere 
> deberé, unumquemque scilicet iuxta suae Ecclesiae sive occidentalis sive 
>orientalis consuetudinem * (1), sed hoc decreto voluerunt sane catholicam 
veritatem de valida utriusque pañis consecratione in tuto collocare, mini- 
me vero promiscuam communionem interdicere fidelibus; quibus contra, 
quin eam confirmandandae pacis causa concesserint, non est dubium. Ex- 
tat Isidori, metropolitae Kioviensis et totius Russiae, luculentissima epístola, 
quam, absoluta Florentina Synodo, cuius pars magna fuerat et in qua Do- 
rothei patriarchae Antiocheni personam gesserat, Legatus a Latere in Li- 
thuania, Livonia et universa Russia dedit anno MCCCCXL Budae ad 
omnes qui sub ditione essent Ecclesiae Constantinopolitanae: qua in epísto- 
la, de reconciliata feliciter graecorum cum latinis concordia praefatus, 
haec habet: «Adiuro vos in D. N. I. C. ne qua divisio vos inter et latinos 
>amplius subsistat; cum omnes sitis D. N. I. C. servi, in nomine eius bap- 
>tizati... Itaque graeci qui in latinorum regione degant aut in sua regio- 
>ne habeant latinam ecclesiam, omnes divinam liturgiam adeant efceorpus 
»D. N. I. C. adorent, ac corde contrito venerentur, non secus ac id in pro- 
>pria ecclesia quisque faceret, nec non et confitendi gratia latinos sacerdo- 
tes adeant, et corpus Domini Nostri ab eisdem accipiant. Similiter et latini 



(1) Ex Bulla Eugenii IV *Laetentur Coelí. 



374 C0NST1TUTI0 APOSTÓLICA 

>debent ecclesias graecorum adire et divinam liturgiam auscultare, fíde 
»firma corpus Iesu Christi ¡bidem adorare. Utpote quod sit verum I. C 
>corpus, sive illud a graeco sacerdote in fermentato, sive a latino sacerdo- 
te in azymo consecratum fuerit; utcumque enim aequa veneratione dig- 
>num est, sive azymum, sive fermentaturn. Latini quoque confíteantur apud 
> sacerdotes graecos et divinam communionem ab eisdem accipiant, cum 
>idem sit utrumque. Ita nempe statuit Conc. Florentinum in publica Ses- 
»sione die VI Iunii an. MCCCCXXXIX.» 

Etsi autem Isidori testimonio evincitur factam esse a Florentina Synodo 
facultatem fidelibus promiscuo ritu communicandi, tamen facultas huiusmo- 
di subsecutis temporibus nec ubique nec semper fuit in usu; ideo prae- 
sertim quia, cum male sartam unitatem mature Graeci rescidissent, iam 
non erat, cur Pontífices Romani quod Isidorus a Florentina Synodo indul- 
tum refert, curarent observandum.Pluribus nihilominus in locis promiscuae 
Communionis consuetudo mansit usque ad Benedicti XIV praedecessoris 
nostri aetatem, qui primus Constitutione Etsi pastoralis pro Italo-Graecis 
dieXXVI maii anni MDCCXLII graves ob causas vetuit, ne laici latini Com- 
munionem a graecis presbyteris sub fermentati specie acciperent; graecis 
autem propria paroecia destitutis facultatem reliquit, ut in azymo apud la- 
tinos communicarent. Ubi vero, graecis et latinis una simul commoranti- 
bus suasque habentibus ecclesias, usus invaluisset Communionis promis- 
cuae, comniisit Ordinariis, ut, si huiusmodi consuetudo removeri sine po- 
puli offensione animorumve commo tione non posset,omni cum lenitate cu- 
ram operamque in id impenderent, ut semper latini in azymo communica- 
rent, graeci in fermentato. Quae autem pro ltalo-Graecis praedecessor Nos- 
ter statuit, eadem ipse postea ad Melchitas quoque et ad Coptos pertinere 
iussit: eaque paullatim ad omnes transierunt Orientales, consuetudine po- 
tius quam legis alicuius praescripto; non ita tamen, ut quandoque Apos- 
tólica Sedes idem non indulserit latinis, quae etiam orientales non desti- 
tuti ecclesia propia, ñeque ulla urgente necessitate, ut communicarent in 
azymo, pluries passa est, immo permisit. 

Quod praecipue factum est, posteaquam, animarum studio flagrantes, 
nonnullae religiosae Familiae tum virorum tum mulierum ex variis Euro- 
pae regionibus ad Orientis oras advectae, auxilium catholicis diversorum 
rituum, multiplicatis apud ipsos christianae caritatis operibus collegiisque 
ad institutionem iuventutis ubique apertis, praebuerunt. Cum autem hae Fa- 
miliae ob frecuentem Eucharistiae usum quietam et tranquillan inter difi- 
cultates et aerumnas vitam agerent, ex orientalibus, quod genus valde ad 
pietatem proclive est, Jfacile ad imitationem sui multos excitarunt: qui 
cum aegre apud suos vel ob distantiam locorum vel ob penuriam sacer- 



CONSTITUTIO APOSTÓLICA 375 

.dotum et templorum; vel etiam ob diversas rituum rationes huic desiderio 
possent satisfacere, ab Apostólica Sede instanter gratiam postularunt acci- 
piendae Eucharistiae, more latinorum. Hisce postulationibus Apostólica 
Sedes aliquando concessit: atque ephebis, qui in latinorum collegiis edu- 
carentur, item ceteris fídelibus, qui eorum templa celebrarent ac piis con- 
sociationibus, essent adscripti, permissit, salvis quidem iuribus parodio - 
rum, potissime quoad paschalem Communionem et Viaticum, ut pietatis 
causa intra annum in templis latinorum eucharistico pane a latinis pres- 
byteris consecrato reñcerentur. Quin etiam in ipso Concilio Vaticano 
Commissio peculiaris negotiis Rituum Orientalium praeposita hoc inter 
alia sibi proposuit dubium, an expediret relaxare aliquantulum legum ec- 
desiasticarum severitatem de non permiscendis ritibus máxime in Commu- 
nione Eucharistica, veniamque tribuere fídelibus communicandi utrovis 
ritu: cumque eius Commissionis Patres adnuendum censuissent, decretum 
confeccerunt in eam sententiam; quod tamen, abrupto temporum iniquitate 
Concilio, Patribus universis probandum subiicere non licuit. — Post id 
temporis S. Congregatio Fidei Propagandae pro negotiis Rituum Orienta- 
lium, ut solatio consuleret eorum, qui ob inopiam ecclesiarum vel sacer- 
dotum propii ritus a Communione saepius abstinere cogebantur, decretum 
die XVIII augusti anni MDCCCXCIII edidit, quo, ad promovendan Sacra- 
mentorum frequentiam, ómnibus fídelibus ritus sive latini sive orientalis, 
habitantibus ubi ecclesia aut sacerdos proprii ritus non adsit, facultas in 
posterum tribuitur communicandi, non modo in artículo mortis et in Pas- 
chate ad observandum praeceptum, sed quovis tempore, suadente pietate, 
iuxta ritum ecclesiae loci, dummodo sit catholica. 

Decessor autem Noster, Leo XIII fel. rec. in Constitutione Orienta- 
lium dignitas Ecclesiarum, eiusdem gratiae participes fecit, quicumque 
propter longinquitatem ecclesiae suae, nisi gravi cum incommodo, eam adi- 
re non possent. Simul vero prohibuit, ne in collegiis latinis, in quibus plu- 
res alumni orientales numerarentur, latino more hi communicarent; prae- 
cepitque ut accirentur eiusdem ritus sacerdotes qui sacrum faceret et 
sacratissimam Eucharistiam illis distribueret, saltem diebus dominicis cete- 
risque de praecepto occurrentibus festis, quovis sublato privilegio. Sed ta- 
men experiendo est cognitum, non ubique facile inveneri sacerdotes orien- 
tales, qui, cum alibi occupati sint in ministerio animarum, diebus domini- 
os et festis; atque adeo ipsis pro festis diebus queant collegia adire latino- 
rum, ut pueris puellisque esurientibus panem angelicum ministrent. 

Quamobrem non raro supplicatum est huic Apostolicae Sedi, ut disci- 
plinam Ecclesiae tanta in re indulgentius temperaret. Quae preces supplices, 
post editum die XX Decembris iMCMV per S. Congregationem Concilii 



376 CONSTITUTIO APOSTÓLICA 

decretum Nostrum Sacra Tridentina Synodus de quotidiana Communione 
Eucharistica, multo frequentiores fuerunt ab orientalibus, qui veniam pe- 
tebant transeundi ad ritum latinum, quo facilius possent caelesti dape re- 
crean; in eisque non pauci numerabantur pueri ac puellae, qui hoc ipsum 
beneficium participare percuperent. 

Itaque, considerantibus Nobis fidem catholicam de valida consecrado- 
ne utriusque pañis, azymi et fermentati, tutam esse apud omnes; insuper 
compertum habentibus complures esse, tum latinos tum orientales, quibus 
illa promiscui ritus interdictio et fastidio et offensioni sit, exquisita senten- 
tia sacri Consilii christiano nomini propagando negotiis Orientalium 
Rituum, re mature perpensa, visum est omnia illa antiquare decreta, quae 
ritum promiscuum in usu Sanctisimae Eucharistiae prohibent vel coan- 
gustant; atque ómnibus et latinis et orientalibus facultatem faceré sive in 
azymo sive in ferméntate apud sacerdotes catholicos, in ecclesiis cuiusvis 
ritus catholicis, secundum pristinam Ecclesiae consuetudinem; augusto Cor- 
poris Domini Sacramento sese reficiendi, ut «omnes et singuli qui chris- 
»tiano nomine censentur, in hoc concordiae symbolo iam tándem aliquan- 
»do conveniant et concordent» (1). 

Equidem confidimus, quae hic praescribuntur a Nobis, ea dilectis filiis, 
quot habemus in Oriente, ex quovis ritu, admodum fore utilia non solum 
ad inflammandum in eis pietatis ardorem, sed etiam ad mutuam eorum 
concordiam confirmandam. — Etenim quod ad pietatem attinet, nemo non 
videt divinam Eucharistiam, a Patribus Ecclesiae latinis graecisque quoti- 
dianum christiani hominis panem solitam appellari, utpote qua sustentetur 
et alatur tamquam valetudo animae, multo magis frequentandam eis esse, 
quorum caritas vel fides, seu ipsa supernaturalis vitae principia, maiore 
in discrimine versentur. Quare catholici orientales, quibus est in media 
multitudine schismaticorum habitandum, non ex periculoso eorum con- 
victu aliquod fidei caritatisque detrimentum capient, si hoc se cibo caelis- 
ti roborare consueverint, sed magnum et perpetuum in se vitae spiritualis 
sentient incrementum. — Quod spectat alterum, patet proclive factu usque 
adhuc fuisse, ut inter homines unius fidei sed diversorum rituum, ex eo 
quod alii alus facilius possent Corporis Christi esse participes, causae 
aemulationum et discordiarum exsisterent. Nunc autem, cum huius 
mensae, quae symbolum, radix atque principium est catholicae unitatis 
promiscuam esse ómnibus fidelibus communicationem volumus, pronum 
est deberé inter ipsos increscere animorum concordiam, «quoniam unus> 



(1) Conc. Trident. Sess. XIII. 



CONSTTTUTIO APOSTÓLICA 



377 



>panis, ait, Apostolus, unum corpus multi sumus, omnes qui de uno pane 
»participamus» (1). 

Haec Nos igitur de Apostolicae potestatis plenitudine statuimus et 

sancimus: 

I. Sacris promiscuo ritu operan sacerdotibus ne liceat: propterea suae 
quisque Ecclesiae ritu Sacramentum Corporis Domini conficiant et mi- 
nistrent. 

II. Ubi necessitas urgeat, nec sacerdos diversi ritus adsit, licebit sa- 
cerdoti orientali, qui fermentato utitur, ministrare Eucharistiam consecra- 
tam in azymo, vicissim latino aut orientali qui utitur azymo, ministrare 
in fermentato; at suum quisque ritum ministrandi servabit. 

III. Ómnibus fidelibus cuiusvis ritus datur facultas, ut pietatis causa 
Sacramentum Eucharisticum quolibet ritu confectum suscipiant 

IV. Quisque fidelium praecepto Communionis paschalis ita satisfa- 
ciet, si eam suo ritu accipiat et quidem a parocho suo: cui sane in ceteris 
obeundis religionis officiis addictus manebit. 

V. Sanctum Viaticum moribundis ritu propio de manibus proprii pa- 
rochi accipiendum est: sed, urgente necessitate, fas esto a sacerdote quoli- 
bet illud accipere; qui tamen ritu suo ministrabit. 

VI. Unusquisque in nativo ritu permanebit, etiamsi consuetudinem din 
tenuerit communicandi ritu alieno; ñeque ulli detur facultas mutandi ritus, 
nisi cui iustae et legitimae suffragentur causae, de quibus Sacrum Consi- 
lium Fidei Propagandae pro negotiis Orientalium iudicabit. In his vero 
causis numeranda non erit consuetudo quamvis diuturna ritu alieno com- 
municandi. 

Quaecumque autem his litteris decernimus, constituimus, declaramus 
ab ómnibus ad quos pertinet inviolabiliter servari vulumus et mandamus 
nec ea notari, in contraversiam vocari, infringí posse, ex quavis, licet pri- 
vilegiata causa, colore et nomine; sed plenarios et Íntegros effectus suos 
habere, non obstantibus Apostolicis, etiam in generalibus ac provinciali- 
bus conciliis editis, constitutionibus, nec non quibusvis etiam confirmatio- 
ne Apostólica vel quavis alia firmitate roboratis, statutis consuetudinibus 
ac praescriptionibus; quibus ómnibus, perinde ac si de verbo ad verbum 
hisce litteris inserta essent, ad praemissorum effectum, specialiter et expres- 
se derogamus et derogatum esse volumus, caterisque in contrarium facien- 
tibus quibuslibet.— Volumus autem ut harum litterarum exemplis etiam 
impressis, manuque Notaríi subscriptis et per constitutum in ecclesiastica 



(1) I Corinth. X, 17. 



378 CONSTITUTIO APOSTÓLICA 

dignitate virum suo sigillo munltis, eadem habeatur fides, quae praesenti- 
bus hisce litteris ostensis haberetur. 

Datum Romae apud S. Petrum, anno Incarnationis Dominicae millesi- 
mo nongentésimo duodécimo, in festo Exaltationis S. Crucis , XVIII Ka- 
lendas octobris, Pontificatus Nostri anno décimo. 

A. Cardinalis f AGLIARDI 
5. R. E. Cancellarius. 

Fr. H. M. Cardinalis GOTTI 
S. C. de Propaganda Fide Praefectus. 

VISA 
M. Riooi, C. A. Not. 

Reg. in Canc. Ap. N.° - 



BIBLIOGRAFÍA 



Chistes y verdades, por Bernardo Gentilini. -Segunda edición, corregida y 
aumentada.— Friburgo de Brisgovia (Alemania), B. Herder, librero-editor 
pontificio.— En 8.° menor, de 1V-266 páginas. 

Es el presente un librito ameno, substancioso, que deleita y hace pen- 
sar. Deleita por el encanto é ingenio de las anécdotas, cuentos, historietas 
que contiene, y suscita reflexiones profundas porque todos sus chistes en- 
cierran una moraleja de la más alta filosofía moral. También resulta ins- 
tructivo, ya que algunos de sus cuentos son históricos, sin revestir su na- 
rración las cualidades de la crítica. 

En suma, Chistes y verdades merece puesto de honor en la biblioteca 
del maestro y del catequista, y sus consejos y ejemplos facilitarán la expli- 
cación de la doctrina cristiana ó la corrección de algún vicio. 

Nosotros hubiéramos deseado algún orden en la disposición de los 
ejemplos, ya sea acomodándolos al Catecismo, ó bien al desarrollo de la 
vida del hombre. Así resultaría más 'práctico y manejable.— P. L. Conde. 



Maximiliano Arboleya Martínez.— Los orígenes de un movimiento social.— 
Balmes, precursor de Ketteler. — Librería católica internacional, Luis Gili, 
Claris, 82. Barcelona, 1912. -En 8.° menor, deXXHI-296 páginas. 

Encabeza la obra un bien escrito prólogo, debido al digno profesor de 
la Universidad de Santiago, el Sr. D. Amando Castroviejo, quien examina 
y aprueba la obra del Canónigo publicista Sr. Arboleya. Esta recomenda- 
ción, de un maestro tan competente en cuestiones de Sociología, basta 
para autorizar la obra con el prestigio del saber. Añádase que el Sr. Arbo- 
leya no es un forastero en estas cuestiones, aunque él confiese que no es 
un profesional; que ha examinado con esmero las afirmaciones de carácter 
social consignadas por Balmes en sus obras, y las doctrinas y procedi- 
mientos del ilustre Obispo de Maguncia, barón Guillermo Manuel Von 
Ketteler; que conoce á fondo á nuestro preclaro filósofo vicense, y ha 
puesto en esta obrita gran diligencia por poner de relieve su pensamiento 



380 BIBLIOGRAFÍA 

social, concluyendo: «que si Ketteler merece ser llamado precursor de 
León XIII, porque en sus obras se encuentran apuntadas casi todas las 
enseñanzas sociales de la famosa Encíclica, Balmes ha sido el precursor de 
Ketteler, por cuanto en sus escritos se hallan ya todas las más célebres en- 
señanzas sociales del Obispo de Maguncia», página 285. 

La conclusión es peregrina, sorprendente al parecer. ¿No procederá 
acaso de un patriotismo extremoso? El Sr. Arboleya no se limita á afirmar, 
sino que dedica todo su libro á poner en claro esa conclusión, aduciendo 
textos y afirmaciones de Balmes, que resuelven toda dificultad. Para esto, 
después de un examen comparativo entre Balmes y Ketteler, y de las dis- 
tintas circunstancias de tiempo, lugar y medio en que vivieron, analiza la 
cuestión obrera, los sistemas económicos más influyentes hace un siglo, el 
derecho de propiedad, el trabajo y el salario, y, expuestos los errores que 
sobre tan importantes problemas ha difundido la escuela liberal, hace 
resaltar el valor y eficacia de la doctrina balmesiana, para resolverlos racio- 
nalmente sin perjuicio para la industria. Una comparación con las afirma- 
ciones sociales de Ketteler, pone de manifiesto la prioridad de la orienta- 
ción católico-social de la doctrina defendida por Balmes. El mismo méto- 
do sigue el Sr. Arboleya en los capítulos VIII y IX, últimos del libro, dedi- 
cados á exponer las causas y remedios de la cuestión obrera. Como se ve, 
el método es de simple comparación entre las doctrinas de Balmes y las 
de Ketteler, acerca de los puntos fundamentales de la llamada cuestión 
social. 

Cuantos deseen conocer este asunto, que interesa al patriotismo, pue- 
den leer el presente libro, escrito primorosamente por el conocido publi- 
cista y Canónigo de Oviedo, D. Maximiliano Arboleya y Martínez. — 
P. L. Conde. 



CEuvres Choisles de Xavier de Maistre. Recits, poesies. - Correspodance r 
5, rué Bayard. 

Plácemes merece el celo que despliega la Editorial católica, titulada 
cLa Bonne Presse», reimprimiendo, sin interrupción, obras modelos del 
buen decir y de la moral más ortodoxa. El volumen que anunciamos, con- 
tiene varios de los escritos de Xavier de Maistre, quien, si no puede figu- 
rar, como su hermano, en la escala de los dii majores de la literatura 
francesa, reúne títulos para ocupar un hueco en una colección de autores 
selectos, sin menoscabo de la armonía del conjunto. Son características 
de su temperamento artístico, la sencillez y la naturalidad del estilo, que, 
iluminado por las ráfagas lucientes de un humorismo discreto, ingenuo y 



BIBLIOGRAFÍA 381 

sentimental, á la manera de Sterne, fluye con la transparencia de cristalino 
arroyo. En todos sus trabajos literarios, Xavier se reveló siempre tan sutil 
psicólogo como exquisito poeta.— P. I. M. 



Un Newman Russe.— Vladimir Soloviev (1853-1900), par Michel d'Herbigni. 
París, G. Beauchesne, rué de Rennes, 117, 1911. En 8.° menor, de XVI-336 
páginas. Precio: 3,50 francos. 

El libro presente refleja con precisión las luchas doctrinales de la Ru- 
sia contemporánea, la situación precaria de la Iglesia oficial, y el porvenir 
tristísimo de la ortodoxia rusa. Su autor nos describe todos esos proble- 
mas con exactitud, aunque sólo en sus puntos fundamentales. Es el fondo 
del cuadro sobre el que traza de mano maestra la gran figura del famoso 
Vladimiro Soloviev, cuya influencia conmovió profundamente el alma es- 
lava. Profesor, filósofo, teólogo, poeta, místico... dedicó sus energías y ta- 
lento á poner de relieve los errores y extremas tendencias de ortodoxos y 
liberales, señalando á todos, como única esperanza de paz y de reconcila- 
ción, la unión con la Iglesia romana para formar la vasta asociación de la 
cristiandad regida por un solo pastor, el Pontífice romano. Sus escritos 
dejaron un surco de luz que guió á no pocas almas á la posesión de la 
verdad, y están llamados á producir copiosos frutos de bendición. Por lo 
mismo, creemos útilísimo difundir los hechos y virtudes del insigne Solo- 
viev, para que aprendan en su vida y escritos dónde se encuentra la única 
y verdadera Iglesia, cuantos viven oprimidos bajo el despotismo religioso 
del Santo Sínodo de San Petersburgo. 

Monsieur d'Herbigni divide su obra en once capítulos. Después de un 
estudio comparativo entre Newman y Soloviev, que quizá sea algún tanto 
violento, examina al gran escritor ruso en su formación científica, y luego 
como profesor, escritor, filósofo... fijándose en las doctrinas que más di- 
rectamente se refieren á las cuestiones de actualidad. Soloviev no fué un 
filósofo constructivo; no puede ocupar un puesto entre los pensadores que 
han impulsado por nuevos derroteros la ciencia filosófica, sino que su mé- 
rito radica en haber roto con el tradicionalismo secular de su patria, en 
haber estudiado la filosofía occidental, cosa vitanda para los ortodoxos 
puros, exponiéndola luego de un modo personal, con intrepidez á prueba 
de la persecución. Tiene aun un aspecto más atrayente este genial escritor 
ruso, que consiste en su ardiente amor á la verdad, nacido de una senci- 
llez de espíritu que cautiva con sus espontáneas manifestaciones, en sus 
luchas y vacilaciones que recuerdan el drama de Casiciaco y al Doctor de 
la gracia. 



382 BIBLIOGRAFÍA 

Cuantos se dedican á la misión santa de preparar la unión de las dos 
Iglesias, deben meditar las doctrinas y admirables hechos de Soloviev, 
contados con verdadero arte y amor por M. d'Herbigni en el presente li- 
bro.— P. L. Conde. 



L'Abbé A. Boudinhon, professeur de Droit Canon a l'institut catholique de Pa^ 
rís.—Biens d'Eglise et peines canoniques. - París. P. Lethielleux, libraire 
éditeur. Rué Cassette, 10. 

Motivan la publicación de esta obra las leyes dadas en Francia en 1901 
y 1904 para despojar de sus bienes á los Institutos religiosos, y las que se 
dieron en 1905, 1907 y 1908, para hacer lo mismo con los que pertenecían 
á otros establecimientos eclesiásticos reconocidos de antiguo. Estudia el 
autor cada una de esas dos clases de leyes en las relaciones que puedan 
tener con los bienes de la Iglesia; los atentados que por ellas se han come- 
tido contra la propiedad eclesiástica, y, finalmente, las censuras canónicas 
de que se hacen reos, ya los legisladores que dan la ley, ya los ministros 
que la ejecutan. A las personas que han tenido alguna parte, así en la obra 
de hacer la ley, como al tiempo de su ejecución, el autor no las condena á 
raja tabla, antes, con mucho estudio, considera si se dan en ella todas las 
circunstancias que se exigen, como necesarias, para incurrir en la pena. 
Esta admite sólo una interpretación estricta; no debe, por consiguiente, 
llevarse más allá de lo que sufren sus palabras. 

Las penas que tienen una relación más inmediata con aquellas leyes des- 
pojadoras son las que señalan los números VII y XI de la primera serie de 
la Constitución Apostolicae Seáis y la promulgada por el Conc. Trid., S, 
XXII. De Reform., c. XI. 5/ quem laicorum El sentido, y lo que abar- 
can cada una de ellas, lo estudia el autor muy particularmente para apli- 
carlo con acierto á los casos particulares. 

Como, por desgracia, se cometen verdaderos atentados contra la propie- 
dad de la Iglesia, en virtud de dichas leyes, ocurre también la necesidad 
de la censura y, por tanto, de la restitución, ó de someter á una amigable 
composición, cuando sea posible, los bienes sustraídos, si las personas 
que incurrieron en tan grave delito, quieren ser absueltas de él. Toda la 
materia es estudiada con buen criterio. 

Al texto sigue un apéndice muy provechoso de resoluciones dadas por 
la Santa Sede sobre la materia. 



BIBLIOGRAFÍA 383 

Les Origines du Dogme de la Trinlté, par Jules Lebreton, professeur D'His- 
toire des Origines Chretiennes a L'Institut Catholique de Paris.-Un vol., en 
8.°, de XXVI 569 págs.-París.-Gabriel Beauchesne <&. Cié. Editeurs.— 1910. 

La Casa editora de Beauchesne, prosiguiendo la publicación de la im- 
portantísima Biblioteca de Teología histórica, contribuye de un modo po- 
deroso al desarrollo y progreso de la ciencia teológica. De los volúmenes 
hasta el presente publicados, nos hemos ocupado en su tiempo oportuno, 
y ya se ha podido ver cuan alto juicio nos han merecido, salvo tres de 
ellos. Notabilísima también y obra maestra en su género consideramos la 
presente obra del esclarecido Julio Lebreton, profesor del Instituto Cató- 
lico de París. 

En tres partes divide el autor la materia de este volumen, al cual se se- 
guirá otro en que tratará el mismo tema hasta el siglo IV. La primera di- 
rigida contra aquellos que no dudan afirmar resueltamente que el Dogma 
cristiano de la Trinidad está tomado de la mitología y filosofía helénicas, 
estudia en sus fuentes el genuino concepto que de Dios y de los dioses tu- 
vieron los griegos, manifestado ya en la religión popular, ya en sus prin- 
cipales filósofos; lo mismo se hace con relación á los orígenes y valor del 
Logos en Heráclito, en el antiguo estoicismo, en los alejandrinos, neo-pla- 
tónicos y neo-estóicos y acerca del Espíritu en los estoicos y Séneca. La 
segunda parte considera los mismos elementos en el A. T., en el judaismo 
palestinense y alejandrino. La tercera, que es extensísima, trata del miste- 
rio de la Trinidad según aparece en los Sinópticos, en la Iglesia primitiva, 
bajo sus diversas formas de predicación, plegarias, himnos, doxologías 
culto transcendente, etc., en las Epístolas de San Pablo y Carta á los He- 
breos y por último en el IV Evangelio y Apocalipsis de San Juan. Al fin 
de la obra se ponen cinco apéndices, uno que tiene por objeto dilucidar al- 
gunos puntos interesantes que brevemente se tocan en el cuerpo de la obra 
y los restantes se refieren á los textos tomados de la Biblia, de Platón, de 
autores consultados y citados, tablas de materias por orden alfabético y 
analítico. 

Como fácilmente puede deducirse de la división establecida, el plan 
está en perfecta correspondencia con el fin de la obra. Nada mejor, en 
efecto, que un estudio comparativo entre la doctrina cristiana y las supues- 
tas fuentes de su inspiración para poder sacar conclusiones firmes, científica- 
mente decisivas. Gracias á este procedimiento severo, imparcial y objetivo, 
obtiénense por demostración científica estas tres conclusiones que siempre 
enseñó la Iglesia: a) que el Dogma de la Santísima Trinidad fué completa- 
mente desconocido por la religión y filosofía helénicas; que Aristóteles ni 



384 BIBLIOGRAFÍA 

siquiera sospechó este misterio, ni el Logos de Platón comparado con el 
de San Juan apenas si tiene de parecido más que el nombre. El Logos de 
los estoicos lejos de identificarse con el Logos del cristianismo, no es más 
que una manifestación de su filosofía monístico-panteísta. Otro tanto dí- 
gase del Espíritu, b) Que ni tampoco está tomado este dogma del A. T., ni 
del pueblo judío. Hállanse sí en el A. T. algunos vestigios esparcidos 
aquí y allí, pero son tan débiles, tan confusos — sobre todo en lo refe- 
rente al Verbo y al Espíritu Santo— que aun después de la revelación del 
N. T. no cuesta poco reconocer en ellos los albores de este misterio. El 
Logos de San Juan comparado con la Sabiduría ó Palabra, de que hablan 
el libro de la Sabiduría, el Eclesiástico, etc., y el Espíritu de que hacen 
mención diversos libros de la Antigua Alianza y el Espíritu de que hablan 
los Actos de los Apóstoles, ¡qué diferencias tan sorprendentes, radicales y 
aun casi puede decirse opuestas presentan, sobre todo en lo que se refiere 
á su carácter personal! El judaismo palestinense á juzgar por los libros 
que contienen su doctrina: visiones, apocalipsis, targums, ascensiones, 
misdrachs, etc., en vez de aclarar la teología bíblica, la ha desfigurado com- 
pletamente, hasta el punto de romper toda relación directa del hombre 
con Dios. Ni fué más afortunado el judaismo alejandrino aun estudiado 
en su más alto representante, Filón, como puede verse en su lenguaje va- 
cilante, dudoso y aun contradictorio, cuando discurre acerca de la natura- 
leza del Logos. ¿Cómo, pues, y con qué derecho se dice resueltamente 
por muchos sabios, v. gr. Reville, que el Logos del cristianismo se puede 
explicar por el Logos de Filón? c) Que en consecuencia el origen de este 
misterio se debe única y exclusivamente á la revelación hecha por el Ver- 
bo encarnado. En desarrollar este punto emplea el autor las tres cuartas 
partes de su libro, haciendo un estudio concienzudo del proceso gradual 
y ascendente que en manifestar esta verdad oculta empleó Jesucristo, y 
para demostrarlo sigue paso á paso á los Sinópticos, á las Epístolas de 
San Pablo y al Evangelio de San Juan, juntamente con la Epístola ad Hae- 
breos y el Apocalipsis. 

Es, pues, notabilísima la presente obra no sólo por el punto de vista en 
que se coloca el autor para resolver la cuestión, sino también por su maes- 
tra ejecución. Brillan en ella todas las cualidades de un gran escritor: com- 
petencia en el asunto que trata, demostrada ya en otros escritos y en el 
presente nuevamente realzada; inmensa erudicción directamente adquirida 
por la asidua lectura de las fuentes y de casi todos los escritores que de 
esta materia han tratado, así antiguos como modernos, católicos y acatóli- 
cos, fidelidad en las citas, escrupulosidad en referir opiniones, criterio se- 
guro en juzgarlas, solidez en su argumentación y deducciones, sana orto- 



BIBLIOGRAFÍA 385 

doxia en las ideas y, por último, su exposición doctrinal se hace en un 
estilo tan sencillo y fácil, que hace su lectura amena y agradable. El estu- 
dio acerca del pensamiento de Filón está trazado de mano maestra y ad- 
mirablemente condensado en las páginas relativamente breves que á él 
pueden consagrarse en una obra como la presente. Sin temor á ser 
desmentidos, creemos que el esclarecido Profesor ha prestado un buen 
servicio á los estudios teológico-históricos y que su obra no sólo es 
recomendable á cuantos estén interesados en conocer detalladamente este 
asunto, sino que además los que pretendan escribir textos de Teología 
Dogmática deberán consultar esta obra si quieren dar á sus obras el ca- 
rácter que las presentes circunstancias de progreso intelectual en este or- 
den de cosas piden y reclaman. 

Un solo reparo vamos á poner á este volumen. Dice el autor en la pá- 
gina 234 que <se puede pensar sin temeridad, fundados en la palabra del 
Señor, que El se ha rehusado el conocimiento del día y de la hora del jui- 
cio, por la misma razón que rehusó su revelación á los Apóstoles». Sin me- 
ternos á juzgar de la temeridad ó no temeridad de esa sentencia, de la cual 
otros se han ocupado, decimos que nos parece del todo improbable; pri- 
mero, porque las razones naturales en que se funda el autor parecen de 
muy poco peso comparadas con otras que se pueden aducir en contra; 
segundo, porque aunque sea un hecho la discrepancia de opiniones en los 
escritores de los primeros siglos, fácilmente explicable por razón de me- 
dio, á partir de la lucha con los agnoetas, la sentencia favorable se agranda 
en extremo y hoy casi resulta universal y comúnmente admitida. — P. Juan 
Monedero. 



Historia de la Diócesis de Sigüenza y de sus Obispos, escrita por el actual 
R. P. Fr. Toribio Minguellay Arnedo, de la Orden de Agustinos Descalzos, 
Correspondiente de la Real Academia de la Historia. Volumen II: Desde prin- 
cipio del siglo XIV hasta comienzos del XVII. Con licencia eclesiástica. — 
Madrid. Tip. de la Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos, Olózaga, núme- 
ro 1, teléfono 3.185, 1912.— Un vol., en 4.° mayor, de X -¡- 708 páginas.— Pre- 
cio: 10 pesetas. 

Con diligencia no común continúa el R. Sr. Obispo Minguella la obra 
comenzada con tan buenos auspicios para la historia eclesiástica españo- 
la. Muchos de los Obispos que figuran en este tomo segundo son conoci- 
dísimos en los anales patrios. D. Pedro Gómez Barroso, defensor de la 
infortunada Reina Doña Blanca, esposa de D. Pedro I de Castilla; D. Al- 
fonso Carrillo, sobrino del ínclito D. Gil Alvarez de Albornoz; el des- 
mandado D. Alonso Carrillo de Acuña, que tanta parte tomó, siendo 
Arzobispo de Toledo, en la política y en las revueltas de los reinados 

25 



386 BIBLIOGRAFÍA 

de Enrique IV y los RR. Católicos; D. Gonzalo de Santa María, de la cé- 
lebre familia de los conversos burgaleses; el preclaro Cardenal D. Juan de 
Mella; el habilísimo político y eximio varón D. Pedro González de Men- 
doza; el Cardenal D. Bernardino López Carvajal, sabio y benemérito, pero 
ambicioso y turbulento; D. Fernando Valdés, cuyo nombre tanto suena, y 
no siempre libre de toda sospecha, en los procesos de la Inquisición es- 
pañola contra los primeros protestantes de España, y en especial en el de 
Carranza; D. Fernando Niño, Presidente del Consejo Real; D. Pedro Pa- 
checo, Virrey de Ñapóles, prudentísimo varón y defensor acérrimo de la 
Inmaculada Concepción de María en el Tridentino; D. Pedro Gasea, «mo- 
delo de virtudes cívicas, notabilísimo jurisconsulto» y domeñador de los 
valientes y fieros conquistadores del Perú; el Cardenal Espinosa, Presi- 
dente del Consejo Real, fiel ministro del gran monarca Felipe II, con otros 
muchos más que se omiten, porque con los contados sobra para ver la im- 
portancia que tiene este volumen. 

Escogida colección diplomática realza el valor del libro, en el que se 
corrigen, en vista de nuevos documentos, algunos defectos del tomo pri- 
mero, con lo cual excusado es decir que se mejora notablemente el con- 
junto de la obra. Con estilo sencillísimo, sin ser pedestre, y descartado 
todo acontecimiento que no influya en la historia y vida de los Prelados 
seguntinos, tal vez parezca á alguno, más bien que historia, simple cróni- 
ca ó indicador; pero confieso que, si bien esta manera de escribir los acon- 
tecimientos es más desabrida al paladar que la historia adornada de las 
pompas del lenguaje, en cambio, en poco espacio, y despojada de inútiles 
y perjudiciales divagaciones, en que fácilmente se confunden los hechos 
narrados, se nos da la verdad escueta y limpia. 

Rebate el R. P. Minguella algunas leyendas muy admitidas respecto á 
las relaciones que mediaron entre el Cardenal Espinosa y Felipe II, de- 
mostrando su poco tomo; refuta las afirmaciones hechas por D. J. B. Sit- 
ges en su concienzuda obra Las mujeres del Rey D. Pedro, 1910, al ha- 
blar de la parte que en la defensa de la malaventurada Doña Blanca tomó 
el Obispo Seguntino D. Pedro Gómez Barroso, y corrige sus propios ye- 
rros con nobleza digna de historiador, y demuestra que está al corriente 
del movimiento histórico contemporáneo. 

AI hacer la bibliografía del primer tomo anhelábamos la pronta apari- 
ción de los siguientes, y ahora, que en parte están satisfechos nuestros de- 
seos, hacemos los mismos votos, aguardando con impaciencia el tomo ter- 
cero que corone el edificio, que, sabiamente comenzado, continúa aquila- 
tándose y logrando cada vez mayor perfección.—/. Zarco. 



bibliografía 387 

Epítome de Apologética, compuesto principalmente para uso de los alumnos 
de enseñanza secundaria, por el P. Ramón Ruiz Amado, S.J. — Barcelona. - 
Librería é Imprenta religiosa.— Aviñó, 20.— 1912. -Unvol , en 8.°, de VIII- 
154págs. 

Para contrarrestar la acción malsana que á diario ejerce en las almas 
la publicidad de tantas ideas como á diario se propagan opuestas á la re- 
ligión, el P. Ruiz Amado ha publicado este breve pero substancioso Epí- 
tome de Apologética, que él titula < Escolar», por ir dirigida principal- 
mente á los estudiantes de segunda enseñanza, en el cual, con brevedad, 
sencillez, método, precisión y firmeza de ideas, defiende los fundamentos 
de la Apologética general, cristiana y católica, presentando en pocas páginas 
la flor y nata de los tratados fundamentales y exponiendo y refutando las 
objeciones que más comúnmente suelen aducirse. ¡Con qué gusto vería- 
mos que este epítome se introdujese en todo Centro de enseñanza supe- 
rior, principalmente en los colegios de Bachillerato dirigidos por religio- 
sos, sacerdotes ó piadosos seglares! Pueden también leer con fruto este li- 
brito los seminaristas y sacerdotes. — P.Juan Monedero. 



Theologia Fundamentalis, autore Ignatio Ottiger, S. J.-Tomus II.— De Eccle- 
sia Christi ut infallibili revelationis divinae Magistra. — Cum approbatione 
Revmi. Archiep Friburgensis et Sup. Ordinis. — Friburgi Brisgoviae. • 
B. Herder. Typographus, Editor Pontificius.— MCMXI.— Un vol., en 4.°, de 
XXII1+ 1.062 páginas. - Precio: en rústica, 30 pts.; encuadernado, 33,15 pts. 

En el año de 1897 publicó por primera vez el P. Ottiger el primer vo- 
lumen de su monumental obra de Teología Fundamental, que constará de 
tres tomos, el segundo de los cuales examinaremos ahora. El primer tomo 
llamó grandemente la atención por la concepción vasta de su plan, por la 
graduación lógica de las cuestiones, por la solidez de sus razonamientos y 
por su vasta erudición. La Ciudad de Dios emitió un juicio altamente 
favorable del primer tomo, y hoy, con ocasión del segundo, se congratula 
de tener que hacer extensiva la misma alabanza á él también, una vez que 
su mérito sino sobrepuja, corre parejas con el del primero. 

He aquí el orden que el autor sigue en el desarrollo de la materia. De- 
mostrada en el primer tomo la existencia de la revelación cristiana, resta 
averiguar si Jesucristo confió su doctrina á los hombres en general, ó ins- 
tituyó algún centro ó magisterio auténtico é infalible encargado de custo- 
diar, propagar é interpretar ese tesoro doctrinal. Y en caso afirmativo, 
¿dónde está el centro? ¿cuál es? Y admitido todo esto, ¿cómo ejerce su au- 
toridad la Iglesia? Dos son, por lo tanto, las partes de este tratado: a) del 



388 BIBLIOGRAFÍA 

origen divino de la Iglesia Romano-Católica, maestra infalible de la ver- 
dad, y b) del ejercicio de su infalibilidad. El presente volumen está consa- 
grado todo él á la resolución del primer punto; para satisfacer al segundo 
se escribirá otro, tercero y último, de la Teología fundamental. 

Marcado así el camino que ha de recorrerse en el segundo tomo, co- 
mienza el desarrollo de la materia, es decir, de la Institución divina de la 
Iglesia; pero como á juicio del P. Ottiger no pueda determinarse por la 
Escritura clara y terminantemente la fundación divina de la Iglesia como 
sociedad verdadera y perfecta sin probar antes el origen é institución 
divina de la autoridad eclesiástica, de ahí que trate primero de la Institu- 
ción divina del magisterio auténtico é infalible de la Iglesia, de la potestad 
de imperio y de primado de San Pedro; después de la fundación de la 
Iglesia; en tercer lugar de las propiedades de la Iglesia, y, por último, de 
las notas y de su aplicación única y exclusivamente á solo la Iglesia Ro- 
mano-Católica. 

El autor, como decíamos al principio, desenvuelve magistralmente toda 
la materia; siguiendo un orden rigurosamente lógico, expone las tesis con 
precisión y claridad, aquilatando todo su alcance; la argumentación vigo- 
rosa, basada siempre en testimonios irrecusables, es reforzada frecuente- 
mente por la exégesis de los testimonios tomados de la Escritura; la eru- 
dición pasa con mucho de los límites de lo ordinario, no sólo por lo que 
atañe á los escritores antiguos, sino principalmente modernos; como la ex- 
tensión que se pretende dar á la obra, exceda con mucho la que señalaron 
los tratadistas que hasta ahora se han considerado como fundamentales» 
se introducen en la obra y se discuten con más ó menos extensión puntos 
que ex profeso se ventilan en otras ciencias; se exponen y refutan con se- 
guridad una multitud de objeciones, con preferencia aquellas que tienen 
importancia actual, fundadas principalmente en el terreno crítico-histórico 
y exegético. 

Reconociendo las cualidades excelentes de esta obra, parécenos, sin 
embargo, que en primer lugar, á fuerza de querer precisar matemática- 
mente las tesis, se introduce precisamente alguna obscuridad; en segundo 
término, que aunque el estilo no es del todo obscuro es algo difuso, y, por 
último, que probablemente no agradará á todos el orden que se sigue en 
la exposición, aunque en sí sea perfectamente lógico, así como también 
á muchos no parecerá bien la sentencia del autor acerca de las propieda- 
des y notas de la Iglesia, como del número de ellas.— P. Juan Monedero. 



BIBLIOGRAFÍA 389 

El convite Eucarístico.— Manual para la Comunión frecuente, entresacado de 
los principales autores que han escrito sobre esta materia, por el Padre Je- 
sús Cornejo, Redentorista. Aprobado por los limos, y Rmos. Señores Arzo- 
bispos de Friburgo y Obispo de Pamplona. Con un grabado. Friburgo de 
Brisgovia (Alemania). B. Hesler, librero-editor pontificio. Berlín, Estras- 
burgo, Karlsruhe. Londres, Munich, Viena y San Luis.— Un vol.,en 8.° alar 
gado, de Xll-r380 págs. Precio: en rústica, 3,25 frs.; encuadernado, 4,75 frs. 

Este Manual es un ramillete de escogidas y bellas meditaciones, breves 
unas, más difusas otras, para que cada uno elija según su gusto; varias y 
múltiples (seis para cada día de la semana), á fin de evitar la monotonía 
y la nimia repetición. Precede á las meditaciones la doctrina declarada por 
la Iglesia como verdadera, la resolución de las objeciones, y una exhor- 
tación á la comunión frecuente. Componen la última parte del libro algu- 
nos ejercicios espirituales del cristiano (Vía-Crucis, Confesión, etc.), y la 
letra de ocho cánticos de los más vulgarizados en honor de Jesús y María. 
Sin duda alguna enfervorizará á las almas en el amor de Jesús sacramen- 
tado, satisfaciendo así las anhelos de su autor.— y. Zarco. 

OTROS LIBROS 

Portfolio Fotográfico de España.— De esta útilísima obra que con tan- 
to éxito publica la Casa editorial Alberto Martín, de Barcelona, hemos re- 
cibido los cuadernos 21, 22, 23, 24, 25 y 26, correspondientes, respectiva- 
mente, á Cáceres, Ciudad Real, Castellón de la Plana, Badajoz, Teruel y 
Palma de Mallorca. 

Se compone el primero, correspondiente á Cáceres, del mapa de la 
provincia impreso á varios colores, descripción de la provincia y capital, 
nomenclátor de la misma por orden alfabético de partidos judiciales y pue- 
blos, con el número de habitantes, indicando los que tienen estación férrea 
y 16 fotografías, que representan vistas de la población, paseos, edificios 
notables, etc. 

El cuaderno 22 se compone del mapa de la provincia de Ciudad Real 
á varias tintas, descripción de la provincia y capital, nomenclátor por par- 
tidos y pueblos, y 16 notables fotografías, sobresaliendo entre ellas las que 
representan la plaza del Pilar, la Granja, Diputación, Casas Consistoria- 
les, Hospicio, etc. 

Se compone el cuaderno 23, correspondiente á Castellón de la Plana, 
del mapa de la provincia impreso á seis tintas, descripción de la provincia 
y capital, nomenclátor de la misma por orden alfabético de partidos judi- 
ciales y de los pueblos, con el número de habitantes é indicando los que 
tienen estación férrea, y 16 hermosísimas fotografías, entre las que descue- 



390 BIBLIOGRAFÍA 

lian: la fachada de la Arciprestal, de orden gótico; vista parcial de Caste- 
llón; puerto de El Grao; Monumento á los mártires, etc. 

En el cuaderno 24, que corresponde á Badajoz, figura también el mapa 
de la provincia á seis tintas; descripción de la provincia y su capital; no- 
menclátor de los pueblos de la misma, y 16 hermosas vistas, entre las que 
se hallan la Puerta de las Palmas; el río Guadiana con el puente; Instituto 
de Historia Natural, Paseo de los Eucaliptos, Casas Consistoriales, Dipu- 
tación provincial, etc. 

El cuaderno 25, correspondiente á Teruel, se compone de su corres- 
pondiente mapa á varias tintas, la descripción de la provincia y su capital, 
nomenclátor por orden alfabético de partidos judiciales y pueblos que en 
ella figuran, y 16 notabilísimas fotografías, entre las que sobresalen el 
acueducto los Arcos; las momias de los amantes de Teruel, Escuelas mu- 
nicipales; puente sobre el Turia, etc. 

El cuaderno 26 (Palma de Mallorca), se compone, igual que el anterior, 
del mapa de las Islas Baleares, el estudio de las mismas y su capital, y 16 
hermosas é interesantes vistas, como la Lonja, Castillo de Bellver, patio 
del castillo de la Almudaina, puerta de la Catedral, iglesia de San Francis- 
co, Casas Consistoriales, etc.. etc. 

El precio de cada cuaderno, con cubierta impresa á cuatro tintas, es 
de 50 céntimos. 

Los pedidos de esta obra pueden hacerse en las librerías, centros de 
suscripciones y al editor Alberto Martín, Consejo de Ciento, 140, Bar- 
celona. 

LIBROS RECIBIDOS 

Fr. Gabriel de Jesús, Carmelita Descalzo.— Ejercicios espirituales de 
San Ignacio y Santa Teresa para religiosas.— Madrid, 1912. Estableci- 
miento tipográfico de J. Pérez Torres, Ponciano, 2 dupdo. — Un vol., en 8.°, 
de XVI-522 págs. 

— L. Trenor.— Biblioteca Blanca.— \. «La Casa de Bethania». — Valen- 
cia, 1922. Tip. Moderna, Avellanas, 11.— Un vol., en 8.°, de 140 [págs — 
Precio: 1 pta. 

—A. Rodríguez del Busto.— Autonomías municipales. — Madrid, 1912. 
Librería de V. Suárez. Preciados, 48.— Un vol., en 4.°, de 48 pág. 

— Fr. P. Corro del Rosario, Agustino Recoleto.—/:/ poeta Aurelio 
Prudencio y el templo del Pilar. Estudio crítico.— Madrid, 1911. Esta- 
blecimiento tipográfico y editorial, Pontejos, 3.— Un vol., en 4.°, de 113 
páginas.— Precio: 1,50 ptas. 

— P. Rene de Nantes, O. M. C— Les orígenes de l'Ordre de Salnte 



BIBLIOGRAFÍA 391 

Claire (1212-1263).— París, 1912. Librairie Saint-Franqois, Cassete, 4 — 
Un vol., en 4.°, de 85 págs. 

— P. Poveda. —Proyectos pedagógicos. Ensayo.— Sevilla, 1912. Iz- 
quierdo, Francos, 54.— Un vol., en 8.°, de 47 págs. 

— E. Benoit.— Conditions d'efficacité de Tiers-Ordre — París, 1912. 
Libraire St. Frangois, Rué Cassette, 4.— Un vol., en 12.°, de 30 págs.— 
Precio: 5 cents. 

— T. Betica.— Simulacro pedagógico .—Sevilla, 1912. Izquierdo, Fran- 
cos, 54.— Un vol., en 8.°, de 29 págs. 

— La Parole catholique. Discours choisis de nos orateurs, par le Cha- 
noine Jean Vaudon. -Premiére serie: «La Paraisse. — Tome II. Le Presby- 
tére.—VEglisse.— París, 1912. Bloud et C. ie , Place de Saint Sulpice, 7.— 
Un vol., en 8.°, de 311 págs . —Precio: 4 fr. 

—Jean Vaudon.— La Parole catholique. Discours choisis de nos ora- 
teurs.— Premiére serie: «La Paroisse».— Tome III. VAutel. — Le Taberna- 
cle.— París, 1912. Bloud et C. ie , Place de Saint Sulpice, 7. — Un volumen, 
en 8.°, de 290 págs.— Precio: 4 fr. 

—Junta para ampliación de Estudios é investigaciones científicas. — 
Escuela española de Arqueología é Historia en Roma. Cuadernos de 
trabajos. I.— Madrid, 1912. Blas > C. a , San Mateo, 1.— Un vol., en 4.°, 
de 127 págs., con trabajos de J. Pijoán, J. M. Perea, R. de Alós, P. A. 
Martín Robles y F. Martorell. 

— D. Rubio.— Los Agustinos en el Perú. Tesis para el Doctorado en 
Letras. — Lima, 1912. Torres, Huevo, 569.— Un vol., en 8.°, de 101 págs. 

— M. G. Barroso.— Briozoos de la estación de biología marítima de 
Santander. Junta para ampliación de estudióse investigaciones científicas. 
Instituto Nacional de Ciencias Naturales. Trabajos del Museo de Ciencias 
Naturales. N.° 5.— Madrid, 1912. Fortanet, Libertad, 29.— Un vol., en 8.°, 
de 63 págs. 

—I. Bolívar.— Estudios entomológicos. Junta para ampliación de estu- 
dios é investigaciones científicas, etc., etc. N.° 6. — Madrid, 1912. Fortanet, 
Libertad, 29.— Un vol. de 62 págs. 

— E. Fernández-Pacheco. — Ensayo de síntesis geológica del Norte de 
la Península Ibérica. Junta para ampliación de estudios é investigaciones 
científicas, etc., etc. N.° 7.— Madrid, 1912. Arias, San Lorenzo, 5, bajo.— 
Un volumen, en 8.°, de 136 págs. 

— Anales. Tomo VIII. Junta para ampliación de estudios é investiga- 
ciones científicas.— Madrid, 1912. Fortanet, Libertad, 29.— Un vol., en 8.°, 
de 345 págs. 

—A. D' Ales.— Diccionaire Apologetique de la Foi Catolique. Conté- 



392 BIBLIOGRAFÍA 

nant les Preuves de la Vérité de la Religión et les Reponses aux objections 
tirées des Sciences humaines. Fascicule VIII. Guvernement ecclesiastique. 
Incineration.— Paris, 1912. Beauchesne, Rennes, 117. — Un vol. ; en 4.°, 
de la 321 cd. á la 640.— Precio: 5 fr. 

— P. L. de Gonzague, O. M. C.—Une page de L'Histoire du Bresil. 
Monseigneur Vital (Aníoine Goncalves de Oliveira), Frére mineur capucin 
Eveque d'Olinda.— Paris, 1912. Libr. Saint-Fran^ois, Cassette, 4.— Un vo- 
lumen, en 4.°, de X-395 págs. 

— P. Sangro y Ros de Olano.— La intervención del Estado y del Muni- 
cipio en las cuestiones obteras, según los principios católico -sociales. Se- 
siones dadas en la V Semana Social de España. — Barcelona, 1910. — Im- 
prenta de Pedro Ortega, Aribau, 7.— Un vol., en 4.°, de 152 págs. 

— Dom Besse.— La question scolaire. Etudes sociales et politiques.— 
Paris, 1912.— Nouvelle libr. Nationale, Mediéis, 11.— Un vol., en 8.°, de 69 
páginas. — Precio: 0,75 fr. 

— Luden Roure.— Figures franciscaines.— Saint Frangois d'Assisse, 
Sainte Claire d'Asisse, Saint Antoine le Padouan.— Paris, 1912.— Libraire 
Plon. Garancier, 8.— Un vol., en 8.°, de 275 págs.— Precio: 3,50 fr. 

—A. Rodríguez del Busto. — Apuntes para la Historia de la Legisla- 
ción.— Madrid, 1912.— Libr. de Victoriano Suárez, Preciados, 48.— Un vo- 
lumen, en 4.°, de 136 págs. 

— S. Deploige.— Le conflit de la Morale et de la Sociologie.—Deu- 
xieme edition, augmentée d'une preface.— Paris, 1912.— Lib. Félix Alcau,. 
boulevard Saint-Germain, 108.— Un vol., en 4.°, deXVI-424 págs.— Pre- 
cio: 7,50 fr. 

— Mgr. de Mathies.— Preñez etSisez. Reñexions surl'espritdu chris- 
tianisme au XX e siecle. — Traduit de l'allemand, par l'Ablé Ph. Mazoye. 
Paris.— Libr. Lethielleux, Cassette, 10.— Un vol., en 8.°, de 300 págs. 

— F. W. Fórster.— La escuela y el carácter. Pedagogía de la obedien' 
cia. Reforma de la disciplina escolar.— Traducida al castellano por dorr 
M. Palomeque y Arroyo.— Torino.— Societá tipogr. editr. nation, 1911. — 
Un volumen, en 8.°, de 239 págs.— Precio, 3 fr. 

— Jean-Pierre Bock, S. ).—Lepain quotidienne du Pater. Coniribution 
a V intelligence du cette priere et de questions patristiques et liturgiques 
qui s'y rapporteni. — Traduction frangaise de A. Willien. — Paris.— P. Le- 
thielleux.— Libr., Cassette, lO.-Un vol., en 8.°, de XII-500 págs. 

— C. Campos.— El Brasil en 1910— Río de Janeiro.— Tip. de Jornal da 
Comercio, de Rodríguez & Comp. a , 1910.— Un vol., en 4.°, de 163 págs. 



CRÓNICA GENERAL 



Madrid-Escorial, l.°de Diciembre de 1912. 

I 
EXTRANJERO 

En reciente alocución que S. S. ha dirigido al Clero, después de reco- 
mendar que cumpla estrictamente con sus deberes para alcanzar su santi- 
ficación propia, habla el Santo Padre con gran energía del amor que se 
debe tener al Papa, de la sumisión rendida á sus órdenes y de la veneración 
á todo cuanto dimana de la Cátedra de San Pedro; duélese de la rebeldía 
que algunos sacerdotes mal aconsejados han manifestado en contra de las 
disposiciones del Pontificado y de la murmuración con que algunos aco- 
gen las medidas disciplinares de la Corte Pontificia, insinuando malévo- 
lamente que proceden de la gente que rodea al Papa, el cual, si estuviese 
bien informado, no procedería en esa forma. «Los que tal dicen— exclama 
el Pontífice — nos hacen gravísima injuria, pues nos creen sojuzgados por 
influencias bajas que no provienen de la ley de Dios.» 

—Los Cardenales españoles han marchado á Roma con objeto de re- 
cibir el capelo cardenalicio de manos de S. S. También ha marchado el 
Pronuncio, Mgr. Vico, el cual nos ha dejado ya de una manera definitiva. 
A última hora se han reconocido los méritos del que fué Nuncio en Ma- 
drid, haciéndole justicia, aunque un poco tardía. 

—La guerra de los Balkanes toca á su fin. Turquía ha pedido un ar- 
misticio, y éste se ha firmado ya, siendo considerado por todo el mundo 
como preliminar de la paz. Las condiciones del armisticio son: que mien- 
tras duran las negociaciones de la paz, ninguno de los beligerantes podrá 
movilizar tropa alguna ni acumular sobre las líneas de combate pertrechos 
de guerra. Pero se da el caso de que Andrinópolis, cercada como está, y 
sin poder moverse ni recibir auxilio alguno, si el armisticio dura mucho, 
y es de suponer que sí, tendrá que rendirse por el hambre en pleno. pe- 
ríodo de paz. El armisticio es considerado por muchos como una prueba 



394 CRÓNICA GENERAL 

de la inmensa derrota de Turquía; pero realmente no es así. Al menos, en 
los últimos días de lucha han sucedido acontecimientos que permiten du- 
dar. El propósito de los búlgaros era firmar la paz en Constantinopla, y 
ahora se contentan con firmarla en Chathalja. En esta línea de defensa no 
han sido arrolladas las tropas turcas, antes bien los búlgaros han sufrido 
algunos descalabros; y tan evidente resulta la crítica situación de los búl- 
garos, que hubieron de reclamar el auxilio de los griegos, quienes á mar- 
chas forzadas acudían á las líneas de Chathalja. Pero hay todavía otro he- 
cho que ha circulado por los periódicos y que, de resultar cierto, daría la 
clave de todo lo que está sucediendo. Dícese que un oficial alemán pudo 
escaparse del campamento búlgaro en donde se hallaba siguiendo ias ope- 
raciones de la campaña como agregado militar. Este c/ficial comunicó á su 
Gobierno la triste situación en que se hallaba el ejército búlgaro, realmen- 
te diezmado por una campaña tan sangrienta, y los esfuerzos desesperados 
que tenía que hacer Bulgaria para continuar la lucha, llamando al teatro 
de la campaña á las últimas reservas. En vista de ello, el Gobierno alemán 
avisó al de Turquía que resistiera hasta última hora, pues estaban próxi- 
mas á cambiar las tornas de la guerra; que mientras el Imperio otomano 
combatía en las líneas de Chathalja, la Tríplice ejercería presión sobre 
Servia, á fin de que no pudiese socorrer á los búlgaros, y se haría, en una 
palabra, cuanto se pudiera para estorbar la acción de los aliados. Y, efec- 
tivamente, así ha sucedido: todos estos últimos días no se ha hablado de 
otra cosa que de la movilización militar de Austria, de los incidentes que 
han surgido entre Servia y el Imperio austriaco, del puerto de Durazzo, 
de los preparativos de Alemania y Rusia, de la independencia de Albania; 
es decir, que la Tríplice había intervenido entre Turquía y los países bal- 
kánicos para cortar los vuelos de estos últimos. Así es que el Imperio tur- 
co salvará, cuando menos, su capital, Constantinopla, y es muy posible 
que también pueda librar del naufragio á Salónica, aunque esta última ya 
es más difícil, por haber entrado en ella las tropas griegas. 

Sin embargo, todavía se han de ver muchas cosas. Los países balkáni- 
cos no sacarán, ni mucho menos, todo lo que pretendían. La resuelta acti- 
tud de la Tríplice ha infundido algún respeto, y se puede afirmar que hoy 
las corrientes internacionales son pacifistas, con lo cual no salen ganando 
nada los países balkánicos, pues vendrá la conferencia europea y entonces 
se discutirá y regateará, y el que tenga más pulmones será el que se lleve 
mayor partida. Se deduce, pues, que la guerra va á terminar, y que ella no 
será tan desastrosa para el Imperio turco como se creía al principio; pero 
queda dicho Imperio tan debilitado, que al primer empuje habrá de mar- 
charse de Europa; por otra parte, si los países balkánicos siguen confede- 



CRÓNICA GENERAL 395 

rados; si en común desarrollan sus ejércitos y escuadras, entonces habrán 
formado un contrapeso en el concierto europeo que no será posible pres- 
cindir de él. Dentro de muy poco veremos el resultado de esa lucha in- 
esperada. 

—En Inglaterra continúa enardecido el combate entre liberales y unio- 
nistas, y la opinión corriente es de que muy pronto subirán al poder los 
unionistas, con lo cual habrá perdido Irlanda todas sus esperanzas de au- 
tonomía. 

II 

ESPAÑA 

Como decíamos en nuestra crónica anterior, á García Prieto, que 
había sido nombrado Presidente interino del Consejo cuando aconteció 
la muerte de Canalejas, sucedió el Conde de Romanones, Presidente que 
era del Congreso, y desde entonces se puede afirmar que la política sigue 
una marcha confusa, de manifiesta indecisión. Parecía natural que subie- 
sen los conservadores, una vez aprobados los presupuestos y el Tratado 
con Francia, el cual, según las últimas noticias, se hallaya firmado y publi- 
cado; parecía lógico que los liberales se fuesen á la oposición y allí se 
proporcionaran un programa y un jefe; pues la muerte de Canalejas ha 
sido un golpe terrible para el partido liberal, en cuyas filas no militan 
hombres de altura, verdaderos estadistas que sepan marcar una ruta y 
atraer las izquierdas, sin cuya colaboración, por el fraccionamiento de 
las derechas y su escaso entusiasmo, no es posible gobernar en España. 
Canalejas bien ó mal se había conquistado un lugar preeminente en la po- 
lítica de las izquierdas, tenía facilidad asombrosa de palabra, sabía decir 
cincuenta cosas á la vez, amenazar y transigir, todo ello en un minuto, y eso 
constituía un gran elemento de predominio entre la gente de bullanga, la 
cual, si no constituye la voz de la patria honrada y trabajadora, es en cam- 
bio la que más grita y á la cual escuchan siempre los temperamentos im- 
presionables y nerviosos que son la inmensa mayoría de los que actúan 
en la vida pública y se mueven y agitan en el torbellino de las grandes 
poblaciones. Ahora quedan en el partido liberal Montero Ríos, viejísimo ya 
y sin energías para sostener el tráfago de la Presidencia del Consejo; Mo- 
ret, que jaleado y etcétera, por el truts, no deja de ser un hombre fracasado, 
con mucho pico y mucha erudición sobre legislaciones extranjeras; pero 
que también carece de energía, y el entregarle el poder es lo mismo que 
entregárselo á la Compañía anónima del truts ú otro cacicato cualquiera 
que, sin responsabilidad alguna, se acerque á la Presidencia; García Prieto 



396 CRÓNICA GENERAL 

es joven, y aunque goza fama de sensato y lleva muy bien su reciente mar- 
quesado de Alhucemas, ni tiene la oratoria necesaria en un país meridio- 
nal y bullanguero, ni se le conoce la trastienda y flexibilidad oportunas 
para encaramarse por las anfractuosidades de la política liberal; sólo que- 
da Romanones, á quien si la musa de la oratoria no le mira con muy bue- 
nos ojos, es en cambio un cacique muy corrido y de mucha decisión que 
sabe aprovechar la ocasión y llegar siempre á tiempo. ¿Tendrá Romanones 
la habilidad suficiente para conquistarse la jefatura y gobernar con la ha- 
bilidad de zorro viejo que tenía Sagasta? He aquí el problema, y en su re- 
solución se hallan ahora preocupados liberales y conservadores. Por su 
parte, el Presidente del Consejo está haciendo pinitos en la cuerda floja y, 
si desea prolongar su prueba, seguramente los conservadores no se 
opondrán á ello. Y como el Presidente es partidario de armar su tinglado 
desde el poder, no es difícil que con sorpresa de todo el mundo continúe 
Romanones al frente del Gobierno. El tiene ya cincuenta diputados suyos, 
y bien se puede afirmar que lo serán todos, pues el espíritu de conserva- 
ción, aunque parezca mentira, se halla muy desarrollado en la política es- 
pañola; ahora únicamente le falta un programa, y ese, claro está, lo paga- 
remos por nuestra cuenta los católicos, á quienes por bobos y descuida- 
dos van á parar todas las bofetadas que se pierden en la política. Una 
prueba de ello son las declaraciones del Presidente del Consejo, quien no 
ha querido ceder á los requerimientos del Sr. Señante que le pedía alguna 
ley contra la propaganda revolucionaria, lo son también sus propósitos de 
seguir gobernando en canalejista, y lo han sido muchísimo más los últi- 
mos discursos del ministro de Instrucción pública, el cual, si le dejan lu- 
gar y tiempo, nos ha prometido traer la enseñanza neutra, para regalo y 
contentamiento de la Enseñanza libre y otros parásitos que se crían en 
las enmarañadas selvas de la política. 

Como prueba de energía y suma previsión, el Conde ha emprendido la 
reforma de la Policía, creando una Dirección en vez de una Jefatura, y en- 
tregando al Director una especie de dictadura con muchísimo ruido y mu- 
chísimas campanillas, pero cuyos resultados se esperan con cierta preven- 
ción; pues si la Policía ha de ser eficaz, necesita de apoyo muy enérgico en 
el Gobierno, y en eso está la dificultad. Si el Director de Policía aprieta, 
chillarán los taberneros, los prestamistas, los teatros, las casas de prostitu- 
ción, los garitos de juego, las fábricas de armas, los tenderos de mercan- 
cía averiada, y otros mil y mil chamarileros, de los cuales proviene la tuerza 
del partido liberal, y á quienes, por consiguiente, no es posible disgustar, y 
el Director, que puede ser muy bueno y muy celoso, habrá de reducirse á 
vegetar en la Dirección ó á renunciar su cargo y volverse á su casa. Aho- 



CRÓNICA GENERAL 697 

ra ha sido nombrado Director de Policía el Sr. Méndez Alanís, quien des- 
empeñó admirablemente su cargo en tiempo de La Cierva; pero entonces 
se hizo una selección escrupulosísima del personal, se organizaron regis- 
tros, admirablemente combinados, de toda la gente maleante en los Go- 
biernos civiles, y el Ministro de la Gobernación sostenía, por encima de 
todo, las medidas del Jefe de Policía, y eso ha desaparecido por completo. 
Si el Conde está dispuesto á volver con todas sus consecuencias al sistema 
de La Cierva, es posible que tengamos Policía; de lo contrarió, no. 

Mientras el partido liberal sestea en el poder y busca un jefe y arruina 
la nación con sus despilfarros económicos, su reparto de gangas, pensio- 
nes al Extranjero, etc., las personas sensatas se preguntan con cierta ansie- 
dad: ¿y el partido conservador? ¿y Maura? Aun reconociendo su honradez 
y sus trabajos en pro de la patria, muchos dicen que por ahora no debe 
volver al Poder mientras no se consolide algún jefe en el partido liberal; 
pues, de lo contrario, corre peligro de que en la oposición se disuelva, y 
sus materiales vayan á engrosar las filas republicanas. Pero también corre 
el peligro de que en esta anarquía mansa que gobierna avance tanto el 
elemento revolucionario, que después no tengan remedio las cosas. Lo 
que sea, ya se verá. 

— En el Congreso se han discutido ya los presupuestos, y ahora se en- 
cuentran en el Senado, donde habrán de discutirlos á paso de carga. El 
ramo de instrucción pública lleva muchísimas gangas que ordinariamente 
van á desembocar en los fértiles valles de la institución libre de la ense- 
ñanza, la cual tiene ya acaparadas todas las cátedras de Ciencias Naturales, 
muchas de Filosofía y Letras, y no tardando mucho, tendrá todas las de la 
Universidad, con item más las pensiones al Extranjero, etc. Es verdadera- 
mente escandaloso lo que está sucediendo; la corrupción de jóvenes que 
en la Universidad se ejecuta, proponiéndoles premios, pensiones, apoyo, 
etcétera, si se afilian á la institución libre, hacen profesión de fe raciona- 
lista, etc.; esto en un país católico, y con el dinero de los católicos, y para 
que no se desanimen y vean detrás el apoyo ministerial, todavía se les pro- 
mete la enseñanza neutra. 

—Se ha publicado ya el Tratado franco-español, según hemos dicho 
ya, y, ciertamente, que no representa un triunfo de la diplomacia españo- 
la, ni mucho menos, ni merecía ser firmado con pluma de oro; bastando 
para ello con las antiguas plumas de ave. Hemos cedido en la cuestión 
del Uarga, viendo cercenada su zona reconocida en 1904; lo mismo ha re- 
sultado con los territorios de Ifni, que han sido recortados por Norte y 
Sur; en el Lucus se ha señalado como límite el paralelo 35, que por su 
indecisión puede dar lugar á muchas contiendas y disgustos; el Muluya 



398 CRÓNICA GENERAL 

se queda á merced de una Comisión que probablemente sentenciará eit 
contra nuestra; hemos perdido el derecho de mandar religiosos francisca- 
nos á todo el Imperio mogrebino, según se venía reconociendo á España 
desde tiempo inmemorial; el ferrocarril Tánger-Fez se construirá por una 
Empresa mixta, según deseaba Francia, y si vuelve al Estado, Francia se 
encargará de todo el trayecto, con la particularidad de que España desea- 
ba que el trazado se hiciese por Larache, y eso ha quedado sin concertar 
y en manos de una Empresa que en su mayoría nos ha de ser hostil. En 
resumen, dice La Época: 

«1.° Se ha cercenado la posesión territorial de España en el Uarga, 
en el Lucus, en el Muluya y en Ifni. 

2.° Hemos perdido de hecho el privilegio histórico de las misiones 
religiosas en Marruecos. 

3.° Ha triunfado lo esencial del pensamiento francés en la cuestión 
del ferrocarril Tánger-Fez; y 

4.° Quedan pendientes de limitaciones territoriales en el Uarga y el 
Muluya, lo cual, unido al régimen mixto, pero con preponderancia fran- 
cesa, de la Compañía del ferrocarril Tánger-Fez, Banco del Estado, mono- 
polio de tabacos, revisiones anuales aduaneras y otros extremos, supone 
un posible semillero de contrariedades y disgustosa 

La culpa de todo este fracaso no corresponde solamente á nuestra 
diplomacia y á nuestros Gobiernos; una gran parte de esa derrota se debe 
atribuir á los republicanos, que, auxiliados por el partido colonista fran- 
cés, no han cesado de crear dificultades interiores, amenazando continua- 
mente con una revolución, haciendo impopular nuestra acción en Marrue- 
cos y aprovechando todas las circunstancias en contra de la patria. Es 
decir, que hemos gastado y gastaremos nuestro dinero y nuestra sangre, y 
de ello no se sacará provecho alguno por nuestra culpa. 

—En el partido carlista han sucedido algunas cosas que no están claras. 
Ha dimitido su cargo de jefe-delegado el Sr. Feliú, y en su lugar ha sido 
nombrado el marqués de Cerralbo, como presidente de una Comisión 
que habrá de proceder á la reorganización del partido. El motivo oficial 
es que la gran extensión del partido carlista impone trabajos que el señor 
Feliú, ya anciano, no puede sobrellevar; pero no ha faltado quien señale 
otras causas que, de resultar ciertas, significarían una crisis en el partido 
carlista; una evolución á la izquierda vendría á ser la muerte de la comu- 
nión tradicionalista, la cual, ó conserva su carácter eminentemente católico 
ó no existirá. 

— En el Supremo se está ventilando una cuestión verdaderamente inte- 
resante en contra de El Liberal. Había difamado este periódico á una seño- 



CRÓNICA GENERAL 399 

rita, si mal no recordamos, de una provincia de Levante, y ¡sus padres exi- 
gieron de dicho periódico una indemnización ante los Tribunales, obte- 
niendo en primera y segunda instancia fallo á su favor. El Liberal apeló 
ante el Supremo, y allí está la cuestión para ser resuelta uno de estos días. 
El defensor de la calumniada señorita es el Sr. La Cierva, y su informe ha 
sido verdaderamente luminoso y en conformidad con el parecer de toda 
persona sensata; pero, según se cuenta, el Sr. Canalejas, en su afán de 
tener á su favor la Sociedad Editorial, hubo de terciar en el asunto, y se 
espera que El Liberal salga triunfante, quedando así establecido por el 
Tribunal Supremo que, si de la calumnia sale garante un diputado, se 
puede calumniar impunemente. Esto se dice; pero es de creer que se im- 
ponga el criterio de la justicia y, una vez, por lo menos, se tape la boca á 
los que, tal vez, siendo un saco de miserias y vilezas, no les importa jugar 
con la honra de los demás. 

P. Benito Garnelo. 
o. s. A. 



Cuando todavía aparece firmada la «Revista Canónica» de este número 
con el nombre del P. Cipriano Arribas, tenemos que dar la noticia de su 
muerte, cosa que dará idea de la incansable laboriosidad de este Padre. 

Ha acaecido el 3 de este mes en Torre Peñafiel (Valladolid), su patria, 
donde los Superiores le habían enviado para reponer su salud, harto que- 
brantada por los años y el trabajo. 

El P. Cipriano Arribas nació el 23 de Septiembre de 1838, hizo la ca- 
rrera eclesiástica en el Seminario de Palencia, se ordenó de Presbítero 
el 30 de Marzo de 1866 y desempeñó durante algunos las cátedras de Me- 
tafísica y Griego en el mismo Seminario. Fué Párroco de Torquemada, y 
en 1890 tomó el hábito de San Agustín en nuestro Colegio de La Vid 
(Burgos), donde profesó de votos simples el 1.° de Abril de 1891; la pro- 
fesión solemne la hizo en el Real Monasterio de El Escorial. 

La Obediencia le nombró Procurador de la Universidad primero, del 
Monasterio después, Administrador de La Ciudad de Dios, Superior de 
dicho Monasterio y Definidor en el último cuatrienio, á la vez que expli- 
caba Moral y Griego á los jóvenes religiosos. 

De sus trabajos y estudios son testigos los lectores de nues'ia revista, 
que durante muchos años le han visto firmar la «Revista Canónica» y una 
serie de trabajos que, al lado de la «Revista Canónica», han visto la luz 



400 CRÓNICA GENERAL 

pública en ella, como el estudio sobre el probabilismo y los comentarios 
sobre los decretos Ne temeré y Ut debita y otros. 

Excelente religioso, ha muerto en la paz del Señor, confortado con los 
Santos Sacramentos. 

La Ciudad de Dios, á quien el P. Cipriano Arribas dedicó sus talentos, 
ingenio y su infatigable y metódica constancia en el trabajo, pide una ora- 
ción para el benemérito redactor que hasta los últimos días ha colaborado 
en ella con los entusiasmos y bríos de un joven, sin manifestar el cansan- 
cio ni las fatigas de una vida pasada toda ella en las tareas apostólicas del 
ministro de Cristo y en la enseñanza. 

R. I. P. 



INTEGRACIÓN DE LAS IDEAS 

EN EL ORGANISMO PSICOLÓGICO 



(CONTINUACIÓN) 

Las ideas principios de acción.— La idea en cuanto represen- 
tación es una adaptación de la actividad intelectual al ser y á las le- 
yes del ser real; su fin inmediato es la verdad. Pero la inteligencia 
tiene, además, otro fin ulterior; que no se le ha dado al hombre para 
pensar estérilmente la verdad, ni se satisface con la contemplación 
pasiva del plano de la realidad, sino que aspira á vivirlas. La verdad 
es bien, y como tal apetecible y excitadora de las tendencias pro- 
fundas del alma. La misma relación que existe ontológicamente en- 
tre lo verdadero y lo bueno, que se identifican en el ser real, esa 
misma ó análoga se da psicológicamente entre la inteligencia y la 
voluntad, que se funden en una sola realidad fundamental. No hay 
una inteligencia que concibe por un lado y una voluntad que eje- 
cuta por otro, sino un solo ser que piensa y vive lo pensado. 

Y en este sentido las ideas son causas é instrumentos de acción; 
son fuerzas, para seguir la denominación corriente, productoras de 
movimiento, que excitan y regulan las energías profundas de nues- 
tro ser, sacándolas de su estado inconsciente y amorfo, y encauzán- 
dolas en una orientación concreta y definida. Las ideas, en efecto, 
contienen el diseño de nuestra acción posible sobre las cosas y el 
plano de la realidad en donde han de actuar y desenvolverse aque- 
llas actividades. Sin ideas, sin representaciones, nada de movimien- 
to ni de vida psicológica; tendencias, emociones, movimientos, todo 
va determinado por una representación y gira alrededor de ella 
como de un núcleo central. Podemos así considerar las ideas de 
nuestra conciencia como conjunto de fuerzas en distintas direccio- 

La Ciudad de Dios.— Aflo XXXII.— Núra. 950. 2ó 



402 INTEGRACIÓN DE LAS IDEAS 

nes que se suman ú oponen unas á otras, se anulan ó equilibran, 
siendo la acción el complemento ó resultado de este movimiento 
ideal. Una inteligencia equilibrada suma estas fuerzas dispersas, po- 
niendo orden en ellas y encauzándolas en la misma dirección, para 
traducirlas en una vida práctica fecunda é intensa; por el contrario, 
la incoherencia ideal trae consigo la dispersión de las energías ó su 
aniquilamiento, la miseria psicológica y la inconstancia y superficia- 
lidad de la vida. La debilidad mental no consiste siempre en falta 
de ideas, sino en la impotencia de ordenarlas y evitar su dispersión, 
que, anulándose así unas á otras, dan por resultado la abulia é in- 
decisiones de la voluntad. Las ideas son, pues, verdaderas causas 
y principios de acción; todo acto ó efecto es la realización de una 
idea. 

Pero entiéndase bien, y no extrememos las cosas: las ideas no 
son esencialmente y por naturaleza activas; su función inmediata es 
contemplar el plano de la realidad, en donde no todo es movimien- 
to, sino que hay también formas estables; hay, pues, ideas estáticas 
y dinámicas. Por otra parte, de la serie no interrumpida de repre- 
sentaciones que cruzan la conciencia, muchas, quizá la mayor parte, 
nos dejan pasivos é indiferentes, ó sólo despiertan el interés pura- 
mente especulativo de conocer la verdad, sin descender al fondo 
donde nacen las tendencias ni provocar movimiento hacia los obje- 
tos. La teoría de las ideas-reflejos, que hace de las ideas simples 
transformadores de las impresiones en movimiento, es contraria á 
la experiencia psicológica. 

Y es que la fuerza motriz de las ideas no nace de ellas mismas, 
sino de su poder de asociación y organización de elementos psico- 
lógicos de todo género, de su prolongación en las profundidades 
donde se elaboran los sentimientos y las pasiones, de su aptitud 
para remover este fondo afectivo y hacerle vibrar, dando salida al 
torrente de energías psicológicas, y, sobre todo, de su aceptación 
por la voluntad, que las convierte entonces en verdaderos impera- 
tivos de la conciencia. Los hombres de acción han de ser hombres 
de ideas, y de ideas hondamente sentidas é incorporadas á la vida. 
Pero la inversa no es verdadera; confinado el intelectual en el pen- 
samiento teórico y abstracto, sin enlace con los resortes impulsores 
de la acción práctica, no es el tipo más á propósito para realizar em- 



INTEGRACIÓN DE LAS IDEAS 403 

presas que exigen un gasto grande de energías. El intelectual puro 
como el dilettante, son estetas del pensamiento, «ricos en ideas po- 
bres», sin prolongación de estas ideas en la realidad de la vida con- 
creta, incapaces de mover los resortes de una voluntad fuerte. 

La eficacia de las ideas, su sugestibilidad afectiva y potencia mo- 
tora están en razón inversa de su carácter abstracto é impersonal, y 
directa de su inserción en el curso concreto de la vida psicológica 
personal, es decir, de su carácter práctico. En el orden de las ideas, 
las cosas son el centro y la medida de la inteligencia; ésta, prescin- 
diendo de sí, irradia fuera su acción para posarse en las cosas, des- 
personalizándose por decirlo así, y transformándose ó haciéndose 
en algún modo los objetos de su pensamiento; al revés en la vida 
afectiva, que el yo, la persona es el centro de asimilación de la rea- 
lidad presente en las ideas, personificándola é identificándola en 
cierto modo con el sujeto. Y de aquí el mover más ó menos las 
ideas nuestras facultades afectivas y volitivas, en proporción á la pro- 
ximidad y acoplamiento de los objetos contenidos en las ideas á 
nuestro organismo psicológico, y á su posible intervención en el cur- 
so de nuestra vida personal. 

La vida práctica del sabio sigue un curso de ordinario é indi- 
ferente al curso de sus especulaciones; entre sus ideas y su vida no 
hay enlace alguno; su inteligencia se despersonaliza para mirar so- 
lamente á la realidad y confundirse con ella. De aquí la impotencia 
de los temperamentos especulativos para la acción intensa y cons- 
tante. Pero cuando las ideas expresan valores prácticos y tocan de 
cerca al interés personal, y, sobre todo, cuando se refieren á los fines 
y necesidades fundamentales de la vida, entonces constituyen cen- 
tros permanentes de fuerzas, despertadores de sentimientos y ten- 
dencias que embargan nuestro ser, enderezándolos en una común 
orientación marcada por la idea. Un problema ético analizado por 
el moralista apenas transciende de la esfera especulativa; este mismo 
problema, la idea del deber aplicada á un caso concreto de la vida 
práctica, desciende á las honduras del sentimiento haciendo vibrar 
las energías impulsoras de la acción. La idea abstract a no adquiere 
fuerza motriz sino á medida que toma cuerpo y se especifica, por 
decirlo así, en imágenes concretas. De aquí que los principios y de- 
ducciones lógicas no bastan al orador que busca, no sólo conven- 



404 INTEGRACIÓN DE LAS IDEAS 

cer, sino mover y persuadir; para lo cual recurre á las metáforas, á 
las imágenes vivas y movimientos, y á movimientos, no sólo del pen- 
samiento, sino de la palabra y de todo el cuerpo. 

La eficacia de las ideas depende también de su verdad, y psico- 
lógicamente de nuestra fe en ellas, es decir, de la firmeza de nues- 
tras convicciones. Es, en efecto, la acción una afirmación práctica 
del pensamiento incorporado á la vida real, la que se desenvolverá 
más vigorosa y ordenada en la medida de la perfección del pensa- 
miento que la informa, que consiste en la supresión de la duda y en 
la plena conciencia de su verdad. Tiende, naturalmente, la inteligen- 
cia á establecer el equilibrio y la coherencia de sus ideas, es decir, 
á formar convicciones; aquí está su término natural y también la 
fuerza de su eficacia. La duda, en cambio, es un estado transitorio 
de desarmonía é inconsistencia ideal que no ofrece punto de apoyo 
á la acción, y se traduce en irresolución de la voluntad. 

La acción vigorosa é intensa exige armonía y concentración de 
fuerzas que sólo pueden operar las convicciones firmes; y la duda, 
en cambio, la dispersión é incoherencia de las ideas, trae consigo el 
debilitamiento de la voluntad y la miseria del vivir. Los hombres 
de acción son siempre hombres de ideas; los ideales sOn los que di- 
rigen á los pueblos y remueven sus energías dormidas; un pueblo 
sin ideales es un pueblo muerto. Pero entiéndase bien: la potencia 
motriz de las ideas no es proporcional á la abundancia de éstas, sino 
á su firme organización, á la fe y confianza en su verdad; y para 
que ésta sea fecunda es necesario sentirla, amarla, incorporarla á la 
vida. 

¿En qué consiste la eficacia de las ideas? Su causalidad no es efi- 
ciente, propiamente hablando, sino más bien final, ejemplar é ins- 
trumental. Las ideas son activas en cuanto ponen á nuestro ser en 
presencia de objetos que pueden despertar las actividades latentes 
de la naturaleza, abriendo el cauce por donde éstas han de correr y 
dándolas una forma definida y concreta en relación con este fin. To- 
dos los seres de la naturaleza, cada uno en su peculiar grado de 
perfección, poseen principios inmanentes de actividad, potenciali- 
dades ó energías latentes con que desenvuelven su vida y realizan 
sus fines. Estas energías latentes necesitan un medio de expansión, 
una realidad accesible á ellas que las determine y ponga en movi- 



INTEGRACIÓN DE LAS IDEAS 405 

miento y se ofrezca como materia de su acción. La naturaleza pue- 
de así considerarse como conjunto de fuerzas represadas, amorfas, 
sin determinación ni orientación definida que tienen salida cuando 
se establecen tangencias con la realidad. En los seres inconscientes 
este contacto de las actividades con la realidad es inmediato; pero 
no así en la vida psicológica, donde las facultades no se ponen en 
comunicación con los objetos si no es por medio de la representa- 
ción. El conocimiento es como el dique que contiene, organiza y 
da salida á las demás energías psicológicas, encaminándolas en una 
orientación definida y concreta. El conocimiento es así un principio 
de adaptación vital, porque para vivir necesitamos antes conocer el 
plano de la realidad y las tendencias que han de actuar y moverse 
en este plano, envolviendo así en una síntesis común de la concien- 
cia el interior y el exterior perfectamente acoplados, para traducir- 
los después en la realidad por medio de la acción. La vida en tal 
sentido es un arte, una creación ó realización del conjunto de repre- 
sentaciones organizado por el conocimiento. 

Hay, pues, una eficiencia real del conocimiento sobre la vida; no 
se limita la idea á ver pasar la corriente psicológica productora de la 
acción como algo exterior á ella, sino que forma parte de ella, abrién- 
dola camino, dándola forma y modelando su curso, y no dejándola 
hasta el fin. Sepárese el conocimiento de la acción, y ésta carecería en 
absoluto de finalidad, seria incoherente y desordenada como las con- 
vulsiones de un epiléptico. El conocimiento precede á la acción, la 
acompaña y la sigue cerrando el proceso vital; pero de distinta ma- 
nera. La precede como ideal realizable, como término fijado de an- 
temano á la acción; la acompaña ordenando las actividades y los 
movimientos y vaciándolos en el ideal, y, por último, la sigue con 
la representación del ideal concreto ya realizado. 

¿Y cómo las ideas, descendiendo de las alturas en donde son ela- 
boradas por la inteligencia, toman cuerpo en la corriente con- 
cretada de la vida, y ponen en movimiento toda esta máquina com- 
plejísima de funciones psíquicas y orgánicas, reuniéndolas en un 
consensus común y enderezándolas á la realización concreta del 
ideal? Esto es lo que brevemente vamos á indicar, que otra cosa nos 
alejaría de nuestro propósito. 

Distingue Aristóteles el entendimiento < especulativo > cuyo fin 



406 INTEGRACIÓN DE LAS IDEAS 

es conocer, y el entendimiento «práctico> enderezado á obrar, es 
decir, á concebir y preparar el fin, el plan y todas las condiciones 
de la acción; aunque no sean sino dos maneras de un solo entendi- 
miento, puesto que la acción práctica no es sino la idea dando for- 
ma y atravesando todos los movimientos de la voluntad, ó mejor, 
esta misma voluntad envolviendo al conocimiento para convertirle 
de representación estática en principio dinámico de acción. Toda 
idea, por abstracta y especulativa que sea, tiene sus derivaciones ó 
prolongaciones hacia la práctica, pero necesita ser asimilada y fe- 
cundada por la voluntad que la convierte en fuerza motriz, y de este 
consorcio sale la acción como la planta de la semilla. La decisión de 
la volutad, en efecto, consiste en la libertad de juicio, liberum arbi- 
trium, es decir, en la aceptación de las ideas por la voluntad que las 
transforma de especulativas, ó ideas Laces, en prácticas, ó ideas fuer- 
zas. Aceptada así la idea, constituye el centro organizador del siste- 
ma de movimientos, alrededor del cual se agrupan las energías pro- 
ductoras de la acción. 

Cualquiera acción realizada bajo la dirección y el impulso de 
esta actividad racional puede descomponerse, para su fácil análisis, 
en dos partes: forma y materia de la acción. La forma es la idea, el 
molde previamente construido en que hade vaciarse la acción, la 
concepción de un fin y de los medios subordinados y ajustados al 
fin, que serían como los jalones marcados del rumbo que ha de to- 
mar la acción, ó el diseño del plano en que ha de desenvolverse. La 
materia de la acción la constituyen la trama complicada y delicadísi- 
ma de elementos psicológicos y fisiológicos de la acción, sensacio- 
nes, imágenes, ideas, tendencias, emociones, disposiciones habitua- 
les, instintos, conveniente adaptados y acoplados á la realidad, bajo 
el impulso finalista de la idea. La idea es aquí ^el principio finalista y 
unificador que atraviesa toda esta corriente vital y la hace correr por 
su plano hasta la realización. 

Veamos primero la disposición y funcionamiento de este orga- 
nismo psicológico, y cómo se presta á ser instrumento dócil de la 
idea. El primer acto de la vida psicológica es la sensación, y en toda 
sensación á la impresión ó acción de los objetos responde una reac- 
ción ó movimiento de adaptación del ser á los mismos. Toda sensa- 
ción tiende, pues, á realizarse, es decir, á traducirse en un movimien- 



INTEGRACIÓN DE LAS IDEAS 407 

to ordenado por la naturaleza. Los sentidos reaccionan á las impresio- 
nes con movimientos de adaptación inconsciente: y el ser todo reac- 
ciona con movimientos ordenados en presencia de los objetos con 
sus tendencias á la conservación y desenvolvimiento vital. La siner- 
gia de todas las funciones, como prolongaciones que son de un fon- 
do común, hace que el movimiento de una irradie por simpatía á 
todas las demás y las haga vibrar sordamente, como la vibración de 
la cuerda de un instrumento musical hace vibrar toda la caja refor- 
zando el sonido. Inútil traer ejemplos que comprueben experimen- 
talmente esta reacción de la sensación. La vida sensible en su foruia 
la más sencilla y elemental consiste en eso, en una serie de reflejos 
automáticos y ordenados, de reacciones espontáneas, respondiendo 
á las acciones del exterior; es decir, que toda sensación se produce 
asociada á su movimiento. 

En la vida psicológica, como en la naturaleza física, nada se pier- 
de; los actos, una vez realizados, dejan vestigios en la memoria y se 
organizan quedando á modo de fuerzas latentes, con tendencia á re- 
producirse en la serie y orden con que fueron realizados. La imagen 
de los objetos vendrá seguida de la imagen de los movimientos que 
son su realización. Supóngase ahora que una cualquiera de estas imá- 
genes reaparece en el campo de la conciencia, y con ella vendrán aso- 
ciadas las imágenes motrices y afectivas correspondientes; y como la 
imagen del movimiento es ya el movimiento comenzado, éste se rea- 
lizará fatalmente, necesariamente, siempre que otras imágenes asocia- 
das á movimientos opuestos no vengan á impedir su realización. La 
sensación de la pérdida del equilibrio despierta la tendencia á la con- 
servación, é inconscientemente, automáticamente, pone en movi- 
miento ordenado todo el organismo para evitar la caída y el peligro 
consiguiente. Las sensaciones asociadas á las imágenes no sólo pro- 
vocan el movimiento, sino que actúan como una fuerza constante 
determinando su intensidad, dirección y acoplamiento á la realidad, 
limitándole por todas partes y estableciendo la tangencia con los 
objetos. Para ajustar los movimientos al medio que nos rodea, es 
necesario que la conciencia haya precedido con un trabajo de aso- 
ciación y acomodación. 

La psicología humana es extremadamente compleja, y se enri- 
quece y deselvuelve en sus contactos sucesivos con la realidad. Psi- 



408 INTEGRACIÓN DE LAS IDEAS 

cológicamente, todo el pasado de nuestra vida actúa en el presente 
y prolonga esta acción hacía lo porvenir. Cada individuo conserva 
en forma latente y organizadas en la memoria, las experiencias de 
toda la vida, á manera de fuerzas dispuestas á entrar en acción. Al 
modo como los organismos físicos se desarrollan creando órganos y 
funciones especiales, que son á manera de instrumentos naturales 
con que atienden á las necesidades de la vida física, así la concien- 
cia va creando, con los residuos de la experiencia organizados en la 
memoria, instrumentos artificiales de adaptación psicofisiológica á la 
realidad, con que utilizarla con el menor esfuerzo y el mayor resul- 
tado útil. Posee la naturaleza aptitudes instintivas, inclinaciones fun- 
damentales modeladas por ella en armonía con los respectivos 
objetos y las necesidades inmanentes; pero la orientación especial y 
concreta de estas facultades, la determinación y coordinación de sus 
movimientos en relación con las circunstancias externas variables y 
con las necesidades internas, se deben en su mayor parte á la educa- 
ción y creación de hábitos psicológicos. La vida psicológica de los 
primeros años es toda ella educación de la sensibilidad por el ejer- 
cicio, de adaptación á las impresiones exteriores, de adquisición y 
asociación de imágenes del mundo físico, y de coordinación habi- 
tual de éstas con las necesidades, las tendencias afectivas y los movi- 
mientos; y tanto más vigorosa y perfecta se desenvolverá esta vida, á 
medida que la organización de todos estos elementos vaya haciéndo- 
se cada vez más rica, armónica, segura y estable. 

Con la intervención de las facultades superiores, el organismo 
psicológico va creciendo en complejidad y riqueza; la idea obra en- 
tonces como fuerza disolvente de las asociaciones espontáneas, y 
como centro selectivo y organizador de elementos psicológicos para 
constituir asociaciones nuevas, en armonía con los fines particulares 
y libres de la inteligencia. Para realizar ésta sus ideales prácticos, ne- 
cesita modelar el organismo psico-orgánico por medio de mecanis- 
mos habituales previamente construidos que faciliten la acción, y tan- 
to más segura y perfecta será esta acción, cuanto con mayor facilidad 
y economía de esfuerzo encarne y realice el plan ideal. 

En efecto, bajo la dirección de la inteligencia y el imperio de la 
voluntad, podemos modificar la corriente psicológica espontánea, y 
darla nuevo curso en el cauce abierto por la idea; podemos formar 



INTEGRACIÓN DE LAS IDEAS 409 

asociaciones voluntarias en armonía con un fin determinado por 
medio de ejercicios repetidos, hasta llegar á constituir á modo de 
sistemas psicológicos habituales y permanantes. No otra es la causa 
de ciertas disposiciones y aptitudes habituales, la facilidad y el ru- 
tinarismo en los quehaceres ordinarios de la vida, la habilidad en 
las artes mecánicas, y, en general, la adaptación de nuestra vida al 
medio físico y social. Y en otro orden superior, la riqueza intelec- 
tual del sabio, la grandeza moral del santo, la habilidad y delicade- 
za del artista en concebir y realizar la belleza, todo ello es resultado 
de la educación y encauzamiento de las energías del alma bajo el 
imperio de un ideal. 

En el artículo siguiente se verá cómo la idea informa y da cohe- 
sión á toda esta materia de la vida psicológica; y cómo esta vida co- 
rre por el cauce abierto por la idea, de la que recibe todo su valor y 
significación. 

P. Marcelino Arnáiz, 

o. s. A. 
(Continuará.) 



LA BICICLETA DE LOS REYES 




abes tú lo que te van á traer los Reyes? 
— ¿Los Reyes? 

—Pues claro, los Reyes. Todos los años me traen algo. 
Lo sueño. El año pasado soñé que venían montados á caballo, y que 
me le dejaban á la puerta, y cuando me desperté, me encontré con 
un caballo de cartón muy bueno. Esta también sueña, ¿verdad? 

—Sí; hace dos años soñé que me traían una muñeca, y me la en- 
contré en la cama. 

— Este año voy á soñar que me traen una bicicleta. 

— ¿Los Reyes?... ¿Una bicicleta? 

—Sí, una bicicleta, los Reyes; y vendrán montados en ella con un 
manto largo..., muy largo, unas barbas blancas..., muy blancas, unas 
coronas de oro con muchas puntas, y luego, unos criados negros..., 
muy negros, y mucha gente detrás. 

— En mi casa no hay Reyes; papá es republicano. 

—Eso no tiene que ver. 



* - 
* * 



— Luis, Luis, arriba. 

Una bicicleta, los Reyes... los Reyes, una bicicleta. Así subía pen- 
sando Luis. No entendía nada de aquello, su papá nunca le había 
hablado de tal cosa. Los padres de sus amigos les hablaban, por lo 
visto, de bicicletas, de los Reyes, de caballos. ¡Qué tendrían que ver 
las bicicletas con los Reyes! ¡Qué lástima no tener papas que habla- 
ran de estas cosas! ¡Si mamá viviera! Pero mamá se había muerto 
hacia muchos años. 

Luis subía mustio pensando en los Reyes, en las bicicletas, en 
los caballos y en lo triste que era no soñar en los Reyes de la barba 



LA BICICLETA DE LOS REYES 411 

blanca, y en las bicicletas, y no encontrarse con una bicicleta de ver- 
dad. ¿Qué sería esto? 

Así llegó á la puerta de su casa, donde paseándose muy serio, 
meditabundo y austero le esperaba su padre. 

— ¿Qué te decían esos?... ¡Fanatismos, supersticiones! A estudiar. 
La ciencia y el saber hace grandes y fuertes á los hombres. 

Fanatismos, supersticiones, los Reyes, la bicicleta, la ciencia, el 
saber... Luis no entendía más que una cosa muy triste: la ciencia, el 
saber, el estudio, no traían bicicletas; los Reyes, si. Agachó la cabe- 
za y se fué á estudiar, pensando que había niños que estaban ale- 
gres, y que él no lo estaba. 

¿Cómo se las arreglarían aquellos amiguitos para soñar en Re- 
yes con coronas de oro que traen bicicletas? ¡Si él pudiera soñar lo 
mismo, y sobre todo encontrarse una al pie de la cama! 

* 
* * 

Luis era casi una criatura, tenía diez años, pero más criatura, 
cuanto más su padre se empeñaba en prepararle para hombre, para 
hombre fuerte. 

Don Jenaro Ruiz Quiñones era un hombre honrado, honrado 
con una honradez perfectamente laica. No creía: eso de la religión 
le parecía sinceramente cuentos, novelas, consejas, leyendas para 
empequeñecer las almas y aprisionar á los corazones en una red de 
preocupaciones y miedos estúpidos. Estaba hondamente convencido 
de los fanatismos; todo eso de arriba, del cielo, etc., etc., eran dulces 
inventados para engañar á los espíritus pequeños y hacerles tristísi- 
ma y amarga la existencia, para esclavizarles bajo la férula tiránica 
del hieratismo clerical. El hombre debía ser racional siempre, hon- 
rado, claro es, pero sin fanatismos ni paparruchas inverosímiles. En 
esto venía á ser Quiñones un puritano, un Catón, más inverosímil 
aún: quería una virginidad de alma y de corazón extremada y archi- 
utópica, una especie de salvajismo intelectual y moral, levantado, su- 
blime é idealísimo. Nada de inspirar al hombre ideas preconcebi- 
das; guardar su corazón como se custodia el candor y pureza de una 
virgen, velar por sus costumbres como el fiero cachorro defiende la 
hacienda de su amo, cultivar la inteligencia en la ciencia y en el sa- 



412 LA BICICLETA DE LOS REYES 

ber humano, en esas disciplinas útiles y grandiosas que todo lo re- 
ducen á número y averiguan el funcionamiento de la materia, des- 
cubren sus fuerzas, y enseñan á ver en la naturaleza lo que la igna- 
via atribuye á fuerzas sobrenaturales; un sabio, un científico, un 
hombre de espíritu libre, digno de la naturaleza que le dio lo que 
tiene. Imprimir en su alma, y sobre todo en el corazón, sellos con 
imágenes de santos, con atractivos de sentimentalismo místico, era 
manchar una vida, desflorar una rosa fresca; era el estupro violento 
y sucio de la virginidad interior del ser racional cuando empiezan á 
apuntar sus más puros y lindos capullos. 

Este era Don Jenaro Ruiz Quiñones, padre de Luis: un Catón, un 
puritano, un honrado, un necio, un pedante y un fanático del huma- 
nismo, de lo neutro y de lo laico. 

Idolatraba á Luis, reliquia preciosa que le dejó una mujer cris- 
tiana, que fué su esposa, y que al entregársela murió. 

Jenaro quiso ser madre y padre en una pieza, pero á la altura; le 
celó como una fiera, le aisló, y aquel niño pudo llegar á los diez 
años sin saber nada, en un candor superlativo. Leer, escribir núme- 
ros, gramática, geografía, de eso sí sabía lo que permitía su edad y 
algo más; su padre era un profesor excelentísimo y un pedagogo 
admirable. De malo no sabía nada; de bueno, de Dios, tampoco. 
Luis era un precioso salvajillo cultísimo y fino. 

Pero Luis, como tenía una inteligencia despejada y clarísima, po- 
seía un corazón delicadísimo; y un alma hermosa como era, tenía 
que echar de menos lo hermoso, el elemento bello y soberanamente 
artístico de la vida. Sentía ese vacío, no podía saber lo que le falta- 
ba; pero de día en día sentía que le faltaba más, casi todo. 

* * 

El lance anterior había ocurrido en la escalera; fué un descuido 
del papá y un atrevimiento del candoroso corazón de Luis. 

Cuando su padre fué á tomarle la lección, en vez de entablar 
plática sobre ella, trabó conversación acerca de la naturaleza, de las 
hermosuras de la tierra, de las maravillas de los astros, le habló del 
subsuelo, de las industrias de las grandes urbes y metrópolis, de los 
inventos estupendos de los últimos tiempos, de los rayos X, del te- 



LA BICICLETA DE LOS REYES 413 

léfono, de la telegrafía sin hilos, de todas estas cosas que parecen 
milagros á los ignorantes (y aquí recalcaba un poco el papá profe- 
sor), pero que sólo son un poco de lo que las fuerzas naturales pue- 
den. De todo esto habló Quiñones á su hijo. 

Pero Luis tenía atravesada la bicicleta en el corazón, y la imagen 
de los buenos Reyes en su fantasía; estaba mustio y triste, y se dis- 
traía. Palabras y palabras que no traían bicicletas ni ganas de soñar 
en ellas. 

El padre hablaba con énfasis y con cariño; se percató de la si- 
tuación de ánimo de su hijo, y con todo talento quiso remediarla. 
Luis no atendía, porque tenía otra cosa en su alma infantil. Su padre 
lo comprendía perfectamente: un vaho extraño había penetrado en 
aquella vida virgen, por donde siempre entra, por el corazón, y 
hombre de gran tacto no quiso con una escena violenta de repren- 
sión injustificada y de oposición, fortificar las imágenes que en el 
alma de su hijo habían hecho mella. 

Sabía que el llevar la contra da resultados contrarios, y quería 
distraer á su hijo con cariño y halagos. Luisillo estaba admirado; es- 
peró sin saber por qué una reprensión, y se encontraba con una 
conferencia y con mucho cariño. El papá le acariciaba. Le habló del 
cine, gran invento. A Luis se le alegraron los ojos; estuvo por pre- 
guntarle si en el cine se veían Reyes trayendo bicicletas, pero no se 
atrevió, y al tragarse la pregunta, quedó otra vez sombrío. El papá 
entonces acudió á un soberbio portfolio, y empezó á enseñar á Luis 
vistas de monumentos y paisajes. 

— ¡Qué bonito y qué hermoso! ¿Verdad? 

Luis decía sí con la cabeza, y continuaba la revista. Al ver que 
no daba todo el resultado deseable, Quiñones subió el tono en el 
capítulo de los inventos: había inventos más grandes todavía y cier- 
tamente futuros: le habló de la telepatía, de que llegaría tiempo en 
que no harían falta ni alambres, ni nada para hablarse, ni hablar si- 
quiera; los hombres se dirían las cosas con el pensamiento, con los 
ojos. Luis saltó; le brillaron las pupilas. 

— ¿De modo que con sólo mirarte te diría lo que pienso? 

—Sí, hijo mío. ¿Te gustaría? Es hermoso y admirable. 

—Sí; pero, ¿y si no le gusta al que mira? ¡Si además de decir 
pudiera hacer uno que gustara!... 



414 LA BICICLETA DE LOS REYES 

— También; es un caso de hipnotismo. 
—¿Y tú sabrías lo que yo pienso ahora? 
— Sí, querido. 
— A ver. 

— Piensas— Quiñones tomó tono de profeta—, piensas en lo que 
te han dicho los niños del vecino. 

—Es verdad; ¿lo has oído? ¿Qué es? 

— Una cosa tonta, una superchería de seguro. 

—¡De seguro! — murmuró por lo bajo (á papá no le había toda- 
vía saludado el invento; le engañaba al decir que sabía lo que pen- 
saba), y alto:— ¿Qué es superchería, papá? 

Quiñones se sintió contrariado, se puso enfático, y ya iba á dis- 
pararle al pequeño un pomposo discurso contra el obscurantismo, 
cuando reparó en que iba á hacer el ridículo. Se repuso, pues; la sal- 
vación la tenía en las vistas. 

— Estos son los palacios de tal, estos los de cual; estos los jardi- 
nes del palacio, esto otro el castillo. ¡Hermoso, encantador! ¿Verdad, 
hijo mío? 

— Oye, papá; ¿y hay Reyes en esos palacios? 
—Sí. 

— ¿Y tienen barbas blancas? 

— O negras, ó bigotes. 

— ¡Ah!... ¿Y tienen bicicletas? 

— Y caballos y automóviles para correr por sus jardines. 

— ¡Ah! Oye, ¿y son buenos? 
— Todos son unos tiranos. 

— ¡Tiranos! ¿Qué es tiranos? 

— Cosa mala, hijo mío. Los Reyes no son buenos. 
—¿Cómo dices, entonces, que tienen hermosos palacios y bici- 
cletas?... 

— Pero tienen más que tú no sabes. 
—¿Tienen coronas de oro? 

— Sí; de lo que roban á sus subditos. 
— ¿Y por qué es malo tener coronas? 
Quiñones no pudo más; cerró el portfolio. 
— Bueno; á estudiar y, ¡cuidado! 
Se marchó y dejó á Luis confuso. 



LA BICICLETA DE LOS REYES 415 



* * 



Quedar vencido, y vencido por un niño, era cosa recia; y ¡por 
su hijo, por su Luis!... Quiñones paseaba febrilmente. No era ser 
vencido sólo; era todo su plan y todo su ideal que caía por tierra al 
primer contacto con otra cosa. No se podía perdonar aquel rato de 
descuido, dejando á Luis trabar conversación con aquellos niños. 
¡Los Reyes, la bicicleta!... Ya entendía él lo quel significaba aquéllo. 
Hay supersticiones fabricadas con mucho ingenio, que se las fabrica 
el mismo corazón; y el corazón, ¿quién le fabricó? La Naturaleza. 
¿Sería también la Naturaleza la inventora? ¿A que dos minutos de 
charla infantil iban á poner en peligro su propia integridad de 
alma?... Quiñones estaba aturdido. Paseaba, paseaba, con la mirada 
en vago, calenturiento, entontecido. ¡Sus convicciones, su ciencia, 
sus más íntimas ideas minadas por unos pequeñuelos, su obra edu- 
cativa amenazada, casi deshecha, por una consejilla infantil, por un 
juego de bebés? Tomaría sus medidas. 

Había sido aquel un momento crítico en la vida de Luisillo. En 
un instante se le rasgó el cielo y le dejó ver un nuevo horizonte: 
unos Reyes y una bicicleta era todo, y tras de aquel insignificante 
todo, el pequeñuelo no sé qué vio; un mundo que si no le tenía le 
faltaba todo. 

Su padre, el austero, el rígido, el inflexible, se tornó cariñoso; 
pero, en medio de sus b